San Rafael Guízar y Valencia, obispo misionero

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Estampa contemporánea del Santo.

Si bien, en los procesos actuales para la beatificación y canonización de algún candidato por vía confesor se requieren dos milagros; uno para la beatificación y otro para la canonización, los milagros que realizaron por la intercesión de San Rafael Guízar y Valencia se inclinaron hacia la maternidad y la vida.

Ciriana Ribera una mujer de Córdoba, Ver. México. Con diagnóstico de Blefarofimosis genética a sus 30 años de edad, le impedía ser madre. Ya que por causa de esta enfermedad tenía las trompas de Falopio obturadas, no había experimentado alguna menstruación y tenía una matriz no desarrollada, pero dió a luz a un niño. ¿Cómo es esto posible? (Milagro para la Beatificación).

Un niño con diagnóstico de manera intrauterina a las 31 semanas de gestación con labio leporino y paladar hendido, nació perfectamente sano 8 semanas después. ¿Cómo es esto posible? (Milagro para la Canonización).

Estos milagros de debieron a la intercesión de San Rafael Guízar y Valencia. Hijo del matrimonio de Prudencio Guízar González y de Natividad Valencia, sería el séptimo miembro de la familia de once hermanos. Nació en Cotija, Michoacán (Diócesis de Zamora) el 26 de abril de 1878. Recibiría de sus padres una esmerada educación religiosa, a pesar de que a sus 9 años quedaría huérfano de madre, aquel hombre que en un futuro se convertiría en padre para muchos. En Cotija estudiaría las primeras letras en la escuela parroquial y en el colegio San Estanislao regentado por la Compañía de Jesús en 1890.

Pronto manifestó su inquietud hacia el sacerdocio y mostró signos de vocación; esto consta por su intención de ingresar al Seminario Auxiliar de Cotija en 1891 y ya en 1896 pasaría al Seminario Mayor en Zamora. El primero de junio de 1901 sería ordenado sacerdote en la Catedral de Zamora a la edad de 23 años.

Fotografía del Santo tomada antes de su ordenación sacerdotal. Museo de San Rafael Guízar. Fotografía: Enrique López-Tamayo Biosca.

Tendría un enorme celo como misionero, misionó por la misma Ciudad de Zamora y alrededores. En 1905 fue nombrado misionero apostólico y director espiritual del Seminario de Zamora, en cuyo trabajo formó con celo a los seminaristas con un amor especial hacia la Eucaristía y a la Madre de Dios. Fundó el colegio Teresiano y fue misionero en Michoacán, Colima y Guerrero. En 1911 (en pleno auge de la Revolución Mexicana de 1910) fundaría un periódico para contrarrestar la persecución religiosa que se iniciaba en México, más sin embargo dicho periódico sería cerrado por los revolucionarios. A lo largo de 4 años sufriría la persecución por la revolución, lo que lo llevó a ocultarse, viviendo con privaciones y protegiendo su vida. Más sin embargo no dejó de continuar con su ministerio, se disfrazaba de vendedor de baratijas, de músico, de médico homeópata. Podía así acercarse a los enfermos, consolarlos, administrarles los sacramentos y asistir a los moribundos. Es en estos años cuando en 1913 sería nombrado canónigo de la catedral de Zamora, más sin embargo esto no lo limitó para continuar con su celo misionero. Después de todo esto se iniciaría una larga y dura persecución contra el clero en México y el Padre Rafael sería desterrado a Estados Unidos de América en 1915, posteriormente en Guatemala y finalmente Cuba. Ya en Cuba su apostolado en la isla fue fecundo y muy ejemplar y su caridad se extendió con las víctimas de una peste que diezmó en 1919 a los cubanos.

Fue un hombre virtuoso y con un inquebrantable celo apostólico. Mons. Enrique Pérez Serrantes, obispo de Camaguey, en Cuba decía: “La gloria de Dios lo absorbía todo entero; a la salvación de las almas, dedicaba todo el tiempo disponible; con el ejemplo y con la palabra, iba encendiendo en estos amores a los sacerdotes de ambos cleros a quienes encontraba a su paso”.

Fotografía del Santo, ya como obispo. Museo de San Rafael Guízar. Fotografía: Enrique López-Tamayo Biosca.

Estando en Cuba le sorprendió su nombramiento como Obispo de Veracruz el 1 de agosto de 1919. Fue consagrado obispo en la catedral de La Habana, Cuba el 30 de noviembre de 1919. Al año siguiente regresaría a México y tomó posesión de su diócesis. Sus primeros dos años como obispo los dedicó a visitar su gran diócesis que era un vasto terreno, así pues, convirtió sus visitas en grandes misiones, en obras de asistencia a los damnificados de un terrible terremoto en 1920 que había provocado la destrucción y muerte en la gente de Veracruz: Enseñaba doctrina, legitimaba uniones (algo que hizo con mucho empeño en Guatemala), predicaba en las parroquias, pasaba horas en los confesionarios.

Sus mayores preocupaciones fueron la formación sacerdotal ya que en 1921 logró rescatar y renovar el viejo seminario de Xalapa que había sido confiscado en 1914 y, ya renovado, el gobierno le volvió a incautar el edificio. A raíz de esto, trasladó en seminario a la Ciudad de México de forma clandestina y operó este durante 15 años (recordemos que estaba en pleno auge la persecución religiosa en México). Retuvo allí a seminaristas de varias partes de México teniendo hasta 300 seminaristas, éste al parecer sería el único seminario en operaciones clandestinamente en México y durante dos años abandonaría México. San Rafael sería uno de los tres únicos obispos que permanecerían en territorio nacional durante la persecución en México (aunque dos años estuvo fuera de México); los otros obispos serían Don José Amador Velasco Peña, IV obispo de Colima (nunca dejaría su diócesis, más sin embargo permaneció oculto pero mantuvo su actividad pastoral) y Don Francisco Orozco y Jiménez arzobispo de Guadalajara (desterrado 3 veces de México). De los dieciocho años que regentó su diócesis San Rafael, nueve los pasó en el exilio o huyendo porque lo buscaban para matarlo. Dio sin embargo muestras de gran valor llegando a presentarse personalmente a uno de sus perseguidores y a ofrecerse como víctima personal a cambio de la libertad de culto.

En 1929 cuando se pensaba que las relaciones Iglesia y gobierno habían mejorado, Obregón, presidente electo, fue asesinado.  En Agosto de ese año, Alberto Tejeda fue elegido gobernador de Veracruz y la reanudación del culto público en los templos se celebró, sobre todo en Veracruz y Xalapa.  El 6 de marzo de 1931, una explosión en la Catedral de Xalapa abrió nuevamente la tensión. El 10 del mismo mes, el gobernador Tejeda limitó a solo 13 sacerdotes el número que podría ejercer su ministerio en Veracruz, para una población de un millón trescientos mil habitantes.  A Monseñor esta determinación le pareció una ley tiránica y anticonstitucional porque tendía a hacer de la comunidad católica una corporación de esclavos.

El Santo, fotografiado entre seminaristas.

El 25 de abril de 1931 ordenaría sacerdote al Beato Ángel Darío Acosta mártir. Al saber en julio de su martirio San Rafael expresó “Me han matado a un ángel” y ante este hecho, el asesinato del Padre Darío se propagó por la ciudad como una llamarada.  Monseñor Guízar protestó de manera fulminante contra el gobernador en una carta remitida el mismo día de la muerte del Padre Darío.

Para no exponer la vida de los otros sacerdotes, el obispo tuvo que ordenar el cierre de los templos durante seis años, de 1931 a 1937.  Seis años que nuestra ciudad sufrió sin el apoyo de la Iglesia.  El gobernador había dado la orden de asesinar a Monseñor Guízar pero éste se le presentó en el palacio de gobernación y le solicitó que lo matara él mismo, pues él había dado la orden.  El gobernador palideció y retiró la orden, reconociendo el valor  del Obispo.

De nuestro santo se cuenta que llegó a decir que “A un Obispo le puede faltar la mitra, el báculo o la catedral, pero lo que no le puede faltar es el Seminario”. Esta conocida y certera afirmación de San Rafael Guízar y Valencia, la pronunció, según nos cuenta Mons. Ignacio Leonor Arroyo, en una de sus misiones, cuando el obispo de la diócesis en que se encontraba le contó que acababa de cerrar su Seminario por razones económicas. El señor obispo, “a los tres meses, volvió a abrir su Seminario”, comenta Monseñor Leonor Arroyo. Vemos siempre en las palabras de San Rafael su enorme importancia de la formación del clero.

Objetos litúrgicos utilizados por el Santo. Museo de San Rafael Guízar. Fotografía: Enrique López-Tamayo Biosca.

Era un hombre de caridad y no le importaba despojarse de las pertenencias que llevaba puestas con tal de ayudar a los menesterosos. Una persona vio que a la salida de Coatepec, cuando el Obispo caminaba hacia esa población, se encontró con un mendigo descalzo al que le donó sus sandalias, continuando su rumbo sin zapatos.

En diciembre de 1937, mientras predicaba una misión en Córdoba, sufrió un ataque cardíaco que lo postró para siempre en cama. Desde el lecho del dolor dirigía la diócesis y especialmente su seminario, mientras preparaba su alma al encuentro con el Señor, celebrando todos los días la santa misa. Murió el 6 de junio de 1938 en la ciudad de México. Al día siguiente fueron trasladados sus restos mortales a Jalapa. El cortejo fúnebre fue un verdadero triunfo: todos querían ver por última vez al «santo Obispo Guízar».

De él se cuenta una anécdota, sobre un hombre que intentó evangelizar nuestro pastor y que no lo conseguía y tanta era su insistencia que un día este hombre le dijo al santo varón “¿Y qué perdería usted? Refiriéndose al santo, a lo que éste le contestó “hasta un ojo perdería por ti”

Sepelio del Santo. Museo San Rafael Guízar. Fotografía: Enrique López-Tamayo Biosca.

Lo que sorprendió al mundo fue lo que ocurrió después de su muerte, el 6 de junio de 1938, en la ciudad de México. En vida, su deseo manifestado había sido que lo enterraran en un sencillo ataúd de pino; sin embargo, lo sepultaron en un lujoso féretro de acero. Tiempo después de haberse enterrado el cadáver, alrededor de una docena de años, cuando la iglesia decidió trasladar sus restos del Panteón Antiguo de Xalapa a la catedral, el féretro fue removido y de él salía agua que mojaba a quienes lo transportaban. El sorprendente líquido no despedía ningún olor, y lo que más asombró fue la incorruptibilidad del cuerpo y el buen estado de su vestidura. Se le depositó en la Catedral para que toda Xalapa lo viera y venerara. Un testigo cuenta que al mirarlo, recuerda que tenía los ojos medio abiertos y de un vivo color azul cielo. El otro ojo no lo tenía (recordemos la anécdota “hasta un ojo perdería por ti”).

Fue exhumado en dos ocasiones y en las dos ocasiones se encontraba incorrupto; la primera vez fue 12 años después, en 1950 y la siguiente en octubre de 1954 para ahora ser colocado en su tumba en catedral de Xalapa. (En la propia pág web oficial no concuerdan los datos de las exhumaciones).

Al parecer, actualmente no se encuentra incorrupto puesto que se han repartido reliquias “ex ossibus” por varias diócesis de México y de Latinoamérica; se conserva su corazón incorrupto. Su proceso de canonización se inició tras su segunda exhumación pues aumentó la devoción del pueblo hacia el santo obispo.

Fotografía del cuerpo incorrupto del Santo tras su primera exhumación.

De 1952 a 1954 es la etapa diocesana llamada “Proceso Diocesano Informativo”. Del 1 de octubre de 1974 al 20 de diciembre de 1975. PROCESO APOSTÓLICO. Con la intervención y autoridad de la Santa Sede se investigó judicialmente sobre la santidad, virtudes y milagros del Siervo de Dios.
El 27 de noviembre de 1987: Se decretaron las virtudes heroicas. El Siervo de Dios Rafael Guizar recibió el título de “Venerable”.

Entre 1979 – 1992: Proceso en la Diócesis “Super Miro”. Para proceder a la Beatificación se necesito instruir un proceso de un milagro. En la vieja legislación se pedían dos milagros, en la nueva basta solo uno. El milagro consistió en que una mujer estéril genéticamente concibió un hijo por intercesión del V. Siervo de Dios Mons. Rafael Guizar Valencia. Hubo anteriormente otros “milagros” que fueron rechazados. Con el actual Vice Postulador P. Rafael González se instruyó el milagro y fue aceptado por la Congregación de los Santos.

Vista de la tumba del Santo. Catedral de Xalapa, México.

El 29 de enero de 1995: Solemne Misa de Beatificación en la Basílica de San Pedro en el Vaticano presidida por S.S. el papa San Juan Pablo II.

En el 2004: Proceso en la Diócesis “Super Miro”. Apertura: 8 de julio. Clausura: 12 de septiembre. Para proceder a la Canonización se necesita otro milagro. Este consiste en el nacimiento de un niño que a las 31 semanas de gestación se le detectó paladar hendido y labio leporino. El niño nació completamente sano. Todo consta en estudios de gabinete.

El 18 de mayo de 2005: Aprobación unánime del milagro por la comisión médica integrada por cinco médicos peritos.
El 15 de noviembre de 2005: Voto favorable de parte de la Comisión de Teólogos. El 21 de marzo de 2006: Voto favorable de la Comisión de Cardenales y Obispos. El 28 de abril de 2006: Papa Benedicto XVI emitió el Decreto “Super Miro” donde reconoce la autenticidad del milagro atribuido a Mons. Guizar.

Detalle del sepulcro del Santo en la catedral de Xalapa, México.

El 1 de julio el Papa Benedicto XVI reunido en Consistorio fijó la fecha de canonización para el 15 de octubre de 2006 en la Basílica de San Pedro, Roma, Italia.

Enmanuel

Fuentes electrónicas:
http://www.rafaelguizar.org
www.vatican.va/news…/ns_lit_doc_20061015_valencia_sp.html
www.legionariesofchrist.org/…/multimedia_video.phtml?…

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