Beatos Ricardo Gil y Antonio Arrué, orionistas mártires

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Imagen de los dos Beatos, hecha con motivo de la beatificación.

Imagen de los dos Beatos, hecha con motivo de la beatificación.

“Prefiero morir antes que traicionar”.

La congregación de los Hijos de la Divina Providencia, fundada por San Luis Orione, fue una de las congregaciones religiosas que menos desastres sufrió – gracias a Dios- durante la Guerra Civil española, esto se debe a que la Pequeña Obra estaba empezando por aquel tiempo a echar sus raíces en España cuando estalló el conflicto entre hermanos. Aun así, la Pequeña Obra de la Divina Providencia cuenta entre sus miembros santos con estos dos beatos mártires que murieron perdonando. A continuación conoceremos sus vidas, obras y causa.

Beato Ricardo Gil Barcelón
El veintisiete de octubre de 1873 nacía en Manzanera (Teruel) el niño Ricardo Gil Barcelón. Sus padres eran Francisco Gil y Francisca Barcelón, estos formaban una familia muy numerosa junto a sus nueve hijos. La familia provenía de un noble linaje, tenían su propio escudo heráldico y el lema familiar decía: “Prefiero morir que traicionar” (como vemos, encaja con el estilo de vida que vivió el Beato Ricardo), su posición era acomodada, pero lejos de mostrarse altivos e indiferentes con las clases sociales más desfavorecidas, todos colaboraban con una ejemplar caridad y piedad cristiana, sobre todo Doña Francisca que se ocupaba de dirigir un dispensario y repartía medicinas a más de una treintena de enfermos que estaban a su cargo.

Fotografía del Beato Ricardo Gil.

Fotografía del Beato Ricardo Gil.

El joven Ricardo realizó sus estudios en la escuela elemental de Torrijas (Teruel) donde se trasladó la familia a los pocos años de haber nacido él. Siempre destacó por ser un alumno aplicado y cariñoso, dispuesto siempre a ayudar a los compañeros. A los doce años ingresó como alumno en el seminario de Teruel, pero en el año 1889, con dieciséis años, abandonó el seminario para ser alumno de la Escuela Normal de Teruel. Esto ocurrió por expreso deseo de su padre, que quería que el joven estudiase la carrera de maestro. De esta escuela más tarde fue expulsado, el motivo fueron las discusiones con el director, que era un anticlerical que a menudo ridiculizaba la Fe del joven. No contento con eso, también se mofaba de la Religión y de las personas que formaban la Iglesia, esto a Ricardo le ocasionó no pocos problemas porque era un firme defensor de la Fe Católica y de los valores transmitidos por sus padres.

A los veinte años empezó a servir en el servicio militar y fue enviado a Filipinas, corría el año 1893 y a partir del año 1896 este país torno en un ambiente de guerra “revolución filipina”, donde al Beato Ricardo le tocó participar. Combatiendo en esta guerra, se vio en una ocasión envuelto en grave peligro de muerte, al ser consciente del grave peligro que corría, se encomendó a la Virgen del Carmen con sencillas oraciones que aprendió de niño, y contra toda posibilidad de salir de ese lugar con vida, salió, y lo hizo ileso. Desde entonces y probablemente gracias a este hecho, él empezó a madurar la idea de ser sacerdote. Decidido, empezó sus estudios en la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino (Manila). En todas las materias: Sagrada Escritura, Dogmática, Moral, etc, fue calificado con sobresalientes calificaciones. Terminando estos estudios y contra su propia voluntad, fue por segunda vez reclamado para prestar sus servicios en la guerra contra los Estados Unidos. Finalmente el día tan esperado para él, día de su ordenación sacerdotal, tuvo lugar el veinticuatro de septiembre de 1904. El obispo de Manila, sabedor de la conducta del nuevo sacerdote, le confió cargos importantes, como el de capellán de la Delegación Apostólica.

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Empujado por sus deseos de servir más de cerca a los más pobres, volvió a España en 1905, colaborando con distintas parroquias de Valencia pasó una temporada. Después marchó hasta su pueblo, Torrijas (Teruel), y aquí se dedicó a buscar la manera concreta de continuar su servicio a los necesitados, sin encontrar como hacerlo según como Dios lo deseaba, busco agradarlo en la Orden Dominica y en los Terciarios Capuchinos, pero a los pocos meses abandonó, viendo que Dios no quería un claustro para él. En vista de que no encontraba respuesta, se decidió a peregrinar andando hasta Roma, como los antiguos peregrinos que buscaban alguna gracia especial, corría el año 1909 cuando empezó este camino en busca de respuestas, y ¡vaya que si las encontró! Llegando a Roma casi tres meses después de su partida, visitó la tumba de San Pedro y gracias a la caridad de algunos sacerdotes vivió por algunas semanas.

Cuadro del Beato Ricardo en Manzanera.

Cuadro del Beato Ricardo en Manzanera.

El día tres de febrero de 1910 la Divina Providencia quiso que fuera el día en el que él Padre Ricardo encontrara respuesta a sus preguntas. Acercándose este a rezar hasta la iglesia de San Felipe Neri, la encontró cerrada y en vista de esto empezó a rezar de rodillas a sus puertas, mientras estaba sumido en esta fervorosa oración, pasó por la puerta un sacerdote que, atraído por la devoción del Padre Ricardo, se atrevió a preguntarle “¿Y usted quién es?”, “Soy un hijo de la Divina Providencia”, respondió sin tan siquiera mirar hacia atrás el Padre Ricardo. “Entonces me pertenece porque yo también soy y he fundado una Congregación cuyos religiosos se llaman Hijos de la Divina Providencia”. Este sacerdote resultó ser Don Luis Orione y desde este providencial encuentro el Padre Ricardo se sintió aceptado en una auténtica familia, fiel al carisma que buscaba.

San Luis Orione vio en él sobradas cualidades para confiarle muchas responsabilidades dentro de la naciente fundación; asistente del seminario, profesor de idiomas, rector del santuario de la Virgen de la Cadena y hasta abanderado de la fundación en España. A mediados del año 1928 fue víctima de una grave acusación de asesinato, le ocasionó graves daños morales y físicos como la cárcel, todo esto fue infundado y, después de un juicio, salió libre de cargos sin culpabilidad ninguna. Tuvo deseos de ser misionero en Argentina y en cierta forma Don Orione accedió a concedérselo cuando le encargó volver a España para introducir su obra. Regresó en el año 1931 y desde entonces se estableció en Valencia, donde colaboraba acogiendo a los más pobres en la parroquia de San Sebastián. Un día, al salir de la Basílica de la Virgen de los Desamparados, se encontró con el joven Antonio Arrué Peiró, que en ese momento se encontraba sin rumbo en la vida.

El Saler (Valencia), lugar del martirio de los dos Beatos.

El Saler (Valencia), lugar del martirio de los dos Beatos.

Beato Antonio Arrué Peiró, aspirante orioniano
Nació en Calatayud (Zaragoza) el día cuatro de abril de 1908. Le bautizaron con el nombre de Antonio Isidoro. Sus Padres eran Antonio y Águeda, tenían una economía desahogada y unos ricos valores cristianos. Trabajó como ebanista al terminar los estudios primarios. Antes de cumplir veinte años, la tragedia familiar se cebó en su familia, sus padres y su hermana murieron. Estas pérdidas tan seguidas y repentinas ocasionaron en el joven Antonio una depresión que para muchos más bien parecía que estaba loco. Esta infundada “locura” le llevó a ingresar en un manicomio, pero Antonio escapó en dos ocasiones porque era sabedor de que no tenía problemas mentales; él tenía deseos de ser misionero.

Con veintitrés años abandonó Calatayud y marchó en busca de otra vida a Valencia. En esta ciudad tuvo un encuentro con el Padre Ricardo Gil que, en cierto modo, adivinó en el rostro del joven la ayuda que necesitaba nada más verlo. Desde este momento Antonio pasó a ayudar y colaborar con todo lo que el Padre Gil le proponía, ayudaba a misa, colaborara con los pobres, socorría a los enfermos etc. Era conocido por su extrema humildad y caridad, su trabajo desinteresado no tenia límite. Aunque era un chico de pocas palabras, fue creciendo notablemente en piedad y en deseos de pertenecer a la familia de Don Orione. Considerado óptimo y adecuado, Don Luis Oriene dio su aprobación para que empezara un “noviciado casero”, donde el Padre Ricardo fue su principal maestro. Del año 1931 al 1936 transcurrió este período de estudios y formación.

Martirio
En los albores del guerra entre hermanos, ya el Padre Ricardo Gil fue amenazado y señalado por su modo de actuar. Era un sacerdote conocido en toda Valencia por su labor. Estallada ya la guerra, su casa de la calle Zamenhoff fue varias veces registrada, aquí no se encontró nada por lo que culpabilizarlo de nada. Él decía que su casa siempre estaba abierta para cualquiera que necesitase algo de comer o de vestir, o de él mismo.

Monumento dedicado a los Beatos en El Saler, Valencia.

Monumento dedicado a los Beatos en El Saler, Valencia.

El día uno de agosto de 1936, a las diez de la mañana, un grupo de milicianos armados se presentó en su casa con un orden de registro en la que el motivo era encontrar las bombas que el Padre Ricardo guardaba. Después de tirar todas las pertenencias del Padre por la ventana, fue inmovilizado y conducido a una camioneta. Antonio, que estaba en la calle haciendo unos recados, vio la algarabía montada y acudió a socorrer a Dº Ricardo. Las vecinas intentaron impedírselo, pero Antonio contestó: “Tengo que irme: el P. Ricardo tiene necesidad de mí”, “Le prometí no abandonarlo nunca; ha llegado el momento de ser fiel a esta promesa”. Al llegar ante los milicianos fue también arrestado y conducido a la camioneta, la gente del barrio inmediatamente después salió a socorrerlos, gritando a los captores que los orionistas también eran pueblo y su caridad no tenía límite con los pobres.

Después de someterlos a interrogatorios, fueron declarados enemigos de la revolución por no querer ser miembros de la FAI. El día tres de agosto los condujeron a ambos a la playa de El Saler, fue tentado por última vez a gritar viva la FAI para salvar su vida y la del joven Antonio. El Padre Ricardo se negó y gritó: “¡Viles los que se esconden!”, a continuación levantó su crucifijo y en voz alta dijo: “Viva Cristo Rey. El miliciano, enfadado, apuntó a Dº Ricardo y dijo: “Muere, cura”, así le disparó un tiro. Antonio, en vista de la situación, corrió para socorrer al Padre y al acercarse al cuerpo moribundo de sacerdote, recibió un golpe brutal en la cabeza con la culata del fusil. De esta manera murieron los dos y sus cuerpos fueron recogidos de la playa y llevados al depósito del hospital. Un doctor, que casualmente era cuñado de Dº Ricardo, reconoció los cadáveres y comprobó que el Padre aún llevaba el cilicio puesto. Los cuerpos de los mártires fueron sepultados en día cinco de agosto en el cementerio general de Valencia.

Vista del Cementerio General de Valencia, donde los Beatos fueron enterrados.

Vista del Cementerio General de Valencia, donde los Beatos fueron enterrados.

En 1962 se inició la causa de beatificación en la diócesis de Valencia, durante años se recogió todo tipo de documentación y la causa siguió su ritmo, aunque con algunos períodos de no avance. En el año 2000 se entrega la positio a Roma, en 2012 se aprobó el decreto de súper martirio. Finalmente, bajo el pontificado del Papa Francisco, fueron beatificados en Tarragona el trece de octubre de 2013, junto a otros quinientos veinte beatos mártires del s.XX. Sus restos mortales no han podido ser encontrados y por ello no han podido ser exhumados para venerar sus reliquias. Por diferentes obras en el cementerio de Valencia, el lugar exacto de sus sepulturas se perdió. Eso sí, aún se conservan reliquias de segunda clase como: un cáliz, cartas etc.

David Garrido

Bibliografía:
– María Encarnación González Rodríguez, Quiénes son y de dónde vienen, 2013, editorial EDICE.
– Aurelio Fusi, Los Beatos márires orionistas, editorial VELAR, 2013.

Enlace consultado (18/07/2015):
– www.donorione.org

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