Santos mártires escilitanos

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Martirio de los Santos. Óleo de Aureliano Milani (1675-1749). Basílica de los Santos Juan y Pablo al Celio, Roma (Italia).

Las Actas de los llamados mártires escilitanos es el documento más antiguo de toda la literatura cristiana latina. El primero que las publicó fue Baronio (siglo IX) quién, basándose en otros documentos antiguos, atestigua que fueron redactadas por un cristiano contemporáneo de los mártires que muy probablemente fue testigo ocular del martirio; este tuvo lugar en Cartago el día 17 de julio del año 180 y no en el 202 como antiguamente se creía.

Los mártires escilitanos procedían de Scillium, que era una ciudad africana no identificada y con su martirio se inició la historia de la Iglesia y de su persecución en el África Proconsular. Según Tertuliano, el procónsul  Vigelio Saturnino fue el primero en “alzar la espada contra los cristianos”. Así, el 17 de julio del año 180, durante el imperio de Cómodo estos mártires comparecieron ante el tribunal a fin de ser interrogados.
El procónsul los invita a cambiar de opinión y a sacrificar a los ídolos para así conseguir el perdón del emperador. Esperato responde en nombre de todo el grupo apelando a la irreprochable conducta de los cristianos  como la mejor manera de honrar al emperador. El procónsul responde enfatizando sobre la sencillez y facilidad con la que se puede dar culto a los dioses e instando a todos a jurar a someterse al emperador.
Esperato le rebate diciendo que el Cristianismo era también una religión fácil de cumplir, reafirmando su fe en un Rey de reyes y Señor de todo lo creado. El procónsul insiste pero uno a uno van reafirmándose en lo dicho por Esperato. El procónsul les da treinta días para reflexionar y Esperato dice que no necesitan día alguno pues tienen claro en quien deben creer y a quién deben adorar.
El procónsul le pregunta a Esperato que qué lleva en una caja que tenía consigo y el le dice que “los Libros santos y las cartas de Pablo, que era un hombre justo”. Entonces el procónsul los condena a morir por la espada llamándolos por sus nombres: Esperato, Nartzalo, Citino, Veturio, Félix, Aquilino, Letancio, Jenara, Generosa, Vestina, Donata y Segunda. Todos alcanzaron la corona del martirio e inmediatamente fueron venerados por la comunidad cristiana africana.

Victor de Vita dice que inmediatamente le construyeron una basílica en Cartago, de la cual habla más tarde San Agustín en dos de sus discursos en honor de estos santos.  Posidio en su “Indiculus”, capítulo IX recuerda:”Tractatus duo per natalem sanctorum martyrum Scillitanorum”. Tanto los Calendarios de Cartago, como el Martirologio Jeronimiano, el Calendario Vaticano, el Sacramentario Gregoriano, el Calendario Mozárabe, los Sinaxarios bizantinos, etc. los conmemora el día 17 de julio.
La suerte que corrieron las reliquias es un poco confusa. Ya en el siglo IV, algunas de ellas fueron distribuidas por las comunidades cristianas del norte de África, como lo indica una inscripción del año 359, descubierta en 1889 entre las ruinas de Kherber Oum el Ahdam. En el año 806 las reliquias fueron llevadas desde Cartago, (donde estaban en la basílica de la que habla San Agustín) hasta Arlés (Francia) y desde esa ciudad, el cuerpo de uno de ellos (Esperato) fue repartido entre Lyon, donde se venera en la iglesia de San Juan Bautista y España (quizás en Toledo), como se publica en un Misal Mozárabe citado en el siglo VIII por el obispo Elipando de Toledo. También algunas pequeñas reliquias de este santo se distribuyeron por diferentes monasterios franceses.

Sepulcro de los Santos Mártires Escilitanos. Basílica de los Santos Juan y Pablo al Celio, Roma (Italia).

Los hagiógrafos Baronio y Panciroli dan por buenos unos documentos que dicen que en una época no muy bien precisada de la Baja Edad Media, los restos de los mártires fueron llevados a Roma, encontrándose actualmente en el primer altar de la izquierda de la Iglesia romana dei Santi Giovanni e Paolo al Celio en un sarcófago de mármol. En el año 1901 se hizo un reconocimiento de las reliquias y se encontraron once esqueletos, que son de los santos antes mencionados. O sea, todos los mártires Escilitanos, menos Esperato.

El Papa San Juan XXIII permitió que el 17 de julio se celebraran como fiesta de III clase. En ese sarcófago están todos los restos de Nartzalo, Citino, Veturio, Felix, Aquilino, Letancio, Jenara, Generosa, Vestina, Donata y Segunda. Todos, menos Esperato, que como he dicho antes, está en Lyon y otros lugares. O sea, el grupo de los mártires Escilitanos está formado por siete hombres y cinco mujeres y siempre han sido muy venerados.

Antonio Barrero

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