Santos de nombre Antíoco

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Procesión de San Antíoco de Sulcis en la localidad de Sant’Antioco (Italia).

Procesión de San Antíoco de Sulcis en la localidad de Sant’Antioco (Italia).

Pregunta: Aunque suene a raro, me llamo Antíoco porque mi abuelo también se llamaba así. Se que hay varios santos con ese nombre y que se celebran en distintas fechas. Os agradecería me dieseis algunas pinceladas de algunos de ellos a fin de escoger a uno y empezar a celebrar mi onomástica pues se que esto le haría ilusión a mi hija. Muchas gracias.

Respuesta: Pues desde luego, rarito sí que es tu nombre. Yo concretamente nunca me he encontrado a nadie llamado así, pero veamos el santoral, cuantos Antíocos hay y te daremos algunos datos sobre algunos de ellos.

San Antíoco, mártir de Sulcis
He empezado por este porque precisamente hoy el Martirologio Romano conmemora su fiesta, aunque la Iglesia de Cerdeña lo festeja exactamente un mes antes y lo hace con un Oficio y una Misa propia extraídos de un códice del siglo XVI que se conserva en el Vaticano.

Sin embargo, existe una “passio” más antigua, del siglo XI, en la cual aparece como una especie de calco de otro Antíoco venerado como mártir en Sebaste. Según esta “passio”, Antíoco era un médico en Galacia y Capadocia que se dedicaba no sólo a ejercer la medicina, sino a convertir a la gente al cristianismo. Fue arrestado por orden del emperador Adriano, atormentado de mil maneras y como todos los tormentos resultaban inútiles, lo exiliaron en la isla de Sulcis, donde se escondió en una cueva cercana al mar llevando vida de ermitaño. En realidad Sulcis no es una isla, sino que es un archipiélago de varias islitas, dos de ellas algo más grandes, que están situadas a muy poca distancia de la costa suroccidental de la isla de Cerdeña.

Presunta tumba de San Antíoco de Sulcis en las catacumbas de su iglesia homónima.

Presunta tumba de San Antíoco de Sulcis en las catacumbas de su iglesia homónima.

Aunque aquello parecía un lugar seguro, fue descubierto y denunciado ante el gobernador de Cagliari – que es la ciudad más grande de Cerdeña -, el cual envió a varios soldados para que lo arrestaran. Él, antes de acompañarlos, les pidió un poco de tiempo para rezar en su cueva y rezando, se murió. En Cerdeña se dice que fue el primer cristiano martirizado en la isla y el primero que fundó una comunidad cristiana. Se le relaciona con las antiguas minas de plomo explotadas por los romanos en Cerdeña, donde estuvo condenado a trabajos forzados, pero esto es simplemente una leyenda sin ninguna base histórica.

El culto de San Antíoco en Sulcis es muy antiguo, pues en una inscripción del siglo VIII (que parece ser copia de otra mucho más antigua), encontrada en el año 1615 sobre su presunta tumba en las catacumbas situadas bajo la iglesia actual dedicada al santo, se hace alusión a una iglesia anterior revestida de mármoles y que estaba también a él intitulada, desde los tiempos de un obispo llamado Pedro que había vivido en el siglo VI. Esa inscripción es en realidad el documento mas antiguo existente sobre el santo y dice: “+ Aula micat ubi corpus sci Anthioci quiebit in gloria virtutis opus reparante ministro pontificis Xri sic decet esse domum quam Petrus antistes cultu splendo renobabit marmoribus titulis nobilitate fidei dedicatu D/XII K. Febru”. En base a ella, algunos autores llegan a afirmar que Antíoco era un obispo.

Con todos estos documentos, en realidad es imposible determinar la verdadera identidad del santo, si es un santo local del que sin embargo no se sabía nada hasta que se compuso la “passio” o si esta fue una adaptación a la de su homónimo de Sebaste, o si incluso estamos ante otro caso de duplicidad o desdoblamiento ocasionado por el hecho de que en Sulcis se conservaran algunas reliquias. Aun con todas esas dudas, se le venera hoy como mártir, aunque muriese de muerte natural mientras rezaba, ya que con anterioridad había sido martirizado y murió en el exilio. He mencionado a San Antíoco de Sebaste diciendo que este de Sulcis puede ser un desdoblamiento suyo, pero la realidad es que del santo de Sebaste, con certeza solo se sabe que vivió en el siglo III y que fue martirizado en Sebaste junto con San Ciríaco; el resto es también leyenda. Es conmemorado el 15 de julio.

Reliquias de San Antíoco de Sulcis en Carbonia, Iglesias, Cerdeña.

Reliquias de San Antíoco de Sulcis en Carbonia, Iglesias, Cerdeña.

San Antíoco el Sabaita, monje
En el “Canon de los Santos Padres” de San Teodoro Studita, después de un invitatorio en el que se celebra a todos los santos ascetas de Egipto, Tebaida y Libia, se recuerda entre otros a un Antíoco monje, muerto alrededor del año 630.

Según este texto, habría nacido en Medosaga, aldea situada a unos cuarenta kilómetros de Ancira (la actual Ankara), en Galacia, habiendo ingresado como monje en la Laura de San Sabas, en el desierto de Israel no lejos de Jerusalén. Cuando el rey persa Cosroes, en el año 614, masacró y saqueó la ciudad de Jerusalén y sus monasterios cercanos, robando incluso la Santa Cruz, Antíoco pudo escaparse y a instancias de un tal Eustacio, archimandrita del monasterio de Atalia, cercano a Ancira, habría escrito una obra titulada “Recopilación de las Sagradas Escrituras”. Esta obra, dividida en ciento treinta capítulos u homilías, definía la moral cristiana sirviéndose de los textos de las Sagradas Escrituras y de las obras de los Santos Padres. El último capítulo contiene una relación de todas las herejías, que continuó Epifanio de Salamina en su famoso “Panarion” (Παναρίου).

En una carta dirigida a Eustacio, Antíoco hizo un relato minucioso de la caída de Jerusalén, del saqueo de la Laura de San Sabas y de la crueldad que sufrieron sus monjes, que fueron masacrados por los invasores persas. Antioco también escribió una obra llamada “Penitencia”, en la que le solicitaba a Dios evitara su ira contra Jerusalén. También se le atribuye una “Narratio compendiaria vitae sancti Euphrosyni coqui coenobialis” y un escrito denominado “De Eucharisto”. Las obras de San Antioco el Sabaita han sido editadas por la “Patrologia Graeca” y su fiesta se celebra el día 22 de enero.

San Antíoco, obispo de Lyon
El Martirologio Jeronimiano lo conmemora el 13 de agosto, mientras que Adón, arbitrariamente lo transfirió a su martirologio el día 15 de octubre. De esta fecha lo tomó el cardenal Baronio para introducirlo en el Martirologio Romano.

De este santo se sabe muy poca cosa. Las pocas noticias que nos han llegado de él están incluidas en la biografía de uno de sus predecesores, el obispo Justo. En ella se dice que cuando Justo dejó su cátedra episcopal para retirarse a Egipto a fin de vivir como ermitaño, Antíoco, que era un sacerdote de Lyon, afrontando un pesado y largo viaje fue a visitarlo a Egipto, siendo elegido más tarde, obispo de Lyon, sucediendo al obispo Martín a mediados del siglo V, gobernando su diócesis con firmeza y sagacidad.

Laura de San Sabas en el desierto de Israel. Fuente: www.lookatisrael.com.

Laura de San Sabas en el desierto de Israel. Fuente: www.lookatisrael.com.

Fue sepultado en la iglesia dedicada a los hermanos Macabeos, situada en las afueras de la ciudad, a la cual había sido trasladado también el cuerpo del obispo Justo – que había sido traído desde Egipto -, y al que más tarde, se le dedicó la citada iglesia. En el siglo XVI, esta fue destruida por los calvinistas, perdiéndose los cuerpos de los dos obispos. En Lyon se le conmemora el 16 de octubre y el pueblo lo conoce cariñosamente con el nombre de “Andeolo”.

Existen otros santos con este nombre, pero pertenecen a grupos de mártires de Cesarea, de Galacia y de Jerusalén. Hay también un sacerdote de Bayeux que lleva su nombre y del que no se sabe prácticamente nada y un eremita sirio discípulo de San Juan el Ermitaño, del que tampoco se sabe casi nada. Por eso, te he descrito sólo a estos tres porque de los demás, aun se sabe menos. Desde mi punto de vista, el que tiene más signos de verosimilitud histórica es San Antíoco el Sabaita, pero ya te digo, que ese no se celebra hoy, sino el 22 de enero. Espero haberte aclarado algunas cosas.

Antonio Barrero

Bibliografía
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, tomo II”, Città Nuova Editrice, Roma, 1990.

Enlace consultado (22/11/2014):
– www.comune.santantioco.ca.it/cms/la-storia.html

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San José Moscatti, médico

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Fotografía del Santo.

Fotografía del Santo.

Introducción
“Su fama se extendió por toda la Siria, y le llevaban a todos los enfermos, afligidos por diversas enfermedades y sufrimientos: endemoniados, epilépticos y paralíticos, y él los curaba” Mt. 4, 24.

La santidad no es un privilegio de los clérigos o consagrados, los laicos bautizados, que son la mayoría que integra el Cuerpo Místico de Cristo que es la Iglesia, también están llamados a ser luz del mundo y sal de la tierra. Por ello, cuando nos encontramos con el ejemplo de un laico elevado al honor de los altares, su vida se expone con más atención porque los frutos que ofrece son interesantes y con muchos ejemplos que se pueden imitar.

San José Moscatti es un santo que conjuga en su vida la ciencia y la fe, la razón y la religión, el ser laico y estar bautizado. Su vida nos ofrece una directriz de cómo vivir en el mundo con la mirada puesta en el cielo, amalgamando el estudio con la investigación junto con la piedad y la caridad. Fue un seglar que hizo de su vida una misión con sabor auténticamente evangélico. Por eso su vida de médico creyente, de católico practicante, resulta atrayente e iluminadora por su compromiso con el mundo de los enfermos y con el área de la sanidad, por la práctica de la fe en un trabajo profesional: “Perseverad en el amor a la verdad, a Dios que es la verdad misma, a todas las virtudes, y así podréis ejercer vuestra profesión como una misión”.

Orígenes
Nació el 28 de julio de 1880 en Benevento, hijo de Francisco Moscatti, un magistrado, y de Rosa de Lucca, descendiente de los Marqueses de Rosato. Fue bautizado el 31 de julio siguiente. En 1883, por causa del trabajo de su padre, su familia tiene que vivir en Ancona y en 1884 radica definitivamente en Nápoles, donde su vida exhalará el suave olor de Cristo. En 1888 hace su Primera Comunión mientras estudia en el Instituto Vittorio Emmanuele. En 1897 se matricula en la Facultad de Medicina. El 21 de diciembre de ese año muere su padre, el 3 de marzo de 1900 recibe el sacramento de la Confirmación, en 1903 obtiene el doctorado en medicina con las mejores calificaciones, presentando una tesis sobre la urogénesis hepática. Al año siguiente muere su hermano Alberto y comienza la maravillosa experiencia de trabajo en el Hospital de Santa María del Popolo.

San José Moscati, "el médico santo". Lienzo contemporáneo.

San José Moscati, “el médico santo”. Lienzo contemporáneo.

Médico
Su labor en el medio sanitario despertó en él una profunda empatía y gran preocupación por las personas que sufrían entre cuatro paredes de un hospital, a la vez que le descubrió la profunda caducidad de las cosas. Crece en la piedad, viviendo convencido que la profesión que ha elegido, debe de ir de la mano de la práctica de una caridad dinámica, así, en Nápoles, José crece como persona, como profesional y como creyente.

Su vida transcurre entonces enfrentando el peligro del contagio y de la muerte, como cuando en 1906 hubo una erupción del Vesubio y ayudó a trasladar unos enfermos en Torre del Grecco. Al sacar al último paciente, el hospital se vino abajo por el peso de la ceniza que soportaba el techo. O como en 1911 atendió a los enfermos del contagio del cólera. Al iniciar la Primera Guerra Mundial está a cargo del reparto militar. Antes ya había dado su servicio docente en el Hospital de los Incurables. En 1914 fallece su madre. La vida y la muerte se cruzan en su camino como algo normal, pero también lleno de sacralidad.

Veinticuatro años de servicio profesional lo hicieron como un sacerdote de cuerpos, en los que veía que en el ser humano no hay dicotomía, pues el alma y el cuerpo integren una unidad, una persona, en la que el malestar físico afecta al alma y donde la muerte de ésta origina la enfermedad del cuerpo. Su vida laboral fue más bien un apostolado, con la que buscaba su propia salvación y la de otras almas, conquistando para Cristo sus voluntades y sus existencias. Este proyecto de vida se realizaba entre dos ejes: el hospital y la universidad, ejerciendo la medicina como un servicio cristiano, sanando los cuerpos y también las almas. A sus enfermos refería: “La vida para mí es un deber, ayudadme para que mis escasas fuerzas se conviertan en un apostolado”.

Por sus enfermos sacrificó la vida, el tiempo, su patrimonio y la familia. Él reconoció en la persona que sufre a Cristo doliente, que tiene que ser atendido con prontitud, con responsabilidad y con amor. Decía: “Tenemos ante nosotros un cuerpo que contiene una alma inmortal”.

Fotografía del Santo.

Fotografía del Santo.

Investigación
Su dedicación al estudio de la Palabra de Dios le causó un afán por buscar y estudiar la verdad, no como algo abstracto, sino como una realidad concreta. Al respecto comentaba: “Ama la verdad, mostrándote como eres, sin fingir, sin miedo”. Frente a la fragilidad del hombre ponía la grandeza de Dios, estaba convencido que el ser humano tendría más progreso si se unía al Creador, las objeciones humanas serían suplidas con la sabiduría divina. No se oponía al progreso que la ciencia iba logrando, pero siempre proponía que la conciencia del hombre no puede manipular el misterio de la vida y que ningún acomodo moral podía respaldarlo. Su lección moral se sitúa entre el respeto a la sacralidad de la vida y de la dignidad de la persona humana. Para él, el dominio de la ciencia puede hacer que el hombre tenga una capacidad casi divina a través de la ingeniería genética, pero esta manipulación que no es una creación, no debe detenerse en una sola función meramente reproductora, ya que la vida es el amor de Dios hecho carne. El equilibrio que logró entre ciencia y fe es una conquista personal, porque “la ciencia no excluye la fe, antes bien, está necesita de su complemento”.

En nombre del gobierno italiano participó en los congresos internacionales de Budapest y Edimburgo. En la cátedra impartió anatomía patológica, química fisiológica y medicina general. Son notables sus investigaciones sobre los efectos del glucógeno en el cuerpo humano. Entre sus obras se encuentran treinta y dos publicaciones científicas.

Hombre de fe
El Doctor Moscatti era un creyente. Descubrió a Dios en las maravillas de la creación que contemplaba en la naturaleza. Aquí estaba la presencia del Omnipotente, ante cuyas pruebas es imposible no creer. Tenía un brillante porvenir en la investigación, pero renunció a éste porque entendió que tenía que atender “la carne dolida de los enfermos” que es la persona de Cristo. En un tiempo en que se quería primar el positivismo sobre lo espiritual, proclamaba: “El médico se encuentra en una posición de privilegio, no debe preocuparse sólo del cuerpo, sino del alma con el consejo espiritual para comprender el misterio de ese corazón e inflamarlo de nuevo, para amarlo como a nosotros mismos”.

Lienzo-retrato del Santo usado como estampa.

Lienzo-retrato del Santo usado como estampa.

Así, tenemos que su vida comenzaba diariamente con la misa cotidiana, alimentándose de la Eucaristía. No podía ser un profesional ni realizar su apostolado si no se unía a Cristo para portarlo y llevarlo a los demás. Cuántas madrugadas fueron testigos de su caminar a la iglesia para encontrarse con el Divino Médico, para contarle sobre sus enfermos y pedirle por ellos. Por ello visitaba a los más miserables sin cobrar honorarios, dejando muchas veces discretamente dinero, medicina y ropa o despensa. A las 8.30 de la mañana estaba puntualmente en el hospital para continuar con su trabajo.

Hombre sencillo y práctico, que se escondía de los reflectores, que se alejó de las vanidades y las alabanzas; con una conciencia serena que le hacía trabajar honestamente, siempre distante de las envidias, siendo señor de su vida y siervo de los pobres que sufren. Su amor a la Virgen María era el de un hijo constante y piadoso. El rezo del rosario era habitual en él, y su devoción a la Madre de Dios tiene dos referencias: Nuestra Señora de Loreto, cuya casa conoció desde pequeño; y Nuestra Señora del Rosario de Pompeya, cuyo santuario tiene un alcance regional en Nápoles.

Todo el día lo distribuía en el hospital y las aulas de la Universidad, tratando de llevar la luz de Cristo para sanar las almas que allí asistían. Su celo por la salvación del prójimo se hizo patente en cierta ocasión en que asistía a una conferencia en la Universidad, que era en esos tiempos como un santuario del ateísmo, regido por la masonería. Uno de los presentes, un docente ya muy anciano, había sido maestro de Moscatti, siendo un reacio incrédulo que en alguna conferencia había manifestado su desprecio a Jesucristo; pues era masón y había ocupado altos cargos en las logias. Pues en un momento dado cae fulminado por un ataque, causando el alboroto entre todos los presentes. Era claro que estaba muriendo. San José Moscatti cruzó la mirada con su antiguo maestro y en ella leyó una súplica que solamente él entendió y que rápidamente atendió. Antes que nadie recobrara la calma, ya estaba de vuelta con un sacerdote que dio los auxilios espirituales a aquel que se declaraba enemigo personal de Cristo. Afortunado de él que descubrió entre los asistentes al que fue su alumno y que tenía fama de ser católico practicante, y que resultó algo insólito en ese lugar donde ni por error pisaba un sacerdote. Una buena muerte lograda por el doctor Moscatti.

Fotografía del Santo en su juventud.

Fotografía del Santo en su juventud.

El médico Santo
Así era conocido por muchos y con sobrada razón. Se recuerda como una vez, a petición de los trabajadores del tren en que viajaba, se bajó del mismo para auscultar a un compañero de ellos que vivía por el camino. Lo revisó y lo primero que dijo fue: “Primero hay que pensar en la salud del alma y luego en la del cuerpo”. Luego de diagnosticarlo, aseguró que se iba a aliviar. No quiso cobrar sus honorarios y contribuyó con algo para el sostenimiento del enfermo.

Tenía un paciente amigo muy anciano, al que atendía frecuentemente. Lo invitaba a desayunar diariamente cerca de la iglesia a donde iba a misa y allí lo revisaba. Cuando el enfermo no podía asistir a la cita, el médico se desplazaba a la casa de su amigo. De los pobres no aceptaba pago, antes bien, ayudaba de su bolsillo a sus necesidades.

En 1921 le tocó atender al artista Enrique Caruso, que estaba enfermo y al que no lograban aliviar. Cuando lo revisó, se dio cuenta de la gravedad de su mal y le recomendó que acudiera a Jesucristo. Habiendo recibido los sacramentos, el tenor murió cuando se desplazaba de Sorrento a Roma.

Muerte
El 4 de abril de 1927, una semana antes de su muerte, visitó al padre pasionista Casimiro, que llevaba cuatro meses enfermo y dos sin poder celebrar misa. Lo revisó y le dijo que se iba a curar, y que la primera misa que celebraría sería por él. Falleció de manera repentina, pues estaba preparado para ella. La jornada del día en que dejó este mundo estuvo llena de actividades como de ordinario visita a enfermos, trabajo en el hospital, las aulas. Como a las tres de la tarde se sentó agotado en un sillón para reponer sus agotadas fuerzas. No se levantó más.

Vista del altar con el sepulcro del Santo.

Vista del altar con el sepulcro del Santo.

Murió en plena madurez, porque ya había dado lo que tenía que dar. Se entregó por los suyos sin límite ni medida, sin tregua y sin respiro, animado por el Espíritu Santo, se convirtió en una luz que lleno de esperanza a muchos. Como la espiga cargada que se dobla por el peso, así sus méritos lo hicieron digno de una vida nueva. Ya lo había dicho: “Y si por la verdad debes sacrificarte tú mismo y tu propia vida, sé fuerte en el sacrificio”. Vivió su pascua el 12 de abril de 1927. Al día siguiente de su muerte, el Padre Casimiro se preparaba a celebrar la misa. Se enteró con sorpresa de la muerte del doctor y la celebró por su eterno descanso.

Ante sus restos mortales desfilaron autoridades, amigos y todos los que habían recibido un beneficio de su parte. Multitudes se congregaron en su funeral, efectuado el día 14. Estaban presentes profesores, médicos, el Presidente de la Cámara, diputados, senadores, estudiantes, pobres y muchas personas que deseaban dar el último adiós a quien dijo: “No es la ciencia, sino la caridad quien ha transformado al mundo”.

Culto
El afecto que le guardaban sus conciudadanos le hicieron que fuera sepultado en la iglesia del Gesú Nuovo el 16 de diciembre de 1930. Fue beatificado el 16 de noviembre de 1975 por el Beato papa Pablo VI y canonizado por San Juan Pablo II el 26 de octubre de 1987, siendo el primer médico de los tiempos modernos en ser elevado al honor de los altares.

Detalle del sepulcro del Santo.

Detalle del sepulcro del Santo.

Cabe señalar que tiene una parroquia dedicada a él en la ciudad de Lagos de Moreno Jalisco, de la Diócesis de San Juan de los Lagos.

Humberto

Bibliografía:
– DE ECHEVERRÍA, Lamberto; LLORCA, Bernardino; REPETTO BETES, José Luis, Año Cristiano, IV Abril, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 2000, pp. 249-255.
– LOPEZ CAMARENA, Juan Antonio, Santos para el Tercer Milenio, Tomo I. Contenidos de Formación Integral. México 2002, pp. 324-327.

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Los Santos y la medicina (V)

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Estampa popular de Santa Maria Bertilla Boscardin.

San Juan Calabria (1873-1954) Es el año 1900. En una nublada tarde de noviembre, Juan Calabria, un joven estudiante veronés de teología, ve un montón de harapos en un agujero de la puerta: era un pequeño niño gitano que estaba obligado a mendigar y a llevar todos los días una cierta cantidad de dinero si quería escapar de las palizas y del abuso a que estaba sometido y que no sabía donde refugiarse para escapar del frío. Era como otros muchos, un niño desesperado, uno de aquellos para los cuales no existía la palabra futuro. Juan lo llevó a su casa y lo puso al cuidado de su madre que ya estaba acostumbrada a la generosidad de su hijo. Aquella noche no pudo conciliar el sueño y, poniéndose a rezar, tuvo la idea de hacer todo lo posible para oponerse a injusticias como esta. Y lo hará durante cincuenta años, promoviendo la fundación de la Obra Don Calabria, obra asistencial en todos los ámbitos y que hoy se encuentra presente en doce naciones de cuatro continentes. Había nacido el día 8 de octubre del 1873 y se ordenó de sacerdote en el año 1901. Juan Calabria moriría el 4 de diciembre del año 1954 con ochenta y un años de edad.

Beata Maria Ludovica de Angelis (1880 – 1962) – Se llamaba Antonina y había nacido en Italia, aunque después de haber ingresado en la Congregación de las Hijas de Nuestra Señora de la Misericordia, marchó al hospital pediátrico de La Plata, en Argentina, donde transcurrió el resto de su vida. Fue administradora del hospital y, durante algún tiempo, también fue la superiora. Su especialidad fue la caridad con todos los enfermos y con el resto del personal que trabajaba en el hospital, médicos, enfermeros… La heroicidad de sus virtudes fue reconocida en el año 2001 y beatificada en el año 2004 por el papa San Juan Pablo II.

Santa Maria Bertilla Boscardín (1888 – 1922) – Nació en la provincia de Vicenza, en el seno de una familia de campesinos y con la ayuda del párroco, entró en el año 1905 en las hermanas Maestras de Santa Dorotea Hijas de los Santísimos Corazones en Vicenza. Convertida en enfermera, trabajó en el hospital de Treviso, donde se dedicó a servir a los enfermos del cuerpo y del espíritu, ayudando infatigablemente a sus hermanas de Congregación. Sin embargo, con solo veintidós años de edad fue atacada por un tumor, pero ella continuó empeñada en su trabajo, a veces muy fatigoso y con las dificultades y tensiones propias de la Primera Guerra Mundial. Enviada a la ciudad de Como, sufrió terriblemente por las incomprensiones de algunos médicos y de la propia superiora de su congregación, sin lamentarse jamás ni protestar. Retornada a Treviso, continuó con su trabajo en el hospital hasta que su enfermedad se agravó notablemente. Murió con solo treinta y cuatro años de edad en el 1922. Su grandeza espiritual estuvo en haber buscado en las fatigas, en la humildad y en el silencio, la más profunda unión con Dios. Sus restos se encuentran actualmente en Vicenza, en la Casa madre de la comunidad.

Óleo contemporáneo de Santa Gianna Beretta en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, Wisconsin (EEUU).

Santa Juana (Gianna) Beretta Molla (1922 – 1962) – Clara y bonita: así le pareció la doctora Gianna Beretta al ingeniero Pedro Molla en los primeros encuentros que tuvieron. Se conocieron en el año 1954 y se casaron en Magenta el 24 de septiembre del año 1955. Gianna era la penúltima de los ocho hijos supervivientes de la familia Beretta; había nacido en Magenta y era médico cirujano desde 1949 y especialista en pediatría desde 1952. Ella, como médico, seguía atendiendo a todos, especialmente a quienes eran ancianos o estaban solos. Decía: “El que toca el cuerpo de un paciente, toca el cuerpo de Cristo”. Gianna amaba el deporte (especialmente el esquí) y la música; pintaba, llevaba al teatro y a los conciertos a su esposo, que era un gran dirigente industrial que siempre estaba ocupado. Vivían en Ponte Nuevo di Magenta y enriquecía de manera gozosa la vida de la Acción católica femenina del lugar. Nacieron los hijos: Pierluigi en el año 1956, Maria Rita (Mariolina) en el 1957 y Laura en el 1959. En septiembre de 1961, en el cuarto embarazo se le descubre un fibroma en el útero y se le plantea la perspectiva de renunciar a la maternidad para no morir. Poniendo en primer lugar el derecho a la vida, Gianna decide que tenía que nacer su hija, Gianna Emanuela. Consecuentemente, la madre muere el 28 de abril de 1962. Fue canonizada por el papa Juan Pablo II el día 16 de mayo del año 2004.

Beata Teresa de Calcuta (1910 – 1997) – Albanesa de nacimiento, con dieciocho años de edad decidió entrar en la Congregación de las Hermanas Misioneras de Nuestra Señora de Loreto. Así, marchó a Irlanda en el año 1928 y un año después, a la India. En el año 1931, la joven Inés (así se llamaba), emitió sus votos tomando el nombre de Sor María Teresa del Niño Jesús (era muy grande su devoción por Santa Teresa de Lisieux) y durante cerca de veinte años estuvo enseñando historia y geografía a las niñas de buena familia en el colegio de las hermanas de Loreto en Entally, que está en la zona oriental de Calcuta. El 10 de septiembre de 1946, mientras iba en un tren hacia Darjeeling para hacer unos ejercicios espirituales, advirtió “una segunda llamada”: tenía que dejar el convento a fin de dedicarse a los más pobres de entre los pobres. Dejó las hermanas de Loreto el 16 de agosto de 1948. En el año 1950, su nueva Congregación de las Misioneras de la Caridad obtuvo el reconocimiento de la Iglesia a fin de que se dedicaran al servicio de los enfermos y de los desheredados.

Beato Cecco de Pesaro (1270 – 1350) – Francisco Zanferdin nació en Pesaro en el año 1270; habiéndose quedado huérfano cuando era muy joven, dio a los pobres todos sus bienes para seguir la Regla de la Tercera Orden de San Francisco de Asís. Después de haber estado un período de tiempo en el eremitorio de Montegranaro junto al beato Pedro de Foligno, retornó a Pesaro para dedicarse a propagar el culto a la Virgen. Construyó dos capillas en honor de la Señora: una en Pesaro y otra en Montegranaro. En la colina Accio, cercana a Pesaro, fundó un convento en el que transcurrió gran parte de su vida. Como terciario franciscano, practicaba la penitencia, dedicaba muchas horas a la oración y a las obras de caridad. Las limosnas que recogía las dedicaba a ayudar a los abandonados y a restaurar iglesias y hospitales. Habiendo caído gravemente enfermo, marchó en peregrinación a Asís a fin de ganar la indulgencia de la Porciúncula y dar gracias al Señor. En el año 1347, el beato Francisco (Cecco) fundó con la beata Michelena, que también era terciaria franciscana, la Confraternidad de la Santísima Anunciata que se dedicaría a dar asistencia a los enfermos y sepultura a los muertos. De vez en cuando dejaba Pesaro y sus compromisos de apostolado de la caridad para marcharse a reponer su espíritu en el eremitorio de Montegranaro, donde el día 5 de agosto del año 1350 expiró a la edad de ochenta años. La noticia de su muerte se difundió rápidamente y junto a su tumba se acercaban numerosos devotos para invocarlo y obtener gracias. Poco tiempo después, su cuerpo fue llevado a Pesaro y sepultado bajo el altar mayor de la Catedral. Su culto fue aprobado por el Beato Papa Pío IX el día 31 de marzo de 1859.

Grabado romántico de la Beata Michelina da Pesaro.

Beata Michelina de Pesaro (1270 – 1350) – Nació en Pesaro en el año 1300. Con solo doce años de edad se casó con uno de los miembros de la familia Malatesta, señores de Pesaro. En el año 1320 estando encinta quedó viuda y pocos meses después tuvo a su único hijo. Ayudada por la beata Soriana superó esta dolorosa prueba y se hizo terciaria franciscana. Por amor a Cristo, donó todos sus bienes a los pobres y se empeñó en llevar una vida de austeridad, penitencia y oración. Con el beato Cecco, fundó la Confraternidad de la Santísima Anunciata para servir a los pobres, asistir a los enfermos y enterrar a los muertos. Cristo le habló en muchas ocasiones desde la cruz y por eso, siendo ya una mujer mayor marchó en peregrinación a Tierra Santa a fin de visitar los lugares de la Pasión de Cristo. Murió el día 19 de junio de 1356. Es venerada como co-patrona de su ciudad natal y su cuerpo está guardado en el santuario de Santa Maria de las Gracias de Pesaro.

San Nicandro el Egipcio ( 304) – Médico egipcio que se prodigaba en la asistencia a los encarcelados. Fue martirizado en el año 304 y es recordado el 15 de marzo.

Beato Antonio el Etíope o Catageró o d’Avola (1490 – 1550) eremita y terciario franciscano. El Beato Antonio nació en Barce di Cirene (Libia) alrededor del año 1490, siendo hijo de padres mahometanos que lo educaron en la ley coránica. Los galeones de Sicilia lo hicieron prisionero y lo desembarcaron en Siracusa junto al botín expropiado y lo vendieron como esclavo al mejor postor. Fue comprado por un agricultor de Avola que lo ocupó en el oficio de pastor cuidando a sus rebaños de ovejas y cabras. El agricultor era un hombre bueno, lo trataba bien y lo inició en el cristianismo catequizándolo contándole particularmente el drama del amor y de la Pasión de Cristo.

Antonio, fascinado solicitó el sacramento del Bautismo escogiendo para si el nombre del famoso santo de Padua. Desde aquel día se empeñó en poner en práctica todo cuanto había oído acerca de la palabra de Dios con la intención de servirle y serle grato.
En Avola Antica frecuentaba la iglesia de Santa Venera, donde confesaba, comulgaba y mantenía encendida la lámpara votiva del altar del apóstol Santiago. Así estuvo en aquel lugar durante treinta y ocho años. Mientras tanto, el agricultor que lo compró casó a dos nietos suyos de la ciudad de Noto, donándoles todos sus rebaños y al esclavo libio, por lo cual, Antonio tuvo que marchar a Noto.

Escultura contemporánea del Beato Antonio el Etíope.

Sus nuevos patrones, considerando las cualidades sobrenaturales y los milagros que realizaba el esclavo, le dieron la libertad, aunque Antonio continuó con ellos durante otros cuatro años. Por fin, dejándolos, se dedicó a servir a los encarcelados y a los enfermos, llevando vida eremítica como terciario franciscano en Pizzoni di San Corrado Fuori le Mura. Periódicamente, iba a Noto para recibir los sacramentos y recoger limosnas que donaba a los pobres.

Consumido por la ascesis eremítica durante muchos años y por la enfermedad, murió el día 14 de marzo del año 1550. Fue sepultado en la iglesia franciscana de Santa Maria de Jesús en Noto y su tumba se convirtió en meta de peregrinaciones y de gracias. En el año 1611 se permitió por parte de la Iglesia divulgar su imagen con la aureola de beato. El pasado día 14 de marzo de este año ha sido inaugurada en Avola Antica una estatua de bronce del Beato Antonio el Etíope.

Siervo de Dios José Massone (1910 – 1998) laico, médico, trabajador por la paz y terciario carmelita. Pediatra neonatólogo, médico de cabecera y posteriormente, de familia, José Massone se tomó su profesión como una misión a la que se dedicaría por completo. En cada enfermo que se le acercaba veía al Cristo impreso en la Sábana Santa que tanto había estudiado y sobre la cual, tanto había meditado; en ella veía el sufrimiento humano de Jesús Crucificado (el Vía Crucis en el que él meditaba sobre la Sábana Santa, está depositado junto con otros muchos estudios suyos, en el Museo de la Síndone de Turín).
Su dedicación a los hermanos sobrepasaba la esfera meramente profesional y abarcaba los ámbitos sociales, políticos y religiosos de su ciudad natal, que era el lugar donde le había puesto el Señor para que ejerciera su apostolado.

Había nacido en el año 1910 en Varazze (Savona) en el seno de una familia profundamente católica. Durante los años de sus estudios universitarios se alejó de la fe hasta el punto de declararse no creyente. Cuando ya era médico, fue testigo de una inexplicable curación de su hermana mayor ocurrida durante una peregrinación a Lourdes. Este hecho le produjo interiormente una profunda turbación y lo llevó a una lúcida y radical conversión, que le cambió completamente la vida. Durante la posguerra se prodigó en la reconstrucción política y social de su ciudad, declarándose demócrata cristiano. Desde el año 1951 al 1954 fue Consejero Provincial. El mismo año se adhirió espiritualmente a la Orden de los Carmelitas Descalzos, oferta que le hizo el padre Anastasio Ballestrero. En 1960 hizo los votos de castidad, pobreza y obediencia en la Orden Tercera Franciscana Secular, a la que permaneció fiel hasta el fin de sus días.

Damiano Grenci

Conclusión
Para la santidad cristiana, el punto de partida no es el propio “yo”, sino el Hijo de Dios que se ha hecho hombre por nosotros. El que cree, pone en primer lugar al Señor y después y a partir de ahí, al prójimo y a sí mismo. De esta manera es posible erradicar los impulsos del egoísmo y abrir la mente y el corazón al amor de Cristo.
La profesión médica, el trabajo de cuidar de los demás, puede ser una manera de compaginar nuestro ser a imagen de Dios, porque Dios, como dice el salmo 8, se preocupa por el hombre: “¿Quién es el hombre para que te acuerdes de él y el hijo del hombre para que le des poder?”, reiterado en el salmo 143: “¿Qué es el hombre para que tu lo cuides y el ser humano, para que pienses en él?”. Ejercitar la profesión médica puede convertirse en un reflejo del amor de Dios al hombre y eso es lo que hemos encontrado durante siglos de historia de una santa medicina.

Paolo Gulisano, médico

Bibliografía y enlaces:
– AA. VV. – Biblioteca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi) – Voll. 1-12 e I-II appendice – Ed. Città Nuova
– Benatti Mario – Beati e Santi con i malati – Ed. Fede & Cultura
– Benatti Mario – Sanità e Santità – Editoriale Sometti
– C.E.I. – Martirologio Romano – Libreria Editrice Vaticana – 2007 – pp. 1142
– Grenci Damiano Marco – Archivio privato iconografico e agiografico: 1977 – 2011
– Gulisano Paolo – L’arte del guarire. Storia della medicina attraverso i santi – Ed. Ancora, 2011
– Sitio Web de santibeati.it

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Los santos y la medicina (IV)

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Santa Vicenta Gerosa, estampa devocional contemporánea.

Beato Carlos Steeb (1773 – 1856) Era protestante, se convirtió al catolicismo y en Verona se dedicó a cuidar de los enfermos. Fundó con Luisa Poloni (Madre Vicenta) el Instituto de las Hermanas de la Misericordia para apoyar a los necesitados, afligidos y enfermos.

Santa Vicenta Gerosa (1784 – 1847) Reservada y tímida, algunos años de su infancia discurrieron despachando tras el mostrador de la tienda de su familia, porque por su mala salud, no podía estudiar. Ya en aquel tiempo, su modestia le hacía vivir una espiritualidad simple y ordinaria, asistiendo diariamente a la Santa Misa.

Los años que siguieron a la invasión napoleónica de Italia marcaron su vida profundamente, tanto en dificultades financieras, como por las muertes de su padre, de su hermana Francisca y, finalmente, de su misma madre en el año 1814. Sin embargo, Vicenta con corazón valiente, aceptó estos hechos como la voluntad de Dios, sufriéndolo en silencio en su corazón. Con la constancia de la oración se involucró en la parroquia y organizó un oratorio femenino con encuentros, retiros y escuelas prácticas de trabajos domésticos.

Con Bartolomea Capitanio, una compañera conocida en el año 1824, dio vida, no sin vacilaciones, a una fundación religiosa para ayudar a la gente más necesitada y sobre todo, para dedicarse a la educación de las niñas; el Instituto, con sede en Casa de Gaia asumió la regla de las Hijas de la Caridad de Antida Thouret.

Habiendo muerto prematuramente su compañera Bartolomea Capitanio, Vicenta tuvo la tentación de marchar a su vida anterior en su casa, pero estimulada por su padre espiritual, Ángel Bosio, consintió en continuar con la obra, que fue aprobada por Gregorio XVI en el año 1840 y que se difundió rápidamente por toda la Lombardía y también por las regiones del Trentino y del Véneto.

Detalle del rostro de Santa Bartolomea Capitanio en un óleo contemporáneo.

Santa Bartolomea Capitanio (1807 – 1833) Nació el 13 de enero del año 1807 en Lovere, en la provincia de Bérgamo y diócesis de Brescia, siendo sus padres, Modesto y Catalina Canossi. Habiendo conseguido el diploma de maestra asistente en el educantado de las clarisas en el año 1822, comenzó en ese mismo instituto su actividad como enseñante. En el año 1824 volvió a su casa y enseñó en la pequeña escuela que ella misma abrió en su propia casa para atender a las niñas pobres. Dada su preocupación por los daños causados durante el período napoleónico, especialmente entre las mujeres jóvenes, ayudará a fundar una Congregación con el título de Maria Niña. Bartolomea, de hecho, trabaja en el pequeño hospital para pobres, fundado en Lovere por las hermanas Catalina (que en adelante se llamaría Vicenta) y Rosa Gerosa, donde fue llamada a llevar la dirección económica. En el año 1829 escribió la regla de la nueva Institución, a la cual también se adhirió Catalina Gerosa. El Instituto surgió el día 21 de noviembre de 1832; sin embargo, Bartolomea moriría el 26 de julio del año siguiente. La Congregación de las Hermanas de Maria Niña se desarrolló bajo la guía de Catalina (Vicenta) Gerosa. Las dos fundadoras fueron canonizadas juntas en el año 1950.

San José Benito Cottolengo (1786 – 1842). Desde su infancia, se sintió atraído por los más necesitados, por lo que se convirtió en un sacerdote en Turín y abrió en la región de Valdocco las Pequeñas Casas de la Divina Providencia, primero para los enfermos que eran rechazados por todos y luego, para las “familias” de los discapacitados, huérfanos, inválidos y niñas en peligro. Las Pequeñas Casas, además de dar refugio y asistencia material, tendían a construir una identitidad humana y cristiana en las personas que estaban completamente marginadas. Con José, nacieron los sacerdotes de la Santísima Trinidad, varias familias religiosas de hermanas, los hermanos de San Vicente y el seminario de los Tomasinos.
Apóstol, asceta, penitente, místico, muy devoto de Nuestra Señora, él llevó a sus Casas una vida espiritual muy intensa. Fue formador de vida religiosa y precursor de la asistencia hospitalaria.

Imagen contemporánea de Santa María Crucificada de Rosa.

Beato Marcoantonio Durando (1801 – 1880) – Nació en Mondovì el 22 de mayo del año 1801 en el seno de una familia cuyos componentes se distinguieron en la carrera militar y en la política y fueron los principales miembros del Resurgimiento del Piamonte italiano. Entró en la Congregación de los Misioneros Vincencianos en el año 1818 y fue ordenado de sacerdote en el año 1824. Inmediatamente puso en marcha la misión de la predicación popular en el país según las exigencias y la cultura de la época. Lo buscaban por todas partes. Entretanto, también en la Congregación recibía encargos de responsabilidad. Prácticamente permanecerá en Turín hasta su muerte, ocurrida el día 10 de diciembre del año 1880. Con solo treinta y seis años de edad, fue Provincial de los Vincencianos de la Alta Italia y a él se debe la introducción en el Piamonte de las “Hijas de la Caridad”. En el año 1855, a petición del Gobierno, envió a estas hermanas para que asistieran a los militares piamonteses en la guerra de Crimea. En el año 1865 puso en marcha la “Obra del corazón” y la comunidad de las “Hermanas Nazarenas” confiándolas a la sierva de Dios Luisa Borgnotti, poniéndolos al servicio de los enfermos en el hogar y en la educación de los niños y jóvenes.

Santa Maria Crucificada (Paula) di Rosa (1813 – 1855). Su padre fue un hombre de negocios de Brescia y su madre, una noble de Bergamo que murió en el año 1824 cuando Paula Francisca tenía once años de edad. A esta edad entró para estudiar en el colegio de la Visitación y de allí salió con diecisiete años. Aunque su padre prefería para ella el matrimonio, la joven decidió permanecer fiel a su voto de castidad hecho en el colegio. Su padre la envió a Acquafredda, para que se hiciese cargo de la dirección de una fábrica de hilados de seda, propiedad suya, pero Paula decidió organizar la ayuda a los necesitados y se dedicó a la enseñanza religiosa femenina ayudada por algunas muchachas. Junto con otras enfermeras y voluntarios trabajó para ayudar a las víctimas de la epidemia de cólera del 1836 y en dos escuelas para sordomudos en la terrible primavera del 1849 durante los llamados “Diez días”, cuando la ciudad se reveló contra los austriacos. En el año 1851 la comunidad obtuvo la primera aprobación como congregación religiosa con el nombre de Siervas de la Caridad. Paula Francisca pronunció los votos tomando el nombre de Sor María Crucificada. Moriría en Brescia en el año 1855.

Santa María Soledad Torres Acosta atendiendo un enfermo. Estampa devocional contemporánea.

Santa María Soledad Torres Acosta (1826–1887). El sacerdote madrileño Miguel Martínez, estando de misionero en África, llevó consigo a tres Ministras de los Enfermos; pero su sucesor en la dirección espiritual de la Congregación, desautorizó a Sor Soledad enviándola a un convento, por lo cual su Instituto entró en crisis. Entonces la llamó para que pusiera a salvo a su comunidad e incluso enviarla a trabajar en primera línea durante una epidemia de cólera. Como escribió su biógrafo José Maria Javierre: “Soledad era capaz de dirigir una congregación fundada por un impulso romántico y proporcionar una base estable a una institución tambaleante”. Su secreto era estar siempre con las religiosas, trabajar junto a ellas pasando de una casa a otra, siendo “precursora y maestra de la más consumada solicitud asistencial y sanitaria de nuestro humanismo social” como dijo de ella el papa Beato Pablo VI. Cuando murió, con solo cincuenta y uno años de edad, la comunidad tenía ya cuarenta y seis casas en España y al inicio del tercer milenio, las Siervas de María Ministras de los Enfermos están presentes en veintisiete países.

Beato Santiago (Jacobo) Cusmano (1834 – 1888) – El sacerdote palermitano y médico Santiago Cusmano es conocido por haber fundado en el año 1867 la asociación del “Boccone del povero”. Se había licenciado en medicina con solo veintiún años de edad y en seguida se convirtió en el “médico de los pobres” de Palermo, donde había nacido en el año 1834. El joven doctor, se ordenó de sacerdote en el año 1860 y fundó una asociación de caridad con el apoyo del cardenal Naselli y en el año 1887, dos congregaciones: las Siervas y los Siervos de los Pobres. Murió en 1888 y fue beatificado en 1983.

Vidriera contemporánea del Beato Santiago Cusmano.

San Damián (José de Veuster) de Molokai (1840 – 1889) – La pareja flamenca de De Veuster tuvo ocho hijos. Dos fueron religiosas y otros dos, sacerdotes de los Sagrados Corazones de Jesús y de Maria (Sociedad del Picpus) en la misma calle de París donde había nacido la congregación. José, que era el penúltimo de los ocho, había nacido el 3 de enero de 1840 y fue destinado a ayudar a su padre pero con diecinueve años de edad entró en el Picpus tomando el nombre de hermano Damián. En el instituto estaba también su hermano Pánfilo, que aunque ordenado sacerdote en el año 1863, no pudo ir a las misiones porque estaba enfermo y en su lugar, partió Damián aunque aun no se había ordenado. Su destino fueron las Islas Sándwich, que más tarde se llamaron Hawai. Allí completó sus estudios y se ordenó de sacerdote en el año 1864 trabajando en la isla principal: Hawai. En el año 1873 marchó al lazareto de la isla de Molokai en la cual el gobierno confinaba a los enfermos de lepra y allí se quedó para siempre.

En el año 1885 se contagió de la enfermedad y murió solo, siendo su cuerpo trasladado a Bélgica en el año 1936. El papa San Juan Pablo II lo beatificó en Bruselas en el año 1995 mientras que Benedicto XVI lo canonizó en la Plaza de San Pedro el día 11 de octubre del año 2009.

Santa Francisca Javier Cabrini (1850 – 1917) – Una frágil pero extraordinaria maestra de Sant’Angelo Lodigiano. En este retrato se encuentra la figura de Francisca Javier Cabrini nacida en aquella población lombarda y muerta en Chicago, misionando por Estados Unidos. Huérfana de padre y madre, Francisca quería recluirse en un convento pero no fue aceptada debido a su mala salud. Entonces se dedicó a trabajar cuidando en un orfanato del que estaba encargado el párroco de Codogno. La joven, que se había diplomado como maestra, hizo mucho mas: consiguió que algunas compañeras se uniesen a ella constituyendo el primer núcleo de las Hermanas Misioneras del Sagrado Corazón, congregación puesta bajo la protección de un misionero intrépido: San Francisco Javier, en la cual ella misma pronunció sus votos y asumió su nombre. Llevó su carisma misionero a los Estados Unidos trabajando entre los italianos que habían marchado allá buscando fortuna. Fundó hospitales para los emigrantes y por esto es considerada como su patrona. El día de su muerte, su cuerpo fue trasladado a New York, a la “Mother Cabrini High School”, cerca de sus hijas.

Óleo contemporáneo de San Damián de Molokai.

Beata Maria Rafaela Cimatti (1861 – 1945) – Religiosa de las Hermanas de la Misericordia para los Enfermos, llevó una vida humilde y desconocida, dedicándose con una caridad cordial y con una atención constante especialmente a los enfermos y a los pobres.

Beato Ladislao Batthyany-Strattmann (1870 – 1931) – Hijo de una familia de la nobleza húngara, nació en Dunakiliti en el 1870. Siendo estudiante de medicina en la universidad de Viena, se casó con la condesa Maria Teresa Coreth, con la que tuvo trece hijos. Posteriormente, en el año 1902 fundó un pequeño hospital privado en Kittsee, que algunos años más tarde trasladó a Körmend, en el castillo familiar. Este era un lugar siempre abierto para los más pobres, por lo que pronto comenzaron a llegar desde todo el país. Batthyány-Strattmann los curaba gratuitamente. Como compensación por la terapia y por las curas en el hospital pedía que rezaran un Padre nuestro con él. Eran tantos los enfermos que obligó a los ferrocarriles húngaros a preparar un “tren-hospital”.

Batthyány-Strattmann no se ocupaba solamente de la salud física de sus pacientes, pues cuando se marchaban, les daba un folleto titulado “Abre los ojos y ve”, con el cual les invitaba a reavivar su fe. Con motivo de su jubileo de plata, en el año 1923, el Papa Pío XI, se confirió a través del nuncio apostólico Schioppa una distinción para su obra. Es elocuente el relato del arzobispo al Papa: “Los húngaros consideran a László Batthyány-Strattmann como un santo y yo puedo asegurarle que verdaderamente lo es”.

La fe lo ayudó a afrontar la dificilísima prueba de la pérdida de un hijo de veintiún años, que murió de apendicitis. Cerrados los ojos del muchacho, Batthyány-Strattmann dijo a sus familiares: “Ahora vamos a la capilla para dar gracias a Dios por haberlo dejado con nosotros hasta ahora” y este fue el mismo espíritu con el cual él afrontó su propia enfermedad. Murió en Viena el 22 de enero de 1931 y fue beatificado en el año 2003.

Damiano Grenci

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Los santos y la medicina (III)

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Visión de Santa Catalina de Génova. Lienzo decimonónico italiano.

San Luís Scrosoppi, sacerdote “que fundó la Congregación de las Hermanas de la Divina Providencia para educar a los jóvenes en el espíritu cristiano”, es recordado en el Martirologio Romano el día 3 de abril. Nació y murió en (4 agosto 1804 – 3 abril 1884). El milagro que ha llevado a los altares al sacerdote friulano Luís Scrosoppi fue la curación de una enfermedad, que al menos en su tiempo, ni se imaginaba que pudiera existir: el sida. El beneficiado, en el año 1996, fue un joven sudafricano. Scrosoppi es por tanto considerado como patrono de los enfermos de sida.

Santa Catalina Fieschi de Génova (1447-1510), Mística, propagadora de la oración en sufragio de las Almas del Purgatorio y co-patrona de los hospitales italianos.

San Felipe Neri (1515-1595) Sacerdote, fundador del Oratorio, iniciador del culto de los mártires de las catacumbas y precursor de la medicina de rehabilitación.

San José de Leonessa (1556 – 1612). Sacerdote de de la Orden de los Frailes Menores Capuchinos, insigne predicador y fundador de hospitales.

San Felipe Smaldone (1848 – 1923). Sacerdote y apóstol de los sordomudos.

Beato Pedro Francisco Jamet (1762 – 1845). Sacerdote y apóstol de los sordos.

Beata María Teresa Haze del Sagrado Corazón (1777 – 1876). Religiosa dedicada a los enfermos y a los que sufren.

Santa Emilia Rodat (1787 – 1852). Religiosa y cuidadora de los enfermos y educadora de sus hijos.

Santa María de la Cruz Jugan (1792 – 1879). Religiosa al servicio de los ancianos enfermos.

Santa Emilia de Vialar (1797 – 1856). Religiosa y cuidadora de pobres y enfermos.

Santa Emilia Rodat, lienzo contemporáneo.

Beata Maria Emilia Tavernier Gamelín (1800 – 1851). Religiosa abierta a la caridad con las mujeres ancianas y enfermas.

Beata Vicenta Maria Poloni (1802 – 1855). Religiosa que vivió bajo la bandera de la Misericordia.

San Francisco Maria de Camporrosso (1804 – 1866). Franciscano que vivió su propia vida como ofrecimiento a Dios por los enfermos de cólera

Beato Pedro Friedhofen (1819 – 1860). Un deshollinador que se convirtió en apóstol entre los enfermos.

Beato José Olallo Valdés (1820 – 1889). Un cubano enfermero, campeón de la caridad.

San Carlos de San Andrés Houben (1821 – 1893). Sacerdote pasionista, confesor buscado por los enfermos.

Beata Maria Rosa Flesch (1826 – 1906). Religiosa misericordiosa con los enfermos en los hospitales y con los heridos en el frente de batalla.

San Fulberto obispo de Chartres y médico

San Agapito médico en el monasterio de Pieczarcy

San Asia, médico y mártir en Nicomedia

San Atanasio médico y mártir legendario de Alejandría

San Barbaciano de Rávena, médico

San Bartolomé médico y abad del monasterio de S. Maria de Poblet

San Blas, obispo mártir de Sebaste, médico y patrono contra los males de garganta.

San Carponio, médico y mártir en Campania

San Casiano de Imola, médico

San Ciro de Alejandría, médico y mártir venerado en Nápoles

San Diomedes, médico venerado en Calabria y en Estambul

San Diomecio el médico, eremita y mártir en el Monte Quoros en Armenia (siglo V)

San Eusebio Papa, mártir, considerado como médico.

San Eusebio obispo de Vercelli, tenido por médico

San Juvenal, obispo de Narni, medico

San Julián de Chipre, tenido por médico

Santa Zenaide, médico y mártir. Icono ortodoxo ruso.

San Julián de Emesa, medico y mártir en Emesa (Fenicia)

San Médico, mártir venerado en Otricoli

San Orestes de Tiana, considerado como medico

San Pablo Iatros mártir en Grecia, tenido por medico

San Papilo, médico y mártir en Pérgamo

San Tallaleo de Jerusalén, médico

San Ursicino de Rávena, médico

San Ivón, obispo de Chartres, médico

San Vulferio médico y mártir en el monasterio de Muoster-St-Jean

San Zenobio obispo de Egea y mártir, considerado como médico

Santa Leonila venerada en Langres (Francia), tenida por médico

Santa Lutgarda de la Abadía de Aywières (B), tenida por médico

Santa Zenaida, quizás era prima del apóstol San Pablo y está considerada como médico

Santos Leoncio y Carpóforo, mártires en Vicenza, considerados como médicos

Santos Ravenno y Rasigo venerados en Bajona y considerados como médicos

Beata Maria de Molokai (1838 – 1918), religiosa asistente a los enfermos de lepra.

Beata Josefa Gabriela Bonino (1843 – 1906) Religiosa fundadora y activista caritativa con el sufrimiento de los ancianos.

Santa Maria Bernarda (Verena) Butler (1848 – 1924) – Modelo virtuoso en el hospital “Obra Pía” de Cartagena.

Beato Juan Maria Boccardo (1848 – 1913). Sacerdote y fundador misericordioso con los enfermos de cólera.

Beato Francisco Spinelli (1853 – 1913). Sacerdote y fundador que veía a Jesús Eucaristía en los enfermos.

Santa María Bernarda (Venera) Butler. Lienzo contemporáneo.

Beato Luís Boccardo (1861 – 1936). Sacerdote misericordioso con los enfermos ciegos

Beata Maria Vicenta de Santa Dorotea Chávez Orozco (1867 – 1949). Religiosa y fundadora de una obra para la asistencia de los enfermos pobres.

Beato Artémides Zatti (1880 – 1951). Agricultor y misionero hospitalario en la Patagonia.

Beato Pedro Jorge Frassati (1901 – 1925). Estudiante activo en los hospitales y en el Cottolengo.

Beata Liudina Meneguzzi (1901 – 1941). Religiosa enfermera en Etiopía entre los enfermos y los heridos de guerra en el Hospital de Dire-Dawa.

Beato Carlos Gnocchi (1902 – 1956). Sacerdote ambrosiano y padre misericordioso con los huérfanos y de los mutilados.

Beato Vicente Esteban Frelichowski (1913 – 1945). Nacido el día 22 de enero en Chelmza, en el norte de Polonia, Vicente Esteban, que ya frecuentaba a los Scouts y posteriormente los estudios de gimnasia, a los dieciocho años entró en el Seminario siendo ordenado de sacerdote el 4 de marzo de 1937 y muy pronto, fue el secretario del obispo. Al año siguiente, fue enviado como vicario de la parroquia de Torun. El 11 de septiembre de 1939, algunos días antes de la invasión de Polonia durante la Segunda Guerra Mundial, fue arrestado. Enseguida fue liberado pero nuevamente fue hecho prisionero y sufrió una larga serie de traslados. Sin embargo, en todas partes, subrepticiamente celebraba la Misa. El 13 de diciembre de 1940 fue llevado a Dachau, donde, además de consolar a los prisioneros fue capaz de llevarles la comida a los que no tenían nada para comer. En el 1944, una epidemia de tifus golpeó el campo de concentración y don Frelichowski continuó llevando pan y consuelo a los reclusos. Enfermo de tifus y atacado por una pulmonía, murió el día 23 de febrero del año 1945. Fue beatificado por el papa San Juan Pablo II el día 7 de junio de 1999.

Beata Maria (Emma) Eutimia Uffing (1914 – 1955). Con veinte años de edad, Emma, a pesar de padecer una forma de raquitismo, quiso y obtuvo la admisión en la congregación de las Hermanas de la Misericordia. Allí destacó por su humilde laboriosidad al servicio de las hermanas. De ella se recuerda cómo pasaba todo el tiempo libre arrodillada delante del Sagrario. Sirvió a Dios a través de los enfermos, con infinita piedad, bondad y despreocupación por si misma. Posteriormente, murió de cáncer en el mes de septiembre del año 1955.

San Vicente de Paúl. Estampa devocional italiana.

San Vicente de Paúl (1581 – 1660). Nacido en Pouy en Guascogna el día 24 de abril, hasta los quince años de edad estuvo guardando cerdos para poder costearse los estudios. Ordenado sacerdote con solo diecinueve años de edad en 1605, mientras viajaba desde Marsella a Narbona fue hecho prisionero por unos piratas turcos que lo vendieron como esclavo en Túnez. Fue liberado por su propio amo al cual había convertido. De esta experiencia nació en él el deseo de llevar ayuda material y espiritual a los presos. En el año 1612 fue designado párroco en las cercanías de París. En su escuela, se formaron sacerdotes, religiosos y seglares que fueron los animadores de la Iglesia de Francia y su voz se convirtió en una especie de intérprete de los derechos de los pobres ante los poderosos. Promovió una forma simple y popular de evangelización. Fundó a los Sacerdotes de la Misión (Lazaristas) y junto con Santa Luisa de Marillac, fundó las Hijas de la Caridad en 1633. A los sacerdotes de San Lázaro les decía: “Hermanos míos, nosotros amamos a Dios, pero vamos a amarlo a costa nuestra, con el trabajo de nuestras manos y el sudor de nuestra frente”. Gracias a él, la reina de Francia creó el Ministerio de la Caridad y como un “insólito ministro” organizó las ayudas a los pobres a escala nacional. Murió en París el 27 de septiembre de 1660 y fue canonizado en el año 1737.

Damiano Grenci

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