Santa Mírope, mártir de Quíos

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Detalle del rostro de la Santa en su icono más venerado, cerca de su tumba. Iglesia de San Isidoro de Vrontados, Quíos (Grecia).

La isla griega de Quíos es rica en Santos, como hemos visto ya en el ejemplo de Santa Marcela, mártir de la pureza; y San Isidoro, contemporáneo y fuente de inspiración de la mártir a la que vamos a recordar hoy, Mírope (o Miropea) y de la que, por desgracia, no hay mucha información fidedigna disponible.
Es muy poco conocida fuera de Quíos, aunque allí tenga un importante culto, y esto se debe a que de ella se conocen sólo las breves noticias que le dedican los sinaxarios y los menologios bizantinos el día 2 de diciembre y el 13 de julio. Existe una passio muy breve, datada en el siglo X, que fue publicada por B. Latysev, y es la que voy a reseñar.

Mírope nació en Éfeso a principios del siglo III, aunque su madre Namata (o Afra, según versiones) procedía de la isla de Quíos. Era una cristiana ferviente que educó personalmente a su hija en la fe cristiana; ya que el padre había muerto cuando ella era muy niña aún.
Fue muy devota de la médico mártir Santa Hermíone, cuya tumba visitaba con frecuencia, y quien había sido hija de San Felipe, uno de los siete diáconos de la iglesia primitiva de Jerusalén. La tumba de esta mártir era miroblita, es decir, exudaba mirra perfumada, que Mírope se encargaba de recoger, embotellar y repartir entre los cristianos enfermos, de ahí su nombre.[1]

En septiembre del año 249, el entonces reinante emperador Decio inició una persecución contra los cristianos; por lo que Mírope y su madre se embarcaron hacia la isla de Quíos, donde habitaba la familia materna y tenían unas tierras en la localidad de Thimiana. Allí, Mírope hizo construir una iglesia en honor a su querida Santa y se dedicó a trabajar, a orar y ayudar a los necesitados.
Fuen en aquella época cuando llegaron a Quíos naves con algunas tropas romanas, y entre ellas, un joven oficial llamado Isidoro -San Isidoro de Quíos, de quien ya habló nuestro compañero Antonio- quien, al entrar en contacto con la comunidad cristiana de Quíos, acabó por convertirse a la fe. Ya sabemos por el artículo de nuestro compañero cómo Isidoro fue detenido, torturado y ejecutado por su fe, de modo que no entraré en ello.

Icono ortodoxo griego de la Santa portando la botella de mirra y rodeada de escenas de su vida y martirio.

El martirio de San Isidoro tuvo lugar el 14 de mayo de 250 y, al tener noticia Mírope de este suceso, sintió una gracia especial en su alma, como una inspiración y admiración sin límites por el sacrificio del soldado. Sabiendo posteriormente que el cadáver de Isidoro había sido colgado a la intemperie para que se pudriera sin sepultura, no pudo soportarlo y, a semejanza de la mítica Antígona [2], fue con sus esclavos al barranco donde pendía el cuerpo de Isidoro para descolgarlo y darle cristiana sepultura. Numeriano -o Numerio, según versiones-, el gobernador que había ordenado la ejecución de Isidoro, había puesto una guardia para evitar el robo del cuerpo, pero Mírope y sus esclavos esperaron a que los guardias se durmieran y entonces tomaron el cadáver del mártir, lo ungieron con mirra y lo enterraron dignamente.

Ahí hubiese acabado todo, pero cuando Numeriano vio que se habían llevado el cuerpo, montó en cólera y mandó castigar severamente a los guardias por negligencia en el cumplimiento de su deber. Luego amenazó con decapitarlos a todos si no aparecía el cadáver sustraído. Esto afectó profundamente a Mírope, que no quiso que murieran inocentes por causa suya. Así, que haciendo gala de una gran valentía, se presentó digna y firme ante Numeriano para confesar que ella había sido la artífice de la sustracción y enterramiento del cadáver; y también para recriminarle su crueldad con los guardias.

El gobernador la amenazó con decapitarla si no le decía dónde había enterrado el cuerpo del mártir; e instándola, de paso, a sacrificar a los dioses, para dar cumplimiento al edicto del emperador. Como Mírope se negó a colaborar, Numeriano mandó cargarla de cadenas, raparle la cabeza y así, calva y encadenada, pasearla por toda la ciudad para su vergüenza y humillación. Sin embargo, Mírope, lejos de bajar la frente ante aquello; increpó duramente al gobernador y le afeó su conducta, por lo que él, indignado, la entregó a sus verdugos y ordenó que la apalearan cruelmente. Sólo detuvieron los golpes cuando perdió el conocimiento y así, medio muerta, la tiraron en prisión, custodiada por un guardia en la puerta; seguramente para impedir el acceso de sus fieles esclavos a que la curaran o ayudaran.

Sinaxis de los Santos celebrados el 2 de diciembre por la Iglesia Ortodoxa: el profeta Habacuc (izqda), Cirilo Fileotes (centro) y Mírope de Quíos.

En la oscura celda Mírope recobró el sentido, pero las heridas causadas por los garrotes eran demasiado graves y empezó a agonizar. Aún así, se puso en oración y, a medianoche, el guardia que la custodiaba vio iluminarse la celda con una luz sobrenatural y olió un suave aroma impropio de aquel lugar. Al asomarse a mirar, vio un coro de ángeles que cantaba alabanzas a Dios, y, en medio de ellos, al mártir Isidoro que venía a confortar a su benefactora. Le dieron la paz y le prometieron la alegría eterna en el cielo a través de la corona del martirio, que ella había ganado con su caridad, valentía y firmeza. “La paz sea contigo, Mírope”, le dijo Isidoro, “tu oración ha llegado a Dios, y pronto estarás con nosotros y recibirás la recompensa preparada para ti”. El corazón de la prisionera se llenó de alegría con estas palabras.
Mírope murió en su celda, a causa de las heridas recibidas, el 2 de diciembre de 255 [3]. Fue enterrada en la misma tumba de San Isidoro. El guardia que había contemplado la visión en la cárcel quedó tan impresionado que se convirtió a la fe y, a su tiempo, también murió martirizado.

El emperador Constantino hizo levantar una iglesia sobre la tumba de los dos mártires – Isidoro y Mírope- y la embelleció con mármoles y mosaicos. La Iglesia Ortodoxa recuerda a Santa Mírope el día 2 de diciembre -fecha que coincide, curiosamente, con la conmemoración de la mártir romana Santa Bibiana, quien también murió a causa de los golpes- y la fiesta de esta mártir se celebra especialmente en la iglesia parroquial de San Isidoro de Vrontados -isla de Quíos-, cuya nave lateral está dedicada a ella.
Sin embargo, Baronio no respetó esta fecha, ya que introdujo a la Santa el día 13 de julio en el Martirologio Romano, fecha de su conmemoración en la Iglesia Católica. Todas las fuentes, y en especial las bizantinas, le dan el título de mártir.

Como se puede ver, no existe ningún motivo para dudar de la existencia de esta Santa y tampoco de su naturaleza de mártir, dada la antigüedad de su culto y la presencia de sus reliquias en la tumba de su lugar de martirio. Sin embargo, la passio debe ser aceptada con reservas por su tardía datación (recordemos, s. X). Adolece de los típicos lirismos y visiones celestiales propias de los relatos de este tipo, y como se ha visto, hay algún error cronológico, aunque por lo demás el relato es verosímil y por tanto, perfectamente creíble.

Vista del humilde sepulcro de los mártires Isidoro y Mírope de Quíos. Iglesia de San Isidoro de Vrontados, Quíos (Grecia).

La Santa aparece representada con los atributos habituales de un mártir en la iconografía oriental -cruz, palma- y rodeada de escenas de su vida; aunque también con una botellita de mirra en la mano, aludiendo a su nombre y principal ocupación; aunque por esto puede ser fácilmente confundible con Santa Anastasia la Pharmakolytria, si no se está atento al nombre escrito en el icono.

Apolytikion de la Santa
¡Oh gran mártir Mírope, inmaculada esposa de Cristo! Ahora estás junto a Él con hermosura y belleza. Luces las heridas de tu cuerpo como radiantes y brillantes piedras preciosas, y el porfirio rojo de tu sangre como manto real, ¡oh gloriosa! Ruégale a Él por nosotros que veneramos tu divino combate con fervor, entre victoriosos himnos y odas.

Meldelen

Enlaces consultados (28/07/2012):
http://syndesmosklchi.blogspot.com.es/2010/12/h.html
http://full-of-grace-and-truth.blogspot.com.es/2009/05/sts-isidore-and-myrope-great-martyrs.html


[1] El nombre de Mírope, o Miropea, en griego significa “la que recoge mirra”. De ahí que sea un seudónimo y que, consecuentemente, desconozcamos el auténtico nombre de esta Santa.
[2] Antígona, personaje ficticio de la tragedia homónima de Sófocles, es el modelo de piedad pagana al arriesgar su vida para descolgar y dar sepultura a un muerto expuesto a la intemperie. Pagó su caridad con su vida y se convirtió en un ejemplo para sus semejantes.
[3] Esta fecha parece ser errónea, ya que el emperador Decio murió en 251, y con él su persecución, que no sería renovada por Valeriano hasta 253. Parece más creíble ubicar la muerte de la mártir en el año 250.

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San Isidoro de Quíos, mártir

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Icono ortodoxo griego del Santo (s.XIX). Iglesia de Petrokokkinou Kampou, Quíos (Grecia).

El día 14 de mayo, en la fragante isla de Quíos (Χίος), la isla de Homero e Hipócrates, situada en el Mar Egeo, es venerada la memoria de San Isidoro, que bañó con su sangre la gloriosa e histórica tierra de esta bendita isla del Mar Egeo, convirtiéndose en el primer mártir que regó y consolidó el árbol de la fe cristiana.

Es un mártir muy popular, venerado en todos los países ribereños del Mediterráneo como protector de los marineros y, aparte de Grecia, es muy venerado por los coptos que lo consideran, como a San Jorge, un caballero intrépido. Existe una “passio” probablemente escrita en Quíos en el siglo V, en el que se dice poco, pero lo poco que se dice parece muy verosímil.

Durante el reclutamiento de las milicias ordenado por Decio, Isidoro fue enrolado en Quíos a las órdenes del comandante de la flota romana. Allí, en Quíos, él se puso en contacto con la comunidad cristiana de la isla, conoció la doctrina de Cristo y se bautizó. El estaba a cargo de la intendencia de la flota y por envidia, el centurión Lucio lo denunció ante el comandante Numerio, el cual intentó convencerlo para que renegara y ofreciera sacrificios a los ídolos. Como su fe fue inquebrantable y la defendía con firmeza, le arrancaron la lengua, fue torturado terriblemente y encarcelado. Finalmente fue decapitado.

El martirio tuvo lugar el 14 de mayo del año 250, bajo el imperio de Decio, por lo que este valeroso y joven soldado, se convirtió en un brillante ejemplo y en un punto de referencia para los mártires, obispos, ascetas y pueblo que posteriormente nacieron y vivieron en la isla de Quíos, la cual había quedado santificada con su sangre.

Fue sepultado honoríficamente por un amigo suyo llamado Amonio y en su sepulcro se produjeron tantas curaciones que en tiempos de San Gregorio de Tours (573-594) sobre él existía una gran basílica y dentro de ella un pozo, donde se decía que había estado su cuerpo. Esto lo comenta San Gregorio en su obra “De gloria martyrum”.

Existe otro documento de la segunda mitad del siglo V, que es la “Vita” de San Marciano, que era sacerdote y ecónomo de Santa Sofía y que cuenta que parte de las reliquias de Isidoro, fueron dadas en custodia a Marciano y que este, entre los años 457 y 460, las sepultó en una capilla construida junto a la iglesia de Santa Irene en Constantinopla. Esta y otras noticias de esa misma “passio” nos llevan a una segunda “passio” de San Isidoro, que fue escrita en Constantinopla mucho tiempo después.

Hallazgo del cuerpo del Santo. Mosaico bizantino en la capilla del Santo, Basílica de San Marcos de Venecia, Italia.

En ella se dice que San Isidoro había nacido alrededor del año 230, en el seno de una noble familia pagana de Alejandría aunque él era cristiano. Que enrolado en la flota romana, al llegar a la isla de Quíos, fue denunciado ante Numerio, que antes de decapitarlo, lo interrogó y martirizó. Que su padre fue llamado y llegó a la isla a fin de convencer a su hijo para que abandonara la fe cristiana y volviera a la fe de sus padres, pero sus intentos no obtuvieron ningún resultado. A tanto llegó la obstinación del padre que incluso llegó a maldecir a su hijo y le dijo a Numerio que lo torturara sin piedad. También se dice que fue azotado con nervios de buey pero no se menciona que le cortaran la lengua. Entonces, Isidoro fue atado a unos caballos que lo arrastraron a lo largo de la ruta que va desde el pueblo de Neochori hasta la ciudad de Quíos, que es la capital de la isla. Bárbaramente herido y ensangrentado, se mantenía en su fe, por lo cual, fue decapitado. Después de ser sepultado provisionalmente por Amonio, una matrona efesina llamada Mírope, encontró el cuerpo del mártir en un lugar luminoso y lo sepultó con honor. Pero enterado Numerio de este hecho, detuvo a Mírope, la llevó delante de él y la torturó cruelmente encerrándola posteriormente en una cárcel, donde como consecuencia de las heridas, entregó su alma al Señor. Mírope fue sepultada junto a Isidoro y es honrada como virgen y mártir, celebrándose su festividad el día 2 de diciembre.

Es verosímil que Isidoro fuese alejandrino en cuanto que su nombre como el de Amonio, son claramente egipcios (compuestos por “Isis” y por “Amón”, que son divinidades egipcias). San Dionisio alejandrino en su carta a Fabio menciona entre los mártires de Alejandría en tiempos de Decio a un Isidoro y se cree que se trata de este, aunque San Dionisio dice que el tal Isidoro murió en la hoguera. Existen otras “passios” coptas, más fabulosas y escritas en romance, que fueron publicadas en la Analecta bolandista XXXII, en el año 1913.

Vista de la urna con las reliquias del Santo, veneradas en la catedral de Quíos, Grecia.

Dice una tradición popular griega que gracias al glorioso martirio del protomártir de Quíos, Isidoro, los lentiscos del sur tienen ese agradable aroma típico de la isla, ya que fueron santificados por el ensangrentado cuerpo de este atleta de la fe; por eso lloran y dan esa fragancia. Las llamadas lágrimas de San Isidoro (así las llaman los fieles ortodoxos) son famosas en toda la región y forman parte del patrimonio cultural de la isla. Ya desde el martirio del santo se inició en la isla el cultivo sistemático de este lentisco, abundante en más de una veintena de aldeas del sur de la isla y que ha llegado a ser incluso una fuente de ingresos para las mismas.

Ocho siglos después del traslado parcial de reliquias a Constantinopla, en el año 1125, en tiempos del emperador bizantino Juan II Comneno (1118-1143), los venecianos conquistaron la isla de Quíos y robaron las reliquias de San Isidoro que allí permanecían, llevándoselas a Venecia, donde las pusieron en una capilla con su nombre en el interior de la Catedral de San Marcos. Este robo es contado por el mismo autor del hurto, un tal Cerbano Cerbani. Un caso más de robo de reliquias a nuestros hermanos ortodoxos, flagrante como todos los otros, y que desde luego han contribuido en mucho a las malas relaciones entre ambas iglesias a lo largo de muchos siglos. Ahora, en parte, se está reparando el daño realizado. Otras reliquias del santo son veneradas en Zadar (Croacia) y en Martorell (Barcelona).

En el siglo VIII, se construyó en Roma una iglesia en su honor situada entre la Puerta Tiburtina y la iglesia de San Eusebio. De esta iglesia habla el Anónimo de Einsiedeln y a la misma también se refiere un fragmento de un obituario anglosajón que se conserva en Mónaco y que es de la primera mitad del siglo VIII. Fuera de Grecia, se le han dedicado numerosas iglesias.

En el año 1967 y después de numerosas gestiones realizadas por el metropolita Iakovos de Mitilene ante la jerarquía católica, el cardenal Urbani se comprometió a devolver parte de las sagradas reliquias. De esta manera, se colmaron las ilusiones de los creyentes de Quíos, pues las reliquias eran devueltas 842 años después de haber sido sustraídas por los venecianos. Así, el domingo 18 de junio de 1967, festividad de Pentecostés, llegaron parte de las reliquias del protomártir al puerto de la capital. Fueron trasladadas solemnemente a la Santa Iglesia Catedral de los santos Menas, Víctor y Vicente, donde permanecen y son veneradas por los fieles. Anualmente, el día 14 de mayo se celebra en esta magnífica e histórica catedral, la memoria de este santo, participando en dicha celebración tanto el obispo como el conjunto de fieles que conforman la comunidad ortodoxa de Quíos.

Vista por satélite de la isla griega de Quíos, lugar de martirio del Santo.

El glorioso martirio del protomártir de Quíos, quién es considerado localmente como santo patrono de los panaderos, contribuyó a la amplia difusión de su nombre así como a la erección de numerosos templos en su honor. La iglesia parroquial de Vrontados, erigida entre los años 1887 y 1890, lleva su nombre. Esta iglesia fue ampliada en el año 1953 agregándole una nave lateral puesta bajo el patrocinio de Santa Mírope. Hay iglesias por toda la isla: en Tallaros Campou, Kardamada Campou, Neohori, Nenita, Kallimasia, Armolia, Pyrgi, Mesta, Lishi, Elata, Komi, Dafnonas, Koini, Agios Georgios Sikousis, Avgonima, Parparia, Amades y Paragkli. De hecho, en Neohori, donde se sitúa el lugar exacto del martirio de San Isidoro, este día es su gran fiesta y se celebran sus famosos “alogodromies”, que son una especie de carreras de caballos.

Existe una tradición popular que vincula a San Isidoro con la salud y con el hierro y es por eso por lo que los fieles le hacen ofrendas de objetos de hierro implorando la salud del cuerpo y del alma. Son numerosos los milagros atribuidos a su intercesión y existe en la isla una tradición oral que dice que gracias a él y a San Antimo de Quíos (1869-1960), los pacientes se curan visitando el monasterio de la Panagia de la Salud.

También se atribuye a la presencia de las reliquias del santo en Venecia en el año 1348, el que los venecianos se salvaran de una terrible plaga a la que se vio afectada la ciudad. La intervención milagrosa de San Isidoro hizo que los venecianos tomaran conciencia del valor de su intercesión y es por eso por lo que le dedicaron una capilla en la catedral de San Marcos, capilla que está adornada con unos magníficos mosaicos.

Icono ortodoxo griego en plata donde el Santo aparece montado a caballo.

San Isidoro de Quíos tradicionalmente ha sido celebrado el día 14 de mayo. Así consta en los menologios y sinaxarios bizantinos, en el Synaxarium Constantinopolitanum, en el Calendario eslavo y en el Palestino-georgiano. Pero también es celebrado el 15 y el 21 de mayo y el 4 de noviembre: calendario del Sinaí, calendario de Rabban, calendarios mozárabes y franco-hispanos, etc.
El Martirologio Jeronimiano lo conmemora el 14 de mayo, el Martirologio Romano, el día 15 de mayo y el 5 de febrero y podríamos seguir mencionando otros muchos ejemplos. Hay quienes afirman que la conmemoración del 5 de febrero es de origen griega y pudiera corresponder al día del traslado de parte de las reliquias desde Quíos a Constantinopla en tiempos de San Marciano.

Antonio Barrero

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