Padre Juan Iovan de Recea

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía del padre Juan Iovan de Recea, ya anciano.

Fotografía del padre Juan Iovan de Recea, ya anciano.

El padre Juan Iovan fue un monje y confesor, conocido por su práctica de aconsejar la comunión frecuente. Era el confesor de las monjas de los monasterios de Vladimirești en Moldavia, Plumbuita en Valaquia y Recea en Transilvania, y sufrió en las prisiones comunistas a causa de su fe.

Primeros años
El padre Juan Iovan nació el 26 de junio de 1922 en Husasău Criș, condado de Bihor en Rumanía occidental, siendo bautizado como Silvio Cornel, el octavo hijo del sacerdote Gabriel y su esposa María, y creciendo en un saludable entorno cristiano. Tras la escuela primaria, marchó al instituto a Oradea y siguió sus estudios en la facultad de Teología de Cluj, y después, debido a la ocupación húngara, en Sibiu, donde se graduó en 1946 con una tesis sobre la Eucaristía y la vida mística.

En 1947, comenzó su doctorado en teología, pero nunca lo terminó. Paralelamente estudió Derecho en Cluj y trabajó como profesor de religión en el Instituto Gheorghe Barițiu de Cluj y en el Instituto Comercial para chicas de la misma ciudad. Como estudiante, y posteriormente, fue muy activo entre las organizaciones estudiantiles, y solía organizar conferencias para refutar la doctrina comunista, hablando abiertamente en contra del peligro comunista para Rumanía.

Durante sus estudios teológicos, conoció la remarcable personalidad de Arsenio Boca, quien le aconsejó que dejara de teorizar y comenzara una auténtica vida espiritual. Así, se convirtió en el monje Juan y fue ordenado diácono en el monasterio Sihastru en Moldavia del sur, y sólo un año más tarde, en 1949, hieromonje (sacerdote) en el nuevo monasterio de monjas de Vladimirești, donde la hermana Vasilica – la que después sería la madre Verónica Gurău – comenzó una nueva vida monástica para las chicas en esta región, pues quería una vida ascética dedicada a la Virgen María.

Fotografía del padre Juan Iovan de Recea orando con las monjas.

Fotografía del padre Juan Iovan de Recea orando con las monjas.

Monje y confesor
El padre Juan llegó a Vladimirești al mismo tiempo que la monja Teodosia Lațcu y otras, de modo que en poco tiempo el monasterio se convirtió en uno de los más grandes de Rumanía en número y también famoso por la intensa vida allí practicada. En Vladimirești sirvió como confesor de las monjas durante siete años e inició un movimiento espiritual basado en la densa participación en la Santa Comunión, algo muy inusual incluso en la actual Rumanía, donde todavía domina la norma no escrita de una Comunión esporádica, a menudo reducida sólo a cuatro veces durante los cuatro tiempos de ayuno. Esta “innovación”, que vino del obispo mártir Nicolás Popoviciu de Oradea, el que le ordenó de diácono, fue interpretada como un retorno a las prácticas de los primeros cristianos. A veces él incluso realizaba confesiones en grupo y a las acusaciones que recibió él respondía que “el demonio también roba las almas por grupos”.

Este movimiento nada común, sorprendente para la jerarquía de la Iglesia, pero especialmente molesto para los comunistas, que habían tomado el poder en 1947, fue perseguido con burlas, propaganda injusta y no muy tarde por la persecución, oculta o directa, combinada con la restricción de libertades y derechos religiosos.

Juan y la monja Verónica trabajaron a menudo juntos para sostener las necesidades de la Iglesia. En 1948 visitaron el monasterio de Miclăușeni, cerca de Roman, y evitaron su cierre enviándoles diversas monjas de Vladimirești, para fortalecer la vida monástica en este lugar. Según una afirmación conservada en sus declaraciones grabadas para el archivo de la Securitate, se sabe que en Miclăușeni había un relicario con reliquias de San Menas, entre otros Santos. Tras la oración de la monja Verónica ante ellas, las reliquias empezaron a exudar mirra, que los dos usaron para ungirse el rostro y los ojos.

Fotografía del padre Juan Iovan de Recea con la madre Verónica Gurau en el monasterio Vladimiresti.

Fotografía del padre Juan Iovan de Recea con la madre Verónica Gurau en el monasterio Vladimiresti.

No teniendo miedo a la amenaza comunista, el padre Juan siguió predicando contra el régimen ateo e incluso escribió una memoria, quejándose denunciando que la Iglesia se había visto privada de sus textos para misionar en las escuelas, casernas militares y otros lugares públicos, lo que significaba que la libertad religiosa estaba prácticamente restringida, aunque teóricamente garantizada por la Constitución.

Poco después, el padre Juan, junto con la abadesa Verónica, la monja Teodosia y otras monjas, fueron objeto de la primera persecución directa contra los monasterios rumanos. Vladimirești fue el primer monasterio cerrado por los comunistas, después de un proceso donde se les acusó se esconder generales alemanes durante la ofensiva soviética, a finales de la Segunda Guerra Mundia. Aunque esta acusación no ha podido ser probada, otra -la de apoyar partisanos anticomunistas ocultos en las montañas con dinero, cartas y comida- estaría probada por las declaraciones de diferentes testigos.

El padre Juan era un activo apoyo de todos los movimientos anticomunistas, su cristianismo era fuertemente militante, basado en el activismo social, y diciendo palabras directas contra nada hería las enseñanzas cristianas. Aunque él nunca fue un Legionario (miembro de la Legión de San Miguel Arcángel, un partido de extrema derecha en Rumanía basado en la doctrina cristiana, pero que desafortunadamente obraba mediante públicas ejecuciones y asesinatos), él apoyaba a personas de estos círculos, sin fomentar en ellos ninguna agresión física y manteniéndose fuertemente posicionado dentro de la correcta fe de la Iglesia.

Fotografía del padre Juan Iovan de Recea bautizando a un niño.

Fotografía del padre Juan Iovan de Recea bautizando a un niño.

Tiempo de prisión
Bajo presión política, el hieromonje Juan fue apartado del sacerdocio el 17 de enero de 1955, debido a sus confesiones grupales y su insubordinación después de que se le prohibiera predicar y retirarse a otro monasterio. El arresto tuvo lugar la noche del 29 al 30 de marzo de 1955, cuando cientos de soldados invadieron el monasterio y arrestaron a Juan, a la abadesa Verónica y a las monjas Teodosia y Micaela. Un año después, el convento fue cerrado.

Durante una investigación en Galați, el padre Juan fue sentenciado a muerte, pero pronto se le conmutó por una cadena perpetua. Su condena, registrada con el número 1655 del 5 de diciembre de 1955 estipulaba que “Juan Cornelio Silvio (su nombre civil) sacerdote en el monasterio del pueblo Tudor Vladimirescu, ha mostrado su hostilidad contra el régimen a través de sus prédicas y las palabras que mantuvo (…) ya sea directamente o usando términos en doble sentido (…). Él hizo actos de favor a los bandidos Lupeș Ion y Ghiță Păiș, a pesar de que conocía sus actos terroristas (…) él favoreció toda la actividad de la monja legionaria Micaela Iordache (…) de modo que, con voto unánime, lo condenamos a trabajos forzados de por vida -por favorecer el crimen y los actos de terror- y a la confiscación de todas sus posesiones”.

A diferencia de Arsenio Boca, que nunca celebró la liturgia después de haber sido injustamente retirado del sacerdocio, motivado por la obediencia a las autoridades eclesiásticas, el padre Juan solía celebrar el Santo Sacramento en las prisiones, usando ornamentos litúrgicos improvisados. El habitual antimension (que, traducido, significa “sustitutivo de mesa”, siendo la pieza de lino con la escena del entierro de Cristo en ella, que contiene reliquias de santos y por tanto, sustituye el santo altar de la iglesia), él lo cosió a su camisa, de modo que podía llevarlo con él a las prisiones. En lugar del epitrahil (traducido como “alrededor del cuello”), el equivalente ortodoxo a la estola católica, usaba una cuerda que solía esconder a modo de cinturón. El cáliz era una caja de caucho duro, y el vino lo traía en botellas de vino tónico. Su teología, centrada en la presencia eucarística de Cristo, no le permitía vivir sin la Santa Comunión.

Fotografía del padre Juan Iovan, ya anciano, en Recea.

Fotografía del padre Juan Iovan, ya anciano, en Recea.

Como los demás prisioneros políticos, el padre Juan pasó por varias prisiones. Después de Galați, donde contrajo tuberculosis gangliónica, fue trasladado al hospital penitenciario del ex-monasterio de Văcăreşti en Bucarest, después a Jilava, cerca de la capital, y después a Transilvania, donde permaneció mucho más tiempo, en las terribles prisiones de Gherla y Aiud, los gulags rumanos.

El procedimiento de “reeducación” contra los “enemigos del pueblo” era muy duro en todas estas prisiones. Los prisioneros eran terriblemente torturados, y especialmente los religiosos obligados a hacer cosas muy humillantes, como oficiar la Eucaristía con materias fecales, escupir a la Cruz y a los iconos, se les forzaba a masturbarse, a estimularse con perversiones sexuales, se les abandonaba al hambre durante cuarenta días y entonces se les obligaba a comer carne en Viernes Santo, etc.

Lo que le ocurrió al padre Juan apenas se sabe, porque él nunca quiso hablar de esta época. En lugar de esto, solía decir: “No puedo y no quiero olvidar la prisión. Allí viví los momentos espirituales más edificantes de mi vida. Allí nací por segunda vez y Dios me dio a vivir incontables milagros, para conocer Su poder”. En Aiud sólo se sabe que fue obligado a leer la “Biblia hilarante”, un libro de propaganda contra la Biblia comúnmente usado en tiempos comunistas. Como se negó a hacerlo, lo enviaron a Zarca, que era la celda de aislamiento y exterminio, un lugar pequeño, oscuro y húmedo, donde muchos murieron.

Rehabilitación
Después de nueve años y medio, el 1 de agosto de 1964, fue liberado por el decreto de amnistía a prisioneros políticos. Bajo severa vigilancia de la Securitate, se estableció en Bucarest, para no crear problemas a sus amigos más cercanos. Allí le ayudó la ingeniera María Chichernea, la futura abadesa Cristina del monasterio de Recea.

Mosaico votivo del padre Juan Iovan y la abadesa Cristina en Recea, Rumanía.

Mosaico votivo del padre Juan Iovan y la abadesa Cristina en Recea, Rumanía.

Como ofició ilegalmente de sacerdote, fue juzgado de nuevo por abuso de sus funciones y condenado a trabajos forzados durante un año en 1966. Liberado de nuevo, vivió en las casas de ex-monjas de Vladimirești, pero siendo estrechamente vigilado por la Securitate, siendo muchas veces agredido y una vez más arrestado entre 1970 y 1971, durante una subida a Tecuci, donde intentó fortalecer a algunas ex-monjas que vivían en esta ciudad.

Fue en 1979, después de una memoria apoyada por el Santo Sínodo del metropolita Antonio Plămădeală de Transilvania, cuando se le reintegró de nuevo como sacerdote, permitiéndosele oficar en el monasterio Cernica y luego en Plumbuita, los dos cercanos a Bucarest, donde se quedó durante doce años. En 1991, el arzobispo Andrés de Alba Iulia -entonces metropolita de Cluj- le invitó a poner las bases para un nuevo convento en su diócesis. Así fue cómo el padre Ioan, junto con la ingeniera María, que se convirtió en la monja Cristina, fundaron el nuevo monasterio en Recea, cerca del aeropuerto de Târgu Mureș en el centro de Transilvania.

En 1992 ya habían construido un altar y una campana, en 1993 la entrada del convento y en 1995 la iglesia. Ésta última fue consagrada en septiembre de 2003, en presencia de los patriarcas Pedro VII de Alejandría y Teoctisto de Rumanía.

Fachada de la iglesia del monasterio de Recea, Rumanía.

Fachada de la iglesia del monasterio de Recea, Rumanía.

Últimos años y veneración del padre Juan entre la gente común
El padre Juan continuó su misión como confesor de las monjas en el nuevo monasterio hasta el año 2008, promoviendo su teología eucarística entre todos sus hijos e hijas espirituales. Muchos de ellos hablan del confesor que tenía una gran manera de llegar a sus profundidades interior y de encontrar buenas raíces en todas las cosas.

Hay testimonios de su clarividencia procedentes de personas que le conocían. A un sacerdote que lo juzgó poco ascético por verlo tan gordo, le respondió con una anécdota de la prisión, cosa que muy raramente hacía: “Sabes, cuando me interrogaban antes del proceso, en una ocasión no me dejaron ir al baño en tres días, para que me hiciese mis necesidades encima y se profanaran así mis ropas sacerdotales. Pero resistí y los riñones se me atascaron, de modo que mi cuerpo debe estar reteniendo líquidos desde entonces”.

El mismo testigo dice que el padre Juan solía pasar varios días en su silla de confesor, desde la madrugada hasta la medianoche, sin tiempo para comer, porque quería mucho a la gente que acudía a él y no quería que se fueran sin apoyo y perdón para sus pecados. La “oración del corazón” (“Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ¡ten piedad de mí, pecador!”) la practicaba desde sus tiempos de estudiante y la perfeccionó en sus últimos años.

Cuando fomentaba la comunión frecuente, decía: “El cáliz es la raíz de la unidad de la Iglesia. Sin la Santa Comunión nos quedamos sólo con teorías, con doctrinas”. A los conservadores que veían sus creencia como una laxitud a la hora de compartir el Cuerpo de Cristo y una relativización de la importancia de la Eucaristía, se oponía firmemente, pues pensaba que el Cuerpo y la Sangre del Señor eran la comida habitual de los cristianos, y que sin ellos, estamos en peligro de morir de hambre. Sus enseñanzas aún ganan muchos adeptos hoy en la Iglesia rumana.

Tumba del padre Juan Iovan en el monasterio de Recea, Rumanía.

Tumba del padre Juan Iovan en el monasterio de Recea, Rumanía.

Falleció el 17 de mayo de 2008 y fue enterrado en el monasterio de Recea. Su tumba es ya un lugar de peregrinación y, durante una visita en la que tomé parte en agosto de 2013, el nuevo confesor del monasterio nos dijo que, a veces, cerca de la tumba se esparce un hermoso aroma, típico de la tumba de los Santos. El mismo confesor nos habló de una profecía del padre Juan, a quien conoció hace muchos años y que le anunció que sería el nuevo confesor de Recea. Testimonios de este tipo permanecen aún en labios de muchos cristianos que le conocieron, y que creen que fue un santo.

Mitrut Popoiu

Bibliografía:
– Metropolita Andrés Andreicuț de Cluj, Părintele Ioan Iovan de la Recea – Călugăr dârz, statornic şi anticomunist, en: idem, Cuvinte împărtășite, Editura Reîntregirea, Alba Iulia, 2007, 5-21.
– Claudiu Târziu, A murit Părintele Ioan de la Recea. Legenda continua, en: Formula AS – nr. 821/2008.

Enlaces consultados (22(02/2015):
– www.fericiticeiprigoniti.net/ioan-iovan/65-parintele-ioan-iovan-de-la-recea
– http://ioaniovan.ro/

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