Beatos claretianos mártires de Fernán Caballero y Sigüenza

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Beatos mártires claretianos de Fernán Caballero.

Beatos mártires claretianos de Fernán Caballero.

La Congregación fundada por San Antonio María Claret tenía un seminario claretiano en Zafra, provincia de Badajoz. En el mes de febrero de 1936 empezaron los desórdenes en la ciudad y, ante el riesgo que corrían los religiosos y seminaristas, a finales del mes de abril, el Padre Provincial de la Congregación ordenó que se abandonara el seminario y que se trasladasen a Ciudad Real, donde el ambiente reinante era algo más tranquilo; sin embargo, no se imaginaban lo que habría de sucederles. Al llegar a la ciudad manchega se alojaron en un caserón medio abandonado, donde no había absolutamente nada. Allí estuvieron cuatro días viviendo como prisioneros, durante los cuales, los milicianos locales llevaron a unas prostitutas para que provocaran a los seminaristas, algunos de los cuales estaban a punto de ordenarse y que sufrían todo tipo de privaciones, falta de aseo e insultos con verdadera mansedumbre. El mismo Padre Provincial llegó a decir que: “Decir lo que en estos días hemos tenido que sufrir es del todo punto imposible”.

Ante este panorama, catorce seminaristas, cuyas edades oscilaban entre los veinte y veintiséis años, y el hermano Felipe González, recibieron la orden de irse a Madrid. El padre superior había conseguido unos salvoconductos para marchar a la capital de España y ellos se despidieron de los que allí se quedaron, quienes les desearon un feliz viaje. Acompañados por milicianos llegaron a la estación del ferrocarril, donde las amenazas, insultos y empujones aumentaron; incluso algunos alborotadores gritaban que los mataran allí mismo porque eran frailes. Pese a ello, los seminaristas aguantaron estoicamente, sin salir de sus bocas ninguna queja y confortándose unos a otros.

Subieron entre insultos al vagón y el tren arrancó, pero a unos veinte kilómetros, al llegar a la estación de Fernán Caballero, se consumó la tragedia. Fueron obligados a bajar al andén de la estación, los pusieron en fila y directamente los fusilaron mientras ellos gritaban “Viva Cristo Rey. Un viajero que iba en el tren, lo cuenta de esta manera: “Ordenaron a los frailes que se bajasen porque habían llegado a su destino. Unos bajaron voluntariamente pero a otros que se resistían a bajar los bajaron a culatazos. Los milicianos se pusieron frente a los frailes y algunos de ellos, levantando los brazos gritaron ¡Viva Cristo Rey!, mientras que los más temerosos se tapaban la cara. Uno era muy bajito pero les daba ánimos a todos. Empezaron las descargas y todos los frailes cayeron al suelo y al que intentaba incorporarse, lo remataban”.

Beato José María Ruiz y los beatos mártires de Fernán Caballero.

Beato José María Ruiz y los beatos mártires de Fernán Caballero.

Todos murieron en el acto, salvo Cándido Catalán, un navarro de apenas veinte años, que malherido y mezclado con los cadáveres de sus compañeros, fue ayudado por Carmen Herrera (hija del jefe de estación) y Maximiliana Santos (esposa del factor), quienes sintieron compasión por el muchacho, lo lavaron con agua caliente y con una sábana lo vendaron, llamando también a un médico que lo atendió en la misma estación, aunque murió algunas horas más tarde. Era el 28 de julio de 1936.

El hermano Felipe González de Heredia se había quedado en Ciudad Real, refugiado en la casa de su hermano, pero fue descubierto y lo llevaron a la cárcel del seminario, donde estuvo encerrado hasta el día 2 de octubre. Ese día, lo sacaron en un coche y sentado entre dos milicianos que constantemente lo estuvieron pinchando con unas navajas, lo llevaron también a Fernán Caballero mientras le decían: “Con perros como tú no merece que gastemos ni pólvora”. Pararon el coche a las puertas del cementerio y mientras el hermano gritaba con energía: “Viva Cristo Rey y el Corazón de María”, lo fusilaron.

Los claretianos mártires de Fernán Caballero fueron:
Beato Jesús Aníbal Gómez y Gómez, seminarista colombiano clérigo profeso.
Beato Tomás Cordero Cordero, seminarista clérigo profeso.
Beato Primitivo Berrocoso Maillo, seminarista clérigo profeso.
Beato Vicente Robles Gómez, seminarista clérigo profeso.
Beato Gabriel Barriopedro Tejedor, seminarista clérigo profeso.
Beato Claudio López Martínez, seminarista clérigo profeso.
Beato Ángel López Martínez, seminarista clérigo profeso.
Beato Antonio Lasa Vidaurreta, seminarista clérigo profeso.
Beato Melecio Pardo Llorente, seminarista clérigo profeso.
Beato Antonio Orrego Fuentes, seminarista clérigo profeso.
Beato Otilio del Amo Palomino, seminarista clérigo profeso.
Beato Cándido catalán Lasala, seminarista clérigo profeso.
Beato Ángel Pérez Murillo, seminarista clérigo profeso.
Beato Abelardo García Palacios, seminarista clérigo profeso.
Beato Felipe González de Heredia Barahona, religioso profeso.

En la Causa de beatificación de los claretianos mártires de Fernán Caballero está también incluido un sacerdote claretiano, que es el que encabeza la Causa y que fue martirizado en la ciudad de Sigüenza. Se trata del padre José María Ruiz Cano, nacido en Jerez de los Caballeros (Badajoz) en el año 1906 y que había sido ordenado sacerdote en el mes de junio de 1932.

Restos del beato colombiano Jesús Aníbal Gómez Gómez.

Restos del beato colombiano Jesús Aníbal Gómez Gómez.

Su primer destino fue Aranda de Duero (Burgos) y pasado un año, fue enviado como profesor al seminario claretiano de Sigüenza, ciudad hasta entonces muy tranquila. Allí estaba cuando estalló la guerra, siendo el responsable de la formación de unos sesenta seminaristas menores, cuyas edades oscilaban entre los doce y los dieciséis años. El día 25 de julio, el obispo de la ciudad y cuatro claretianos fueron detenidos y condenados a muerte. Ante estos acontecimientos, el padre José María reunió a todos los seminaristas en la capilla y antes de enviarlos a sus casas, quiso animarlos con estas palabras: “No tengáis miedo ni lloréis. No pasa nada pero en previsión de lo que pueda pasar, los superiores hemos acordado que tendremos que cerrar el seminario durante algunos días. Así que salid en grupos hacia los pueblos que están más cercanos porque los vecinos se han prestado a alojaros”. Mientras los niños iban saliendo, dirigiéndose a la Virgen, le dijo: “Madre, estoy dispuesto a ser una víctima, pero no permitas que les suceda nada a estos niños inocentes”.

El padre José María se puso al frente del grupo de los más pequeños y, despidiéndose del hermano Víctor, marchó hasta Guijosa, que está a unos siete kilómetros de Sigüenza. Allí llegaron al anochecer y fueron recibidos por el párroco y todos los vecinos. Cuando ya los niños estaban a salvo, le recomendaron que se marchara y escondiera pero él les contestó que: “Aunque me cojan y me maten, yo no abandono a los niños”. Allí se quedó y el día 27 de julio, a mediodía, se presentaron unos milicianos para detenerlo. Durante una hora estuvo retenido en un coche vigilado por dos milicianas y los niños, al enterarse, se reunieron alrededor de él. Entonces, aparecieron unos milicianos con una imagen del Niño Jesús que habían robado en la parroquia y se lo arrojaron al padre diciéndole que lo cogiera para que “mueras bailando con él”. Él lo recogió con cariño, pero otro miliciano se lo quitó y lo tiró al suelo, destrozándolo.

Antes de irse en el coche, se despidió de los niños y los bendijo, y al llegar al monte del Otero, que está a medio camino entre Guijosa y Sigüenza, pararon el coche y le ordenaron que se bajara y subiera al monte. Él los bendijo, les dijo que los perdonaba y bajó, y mientras subía, lo fusilaron. Era el 27 de julio de 1936 y tenía veintinueve años de edad. En el mismo lugar del martirio existe actualmente una cruz en su recuerdo. Fue sepultado en Sigüenza, mientras que los mártires de Fernán Caballero fueron sepultados en el cementerio de esta localidad y posteriormente trasladados a Madrid, a la cripta del Santuario del Corazón de María de la calle Ferraz-Marqués de Urquijo.

Restos del beato José María Ruiz Cano.

Restos del beato José María Ruiz Cano.

La Congregación claretiana inició la Causa de beatificación de estos dieciséis mártires, cuyo decreto “super scriptum” fue firmado el 22 de marzo del 1961 y cuyo martirio fue reconocido por el Papa Benedicto XVI mediante decreto firmado el día 1 de julio del año 2010. Antes de la beatificación, los cuerpos de todos ellos fueron exhumados y trasladados a la parroquia que los claretianos tienen en la ciudad andaluza de Sevilla. Todos ellos fueron beatificados en Tarragona el día 13 de octubre del año pasado.

Antonio Barrero

Bibliografía:
“Index ac Status Causarum”, Vaticano, 1985
– RUIZ, G., “Bibliotheca sanctorum, I appendice”, Città N. Editrice, Roma, 1987.

Enlace consultado (09/04/2014):  
– http://www.claret.org

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