San Máximo el Confesor

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Icono ortodoxo griego del Santo

San Máximo el Confesor fue uno de los Santos Padres Orientales más importantes de la Iglesia, conocido por sus escritos místicos y ascéticos y por su defensa de la ortodoxia ante la herejía conocida como el monotelismo. Su título de Confesor (en griego también “martyros”), significa que él sufrió por la fe cristiana, aunque directamente, no fue martirizado.

Sus primeros años de vida:
San Máximo (580-662), nació en Constantinopla, en el seno de una familia noble por lo que recibió una buena educación. Sus adversarios monotelitas y hasta hoy los maronitas, afirman que era de Palestina.

En el año 610, Máximo se convirtió en el secretario personal del emperador Heraclio (610-641), pero por razones desconocidas, después de tres años dejó esta posición y entró en el monasterio de Chrysopolis situado en la otra orilla del estrecho del Bósforo, llegando a realizar los votos monásticos. Poco tiempo después se convirtió en el abad del monasterio y desde esa posición, solía decir que “la teología sin la práctica es una teología de los demonios”, por lo que su enfoque teórico de la teología se desdobló en la práctica de la misma.

Durante la invasión persa del año 632 se vio forzado a huir junto con toda su comunidad, llegando a la Provincia de África, que en ese momento estaba bajo dominio bizantino y con él, su amigo Sofronio que, posteriormente, llegó a ser patriarca de Jerusalén. Permanecieron en un monasterio cercano a Cartago donde estudió los escritos cristológicos de San Gregorio de Nacianzo y de San Dionisio el Areopagita.

La disputa monotelita:
En África, Máximo y Sofronio iniciaron su lucha contra la posición oficial del emperador, quién encontró en los fundamentos monotelitas la solución para reunificar a los cismáticos miafisitas (o monofisitas) de Egipto y Siria con los creyentes ortodoxos de Constantinopla. Los miafisitas (antecesores de los actuales coptos de Egipto), creían que en Cristo había una sola naturaleza – la divina – ya que la naturaleza humana desapareció en la divina al igual que una gota de agua desaparece cuando cae en el océano.

Con el fin de restablecer no solo la unión religiosa sino también la política que estaba en peligro por las invasiones persas y árabes, el emperador Heraclio, de acuerdo con el patriarca Sergio de Constantinopla (610-638), impuso mediante un decreto oficial la doctrina monotelita como la posición oficial de la Iglesia.
La nueva doctrina afirmaba que en Cristo hay dos naturalezas (la divina y la humana), pero un solo ser (mono-thelos) y una sola voluntad (mono-erga), lo que en realidad suponía un monofisismo encubierto. La declaración oficial se convirtió, en el año 633, en un pacto formal entre los ortodoxos y los monofisitas.

Icono ortodoxo ruso del Santo donde aparece rodeado de escenas de su vida y milagros.

El primero que vio el peligro que entrañaba este “compromiso” y el primero en luchar contra él, fue en realidad el monje Sofronio y eso ocurrió incluso antes de que el compromiso o pacto se firmara. Poco después se convirtió en patriarca de Jerusalén y desde esa posición, publicó en el año 643 una carta sinodal en la que hacía una clara distinción entre las dos naturalezas de Cristo.
En los cuatro años siguientes no ocurrió nada en especial, pero en el año 638 comenzaron los problemas cuando el emperador Heraclio publicó la Ekthesis como la “Confesión de fe” oficial del Imperio. Entonces, San Máximo se convirtió en el líder de la lucha contra esa herejía y entre los años 642 y 645 llevó a cabo una amplia labor para fortalecer a los obispos africanos contra la herejía imperial.

En julio del 645, Máximo tuvo en Cartago y en presencia de varios obispos, una gran disputa pública con Pirro, que había sido patriarca de Constantinopla entre los años 638 al 641 y con posterioridad lo fue nuevamente en el 654 y que era un monotelita convencido pero al mismo tiempo un viejo amigo de Máximo. Con posterioridad a este debate, Pirro reconoció como falsa y herética la posición monotelita y así, varios concilios celebrados en África condenaron poco después el monotelismo como una herejía.

La muerte martirial de San Máximo:
A finales del año 646 San Máximo fue a Roma donde permaneció hasta el año 649. Allí, el Papa Martín (649-653) convocó el Concilio de Letrán en el año 649 y con la presencia de ciento cinco obispos también se condenó el monotelismo.
Sin embargo, en aquellos momentos ocurrió algo terrible: el centro de Italia cayó bajo el control bizantino y en el año 648, el emperador Constantino II (641-668), sucesor de Heraclio, promulgó un nuevo decreto por el cual se prohibía bajo pena grave toda discusión sobre si en Cristo había una o dos obras y voluntades.

En el año 653, San Máximo y el Papa San Martín de Roma fueron arrestados y llevados a Constantinopla. San Martín, condenado sin juicio, murió en el camino, pero San Máximo fue llevado ante un tribunal en el año 655 que lo condenó al exilio en Bizya, una localidad de Tracia. En el mismo año, un nuevo juicio lo llevó a Perberis, a orillas del Mar Negro y más tarde, en el año 662, San Máximo fue llevado nuevamente a Constantinopla para asistir a otro juicio o audiencia con la finalidad de forzarle para que aceptara la enseñanza monotelita.
Allí, ante el pueblo, los soldados le cortaron la mano derecha y la lengua con la intención de incapacitarle para que no pudiese exponer sus posiciones y comunicarse tanto oralmente como por escrito.

Reliquia de la mano del Santo traída desde el monte Athos (Grecia) hasta el monasterio Voronet (Rumanía).

Después de esta bárbara mutilación que ocurrió cuando San Máximo tenía unos ochenta años de edad, fue exiliado en Lazika, situado en la costa oriental del Mar Negro, siendo encerrado en la fortaleza de Schemarum, probablemente cerca de la moderna ciudad georgiana de Tsageri, donde permaneció hasta el final de su vida, cosa que ocurrió el día 13 de agosto del año 662, cuando tenía la venerable edad de ochenta y dos años.
Estos eventos ocurridos a San Máximo fueron recordados por Anastasio el Bibliotecario (Migne, Patrologia Latina, vol. 128, “Historiae de vitis Romanorum pontificum”, 130, col. 737-763).

Junto con el Papa San Martín, San Máximo fue rehabilitado por el Sexto Conciclio Ecuménico (680-681), que declaró que Cristo poseía tanto un ser humano como una voluntad divina. Con esta declaración, el monotelismo se convirtió en herejía y Máximo, después de su muerte, fue declarado inocente de todos los cargos que se le habían imputado.
Su festividad se celebra en la Iglesia de Oriente el día 13 de agosto (traslado de sus reliquias) y el día 21 de enero. En la Iglesia Occidental es conmemorado el día 13 de agosto.

Reliquias:
El Sinaxario ortodoxo así como el Menologio dan fe de que después de la muerte de San Máximo, en su tumba se produjeron numerosos milagros, sanaron muchas personas y que aparecieron tres luces brillantes a modo de candelabros que podrían simbolizar a la Santísima Trinidad.

Reconocimiento de los huesos del Santo hallados en Georgia, año 2011.

En el llamado Prólogo Griego, el día 13 de agosto se conmemora el traslado de las reliquias de San Máximo desde Lazika en la orilla sudeste del Mar Negro hasta Constantinopla, al monasterio de la Madre de Dios en Chrysopolis, donde él había estado como abad, cosa que probablemente ocurrió con posterioridad a la celebración del VI Concilio Ecuménico.
Muchos eruditos consideran que el día 13 de agosto fue el día de la muerte del santo, aunque probablemente su conmemoración principal se trasladó al 21 de enero, al ser el 13 de agosto el último día de la Octava de la Transfiguración del Señor.

Actualmente, una parte de sus reliquias se encuentran en el monasterio de San Pablo en el Monte Athos (un relicario con la mano derecha del santo que le fue cortada en el año 662). Esa reliquia fue llevada allí desde Constantinopla en el siglo XI por parte del Abad Pablo de Xiropotamou. Esta es la única reliquia insigne conocida del santo y la reproducimos en una de las fotos.

De todos modos, algunas revistas internacionales han afirmado que el resto de las reliquias de San Máximo, así como su tumba, fueron descubiertas en Georgia, cerca de Tsangeri, en octubre del año pasado. Los argumentos de estos descubridores pueden ser creíbles porque en realidad no hay información histórica sobre el movimiento real de las reliquias, sino que solo se sabe lo que dicen las fuentes litúrgicas.
Su tumba se encontró bajo el altar de una iglesia dedicada en su honor en Tsangeri, junto con los restos de otros tres discípulos suyos. Más información sobre esta teoría se puede ver aquí, y en rumano, aquí.

Sacerdote ortodoxo fotografiado junto a la reliquia del Santo. Monasterio Voronet, Rumanía.

Sus escritos:
Se conservan numerosos escritos de San Máximo, algunos de los cuales fueron incluidos en la Philokalia griega, que es una importante colección de escritos místicos de la cristiandad oriental. Algunos de sus escritos son dogmáticos, pero curiosamente, San Máximo es conocido no por sus escritos dogmáticos acerca de la persona y naturalezas de Cristo, sino por aquellas en las que describió como debía ser la vida contemplativa proporcionando una amplia guía para uso de los ascetas. Algunas otras obras tratan de temas litúrgicos y hermenéuticos.
Como seguidor de San Dionisio Areopagita, San Máximo presenta e interpreta la filosofía neo-platónica desde una manera cristiana. Sus trabajos sobre San Dionisio fueron continuados en Occidente por Juan Scotus Erigena.

La influencia platónica en el pensamiento de San Máximo se puede ver con mayor claridad en su antropología. Máximo adoptó la idea de que la humanidad fue hecha a imagen de Dios y el propósito de la salvación es devolvernos a la unidad con Dios. En soteriología, San Máximo insistió en que la humanidad está destinada a estar plenamente unida con Dios, ya que Dios fue el primero que se unió completamente a la humanidad mediante la Encarnación. Esto ya también lo había mantenido antes San Atanasio de Alejandría. Si Cristo no hubiera llegado a ser completamente humano, la salvación no hubiera sido posible, ya que la humanidad no habría podido llegar a ser completamente divina. Es por esto por lo que condenó firmemente el monotelismo, que era la herejía que negaba la voluntad humana de Cristo. El acento en la idea de la divinización o deificación humana hizo de Máximo uno de los teólogos más importantes de Oriente.

Desdeñado durante siglos por los escolásticos occidentales, los escritos de San Máximo han tenido siempre un lugar especial en la teología oriental. Él es considerado el “padre espiritual” de algunos místicos como San Simeón el Nuevo Teólogo o San Gregorio Palamas.

Detalle de la cabeza del Santo en un fresco bizantino.

Sus obras más importantes son:
“Las respuestas a Talasio”, que es una serie de sesenta y cinco preguntas y respuestas acerca de algunos pasajes de las Escrituras difíciles de interpretar.
“Ambigua”, que es una exploración de los pasajes difíciles de encontrar en los escritos de San Dionisio el Areopagita y de San Gregorio Nacianceno y que está centrado en temas cristológicos.
“Scholiae”, que son comentarios y meditaciones sobre los primeros escritos de San Dionisio el Areopagita.
“La Mistagogía”, que es un comentario y meditación de la Divina Liturgia y la conexión entre el macrocosmos y el microcosmos.
“Los capítulos sobre el amor”, que son algunos ensayos sobre la vida espiritual, agrupados en colecciones de cientos de tales meditaciones.
“Las Palabras ascéticas”, que es un diálogo sobre la vida monástica.
“La Vida de la Santísima Virgen”, que es la primera biografía completa sobre la Virgen María con interesantes conexiones con los evangelios apócrifos.

Himno (Tropario) de San Máximo:
“Tú eres una guía de la ortodoxia, un maestro de la piedad y de la modestia, una luz en el mundo y el orgullo de Dios inspirado a los monjes. ¡Oh sabio Máximo, que has iluminado al mundo con tus enseñanzas; eres el arpa del Espíritu. Intercede a Cristo nuestro Dios para que salve a nuestras almas”.

Mitrut Popoiu

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