Santa Matrona Dmitrievna Nikonova, seglar ortodoxa

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Icono ortodoxo uso de la Santa. Los ojos cerrados son indicatorios de su ceguera.

El 11 de septiembre del año 2010, en el artículo “Locos por Cristo”, dimos algunos apuntes sobre Santa Matrona de Moscú, una santa contemporánea nuestra, pues falleció a mediados del siglo XX, muy famosa no sólo en Rusia sino en todos los países ortodoxos; y un modelo a imitar por todos los cristianos que simplemente quieren vivir su fe entregados a los demás en tiempos muy difíciles. Como la consideramos un buen modelo de seglar comprometido, hoy queremos escribir más extensamente sobre ella.

Matrona nació el 22 de noviembre del año 1885 en la aldea de Sebino, en el distrito Kimovsk de la provincia rusa de Tula. Era la cuarta y última hija de Dimitri Nikonov y Natalia, campesinos trabajadores y piadosos que vivían en la pobreza. Sus hermanos se llamaban Juan, Miguel y María, naciendo Matrona cuando ya sus padres eran muy mayores. Por este motivo y por su pobreza, los padres tenían pensado llevar a la niña, cuando naciera, a un orfanato, pues existían bastantes refugios donde los niños desamparados eran acogidos y criados por cuenta del Estado o de organizaciones benéficas. Natalia tenía pensado entregarla en el orfanato existente en la vecina Buchalki, pero tuvo un sueño en el que vio a una paloma blanca con rostro humano y los ojos cerrados que se posaba en su mano derecha. Cuando nació la niña, comprobaron que era ciega, por lo que decidieron quedársela con ellos, entendiendo que ésa era la voluntad de Dios. Recordaron lo que dice la Escritura: “Antes de haberte formado en el seno materno, yo te conocía y antes de que nacieses, yo te tenía consagrado” (Jeremías, 1, 5).

Al ser bautizada, le pusieron el nombre de Matrona en honor de Santa Matrona de Constantinopla. El sacerdote que la introdujo en el agua vio salir de su cuerpo como una columna luminosa, que expelía un olor muy agradable que iluminó toda la iglesia, y al uncirla con el óleo sagrado, comprobó que en su pecho tenía un bulto en forma de cruz, por lo que públicamente manifestó que aquello era sin duda alguna un signo de futura santidad, y le dijo a su madre: “Si la niña necesita algo, póngase en contacto conmigo y dígame lo que necesita, porque esta niña será santa”. La niñez de Matrona no fue fácil, pues además de la pobreza de sus padres, por su ceguera, servía de burla a las niñas de su misma edad.

Fotografía de la Santa en su lecho de paralítica, donde se aprecia su ceguera.

Desde muy pequeña, con apenas seis o siete años de edad, tenía el don de predecir lo que iba a suceder (don de profecía) e incluso el de sanar a los enfermos. Como es lógico, la voz se corrió por toda la comarca y desde lejos venía la gente solicitándole consejo y cura; aunque ella no aceptaba dinero, le regalaban comida, por lo que se convirtió en una fuente de ayuda en vez de una carga familiar. Existen multitud de hechos constatados que demuestran la veracidad de estos prodigios realizados por la niña; sólo pondré un ejemplo: a cuatro kilómetros de donde ella residía, vivía un hombre paralítico que quiso conocerla, ella le hizo gatear durante los cuatro kilómetros que los separaba y al encontrarse, lo curó milagrosamente.

Una noche dijo a sus padres que el padre Vasily – el que la había bautizado – iba a desaparecer. Dimitri y Natalia corrieron asustados hacia la casa del sacerdote y cuando llegaron lo encontraron muerto. En otra ocasión la niña aconsejó a quienes acudían en su ayuda, que recaudaran algún dinero para encargar la confección de un icono de la Madre de Dios. La gente lo hizo y buscaron a un pintor para que se hiciera cargo del trabajo, pero el hombre se resistía diciendo que no sería capaz de hacerlo. Matrona le dijo: “Cuando te arrepientas del asesinato que cometiste hace poco, te encontrarás más dispuesto”. El pintor quedó sorprendido porque era verdad que había matado a un hombre; se arrepintió públicamente y se encontró capacitado para realizar el icono. Desde entonces ese icono es venerado en la aldea como milagroso.

Como la casa paterna estaba cercana a la iglesia de la Asunción de Nuestra Señora, Matrona la visitaba muy asiduamente, primero con su madre Natalia y conforme iba creciendo, iba sola. Allí en la iglesia tenía predilección por situarse a la izquierda de la puerta de la pared oeste del templo. En aquel lugar la encontraron numerosas veces absorta en oración o cantando himnos de alabanza a la Madre de Dios. Con catorce años de edad conoció a San Juan de Kronstadt y con diecisiete años quedó paralítica, además de ciega. Nunca volvió a caminar, cosa que ella asumió con absoluta normalidad diciendo que ésa era la voluntad de Dios.

Otro icono ortodoxo ruso de la Santa.

Sentía la proximidad de los desastres, ya fueran naturales o sociales. A una señora que compró una casa vieja en su pueblo y que quería edificar en ella una torre, le dijo: “Lo que piensa hacer no se hará realidad. Pronto habrá guerra y la guerra es mala porque los hombres mueren y lo que usted levante por la mañana, de noche será demolido”. La señora, que lo tenía todo preparado para modificar la casa, quedó sorprendida y la tachó de loca, pero días después tuvo que reconocer la predicción de Matrona: había estallado la revolución bolchevique de 1917.

Cuando en 1918 llegó a su pueblo la noticia de que había sido asesinada la Familia Imperial Rusa, Matrona dijo a las gentes de Sebino, que la hermana menor del zar, la duquesa Olga, se había salvado escondiéndose en un cajón que la trasladó a Petrogrado. Cómo se enteró nadie lo sabe, pero se dedicó a hacerle llegar comida indicando el lugar exacto donde se encontraba. A consecuencia de la revolución, su familia se quedó sin hogar y sus dos hermanos se afiliaron al Partido Comunista. Ella permaneció fiel a su fe y jamás lo ocultó sino que hacía ostentación de la misma.

Matrona y su amiga Lidia Yankova tuvieron que abandonar su pueblo y en el año 1925, ciega y sin poder apenas caminar, marchó a Moscú donde llevó una vida errante, sin ningún documento que la acreditase, convirtiéndose en una vagabunda sin hogar, que tenía que buscar refugio en casa de amigos y familiares, que muchas veces era tratada con hostilidad, escondiéndose en casas y sótanos abandonados e incluso durmiendo en las calles, ya que era perseguida por la policía bolchevique a causa de su fe. Ella preveía cuando la policía iba en su búsqueda para detenerla y siempre se ocultaba. Un día estuvo a punto de ser detenida por un policía, pero ella le dijo: “Déjame y vete corriendo a tu casa, que ha ocurrido una desgracia”. Como el policía conocía las dotes adivinatorias de Matrona, le hizo caso y al llegar a su casa se la encontró en llamas y su esposa con quemaduras graves; se la llevó al hospital y se salvó; y cuando regresó a la comisaría dijo: “Jamás me ordenen detener a la ciega paralítica, porque ella ha salvado a mi esposa de la muerte”. Tuvo que mendigar para comer y más de una vez comió de las hierbas que ella misma utilizaba para curar a los enfermos.

La Santa, recién fallecida, fotografiada de cuerpo presente.

En aquellos días en los que muchos religiosos fueron enviados a los gulags o fusilados, nadie traicionó a Matrona diciendo dónde se escondía, porque todos veían en ella a una madre espiritual que les asesoraba, curaba sus enfermedades y les predecía su suerte. En Moscú vivió errante, ciega y sin hogar, como una “loca por Cristo”.

En 1939 predijo el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, antes de que esta estallara: “Mucha gente va a morir, pero ganarán los rusos” y a los habitantes de Tula les vaticinó: “No tengáis miedo porque los alemanes no llegarán a Tula” y efectivamente, los nazis llegaron cerca de Tula, pero fueron rechazados por los rusos. En tiempos de guerra, muchos la buscaban para solicitarle información sobre sus familiares que se encontraban en el frente y ella siempre lo vaticinó. A una mujer que había organizado tres funerales por su “fallecido” esposo, le dijo: “No organices más funerales porque tu esposo está vivo y vendrá desde Kazan”. Efectivamente, regresó en 1947.

Como he dicho, aun viviendo miserablemente como una paralítica ciega y vagabunda que se escondía por las calles moscovitas para no ser detenida, visitaba regularmente algunas de las pocas iglesias que permanecieron abiertas al culto, frecuentando los sacramentos y prestando siempre sus servicios a los demás. Se cuenta que un día se le acercó un estudiante de arquitectura muy preocupado porque, por mucho que había estudiado, no se encontraba preparado para conseguir su graduación. Ella, que no había podido estudiar ni sabía nada sobre arte, le describió detalladamente las grandes obras arquitectónicas de Florencia y Roma, que era una de las carencias de conocimientos que tenía aquel estudiante, que por supuesto, aprobó.

La Santa, de cuerpo presente, es velada por mujeres moscovitas durante su funeral.

Como son muchas las anécdotas que se conocen de su vida, contaré alguna otra: un día, una mujer llamada Katya iba a ser juzgada por haber falsificado unos cupones para la recogida del azúcar, que estaba racionada. Ella le dijo: “No te preocupes que no te pasará nada” y haciéndose pasar por ella, se puso un sombrero enorme y se presentó en el juzgado. El juez, al verla, se echó a reír y le dijo que se fuera, que ella no era; y cerró el caso.

Zinaida Zhdanova, que la conocía y que escribió más tarde su biografía, cuenta cómo Matrona ayudó a sus padres, que eran campesinos y que prácticamente estaban muriéndose de hambre. Estos escribieron una carta solicitando ayuda, pero el servicio de correos no se la aceptó. Se lo contaron a Matrona y ella les dijo: “No os preocupéis que inmediatamente llegará una persona con víveres” y efectivamente, un trabajador de la estación de Kursk se presentó en su casa, llevando comida facilitada por la iglesia.

Predijo su propia muerte con tres días de anticipación y en esos tres días se encargó de visitar a todas las personas con las cuales se había relacionado. Por medio de una anciana y su hija, envió una nota a los monjes de la Laura de la Trinidad y de San Sergio anunciándoles su muerte, que ocurrió en Moscú el día 2 de mayo del año 1952. Los monjes de la Laura pudieron asistir a su funeral, que fue presidido por el padre Nicolás Golubtsov. El funeral y el entierro fueron multitudinarios y a petición propia, fue sepultada en el cementerio Danilovsky de Moscú.

Su tumba se convirtió en uno de los lugares más sagrados de Moscú y a ella acudían miles de personas, no sólo de la ciudad y su región, sino de toda Rusia. Están documentados cientos de milagros realizados por su intercesión. Santa Matrona era una seglar ortodoxa con un sentimiento religioso muy profundo, muy compasiva con todo el mundo, con un corazón lleno de amor, tremendamente piadosa y una mujer de oración asidua, que siempre aceptó de buen grado su doble invalidez, que escuchaba a todos y que a todos aconsejaba. Era conocida familiarmente como “Matronushka”.

Vista del actual sepulcro de la Santa. Convento Pokrovsky de Moscú, Rusia.

El 8 de marzo de 1998, con la expresa autorización del Patriarca Alexis II, fueron exhumados sus restos en el cementerio Danilovsky. El acto fue presidido por el arzobispo Arsenio de Istra estando presentes numerosos obispos, archimandritas y fieles en general. Se celebró un funeral en la iglesia del cementerio y los restos fueron trasladados al monasterio Danilov. El antropólogo forense profesor Víctor Zvyagin y el doctor Andrés Tanyukovich dieron fe de que en su pecho se encontraba un bulto en forma de cruz, tal y como se menciona en su biografía.

El 30 de abril del mismo año sus restos fueron trasladados al convento Pokrovsky, de Moscú, donde siguen aún, siendo canonizada solemnemente el día 2 de mayo del año 1999. Su festividad se celebra ese mismo día.

Antonio Barrero

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Locos por Cristo

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Icono ortodoxo de Santa Xenia de San Petersburgo, "Loca por Cristo". Obra del iconógrafo Luke Dingman.

Hay una frase popular que dice: “Hay santos locos y hay locos santos”. Esta filosofía de vida ha sido la de muchos hombres y mujeres, que recordando a San Pablo,  han coincidido con él en que la sabiduría de este mundo es insensatez ante Dios. Imbuidos, empapados por estos pensamientos, los han llevado al extremo de hacerlos su forma de vida: ascesis total y absoluta, abandono completo al qué hacer y al qué dirán, emborracharse de Dios, vivir sólo para Él y completa despreocupación de todo lo demás, hasta  hacerse pasar por tontos ante los ojos de los hombres. Algunos de ellos, a fin de combatir su orgullo, a fin de humillarse hasta el extremo, se han hecho pasar por locos para que sus conciudadanos se burlasen de él cada vez que lo vieren. Su alimentación, la basura o la mendicidad. Su hogar, la calle. Este “movimiento” o mejor, esta forma de vida, se ha dado en la Iglesia desde muy antiguo, pero es en Oriente, en los países ortodoxos y especialmente en Rusia, donde han tomado más auge y donde más han proliferado.

Los más conocidos o populares son: San Basilio de Moscú (1468-1557),  Santa Xenia de San Petersburgo (1720-1790) y Santa Matrona de Moscú (1885-1952),  muy venerados y normalmente llamados “los santos locos,  profetas y apóstoles de Cristo”. San Andrés de Constantinopla, que vivió en el siglo X, es considerado como el primer santo loco de todos los tiempos, pero han sido muchos los santos/as a los que podríamos incluir en “esta categoría”.

Estos son algunos de ellos: San Andrés de Totma,  San Antonio Alexseevich,  San Isidoro de Rostov,  San Juan de Ustiug,  San Juan de Moscú llamado “el bufón de Cristo”,  San Miguel de Klops,  San Jorge de Shenkursk, Santa Parasceve de Sarov,  San Máximo Kausokalyves,  San Paisio de las Lauras de las Grutas de Kiev,  Santa Pelagia Ivanovna Serebrennikova de Diveevo,  San Procopio de Vyatka,  Santa Teoticta la Nueva Mijailovna de Voronezh,  San Máximo “el loco”, Santo Tomás “el tonto de Siria” y varias decenas más; el 90%, por lo menos, rusos. En Occidente podríamos mencionar algunos: San Juan de Dios, San Francisco de Asís, San Felipe Neri y otros. Todos históricos, bien documentados, muy venerados y oficialmente canonizados. Como no es posible hablar de todos ellos, daremos solo algunas pinceladas sobre los tres que hemos señalados al principio: Basilio, Xenia y Matrona.

Capilla que ayudó a construir Santa Xenia en el cementerio de Smolensk

San Basilio nace en Elochov, en la periferia  de Moscú y ya con dieciséis años de edad decide tomar este estilo de vida: renuncia a su casa y duerme en las calles y plazas moscovitas como cualquier vagabundo, renuncia a las limosnas que consideraba generosas y pasa noches enteras en oración en las puertas de las iglesias. Provoca a los comerciantes, a los alcohólicos y a las prostitutas con el único fin de que le tiren al suelo y le peguen. Durante el crudo invierno moscovita, anda desnudo por las calles, predicando en las plazas el amor al prójimo y, aunque se burlan de él, es considerado por todos como un hombre de Dios, hasta el punto de que llega a ser venerado por el mismísimo zar Iván el Terrible.

De él se cuenta que un día, participando en la Divina Liturgia en el Kremlin, estaba presente el Zar cuyos pensamientos estaban más en la construcción de un nuevo palacio que en los Divinos Oficios. Acabada la Eucaristía, Basilio se acerca al Zar y le dice:“Te he estado observando y no estabas en la Iglesia, estabas en otro lugar”; el Zar lo niega y Basilio le espeta: “No mientas, tus pensamientos estaban en el Monte Passer, donde piensas construirte un nuevo palacio”.

Tuvo dones carismáticos, predijo acontecimientos y curó enfermos imponiéndoles las manos. Un día, con motivo de su onomástica, el Zar lo invitó a su mesa, y en el momento de los brindis, se toma tres vasos de vino y los escupe contra las ventanas del comedor. El Zar lo considera un gesto de ofensa personal y se enfadó, a lo que le contestó Basilio: “No te enfades, Ivanuzka, era necesario vomitar estos tragos para apagar el fuego de Novgorod”. Tres meses más tarde informan al Zar que aquel mismo día se produjo un atroz incendio en Novgorod y que apareció un hombre del cielo, escupiendo agua y apagando el fuego. Constantemente recriminaba al Zar sus atrocidades sin tenerle miedo alguno.

Aunque llevó toda una vida de privaciones, murió con una avanzada edad (88 años) estando enfermo y viviendo en las calles hasta los últimos días de su vida. Sus funerales fueron presididos por el Metropolita de Moscú y fue canonizado un año después de su muerte. Está sepultado en la maravillosa Catedral que lleva su nombre, en Moscú.

Santa Xenia nació en el seno de una familia noble de San Petersburgo y cuando alcanzó la mayoría de edad se casó con un cantor del coro de la Corte del Zar. Quedó viuda con 26 años de edad y para expiar los pecados de su marido se decidió a llevar una austera vida ascética: vendió sus bienes y distribuyó el dinero entre los necesitados, renunció a su nombre y posición social y se hizo pasar por loca. Sin embargo, los médicos decían que estaba completamente cuerda.

Se vistió de verde y rosa (los colores del uniforme del marido), vivía vagando por las calles de la ciudad. Nadie supo nunca donde dormía, aunque la mismísima policía la seguía. Después de su muerte, se supo que dormía en el campo, porque decía que allí era donde más se manifestaba la grandeza de Dios.

Durante la construcción de la iglesia del cementerio de Smolensk, los albañiles comprobaban por las mañanas que durante la noche se trabajaba en la construcción de la capilla: era ella.

Vivía de las limosnas y todas las que recibía las repartía entre los demás vagabundos por lo que se corrió la voz entre ellos de que era una señora rica que iba repartiendo el dinero por las calles. Tuvo el don de predecir acontecimientos, algunos directamente relacionados con la Familia Imperial Rusa. Prescindía de lo necesario, era extremadamente humilde y manifestaba especial ternura por los más abandonados. Cuando murió fue sepultada en el cementerio de Smolensk, en la misma iglesia que ella ayudó a construir. Fue canonizada en el año 1988.

Sepulcro de Santa Xenia en la capilla del cementerio de Smolensk.

Poco antes de nacer Santa Matrona Dmitrievna Nikonov, su madre soñó que una paloma blanca, con los ojos cerrados y con rostro humano se posó sobre su mano derecha. A los pocos días, el 22 de noviembre de 1885, su madre dio a luz una niña ciega. Fue bautizada con el nombre de Matrona en honor de Santa Matrona de Constantinopla y en el momento del bautismo se iluminó espontáneamente la iglesia y se inundó de una fragancia de flores.

Como sus padres eran pobres, durísima fue su niñez y aprovechándose de que era ciega, las niñas de su edad se burlaban de ella y la azotaban con ortigas. De nacimiento, tenía en el pecho una marca en forma de cruz. Desde que tenía siete años, la gente de los pueblos circundantes le presentaban a sus enfermos y con sus plegarias, los curaba. Nunca aceptó dinero a cambio, sino sólo comida. Con catorce años de edad conoció a San Juan de Kronstadt y con diecisiete años quedó paralítica, además de ciega. Nunca volvió a caminar, cosa que ella asumió con absoluta normalidad diciendo que esa era la voluntad de Dios.

En Sebina, a cuatro kilómetros de donde ella residía, vivía un hombre paralítico que quiso conocerla. Ella le hizo gatear durante los cuatro kilómetros que los separaba y al encontrarse, lo curó milagrosamente. Incluso están certificadas curaciones de personas que no creían en ella. Predijo la Revolución de octubre y con ella, sus hermanos se hicieron bolcheviques teniendo que emigrar la familia de Matrona  a Moscú a fin de evitar represalias. En 1925 emigró de su casa a Tula y comenzó a llevar una vida errante, sin pasaporte ni documento alguno con el que acreditarse, convirtiéndose en una vagabunda sin hogar, teniendo que convivir con personas que la trataban con hostilidad y casi siempre durmiendo en las calles, comiendo hierbas y curando con las mismas hierbas que utilizaba. Más de una vez quisieron arrestarla, pero ¿a dónde llevaban a una mujer ciega y paralítica?

Murió el día 2 de mayo del año 1952 y está enterrada en el convento Pokrovsky de Moscú. Ha sido canonizada hace dos años.

Antonio Barrero

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