San Pío V, papa y reformador

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Medallón con el busto del Santo. Basílica de San Pablo Extramuros, Roma (Italia).

Medallón con el busto del Santo. Basílica de San Pablo Extramuros, Roma (Italia).

San Pío V es una de las figuras más importantes durante la llamada Contrarreforma Católica, tuvo un papel fundamental en el desarrollo de la Iglesia Católica en los años posteriores al cisma que la dividió en 1517. Se le recuerda por su actuación en defensa de la “civilización cristiana” contra el ataque otomano que fracasó en la famosa batalla de Lepanto, sus acciones en materia litúrgica, unificando a la Iglesia bajo un solo Rito, al que llamamos tridentino o gregoriano. Pero también fue un hombre extremadamente moralista y tomará acciones que actualmente consideraremos equivocadas. Veremos el contexto que vivió y su vida y actuación como sucesor de San Pedro.

Contexto histórico
Desde que los seguidores de Martín Lutero se separaron de la Iglesia Católica en 1517, a raíz del estado moral y político que el papado había decaído con el Renacimiento, las divisiones entre los fieles y las relaciones entre cristianos católicos y cristianos protestantes eran cada vez más tirantes. En Alemania se convocó en 1521 la llamada Dieta de Worms en las que se intentó sin éxito zanjar las disputas teológicas. Sin embargo Lutero en vez de retractarse de sus ideas, acusó a Roma directamente de ejercer la tiranía.

En Francia las guerras de religión eran frecuentes, y así dividida la cristiandad soplaba en Oriente la amenaza turca. En ambas partes tanto protestantes como católicas exigían la convocatoria a un concilio ecuménico, sin embargo por razones políticas los papas León X y Clemente VII no pudieron convocarlo. La oposición de los católicos alemanes y el hostigamiento del emperador Carlos V que a este último provocara el saqueo de Roma por parte de sus tropas en 1526.

En Inglaterra, Enrique VIII y sus sucesores separaron a la Iglesia de Inglaterra de la Iglesia Romana, tras recibir negativa el rey a divorciarse de Catalina de Aragón para casarse con Ana Bolena y así poder engendrar un heredero al trono.

Lienzo barroco del Santo en oración.

Lienzo barroco del Santo en oración.

El papa Paulo III quiso en 1536 convocar un concilio en Mantua y dos años más tarde en Vicenza sin éxito, pero ahora los protestantes se opusieron ya que se negaron a aceptar que fuera presidido por el Sumo Pontífice. Por fin, en la ciudad de Trento se convocó formalmente a un concilio en 1545, siendo suspendido en varias ocasiones y terminado por el Papa Pío IV con la condena a las doctrinas protestantes. Pero San Pío V fue el que ahondó el ambiente contra reformista cuya influencia queda más que clara en la misa tridentina.

Biografía
Antonio Michelle Ghislieri
nació en el poblado de Bosco, ducado de Milán el día 17 de enero de 1504 siendo hijo de Pablo Ghislieri y de Dominica Augeria. A los diecisiete años de edad en 1521 decide ingresar a la orden de los Predicadores de Santo Domingo en Vigevano tomando el nombre de Miguel. Fue ordenado sacerdote en Génova, Italia en 1528 y radicó en Pavía donde enseñó filosofía y teología. En Parma, fue de manera contundente defensor del papado y detractor de las principales herejías de su tiempo, en contraste con la decadente moralidad dentro de la Iglesia, Ghislieri era demasiado moralista y severo, así como estricto y enérgico, siendo nombrado por sus superiores inquisidor en la ciudad de Como. A pesar de su drástico comportamiento era devoto, amable y admirado por su austeridad y su piedad.

En 1556 fue nombrado por el papa Paulo IV obispo de Sutri, siendo nombrado también inquisidor en Milán y Lombardía. Al año siguiente fue nombrado por el papa cardenal e Inquisidor general siendo admirado por su celo y energía. En 1559 fue transferido a Mondovi donde las guerras en el Piamonte habían dañado severamente la moralidad de las costumbres. Durante su etapa como cardenal, es conocido por su reiterada oposición al papa Pío IV de admitir a Fernando de Medici de tan solo trece años en el Sacro Colegio así como a Maximiliano II de abolir el celibato sacerdotal, lo que propició que se le despidiera del palacio y el fin de su autoridad como inquisidor. Antes de que Ghislieri pudiera retornar al episcopado, el Papa Pío IV murió el 9 de diciembre de 1565 y el 7 de enero de 1566 fue elegido Sucesor de San Pedro tomando el nombre de Pío V. Gracias a la influencia de sus amigos y protegidos fue coronado solemnemente como Papa de Roma el día de su cumpleaños.

El nuevo Pontífice se preocupó por detener el avance del protestantismo en los estados católicos de Alemania, entonces el día 26 de marzo de 1566 impuso en la Dieta de Augsburgo las nuevas directrices del concilio de Trento. Tal como en su etapa de Gran Inquisidor, el papa Pío V se propuso desde un principio elevar la moral de la Ciudad Eterna, así como la disciplina eclesiástica. Tenía que ser Roma modelo para todo el mundo cristiano (hablando así de la Cristiandad Occidental) no solo de manera espiritual, sino también de manera terrenal.

Lienzo contemporáneo del Santo.

Lienzo contemporáneo del Santo.

Mediante la bula In coena Domini declaró la supremacía de la Iglesia Romana y de su cabeza visible sobre todos los poderes civiles. Entre sus primeras acciones fue reducir el costo de la corte papal de manera drástica, tomando medidas de austeridad, obligó a los obispos a residir en sus diócesis pertenecientes, reguló los hospicios, y expulsó a las prostitutas de la ciudad. Por lo que es más conocido es por uniformizar la liturgia, impulsada por los acuerdos y prescripciones del Concilio de Trento. Esto se logró con la promulgación de la bula Quo Primum tempore en la cual establece al rito “tridentino” o conocida actualmente como la Forma Extraordinaria del Rito Romano, como único modelo para la Iglesia Católica, excepto donde la liturgia fuera anterior a 1370 y aún estuviera en uso. Así pudieron conservarse el rito mozárabe, el de Braga, el cartujo, el dominicano, el ambrosiano y el carmelita.

Como dije anteriormente era excesivamente moralista, y durante su pontificado incluso en las obras de arte se ve su influencia, un ejemplo claro es cuando encargó al pintor Daniele da Volterra cubrir algunas figuras trazadas en la Capilla Sixtina de Miguel Ángel que en su mayoría las había pintado desnudas, algo considerado en aquella época como obsceno y promiscuo. Para alegría mía y de las sociedades protectoras de animales, era ferozmente contrario a las lidias de toros que se celebraban en Roma y el 1 de noviembre de 1567 las prohibió bajo pena de excomunión a perpetuidad.

Ahí entramos en controversias, pues con el erario pontificio financió en Francia las famosas guerras de religión contra los hugonotes (es decir protestantes en su mayoría de doctrina calvinista) y la expulsión de los judíos de los estados bajo su jurisdicción. En 1570 el papa excomulgó a la reina Isabel I de Inglaterra, por su apoyo a la causa protestante, lo cual perjudicó la situación de los católicos en Inglaterra, pero apoyando a vanos intentos de restaurar el catolicismo en el país inglés.

Con la amenaza del Imperio Otomano a las puertas de Europa, el papa convocó a la llamada Liga Santa, constituida por el Imperio Español, Venecia y los Estados Pontificios con participación genovesa. Tras la conquista del último estado cruzado en Chipre, aumentaron en Occidente los temores de la invasión turca al centro del cristianismo. La invasión se produciría en el mar, así que el Pontífice encomendó a Juan de Austria el mando de la flota cristiana para detener el avance musulmán. Quien salió beneficiado fue Felipe II, ya que se concentraba en las posesiones de Marruecos y de Túnez. La batalla se produjo el 7 de octubre de 1571, en el golfo de Corinto, que como ya sabemos por la Historia, se produjo una importante victoria cristiana, quienes atribuyeron el triunfo a la Virgen del Rosario, y el papa en agradecimiento instituyó el 7 de octubre, como la fiesta de Nuestra Señora del Rosario.

Vista del sepulcro abierto del Santo, mostrando la figura que contiene las reliquias. Basílica de Santa María la Mayor, Roma (Italia).

Vista del sepulcro abierto del Santo, mostrando la figura que contiene las reliquias. Basílica de Santa María la Mayor, Roma (Italia).

El papa Pío V murió a la edad de 68 años, el día 1 de mayo de 1572, afectado por el cáncer. Sus contemporáneos alaban su piedad, y su devoción, a pesar de las reformas rígidas que él promovió. Fue beatificado por Clemente X el 1 de mayo de 1672 y canonizado el día 22 de mayo de 1712 por el papa Clemente XI. Su fiesta tras la reforma del calendario litúrgico es el día 30 de abril.

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René

Enlaces consultados (11/03/16):
-https://es.wikipedia.org/wiki/Pío_V
-ec.aciprensa.com/wiki/Papa_San_Pío_V
-www.dominicos.org/grandes-figuras/santos/san-pio-v-papa
-https://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_de_Lepanto

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San Ponciano, Papa y mártir

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Medallón del Santo en la Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

Medallón del Santo en la Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

El Calendario Romano celebra el 13 de agosto a los santos mártires Ponciano, Papa y San Hipólito, presbítero. De este último ya se ha escrito un articulo muy interesante que vale la pena leer para conocerlo mejor; ahora, toca el turno al Santo Pontífice para que quede completa la información sobre este par de santos, cuyo martirio celebra la Iglesia con devoción.

San Ponciano es el Papa número 18 y sucedió al San Urbano I, gobernando la Iglesia de Roma del año 231 al año 235. A él le tocó enfrentar divisiones internas que rasgaron la unidad eclesial desde los anteriores pontificados de San Ceferino (198-217), San Calixto I (217-222) y de San Urbano I (222-230), dando como resultado un resquebrajamiento a causa de las doctrinas teológicas y de la disciplina eclesiástica. Se dice que durante su ministerio hubo un cisma y un antipapa, señalando como cabecilla de la rebelión a San Hipólito, dato que la crítica histórica moderna actualmente no acepta que se atribuya a su compañero de celebración.

San Jerónimo en su carta 33 refiere que en sus tiempos, un Sínodo presidido por él mismo, ratificó la condena de Orígenes que se había sentenciado ya en Alejandría. Los primeros años de su pontificado transcurrieron bajo el imperio de Alejandro Severo (222-235), quien fue tolerante para los cristianos, pero su sucesor, Maximino el Tracio, (235-238) no procedió como él y en el primer año de su reinado, desterró al obispo de Roma a la Isla de Cerdeña, probablemente condenado a ser obrero en las minas de sal.

Lápida del cubículo del Santo. Catacumbas de San Calixto, Roma (Italia).

Lápida del cubículo del Santo. Catacumbas de San Calixto, Roma (Italia).

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San Ponciano comprendió que su ida no tendría vuelta, por lo que renunció a su ministerio petrino al frente de la comunidad de la Iglesia de Roma el 25 de septiembre de 235 para que no quedara sin cabeza ni pastor. Fue el primer Papa que dimitió y lo hizo por una causa ejemplar; esta fecha es desde entonces la primera que se conoce con exactitud en la historia del papado, así pues, clero y pueblo de Roma eligieron a su sucesor en la persona de San Antero. Las penalidades del viaje y los duros trabajos acabaron pronto con la vida de San Ponciano, quien moriría probablemente el 30 de octubre del mismo año, siendo víctima de la persecución a causa de su fe y su ministerio.

El “Catálogo Liberiano” informa que con San Ponciano fue desterrado el presbítero San Hipólito, que también murió mártir en ese lugar; a iniciativa de San Fabián, el año siguiente, los despojos de ambos mártires fueron retornados a Roma. San Hipólito fue sepultado en el Cementerio de la Vía Tiburtina que lleva su nombre, y San Ponciano fue sepultado en la cripta de los Papas en el Cementerio de San Calixto. El “Liber Pontificalis” da la noticia de que sus reliquias habrían sido trasladadas por el Papa San Pascual I a la Iglesia de Santa Praxedes en el Esquilino.

Relicario del cráneo del Santo venerado en Ágreda, Soria (España).

Relicario del cráneo del Santo venerado en Ágreda, Soria (España).

La fecha del 13 de agosto en que se celebra, figura como aniversario en la Depositio Martyrum, en el Martirologio Jeronimiano y en el Sacramentario Leoniano. La complejidad de noticias sobre la fecha de su muerte y su traslación ha causado la oscilación de fechas para su celebración: 19 y 20 de noviembre en los Martirologios de Floro, Odón de Vienne y Usardo, 30 de octubre en la anterior edición del Martirologio Romano y 19 de noviembre hasta la reforma del calendario litúrgico. Actualmente se le conmemora junto con San Hipólito como ya se ha dicho, el 13 de agosto, con el grado de memoria opcional.

Oración:
Que la sincera y abnegada lealtad de tus santos mártires Ponciano e Hipólito, nos obtenga, Señor, el don del amor y la inquebrantable firmeza de la fe. Por…

Humberto

Bibliografía:
– VV.AA. “Año Cristiano agosto”, Editorial BAC, Madrid, 2003, pp 392-396.
Diccionario de los Santos Volumen II, Editorial San Pablo, Madrid, pp.1935-1936.

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Contestando a algunas breves preguntas (XXXVII)

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Convento de Santa Juana en Cubas de la Sagra, España.

Convento de Santa Juana en Cubas de la Sagra, España.

Pregunta: Me gustaría saber si tenéis información sobre las monjas que creo fueron martirizadas en el convento de Santa María de la Cruz, en Cubas de la Sagra (Madrid), conocido también como el convento de Santa Juana. Conozco la cripta y el túnel que sale de esta y que sirvió de escape durante la guerra civil, pero no tengo más información que la pintura de las siete mártires que se encuentra en la cúpula de la capilla.

Respuesta: Las Clarisas del monasterio de Santa María de la Cruz en Cubas de la Sagra, al comienzo de la Guerra Civil, fueron expulsadas y buscaron refugio en casas particulares hasta que fueron detenidas por los milicianos republicanos. Ellos las fusilaron en un lugar desconocido el día 28 de octubre de 1936. Sus restos mortales no han sido encontrados.

Estos son los nombres de las mártires y sus fechas de nacimiento:
Sor Francisca Saldías (Sarasate, Navarra, 1877)
Sor Isabel Valenciano (Ágreda, Soria, 1890)
Sor Rosa Domínguez (Borja, Zaragoza, 1887)
Sor Ángeles Aguarón (Borja, Zaragoza, 1893)
Sor Rosario Domínguez (Sos, Zaragoza, 1900)
Sor Adelaida Marcos (Tarazona, Zaragoza, 1889)
Sor Crescencia Manzanal (Valtierra, Burgos, 1901)
Sor María Luisa Fernández (Madrid, 1866)

Pregunta: Os ruego me informéis si es cierto que se ha reabierto el proceso de los tres mártires trinitarios de Argel, que aunque se inició hace casi cuatro siglos, estaba paralizado. También os agradecería me facilitéis alguna información sobre ellos.

Estampa de los tres mártires trinitarios de Argel.

Estampa de los tres mártires trinitarios de Argel.

Respuesta: Bueno, pues te responderemos brevemente. Si que es cierto que el proceso de los frailes trinitarios Bernardo de Monroy, Juan del Águila y Juan de Palacios, conocidos como los mártires de Argel en el siglo XVI, se ha reabierto concretamente el día 14 del pasado mes de septiembre. Estos tres trinitarios fueron martirizados en las mazmorras de aquella ciudad africana, en la cual estaban realizando su misión evangelizadora de redención de cautivos.

Fray Bernardo de Monroy era natural de Carrión de Calatrava (Ciudad Real), localidad donde había nacido en el año 1559. Fray Juan del Águila era abulense, nacido en el año 1563 y Fray Juan de Palacios era nativo de la localidad vizcaína de Villanueva de Presa, en la que nació en el año 1560. Los tres pertenecían a la Provincia de Castilla de la Orden Trinitaria y los tres fueron enviados a Argel, donde consiguieron liberar a más de cien cautivos. Pero cuando iban a embarcarse de vueltas a España fueron detenidos los tres y todas las personas a las que habían liberado, como represalia porque en Calvi (Francia) habían bautizado a una niña argelina. Aunque el rey de España realizó numerosas gestiones ante el sultán otomano, estas fueron en vano. Quedaron en Argel y ellos continuaron atendiendo a los cristianos cautivos, algunos de los cuales consiguieron liberar.

En el año 1612 fundaron el primer hospital africano y con la ayuda de San Simón de Rojas, que desde España les enviaba todo lo que podía, siguieron rescatando cautivos, enviándolos a la península ibérica. Aunque su labor consistía en la práctica de la caridad cristiana, fueron maltratados hasta el extremo por los musulmanes argelinos. Fray Juan del Águila murió como consecuencia de estos maltratos el 5 de junio del 1613; el 20 de septiembre de 1616, por las mismas causas, murió también Fray Juan de Palacios y el 31 de julio de 1622, murió Fray Bernardo de Monroy, el cual estuvo encerrado en una mazmorra con el agua hasta el cuello por espacio de cinco años. El cuerpo de este último consiguió ser evacuado a España y actualmente se encuentra en el convento trinitario de Andújar.

Fue San Simón de Rojas el que inició el proceso en el año 1623, en el que testificaron numerosas personas liberadas por los tres mártires. Tres años más tarde, toda la documentación conseguida se envió a Roma, pero como en la iglesia madrileña de la Trinidad se puso un cuadro de los tres mártires, Roma decidió que este acto contravenía más normas dictadas por el Papa Urbano VII y paralizó el proceso. Cuatro siglos ha estado paralizado pero como el Papa San Juan Pablo II simplificó bastante la normativa, se ha solicitado la reapertura, la cual fue aceptada por el arzobispo de Toledo. La documentación recopilada era monumental, lo que da una idea de lo importante que fue esta Causa para la Orden Trinitaria. Así que, como te dije al principio, la Causa ha sido reabierta.

El Papa Francisco en Lampedusa, Italia.

El Papa Francisco en Lampedusa, Italia.

Pregunta: ¿Es verdad que el Papa Francisco ha realizado dos milagros? Gracias desde México.

Respuesta: ¡Ya estamos! ¿Por qué no lo dejaremos tranquilo y nos dedicamos a rezar por él, que es lo que la Iglesia necesita? Se por donde va tu pregunta porque yo he oído no solo dos, sino cuatro y, aunque este no es un tema de mi devoción, voy a intentar contestarte.

El primero se refiere a la curación de una niña norteamericana llamada Ave, que había nacido con el síndrome de Down, con problemas de visión y audición y con dos huecos en el corazón. Su familia la llevó a Roma para que viera al Papa en una de sus audiencias. Allí, el padre de la niña la entregó a los servicios de seguridad papal, quienes la llevaron al papamóvil para que Francisco la besara. El Papa le preguntó al padre de la niña cual era su nombre y cuantos meses tenía y fue entonces cuando éste le contó lo del problema del corazón. Cuando terminaron su visita a Roma, los padres y la niña regresaron a Arizona y allí llevaron a la pequeña al cardiólogo para que le realizase una revisión de rutina. Fue entonces cuando el médico comprobó que había desaparecido el problema cardíaco, ya que uno de los huecos se había cerrado y el otro estaba a punto de cerrarse. Enseguida los padres hicieron correr la voz de que se trataba de un milagro del Papa, del que se hizo eco casi la totalidad de la prensa norteamericana.

Y el segundo que te cuento es lo que pasó en el mes de marzo del año pasado cuando el Papa Francisco besó la reliquia de la sangre coagulada de San Jenaro y esta se licuó de manera inesperada. Tu sabes que la sangre del santo se licua en alguna fecha del año (de esto ya hemos escrito en este blog), pero ante un Papa y fuera de esa fecha, no ocurría desde el año 1848, ni siquiera cuando estuvieron en Nápoles para venerarla los dos papas anteriores, o sea, San Juan Pablo II y Benedicto XVI. También en este caso, sobre todo en Italia, se empezó a hablar de milagro.

Procesión en Nájera (La Rioja) de las reliquias de los Santos Juan, Ciro y Antígono, mártires de las catacumbas.

Procesión en Nájera (La Rioja) de las reliquias de los Santos Juan, Ciro y Antígono, mártires de las catacumbas.

Pregunta: ¿Es verdad que las reliquias de los santos patronos de Nájera son las de los santos Juan y Ciro de Alejandría?

Respuesta: No. Las reliquias de los santos Juan y Ciro de Alejandría están mayoritariamente en Nápoles.

Tú sabes que los patronos de la localidad riojana de Nájera son los santos mártires Juan, Ciro y Antígono, pero estos tres santos, cuyas reliquias se conservan en tres arcas de madera, son mártires procedentes de las catacumbas romanas de San Calixto, de las que fueron extraídas en el siglo XVII tal y como lo certifican las “auténticas” existentes en estas tres arcas. Cuando estas reliquias vinieron a España, fueron depositadas en el convento logroñés de la Madre de Dios y desde allí, posteriormente, fueron llevadas a la iglesia de la Santa Cruz de Nájera, donde se custodian en la capilla de San Prudencio.

Pregunta: Muchas gracias por esta página de la que soy un asiduo visitante. Yo tengo un hermano gemelo y ambos estamos muy delgados. El otro día, un sacerdote amigo nos dijo que teníamos a dos santos patronos: San Gemelo y San Flaco y nos quedamos de piedra. ¿Es cierto que existen estos dos santos o es guasa?

Respuesta: Ja,ja,ja. Suena a cachondeo y nunca se me había ocurrido este tema, pero revisado el santoral tengo que decirte que es cierto o “casi cierto”, porque existe San Gemello (o Gemelo) y San Flaco. Vamos a ver algo sobre cada uno de ellos.

Detalle del martirio de San Gemelo de Ancira. Menologio de Basilio II (s.XI). Biblioteca Apostolica Vaticana, Roma (Italia).

Detalle del martirio de San Gemelo de Ancira. Menologio de Basilio II (s.XI). Biblioteca Apostolica Vaticana, Roma (Italia).

San Gemelo (Gemello) de Ancira, mártir
Los sinaxarios bizantinos lo conmemoran el día 10 de diciembre, aunque lo que dicen parece ser nada más que un resumen de una “passio” que se ha perdido y no ha llegado a nuestros días. Por lo tanto, es imposible reconstruir brevemente su vida sobre la base de un texto que se limita a decir que Gemello fue arrestado en Ancira de Galacia en tiempos del emperador Julián el Apóstata y que después de una larga serie de tormentos (astillas en los dedos, latigazos, quemaduras con hierro al rojo vivo, etc.), fue crucificado en Edessa. Pero en este relato hay algo que no cuadra, porque un viaje de Julián hasta Edessa está lejos de ser cierto, de ser algo históricamente probado, ya que esa ciudad no se encontraba en el camino que en el año 362 llevó al emperador hasta Antioquía.

Hay testimonios muy fiables de culto a San Gemelo desde muy antiguo, ya que el autor de la “passio” de San Teodoro Siceota (passio que está muy bien documentada), dice que en la ciudad de Siceos – también en Galazia -, existía en el año 613 un templo dedicado a su memoria. San Gemello no fue mencionado en los martirologios medievales occidentales y fue Baronio el que tomando la anotación del Menologio de Sirleto, lo introdujo en el Martirologio Romano el día 10 de diciembre. Luego, San Gemelo es un santo real, histórico.

San Flaco, sacerdote de Le Mans
De este otro no podemos decir lo mismo. Unas tradiciones que son posteriores al año 1693 y que no tienen autoridad histórica alguna, dicen que San Flaco era un sacerdote que había vivido en Le Mans entre los años 673 al 679, que era el confesor de las monjas de la abadía de Santa Escolástica y rector de un hospital para indigentes, cuya fiesta se celebraba el día 17 de septiembre.

Sin embargo, en los siglos precedentes al XVII, los documentos litúrgicos de aquella región, o sea, desde el siglo XII hasta el 1693, a quién recuerdan ese día 17 de septiembre es a San Flocello y en Le Mans lo que existía era una capilla dedicada a San Flocello y no a San Flaco; esta capilla llegó a convertirse en parroquia pero fue destruida en el año 1576. Quiero decir con esto, que muy probablemente, San Flaco no es más que un desdoblamiento de San Flocello, vamos, que no existió.

Antonio Barrero

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San Sixto II, Papa y compañeros, mártires

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Detalle del Santo en la Capilla Sixtina. Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

Detalle del Santo en la Capilla Sixtina. Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

Historia
El emperador Valeriano comenzó su reinado con una actitud de tolerancia hacia los cristianos, al parecer, influenciado por su esposa Salomina, pero hacia el año 257, instigado por su consejero Macriano, decretó una persecución en contra de los que profesaban la religión de Cristo; los motivos que propiciaron esta decisión se considera que son, por una parte, la necesidad de mantener la hegemonía del imperio romano y, puesto que había una continua amenaza de invasión por parte de los pueblos bárbaros, la doctrina cristiana que predica la fraternidad, la igualdad, el perdón, la caridad, la comunidad, era una seria amenaza en caso de que los cristianos tuvieran que hallarse frente a un estado de guerra; por otro lado, corrían las versiones de que los cristianos, al vivir en comunidad y con despego a los bienes materiales eran poseedores de riquezas fabulosas, cuyo precio era ambicionado para usarse en las arcas públicas.

Así pues, la persecución contra los cristianos fue muy dura, dirigida particularmente contra los pastores de la Iglesia: obispos, presbíteros y diáconos, con la finalidad de desestabilizarla al minar su jerarquía. Hubo dos edictos promulgados para este proyecto: uno en agosto de 257 y otro en 258, San Cipriano resume así la situación en su carta número 80 enviada a otro obispo: “Valeriano ha enviado un rescripto al Senado, según el cual, los obispos, presbíteros y diáconos deben ser ejecutados sin dilación, a los senadores y personas distinguidas, así como a los caballeros romanos, se les despojará de sus bienes y de su dignidad y si a pesar de ello perseveran en su condición de cristiano, se les decapitará, a las matronas se les confiscará sus bienes y se las desterrará, a los cesarianos que hayan profesado o profesen la fe cristiana, serán desposeídos de sus bienes y enviados en calidad de prisioneros a las prisiones del estado”.

Entre los primeros en caer víctimas de esta persecución, está el Papa San Esteban I, que murió martirizado el 2 de agosto de 257; entonces, en plena persecución, el día 30 de agosto siguiente, fue elegido como Obispo de Roma San Sixto II. Es el primer Papa que tiene un nombre que ya había sido usado en precedencia, por ello, luego de su muerte, se le adjudicó el cardinal de “segundo”, para diferenciarlos de su antecesor: San Sixto I. A nuestro santo se le considera ser originario de Grecia y se le ha llegado a confundir con el filósofo griego de nombre Sexto, de la corriente neopitagórica, con el afán de atribuirle sus obras, cuyas enseñanzas tenían valor para la comunidad cristiana. San Cipriano refiere que “era un hombre amador de la paz y excelente en toda clase de virtudes”.

San Sixto entrega a San Lorenzo los bienes de la Iglesia. Fresco de Fra Angelico, capilla de Nicolás V, Roma.

San Sixto entrega a San Lorenzo los bienes de la Iglesia. Fresco de Fra Angelico, capilla de Nicolás V, Roma.

Uno de los problemas heredados por su antecesor era precisamente el que sobrevenía luego de cada persecución: los lapsi. Para la comunidad cristiana había cinco categorías de creyentes que habían enfrentado la prueba: los mártires, que habían muerto por la fe, los confesores, que sufrieron tormentos por la fe, pero habían sobrevivido, los sacrificados, que habían ofrecido sacrificios a los ídolos, los incensados, que solamente habían ofrecido incienso ante los ídolos para guardar las apariencias y los libeláticos, que mediante la compra de un billete (libellus) se hacían pasar por paganos pero sin dejar de ser cristianos; con los dos primeros tipos no había dificultades, estás se darían con las tres siguientes cuando pasada la persecución, intentaran acercarse a la reconciliación.

En África se presentó de manera más intensa esta dificultad, al grado que se llegó a la postura de rebautizar a los caídos; San Cipriano hizo una consulta al respecto con el Papa San Esteban I quien se opuso a esta costumbre, indicando que el Bautismo no se podía reiterar; el Obispo de Cartago se sometió entonces a esta indicación, mas por obediencia que por convencimiento. De hecho, los rebautizamientos continuaron y, por esta razón, la comunión entre Roma y Cartago quedaron tirantes. Con el martirio de San Esteban I y la elección de San Sixto II, la cuestión se hizo menos tirante, pues este Papa tuvo la caridad necesaria y la habilidad diplomática para conciliar las posturas. Aceptó la coexistencia de tradiciones diversas y de prácticas divergentes en materia del Bautismo doble, su carácter conciliador restableció el resquebrajamiento eclesial. De hecho, fue casi hasta el año 400 cuando dejó de practicarse el doble bautismo.

También tocó a San Sixto II enfrentar uno de los periodos más difíciles del cristianismo primitivo, durante el cual también le correspondió dar testimonio de su fe en Cristo con el derramamiento de su sangre. Su pontificado fue breve, escasamente un año, pues la palma del martirio le llegó el 6 de agosto de 258.

San Sixto se despide de San Lorenzo. Fresco en la Basílica de San Lorenzo in Damaso, Roma, Italia.

San Sixto se despide de San Lorenzo. Fresco en la Basílica de San Lorenzo in Damaso, Roma, Italia.

Como era un hombre prudente, decidió apacentar oculto a su grey desde lugares discretos y con actitudes precavidas. Así, estando en la catacumba de San Calixto para celebrar la Eucaristía, sin que le valiera su estrategia, ese día celebrando los sagrados misterios, hubo una sorpresiva redada y un grupo de soldados que cumplía con el edicto, lo decapitaron allí mismo junto con cuatro de sus siete diáconos: Jenaro, Magno, Vicente y Esteban. Otros dos de sus diáconos, Felicísimo y Agapito, sufrirían el martirio en el cementerio de Pretextato, Los siete fueron sacrificados el mismo día. El último de los diáconos, San Lorenzo, sería martirizado cuatro días después.

Vale la pena recordar como la leyenda recuerda el último encuentro entre los dos santos: “¿Dónde vas querido padre sin tu hijo? ¿A dónde te apresuras santo sacerdote, sin tu diácono? Nunca antes montaste al altar de sacrificios sin tu servidor, ¿y ahora, deseas hacerlo sin mí?” Entonces el Papa le profetizó: “Dentro de cuatros días, tú me seguirás”. Esta escena es la que el arte ha inmortalizado en algunas obras pictóricas, sobresaliendo las creadas por el Beato Juan de Fiésole, “Fra Angelico”.

Relicario del Santo. Iglesia de Santa Maria de la Impruneta, Florencia (Italia).

Relicario del Santo. Iglesia de Santa Maria de la Impruneta, Florencia (Italia).

San Cipriano da noticia de su martirio por carta: “Sabed que Sixto, y con él, cuatro diáconos fueron ejecutados en el cementerio el día 6 de agosto”. Sin embargo, Prudencio, en su obra Peristephanon, contradice esta noticia de su decapitación al decir que fue crucificado; a menos que compare el martirio con una cruz de manera alegórica, no puede haber otra explicación, según deducen Luis Duchesne y Pablo Allard.

Luego de esta trágica diezmación en la Iglesia de Roma, la sede papal quedó vacante por espacio de un año, durante el cual, fue regida por un consejo de presbíteros hasta la elección del Papa San Dionisio.

Culto
En poco tiempo, San Sixto II se convirtió en uno de los santos más venerados por la Iglesia Romana, su nombre fue incluido en el Canon Romano de la misa, en el Martirologio y otros sacramentarios. Los restos de San Sixto fueron trasladados a la cripta papal del cementerio de San Calixto y dentro de su tumba fue puesta la silla manchada con su sangre vertida al ser decapitado. San Pascual I lo hizo trasladar luego a la Capilla “iuxta ferrata” dedicada a él y a San Fabián, en la antigua Basílica de San Pedro.

Una inscripción describe la muerte de San Sixto II haciéndole tomar la palabra: ”En el tiempo en que la espada desgarró las vísceras de la madre, yo, el pastor aquí sepultado, enseñaba los mandamientos del cielo. Llegan de improviso y se apoderan de mi mientras estoy sentado en mi cátedra, habían sido mandados unos soldados y el pueblo tendió el cuello a su espada. El anciano vio enseguida que deseaban recibir en su lugar la palma del martirio, y el fue el primero que ofreció su cabeza, a fin de que el impaciente furor de los enemigos no descargara sobre ningún otro. Cristo, que recompensa con la vida eterna, manifiesta el mérito del pastor y toma consigo al rebaño”.

Relicario del cráneo del Santo en Piacenza, Italia.

Relicario del cráneo del Santo en Piacenza, Italia.

La fiesta de San Sixto II y compañeros mártires se celebra el 7 de agosto, un día después de su muerte, ya que esa fecha está ocupada por la fiesta de la Transfiguración del Señor. Su celebración tiene el grado de memoria opcional y comparte la fecha con San Cayetano de Thiene. La pintura de Rafael, llamada la Madonna Sixtina, recibe su nombre porque el santo pontífice está representado en la misma.

Oración
Señor nuestro, que otorgaste al Papa San Sixto y a sus compañeros diáconos, la gracia de morir por la fe cristiana, concédenos la fortaleza del Espíritu para vivir conforme a las exigencias de la fe que profesamos. Por…

Humberto

preguntasantoral_anticopia_articulo20151230


Texto original en latínTexto en español
Te Deum laudamus:
te Dominum confitemur.
Te aeternum Patrem,
omnis terra veneratur.

Tibi omnes angeli,
tibi caeli et universae potestates:
tibi cherubim et seraphim,
incessabili voce proclamant:

Sanctus, Sanctus, Sanctus
Dominus Deus Sabaoth.
Pleni sunt caeli et terra
majestatis gloriae tuae.

Te gloriosus Apostolorum chorus,
te prophetarum laudabilis numerus,
te martyrum candidatus laudat exercitus.

Te per orbem terrarum
sancta confitetur Ecclesia,
Patrem immensae maiestatis;
venerandum tuum verum et unicum Filium;
Sanctum quoque Paraclitum Spiritum.

Tu rex gloriae, Christe.
Tu Patris sempiternus es Filius.
Tu, ad liberandum suscepturus hominem,
non horruisti Virginis uterum.

Tu, devicto mortis aculeo,
aperuisti credentibus regna caelorum.
Tu ad dexteram Dei sedes,
in gloria Patris.

Iudex crederis esse venturus.

Te ergo quaesumus, tuis famulis subveni,
quos pretioso sanguine redemisti.
Aeterna fac
cum sanctis tuis in gloria numerari.

Salvum fac populum tuum, Domine,
et benedic hereditati tuae.
Et rege eos,
et extolle illos usque in aeternum.

Per singulos dies benedicimus te;
et laudamus nomen tuum in saeculum,
et in saeculum saeculi.

Dignare, Domine, die isto
sine peccato nos custodire.
Miserere nostri, Domine,
miserere nostri.

Fiat misericordia tua, Domine, super nos,
quemadmodum speravimus in te.
In te, Domine, speravi:
non confundar in aeternum.
A ti, oh Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre,
te venera toda la creación.

Los ángeles todos, los cielos
y todas las potestades te honran.
Los querubines y serafines
te cantan sin cesar:

Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios de los ejércitos.
Los cielos y la tierra
están llenos de la majestad de tu gloria.

A ti te ensalza el glorioso coro de los apóstoles,
la multitud admirable de los profetas,
el blanco ejército de los mártires.

A ti la Iglesia santa,
extendida por toda la tierra,te aclama:
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, defensor.

Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre,
aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen.

Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el Reino de los Cielos.
Tú sentado a la derecha de Dios
en la gloria del Padre.

Creemos que un día has de venir como juez.

Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna
nos asociemos a tus santos.

Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice tu heredad.
Sé su pastor
y ensálzalo eternamente.

Día tras día te bendecimos
y alabamos tu nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.

Dígnate, Señor, en este día
guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.

Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié,
no me veré defraudado para siempre

Oremus:
Deus, cuius misericordiae non est numerus, et bonitatis infinitus est thesaurus, piissimae Majestati tuae pro collatis donis gratias agimus, tuam semper clementiam exorantes: ut qui petentibus postulata concedis, eosdem non deserens, ad praemia futura disponas. Amen.

Bibliografía:
– VVAA Año Cristiano VIII agosto, editorial BAC, Madrid, 2003, pp 153-158.
– VVAA Nuevo Año Cristiano agosto, editorial EDIBESA, Madrid, pp 160-162.
– VVAA Diccionario de los Santos Volumen II Ediciones San Pablo, Madrid, pp 2081-2082.
– LODI Enzo, Los Santos del Calendario Romano, orar con los santos en la liturgia, Ediciones San Pablo, Madrid, pp. 274-276.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San León IX, papa

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Detalle del Santo en un mosaico moderno de Mont-Sainte-Odile, Alsacia.

Detalle del Santo en un mosaico moderno de Mont-Sainte-Odile, Alsacia.

Introducción
San León IX ocupa un lugar insigne dentro de la historia de Papado, pues con su actividad pastoral impulsó a la Iglesia a salir de un estado de decadencia y a gestar el movimiento de reforma que llegaría a su esplendor con San Gregorio VII y los Papas que le siguieron. Fue un hombre que configuró en su estilo el ser pastor sin dejar de dar importancia a las actividades curiales de la Santa Sede, teniendo la visión de salir de las oficinas de la Curia y ser un mensajero del Evangelio.

Infancia y juventud
Bruno de Egisheim-Dagsburg nació el 21 de junio de 1002, en Eguisheim, en el seno de la familia de los Condes de Alsacia, estando por ello emparentado con los Emperadores Conrado II y Enrique III. De pequeño estudió en la escuela episcopal de Toul, junto con su primo Aldaberón, que sería Obispo de Metz. Bruno fue un joven de cualidades de espíritu aunque algo enfermizo, obteniendo la curación de su salud gracias a la intercesión de San Benito abad. Con un estado sano, decide ingresar en el estado eclesiástico, cursando los estudios con notables resultados, ganándose por esto la confianza del Obispo Hermann de Toul. Por este tiempo conoció la obra reformadora de los cluniacenses y otras órdenes monásticas. Por el ascendiente que tenía su familia con el Emperador Conrado II, obtuvo un cargo de alto rango en la corte imperial; él, sin embargo, a pesar del cargo, se comportó con humildad y sencillez, gran calidad humana, sirviendo a las personas comunes y corrientes con calidad, amabilidad, teniendo por ello notable popularidad y recibiendo por esta razón el apodo de “el buen Bruno”.

Relicario del cráneo en su localidad natal.

Relicario del cráneo en su localidad natal.

Obispo
Al morir el Obispo Herman de Toul, los eclesiásticos y el pueblo eligieron a Bruno como nuevo obispo, elección que él aceptó porque era el episcopado de una diócesis pobre, comenzando pronto un ministerio lleno de entusiasmo y con el propósito de fomentar la reforma eclesiástica. Fue un obispo humilde, paciente, lleno de tenacidad, hombre de acción y buenas intenciones, por lo que pronto se ganó la simpatía de sus diocesanos. Ejerció una fecunda labor pastoral desde el año 1026, en que fue consagrado obispo hasta el año 1048, en que ocupó la Cátedra de San Pedro. Como obispo supo defender sus derechos con firmeza y sin herir susceptibilidades frente al metropolitano de Worms; celebró varios sínodos diocesanos, estableció lazos fraternos con los obispos circunvecinos y participó en algunos concilios provinciales, siempre con afán de promover la reforma de la Iglesia. Tuvo mucha simpatía por las órdenes monásticas, especialmente por la obra de Cluny. El obispo Bruno se relacionó con hombres que tenían el deseo de renovar y purificar a la Iglesia, proyecto que los Papas Clemente II y Dámaso II se proponían implementar, pero que por la brevedad de sus pontificados no se pudo cristalizar.

Papa
A la muerte de Dámaso II, una embajada de la lglesia de Roma se entrevistó con el emperador Enrique III para solicitar su apoyo y que la Sede de San Pedro fuera ocupada por el arzobispo Halinard de Lyon, quien rechazó decididamente esta propuesta. Con este resultado, el soberano convocó una dieta en Worms en 1048, donde Bruno resultó elegido Papa. Él mismo participaba en esa reunión y quedó sorprendido y contrariado por la elección, pidiendo tres días para dar una respuesta definitiva, luego de los cuales, habiendo orado y reflexionado profundamente y descubriendo que esa era la voluntad de Dios, aceptó pero poniendo solamente una condición: que el clero y el pueblo de Roma lo ratificaran como su obispo. Allá fue en diciembre de 1048 y fue presentado en la Basílica de San Pedro por el arzobispo de Tréveris como el candidato del emperador, aclamado por el clero y el pueblo allí presentes, Bruno se inclinó humildemente y aceptó el cargo, tomando el nombre de León IX. Fue un Papa inflamado del amor de Dios y partidario de la reforma en la Iglesia, era el pastor que se necesitaba en esos momentos. Entre los primeros aciertos que tuvo para promover esta reforma, fue el de tener contacto con hombres que tuvieran también este proyecto: San Hugo, abad de Cluny, San Pedro Damián y el referido arzobispo Halinard de Lyon. También llamó al valiente y decidido Hildebrando, a quién luego San Gregorio VII, nombró archidiácono y secretario pontificio. Supo maniobrar con destreza al Colegio Cardenalicio, haciendo de él un instrumento eficaz y dócil, incluyendo en él a eclesiásticos no romanos, como a Hugo Cándido y Humberto de Silva Cándida.

Sepulcro en la basílica vaticana.

Sepulcro en la basílica vaticana.

Reforma
Dos llagas herían escandalosamente por entonces a la Iglesia: la simonía y el concubinato de los eclesiásticos, señalándose a ambos como los abusos fundamentales que originaban otros males. Para corregir estos desvíos, San León IX se valió de Sínodos y Concilios Provinciales, comenzando por Roma y luego en otras Provincias eclesiásticas, de donde emanaban disposiciones para corregir estos pecados. Las fuentes antiguas refieren como San León IX estuvo movido por el amor de Dios y por la salvación de las almas, haciendo por ello varias peregrinaciones fuera de Roma. Este término lo conocemos ahora como Viajes Apostólicos. Así, pues, visitó Italia, Alemania y Francia, presidiendo en 1049 dos fructíferos Concilios en Reims y Maguncia. Por esta razón, el Papado se impulsó como la autoridad que gobierna a la Iglesia Católica y de ser un concepto apenas distinguible, se convirtió en una fuerza eficaz y tangible. Luego de dos sínodos en Roma y Pavía para los domingos de Cuasimodo y Pentecostés respectivamente, donde asentó las bases de su proyecto reformador, fue a Colonia, donde se reunió con el emperador Enrique III, su primo e íntimo amigo, celebrando con él y allí, la fiesta de San Pedro y San Pablo. Pasó también por Aquisgrán, Maguncia y Toul su antigua diócesis, festejando allí el 14 de septiembre la Exaltación de la Santa Cruz. Entretanto, el Concilio de Reims se había convocado teniendo la oposición del rey de Francia, Enrique I; allí llegó San León IX el 29 de septiembre y el día 1 de octubre consagró la Iglesia Abacial de San Remigio.

En Reims se realizó uno de los Concilios Provinciales más célebres de Francia y de Europa. El canciller Hildebrando transmitió la razón de esta convocación: “A la simonía, a la usurpación de los laicos de los cargos y rentas eclesiásticas, al desprecio de las más grandes leyes del matrimonio, etc, se invitaba a reflexionar delante de Dios”. El Concilio tuvo efectos positivos, aunque durante su desarrollo y posteriormente hubo quienes se opusieron porque no se avenían a entrar en el camino de la conversión, de la transformación y del cambio. San León IX tuvo la habilidad para, con prudencia concertar y consumar el cambio que necesitaba la Iglesia. Concluido el Concilio, se dirigió a Alemania, pasando por Verdún y Metz, consagrando sendas iglesias en estos lugares. En Maguncia presidió otro Concilio Provincial, que fue una continuación del de Reims, luego estuvo en Alsacia, Habsbugo y Constanza, celebró la Navidad en Verona y a comienzos de 1050 estaba de vuelta en Roma. El trabajo de reforma de San León IX se logró gracias a un trabajo de equipo, donde sobresalió Hildebrando, pero fue mérito de este Papa el haber programado y detallado este proceso.

Pintura decimonónica del Santo.

Pintura decimonónica del Santo.

Sombras
Si en el ámbito eclesial su pontificado fue afortunado, no lo fue en cambio en el ámbito de la política y de la unidad eclesial con Constantinopla. Desde principios del siglo XI, los normandos se habían asentado en el sur de Italia y en su avance dejaban una estela de destrucción y de muerte, devastando también las provincias eclesiásticas en un afán por derrotar a los musulmanes y a los griegos para luego someterlos. San León IX trató de unirse a los griegos para detener este avance, pero no logró ningún acuerdo, por lo que pidió ayuda a Enrique III, quien exigió a cambio, unas concesiones al Papa. Sin embargo, el apoyo que envió, en la mayoría de los casos, las tropas tuvieron que regresar a Alemania por diversas circunstancias. Sin darse por vencido, San León IX siguió con su campaña, siendo derrotado con su ejército en Civitate, donde fue hecho prisionero. Para lograr su liberación, tuvo que ceder a los francos estos territorios como feudo. Poco tiempo después, consumido por la empresa y las emociones, murió el 19 de abril de 1054.

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En su tiempo se consumó la separación entre la Iglesia Ortodoxa y la Iglesia Católica. Este doloroso episodio tuvo una gestación de tiempo atrás, que tuvo su culmen cuando San León IX envió una legación a Constantinopla buscando un apoyo contra los normandos. La delegación estaba integrada por el Cardenal Humberto de Silva Cándida y por los arzobispos Federico de Lorena y Pedro de Amalfi. La falta de táctica diplomática y caridad de estos prelados se expuso ante las torpes actitudes del Patriarca Miguel I Cerulario, que poco antes había amenazado con clausurar todas las iglesias de la ciudad que no celebraran en rito griego. El Cardenal Humberto de Silva Candida puso entonces en duda la legitimidad del Patriarca y éste se negó entonces a recibir a los delegados de Roma. El purpurado escribió un libro titulado “Diálogo entre un romano y un constantinopolitano” donde critica las costumbres griegas y luego redactó la bula de excomunión que depositó en el altar de la Basílica de Santa Sofía el 16 de julio de 1054, tras lo cual, la delegación abandonó la ciudad. La reacción inmediata ocurrió el 24 de julio siguiente, cuando se excomulgó al Cardenal Humberto y a su séquito, desde entonces, el nombre del Papa se borró de la liturgia en Constantinopla y las iglesias quedaron cerradas para el culto latino. Es oportuno señalar aquí que este lamentable suceso no se debió a la decadencia del Papado, pues estos defectos no causaron tales desperfectos en los siglos X y XI, cuando la Iglesia occidental y con ella el Papado llegaron a su mayor desprestigio. Este episodio ocurrió luego del pontificado de San León IX, cuando se avanzaba en la reforma y rehabilitación. Por otro lado, éste Santo no pudo intervenir en el curso de los acontecimientos, pues la mutua excomunión se realizó cuando este ya había muerto, con lo que incluso quedan en entredicho las facultades del Cardenal legado.

Escultura del Santo en la abadía de Altfort, Francia.

Escultura del Santo en la abadía de Altfort, Francia.

Durante sus últimos días, San León IX, sintiéndose herido de muerte, manifestó una vida llena de piedad y de resignación cristiana, mostrando así como debe morir un creyente. El pueblo romano sintió hondamente su muerte, que ocurrió cuando apenas contaba con 52 años. Sobre su tumba se grabó este epitafio: “Roma vencedora está dolida al quedar viuda de León IX, segura de que, entre muchos, no tendrá un padre como él”. El suyo fue un pontificado pleno, lleno de incansable actividad y de dedicación apasionada, motivado por el amor de Dios, encarriló la reforma eclesiástica que luego llegaría a su perfecto desarrollo.

Humberto

Bibliografía:
– VVAA, Año Cristiano IV abril, Editorial BAC, Madrid, 2003, pp. 407-414.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es