San Pedro de Alcántara, fraile franciscano

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Óleo barroco del Santo, obra de Luis Tristán (s.XVII). Palacio Episcopal de Toledo, España.

Se llamaba Juan de Sanabria y nació en Alcántara (Cáceres) en el año 1499, siendo sus padres Alfonso Garavito y Maria Vilela de Sanabria.
Estudió en la universidad de Salamanca entre 1511 y 1515 y con dieciséis años de edad entró en el convento de los franciscanos descalzos de Los Majaretes, en Extremadura. Los franciscanos descalzos era una de las reformas nacidas en el seno de la Orden que posteriormente, en 1517 pasó a depender de los Frailes Menores Observantes.
Cuando tomó el hábito cambió el nombre de Juan por el de Pedro y después de realizar la profesión religiosa fue destinado al convento de San Francisco en Belvis. Allí conoció a los condes de Deleitosa, benefactores del convento.

En 1519, no siendo aun sacerdote, fue enviado como superior a fundar el convento de Badajoz, bajo la protección de San Gabriel. Hay algún autor que afirma que en ese tiempo San Pedro estaba de guardián (padre superior) en el convento de Nuestra Señora de los Ángeles en Robledillo, provincia de Cáceres. Así consta en un documento que se conserva en el Archivo Iberoamericano, del siglo XVII y que se denomina “La Provincia de San José fundada por San Pedro de Alcántara”.
Con veinticinco años de edad, en 1524 fue ordenado sacerdote y es realmente entonces cuando fue nombrado superior del convento de Robledillo y con posterioridad, del convento de Plasencia. Él, con solo ocho años de edad había quedado huérfano y su madre, dos años más tarde, cuando el niño tenía diez años se había casado en segundas nupcias con un viudo llamado Alonso Barrantes. Pues bien, estando Pedro en el convento de Plasencia, el día 2 de febrero de 1529 murió en Alcántara su padrastro.

En diciembre de 1532, a petición del pueblo que tanto le apreciaba, fue enviado como superior al convento de San Onofre de la Lapa en Badajoz y allí escribió el “Tratado de la oración y de la meditación”.
Practicaba la Regla de San Francisco a rajatabla y llegó a mortificarse tan extremadamente en la comida y la bebida que perdió el sentido del gusto y así, todos los alimentos le sabían igual. Dormía sobre un duro cuero en el suelo, pasaba horas y horas de rodillas y si el cansancio lo rendía, apoyaba la cabeza en la pared y así, arrodillado, dormía unos minutos. Pasaba noches enteras sin dormir, rezando y meditando. Estas mortificaciones fueron arruinando poco a poco su salud.
Estando en Badajoz, su fama de santidad llegó hasta Portugal y así, el rey Juan III de Portugal solicitó a sus superiores que le permitieran aconsejarle en algunas cuestiones de conciencia. Por eso, fue a Portugal en el 1537.

Escultura del Santo en la Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

Al año siguiente, en el Capítulo Provincial celebrado en Alburquerque, fue elegido ministro provincial (Padre Provincial de la Provincia de San Gabriel de los Frailes Menores Descalzos). En este período en el que está de superior provincial hizo para sus religiosos unos estatutos mucho más rígidos, que fueron aprobados en el Capítulo de Plasencia de 1540. Su intención era que sus frailes practicasen la austeridad primitiva de la Orden.
En marzo de 1541 intentó ir a Mantova (Italia) para participar en el Capítulo General de la Orden, pero no pudo continuar su viaje más allá de Barcelona, pues cayó enfermo. Allí conoció al virrey de Cataluña que en el futuro sería San Francisco de Borja.

A principios de 1542 marchó de nuevo a Portugal y en las montañas de la Arrábida construyó unas ermitas para vivir con sus religiosos. Esta nueva forma de vida fue aprobada por el Ministro General de la Orden.
El 3 de octubre de 1549, San Francisco de Borja, desde Gandía, le escribe una carta ofreciéndose a apoyarle ante el Papa Julio III a fin de garantizar el porvenir de la Custodia de las ermitas construidas en las montañas de la Arrábida, en Portugal. Allí va él nuevamente en 1550 y funda la Provincia Franciscana de la Arrábida.

Como he dicho antes él quería volver a la práctica primitiva, a la observancia primitiva de la Regla Franciscana y así, cuando en el Capítulo General celebrado en el convento de San Francisco de los Majaretes, él quedó sin responsabilidad alguna y se le autorizó a llevar vida eremítica en la pequeña iglesia de Santa Cruz de Paniagua, cerca de Coria, en Cáceres. Y es entonces cuando entre 1555 y 1557 construye el pequeño convento de El Palancar, en Cáceres, en una modesta casa de campo que le ofrecieron Don Rodrigo de Chávez y su esposa Doña Francisca. Todo “el complejo” del convento de El Palancar no tiene más de treinta metros cuadrados, incluida la iglesia.
El 22 de agosto de 1557 desde Jarandilla le escribe de nuevo San Francisco de Borja prometiendo visitarlo en su eremitorio de El Palancar, cosa que hizo en el mes de noviembre a su regreso de Plasencia.

Óleo del Santo por Bernardo Strozzi, siglo XVII.

El Vicario General de los franciscanos, Fray Antonio Paulino de San Quirico, a principios de 1559, nombró a Pedro comisario general de los conventos reformados de España, erigiéndose una Custodia bajo el título de San José. Tanto el nombramiento de Pedro como la erección de la Custodia fueron ratificados por el Ministro General Fray Julio Magnazo el 18 de abril de 1559. El 8 de mayo de ese mismo año el Papa Pablo IV con el Breve Pontificio “Cum a nobis” aprobó definitivamente esta nueva Custodia para todos los conventos reformados de España; es lo que ha venido a llamarse como la “Observancia de los llamados franciscanos alcantarinos”.
La nueva Custodia floreció en todas las provincias franciscanas españolas y así, en numerosos conventos empezó a copiarse los primitivos fervores franciscanos, dedicándose los frailes largas horas del día y de la noche a la oración y a la meditación, durmiendo en el suelo y no comiendo nada que no fueran legumbres y hortalizas.

En agosto de 1560, estando San Pedro en Ávila llamado por Doña Guiomar de Ulloa para tratar de la fundación de un convento en la Dehesa de Aldea del Palo, en Zamora, conoció a Santa Teresa de Jesús, iniciándose entre ellos una interminable amistad espiritual. Pedro se convirtió en el confesor de Teresa, dándole consejos y comunicándole sus experiencias reformadoras.
Estando Santa Teresa en Toledo, Pedro desde Ávila le escribe el 14 de abril de 1562 y le recomienda las fundaciones de “conventos sin renta a fin de practicar mejor la pobreza”; en esta carta, también le da consejos sobre cómo ha de gobernar estos nuevos conventos. Y en agosto del mismo año, le escribe otra carta al obispo de Ávila Don Álvaro de Mendoza, para que recibiese y amparase a Santa Teresa en sus nuevas fundaciones. El 14 de octubre le escribe su última carta a Santa Teresa animándola en las persecuciones que sufría por la fundación del convento de San José de Ávila. Como vemos, la influencia de San Pedro, fue fundamental en la reforma del Carmelo, aunque él era franciscano.
Cuatro días más tarde de escribir esta carta, o sea, el domingo 18 de octubre de 1562, festividad de San Lucas, moría Fray Pedro en Arenas (Ávila), hoy Arenas de San Pedro, con sesenta y tres años de edad y cuarenta y siete de vida religiosa. Santa Teresa de Jesús, que lo vio después de muerto, llegó a decir: “Oh feliz penitencia que ha merecido tanta gloria”.

Óleo del Santo por Melchor Pérez Holguín.

Es Santa Teresa de Jesús la que escribe sobre San Pedro lo siguiente: “Durante cuarenta años no dormía más de una hora y media cada noche; al principio, la mayor mortificación consistía en vencer el sueño, por lo que pasaba la noche de rodillas o en pie. Jamás se cubrió la cabeza en los viajes aunque el sol o la lluvia fueran muy fuertes. Siempre iba descalzo y su único vestido era una túnica de lana muy ordinaria. Me dijo que cuando el frío era muy intenso, entonces se quitaba el manto y abría la puerta y la ventana de su celda para que luego al cerrarlas y ponerse de nuevo el manto, lograra sentir un poquito de calor. Estaba acostumbrado a comer solo cada tres días y le extrañó que yo me maravillase de esto, ya que me decía que era cuestión de acostumbrarse a no comer. Un compañero suyo me contó que a veces pasaba una semana sin comer y esto le sucedía cuando le llegaban los éxtasis y los días enteros de oración, ya que entonces, sus sentidos no se daban cuenta de lo que sucedía a su alrededor. Cuando yo lo conocí ya era muy viejo y su cuerpo estaba tan flaco que parecía más bien hecho de raíces y de corteza de árbol que de carne. Era un hombre extremadamente amable, pero solo hablaba cuando le preguntaban algo. Respondía con pocas palabras, pero valía la pena oírlo”. Recuerdo que estas son palabras de Santa Teresa de Jesús.

El día 18 de abril de 1622 fue beatificado por el Papa Gregorio XV en el Breve Apostólico “In sede Principis Apostolorum”. El 19 de octubre del mismo año, la villa de Arenas y su comarca hicieron solemne juramento y voto de guardar como día de fiesta el aniversario de su muerte y eligieron al Beato Pedro como su patrono.
Fue canonizado por el Papa Clemente IX el día 28 de abril de 1669.
El 31 de mayo de 1826, Don Pedro de Alcántara, primer emperador de Brasil, lo proclamó como principal patrono de todo su imperio y el 22 de febrero de 1962, el Papa San Juan XXIII lo declaró patrono de Extremadura en el Breve Apostólico “Commune patriae solum”.

Fue amigo personal de dos santos: San Francisco de Borja y Santa Teresa de Jesús y como he dicho que pasaba las noches sin dormir, es el patrono de los celadores y de los guardas nocturnos.
Está sepultado donde murió, en Arenas de San Pedro, provincia de Ávila y su fiesta es hoy, día 19 de octubre.
Escribió varias obras de espiritualidad: el Tratado de la Oración y de la Meditación, los Estatutos o Constituciones de la Provincia de San José y San Gabriel, tradujo los “Soliloquios” de San Buenaventura y escribió varias cartas a Santa Teresa y a San Francisco de Borja, así como un Comentario al Salmo Miserere y algunas otras cosas más.

Urna con los restos del Santo. Iglesia de Arenas de San Pedro, Ávila (España).

Para realizar este artículo, hemos utilizado como bibliografía: “Un chapitre de l’histoire de l’amitié des Saints S. Pierre d’Alcantara et S. François de Borja”, de U. d’Alençon, en Franciscana XI, 1923; “La oración afectiva y los grandes maestros espirituales de nuestro Siglo de Oro”, de J. Aramendia, 1937; “San Pietro d’Alcantara”, de Leone da Clary, Venecia, 1954; “San Pedro de Alcántara y las provincias de San Gabriel, La Arrábida y San José”, de A. Barrado, 1962; “Glorificación de San Pedro de Alcántara” de J. Messeguer Fernández, 1962 así como “San Pedro de Alcántara; estudio documentado y crítico de su vida”, de A. Barrado Manzano, Madrid, 1965.

Antonio Barrero

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