Santo Nombre de María

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Lienzo barroco de la Virgen niña rodeada de sus atributos. La filacteria reza: “Gloríense en ti todos los que veneren tu Nombre”.

Martirologio Romano, 12 de septiembre: Santísimo Nombre de la Bienaventurada Virgen María: en este día se recuerda el inefable amor de la Madre de Dios hacia su santísimo Hijo y es propuesta a los fieles la figura de la Madre del Redentor a fin de que sea invocada devotamente.

Después de la fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen (8 de septiembre), la Iglesia consagra un día para que se venere el Santo Nombre de María para enseñarnos, a través de la liturgia y las enseñanzas de los santos, todo lo que este nombre contiene de riqueza espiritual para todos nosotros, para que como el nombre de Jesús, lo tengamos en los labios y en el corazón.

La memoria del Santísimo Nombre de María, celebrada el día 15 de septiembre, entró en el calendario diocesano de Cuenca, en España, en el año 1513 con la probación del Papa Julio II. Tal concesión fue suprimida por el Papa san Pío V, pero fue restituída sucesivamente por el Papa Sixto V en el año 1587 que movió de fecha esta celebración, concretamente al día 17 del mismo mes. Fue el Papa Gregorio XV el que en el 1622 extendió la festividad a toda la archidiócesis de Toledo, mientras que en el 1671, el Papa Clemente X confirmó la celebración para toda España, el Reino de Nápoles y Milán.

Como otras muchas fiestas marianas (y creo que también la de la Transfiguración de Jesús), también el Santo Nombre de María tiene un trasfondo histórico, que es una batalla cuya victoria se atribuye a la intercesión de la Madre de Dios. El Beato Inocencio XI, en el año 1685 extendió la festividad a toda la Iglesia eligiendo el día 12 de septiembre, día de la alianza entre el emperador Leopoldo I de Austria y el rey de Polonia Juan III Sobieski, que oficialmente se llevó a cabo ese día en el año 1683; esta alianza trajo como consecuencia la liberación de Viena del asedio de los turcos, ocurrida cinco días más tarde, el 17 de septiembre del mismo año.

A través de los siglos ha habido muchas interpretaciones del significado del nombre; según algunos rabinos, María deriva del nombre hebreo “Miryam”, de la raíz Mrr (es decir, “amargo”), sosteniendo que María, la hermana de Moisés, fue llamada así porque apenas nacida, el faraón de Egipto comenzó a amargarle la vida a los israelitas. Asimismo, algunos estudiosos cristianos han puesto de relieve la amargura que sintió María cuando fue probada por la obra de la redención llevada a cabo por su querido Hijo.

Lienzo barroco de la Virgen niña entre los Santos Antonio abad (izqda.) y Francisco de Asís (dcha.)

Otra interpretación dice que María deriva de “Moreh” (en hebrero, “Maestra” o “Señora”) y de “Yam” (es decir, el mar), por lo que María significaría “Señora del Mar” y de ahí que San Ambrosio dijera que María nos ayudaría a atravesar este mar para llegar al cielo; ésta es una tesis también respaldada por ejemplo, por San Jerónimo y San Epifanio. Sin embargo, San Gregorio el Taumaturgo defiende la hipótesis de que el nombre María es compuesto por “Mor” (en hebreo, luz) y “Yam” (que ya hemos dicho que significa mar) y de ahí nace la advocación de “María, Estrella del Mar”.

A tal propósito, escribe San Bernardo de Claraval:
“¡Oh tú, que en la agitación constante de esta vida te das cuenta de que sacudido por las tempestades, ningún lugar es seguro donde apoyarte, mantén fijos tus ojos en el brillo de esta estrella, si no quieres ser abrumado por las tormentas. Si surgen los vientos de las tempestades y van a chocar contra las rocas de las tribulaciones, mira a la estrella, invoca a María! ¡Si las olas de la soberbia, la envidia y la calumnia te empujan de aquí para allá, mira la estrella, invoca a María! ¡Si la ira, la codicia o el hedonismo sacude la nave de tu alma, dirige tus pensamientos a María! ¡Si conmocionado por la enormidad de tus pecados, estás confundido por la fealdad de tu conciencia y asustado ante la idea del terrible juicio estás a punto de caer en el abismo de la tristeza y de la desesperación, piensa en María! ¡En los peligros, en las angustias, en las perplejidades, piensa en María, invoca a María! María esté siempre en tu boca y en tu corazón y para obtener su intercesión, sigue sus ejemplos. Si la sigues, nunca te desviarás, si le rezas, no perderás la esperanza, si piensas en ella, nada te saldrá mal. Apoyado en ella, no caerás, defendido por ella, no temerás, con su guía, no te cansarás y con su benevolencia, llegarás a tu destino”.

En cambio, San Luís María Grignión de Montfort mantiene la antigua teoría de que “Moreh”, se traduciría como la “Primera lluvia estacional”, considerando a María como la que nos envió desde el cielo una lluvia de bendiciones, siendo ella misma, una lluvia de gracias.

Estampa devocional del monograma mariano y los lirios, símbolo de la virginidad.

La última teoría acreditada sobre el origen del nombre de María, viene de la traducción hebrea de “Maron”, (que significa Altura, Excelsis), pues en el evangelio de Lucas leemos: “Por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, que hará que nos visite una Luz desde lo alto” (Lucas, 1, 78); este versículo, en base al texto griego y a su retrospección al hebreo, podría comprenderse así: “Cristo es el Sol que viene desde lo alto (el Padre) o ha visitado un sol naciente desde lo alto, o sea, María”.

De todos modos, como dice San Alberto Magno, no se nos ha dado el saber cuál es el correcto origen del Santísimo Nombre de María: “El nombre de María tiene cuatro significados: iluminadora, estrella del mar, mar amargo y Señora o Patrona”; en cada uno de estos casos podemos encontrar el significado que la fe nos sugiere.

Damiano Grenci

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