San Nectario de Egina, metropolita de Pentapoleos

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Fotografía del Santo en su atuendo de metropolita.

Fotografía del Santo en su atuendo de metropolita.

Se llamaba Anastasio Kefalàs y nació en Silivria de Tracia el día 1 de octubre del año 1846. Era el quinto de los seis hijos de Demóstenes Kefalas y de María, que vivían muy pobremente. Después de haber recibido una primera instrucción en su tierra natal, Anastasio marchó a Estambul con trece años de edad, donde para pagarse sus estudios, tuvo que trabajar en un estanco expendedor de tabaco donde el dueño lo trataba con dureza. Además de trabajar muchas horas al día y de recibir un salario de miseria, también era golpeado, cosa que él soportaba con gran pena porque no podía enviar ayuda económica a su familia. Era muy piadoso y acostumbraba a escribir algunas máximas evangélicas en pequeños papeles que entregaba junto con los paquetes de tabaco. Un día, su jefe le dio tal paliza que un comerciante que tenía una tienda al lado del estanco se conmovió y le dio trabajo, haciéndole trabajar menos horas al día a fin de que pudiera asistir al colegio y a la iglesia. En Estambul permaneció por espacio de siete años.

Con veinte años de edad, marchó a la isla de Quíos donde trabajó como profesor de la escuela de Lithion y fue allí donde conoció al anciano monje Pacomio, que pertenecía a la sketa de los Santos Padres. En Quíos encontró a un gran benefactor, Juan Chorempis, que era un rico comerciante de la isla, el cual, a causa de un incidente que había ocurrido durante el traslado de Silivria a Estambul, lo puso bajo su protección. Allí, Anastasio decidió abandonar la vida secular y el 7 de noviembre de 1876 entró como monje en el Nuevo monasterio de Quíos, asumiendo el nombre de Lázaro. Un año más tarde, fue ordenado de diácono por el metropolita de Quíos, Gregorio Pavlidis en la iglesia de los Santos Victorios y fue en esta ocasión cuando tomó el nombre de Nectario.

Ayudado por Juan Chorempis, estuvo en Atenas, donde terminó sus estudios superiores y donde conoció al patriarca Sofronio de Alejandría, el cual aceptó financiarle los estudios teológicos en la facultad de teología de la Universidad ateniense. Allí se licenció en el año 1885 y posteriormente, el 23 de marzo del año siguiente fue ordenado sacerdote por el patriarca Sofronio en la iglesia de San Sabas en Alejandría.

Por tu capacidad retórica, trabajó como predicador y como secretario del Patriarcado con la dignidad de archimandrita y aun como secretario del Επίτροπος (administrador) del Patriarcado en El Cairo. Era uno de los hombres más cercanos al Patriarca, gozando de su máxima confianza. El 15 de enero de 1889, solo tres años después de su ordenación sacerdotal y tras de la muerte del obispo de la zona del Nilo, fue consagrado como metropolita de la “Mitropolia Pentapoleos de Libia” en la iglesia de San Nicolás.

Icono ortodoxo griego del Santo.

Icono ortodoxo griego del Santo.

Este rápido ascenso de Nectario no pasó desapercibido para el resto de los obispos del Patriarcado, máxime cuando el patriarca era muy anciano y ya había obispos que se estaban preparando para sucederle. Quienes habían sido beneficiados por las obras de caridad y por el ejercicio pastoral de Nectario, querían que este sucediera al patriarca, mientras que sus oponentes lo atacaban incluso sobornando a terceros para que, con la disculpa de la penuria económica del Patriarcado, le ofrecieran donaciones poco justificadas. Pero, como su comportamiento era intachable, rechazó las donaciones y los regalos personales, lo que suscitó aun más una reacción adversa contra él en el Patriarcado, llegando sus adversarios incluso a convencer al anciano patriarca de que dichas acusaciones eran ciertas, por lo que fue relegado del cargo. El, a fin de evitar más tensiones, en el año 1890 se fue de Egipto a Atenas, donde durante varios meses pasó graves dificultades económicas.

En las afueras de Atenas, alquiló una habitación, pero no tenía dinero ni para pagarla ni para comer, ya que no le fue fácil encontrar trabajo pues, aunque el arzobispo Germanos sentía simpatía hacia él, el Consejo le presionaba para que no le ayudase. Pasados unos meses, en febrero del año 1891, con la ayuda de un hombre llamado Melas, que era miembro del gobierno y al que había conocido en Alejandría, consiguió que lo nombraran predicador en Halkida, capital de la isla de Eubea. Pero allí tampoco lo tuvo fácil, pues sus enemigos seguían persiguiéndolo y calumniándolo, llegando incluso a confundir al pueblo llano que en parte se creyó tales patrañas. Pero poco a poco, con la ayuda de unos amigos pudo demostrarse la falsedad de los cargos de los que le acusaban: jamás había tomado ningún dinero que no era suyo e incluso, que había sido despojado de su responsabilidad como obispo de Pentápolis de manera ilegal, transgrediéndose los cánones de la Iglesia Ortodoxa. Fue demostrada su absoluta inocencia y las intrigas a las que fue sometido tanto él como el anciano patriarca.

Desde ese momento, rehabilitada su persona y viviendo ya más en calma, conquistó la simpatía de sus fieles que habían podido comprobar como su pastor había sido cruel e injustamente atacado. Su fama trascendió las fronteras de la isla de Eubea. En 1892 fue nombrado predicador de la prefectura de Laconia y un año más tarde de Fokida. Recorría los pueblos y las ciudades predicando mientras algunos amigos trataban de atraerlo nuevamente a Atenas. En 1894 fue nombrado rector de la escuela eclesiástica Risarios en Atenas, donde estuvo durante quince años, hasta finales del 1908, cuando por razones de salud tuvo que presentar su dimisión. Allí, realizó trabajos organizativos y académicos sin abandonar sus actividades como escritor y educador. Organizó la escuela conforme a las normas eclesiásticas ortodoxas y consiguió dotarla de un gran prestigio en toda la ciudad.

Vista de las sandalias usadas por el Santo, que se veneran en Egina (Grecia).

Vista de las sandalias usadas por el Santo, que se veneran en Egina (Grecia).

En la escuela eclesiástica vivía muy pobremente, ayunando frecuentemente e incluso dando sus pertenencias a quienes acudían a él en petición de ayuda. Un día, estando con unos estudiantes, se cruzó con un hombre descalzo que le pedía ayuda para comprarse unos zapatos; él inmediatamente se quitó los suyos y ante el asombro de todos se los puso a quién estaba descalzo. Mediaba entre los estudiantes cuando había riñas entre ellos: en una ocasión, cuando el motivo de la riña era la limpieza de los cuartos de aseo, él se puso a limpiarlos personalmente por lo que los estudiantes, avergonzados al ver al obispo limpiando los aseos, siguieron su ejemplo. Así, con estas actitudes, se granjeó el cariño de toda la comunidad educativa.

Como he dicho antes, toda esta actividad organizativa y académica la compaginó con la escritura. Muchas de sus obras fueron realizadas en este período de estancia en Atenas, llegando incluso a escribir discursos de forma gratuita para el uso por parte de otros teólogos, sin buscar jamás su autopromoción pues era humilde en extremo. Fue tal su modestia y desinterés por los cargos que, cuando finalmente murió el patriarca Sofronios, le solicitaron que le sucediera y él se negó. Cuando en el 1897 los griegos fracasaron en su lucha contra los turcos, él utilizando como arma su caridad y las palabras del Evangelio, estimuló a la sociedad ateniense, facilitando tranquilidad, sosiego y asesoramiento. Como he dicho antes, en Risarios estuvo hasta el año 1908, cuando por razones de salud tuvo que abandonarla, dimitiendo.

Como él nunca había abandonado su vocación por la vida monástica, deseo que se había fortalecido aun más en el año 1898 cuando había visitado el Monte Athos y conectado con el monje Daniel, se marchó al monasterio femenino de la Santísima Trinidad en la isla de Egina, monasterio que él mismo había hecho construir en el año 1904 mientras estaba en Atenas. Las siete hermanas que habitaban el monasterio se pusieron bajo su dirección espiritual.

Iglesia-monasterio de San Nectario en Egina, Grecia.

Iglesia-monasterio de San Nectario en Egina, Grecia.

Allí en Egina se hizo muy popular por dos milagros que realizó en vida: sanó a un endemoniado y con sus oraciones consiguió que lloviera sobre la isla, que soportaba tres años de sequía, que había causado graves pérdidas económicas a toda la población. Reunió a todos los isleños, oraron juntos e inmediatamente cayó la ansiada lluvia. Su fama de santidad y las pequeñas donaciones que recibía el monasterio hicieron que muy pronto, éste se encontrara con una comunidad de quince monjas. El, dedicaba la mayor parte del dinero que recibía en repartirlo entre los pobres que acudían al monasterio desde todas las partes de Grecia, ya que su fama de santidad se extendió por todo el territorio nacional. A consecuencia de este peregrinar de personas, necesitadas y pudientes, el nivel de vida de la isla aumentó y sus habitantes pudieron respirar, económicamente hablando.

La Primera Guerra Mundial sumió a Grecia en la pobreza, no solo material sino espiritual. La gente estaba obsesionada por el miedo y las privaciones lo que originó turbulencias políticas en el país. Él se dedicaba a ayudar, a consolar sabiendo que las predicaciones pocas esperanzas podían despertar en un pueblo que ansiaba un futuro mejor. El compaginaba su labor evangelizadora con la escritura, escritos que eran especialmente valorados por las instituciones y los intelectuales de la época. Dedicaba muchísimo tiempo a la oración, especialmente dirigida a la Virgen y cuando tenía algún momento de asueto trabajaba en la jardinería del monasterio y en otros trabajos manuales.

Aunque había tenido el consentimiento inicial para la construcción del monasterio, a pesar de que habían pasado ya diez años desde su apertura, el metropolita Diógenes de Atenas se negaba a reconocerlo oficialmente y esta actitud le afectó porque la abadía no podía adquirir personalidad jurídica, por lo que no podía recibir ni herencias ni obtener ningún otro tipo de beneficios financieros originados por la caridad de los fieles. Algunos ortodoxos devotos quisieron dejar legados a favor del monasterio, pero este no podía aceptarlos debido a su falta de legalidad jurídica. Aunque Nectario intentó persuadir al metropolita en repetidas ocasiones para que flexibilizara su postura, ya que lo que quería era distribuir esas donaciones entre los pobres, no lo consiguió.

En el 1918 fue acusado de inmoral por la madre de una monja, sin embargo, los trabajos de investigación de la Fiscalía de Atenas demostraron la falsedad de la denuncia y aunque su prestigio quedaba íntegro, moralmente este hecho le ocasionó graves disgustos ya que algunos sacerdotes dieron crédito a la calumnia y se apartaron de él; pero él, siempre fiel al Evangelio, se mantuvo manso y tranquilo, paciente y humilde, creyendo en todo momento en la justicia divina.

Fotografía del Santo de cuerpo presente, durante su funeral.

Fotografía del Santo de cuerpo presente, durante su funeral.

El final de su vida fue muy doloroso. Una enfermedad crónica de la próstata se hizo cada vez más molesta y dolorosa, pero aun así, él seguía con sus planes y tenia la intención de crear una escuela. En 1920 tuvieron que ingresarlo en el Hospital Areteio de Atenas donde finalmente se le diagnosticó cáncer de próstata. Murió a la edad de setenta y cuatro años el día 8 de noviembre de ese año. La habitación en la que murió se ha convertido en un pequeño templo en el segundo piso del Hospital, al que acuden los fieles rogando por la recuperación de sus seres queridos que se encuentran hospitalizados en esa clínica.

Inmediatamente después de su muerte, realizó un milagro póstumo: un parapléjico que era incapaz de caminar y que estaba hospitalizado en la cama de al lado, tocó la ropa del difunto e instantáneamente quedó milagrosamente curado. Durante el traslado del cadáver hasta la isla de Egina, de su frente emanaba continuamente un bálsamo oloroso y su cuerpo parecía ingrávido, sin peso. Su cuerpo fue llevado al monasterio de Egina, donde fue sepultado. En el mes de mayo del 1921, cuando se abrió su tumba, su cuerpo que se encontraba intacto, exhalaba un suave perfume. En el 1927 se hizo un tercer traslado de las reliquias en presencia del arzobispo Crisóstomos de Atenas. Durante el cuarto reconocimiento, el 3 de septiembre del año 1953, sus restos se encontraron desmembrados, por lo que fueron distribuidos entre varias iglesias. Hoy, el cráneo y algunos de sus huesos se veneran en monasterio por él fundado en Egina.

Fue canonizado por el Santo Sínodo del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla en el año 1961, celebrándose su festividad el día 9 de noviembre. El 3 de septiembre se conmemora el traslado de sus reliquias y el 20 de abril, su canonización.

Vista del sepulcro del Santo, en su monasterio de Egina (Grecia).

Vista del sepulcro del Santo, en su monasterio de Egina (Grecia).

Como he dicho, durante toda su vida, San Nectario desarrolló una intensa actividad literaria de contenido teológico y espiritual, social, moral y educativo. Publicó más de treinta libros y muchísimos artículos que aparecieron en las revistas Ieros Syndesmos (Ιερός Σύνδεσμος) y Anaplasis (Ανάπλασις).

Estando en Egipto escribió: “Diez sermones eclesiásticos para la Santa Cuaresma (1885), “Dos razones eclesiásticas” (1887), “Razones para la confesión” (1887), “Ensayo sobre los santos sínodos y los dos primeros Concilios Ecuménicos” (1888), “Nuestros deberes para con el Santo Altar” (1888) y varias obras más.

Entre 1892 y 1894 escribió siete grandes obras: “Los Concilios Ecuménicos en la Iglesia de Cristo”, “La Revelación de Dios”, “Diligencia del alma”, “Estudio sobre los efectos de los asesores verdaderos y falsos”, etc. Veintiuna fueron sus publicaciones entre 1894 y 1908: “Homilía sobre el carácter divino y la obra de nuestro Salvador Jesucristo”, “Lección de ética cristiana”, “El Santo Catecismo Ortodoxo”, “Estudio sobre la inmortalidad del alma y la memoria sagrada”, “Oración para la Cuaresma”, “Conócete a ti mismo”, “Estudio sobre el misterio de la Eucaristía y otros. En fin, no sigo, porque son muy numerosas las obras escritas por San Nectario, entre ellas, numerosos himnos.

El Patriarcado Ortodoxo de Alejandría decidió el 15 de septiembre del año 1998, rehabilitar al santo y pedirle perdón por los graves padecimientos a los que le sometieron:

Vista del relicario con el cráneo del Santo y otra urna con reliquias. Monasterio de Egina, Grecia.

Vista del relicario con el cráneo del Santo y otra urna con reliquias. Monasterio de Egina, Grecia.

El Espíritu Santo ha iluminado a los miembros reunidos del Santo Sínodo del Patriarcado de Alejandría y de toda África, bajo la dirección de Su Beatitud Petros VII, Papa y Patriarca de Alejandría y toda África, más de un siglo después de que San Nectario, el gran Maestro y Padre de la Santa Iglesia Ortodoxa Oriental fuese expulsado de la Iglesia de Alejandría, para llegar a la siguiente decisión:

Teniendo en cuenta la resolución de la Iglesia para declarar a Nectario santo entre los santos, a causa de sus innumerables milagros y su aceptación dentro de la conciencia religiosa de los cristianos ortodoxos de todo el mundo, hacemos un llamamiento a la misericordia de Dios siempre caritativa y por la presente, restauramos el orden eclesiástico del santo de nuestro siglo, San Nectario, y concederle todos los créditos vencidos y honores. Imploramos a San Nectario que nos perdone, indignos como somos, y a nuestros predecesores, nuestros hermanos del Trono de Alejandría, por haberse opuesto al Santo, ya debido a la debilidad humana o al error, por lo cual, nuestro Santo Padre, Obispo de Pentápolis, San Nectario, tanto sufrió.

PETROS VII
Por la Gracia de Dios, Papa y Patriarca de Alejandría y de Toda África.

Apolytikion:
Fieles todos, honremos a Nectarios, servidor de Cristo, hijo de Silivria y guardián de Egina, que en estos últimos años se manifiesta como el verdadero amigo de la virtud. Toda clase de curaciones brotan para aquellos que en la piedad gritar: “¡Gloria a Cristo que te ha glorificado, gloria a Aquel que, por tu intercesión, realiza prodigios; Gloria a Aquel que, por tu intercesión, nos cura a todos!”

Antonio Barrero

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