¡Oh Sol que naces de lo alto!

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Cristo, resplandor de la luz eterna. Mosaico paleocristiano.

Cristo, resplandor de la luz eterna. Mosaico paleocristiano.

El sol es fuente de vida; en nuestro planeta no habría vida si no recibiéramos la luz y la energía del sol; y eso el hombre siempre lo ha tenido muy claro, llegando incluso a adorarlo en muchas de nuestras culturas antiguas. Para los mismos romanos, los solsticios de verano e invierno eran celebraciones festivas y aun hoy en día, en el solsticio de verano celebramos las célebres hogueras de San Juan y en el de invierno, la Navidad.

Pero hoy en día, consumidores de energía como somos, no sólo recurrimos al sol para librarnos del frío y alumbrarnos, sino que buscamos energías alternativas, tanto de origen fósil, nuclear o como las ocasionadas por algunos fenómenos naturales. Somos cómodos, no queremos renunciar a nuestra comodidad, aunque buena parte de los habitantes del planeta mueran de frío o de hambre. Pero el hombre no sólo necesita la energía que proviene del sol o de otras fuentes físicas, necesita la energía espiritual que nos viene de Dios, del sol de justicia. “El pueblo que andaba a oscuras vio una luz grande y a los que vivían en tierras de sombras, una luz brilló sobre ellos” (Isaías, 9, 1). “Levántate y resplandece porque ha venido tu luz y la gloria de Yahvé ha nacido sobre ti. Porque he aquí que las tinieblas cubrirán la tierra y la oscuridad a las naciones, pero sobre ti amanecerá Yahvé y sobre ti se verá su gloria. Y las naciones andarás tras tu luz y los reyes irán tras el resplandor de tu nacimiento” (Isaías, 60, 1-3).

El profeta está anunciando la venida del Mesías, que es la luz de las naciones, una luz más poderosa que la proveniente del sol, una luz en la que, si creemos, seremos capaces de disipar todas las tinieblas de la noche. Y es una luz que da calor, verdadero calor porque va acompañada del amor, amor que procede del mismo sol de justicia, del mismísimo Hijo del Altísimo. “Para vosotros, los que teméis mi santo Nombre, brillará el sol de justicia que trae la salud en sus rayos y saldréis brincando como terneros bien alimentados” (Malaquías, 3, 20). El amor del que nos contagia Jesús de Nazareth, es el verdadero sol que nos calienta, es el fuego que todo lo enciende, que a todo le da vida y su amor, llevado hasta el extremo de hacerse comida Él mismo, nos alimentará eucarísticamente y nos hará saltar de gozo como los terneros que menciona el profeta Malaquías.

Cristo, el Mesías, es nuestro sol que nos ilumina, que nos da calor, que nos hace solidarios con los hermanos, que nos alimenta, que nos hace salir de las tinieblas del egoísmo. Ven, resplandor de la luz eterna e ilumínanos, te esperamos ansiosos aun sabiendo que sólo faltan cuatro días para tu venida, pero cuatro días que se nos harán una eternidad. “Maran Atha”.


O Oriens,
Splendor lúcis aetérnae,
Et sol iustitiae,
Veni
Et illumina sedéntes in ténebris,
Et umbra mortis.
Oh Sol, que naces de lo alto,
Resplandor de la luz eterna,
Y sol de justicia,
Ven
Ahora para iluminar a los que viven en tinieblas
Y en sombra de muerte

Antonio Barrero

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