¡Oh Adonai!

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Collage de Cristo con la invocación hebrea  Baruch haba b'shem Adonai, "Bendito el que viene en el nombre del Señor".

Collage de Cristo con la invocación hebrea Baruch haba b’shem Adonai, “Bendito el que viene en el nombre del Señor”.

Hoy invocamos al Señor Poderoso ¡Adonai, אֲדֹנָי, κύριος, Señor! Dios nuestro, que es el Señor, que se manifiesta como Dios mediante el fuego y mediante el amor, que se aparece a Moisés para darle su ley, ley que es liberadora. Es legislador y Padre amante de su pueblo, Señor que pastorea a sus ovejas, a su rebaño al que ama desde toda la eternidad y que para salvarlo, envió al mundo a su Hijo Unigénito. Nos conoce íntimamente a cada uno de nosotros, nos cuida, no quiere que se disgregue su rebaño, que nadie lo someta ni lo disperse, que nadie le arrebate una oveja. Para conseguir eso, muestra su brazo poderoso y con él nos libra al mismo tiempo que nos dirige.

Lo dice el profeta Isaías: “Juzgará con justicia a los débiles, y sentenciará con rectitud a los pobres de la tierra. Herirá al hombre cruel con la vara de su boca, con el soplo de sus labios matará al malvado. Justicia será el ceñidor de su cintura, verdad el cinturón de sus flancos” (Isaías, 11, 4-5). “Porque Yahvé es nuestro juez, Yahvé es nuestro legislador, Yahvé es nuestro rey: él nos salvará” (Isaías, 33, 22). Él es nuestro legislador, quien dio a los hombres la ley del amor y quien a través de Cristo, que nos nacerá dentro de siete días, nos salvará de nuestros pecados y nos alzará hasta su misma presencia.

Señor Poderoso que se manifiesta a Moisés como una llama que arde pero que no consume, un fuego purificador que no mata, que ilumina pero que no ciega, que nos guía por el recto camino sin esclavizarnos. “Y se le apareció el ángel de Yahvé en una llama de fuego en medio de la zarza y él miró y vio que la zarza ardía en fuego, pero que no se consumía” (Éxodo, 3, 2). Mediante este fuego ardiente Dios se comunica con el profeta y legislador de su pueblo, con Moisés y lo hace para que él pueda romper las ataduras que esclavizan a su pueblo en Egipto y para que sabiamente, lo conduzca a la tierra prometida. “Sube al monte y espera. Te daré la ley en tablas de piedra, los mandamientos que yo he escrito para enseñar a mi pueblo” (Éxodo, 24, 12). Desde ese momento, Moisés es el legislador de Israel, le da una norma y le marca un camino, pone un horizonte a sus vidas. Yahvé da una ley escrita en piedra, ley que Jesús de Nazareth termina escribiendo en nuestros corazones.

Adonai, Señor Poderoso, Mesías, Jesús de Nazareth, esta ley la has concretado en palabras muy sencillas y muy vivas, que todas convergen en una sola: Amor. Amor son las bienaventuranzas, amor es tu vida, tu Palabra, tus milagros, tu muerte y Pasión. Por amor y porque eres el Adonai, resucitaste, pero para realizar todo eso, tuviste antes que nacer. Ven ya y líbranos con el poder de tu brazo.


O Adonái,
Et Dux domus Israel,
Qui Móysi in igne flamea rubi apparuisti,
Et ei in Sina légem dedisti:
Veni
Ad rediméndum nos in bráchio exténto.
Oh Adonai,
Pastor de la casa de Israel,
Que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente,
Y en el Sinaí le diste tu Ley,
Ven
A librarnos con el poder de tu brazo

Antonio Barrero

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