San Peregrino Laziosi

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Detalle de la Gloria del Santo. Lienzo de Francesco Trevisani en la Basílica del Santo en Forlì, Italia.

Pregunta: ¿Podrían hablar de san Peregrino Laziosi, patrón de los enfermos de cáncer y si es cierto que su cuerpo está incorrupto?

Respuesta: Con mucho gusto hablaremos hoy de este santo servita y ya de antemano te decimos que, efectivamente, su cuerpo está incorrupto. Aunque existe una “leyenda sobre el beato Peregrino” escrita por un fraile servita en la segunda mitad del siglo XIV, el principal documento escrito sobre nuestro santo data del 1484, es obra de Niccolò Borghese y se llama “Vita beati Peregrini Foroliviensis”. Este autor fue un notable político y humanista de Siena que redactó esta obra en latín clásico. También existen otros documentos dignos de crédito, pero no entraremos en ellos.

San Peregrino nació en Forlì alrededor del año 1265 siendo hijo único y descendiente por línea paterna de la estirpe de la familia Laziosi. Sus padres se llamaban Berengario Laziosi y Flora degli Aspini. El episodio que dio origen a su vocación se inscribe dentro de los tumultos ocurridos en su ciudad natal en tiempos del Papa Martín IV. El prior general de los Servitas, San Felipe Benizi que estaba de visita en el convento que la Orden tenía en la ciudad, fue perseguido e incluso expulsado de Forlì cuando exhortaba a sus habitantes a tornar a la obediencia al Papa. Peregrino tenía unos diecisiete años de edad y formaba parte de aquellos exaltados. Ese episodio – que lo “olvida” la primera leyenda escrita por el fraile servita – fue realmente un episodio indecoroso pues el joven Peregrino llegó a abofetear a San Felipe (ver artículo del 27 de noviembre del 2010).

Para evitar hablar de este hecho sacrílego, algunos autores lo que hicieron fue atrasar la fecha de su nacimiento al año 1322 y su muerte, al 1402, pero la realidad es que aquel acto fue real y de hecho existe alguna pintura que los representa juntos e incluso Fray Miguel Poccianti lo recuerda en su “Chronicon” del 1567. Los “Annales” de la Orden de 1618 lo confirman y actualmente, todos los biógrafos del santo recuerdan aquel episodio como cierto. Así, desde principios del siglo XVI se da por cierta la fecha del nacimiento en 1265 y muerte, en 1345.

El Santo rezando ante un cuadro de la Virgen. Lienzo de Girolamo Reggiani, Basílica del Santo en Forlì, Italia.

Cuando tenía unos treinta años de edad, o sea, entre el 1290-1295, arrepentido, entró en la Orden pero no con la intención de ordenarse como sacerdote. No se sabe con certeza qué pasó en el tiempo transcurrido desde el episodio de Forlì hasta que entró en la Orden. Hay quienes dicen que siguió como penitente a San Felipe e incluso que fue este quién le indujo a tomar el hábito. Estas hipótesis pueden ser ciertas, pero seguridad absoluta no existe. También es posible que las medidas adoptadas por el Segundo Concilio de Lyon referentes a los Órdenes mendicantes, atrasaran el año de ingreso de San Peregrino en la Orden de los Siervos de Maria.

Contrariamente a lo prescrito por las constituciones antiguas de la Orden, Peregrino fue admitido como novicio no en el convento de su lugar de origen – Forlì – sino en Siena. Esto pudo hacerse con la intención de obviar lo allí sucedido. En el convento de Siena, estuvo solo el año de noviciado y allí conoció a los beatos Joaquín y Francisco de Siena. Con treinta y un años de edad fue enviado a su ciudad natal y allí permaneció hasta el día de su muerte.

Se distinguió por la observancia de todas las normas y costumbres monásticas, por sus oraciones en el coro, sus ayunos, vigilias, lectura de la Biblia y por sus frecuentes confesiones. Era extremadamente caritativo con los pobres y sobre todo, rigurosísimo consigo mismo; se dice que durante treinta años jamás se sentó. Esta penitencia le pasó factura y cuando tenía unos sesenta años de edad le salió una llaga en su pierna derecha a causa de las varices y esto pudo comprobarse en el reconocimiento canónico realizado a su cuerpo incorrupto, el 16 de abril del año 1958.

Esta llaga adquirió tales dimensiones que el médico Paolo di Salaghis determinó que era inevitable amputarle la pierna, pero la noche anterior a la operación quirúrgica, San Peregrino, agarrándose como pudo, se arrastró ante una imagen de Cristo Crucificado implorándole que le curara. Dolorido, se durmió y en sueños vio como Cristo descendía de la Cruz para librarlo de la enfermedad. Despertó y dando gracias a Dios volvió a su celda. A la mañana siguiente cuando el médico llegó para cortarle la pierna, sólo pudo confirmar la curación milagrosa y como es lógico, la noticia se corrió como la pólvora por toda la ciudad.

Milagro de la curación del Santo. Lienzo de Simone Cantarini, justo encima del sepulcro del Santo. Basílica del Santo en Forlì, Italia.

San Peregrino murió consumido por la fiebre, siendo octogenario, alrededor del año 1345. Su cuerpo fue puesto en el coro del convento y por allí pasaron todos los habitantes de Forlì para darles su último adiós. Sucedieron algunos milagros y se habla de la curación de un ciego al cual bendijo el santo incorporándose del féretro, así como la liberación de una endemoniada (!!!).

El autor de la primera leyenda de San Peregrino (el servita que la escribió en la segunda mitad del siglo XIV) no se limita exclusivamente a narrar la vida del santo, sino que hace hincapié en la espiritualidad del mismo, dice de él que era un místico e incluso llega a ponerlo como modelo a seguir por todos los frailes de la Orden. Dice que el centro de su vida era su inmenso amor a la Virgen por ser la Madre de Cristo y de todos los hombres y porque la reconocía como medianera de todas las gracias. Dice que la Virgen estaba en los inicios de la vocación del santo y fue precisamente por eso por lo que entró en la Orden de los Servitas en vez de entrar en otra Orden mendicante. María es quien le propone entrar en su Orden y le dice que le ayudará a encontrar a su Hijo y el joven Peregrino le responde con prontitud dispuesto a seguirla en todo aquello que ella le encomiende.

Tanto San Peregrino Laziosi como San Felipe Benizi son los dos santos que han gozado de más veneración dentro de la Orden. El primer testimonio de culto fue que no se le enterró en el suelo sino en un hueco hecho a propósito en la pared de la capilla de la Virgen Coronada en la propia iglesia.

La difusión de su culto fue pareja con la expansión geográfica de la Orden. No existía ninguna nueva fundación en la región de la Emilia Romagna, en la que de una forma u otra, San Peregrino no estuviese presente: Rimini, Cesena, Forlimpopoli, Faenza, Imola, Bologna, Sassuolo, Ferrara, etc. En Forlimpopoli, los habitantes se empeñaron en tener una reliquia suya y hasta que no la consiguieron el 30 de julio de 1636, no pararon.

Vista de la urna que contiene el cuerpo incorrupto del Santo. Basílica del Santo en Forlì, Italia.

Otro tanto ocurría en otras regiones italianas y así, su culto se propagó rápidamente por Siena, Mantova, Bergamo, Venecia, Turín, Génova y otras muchas ciudades. En esto, ayudó mucho la labor realizada por el padre Carlos Antonio Tassinari, que era originario de Forlì y confesor de Santa Verónica Giuliani, la cual era también muy devota de San Peregrino, ya que también ella había sido curada de una infección en una pierna que estuvo a punto de convertírsele en una pura llaga. Su culto saltó de Italia al resto de Europa, extendiéndose especialmente en Alemania, Austria y España.

El primer proceso diocesano sobre “cultu ab inmemorabili” se inició el día 30 de julio de 1608 con el reconocimiento canónico de sus reliquias. De allí pasó a la Congregación de Ritos encargándose de su estudio el santo cardenal Roberto Bellarmino, que el 21 de marzo de 1609 dio su respuesta favorable. Así, el 15 de abril siguiente, el Papa Paulo V concedió inscribirlo en el Martirologio junto con el beato Joaquín de Siena. Eso equivalió a la beatificación. Entretanto se decidió transferir el cuerpo del santo a una nueva capilla más suntuosa, al lado derecho de la iglesia. El traslado se hizo el 16 de mayo del 1639.

Las primeras instancias para que se canonizara solemnemente fueron presentadas al Papa Urbano VIII en el año 1644, pero aunque estas instancias estaban apoyadas por la República de Venecia y el ducado de Mantova, la Causa estuvo latente hasta que el Papa Inocencio XII, en el año 1696 autorizó la apertura de un segundo proceso diocesano que concluyó el mismo año y que fue aprobado por la Congregación de Ritos el 26 de agosto de 1702. Junto con San Juan de la Cruz y San Francisco Solano, fue solemnemente canonizado el 27 de diciembre del año 1726.

Detalle de los pies incorruptos del Santo. Basílica del Santo en Forlì, Italia.

El Papa León XIII lo declaró oficialmente patrono principal de la ciudad de Forlí. Su fiesta litúrgica se celebraba el día 1 de mayo porque desde siempre se ha creído que ese fue el día de su muerte, aunque en el calendario se la Orden figuraba el día 2. Con la reforma del 14 de febrero del 1961, su festividad se ha pasado al día 3 de mayo.
Es patrono de los enfermos que tienen cáncer y de los que padecen de SIDA.

Antonio Barrero

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