Santas Basilisa y Anastasia, mártires romanas

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Vidriera de Santa Anastasia, mártir romana. Seo de Xàtiva, Valencia (España).

Vidriera de Santa Anastasia, mártir romana. Seo de Xàtiva, Valencia (España).

Pregunta: Sobre Sta Anastasia la romana, es la que se venera el 15 de abril, de hecho es la santa de mi nombre, agradecería mas información. México

Respuesta: Hola, me preguntas por una Santa concreta, Anastasia, compañera de Basilisa, que no hay que confundir con Santa Anastasia de Sirmio o la Pharmakolytria, que se venera el 25 de diciembre; ni tampoco con otra mártir que sí es conocida como Santa Anastasia la Romana o Santa Anastasia la Hosiomártir, venerada en las Iglesias orientales el 29 de octubre. De la primera ya he escrito y de la segunda tengo pendiente escribir, pero hay que tener en cuenta que son tres santas distintas aunque compartan nombre, cualidad de mártir y se las llame “romanas” o “de Roma”. Hablemos pues, de las Santas Basilisa y Anastasia, cuya memoria recordamos hoy aunque su festividad antigua era el día 15 de este mes -que hemos cedido para el artículo de San Damián de Molokai– y la actual, como veremos, es el 30 de junio.

Un breve elogio
El Martirologio Romano, el día 15 de abril, dice lo siguiente: “Romae, sanctarum Basilissae et Anastasiae nobilium feminarum, quae cum essent apostolorum discipulae et constantes in fidei professione persisterent, sub Nerone imperatore lingua pedibusque praecisis, percussae gladio martyrii coronam adeptae sunt”. Lo que, traducido del latín, significa: “En Roma, las Santas Basilisa y Anastasia, nobles mujeres, las cuales siendo discípulas de los apóstoles y persistiendo constantes en la profesión de la fe, bajo el emperador Nerón, les fueron cortadas la lengua y los pies y golpeadas con la espada, consiguieron la corona del martirio”. Este elogio es sacado del Menologio del emperador Basilio Porfirogénito. Ciertamente, según los bolandistas, en torno a estas dos mártires sólo sabemos lo que comenta este mismo Martirologio, nada más. Es decir, que no podemos dar por cierto absolutamente nada fuera de este breve párrafo. No hay más datos.

Debería ser suficiente, pero ya sabemos que la tradición ha gustado de adornar y completar esta escasísima referencia que de por sí, ya resulta incoherente al calificarlas de nobles matronas romanas, si lo comparamos con el trato inhumano que recibieron. Pero no teniendo nada más que este texto para agarrarnos a algo sólido, deberemos pasar por alto que a dos mujeres nobles se las torturara de manera tan brutal, algo que sabemos que no se hacía en la práctica y mucho menos en fechas tan tempranas – sub Nerone-, antes de que Caracalla extendiese la ciudadanía romana a todos los habitantes libres del Imperio (212 d.C) y por tanto en una época donde ser ciudadano sí que marcaba la diferencia en la forma en que se podía morir ejecutado -véase el caso de San Pedro y San Pablo-.

Vidriera de Santa Basilisa, mártir romana. Seo de Xàtiva, Valencia (España).

Vidriera de Santa Basilisa, mártir romana. Seo de Xàtiva, Valencia (España).

Dicho esto y admitiendo que la referencia del Martirologio pueda estar corrupta, y o bien estas dos Santas no eran nobles y sufrieron esas atrocidades; o bien sí lo eran y pasaron directamente a la decapitación; vamos a ver los pormenores que la passio y la tradición aportan a tan escueta referencia, dejando claro, por supuesto, que todos estos pormenores carecen de cualquier valor histórico.

Passio de las Santas
Las fechas atribuidas a la vaga expresión sub Nerone -Nerón reinó entre los años 54 y 68 d.C- se ponen en contradicción al afirmar que estas dos mártires murieron en el 56, lo cual las situaría por delante de la propia Santa Tecla, que, sin embargo, sigue siendo considerada la Protomártir femenina. Una vez más conviene no atender estas fechas, cuya precisión es vaga y casi inexistente, y nos quedaremos con que este martirio ocurrió en tiempos de Nerón; lo cual, si nos ponemos quisquillosos, también es problemático, pues fuera de la famosa matanza que este emperador desencadenó para satisfacer al pueblo romano que pedía un chivo expiatorio por el incendio catastrófico de Roma, sabemos que no emprendió otra persecución en concreto. Si tenemos que ubicar a nuestras dos Santas de hoy, deben ubicarse en medio de los innumerables mártires de esta masacre -con lo cual desconoceríamos sus nombres- o más bien, como de hecho ha ocurrido, se las asocia al martirio de Pedro y de Pablo.

Existen otras mártires con el nombre de Basilisa (en griego, “reina”) y Anastasia (en griego, “resurrección”), pero sólo en este caso podemos ver esos nombres juntos. La leyenda empieza en tiempos del emperador Nerón, quien, como decíamos desató la primera persecución cristiana oficialmente conocida en el Imperio por razones bastante turbias: la necesidad de ofrecer al pueblo romano una víctima culpable del incendio de la ciudad. Entre los cientos de cristianos que morirían en esta persecución, se destacan en este caso Basilisa y Anastasia, que el relato califica de “nobles matronas romanas”, lo cual, ciertamente, no puede ser menos que puesto en duda por las razones que ya hemos apuntado.

Las Santas recogiendo los cadáveres de los apóstoles. Grabado de Filippo Biglioli para un calendario de Santos.

Las Santas recogiendo los cadáveres de los apóstoles. Grabado de Filippo Biglioli para un calendario de Santos.

Nos cuenta el relato que tanto Basilisa como Anastasia eran discípulas de Pedro y de Pablo, otra suposición vana, pues el texto simplemente dice “discípulas de los apóstoles”, pero ¿qué apóstoles? Dar por sentado que fueran Pedro y Pablo precisamente es demasiado vago, pues apóstol era cualquiera que predicara la palabra de Cristo. Pero sigamos. El tiempo parece situarnos en el momento de la ejecución de los dos primeros apóstoles difusores del cristianismo. Ya sabemos que ambos acabaron en Roma, Pedro, crucificado cabeza abajo, Pablo, que disfrutaba de ciudadanía romana, decapitado. Nos dice el relato que las dos mujeres tomaron los cadáveres de Pedro y de Pablo y les dieron sepultura, desobedeciendo las órdenes que obligaban a la exposición pública de los cadáveres de los ajusticiados. El caso es que al ejercer la piedad suprema de dar sepultura a los muertos y desobedeciendo una orden directa del emperador, se granjearon un castigo equivalente. El acto de piedad de Basilisa y Anastasia les supondría la pena de muerte.

Llevadas ante Nerón (esto seguramente es fantástico, con tal de engrandecer la leyenda; lo más lógico sería que fueran a comparecer ante un magistrado delegado), les fueron explicados los motivos de su detención y se les ofreció la posibilidad de conmutar la pena capital ofreciendo el reparatorio sacrificio a los dioses. A lo cual respondieron ellas: “Jesucristo es el verdadero Dios, por el cual estamos dispuestas a confesarlo derramando nuestra sangre y muriendo por él si es necesario. En cuanto a nuestros maestros, merecían el honor de la cristiana sepultura”. Fueron enviadas a prisión y posteriormente sometidas a nuevos interrogatorios, pero al permanecer inflexibles en su postura, se decretaron contra ellas diversas torturas.

Las Santas sufriendo la amputación de las manos. Cerámica devocional en la calle de las Santas, Xàtiva, Valencia (España).

Las Santas sufriendo la amputación de las manos. Cerámica devocional en la calle de las Santas, Xàtiva, Valencia (España).

Las dos fueron desnudadas y atadas a sendas columnas, tras lo cual se las azotó en público hasta que perdieron el conocimiento. Cuando se recuperaron, de las desató de las ensangrentadas columnas, se las ató a un potro de tortura y les quemaron el cuerpo con antorchas encendidas, mientras a gritos invocaban el nombre de Cristo Jesús. Molesto por sus gritos, Nerón mandó que les cortaran a ambas la lengua, cosa que se hizo, pero milagrosamente no lograron acallar sus voces (este dato fantástico es muy recurrente en la literatura hagiográfica). Tras lo cual les cortaron los pechos, las manos y los pies; y las dejaron desangrarse durante largo rato. Finalmente fueron retiradas del potro y degolladas, primero una y luego otra. Es de lógica entender que una muerte tan espantosa no podría ser jamás aplicada a una matrona de noble cuna; lo cual iba totalmente en contra de la ley romana, pero que podía ser aplicada sin reparos a cualquier otro. No insistiré más en esto porque ya dediqué un artículo a este tema.

Reliquias
Según el Diario Romano de 1926 las reliquias de las dos mártires siguen conservándose hoy en día en la iglesia de Santa Maria della Pace, en Roma. Basilisa había estado antes en la iglesia de los Santos Celso y Julián y posteriormente en San Paolo Fuori le Mura, hasta que Clemente VIII la trasladó a Santa Maria della Pace. Esto podría hablar en favor de que su existencia sea verídica aunque la passio, y especialmente la ubicación temporal del martirio, así como los detalles del mismo, no estén exentos de controversia.

La ciudad de Xàtiva (Valencia, España) las tiene como copatronas junto a San Félix y la Virgen de la Seo, y tradiciones locales han llegado a decir que eran hijas de esta ciudad, lo que es absolutamente falso; pues se basa en la premisa de una tradición antigua que decía que San Pablo habría llegado a Hispania, predicado en tierras valencianas y tomado a estas dos mujeres como discípulas, llevándoselas a Roma, donde sufrirían el martirio. Sabemos que estos datos están sacados de un cronicón falso, la crónica de Lucio Flavio Dextro, que dice lo siguiente: “Sanctæ fæminæ, Virgines, Basilissa & Anastasia, Hispanæ, ex Urbe Setabi in Edetanis, sequutæ sunt S. Apostolum Paulum”.

Página de un Misal romano con la miniatura de Santa Anastasia sufriendo la amputación de sus miembros.

Página de un Misal romano con la miniatura de Santa Anastasia sufriendo la amputación de sus miembros.

En realidad, este texto es del siglo XVI y no antiguo como pretende, es una falsificación. Sin embargo, se creyó que era auténtico y de ahí el patronazgo, aunque nunca se ha podido probar que San Pablo llegase a Hispania y mucho menos a tierras valencianas, siendo el primer testimonio cristiano probado el martirio del diácono San Vicente. Por ello, lo lógico es pensar que ambas fueran romanas, pues al fin y al cabo, el Martirologio ubica su martirio allí. No es el primer caso en que a ciertos mártires en concreto se los “hispaniza” en base a tradiciones o textos falsos; hemos hablado ya de muchos otros casos: San Marcelo, Santa Sotera, Santa Marta de Astorga, Santa Madrona, Santa Marciana, etc…

Ignorando quizás estas cuestiones, en la ciudad vasca de Urretxu (España) creen tener las reliquias de Santa Anastasia, compañera de Basilisa. Según se dice, “el cardenal Francisco Necolalde Zabaleta, originario del pueblo, donó en 1674 los restos de Santa Anastasia a la iglesia de Urrechua, trayéndolas desde Játiva (Valencia), donde había sido martirizada en tiempos de los romanos. Como curiosidad conste que a partir de entonces esta santa foránea ha ido desplazando paulatinamente al titular de la parroquia, San Martín, hasta tal punto que desde hace bastante tiempo, las fiestas patronales se celebran en honor de Santa Anastasia. Sucede la tercera semana del mes de septiembre en conmemoración de la traída de los restos y no en su santoral como debiere corresponder.” Puede que esas reliquias procedieran de Xàtiva, pero como sabemos que las reliquias de las Santas Basilisa y Anastasia están en Roma, lo más probable que hubiese en Xàtiva, y ahora en Urretxu, sea una mártir de las catacumbas del mismo nombre.

Culto e iconografía
Si bien estas dos mártires, como decía, eran recordadas el 15 de abril en el Martirologio Romano, hay que decir que las últimas reformas del calendario las han enviado al 30 de junio, con todos los protomártires romanos, en una única conmemoración. Por lo tanto ya no se celebrarían en su fecha tradicional sino junto con el resto de sus coetáneos, una innombrable multitud de mártires anónimos.

Martirio de las Santas. Iluminación del Menologio de Basilio II (s.X). Biblioteca Apostolica Vaticana, Roma (Italia).

Martirio de las Santas. Iluminación del Menologio de Basilio II (s.X). Biblioteca Apostolica Vaticana, Roma (Italia).

En la iconografía aparecen como dos mujeres, a veces jóvenes, otras más adultas; y a veces atribuyéndosele la condición de vírgenes y/o hermanas carnales entre sí -sin ningún fundamento, ya que esto no se menciona en ninguna fuente- enterrando los cuerpos de San Pedro y de San Pablo, y siendo torturadas, preferentemente en el momento de sufrir la amputación de manos o pies.

Como decía, Santa Anastasia no debe ser confundida con ninguna otra Santa de este mismo nombre -particularmente las mencionadas al inicio del artículo- y tampoco Santa Basilisa con la otra mártir célebre de este nombre, la niña mártir de Nicomedia; así como otras. Sólo en este caso ambos nombres vienen asociados.

Conclusión
Lo mejor para conocer a nuestras Santas de hoy es limitarse a la información aportada por el Martirologio, por más breve que ésta sea: dos mujeres romanas, cristianas, que sufrieron martirio por enterrar los restos de sus maestros, apóstoles -fueran Pedro y Pablo o fueran otros- en tiempos de Nerón. Todo lo demás es echar ficción encima de lo que es una limitada escasez de datos, pero así son las cosas con la mayoría de mártires de la Antigüedad.

Meldelen

Bibliografía:
– VVAA, Bibliotheca Sanctorum: Enciclopedia dei Santi, Città Nuova Editrice, Roma 1984.

Enlaces consultados (11/04/2015):
– www.euskomedia.org/aunamendi/129925#11
– www.santiebeati.it/dettaglio/49550
– www.seudexativa.org/
– http://ca.wikipedia.org/wiki/Basilissa_i_Anast%C3%A0sia_de_Roma

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Santos protomártires romanos

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"Los mártires en las catacumbas", óleo de Jules-Eugène Lenepveu (1855). Museo de Orsay, París (Francia).

Apremiados por el mandato del Maestro y llenos del Espíritu Santo, los apóstoles y discípulos se apresuraron a extender la Buena Noticia por todos los confines del mundo conocido, empezando por las provincias del imperio romano y llegando hasta la mismísima metrópolis donde ejercieron y culminaron su ministerio los apóstoles Pedro y Pablo.

La nueva doctrina, que presentaba a todos los hombres como hermanos, era una doctrina revolucionaria que pronto conseguía adeptos allí donde era predicada: de todas las profesiones, de todas las capas sociales, eran adoctrinados y bautizados y cada bautizado se convertía en un nuevo apóstol. Esto no podía pasar desapercibido y desde el primer momento, el imperio tomó conciencia de los peligros que para él suponía la nueva doctrina, por lo que un decreto senatorial del año 35 la declara “extraña e ilícita”, Tácito, la tacha de “perniciosa”, Plinio la llama “malvada y desenfrenada”, Suetonio la denomina “nueva y maléfica”, Octavio de Miuncio la calificó de “tenebrosa y enemiga de la luz”, o sea, fue considerada el enemigo más peligroso del poder de Roma, que se basaba en la antigua religión nacional, el culto a los dioses y al mismísimo emperador que también era considerado como un dios.

Por tanto, los tres primeros siglos, constituyen la era de los mártires, llegando la tranquilidad con el Edicto de Milán, promulgados por Constantino y Licinio en el año 313, en el que se concedía plena libertad a la Iglesia. Las persecuciones no siempre fueron continuas y extendidas a todo el imperio, ni siempre fue igual de cruel y cruenta. A períodos de persecuciones siguieron otros de relativa tranquilidad.

Vista de los loculi en un corredor de las catacumbas de Calixto,Roma (Italia).

Los cristianos que afrontaron las persecuciones con valor y a veces con heroísmo, no la soportaron pasivamente. Se defendían, refutaban con fuerza las acusaciones que se les imputaba y aun pedían no ser condenados injustamente, sin pruebas. Eran ciudadanos honestos, cumplidores de la ley, trabajadores, fieles al emperador y ejemplares tanto en sus vidas privadas como públicas.

Para librarse, tuvieron que recurrir a las innumerables catacumbas existentes en el imperio, especialmente en Roma, donde predicaban la doctrina de Jesús y donde celebraban los sacramentos. Los historiadores consideran que los mártires de los tres primeros siglos fueron miles, pero de las Actas o protocolos judiciales no se pueden deducir ni el número exacto ni los nombres de todos ellos.
Según Tácito, en la gran persecución de Nerón fueron miles. El Martirologio Jeronimiano de esta persecución, enumera nada menos que novecientos setenta y nueve mártires. San Cipriano dice que “el pueblo de los mártires fue incalculable”. En las catacumbas de Calixto fueron sepultados cuarenta y seis mártires conocidos por sus nombres, pero muchísimos más anónimos. Esto por poner sólo un ejemplo de esa persecución y todos sabemos que en Roma existen numerosas catacumbas.

Pertenecían a toda categoría de edad, sexo, profesión, extracción social y cultural, procedencia geográfica, etc. Pero todos, absolutamente todos, eran modelos y testigos de una fe invencible y de una fidelidad total a Cristo, fidelidad que era confirmada con el derramamiento de su sangre.
Algunas acusaciones fueron insólitas, inauditas: hacer magia, canibalismo (porque comían la carne y bebían la sangre de un tal Jesús de Nazareth), que tenían relaciones incestuosas (como hermanos se daban el abrazo y el beso de la paz en sus celebraciones clandestinas). Los paganos no tenían ni idea de lo que significaba la Eucaristía ni el precepto de “amaos los unos a los otros”.

Vista de otro corredor en las Catacumbas de Priscila, Roma (Italia).

Pero ¿qué era el martirio para los cristianos? Mártir (μάρτυρας) en griego quiere decir “testigo” y se refiere al que se sacrifica y sufre por un ideal o por una misión. Por eso, los cristianos sacrificados por sus creencias durante los primeros tres siglos de nuestra era, eran verdaderamente mártires y como tales, santos, dignos de toda veneración y respeto. Así los trató la primitiva iglesia en aquellos tiempos y así los consideramos hoy en día.
Tertuliano decía: “la sangre de los mártires es semilla de cristianos”. Pero aunque la Iglesia ha sido siempre una iglesia de mártires, sabemos que nos estamos refiriendo a los primeros mártires romanos.

El cristianismo era una religión nueva y revolucionaria y rechazaba la religión tradicional de Roma. Por eso Roma, tan abierta y tolerante con las religiones extranjeras, se mostró intransigente con la cristiana. Según los estudiosos, como he dicho antes, el fundamento jurídico de las persecuciones es el senadoconsulto del año 35, cuando el emperador Tiberio propuso al Senado de Roma el reconocimiento de la divinidad de Cristo y consecuentemente, la legitimidad de su culto. El Senado rechazó la propuesta y declaró a la religión cristiana ilícita. No era lícito ser cristiano. Con su veto, Tiberio se opuso a la aplicación del decreto del Senado.
Pero Nerón, para librarse de la acusación de haber incendiado Roma, echó la culpa a los cristianos, acusándolos de practicar una religión nueva y maléfica. Tergiversando monstruosamente la “cena eucarística” les acusó de canibalismo e infanticidio. Les acusó de incesto por la costumbre de llamarse hermanos y darse el beso de la paz y así, Nerón consiguió la hostilidad de las masas populares contra los cristianos y esa persecución de Nerón duró cuatro años.
Siguió un período de treinta años de tranquilidad. Domiciano, en los dos últimos años de su vida (95-96) desencadenó una nueva persecución. La tercera fue la de Trajano y el pretexto: “que los cristianos constituían una sociedad no permitida, no legalizada”. La cuarta gran persecución fue en tiempos de Marco Aurelio (161-180). Durante su reinado el imperio sufrió grandes carencias y enfermedades y fue atacado por los bárbaros. El acusó a los cristianos de ser los causantes de estas calamidades.
En los inicios del siglo III, aunque el emperador Septimio Severo no publicó ningún edicto de persecución, sin embargo algunos fenómenos producidos en la sociedad romana, desencadenó el furor popular contra los cristianos, a los que acusaron del delito de “lesa majestad”.

Vista de una estancia en las Catacumbas de San Sebastián, Roma (Italia).

La siguiente persecución fue la de Maximino y fue de naturaleza más política que religiosa. Decio, con un edicto del año 249 ordenó a todos los súbditos del imperio ofrecer públicamente un sacrificio propiciatorio a los dioses. Como los cristianos se negaron, fueron perseguidos, pero esta persecución que fue intensísima, al mismo tiempo fue muy breve.
En tiempos de Valeriano (253-260), la persecución estuvo limitada a varias regiones, no fue generalizada en todo el imperio. Prácticamente tuvo como objetivo cargarse la jerarquía, matando obispos, sacerdotes y diáconos, cerrando los pocos edificios de culto que estaban abiertos y confiscando los cementerios cristianos.
Diocleciano y Galerio, al inicio del siglo IV, decretaron la destrucción de todos los templos, la quema de todos los libros sagrados y dio orden de que todos los cristianos, bajo pena de muerte si se negaban, ofrecieran sacrificios a los dioses. La persecución fue violentísima y generalizada. Pero con el Edicto de Milán del 313 cesaron las persecuciones, se concedió plena libertad a la Iglesia y se le restituyeron los bienes confiscados.
En estos primeros siglos murieron muchísimos cristianos; hoy los veneramos como santos: Sebastián, Inés, Cecilia, Águeda, Ceferino, Ponciano, Fabián, Marcos y Marceliano, Tarsicio, Pancracio, Demetrio, Jorge y otros muchos miles. Las catacumbas estaban repletas de sus sepulturas, ya que aunque eran lugares de culto, también eran cementerios cristianos.

Otra vista de las catacumbas romanas de Calixto.

Las catacumbas son un testimonio histórico de un patrimonio riquísimo de pinturas, esculturas e inscripciones que nos ilustran sobre los usos, las costumbres, la vida de los antiguos cristianos, su cultura, su fe. Toda comunidad se expresa necesariamente y traduce su propia fe y costumbres en documentos escritos o visibles.
Las catacumbas romanas no nos cuentan sólo la historia de las persecuciones y del culto a los mártires; nos presentan también con claridad la fe de la iglesia apostólica y de los primeros siglos de cristianismo. Por eso ir a Roma, supone tener que visitar las catacumbas a fin de volver a nuestras raíces cristianas, a los tiempos en los que Cristo era el eje principal y central de la Iglesia. En esos tiempos la Iglesia vivía de una forma especial la vida sacramental, lo social pues todo lo compartían, tenían un tremendo sentido de la trascendencia, se comentaban las escrituras, era casi, otra Iglesia distinta a la de ahora.

En las catacumbas se inició y desarrolló el culto a los mártires. Los primeros cristianos sentían la necesidad de reunirse junto a sus tumbas para festejar el recuerdo de su martirio y para invocarlos. San Ignacio de Antioquía, San Policarpo de Esmirna, San Abercio de Gerápolis, obispos ilustres del Oriente cristiano visitaron las catacumbas para rendirle culto a los mártires. Luego ellos también dieron sus vidas por la misma fe.
Desde todos los países de Occidente llegaban peregrinos desde los primeros siglos para dar culto a los mártires. Desde la lejana Irlanda llegaba San Patricio en el siglo V, desde los países nórdicos se acercaban los misioneros a Roma, desde toda la cristiandad se visitaban las catacumbas para venerarlos y llevarse reliquias a sus países de origen.

Otra vista de los nichos en las catacumbas de Calixto.

Durante los siglos V, VI, VII y siguientes fueron extraídos numerosos cuerpos de mártires de las catacumbas, que estaban en el extrarradio de la ciudad y llevados a Roma, se construyeron numerosas iglesias en su memoria, depositando en ellos sus restos. Sería innumerable relatar los traslados de reliquias a la ciudad por parte de los papas: San Dámaso, San Gregorio Magno, San León Magno y muchísimos otros. Durante la Edad Media y la Contemporánea las visitaron numerosos santos: Santa Brígida de Suecia, San Felipe Neri, San Carlos Borromeo e incluso San Juan Bosco. En los siglos XVI, XVII y XVIII se excavaron las catacumbas y los papas mandaron extraer miles de “cuerpos santos”, cuerpos de mártires, que fueron distribuidos por toda Europa e incluso América.

Tenemos también que decir que el culto a los primeros mártires estuvo implícitamente unido al de los apóstoles Pedro y Pablo, sacrificados en Roma, y esta es la razón principal por la cual no se encuentra ninguna mención particular en los primitivos martirologios y calendarios.

Pero dijimos al principio que el Martirologio Jeronimiano es el primero que conmemora el martirio de novecientas setenta y nueve personas en tiempos de Nerón y lo hace el día 29 de junio, o sea, el mismo día en que se conmemora a los dos apóstoles. La primera mención a estos protomártires romanos en el Martirologio Romano se atribuye a San Pío V y lo hace el día 24 de junio. Se dice que el papa envió como reliquia a un diplomático un poco de tierra recogida delante de la Basílica Vaticana. El diplomático creyó que el papa se burlaba de él pero este le contestó que aquella tierra estaba embebida de sangre fresca de mártires.

En el año 1626, en tiempos del Papa Urbano VIII, se encontraron bajo el baldaquino de Bernini en la Basílica Vaticana algunos sepulcros que contenían huesos quemados mezclados con cenizas y carbones. En otras ocasiones, también en excavaciones bajo la Basílica, se han realizado descubrimientos similares. En la actualidad, la Iglesia latina los conmemora el día 30 de junio.

Otro corredor en las catacumbas romanas de Calixto.

Para realizar este artículo hemos utilizado el “Breviario Romano”, el “Catálogo de las reliquias conservadas en la Basílica Vaticana”, el libro de F. Grossi Gondi:”Los primeros albores de la Roma cristiana”, editado en 1921 y el libro:”Los protomártires romanos” de F. Antonelli, publicado en Roma en el año 1952.

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es