Mártires franciscanos del Perené

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Martirio de los franciscanos.

Martirio de los franciscanos.

Pregunta: ¿Me podríais facilitar alguna información sobre los llamados mártires del Perené? Muchas gracias desde Perú.

Respuesta: Lo hacemos con mucho gusto suponiendo que te estás refiriendo a los primeros mártires del Vicariato de San Ramón, en Perú, los frailes franciscanos Jerónimo Jiménez y Cristóbal Larios, martirizados en el año 1637. Por lo que yo se, estos dos franciscanos no tienen aun abierta ninguna Causa de beatificación, aunque son conocidos como tu mismo los has mencionado. Si algún lector tuviese alguna noticia a este respecto, le agradecería nos la comunicase.

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Fray Jerónimo Jiménez era natural de Lima y desde su convento limeño, donde vivía como hermano lego, se marchó a las Pampas de Junín por caminos desconocidos, atravesó los valles de Huancabamba y Chorobamba llegando al Cerro de la Sal que era un lugar al que acudían los indígenas para proveerse de esta materia prima. Como su intención era evangelizarlos, fundó allí una misión y marchó posteriormente al valle de Chanchamayo. En aquella zona, en las cercanías del río Perené fue martirizado a flechazos junto con su compañero, el sacerdote fray Cristóbal Larios, que también era peruano. Pero basándonos en el libro “Historia de las Misiones Franciscanas en el Oriente del Perú” de Sáiz e Izaguirre, editado en Lima en el año 2002, intentaremos explicar brevemente que es lo que realmente ocurrió.

Los indios de Quirimi estaban gobernados por el cacique Andrés Zampati, el cual había recibido el bautismo. Con el permiso de éste, fray Jerónimo Jiménez erigió una iglesia en honor de San Buenaventura, en la cual daba catequesis en la lengua campa, que previamente había aprendido de los propios nativos. Las relaciones eran buenas hasta el punto de que los propios indios le procuraban los alimentos e incluso diariamente les pedían su bendición antes de marchar al trabajo. Pero el cacique, que además de ostentar el poder en Quirimi lo ejercía también en Nijandáris y en el Perené, se fue alejando de la moral cristiana dando riendas sueltas a sus pasiones hasta el punto de amancebarse con tres mujeres. Fray Jerónimo le recriminaba su conducta diciéndole que como buen cristiano solo podía convivir con una sola mujer; Zampati, de mala gana, le hizo caso y se fue a vivir solo con una, aunque el cariño que al principio le tuvo al misionero, poco a poco, se fue tornando en ansias de venganza.

Fray Jerónimo no se acobardó y como veía que los indios aceptaban de buen grado la religión cristiana, escribió al padre Cristóbal Larios, al que conocía y que estaba en el convento de Huánuco, para que se fuera con él y le echara una mano en su labor evangelizadora. El padre Cristóbal accedió, se fue con fray Jerónimo y ambos se repartieron el trabajo: el padre oficiaba la Misa y administraba los sacramentos mientras que el hermano lego se dedicaba a la catequesis.

Martirio de los franciscanos.

Martirio de los franciscanos.

La labor de los dos misioneros molestaba cada vez más a Andrés Zampati, quién con la intención de acabar con ellos, urdió una estratagema que parecía bienintencionada. Insinuó a los frailes que fueran a convertir a los indios Antis – de los cuales también era el cacique -, que habitaban a ambas orillas del río Perené hasta su confluencia con el río Pangoa, diciéndoles que con su apoyo allí también podrían levantar iglesias, catequizar y bautizar. Los frailes fueron advertidos por un cristiano de Quimiri, pero creyeron a Zampati y se pusieron en camino. Antes de llegar a su destino, descubrieron las emboscadas que les había preparado Zampati y aunque no lo denunciaron para no comprometer al cristiano que les había advertido, disimularon motivos de prudencia y volvieron a Quimiri donde se encontraban más protegidos por los nativos.

Así estaban las cosas cuando llegó a Quimiri una compañía de treinta soldados españoles acompañando al dominico fray Tomás de Chávez. Cuando los indios vieron por primera vez las armas de fuego que llevaban los soldados, no solo quedaron sorprendidos sino que se aterrorizaron, lo cual le vino muy bien al cacique Zampati para, engañando a los frailes, intentar montar un motín indígena contra los soldados y, de paso, deshacerse de los misioneros. Y puso en marcha su nuevo plan: convenciendo al padre Chávez, le facilitó balsas para que subiera por el Perené acompañado por los dos franciscanos quienes les allanarían el camino de la evangelización pues conocían a los nativos y hablaban su lengua.

Por caridad y compañerismo hacia el padre dominico a fin de no dejarlo solo, los frailes franciscanos aceptaron acompañarlo y cayeron de nuevo en la trampa. Organizaron dos grupos: uno iría por el río y el otro bordeándolo recorriendo las cincuenta leguas que separaban ambos puntos. Por el río irían el cacique Andrés, su mujer, cinco soldados españoles, el padre dominico y fray Jerónimo. El padre Cristóbal iría por tierra en el otro grupo. Cuando llevaban algo menos de dos días de navegación, el padre dominico enfermó gravemente, tuvo que bajar a tierra y ser de nuevo acompañado hacia Quimiri. De esta manera, no solo se libró de la matanza, sino que ni siquiera se enteró.

Cuando el grupo de fray Jerónimo llegó al lugar denominado Las Cañadas, en el cual se forman grandes turbulencias en el río, fueron atacados por arqueros con flechas que estaban apostados en unos estratégicos lugares, donde no eran vistos pero que eran conocidos por el cacique que momentos antes, se había tirado al río y a nado llegó a la orilla. Todos los soldados españoles murieron salvo un joven de menos de veinte años.

Cuando el cacique llegó a tierra se dio cuenta de que los indios atacaban a los soldados pero no tiraban contra fray Jerónimo. Esto lo irritó sobremanera y ordenó que le dispararan. La mujer del cacique le rogó que no lo hiciera, pero Zampati, enfurecido, golpeó a su propia mujer tirándola al suelo y ordenó de nuevo matar al fraile. Tanto era el cariño que los nativos le tenían a fray Jerónimo que se negaron a acatar las órdenes del cacique diciéndole que ya habían matado a los soldados, quienes podrían ser sus verdaderos enemigos, mientras que el fraile era inofensivo y bueno y no tenían por qué matarle. El cacique cada vez más irritado, ordenó que lo mataran y dos indios obedecieron dándole dos flechazos en el pecho, pero no en el corazón.

Fray Jerónimo Jiménez, herido, se puso de rodillas encima de la balsa y cogiendo entre sus manos una cruz que llevaba encima, bendijo a quienes lo habían asaeteado y levantando los ojos al cielo, se puso a rezar cayendo medio muerto sobre la balsa. Los indígenas se negaron a seguir disparándole y el propio Zampati se echó al agua y al llegar a la balsa, quitó el hábito al fraile y lo remató con los remos. Era el 8 de diciembre del 1637.

Después de haber matado al hermano Jerónimo Jiménez, ordenó que buscaran al padre Cristóbal Larios y a los soldados que lo acompañaban. Les montaron una emboscada en una cuesta en la que no tenían escapatoria ya que tenían que subirla a gatas y allí empezaron a tirarles flechas. Hirieron al padre y aunque este les suplicó que no lo matasen, la respuesta fue una lluvia de flechas de manera que cayendo mortalmente herido, rodó cuesta abajo hasta llegar a los pies de Juan de Vargas Valdés, quién abandonándolo se echó a la fuga junto con otro soldado llamado Juan de Miranda. El cacique, le quitó los hábitos y los vasos sagrados al fraile y lo dejó abandonado en la selva. Era el 11 o el 12 de diciembre de 1637. Fue el propio Juan de Vargas quién posteriormente contó lo que había ocurrido.

Grosso modo eso es lo que ocurrió. Eran dos frailes santos que estaban realizando su labor evangélica en tierras peruanas, que murieron como mártires, que como tales son conocidos, pero de los cuales desconozco si tienen Causas abiertas.

Antonio Barrero

Bibliografía
– Izaguirre, B. y Sáiz, F., “Historia de las Misiones Franciscanas en el Oriente del Perú”, Lima, 2002.
– Tapia, A., “Historia de la parroquia de San Ramón”, San Ramón, 2014.

Enlace consultado (05/06/2015):
– http://peru-cristiano.blogspot.com.es

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