San Pedro Claver, misionero jesuita

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Vidriera contemporánea del Santo.

¡Ay de mí si no anunciare el Evangelio! (Primera Corintios, 9, 16)
San Pedro Claver Corberó nació en Verdú, provincia de Lérida muy probablemente el día 25 de junio del 1580, en el seno de una familia obrera y profundamente cristiana, cuyos padres eran Pedro Claver y Mingüella y Ana Corberó. Muy poco se sabe de su infancia, solo que siendo muy joven perdió a su madre y a un hermano y que según la costumbre de la época, con solo catorce años de edad, recibió la tonsura el 8 de diciembre de 1594.
Dos años más tarde, con solo dieciséis años y apadrinado por un tío suyo que era sacerdote, entró en la Universidad de Barcelona que estaba dirigida por los jesuitas y lo hizo para estudiar artes y letras. Allí entró en contacto con los jesuitas e ingresó en el noviciado de la Compañía de Jesús en Tarragona el 7 de agosto de 1602 y con veinticuatro años (dos de noviciado), emitió sus primeros votos el día 8 de agosto de 1604. Tenía dudas sobre si seguir la carrera eclesiástica o quedarse de simple hermano lego, pero, aun con dudas, estudió filosofía desde noviembre de1605 anoviembre de 1608 en el colegio de Montesión de Palma de Mallorca, conviviendo durante estos tres años con San Alonso Rodríguez, que era el portero del colegio y que ejerció sobre Pedro Claver una profunda influencia, determinante en su vida religiosa y en su vocación misionera. Alonso le anima a ordenarse de sacerdote y le regaló unos apuntes espirituales que él siempre consideró como un gran tesoro y que llevó consigo a Colombia.

En noviembre de 1608 va al colegio de Belén, en Barcelona a fin de estudiar teología y allí estuvo hasta 23 de enero del año 1610, fecha en la que marchará para Santa Fe de Bogotá porque sus superiores lo habían seleccionado para la misión de Nueva Granada, en Colombia. Va andando desde Barcelona hasta Valencia y posteriormente hasta Sevilla, donde se embarca rumbo a América. Llegó a Cartagena de Indias y después de un largo viaje por el río Magdalena y posteriormente montado en una mula, llegó a Santa Fe de Bogotá.
Como aquel clima no era bueno para su salud, cuando terminó los estudios fue destinado a Tunja, donde estuvo un año reflexionando si debía o no ordenarse de sacerdote. Eran tantas las dudas que tenía que pidió expresamente quedarse de portero en el noviciado de Tunja, puesto que ocupó el año que allí estuvo. Pero sus superiores lo destinaron a Cartagena de Indias y allí el día 19 de marzo del 1616, con casi treinta y seis años de edad, fue ordenado sacerdote por el obispo Fray Pedro de la Vega.

San Alonso Rodríguez aconseja a San Pedro Claver. Óleo contemporáneo.

Junto con un compañero jesuita llamado Alonso Sandoval, escritor de la obra “De instauranda ethiopum salute”y que era gran amigo y defensor de los esclavos negros, se entregó por entero al apostolado entre ellos. En la ciudad había casi dos mil esclavos, el clima era muy caluroso y abundaban los mosquitos y numerosas enfermedades y en este ambiente donde la compra-venta de esclavos era lo habitual, ellos de manera generosa se ponen al lado de los más débiles y es así como descubre el verdadero sentido de su sacerdocio. A esto se dedicó en exclusiva hasta su muerte; se consagró a este trabajo apostólico con absoluta dedicación. En el día en el que realizó los votos solemnes, en abril de 1622, agregó el voto de trabajar por completo para conseguir la conversión de las personas de raza negra y escribió: “Pedro Claver, siempre servidor de los etíopes” (en aquella época a las personas de color se les denominaban etíopes).

Copió la forma de trabajar de su compañero y amigo Sandoval: procuraba enterarse de cuando arribaban los barcos de esclavos y de donde venía, les buscaban intérpretes a fin de comunicarse con ellos y poder así atenderles mejor. Cuando el barco llegaba a puerto les llevaba frutas, entraba en el barco hasta donde estaban hacinados los esclavos y los consolaba y daba de comer, cosa que los propios esclavos no llegaban a comprender pues estaban acostumbrados al maltrato.
Como era natural esto era mal visto por los tratantes de esclavos, pero sus mismos superiores locales le ayudaron en dicha tarea comprando a estos esclavos intérpretes que ayudaban a Pedro y a Sandoval en su labor apostólica. Pero no todos “desde arriba” estuvieron de acuerdo pues recibieron dos cartas de protesta del padre general dela Compañía que, aunque comprendía y apreciaba lo que sus hijos hacían, estaba sometido a presiones de todo tipo para impedirlo.

La esclavitud y la trata de negros tuvieron un gran desarrollo a partir del siglo XVI. Los reyes, como Carlos V, lo vieron como una fuente considerable de ingresos y legitimaron esta práctica tan inmoral y tan canallesca. Sin embargo,  dentro de la Iglesia fueron muchos los que con valentía se opusieron, aunque bien es verdad que algunos teólogos se planteaban incluso si los negros tenían alma o eran una especie de animales parecida al hombre. ¡El colmo de los colmos!
Cartagena de Indias en Colombia y Veracruz en México fueron los dos grandes puertos españoles donde más se practicaba este inhumano comercio; la mercancía eran los esclavos negros de las Indias Occidentales, del Nuevo Mundo. Cada año embarcaban decenas de miles de esclavos: hombres, mujeres y niños que eran arrancados de su tierra, que venían de regiones americanas diversas, que hablaban distintas lenguas, que eran tratados con brutalidad y sometidos a todo tipo de servicios, vejaciones y mutilaciones, que no recibían ninguna asistencia sanitaria ni moral y que eran sometidos a durísimos trabajos.

El Santo, protector y asistente de los esclavos. Óleo contemporáneo de A.Castellote.

Alonso Sandoval, que como he dicho era compañero de San Pedro Claver, describe de manera impresionante las condiciones de vida de los esclavos y el apostolado al que se dedicaron los jesuitas en Cartagena de Indias. En este inmenso campo de apostolado, San Pedro Claver intenta hacer frente a todos los problemas físicos y espirituales que tenían los esclavos negros, los niños, los jóvenes, los ancianos abandonados, los prisioneros, los condenados a muerte, los enfermos, los leprosos en los hospitales de San Sebastián y de San Lázaro… y los cuidaba, les daba de comer, los consolaba, les mostraba a todos un cariñoso afecto. Despertó en cada uno de ellos el sentido de su propia dignidad humana, predicó la fe en Cristo a los paganos y enseñó a todos la práctica de las virtudes evangélicas. Los hizo sentirse hijos de Dios y practicó hasta el heroísmo el “amaos los unos a los otros”.

Enseñó la doctrina de Cristo valiéndose de dibujos, de imágenes, como hicieron en otro tiempo los misioneros en China al desconocer el idioma. Utilizó grandes cartones pintados y un gran libro ilustrado que, sin duda, debió realizar él mismo. Se sirvió también de 161 ilustraciones bellísimas sobre la vida de Cristo que fueron realizadas por Bartolomé Ricci y que fueron publicadas en Roma, en latín y en italiano, en el año 1607. Enseñó a dieciocho catequistas en el colegio de los jesuitas para que, como dije antes, le ayudaran a traducir los textos y dibujos a las diversas lenguas y dialectos hablados por los esclavos negros.

Se dice que bautizó a unos trescientos mil esclavos, que fue el apóstol de la Comunión frecuente, que inculcó la devoción a la Pasión de Cristo y a la Virgen y que fundó una congregación mariana para negros. Asimismo, fue un asceta extraordinario: aparte de las mortificaciones que le imponían su apostolado, como el clima insalubre, la suciedad, las epidemias, la absoluta falta de higiene, etc., él agregó a todo esto una vida terriblemente austera ya que regalaba su comida, curaba personalmente las heridas más repugnantes, practicaba una pobreza personal extrema y una severa penitencia corporal. Su vida espiritual era un fiel reflejo de la del maestro portero de Palma de Mallorca, de San Alonso Rodríguez.

Un día, después de predicar la Cuaresma en una región llena de paganos, Uraba, se sintió enfermo, no pudo celebrar misa y tuvo que volver a Cartagena de Indias, pero al llegar comprobó que la peste había hecho estragos en la ciudad y que varios compañeros jesuitas habían fallecido. Quedó paralítico y le entró un enorme temblor en las manos, temblor que desaparecía cuando celebraba la Santa Misa y después de una larga enfermedad que le duró cuatro años, murió en Cartagena de Indias el día 9 de septiembre del año 1654, con setenta y cuatro años de edad. Inmediatamente fue considerado y venerado por todos como el santo apóstol de los negros.

Sepulcro del Santo con su esqueleto a la vista. Cartagena de Indias (Colombia).

Los procesos informativos para su beatificación se iniciaron rápidamente. Fue declarado Venerable en el año 1747, beatificado el 21 de septiembre del año 1851 y canonizado por el Papa León XIII el día 15 de enero de 1888. También en ese mismo acto fue canonizado quién había sido su maestro espiritual en Palma de Mallorca: San Alonso Rodríguez.
León XIII, en el año 1896 lo declaró patrón universal de las misiones entre los pueblos de raza negra. Dos años antes, la Beata Maria Teresa Ledóchowska había fundado la “Sociedad de San Pedro Claver para las Misiones de África”, sociedad que posteriormente se transformó en Congregación religiosa aprobada por la Santa Sede en el año 1910. Está sepultado en Cartagena de Indias y su fiesta se celebra el día 9 de septiembre.

Antonio Barrero

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