Los Santos Mártires de Fossa di Concordia

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Urna de San Máximo, mártir de las catacumbas venerado en Fossa, Módena (Italia)

Digamos como introducción que la Iglesia venera a los santos y honra a sus imágenes y a sus reliquias porque ellos proclaman las maravillas de Cristo y se nos ofrecen como modelos a imitar. Los primeros santos venerados por la Iglesia fueron los mártires (testigos); hombres y mujeres que derramaron su sangre por su fidelidad a Cristo, que por todos nosotros se había ofrecido como sacrificio en la Cruz. “Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos”. Jesús anunció a sus discípulos que serían perseguidos: “Yo os envío en medio de lobos… seréis conducidos ante los gobernadores y reyes por mi causa, para dar testimonio a los gentiles. Y cuando estéis en sus manos, no os preocupéis por qué cosas y cómo las debéis decir, porque el Espíritu del Padre hablará por vosotros”.

La historia de la Iglesia, en todos los tiempos y en todos los lugares, desde los tiempos apostólicos hasta nuestros días, ha estado marcada por el testimonio de muchos cristianos que fueron detenidos, torturados y asesinados por odio a Cristo. Los cristianos siempre han visto en el martirio un don, una gracia, un privilegio, la plenitud del bautismo, porque el mártir es “bautizado en la muerte de Cristo”.

El Concilio Vaticano II nos lo dice: “Desde los primeros tiempos, ya algunos cristianos fueron llamados, y siempre se encontrarán a otros, que darán este gran testimonio de amor ante los hombres y, especialmente, ante los perseguidores. Por lo tanto, con el martirio, el discípulo se parece a su Maestro, que aceptó libremente la muerte por la salvación del mundo y el es como El, derramando su sangre, es estimado por la Iglesia como un don excepcional y como prueba suprema de amor. Aunque este don se concede sólo a unos pocos, todos debemos estar preparados para confesar a Cristo delante de los hombres y seguir el camino de la cruz durante las persecuciones, que jamás le faltarán a la Iglesia” (LG 42)

San Celestino, mártir de las catacumbas venerado en Fossa, Módena (Italia)

Los cuerpos santos:
Es de todos conocido que los primeros mártires cristianos eran sepultados en cementerios subterráneos o “catacumbas” que se realizaban en el extrarradio o en los cementerios de la ciudad.
San Jerónimo dice: “Cuando yo era niño estaba en Roma estudiando literatura y vivía junto a compañeros de mi misma edad y formación y nos acercábamos los domingos a las tumbas de los apóstoles y de los mártires. Entrábamos en las cuevas y grutas excavadas en la tierra, donde los cuerpos sepultados estaban colocados en las paredes, tanto a la derecha como a la izquierda. Estaba oscuro y solo algún débil rayo de luz entraba por algunas grietas como si fuesen ventanas, muy de tarde en tarde y así, el acceso era dificultoso”.

A finales del siglo XVI se hicieron excavaciones y estudios en las catacumbas y se extrajeron muchos cuerpos que fueron enviados a muchos lugares del mundo para ser venerados por los fieles. Era un “cuerpo santo” acompañado por un vaso o frasco de sangre. Pero, ¿qué es un cuerpo santo? Con el término “cuerpo santo” o “mártir de las catacumbas” se identifican las reliquias óseas, procedentes de las catacumbas romanas y de otros lugares y que fueron trasladadas tanto a Roma como a otros lugares del mundo, en un período comprendido entre finales del siglo XVI y la segunda mitad del siglo XIX.
¿Y por qué se llama “cuerpo santo” y no “santo cuerpo”? La diferente posición del atributo (santo) con respecto al objeto (cuerpo), determina una diferencia sustancial: podemos definir con certeza la identidad del sujeto. El “cuerpo santo” es un objeto en sí mismo; es el cuerpo de un difunto de las catacumbas, que con posterioridad, tiene un valor sagrado.

San Clemente, mártir de las catacumbas venerado en Fossa, Módena (Italia).

Pero ¿cómo reconocer a un “cuerpo santo” en las catacumbas? ¿Todas las sepulturas eran de mártires? Este es un asunto muy complejo tratado por muchos estudiosos. Aquí solo queremos referirnos a Marcantonio Boldetti (famoso custodio pontificio encargado de la extracción de los cuerpos de las catacumbas), que era quien daba por seguros los restos descubiertos atribuyéndolos a un mártir de los tres primeros siglos.
Los símbolos que identificaban la sepultura de un mártir eran: la palma, el XP, el escrito BM (Beato Mártir) y en su interior, un vaso con la “sangre”. A veces, había una placa que llevaba el nombre del mártir. En caso contrario, después de la extracción se le atribuía un nombre según unos criterios muy variados: por ejemplo, el nombre de un obispo diocesano, el nombre del Papa de aquel momento, el nombre del santo titular del templo que acogía dicho “cuerpo santo”, el nombre de la catacumba de la que fue extraído, etc.

Marcantonio Boldetti escribe a este respecto: “Para evitar malentendidos que puedan surgir en la similitud de los nombres, el Papa Clemente IX y la Sagrada Congregación de las Indulgencias y Reliquias, determinaron que a los Mártires Anónimos de las Catacumbas, no se les debe imponer otro nombre que no simbolicen o algún atributo o apelativo que no sea conveniente a algún santo, como Justo, Cándido, Adeodato, Víctor, Victoria, Félix, Pío y otros similares, ya que todos ellos son justos, cándidos, entregados a Dios, victoriosos, felices y piadosos. Este es el texto del Decreto:Actum est de nominibus, quæ Sanctorum Martyrum Reliquiis fere imponuntur, eum nullibi appareat, quo nominee appellarentur; Et S. Congregatio dixit: In Decretis; statuerat enim fel. record. Clemens Papa IX ea sola nomina adhiberi, quæ omnium Sanctorum communia sunt, atque appellativa: omnes Justi, Candidi, Adeodati, Victoris c. vocari merito possunt; “porque bajo estos nombres se expresan sus virtudes, sus méritos, su premio o la corona que les ha otorgado Dios por la fortaleza con la que confesaron el nombre de Cristo derramando su propia sangre y sacrificando sus vidas por su confesión de la fe católica.” (Boldetti, Lib. I, Capitulo XXIII, p. 109).

San Fortunato, mártir de las catacumbas venerado en Fossa, Módena (Italia).

Pero al corresponder estos nombres a veces con otros nombres propios del Martirologio como Félix, Máximo, Fortunato y otros, esto da pie a que se diga que se está engañando dando a entender que las reliquias son de dichos santos mencionados en el Martirologio.
Con estos malentendidos se confunden los unos con los otros, llegándose a publicar, como ha hecho Monti, biografías en base a las “Actas”, apropiando, por poner un ejemplo, a un santo anónimo el nombre de Félix, narrando la vida de un mártir conocido del mismo nombre. Se ha abusado y con razón lo desaprueba el tan amado y alabado Padre Mabillon, diciendo que este tipo de biografías deberían estar prohibidas:”Oh buen Dios, estas vidas, estas libertades deberían estar ciertamente en el Índice de los libros prohibidos”, porque aunque ese error no perjudique a la religión ni a la vida del mártir anónimo, de alguna manera trae algún perjuicio al tratarse de verdad de un mártir, ya que se falta a la verdad y eso no se debe permitir, bastando con saber de que se trata de un mártir, de un cristiano que ha sufrido martirio y nada más. (Boldetti, Lib. I, Capítulo XXIII, página 111).
Lo importante es el valor simbólico del “cuerpo santo, de un cristiano de la primitiva iglesia, que da verdadero testimonio del Evangelio entregando su vida con el martirio.
En fin, el culto a los “cuerpos santos” es muy variado, a veces las reliquias han sido simplemente olvidadas y en otras ocasiones es el santo patrono de la correspondiente localidad.

Concluyendo diremos que con respecto a los cuerpos santos o mártires de las catacumbas, es esclarecedor el texto de Prudencio, autor cristiano del siglo IV. Él escribe: ”Innumerables restos de santos vemos en Roma, oh Valeriano, pontífice de Cristo. ¿Debéis conocer las inscripciones puestas en sus lóbulos y sus nombres? Para mi sería muy difícil recordarlos todos. Es grandísimo el número de santos que masacraron el impío furor de la Roma troyana mientras adoraba a sus ídolos. Muchas sepulturas están señaladas con lacónicos escritos o se representan con epígrafes los nombres de los mártires. Pero también están las tumbas sin anotación alguna, de las que solo se saben el número de víctimas. Muchos cuerpos de santos se encuentran allí apareciendo solo un número en la tumba y ningún otro nombre. Recuerdo haber sabido que en un cementerio, bajo una misma lápida, se encontraban los restos de más de setenta mártires. Sólo Cristo sabe sus nombres, ya que Él los hizo dignos de su amistad”. (Prudencio, siglo IV)

San Peregrino, mártir de las catacumbas venerado en Fossa, Módena (Italia).

Pero hablemos ahora de los Santos Mártires de Fossa.
En el año 1995 recibí una carta del párroco de la parroquia de San Pedro de Fossa di Concordia, en la que está el Santuario de San Máximo y de los santos mártires Clemente, Peregrino, Celestino, Fortunato y la niña Cristina, al cual yo había escrito para tener noticias de estos santos venerados en aquella localidad. Con la carta me enviaba unas fotocopias del libro de A. Siena: “Fossa, quinientos años de historia”, contando la historia de los Santos Mártires. En ella se dice lo que a continuación resumo.

En el año 1760, el arcipreste don Venturini trataba de conseguir un cuerpo santo extraído de las catacumbas de Roma con la ayuda del Cardenal Tempi. Consiguió el cuerpo del mártir San Máximo, extraído de las catacumbas de Priscila y que llegó a dicha parroquia en el año 1762. ¿Pero quién era San Máximo? Escribe Siena en su libro: “Estaba delante de estas reliquias deseoso de saber por qué había tantos en una iglesia de un pequeño pueblo agrícola y cómo se habían conseguido, sobre todo para aprender algo sobre la vida de los santos allí presentes”. De los santos cuyas reliquias se encuentran en este Santuario, en realidad no se sabe nada, ni de sus vidas ni cómo murieron. Sigue siendo un misterio que nos hace comprender que la promesa del Evangelio se ha cumplido: “El que se humilla será ensalzado” y “Dios es ensalzado en sus santos”.

Santa Cristina, mártir de las catacumbas venerada en Fossa, Módena (Italia).

En el cuerpo incorrupto de San Máximo aparece una señal de cómo pudo ser su martirio: una lanzada junto al corazón, por lo que se cree que dio su vida por Cristo muriendo atravesado con una lanza.
El Santuario de Fossa di Concordia conserva otros cuerpos santos provenientes de las catacumbas de San Lorenzo y que desde el año 1768 están rodeando a San Máximo. Estos son: la niña Santa Cristina, San Peregrino, San Clemente, San Fortunato y San Celestino, así como otras muchas reliquias menores. Los santos están colocados en urnas, mientras que las otras reliquias lo están en urnitas y tecas, dispuestas unas sobre otras con mucho gusto y respeto.
La devoción a estos santos ha continuado en el tiempo. Las crónicas hablan de gran afluencia de peregrinos a la parroquia, especialmente durante el mes de agosto y en los días de la Fiesta dedicada a San Máximo, o sea, el primer domingo de septiembre.

Damiano Grenci

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es