¡Oh retoño del tronco de Jesé!

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Icono bizantino que representa el Árbol de Jesé.

Icono bizantino que representa el Árbol de Jesé.

Todos los años, en primavera, las plantas florecen, los árboles retoñan y se cargan de frutos. Es el milagro de la vida: cada flor, cada espiga, cada retoño, cada cría de ganado, cada niño que nace: el milagro de la vida, ya que la vida es un puro milagro gracias a la generosidad del Creador.

Pero no sólo brotan los árboles jóvenes, también retoñan los añejos y esto parece que supera las fuerzas de la naturaleza, cosa que ocurre igualmente con los hombres: “Tenía Abrahán ochenta y seis años cuando Agar dio a luz a Ismael” (Génesis, 16, 16). Abrahán engendró a un hijo en su ancianidad y a él, al igual que a David, prometió Yahvé una descendencia tan numerosa como las estrellas del cielo. De esa descendencia nacería el Mesías.

Jesé era el padre del rey David; el profeta Miqueas había vaticinado que el Mesías provendría de la casa y del linaje de David y que nacería en su ciudad: Belén. De David nacería un retoño lleno de gracia y de espíritu. “Saldrá un vástago del tronco de Jesé y brotará un retoño de sus raíces” (Isaías, 11, 1) y “aquel día la raíz de Jesé que estará enhiesta para estandarte de los pueblos, será buscada por las naciones y su morada será gloriosa” (Isaías, 11, 10). Y el Mesías nació de una virgen, de la estirpe de David, en Belén, conforme a la profecía de Miqueas. “Él asombrará a muchas naciones; los reyes cerrarán ante él la boca porque verán lo que nunca les fue contado y entenderán lo que jamás había oído” (Isaías, 52, 15). Estas palabras viejas de Isaías son recordadas por San Pablo en su epístola a los romanos (Romanos, 15, 12).

“Sobre él, reposará el Espíritu de Yahvé, espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y de temor de Yahvé” (Isaías, 11, 2). En este párrafo profético son mencionadas las tres divinas personas: Yahvé (el Padre), el Espíritu de Yahvé que reposará sobre el Logos, sobre la Palabra de Yahvé. Por lo tanto, el Mesías, el Logos encarnado es un líder maravilloso, revestido de justicia y de misericordia, un signo de salvación para todos los pueblos, príncipe de la paz, conocedor de todas las cosas ante el cual quedarán pasmados todos los sabios de la tierra. “Ante él se postrarán sus adversarios, sus enemigos morderán el polvo, los reyes de Tharsis y de las islas, les rendirán tributos” (Salmo 72, 9-10).

Todos le buscarán, tendrá testigos y seguidores en todas las partes del mundo, porque todo el mundo lo esperaba, espera y esperará siempre como a su Salvador, como a quien le trae la esperanza de vida. Ya sólo quedan seis días para que se colmen todas nuestras esperanzas, todas nuestras ilusiones, para que se cumplan todas las promesas que hicieron a nuestros padres, para que no quedemos decepcionados, para que veamos tu luz. Ven Señor Jesús, “Maran Atha”, ven a liberarnos ya y no tardes. Eres nuestro Dios, pero eres también de nuestra raza, un retoño brotado de un árbol robusto y viejo.


O radix Jesse,
Qui stas in signum populórum,
Super quem continébunt reges os suum,
Quem gentes deprecabúntur:
Veni
Ad liberandum nos, iam noli tardáre.
Oh retoño del tronco de Jessé,
Que te alzas como un signo por los pueblos,
Ante quién los reyes enmudecen,
Y cuyo auxilio imploran las naciones,
Ven
A librarnos; no tardes.

Antonio Barrero

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