Los santos y el sufrimiento (II)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía del Siervo de Dios Angelo Bonetta.

Fotografía del Siervo de Dios Angelo Bonetta.

Siervo de Dios Angelo Bonetta
Cigole (Brescia), 18 de septiembre de 1948 – 28 de enero de 1963

Como las chispas de un fuego crepitante, el aumento de brillantes y ardientes, que no llegan todos a la misma altura, muriendo unos antes que otros o que caen en el fuego que los generó, así, entre los seres humanos, hay ciertas almas que todavía viven en la juventud de la vida, antes de volver al Padre, sin llegar a ver un largo camino en su existencia. Este es el caso de tantos niños, adolescentes y jóvenes, afectados plenamente en su desarrollo físico y mental por enfermedades incurables o por accidentes mortales; la pérdida de los parientes es aun mucho mayor, cuando el Calvario es prolongado pero el final, sin embargo, es seguro. El sufrimiento vivido por los jóvenes y adolescentes es aún más desgarrador, porque junto al dolor es visible una vitalidad propia de la edad, que por la enfermedad lo comprime y bloquea permaneciendo en el lecho del dolor. Pero también en muchos casos sorprende la serenidad y la aceptación de la voluntad de Dios, a veces difícil de encontrar entre los adultos.

La Iglesia, la comunidad parroquial y civil, las asociaciones, los mismos parientes y amigos, lo han hecho después de la muerte prematura transmitiendo los mensajes recibidos de ellos, aunque sea en su breve vida terrenal, pero especialmente ayudando con ejemplos al distraido, frenético y convulso mundo de los jóvenes de hoy en día. Algunos son Siervos de Dios, otros son Venerables e incluso Santos y Beatos a los que llamamos o definimos como “testigos de la fe de nuestro tiempo”. Citemos a algunos de estos jóvenes, que son explendores de la fe cristiana, ángeles que pasan por la tierra dejando una luminoso estela de virtud, pureza, ejemplos y amor: Silvio Dissegna de doce años, de Moncalieri; Aldo Blundo de quince años, de Napoles; Angela Iacobellis de treve años, de Napoles; José Ottone de trece años, de Torre Annunziata; Maggiorino Vigolungo de catorce años, de Benevello (Cuneo); Maricarmen Gonzalez-Valerio, de nueve años y española; Laura Vicuña de trece años y chilena; Santo Domingo Savio de quince años y de Torino; Aldo Marcozzi, de catorce años y de Milano; Paola Adamo, de quince años y de Taranto; Ninni Di Leo, de dieciseis años y de Palermo; Pedro Percumas de diecinueve años y lituano; Domenico Zamberletti de trece años y de Varese; Willy De Koster, mexicano de diez años, etc.

A ellos hay que añadir al Siervo de Dios Ángel Bonetta, de catorce años de edad, o sea, un adolescente, que nació el 18 de septiembre del 1948 en Brescia, hijo de Francisco Bonetta y de Julia Scarlatti. Vivísimo e inteligente, como siempre suele decirse, estaba siempre dispuesto a crear problemas uno detrás del otro provocando una fuerte reacción de sus padres. Pero en el ámbito de esta vivacidad se vio obligado a echar el freno a causa de su pasión por la natación. Con la complicidad de su hermana y ocultándoselo a sus padres, iba a menudo a nadar al río Mella, que es un río peligroso como casi todos los ríos. Pero si su hermana confesaba a sus padres la escapada de Ángel, estos le prohibían que fuera a nadar al río. Por eso tuvo que echar el freno.

El Siervo de Dios Ángel Bonetta postrado en su lecho.

El Siervo de Dios Ángel Bonetta postrado en su lecho.

Frecuentó el asilo de las Canosianas que, vigilantes y atentas, notaron la fuerte inclinación del niño hacia la oración. Tenía una profunda devoción a Jesús, que se llegó a acrecentar con los años por el amor a la Eucaristía y al sacramento de la confesión. Las hermanas canosianas fueron siempre para Ángel como una segunda familia y su escuela, como una segunda casa. Su bondad se vía en sus ojos que eran brillantes y sinceros.

El 14 de abril del 1955, con seis años de edad y preparado por las Hermanas Canosianas, recibió la primera comunión. Entusiasmado actuaba como monaguillo en la Misa dominical, era simpático con los amigos y con los más pequeños, jugaba muy bien al fútbol, especialmente arbitrando con la confianza de todos sus compañeros. Terminada la escuala elemental, con once años de edad entró en un colegio de Brescia para continuar sus estudios, más apenas pasados quince días comenzó visiblemente a cojear debido a un terrible dolor en una rodilla. Informados sus padres, fue ingresado en un hospital de Brescia, donde después de realizarle unas exhaustivas pruebas se le diagnosticó un tumor. Así inició un largo y doloroso Calvario, entre cuidados intensivos y hospitalizaciones que terminaron con la amputación de una pierna el día 2 de mayo del 1961. El período postoperatorio fue muy difícil, debido a que a los fortísimos dolores físicos se le sumaron los síquicos originados al saber que había perdido una pierna.

Solo tenía doce años de edad y en los momentos más difíciles encontró la fuerza al invocar la ayuda de Jesús y de la Virgen: “Señor, te ofrezco todo por los pobres pecadores, pero ayúdame Tu a no negarte nada”. En la mesilla de noche tenía la historia de los niños videntes de Fátima, a quienes la Virgen María había invitado a ofrecer penitencias y oración por la conversión de los pecadores y Ángel (o Angelino) como le llamaban, estaba destinado a imitarlos. En su larga convalecencia en el hospital conoció el Centro Voluntario del Sufrimiento y allí se convenció de que un enfermo que tiene un mínimo de fuerzas, debe ofrecerlas a Jesús Crucificado para conseguir la salvación del mundo. Y así, fue invitado a orar y a ofrecer sus sufrimientos por un anciano protestante de sesenta años de edad que estaba lejos de recibir los sacramentos y por un joven ateo inflexible.

Foto de su sepultura.

Foto de su sepultura.

De vuelta a casa, le organizaron una fiesta, pero sus amigos, avergonzados y tristes por su pierna perdida, no estaban de humor para divertirse. A Angelino se le ocurrió una broma para romper el hielo ante el asombro de todos los presentes: “¿Qué pasa con esas caras? ¿Esta es una fiesta? Mirad el lado positivo porque ahora me voy a lavar los pies y a cortarme las uñas”. El deterioro no lo detuvo, siempre estaba bromeando y de buen humor moviéndose fácilmente con las muletas. En agosto del año 1961 en los ejercicios espirituales realizados en Re (Novara) por Voluntarios del Sufrimiento, se convirtió en un amigo de todos y en un modelo para los enfermos. Minimizando su mal, comenzó a consolar a los pacientes de las distintas salas del hospital donde era ingresado de vez en cuando, instando a todos a tener una tranquila resignación y a coger fuerzas con la oración.

Pero este adolescente deseaba donarse aun más completamente a Dios, aunque sin embargo, su corta edad podría ser un impedimento. De este pequeño apóstol, se acordó el Beato Luis Novarese, fundador de los Voluntarios del Sufrimiento, quién en mayo de 1962 invitó a Angelino a prepararse para consagrarse al Señor. El 21 de septiembre de 1962, con algo menos de catorce años, pronunció los votos de pobreza, castidad y obediencia, en la Asociación de los “Silenciosos Operarios de la Cruz”, fundados también por don Novarese el 1 de noviembre del año 1950. Esta fue la alegría más grande que recibió en aquellos años de dolor, ya que veinte días más tarde, el 12 de octubre de 1962 se vio obligado a quedarse en cama de la que ya nunca se levantaría. No obstante la amputación, el tumor avanzaba en su joven cuerpo, originándole otros largos meses de sufrimiento, que fueron útiles para que consiguiera el Paraiso y la conversión de algunas almas.

Una noche le dijo a su madre: “Si yo muero pronto, ¿tú que harás?” Y ella respondió inmediatamente: “Siempre cumpliremos la voluntad de Dios”. Esta sublime afirmación iluminó a Ángel que veía presente su hora de partida hacia el Paraiso. El 27 de enero de 1963, el párroco lo confesó, le llevó la Eucaristía como Viático y le administró la Unción de los Enfermos. Cerca de la medianoche, Ángel invitó a rezar a los presentes y se quedó dormido. Sobre las dos de la madrugada, se despertó y mirando dulcemente a su madre, le dijo: “Mamá, estamos aquí. Esta es mi hora” y mirando a una imagen de la Virgen que estaba sobre su mesilla de noche, se durmió en el Señor. Era el 28 de enero de 1963. El 19 de mayo de 1998 fue abierta su Causa de beatificación.

Fotografía de la Beata Clara Luz Badano

Fotografía de la Beata Clara Luz Badano

Beata Clara Luce Badano
Vivía en Sassello, con su padre Ruggero, que era camionero y con su madre María Teresa, que era ama de casa. De fuerte carácter, dura, desinteresada, de rasgos finos y ojos claros grandes, de sonrisa abierta, le encantaba la nieve y el mar y practicaba muchos deportes. Sentía cierta debilidad por las personas ancianas a las que cubría de atenciones. Con nueve años de edad, conoció a los “Focolarini” de Clara Lubich entrando a formar parte de ellos. En la lectura de sus cuadernos subyace la alegría y el asombro por descubrir la vida. Terminado el preescolar en Sassello, se marchó a Savona donde asistió a la escuela primaria.

Con seis años de edad, durante una partida de tenis, sintió sus primeros dolores en la espalda: el primer diagnóstico fue un callo óseo, que se convirtió en un osteosarcoma después de realizarle unos análisis. Fueron inútiles las intervenciones en la columna vertebral, la quimioterapia, llegando pronto los espasmos y la paralización de las piernas. Rechazaba la morfina porque le quitaba lucidez. Quiso estar informada de todo sin perder nunca su habitual sonrisa. Algunos médicos, no practicantes, le aconsejaban recurrir a Dios.

Su habitación, primero en el hospital y posteriormente en su casa, se convirtió en una pequeña iglesia, lugar de encuentro y de apostolado: “Lo importante es hacer la voluntad de Dios…, es mantener su juego, pues otro mundo está esperando por mi. Me siento envuelta en un hermoso diseño que, poco a poco, se revela en mi… Me gustó mucho el ciclismo, pero Dios me ha quitado las piernas, aunque me dio alas…”. Clara Libich, que la seguía de cerca durante toda su enfermedad, le escribió una carta que la llenó de alegría.

Monseñor Livio Maritano, el obispo diocesano, la recuerda así: ”En ella se sentía la presencia del Espíritu Santo que la hizo capaz de convencer a la gente que se acercaban a ella, por su amor a Dios y a los hombres. Regaló a todos una experiencia muy rara y muy ecepcional”. En sus últimos días, Clara apenas podía hablar, pero quiso prepararse para encontrarse con su Esposo eligiendo un sencillo vestido blanco, muy simple, con una banda de color rosa. Llamó a una amiga para ver cómo le sentaba y dijo a su madre cómo quería que la peinase y con qué flores engalanara la iglesia, que canciones y qué lecturas quería para su funeral, porque el rito tenía que ser una fiesta.

Sus últimas palabras fueron: “Mamá, se feliz porque yo lo soy. ¡Adiós!”. Murió al amanecer del día 7 de octubre de 1990. Desde entonces, su tumba en Sassello es meta de peregrinaciones, sobre todo de jóvenes que le llevan flores, cartas, ofertas para sus negritos de África y peticiones de gracias. El proceso de su Causa de beatificación, después de la clausura de su fase preliminar diocesana, iniciada el 7 de diciembre de 1998, prosiguió en Roma desde el 7 de octubre del año 2000 hasta su beatificación por SS. Benedicto XVI el 25 de septiembre de 2010.

Fotografía de Gema Galgani, tomada cuando tenía 22 años de edad.

Fotografía de Gema Galgani, tomada cuando tenía 22 años de edad.

Santa Gema Galgani
Bogonuevo (Lucca), 12 de marzo de1878 – 11 de abril de 1903

Gema Galgani nació el 12 de marzo del año 1878 en Bogonuovo (Lucca), recibiendo el bautismo al día siguiente de su nacimiento, El 26 de mayo del 1885, en la iglesia de San Michele in Foro, el arzobispo de Lucca le administró la confirmación. Su madre Aurelia murió en el mes de septiembre de 1886, lo que le produjo un gran dolor, así como la muerte de su hermano Gino, que era seminarista y que ocurrió en el año 1894 cuando apenas tenía dieciocho años de edad.

En el año 1895, Gema recibió la inspiración de seguir con empeño y decisión la vida de la cruz como si fuera el itinenario del cristiano. Tuvo algunas visiones de su ángel custodio que le recordaba que las joyas de una esposa del Crucificado eran la cruz y la corona de espinas. El 11 de noviembre de 1897 murió también su padre Enrique y las miserables condiciones de vida de la familia la obligaron a dejar su casa en la calle San Jorge para cambiarse a otra más modesta en la calle del Biscione, nº 13. Estuvo un cierto tiempo en Camaiore, junto con una tía que había querido llevársela consigo después de la muerte de su padre, pero en el otoño del año 1899, enfermó gravemente y retornó a su casa.

Los meses del invierno marcaron un gran sufrimiento para toda la familia debido a las penurias económicas propias de toda familia numerosa, porque además de dos tías llamadas Elisa y Elena, estaban los hermanos de Gema: Gil, Héctor y Tonino y las hermanas, Angelina y Julieta. Gil, que era el hermano mayor, estudiaba en Pisa y después de licenciarse en farmacia, trató de ayudar a su familia trabajando en el hospital de Lucca. También, con el sacrificio de todos, Totino estudiaba en Pisa. Durante el período de su enfermedad, Gema leía la biografía del venerable pasionista Gabriel de la Dolorosa (hoy santo) y tuvo la aparición del venerable que le dio palabras de consuelo.

La Santa en éxtasis. Lienzo basado en una fotografía real.

La Santa en éxtasis. Lienzo basado en una fotografía real.

En ese tiempo, maduró en ella una decisión y en la tarde del 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada, hizo voto de virginidad. La noche siguiente, el venerable Gabriel se le apareció de nuevo llamándola “hermana mía” y dandole para que lo besara el emblema de los pasionistas que llevaba en el pecho. En el mes de enero, siendo baldías todas las terapias médicas, la enfermedad de Gema (una osteítis en las vértebras lumbares con absceso inguinal) llegó a paralizarle las piernas. Para agravar la situación, el 28 de enero apareció una otitis purulenta que le afectó el mastoides. En aquellos días, su hermano Gil se marchó a Bagni di San Giuliano donde obtuvo una farmacia. Gema siguió recibiendo el consuelo de las visiones del venerable Gabriel y de su ángel custodio, pero tentada por el demonio, logró vencerlo con la ayuda de Gabriel, que se había convertido en su guía espiritual.

El 2 de febrero los médicos la dieron por desahuciada; según ellos, no pasaría de aquella noche, pero Gema entre indecibles sufrimientos, sigue pasando sus días en oración. El 3 de marzo es el primer viernes del mes y la joven ha terminado una novena en honor de la entonces Beata Margarita María de Alacoque, pero al acercarse a la Eucaristía, se produce una curación milagrosa. El 23 del mismo mes, de vueltas a casa después de comulgar, Gema tuvo otra visión del venerable Gabriel que le indicaba el Calvario como su meta final. El 30 de marzo, Jueves Santo, estando Gema en oración cumpliendo la “Hora Santa” en unión con Jesús en el Huerto de los Olivos, se le aparece el mismo Cristo herido y sufriente. El mes de abril siguiente, preocupada por no saber amar a Jesús, Gema se encuentra nuevamente delante del Crucifijo y escucha palabras de amor: Jesús la ha amado hasta la muerte y es el sufrimiento el que enseña a amar.

Matrimonio místico de Santa Gema, en presencia de su ángel de la guarda. Lienzo contemporáneo.

Matrimonio místico de Santa Gema, en presencia de su ángel de la guarda. Lienzo contemporáneo.

El 8 de junio, después de haberse acercado a la Eucaristía, Jesús se le aparece anunciándole una enorme gracia. Ella siente el peso de los pecados, pero tiene una vivisón de la Virgen, del ángel custodio y de Jesús. María, en nombre de su Hijo perdona los pecados y le pide que su misión sea que de las heridas de Jesús no salga más sangre y con llamas de fuego toca las manos, los pies y el corazón de Gema. Ella se siente morir, está a punto de caerse al suelo, pero Maria la abraza y le besa la frente. Gema está arrodillada, en la tierra, con un fortísimo dolor en las manos, en los pies y en el corazón, del que le sale sangre, pero estos dolores no la afligen sino que le dan una paz perfecta. A la mañana siguiente se acercó a comulgar con las manos tapadas. Los dolores le duraron hasta las tres de la tarde del viernes, fiesta del Sagrado Corazón de Jesús.

Desde aquella tarde, todas las semanas, Jesús llamó a Gema para que ejerciera con Él la obra de la salvación, uniéndola a todos sus sufrimientos físicos y espirituales. Esta grandísima gracia, para Gema fue motivo de inefables alegrías pero también de profundos dolores. En su casa había confusion e incredulidad por lo que le ocurría; a Gema la regañaban sus tías y sus hermanos, a veces se veía ridiculizada y burlada por sus hermanas, pero ella lo soportaba en silencio y esperaba. En los meses de aquel verano conoció a los padres Pasionistas comprometidos en una misión popular en la Catedral; uno de ellos entró en la casa de los Giannini. Gema conocía ya a la señora Cecilia con la que había iniciado una verdadera y profunda amistad, por lo que era para ella como una segunda madre y en enero del 1900 comienza a escribirle al padre Germán – el sacerdote pasionista al que había conocido -, encontrándose con el personalmente en el mes de septiembre. También en septiembre, Gema abandonaba definitivamente a su familia para irse a vivir a la casa Giannini, volviendo a su casa solo en raras ocasiones para consolar a su hermana Julieta.

Relicario con el corazón de la Santa. Santuario de Santa Gema Galgani, Madrid (España)

Relicario con el corazón de la Santa. Santuario de Santa Gema Galgani, Madrid (España)

En el mes de mayo del año siguiente, Gema enfermó de nuevo, se repone pero recae en octubre. Mientras tanto, mueren su hermana Julia (el 19 de agosto) y su hermano Tonino (el 21 de octubre). El 24 de enero, por orden médica, la familia Giannini debe transferir a Gema a un apartamento alquilado por su tía Elisa, viviendo allí Gema la experiencia del abandono de Jesús en la cruz y el silencio de Dios. Es fuertemente tentada por el demonio, pero su fe no se viene abajo, no perderá la paciencia y siempre estará llena de amor y de reconocimiento hacia quienes la atienden en su enfermedad. Al mediodía del 11 de abril del 1903, Sábado Santo, como antes se hacía, las campanas anuncian la resurrección de Cristo y a las dos menos cuarto de la tarde, Gema se dormirá en el Señor asistida amorosamente por la familia Giannini.

El 14 de mayo de 1933 el Papa Pío XI incluirá su nombre entre los beatos de la Iglesia. El 2 de mayo de 1940 el Papa Pío XII reconociendo la práctica heroica de sus virtudes, la elevará a la gloria de los santos y la pondrá como modelo para la Iglesia universal. Su fiesta se celebrará el 11 de abril, mientras que en la Familia Pasionista y en la diócesis de lucca, se la festejará el 16 de mayo.

Damiano Grenci

Bibliografía y sitios:
* AA. VV. – Biblioteca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi) – Voll. 1-12 e I-II-III appendice – Ed. Città Nuova
* C.E.I. – Martirologio Romano – Libreria Editrice Vaticana – 2007 – pp. 1142
* Grenci Damiano Marco – Archivo privado iconográfico y hagiografico: 1977 – 2008
* Dora Samà – “La vita nascosta in Cristo. La Monachella di San Bruno”, Sud Grafica Marina di Davoli (2006)
* AA. VV. de santibeati.it

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Los Santos y el gato (II)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Icono de Santa Clara con la gata. Obra del hermano Robert Lentz, OFM.

Icono de Santa Clara con la gata. Obra del hermano Robert Lentz, OFM.

Otro caso de gato caritativo lo hallamos en la vida de Clara de Asís. Santa Clara, que el Martirologio Romano recuerda el 11 de agosto: “Memoria de Santa Clara, virgen, que fue el primer retoño de las Pobres Señoras de la Orden de los Menores, siguió a San Francisco, llevando en Asís de Umbría una vida áspera, pero rica en obras de caridad y de piedad; insigne amante de la pobreza, de la cual nunca, ni en la extrema indigencia ni en la enfermedad, quiso ser separada”.

Clara sólo tenía doce años, habiendo nacido en 1194 de noble y rica familia -los Offreducci-, cuando Francisco de Asís tuvo el gesto de despojarse de todos sus vestidos para devolvérselos a su padre Bernardone. Conquistada por el ejemplo de San Francisco, la joven Clara, siete años después, huyó de casa para unirse a él en la Porciúncula. El Santo le cortó los cabellos y le impuso el sayo franciscano, para después conducirla al monasterio benedictino de San Pablo en Bastia Umbra, donde su padre intentó, en vano, convencerla de que volviese a casa. Se refugió entonces en la iglesia de San Damián, en la cual fundó la Orden femenina de las “pobres reclusas” (hoy clarisas), de la cual fue nombrada abadesa y donde Francisco dictó una primera Regla. Clara escribió posteriormente una Regla definitiva, solicitando y obteniendo de Gregorio IX el “privilegio de la pobreza”. Por haber contemplado, en una Nochebuena, sobre las paredes de su celda el pesebre y los ritos de las funciones solemnes que tenían lugar en Santa María de los Ángeles, fue elegida por el papa Pío XII como patrona de la televisión. Heredera del espíritu franciscano, se preocupó de difundirlo, distinguiéndose por su culto hacia el Santísimo Sacramento, que salvó el convento de los sarracenos en 1243. Murió en Asís el 11 de agosto de 1253.

En la vida de Santa Clara aparece una gata. Su presencia está atestada en los procesos para su canonización. Se cuenta que Santa Clara, enferma en su lecho, necesitaba cierta toalla, pero no encontrando a quien se la pudiera traer, una gata empezó a arrastrar la toalla hacia ella, llevándosela como podía. Pero la Santa la riñó, porque se la traía arrastrándola por el suelo. Entonces la gata, como si la hubiera entendido perfectamente, recogió y plegó la toalla, cuidando que no tocase el suelo, y se la llevó.

Tabla gótica de San Luis de Tolosa coronando a Roberto de Anjou, rey de Nápoles. Obra de Simone Martini (ca. 1317). Museo de Capodimonte, Nápoles (Italia).

Tabla gótica de San Luis de Tolosa coronando a Roberto de Anjou, rey de Nápoles. Obra de Simone Martini (ca. 1317). Museo de Capodimonte, Nápoles (Italia).

Después del gato caritativo, hallamos el gato “diabólico” en la vida de Luis de Tolosa. San Luis de Anjou o de Tolosa, obispo franciscano, nació en Brignoles (Provenza) en febrero de 1274 y murió aquí el 19 de agosto de 1297. Hijo de Carlos de Anjou, rey de Nápoles, desde muchacho fue llevado prisionero con sus hermanos junto al rey de Aragón, y tuvo ocasión de conocer a los franciscanos. Esos contactos franciscanos tuvieron una influencia decisiva en la vida de Luis, y en el mismo período catalán, despertó su vocación al sacerdocio, de modo que el resto de su vida vivió intensamente en la oración por sus hermanos, con episodios premonitorios como la lucha contra un grande gato negro que lo habría acosado mientras estaba en oración y al que ahuyentó con la señal de la cruz. Obtenida la libertad, renunció al trono y a cualquier otra perspectiva de grandezas terrenas. Luis fue ordenado sacerdote en febrero de 1296, con 22 años, y obispo el siguiente diciembre. Fue enviado a regir la diócesis de Tolosa.

En el rico episcopado Luis implantó la propia vida según rígidas reglas de la pobreza franciscana. Tuvo predilección por los pobres, los enfermos, los judíos víctimas de persecuciones y marginaciones, y los encarcelados, a los que se acercaba a visitar. Fue elevado a los honores de los altares en 1318 por Juan XXII, en la ciudad pontificia de Aviñón en Francia, estando presentes su madre y su hermano Roberto.

El Martirologio Romano lo recuerda el 19 de agosto: “En Brignoles en la Provenza de Francia, tránsito de San Luis, obispo, que siendo sobrino del rey San Luis, deseó la pobreza evangélica antes que las lisonjas y los honores del mundo y, aún joven de edad pero maduro en la virtud, fue elevado a la sede de Tolosa, pero, consumido por su maltrecha salud, se durmió pronto en la paz del Señor”.

Fotografía de Gema Galgani, tomada cuando tenía 22 años de edad.

Fotografía de Gema Galgani, tomada cuando tenía 22 años de edad.

Del gato “diabólico” pasamos al gato “penitencial” con Gema Galgani. Gema nació el 12 de marzo de 1878 en Bogonuovo de Camigliano (Lucca). Su madre, Aurelia, murió en septiembre de 1886. En 1895 Gema recibió la inspiración de seguir con empeño y decisión el camino de la cruz. Gema tuvo algunas visiones de su ángel custodio. El 11 de noviembre de 1987 murió también el padre de Gema, Enrique. Enferma, Gema leyó la biografía de San Gabriel de la Dolorosa -entonces era sólo Venerable- que se le apareció y la consoló. Gema, entretanto, maduró una decisión que formuló el 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada, haciendo voto de virginidad. A pesar de las terapias médicas, la enfermedad de Gema, osteitis de las vértebras lumbares con abcesos inguinales, se agravó hasta la parálisis de sus piernas, pero fue curada milagrosamente de ésta. Las visiones de Gema continuaron y le fue dada la gracia de compartir el sufrimiento de Cristo. En mayo de 1902 Gema enfermó de nuevo; mejoró, pero recayó de nuevo en octubre. Murió el 11 de abril de 1903.

En la vida de Santa Gema hay episodios en los que la virgen de Lucca, ya admirada en vida por sus dones místicos, se humilló ante las visitas de aquellos que venían a conocerla para admirarla. Es el caso de un sacerdote que vino a visitarla, y Gema, para parecer estúpida y para humillarse ante el prelado, tomó un gran gato que tenía en casa en brazos y, mientras le hacía todo tipo de halagos y caricias infantiles al gato, fue a ver al sacerdote, el cual, al verla comportarse así, se encogió de hombros, se burló de ella y se marchó. La Santa había conseguido su propósito.

El Martirologio Romano la recuerda el 11 de abril: “En Lucca, Santa Gema Galgani, virgen, la cual, insigne en la contemplación de la Pasión del Señor y en la paciente resistencia de los dolores, a los 25 años de edad, en Sábado Santo, finalizó su angélica existencia”.

Sierva de Dios María Tuci, virgen y mártir albanesa.

Sierva de Dios María Tuci, virgen y mártir albanesa.

Un caso singular de vínculo entre santos y gatos está en la vida de María Tuci. María Tuci, virgen y mártir, pertenece al grupo de los Mártires Albaneses. Los Siervos de Dios Vicente Prennushi y 39 compañeros de las iglesias católicas de rito romano y greco-católico de Albania son sólo algunos de los numerosísimos católicos albaneses que han sufrido prisión, torturas y falsos procesos en el intento de erradicar el Evangelio y la cultura de un pueblo entero. El proceso diocesano para aceptar su efectivo martirio en odio a la fe se ha desarrollado en la diócesis de Scutari del 10 de noviembre de 2002 al 8 de diciembre de 2010.

María Tuci nació en Ndërfushaz-Mirdita el 12 de marzo de 1928 y murió in odium fidei en Scutari el 24 de octubre de 1950. Tuci frecuentó el colegio de las hermanas Estigmatinas en Scutari y pidió poder entrar en su Instituto religioso. Encargada de enseñar en las escuelas elementales en dos localidades, enseñó clandestinamente también el catecismo. Arrestada con algunos familiares el 10 de agosto de 1949, fue conducida a las cárceles de Scutari, donde, por no haber querido revelar el nombre del asesino de un político comunista y por no haber querido complacer a un miembro de la Sigurimi -la policía del régimen- sufrió atroces torturas. Por ejemplo, la metieron desnuda dentro de un saco junto a un gato furioso, y entretanto, molieron el saco a bastonazos, desgarrando así sus carnes. A causa de las privaciones sufridas la hospitalizaron en el hospital civil de Scutari, donde murió el 24 de octubre de 1950. Sus restos mortales, exhumados después de la caída del régimen comunista en Albania, reposan en la iglesia de las Estigmatinas en Scutari. Es la única mujer del grupo de los 40 mártires albaneses. A su memoria ha sido intitulado un colegio de muchachas situado en Rreshen y gestionado por las hermanas Siervas del Señor y de la Virgen de Matará, rama femenina del Instituto del Verbo Encarnado.

Estampa devocional popular de San Martín de Porres.

Estampa devocional popular de San Martín de Porres.

Entre los Santos amantes de los animales está Martín de Porres. Su memoria está inscrita en el calendario universal de la Iglesia Católica, a fecha de 3 de noviembre, así como lo recuerda el Martirologio Romano: “San Martín de Porres, religioso de la Orden de los Predicadores, hijo de un español y de una mujer negra, desde la infancia, en medio de las dificultades por su condición de hijo ilegítimo y mestizo, aprendió la profesión de médico, que seguidamente, una vez religioso, ejercitó con abnegación en Lima de Perú entre los pobres, y dedicado a los ayunos, a la penitencia y a la oración, llevó una existencia de sencillez y humildad, irradiada por el amor”.

Martín nació en Lima en 1579. Su padre fue el aristócrata español Juan de Porres, que al principio no quiso reconocerlo, porque su madre era una ex-esclava negra de origen africano. Nombrado gobernador de Panamá, su padre dejó a su hija a un pariente y a Martín a su madre, con medios para que estudiara. Martín se convirtió en aprendiz de un barbero cirujano. Pero él quería entrar en los dominicos, que habían fundado en Lima su primer convento peruano. Pero como era mulato sólo lo admitieron como terciario y le asignaron tan sólo tareas humildes. Cuando los dominicos vieron su energía interior lo retiraron de esa condición subalterna, admitiéndolo en la Orden como hermano cooperador. Martín de Porres, hijo de un “conquistador”, ofreció así en Perú un ejemplo de vida ejemplar. Iban a él en busca de consejo el virrey de Perú y el arzobispo de Lima, hallándolo siempre rodeado de pobres y de enfermos, ya fueran humanos o animales. Cuando llegó la peste a Lima, cuidó él sólo de 60 hermanos. Para todos fue el hombre de los milagros: fundó en Lima un colegio para instruir a los niños pobres, el primero del Nuevo Mundo. Curó al arzobispo de México, que quería llevárselo consigo. Pero Martín murió en Lima en 1639.

La vida de San Martín es rica en episodios con animales, como perros, gatos y roedores. Un día, atravesando el patio del convento, con un hermano, vio en un extremo a un gatito que maullava deseperadamente porque tenía la cabeza herida por una pedrada. Indicó al gato que le siguiera a la enfermería, y el animalito le siguió. Después de haber lavado, tratado y cosido la herida, el Santo le colocó una especie de gorrito, indicándole que debía regresar la mañana siguiente para seguir curándole. ¡Qué cosas!

Icono francés de Santa Clotilde de California con el gato.

Icono francés de Santa Clotilde de California con el gato.

Finalmente, en esta pequeña investigación de Santos y gatos, el último caso hallado en la iconografía es Clotilde de California. Clotilde, en el siglo llamada Helena Quast, es una Santa que no pertenece a la Iglesia Católica, sino a la Iglesia Céltica. Es una Iglesia vinculada a la tradición ortodoxa e instituida en 1866, aunque sus miembros sostienen que su fundación se remonta a José de Arimatea, en el año 37 d.C, en Gran Bretaña, en un lugar hoy llamado Glastonbury. Fue sucesivamente enriquecida por el testimonio de San Aristóbulo, que evangelizó las islas británicas. Se dice heredera del gran monasticismo irlandés.

La Iglesia Céltica se inicia o restaura en 1866 por obra del obispo Jules Ferrette. En 1977 el obispo Mael, primado de la Iglesia Céltica hasta 2014, ha puesto en marcha profundas reformas, y desde entonces esta Iglesia ha seguido creciendo, recuperando la historia céltica, las tradiciones, su rito y su espiritualidad. Se han establecido nuevas comunidades y contactos ecuménicos con las demás Iglesias.

Helena Quast nació el 12 de septiembre de 1912 en Seattle, en el estado de Washington, EEUU. No sabemos nada de su infancia, pero siendo joven entró en un convento de una congregación de hermanas franciscanas. Helena dejó el convento para cuidar de su madre enferma, cosa que hizo hasta su muerte. Después de ello conoció la Iglesia Céltica en Davis, en California, cuyo obispo era Elías en aquella época y su auxiliar, Nathan. A ellos, Helena les expresó su deseo de entrar en la vida monástica y de ser una hermana en el espíritu de San Francisco de Asís.

Entró en el noviciado en 1979 con el nombre de sor Clotilde. Hizo la profesión monástica de manos del obispo Elías el 4 de octubre de 1981, que renovó en 1982 de manos el obispo Mael, el único abad en aquel entonces de la Iglesia Céltica. El abad Mael se convirtió en su padre espiritual. Maltrecha de salud, no pudiendo vivir sola, entró en una pequeña casa de reposo para ancianos en Sacramento, California, a condición de poder mantener su hábito monástico en todo momento. Se durmió en la paz del Señor el 25 de octubre de 1993, con 83 años. Fue canonizada el 10 de agosto de 2008 en la catedral de Nuestra Señora del Signo en Saint-Dolay.

La Iglesia Céltica celebra la memoria de Santa Clotilde el 25 de octubre. En su icono para la canonización, según el estilo oriental, aparece representada con un gato.

Damiano Grenci

Bibliografía y sitios:
* AA. VV. – Biblioteca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi) – Voll. 1-12 e I-II appendice – Ed. Città Nuova
* Barbagallo Sandro – Gli animali nell’arte religiosa. La basilica di San Pietro in Vaticano – LEV, 2010
* C.E.I. – Martirologio Romano – Libreria Editrice Vaticana – 2007 – pp. 1142
* Frigerio Luca – Bestiario medievale. Animali simbolici nell’arte cristiana – Ancora, 2014
* Grenci Damiano Marco – Archivio privato iconografico e agiografico: 1977 – 2015
* Jones D.M. – Animali e pensiero cristiano – EDB, 2013
* Maspero Francesco – Bestiario antico – Piemme, 1997
* Pisani Paolo – Santi, Beati e Venerabili nella provincia di Grosseto – Cantagalli. 1993
* Rossetti Felice – Un’amicizia coi baffi. Sorie di Santi e dei loro animali – Porziuncola, 2011
* Sitio web ladanzadellacreativittravelandexplore.blogspot.it
* Sitio web orthodoxie-celtique.net
* Sitio web papalepapale.com
* Sitio web wikipedia.org

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Pablo de la Cruz, sacerdote fundador (IV)

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Retrato de San Pablo de la Cruz, obra de Domenico Della Porta (XVIII), que se encuentra en la iglesia romana de los santos Juan y Pablo.

Retrato de San Pablo de la Cruz, obra de Domenico Della Porta (XVIII), que se encuentra en la iglesia romana de los santos Juan y Pablo.

En este cuarto y último artículo sobre San Pablo de la Cruz, aunque sea de manera breve, tratemos su faceta de fundador de la Congregación de los religiosos Pasionistas. Como el mismo nos lo cuenta en una de sus cartas, el primer germen de la Congregación despuntó en el corazón del santo cuando tuvo el deseo de “reunir a algunos compañeros” y esto se fue desarrollando gradualmente hasta que entrando en la celda de San Carlos recibió la “infusión del Espíritu Santo en forma de una santa regla” que estuviera imbuida del deseo de una absoluta pobreza y de una vida de penitencia, condiciones indispensables para conseguir el ideal de la máxima unión con Dios a través de Cristo Crucificado y que como consecuencia, esto se transformara en una intensa labor apostólica. Eso mismo se lo repitió por última vez a sus hijos en su propio lecho de muerte, la mañana del 30 de agosto del 1775: “Os recomiendo a todos y especialmente a los que tengan el oficio de superiores, que siempre florezca en la Congregación el espíritu de oración, el espíritu de la soledad y el espíritu de pobreza, porque estad seguros de que si mantenéis estas tres cosas, la Congregación florecerá ante el Señor y ante las gentes”.

Éste fue su testamento, esta es la prueba de su fidelidad a sus primeros deseos donde ya se revelaba cual sería la identidad de su Congregación: participar en el misterio de la Pasión de Cristo no sólo de manera contemplativa viviendo en penitencia y pobreza, sino también haciendo que este misterio se convirtiera en una forma práctica de apostolado mediante la predicación. Sus hijos han seguido sus consejos y la Congregación sigue fiel a sus principios fundacionales y esto lo confirma no sólo el pueblo cristiano, sino incluso la Iglesia mediante una exhortación del Concilio Vaticano II.

Como dije en el primer artículo, San Pablo de la Cruz fue canonizado por el beato Papa Pío IX, el 29 de junio de 1867. El cuerpo del santo fue sepultado en la basílica romana de los santos Juan y Pablo, antes de su beatificación fue exhumado y tras esta fue expuesto a la veneración de los fieles en la capilla del Santísimo Sacramento. El 25 de abril del año 1880 fue puesto en la urna en la que hoy se encuentra y que reproducimos como foto en estos artículos.

Escultura del santo en el Santuario Della Cività.

Escultura del santo en el Santuario Della Cività.

Desde el primer momento los Pasionistas se preocuparon de dar a conocer las características de su fundador. El padre José de los Siete Dolores dice que para pintarlo en vida fue llamado el pintor Tomás Conca, quién lo hizo cuando él se encontraba en el retiro de Vetralla. Dice la tradición que el pintor realizó el retrato en el año 1773 observándolo a través de un agujero hecho en un tablero a fin de que el santo no se percatara de que lo estaban pintando. Inmediatamente después de su muerte, el pintor Domenico Porta hizo una máscara de su rostro en yeso.

Las pinturas posteriores representan algunos episodios de la vida del santo y en realidad no tienen ningún valor iconográfico, ya sea por su escaso valor artístico o por la generalidad del episodio pintado. En éstas aparece vestido con el hábito negro característico de los Pasionistas, a veces con un rosario, un crucifijo, un lirio o una calavera, aunque es cierto que existen cinco retratos suyos que garantizan fielmente como era su rostro siendo ya anciano.

En el archivo de la Scala Santa en Roma existe un pequeño retrato en el que aparece el santo de perfil mientras está leyendo; en él se puede leer “Original de San Pablo de la Cruz realizado por Giacomo Conca sin él saberlo”. En la iglesia de los Pasionistas de Itri (Latina) se conserva un cuadro al óleo donde se le representa de medio cuerpo, con las manos juntas y un poco encorvado hacia un Crucifijo que apoya sobre una calavera. Este cuadro es atribuido a Sebastián Conca, quien lo habría pintado por encargo de la familia Bisleti de Veroli.

Azulejo del Santo en el Santuario Della Cività.

Azulejo del Santo en el Santuario Della Cività.

En la basílica de los santos Juan y Pablo en Roma se conserva un óleo en el que el santo aparece de pie predicando y con un Crucifijo a la cintura. Fue pintado por Della Porta en el año 1773. Asimismo existe otro óleo de autor desconocido, en el que aparece la figura entera del santo, de pie, encorvado y apoyado sobre un bastón. Hay quienes lo atribuyen a Tomás Conca o a su hijo Giacomo. Y cuando San Vicente María Strambi publicó su biografía, esta estaba ilustrada por un grabado de Bombelli en el que se lee: “Vera efigie del Ven. Servo di Dio padre Paolo della Croce, fondatore dei Chierici scalzi della Santissima Croce e Passione di Gesù Cristo”.

El hecho de que existan retratos del santo significa que éste era una persona muy querida y venerada por sus hijos y el que el propio San Vicente María autorizase su reproducción es síntoma de que lo amaba profundamente y quería darlo a conocer. Poco después de la muerte del santo, en octubre de 1775, ya circulaban imágenes suyas como queda atestiguado en el propio proceso de beatificación.

Urna con los restos del Santo en la basílica romana de los santos Juan y Pablo.

Urna con los restos del Santo en la basílica romana de los santos Juan y Pablo.

Por último, decir que en el verano del año 1867, Iacometti realizó una gran escultura que fue colocada en San Pedro del Vaticano. Aparte de los ambientes que se encuentran bajo la influencia de los padres Pasionistas, San Pablo de la Cruz es especialmente venerado en las diócesis de Acqui y Alessandria, donde su fiesta se celebra el día 18 de octubre, fecha de su muerte.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Basilio de San Pablo, “La espiritualidad de la Pasión en el magisterio de San Pablo de la Cruz”, Madrid, 1961
– Zoffoli, E., “San Pablo de la Cruz; historia crítica”, tres volúmenes publicados en 1963, 1965 y 1968.
– Zoffoli, E., “Los pasionistas: espiritualidad y apostolado”, Roma, 1955.
– Zoffoli, E., “Bibliotheca sanctórum, tomo X”, Città Nuova Editrice, Roma, 1990.

Enlaces consultados (28/12/2014):
– http://ilcristotuttoamore.blogspot.com.es/2013_07_01_archive.html
– http://paolodellacroce.altervista.org/biografia_capitolo32.htm

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Pablo de la Cruz, sacerdote fundador (III)

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Lienzo-retrato del Santo.

Lienzo-retrato del Santo.

San Pablo de la Cruz era un hombre santo y nos lo dice otra vez San Vicente María Strambi: “fue un hombre de altísima oración y sublime unión con Dios, con un vivísimo celo para procurar el bien del prójimo, todo entereza y amor en la contemplación de la amarga Pasión y cruelísima muerte de Nuestro Divino Redentor, por cuyo amor se había transformado”. Esta descripción resume las características de la santidad del padre fundador de los Pasionistas. El juicio de la Iglesia, las características de su Congregación, sus biografías y los ensayos teológicos e históricos realizados sobre su espiritualidad, confirman el motivo central de su vida interior y de su apostolado: la Pasión redentora de Cristo como misterio supremo del amor de Dios.

Ya de joven se reveló como un hombre maduro; siendo adolescente ya estaba predispuesto a la oración, dándose por cierto que su nacimiento estuvo precedido de algunas señales que hacían presagiar la futura santidad del niño. Este ascenso en la vida de oración es difícil reducirlo a los clásicos esquemas de un normal ascenso en la santidad, por lo que, a nivel orientativo, quienes han estudiado a fondo la vida de San Pablo de la Cruz, explican que este ascenso se dio en tres partes: “gestación”, que abarca desde su nacimiento hasta la llamada “su segunda conversión” (1694-1714, “maduración”, desde su “segunda conversión” hasta la experiencia que tuvo en San Carlos (1714-1721) y “expansión”, que es desde esta experiencia hasta su muerte (1721-1775). Nosotros no vamos a entrar en este tema porque si lo hacemos estos artículos se harían interminables, por lo que, a quienes estén interesados en profundizar en ellos, los remitimos a los trabajos del padre pasionista Enrique Zoffoli.

La grandeza de San Pablo de la Cruz destaca por su extraordinaria caridad, que desde las cimas de la contemplación se reveló de manera incontenible como un alivio a la atormentada Italia de la época del Iluminismo y de la Revolución. Antes de recibir las órdenes sagradas, ya actuaba como un apóstol tanto entre sus familiares como entre un grupo de jóvenes que fascinados, se reunían en torno a él en su localidad natal. En Gaeta, en la isla de Elba, en las regiones de Umbría, de Las Marcas y del Lazio, eran centenares los fieles que se ponían bajo la dirección de un hombre, que aun siendo joven, mostraba un equilibrio y una madurez sometidos a todo tipo de pruebas. Su influencia se extendía a personas de ambos sexos y de todas las clases sociales. Hay que destacar de manera especial la amistad que le unía con la Venerable Lilia María del Crucifijo, con la Venerable Gertrudis Salandri, con la Venerable Columba Leonardi, con el Siervo de Dios Carlos de Motrone o con San Leonardo de Porto Mauricio. No es fácil realizar un listado completo de sus discípulos más ilustres: Ana María Calcagnini de Gaeta, Inés Grazi, Juana María Venturi de Orbetello, sor Querubina Bresciani, sor Columba Gertrudis Gandolfi, Teresa Palozzi de Ronciglione, etc., etc., etc.

Estampa contemporánea del Santo.

Estampa contemporánea del Santo.

Él tenía las ideas muy claras en lo relativo a la dirección espiritual de quienes se ponían bajo su custodia; era muy humilde aunque poseía una cultura inmensa, era intransigente consigo mismo, pero muy comprensivo con los demás. No era un teórico, era un hombre de una experiencia y de una clarividencia muy profunda y por eso era buscado por todo tipo de personas. Estaba convencido de que todo el mundo tenía derecho a la libertad y al gozo por el mero hecho de ser hijo de Dios. Quería que todos vivieran en paz, no se abatieran por sus defectos, no se perdieran en reflexiones inútiles, no se preocupase de la rumorología mundana, que todos tuvieran una actividad que les ayudase a distraerse, que no echaran cuenta a los escrúpulos, que se superase todo temor y melancolía.

A todos les repetía que “la vida era un tiempo de batalla”, que las tentaciones eran una prueba de Dios y un estímulo al progreso espiritual, que los inconvenientes que presentan la vida podían asumirse como “preciosos regalos” que los acercaba al cielo, que si se tenía fe, todo podía superarse a los pies de la Cruz. Recomendaba las mortificaciones de los sentidos pero siempre teniendo en cuenta el estado de cada persona y sin poner en peligro la propia vida, ya que esa era la forma de penitencia que más agradaba a Dios. A los seglares les recordaba que todos están llamados a la santidad, cada uno según su condición siempre y cuando respondiera al precepto universal del amor, precepto que no tiene límites. A los padres les aconsejaba que se trazaran una ética y una pedagogía cristiana para conseguir la educación de sus hijos. Trataba al mismo nivel el “gran gozo de la virginidad como la “gracia de la maternidad”; daba normas prácticas para el vestir femenino y los modos de divertirse según el estado de cada uno, cómo educar a los hijos, como desenvolverse sin agobios en los asuntos diarios, cómo vivir en sociedad siendo benevolentes, cómo afrontar los problemas del día a día.

A los que querían seguir la vida religiosa les decía que ser fieles a su vocación era un signo infalible de una llamada a la vida eterna, por lo que debían corresponder con generosidad. Los orientaba desde el momento en el que tomaban el hábito hasta cuando realizaban sus votos, que suponía la consagración definitiva a la oferta que habían recibido del Señor y a los superiores les aconsejaba que fueran “mártires de la paciencia, de la caridad y de la mansedumbre”. Sus frecuentes encuentros con el clero diocesano y el continuo trato con sus religiosos lo estimulaban a insinuarles consejos y facilitarles normas para cumplir con sus deberes sacerdotales o religiosos, tanto “en el altar como en el confesionario”. Sobre esta faceta de director espiritual se podría escribir mucho más sobre este santo, pero nuevamente me remito a los obras del padre Zoffoli.

Teca con reliquia de primera clase de San Pablo de la Cruz.

Teca con reliquia de primera clase de San Pablo de la Cruz.

San Pablo de la Cruz fue también un gran misionero en su época, predicaba la palabra de Dios a un pueblo que estaba ansioso por encontrar respuestas cristianas a las situaciones de miseria y pobreza en las que vivía y en este sentido, desde muy joven, el santo se mostró con mucha franqueza y mucho ardor. A finales del año 1720, refiriéndose a las injusticias sociales decía: “Yo no renuncio a mi deseo de convertir a todos los pecadores y me siento conmovido de manera muy especial para pedir a mi Dios que no sea jamás ofendido”. Ya actuaba como misionero cuando era ermitaño en el 1721 y lo siguió siendo hasta su última misión en Roma, cuando en el año 1769 continuaba con esta labor en la iglesia de Santa María in Trastévere. Había recorrido toda Italia: desde el principado del Piamonte hasta la república de Génova, desde el gran ducado de Toscana hasta el reino de Nápoles, llegando a predicar en más de treinta diócesis. Su humildad y su celo apostólico lo llevó desde las tierras más pobres hasta los lugares más privilegiados y esta inquietud se la inculcó a sus hijos incluyendo estas normas en la propia Regla.

Antes de ordenarse como sacerdote ejercía este apostolado como catequista y sólo de manera esporádica, como predicador; y una vez ordenado, no sólo recibió la facultad de confesar, sino la de predicar y misionar siempre que le fuera requerido. El propio Papa Clemente XII le dio la facultad de impartir la bendición apostólica con indulgencia plenaria, extendiéndole esta facultad el 22 de enero de 1738 para toda Italia, confiriéndole la calificación de misionero apostólico. Por lo tanto, las misiones populares llegaron a ser la forma más típica del ministerio sagrado de su nuevo Instituto. El Papa Benedicto XIV cuando aprobó las Reglas a finales del año 1741 lo hizo “sub conditione quod Clerici huius Congregationis, quorum finis unicus est peragandi sacras Missiones, debeant specialiter Missiones facere…”.

Evidentemente, su actividad misionera no le apartaba de la oración ni del estudio: “Hay que absorberse en el diálogo con Dios y ser consciente de la importancia de los estudios”, pero la predicación tenía que ser una de sus prioridades. Donde lo hiciera, no sólo destacaba la fuerza y la dulzura de su elocuencia, sino que ésta se veía apoyada por su alta estatura, por la expresividad de sus manos, por el tono de una voz sonora y bien modulada y por la penetrante vivacidad de su mirada. De él se llegó a decir que predicando “parecía un San Vicente Ferrer. Cuando hablaba del infierno se le veía temblar y se le rizaban los cabellos, pero cuando hablaba del cielo la dulzura salía de sus labios, aunque su fuerte era hablar sobre la Pasión de Cristo. De él se ha dicho que cuando hablaba de la Pasión “de sus ojos salían un efluvio de lágrimas”, que “alzaba el dedo en un acto de gran admiración y con el corazón y los labios decía ¡todo un Dios muerto por mí!”, o que “sus palabras eran como golpes de espada”. Cuando con sus palabras enternecía los corazones de los oyentes, remachaba diciendo que todo se debía a la “gracia del Amor Crucificado”. Hacía que quienes le oían meditaran sobre la Pasión de Cristo; ése era el meollo de su predicación y ése era su fruto principal.

Urna con los restos del Santo en la basílica romana de los santos Juan y Pablo.

Urna con los restos del Santo en la basílica romana de los santos Juan y Pablo.

Terminemos este artículo diciendo que fue el santo protector de los bandidos, que mansos como corderos, se echaban a sus pies; y que fue un heroico confesor que eliminó las clásicas procesiones de penitencia y los aspavientos que sólo conseguían despertar el horror en quienes los veían o escuchaban.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Basilio de San Pablo, “La espiritualidad de la Pasión en el magisterio de San Pablo de la Cruz”, Madrid, 1961
– Zoffoli, E., “San Pablo de la Cruz; historia crítica”, tres volúmenes publicados en 1963, 1965 y 1968.
– Zoffoli, E., “Los pasionistas: espiritualidad y apostolado”, Roma, 1955.
– Zoffoli, E., “Bibliotheca sanctórum, tomo X”, Città Nuova Editrice, Roma, 1990.

Enlaces consultados (28/12/2014):
– http://ilcristotuttoamore.blogspot.com.es/2013_07_01_archive.html
– http://paolodellacroce.altervista.org/biografia_capitolo32.htm

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Pablo de la Cruz, sacerdote fundador (II)

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El Santo escribiendo las Reglas de los Pasionistas. Obra de Ignacio Tozi (XIX).

El Santo escribiendo las Reglas de los Pasionistas. Obra de Ignacio Tozi (XIX).

Ayer, brevemente, escribíamos sobre la vida de San Pablo de la Cruz. A partir de hoy queremos descubrir su personalidad, su religiosidad, su santidad y para eso, tenemos que recurrir en primer lugar a San Vicente María Strambi, quien en su primera biografía sobre el santo titulada: “Vita del Ven. Servo di Dio P. Paolo della Croce”, publicada en Roma en el año 1786 dice que “su presencia, además de amable, era grave y majestuosa, de estatura alta, de rostro sereno, modesto, con los ojos muy vivos, de frente elevada y espaciosa, su voz era clara, sonora y penetrante, sumamente afable y que respetaba a todos sin ningún tipo de afectación”. Muy pocos hubieran podido describirlo de esta manera, si no hubiera sido otro santo: físicamente fuerte, pero que a causa de sus mortificaciones y enfermedad llegó muy debilitado a su muerte, acaecida cuando tenía ochenta y un años de edad. Había sido una vida considerablemente larga para aquella época.

Sus otros biógrafos dicen igualmente que “era de una viveza y perspicacia singulares”, que “tenía un gran ingenio”, que “tenía un talento raro y una gran apertura de mente”, que “su memoria era increíble” y otras muchas cualidades más. Los a veces aventureros eventos de su vida no le permitieron ser muy constante en los estudios, obligándole a interesarse por muchas otras cosas, pero sin embargo, fue un hombre práctico, muy versátil, de una gran inteligencia que estaba plenamente adaptada a las profundidades de la teología más especulativa y sobre todo a la contemplación. Era un místico muy activo. En el proceso ordinario de su Causa, el padre Francisco llega a decir que cuando había alguna duda, “en sus respuestas siempre tocaba el punto justo, definiendo las cosas de modo tan maravilloso que ningún avezado teólogo escolástico hubiera podido responder mejor”.

El Santo, místico de la Pasión de Cristo.

El Santo, místico de la Pasión de Cristo.

Aunque no pudo dedicarse a los estudios de manera continuada y metódica, si tuvo el privilegio de vivir en un ambiente de cierto nivel cultural. En Ovada, con su padrino y los dominicos, en Cremolino con los carmelitas y con la familia de su madre y más tarde, en Castellazzo, con su tío don Cristóbal; en todos estos ambientes había un discreto nivel cultural, que le abrieron las vías del conocimiento. En Génova es probable que frecuentase el seminario y en Roma se preparó para el sacerdocio con los frailes franciscanos. No menos importante fue su amistad con teólogos, obispos, príncipes e incluso papas, todos los cuales le mostraron su aprecio y veneración en vida. Pero sobre todo, cuando estaba recluido en sus eremitorios, cuando estaba en soledad, llegó a conseguir un alto nivel de conocimientos teológicos, especialmente en ascética y mística, que tanto le sirvieron para llevar a cabo su proyecto. Llegó a conocer las obras de San Francisco de Sales, de Santa Teresa de Ávila, de San Juan de la Cruz. Leía la Biblia, las obras de los Santos Padres, la historia de la Iglesia y numerosas vidas de santos.

Su cultura se fue enriqueciendo y fue tomando su propio estilo: animado, espontáneo y reflexivo, llegando a ser un buenísimo orador e incluso un poeta muy sensible. Se conservan unas dos mil cartas suyas, escribió un tratado sobre la “Muerte mística”, un “Diario” y cinco redacciones de las “Reglas y Constituciones” de su Congregación y aun cuando su Instituto era muy austero y pobre, se encargó de manera muy especial de la formación intelectual de sus jóvenes religiosos.

San Vicente María Strambi nos sigue diciendo que “su temperamento era sanguíneo y muy sensible y lo mucho bueno que en él había correspondía a la apariencia externa de los movimientos de su corazón, de sus ejercicios piadosos, de su celo y estudio; por eso su rostro era el reflejo de su alma, dispuesta a alimentarse de la Verdad eterna”. Cuando leemos esto, no podemos olvidarnos que San Vicente María convivió con él, fue testigo ocular de muchas de sus actuaciones. Incluso con los defectos inevitables de toda criatura humana, podemos decir que San Pablo de la Cruz es una de las figuras más completas de toda la hagiografía cristiana. Esta riqueza explica la magnífica síntesis de aspectos aparentemente contradictorios, como el candor y la sagacidad, la bondad y la fortaleza, la austeridad y la cortesía. Siempre supo conciliar todo con una notable mesura. Esto es por lo menos lo que se deduce de la copiosa documentación que sobre este santo ha llegado hasta nosotros.

El Santo atiende a los necesitados. Pintura en la iglesia de San Euticio (Pasionistas) en Soriano nel Cimino.

El Santo atiende a los necesitados. Pintura en la iglesia de San Euticio (Pasionistas) en Soriano nel Cimino.

A la hermana Galdolfi le escribía: “Gracias a la misericordia de Dios no he mentido ni hablado con torpeza, sino con verdad y simplicidad”. O “lo que yo tengo en el corazón, lo tengo en la lengua”, como le decía al padre Juan María. El Papa Clemente XIV decía que había descubierto en él a un hombre hecho a la antigua, “aunque no es menos cierto que esta simplicidad era verdaderamente virtuosa, porque no prejuzgaba y gozaba muchísimo trabajando o ayudando a los demás. Era todo cautela, pensaba en todo, sabía intuir todo lo que entorpecía la obra de Dios; hacía el bien sabiendo que su simplicidad no era consecuencia de su falta de talento o de estupidez de su mente, sino de una gran inocencia en su manera de actuar y pureza de corazón”, como bien nos dice San Vicente María Strambi.

Atendía y defendía a los pobres, los enfermos, las personas abandonadas, los encarcelados, las prostitutas, a todos los asistía no solo dándoles pan y consuelo sino dándoles ejemplo con su forma de hacer y de ser. A sus hijos, en tiempos de carestías, solía decirles que “si la pobreza es buena, la caridad es mejor”. Con la gente malvada era benevolente y con su bondad sabía conciliar cualquier intransigencia. Decía que sus hijos eran “soldados de Cristo”. Nunca se le encontró áspero o alterado pues siempre estaba sereno y aunque su corazón siempre estaba abierto a cualquier dificultad, también decía que “no es buen superior el que no sabe decir que no”. Aún así era más que justo, reprimía con dulzura y de sus hijos decía que eran ángeles con cuerpo de hombres.

Su primer “no” fue a sí mismo al llevar tan austero régimen de vida, pues decía que “si eres pobre, serás santo”; de él se llegó a decir que era un mártir de la penitencia. Se disciplinaba todos los cinco sentidos, llevando una pureza de vida que se revelaba de forma tan extraordinaria que podría considerarse como un bien reservado a muy pocos.

Sabía armonizar la austeridad con la cortesía hacia los demás, por lo que sentía instintivamente, la exigencia de su propio decoro, cosa no muy común en su tiempo. No soportaba que el ser pobre tuviese que estar reñido con la higiene o con la decencia y en este sentido, algunas de sus recomendaciones denotaban una exquisita sensibilidad que hoy podríamos denominar como modernas para su época.

Urna con los restos del Santo en la basílica romana de los santos Juan y Pablo.

Urna con los restos del Santo en la basílica romana de los santos Juan y Pablo.

En el trato social era perspicaz, aunque respetuoso, discreto y muy afable con todos mostrando siempre un trato muy civilizado. Su conversación era alegre, cordial y sencilla, huía de toda manifestación majestuosa y según él, los religiosos tenían que ser “gentiles, desenvueltos y civilizados ya que el espíritu de la Congregación no era un espíritu de afectación ni de ficción”. Era de una argucia cortes y amable, sabía hablar de Dios a todos sin despertarles tedio alguno. Era un amigo delicado pero tenaz, cauto pero sereno y muy amable con las mujeres. Este era su trasfondo humano y mediante la gracia de Dios se convirtió en uno de los mayores santos de su época y de eso, de su santidad, seguiremos hablando mañana.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Basilio de San Pablo, “La espiritualidad de la Pasión en el magisterio de San Pablo de la Cruz”, Madrid, 1961
– Zoffoli, E., “San Pablo de la Cruz; historia crítica”, tres volúmenes publicados en 1963, 1965 y 1968.
– Zoffoli, E., “Los pasionistas: espiritualidad y apostolado”, Roma, 1955.
– Zoffoli, E., “Bibliotheca sanctórum, tomo X”, Città Nuova Editrice, Roma, 1990.

Enlaces consultados (28/12/2014):
– http://ilcristotuttoamore.blogspot.com.es/2013_07_01_archive.html
– http://paolodellacroce.altervista.org/biografia_capitolo32.htm

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