Beato Dominick (Metodio) Trcka, sacerdote redentorista de rito bizantino mártir

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Icono del Beato.

Icono del Beato.

Hoy quiero escribir sobre este beato católico de rito bizantino, martirizado por los comunistas checos ya que precisamente hoy celebramos su fiesta. Dominick nació el día 6 de julio del año 1886 en la localidad de Frydlant nad Ostravici (Chequia) siendo el último de los siete hijos que tuvieron el matrimonio formado por Tomás Trcka y Frantiska Sterbova, dos buenos cristianos que educaron a sus hijos dentro de la fe de la Iglesia Católica. De pequeño, asistió a la escuela de su pueblo pasando posteriormente al instituto menor de Mistek y en el curso 1902/1903 comenzó a frecuentar la clase sexta del instituto del jovenado redentorista de Cervenka. Sabemos que un jovenado es un centro en el que durante un tiempo están algunos religiosos, después de su profesión, bajo la dirección de un maestro. Estos contactos con los redentoristas hicieron que naciera en él el deseo de ingresar en dicha Congregación y por eso, en el mes de agosto de ese mismo año entró como novicio en el convento de Bilsko, siendo su maestro de noviciado el padre Jozef Loch. Terminado este período realizó la profesión simple el día 25 de agosto del año 1904.

Como quería ordenarse de sacerdote, realizó los estudios de filosofía y teología en el seminario de Oborist y fue allí donde conoció en profundidad el mensaje que los hermanos Cirilo y Metodio llevaron a tierras eslavas, su escritura y donde sintió la vocación de trabajar por la unidad de la Iglesia como sacerdote de rito bizantino. Se ordenó de sacerdote de rito latino en Praga el día 17 de julio del año 1910 y posteriormente regresó a Oboriste para terminar sus estudios de teología. Al terminarlos, regresó a Praga y se puso bajo la dirección espiritual del padre Fratisek Polepil, bajo cuya guía hizo el segundo noviciado con la intención de prepararse como misionero, tarea que inició en diciembre del año 1914 en Svata Hora, asumiendo la responsabilidad de director espiritual de los emigrantes croatas, eslovenos y rutenos.

Foto realizada en Svata Hora.

Foto realizada en Svata Hora.

El 2 de agosto del año 1918, estando en Svata Hora, fue enviado por el superior general de los redentoristas a Brno a fin de trabajar con los fieles católicos de rito bizantino. Como en aquellos tiempos estaban en conflicto Polonia y Ucrania, tuvo que esperar unos meses para iniciar esta nueva misión. En esta nueva tarea apostólica pudo cumplir su deseo de celebrar la Divina Liturgia Bizantina y trabajar con los fieles de tradición eslava. Llegó rápidamente a su destino y se dedicó diligentemente al aprendizaje de la nueva lengua, de la nueva cultura oriental y de las ceremonias del nuevo rito, ayudado por el entonces novicio Nikolaj Charnecky, al que también hoy veneramos como beato mártir redentorista. Fue entonces cuando cambió su nombre de Dominik por el de Metodio, santo apóstol de los eslavos al que admiraba y veneraba profundamente.

Cuando en enero del 1920 fue fundado el convento redentorista de Stanislavov, fue allí destinado y allí encontró tanto trabajo por hacer que no tenía tiempo para realizar como él quisiera la misión que tanto deseaba. A partir del mes de diciembre de 1921 estuvo trabajando en la diócesis de Presov donde principalmente se dedicó a reconstruir y, mediante misiones populares, consolidar la conciencia católica entre los fieles de rito bizantino, que se veían minusvalorados tanto por los católicos latinos como por los ortodoxos. Pero los tiempos no eran fáciles y el estado de guerra permanente supuso difíciles contratiempos en su tarea misionera. El gobierno eslovaco consideraba como sospechosos a los redentoristas de Michalovce, por ser checos, hacer propaganda checa y por tener fama de ser unos fanáticos religiosos, lo que equivalía a decir que no eran ortodoxos. Cualquier actuación que tuvieran valía como excusa para intentar expulsarlos del país. A partir del año 1940 la situación fue a peor cuando el obispo de Presov escribió una carta pastoral y el padre Trcka fue acusado de difundir la carta que consideraban iba contra su estado.

Foto realizada en Stropkov.

Foto realizada en Stropkov.

La Congregación del Santísimo Redentor decidió en diciembre de 1945 crear una viceprovincia redentorista de rito bizantino en Michalovice, independiente de la de rito latino y pusieron al padre Trcka como primer superior viceprovincial. El aceptó la nueva responsabilidad y puso en marcha todas las iniciativas y propuestas que consideraron oportunas: fundó los conventos de Stropkov y Savinov, reconstruyó la iglesia de Stropkov y se dedicó a la formación de los novicios y de los religiosos jóvenes. Todos sus proyectos no los pudo llevar a cabo porque cuando el Partido Comunista tomó el poder, aumentó la hostilidad contra los redentoristas: controlaban todos sus pasos y sus sermones y más de una vez fue llamado el padre Trcka a comisaría acusándoles de utilizar sus predicaciones para fomentar la hostilidad de los fieles contra el gobierno. Como no se fiaban de los religiosos, el 19 de julio de 1948 invadieron y registraron el convento aunque no encontraron absolutamente nada que comprometiera la actividad de los redentoristas.

Pero la tensión iba en aumento y el padre Trcka, como superior de los redentoristas de rito bizantino fue quién más padeció las consecuencias. Los comunistas cerraron el jovenado de Michalovice y prohibieron la edición de una revista que periódicamente publicaban los redentoristas, disolvieron la viceprovincia bizantina y todos los religiosos tuvieron que integrarse en la de rito latino. El padre Trcka tuvo que marcharse a Sabinov, donde de manera clandestina, siguió dirigiendo a su viceprovincia. Esto duró hasta que el 13 de abril del 1950, los comunistas checos suprimieron toda actividad religiosa en el país.

Relicario de la beatificación.

Relicario de la beatificación.

De una patada tiraron la puerta del convento de Sabinov, dispersaron a los religiosos y al padre Trcka y al hermano Nikifor se los llevaron a Podoline acusándoles de espionaje. El motivo era que habían encontrado el pasaporte y una carta dirigida al padre en la cual Roma le agradecía su actividad apostólica en la región oriental de Eslovaquia. Lo acusaron de querer huir del país por el solo hecho de tener el pasaporte y por haber visitado una peluquería para arreglarse la barba con la intención – según ellos -, de camuflarse. Se inventaron un intento de fuga con identidad y pasaporte falso y lo sometieron a un juicio sumarísimo, donde lo condenaron a doce años de cárcel.

En Podoline estuvo poco tiempo pues junto con otros cuatro sacerdotes redentoristas, fue encerrado en la tristemente célebre cárcel de Leopoldov, donde estuvo cuarenta días sin permitírsele calzarse, sin asistencia religiosa y sin dejarlo descansar ni de día ni de noche porque constantemente lo sometían a interrogatorio utilizando métodos psíquicos y físicos degradantes. Los cinco religiosos estuvieron incomunicados y pasados los cuarenta días los trasladaron al campo de internamiento de Bac. Cuando en el mes de septiembre se cerró este campo, todos fueron trasladados a Podolinec. En esta ciudad tuvo una cierta libertad, pudo recuperarse del shock traumático sufrido y se dice que recuperó de nuevo su buen humor y la sonrisa. Dejaban que recibiera visitas, que disfrutara de una cierta tranquilidad pero siempre con la incertidumbre de qué le volvería a suceder.

El 21 de abril de 1952 lo llevaron de nuevo ante el tribunal y el procurador del estado lo acusó de colaborar con el obispo Pablo Pedro Gojdic (del que escribiremos mañana), en la distribución de propaganda ilegal contra el estado y de enviar información secreta a Roma, por lo que había que condenarlo por alta traición y espionaje. Como consideraron que era una persona peligrosa lo encerraron, lo sometieron a trabajos forzados y le impusieron una importante multa que, obviamente, no pudo pagar. Entonces fue cuando comenzó su “Vía Dolorosa” que culminaría en el martirio.

Icono del Beato.

Icono del Beato.

Eliminaron su nombre, le adjudicaron el número 2535 y se lo llevaron a Llava, en cuya cárcel fue encerrado. Como en aquella prisión había muchos ancianos, el padre Trcka se dedicó a cuidar de los más débiles y de manera clandestina pudo celebrar la Eucaristía. Se puso de acuerdo con un sobrino suyo para que mediante contraseñas le facilitase las especies para la consagración: “Te pido algún limón y uvas pasas porque aquí no tenemos frutas. Envíame de vez en cuando unos panes, un dulce y también un bollo de trigo puro con levadura y el agua, sin grasa ni sal”. El sobrino entendía que le estaba pidiendo el pan y el vino para celebrar la Eucaristía.

El 22 de abril del 1958 fue llevado de nuevo a la cárcel de Leopoldov, la cual habían destinado como prisión para religiosos y donde estaban encerrados dieciocho sacerdotes, de los cuales, cinco estaban enfermos. Como en la noche de Navidad del 1958 tuvo la ocurrencia de cantar un villancico, fue confinado en una celda de castigo y aislamiento, en la que contrajo una grave pulmonía que lo llevó a la muerte el día 23 de marzo de 1959. Al día siguiente lo enterraron en el cementerio de la cárcel. En el mes de abril la familia quiso llevarse los restos a su pueblo natal, pero los comunistas lo impidieron aunque les dieron el consuelo de conocer la tumba dentro del cementerio de la prisión, en la que había dos hileras de sepulturas en el suelo. Estaba enterrado en la séptima tumba de la primera fila.

Cuando en el año 1968 fue nuevamente restaurada la Iglesia Católica de rito bizantino, la Congregación solicitó el traslado de los restos desde el cementerio de la prisión a Michalovice. La exhumación se realizó el 16 de octubre del 1969. La tumba fue identificada por los familiares y por unas monjas de Sladeckvce. El funeral se celebró al día siguiente en la localidad de Topol’any, cercana a Michalovice. Cuando en el año 1990 cayó el régimen comunista, el padre Dominik (Metodio) Trcka fue rehabilitado por el tribunal regional de Kosice y de esta manera se reconoció que había sido encarcelado de manera injusta y que injusta también fueron su condena y su muerte.

Urna de las reliquias.

Urna de las reliquias.

Su Causa de canonización fue abierta en la diócesis de Presov. La promulgación del decreto de martirio se realizó el 24 de abril del año 2001, siendo beatificado por San Juan Pablo II el día 4 de noviembre del mismo año.

Antonio Barrero

Enlaces consultados (02/03/2015):
– www.grkat.nfo.sk
– www.redemptoristi.nfo.sk
– www.trcka.nfo.sk

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San Juan Nepomuceno Neumann (III)

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Tapiz de la beatificación del Santo, año 1963.

Parte III. Superior, Fundador y Obispo; una vida de entrega
Otra cruz para este noble y celoso Misionero son las casas de placer. Cada iglesia que se levantaba era ocasión para construir cerquita de ella una taberna donde se daba toda clase de desórdenes y escándalos. Le tocaba en cierta ocasión atender una de esas iglesias por una breve temporada y al comprobar estos abusos no pudo reprimir su desaprobación. Pero a sus quejas se responde con carteles que pegados a los muros invitaban a nuevos bailes y diversiones que coincidían con los horarios de las festividades religiosas.

Se acercaban una de las más solemnes por tratarse de la festividad Patronal, y un domingo antes de la misma advirtió desde el púlpito que si no se suprimían tales escándalos tan contrarios al espíritu cristiano de la comunidad, abandonaría la parroquia sin celebrar la Fiesta. Confiando en que su bondad se sobrepondría a la amenaza, los interesados de tales diversiones continúan preparándolo todo con propaganda y quedan todos sorprendidos el día de la Fiesta al ver a la puerta del templo un coche. Interrogan al cochero y éste les responde: “Tengo orden de llevarme al sacerdote ya que ustedes le han faltado tan groseramente. Por eso ha decidido él dejarlos”. Enterada la población, corren al encuentro de Neumann hombres, mujeres y jóvenes. Lo encuentran con valija en la mano, presto a subir al coche y entonces estallan las lamentaciones y corren las lágrimas. Pero él, con tono decidido les explica: “Se los advertí con tiempo; no ahorré en súplicas y oraciones para poner fin a estos escándalos, y como nadie me ha escuchado me veo en la obligación de irme”. Enterado el tabernero a tiempo, acude presuroso y se humilla y pide perdón, pero también la licencia para la celebración del baile aunque fuera por última vez, ya que los gastos de la preparación habían sido considerables. Todo es inútil: Neumann esta resuelto a impedir que se ofenda a Dios y que los cristianos pierdan sus buenas costumbres. Por fin, el baile se suprime, y el tabernero en vista de que el negocio no le va andar en este lugar, se va a otro pueblo.

La poca correspondencia no arredra al padre Juan, que sigue recorriendo en todas direcciones su parroquia, instruyendo a jóvenes y niños, predicando a los grandes y, sobre todo ofreciendo a todos el buen testimonio de su ejemplo.
El padre Pax, que tan bien lo conoce, comentará más tarde: “Era espectáculo admirable ver a este joven y sabio sacerdote dirigirse alegremente de una a otra de las estaciones misioneras cargando a su espalda su matalotaje. A lo largo de los caminos llenos de nieve o de barro caminaba alegre viendo a veces pasar a su lado vehículos que lo ignoraban; y otras, rehusando los ofrecimientos que le hacían las gentes más consideradas para subir a sus carruajes, declarando que era fuerte para viajar a pie”. Pero había ocasiones en que sus fuerzas traicionaban su coraje.

Escudo episcopal del Santo, con su lema PASSIO CHRISTI CONFORTA ME.

Habiendo celebrado en un solo día dos fiestas con predicación y celebración de la Santa Misa en dos lugares distantes uno de otro recorriendo los trayectos por caminos enfangados se sintió tan mal que hubo que buscar cama y recibir los cuidados del médico. Recuperadas sus energías, vuelve a su vieja costumbre y un día emprende a pie un largo viaje para arreglar una unión concubinaria de una pareja de feligreses. No valió el consejo de uno de sus amigos para que desistiera de hacerlo. Cuando regresó de arreglar aquella situación, apareció en un estado tan lamentable que parecía un mendigo con sus ropas destrozadas y los zapatos deshechos; tal era su amor por la salvación de la almas…

En 1845 conoce al Beato Francisco Javier Seelos cuya amistad fue una ayuda decisiva en la Aventura Redentorista de Norteamérica. En 1847 es nombrado Visitador o Superior Mayor (Viceprovincial) de los Redentoristas en Estados Unidos, cuyas casas dependían de la Provincia Belga. El Padre Provincial Federico Von Held dice de él: “Es un gran hombre en el que la piedad se une a una personalidad fuerte y prudente”. El padre Neumann recibe esta tarea mientras la fundación norteamericana está atravesando por un periodo difícil de adaptación, así que nombra a padre Seelos como maestro de novicios en septiembre de 1847. Su gobierno duro dos años y lo deja en manos del padre Bernardo Hafkenscheid. Las Casas Redentoristas para ese momento estaban preparadas para convertirse en Provincia Autónoma de la Congregación, hecho que ocurrió en 1850.

Monseñor Kenrick, obispo de Filadelfia, es trasladado como Arzobispo de Baltimore, ¿Quién ocupara el Obispado de Filadelfia?, Monseñor Kenrick junto con otros eminentes sacerdotes y obispos, le proponen al Papa Pío IX el nombre del padre Neumann para que asuma dicho ministerio, dadas sus dotes lingüísticas, intelectuales, y humanas sin contar con sus grandes virtudes. El Santo Padre con el beneplácito de todos nombra a este sencillo misionero como pastor de la Iglesia Diocesana de Filadelfia. Es consagrado como tal, en Baltimore el 28 de marzo de 1852, por el mismo Mons. Kenrick; el padre Neuman contaba con cuarenta y uno años de edad.

El Santo, fundador de las Hermanas Franciscanas en Filadelfia, EEUU. Ilustración decimonónica.

Mons. Neumann está al frente de una diócesis territorialmente grande y en vías de un notable desarrollo. Con la experiencia del misionero le preocupa mucho la educación como fundamento de la vida social y espiritual de su rebaño y es por eso, que lo primero que hace es organizar una red de Escuelas Católicas, (siendo el pionero en la Educación Católica en el país), incrementa en la diócesis el número de escuelas católicas. De las dos que existían, gracias a él se incrementaron a cien. Es por esta necesidad que con tres mujeres terciarias franciscanas, Mons. Neumann funda a las Hermanas de la Tercera Orden de San Francisco, siendo el humilde obispo quien recibe sus primeros votos y quien redacta las Constituciones.

Antes que llegara como obispo existía el Seminario Mayor pero con él florecerá grandemente. Comienza la obra de la edificación de su sede episcopal: la Catedral de San Pedro y San Pablo y de otras ochenta iglesias más erigidas por él.
Entre 1854 y 1855 parte a Europa para hacer su visita “Ad Limina” y grande fue su alegría cuando fue invitado por el Beato Pío IX a la ceremonia de la Proclamación del Dogma de la Inmaculada Concepción, siendo Mons. Neumann quien sostuvo el libro donde el Papa leyó tal proclamación solemne, en aquél memorable día del 8 de diciembre de 1854. La Congregación del Santísimo Redentor que honraba tal privilegio de María como su segunda protectora, estuvieron representados por este insigne hombre en tan importante solemnidad.

Después fue a su tierra natal donde fue recibido por sus paisanos que le hicieron un grato homenaje. Visitó al Emperador quién le dió un importante donativo para la conclusión de su catedral y sus obras diocesanas.

Regresó a su amada diócesis, para seguir trabajando por sus fieles. Siguiendo las huellas de su padre San Alfonso María de Ligorio, se sirvió de los medios escritos para llegar a más gente, llegando a publicar numerosos artículos en las revistas y periódicos de inspiración católica de su tiempo. Llegó a publicar dos catecismos para el pueblo y ya antes de ser nombrado obispo publicó una Historia de la Biblia para uso escolar.

Figura que contiene los restos del Santo. Santuario del Santo en Filadelfia, EEUU.

La vida entregada a Dios y a sus criaturas tenía que recibir su recompensa, siendo llamado a la gloria eterna el 5 de enero de 1868, teniendo cuarenta y ocho años, cayendo exánime en una de las calles de Filadelfia, antes de que se le pudiera siquiera administrarle los últimos Sacramentos. El Papa Juan XXIII quiso beatificarlo pero le sorprendió la muerte y lo hizo el Beato Pablo VI el 13 de octubre de 1963; canonizado por el mismo Pontífice el 19 de junio de 1977.

Tacho de Sta. María

Bibliografía:
– Taller de Profundización: Espiritualidad Misionera Redentorista, Cap. 20, Julio de 2000. San Luis Potosí, S.L.P. México
San Juan Neumann, Ricardo Baztán, Artigraf., Buenos Aires, 1977.

Sitio web consultado: www. cssr.com

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San Juan Nepomuceno Neumann (II)

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Ilustración del Santo con su atuendo episcopal, realizado para el primer libro de su vida.

Parte II. La aventura misionera
Mientras estudia en Praga un misionero americano, el padre Federico Rese, más tarde obispo de Detroit, establece en Viena una organización misionera con el nombre de la Asociación Leopoldina. En realidad era la rama alemana de la Santa Infancia para la Propagación de la Fe. Propuesta primero por el obispo de Dubor de Nueva Orleans, y fundada después por Paulina Jaricot en Francia. Las noticias y relatos de Misioneros publicados en alemán por dicha Sociedad impresionaron al joven Neumann. Aquellos relatos entresacados de cartas de los Misioneros Redentoristas entregados al cuidado de los inmigrantes de habla alemana lo enardecían. Entonces se decide a aprender el inglés que necesitaría para vivir en los Estados Unidos de América.

A los veinticuatro años ha terminado los estudios en la Universidad de Praga, y en julio de 1835 vuelve a su propia diócesis de Budweis donde rinde el examen canónico con todo éxito. Hay en aquella diócesis demasiados sacerdotes, lo que facilita su sueño de partir para América. Desea ardientemente ser ordenado sacerdote antes de partir para allá pero el Señor tiene otras miras más penosas para él. Los sacerdotes de la diócesis lo animan en sus proyectos y hasta hacen una colecta para pagarle el viaje a Filadelfia donde el obispo Mons. Kenrick será quien lo ordene y promueva al sacerdocio.

Dejó Prachatitz casi sin que los suyos lo advirtieran mandándoles una carta de despedida. Quiere llevar las Letras Dimisionales, pero no se las dan… Monseñor Siegler le da una carta de recomendación y lo anima. Recibe la bendición de su obispo, y con 40 dólares en el bolsillo parte de su diócesis…

Antes de poder tomar el barco se encuentra con el padre Juan Henni, misionero americano, que le cuenta que la diócesis de Filadelfia no necesita más sacerdotes, pero que estos son necesarios en el Oeste Americano. Le da esperanzas de ser admitido en la diócesis de Nueva York o en la de Vicennes cuyo obispo, Mons. Bruté, en ese momento en Roma iría a Paris. Juan lo quiere ver para hablar con él y va a su encuentro, pero el obispo no llega nunca. Neumann marcha entonces a Estrasburgo para hablar en el Seminario Mayor con su Rector Mons. Rass. Pero éste le comunica que ya se le han adelantado varios jóvenes a quienes se han dado para viajar a América todo el dinero disponible. Entonces fiándose de la palabra de un amigo del Obispo de Nueva York que le prometió que lo ordenaría sacerdote sí iba allá, se embarcó de inmediato con unos pocos dólares que recibió de una colecta hecha para tal fin. Era el 20 de abril de 1836, subió al barco que tras 40 días de travesía lo dejaría en playas americanas. No molestaron tanto a Juan las borrascas que sacudieron el barco, como las burlas y mofas de toda índole que hacían a costa de su Fe unos doscientos protestantes del Cantón de Berna que viajaban con el mismo destino que él. Pero todo le sirve a Juan para ejercitar su mansedumbre, y el resto del pasaje se admira y pondera su serenidad y su conducta sensata ante tales desmanes y falta de respeto. A raíz de este episodio notemos que las relaciones interconfesionales no habían evolucionado como en nuestros tiempos de ecumenismo, diálogo y mutua comprensión otros hermanos que creen en Cristo.

Detalle de la cruz pectoral del Santo.

Llegados a puerto los pasajeros son obligados a permanecer otros cuarenta días recluidos en la Isla, situación obligada para evitar una posible enfermedad contagiosa traída por las embarcaciones. Juan había desembarcado con un traje ya desaliñado y medio desecho con sus zapatos rotos por efecto de tanto viaje por Europa. En su bolsillo solo le queda un dólar. Así lo encontramos el 28 de mayo de 1836, pero su espíritu se alegra cuando es recibido cordialmente por el Sr. Obispo, Mons. Dubois, que le declara lo necesario que le es un sacerdote de habla alemana.

Diecisiete días después de su llegada es ordenado subdiácono en la catedral. El 24 de junio es promovido al diaconado y al día siguiente es ordenado sacerdote por el mismo Sr. Obispo en la catedral de San Patricio. El templo se llena de alemanes y de niños de catecismo a quienes ya había comenzado a catequizar Juan desde su llegada. Mons. Dubois destina de inmediato al neo sacerdote a trabajar con el Padre Pax al norte del Estado de Nueva York. En el viaje se entretiene unos días en Rochester con una colonia de alemanes. Allí se encuentra con el padre Redentorista José Prost y en ese encuentro prende en su corazón la chispa de su vocación Redentorista. Con todo, el mismo padre Prost le aconseja que vaya a acompañar al P. Pax que vive solo y enfermo. El nuevo padrecito empieza a desplegar su celo atendiendo a los alemanes de la zona y visitando los puestos misionales del campo. Mientras el P. Pax permanece en la sede, él recorre la región de Williamsville; pasa después a North Bush y se encarga de un territorio de más de nueve mil kilómetros cuadrados en la zona de los Grandes Bosques. Es admirable su habilidad para enseñar el catecismo. Levanta pequeñas escuelitas y promueve a los laicos para prestar ayuda material, cultural y espiritual en esta labor.

En septiembre de 1839 llega su hermano Wenceslao que se pone a sus órdenes. El P. Juan bautiza, asiste a matrimonios, atiende enfermos, en seguida construye capillas y escuelas. Es un verdadero pionero de Dios en aquellos parajes que el hombre va conquistando poco a poco. La vida social se organiza de modo distinto a la de Europa y esto crea problemas de orden económico, psicológico y jurídico. Iglesias, escuelas, hospitales y asilos se construyen solo por iniciativa privada. Los grupos humanos se dividen por razas, lenguas y religión y entre ellos hay el infaltable grupo de especuladores. Ayudan con sus aportes pecuniarios a levantar escuelas e iglesias que una vez terminadas se toman como propias, haciendo la vida imposible a obispos, párrocos y comunidades religiosas. Se da en América el famoso Patronato Europeo, que poco a poco, el P. Neumann así como obispos y sacerdotes combaten, unas veces con suavidad y otras con energía hasta conseguir que la Iglesia sea la verdadera administradora de tales parroquias, colegios y capillas.

Monumento al Santo en la catedral de San Pedro y San Pablo de Filadelfia, EEUU.

Desde el año de 1836 hasta 1840 lleva a cabo la construcción de la iglesia de Williamsville y funda escuelas en las que en más de una oportunidad él mismo hace de maestro por la escasez de personal laico para la docencia. En Williamsville es molestado por los protestantes a los que responde con dulzura y caridad. Sus recorridos son a caballo, a pie y pocas veces en diligencia. Buena parte de la noche la dedica a estudiar y a rezar, dándose a veces el caso de sorprenderle en esto el amanecer. Tal vida no puede prolongarse mucho. Vive cansado siempre, y a veces, le atormentan los escrúpulos y las torturas internas. Por eso, apenas puede hacerlo, se marcha a Rochester para pasar unos días con el Redentorista P. Prost. Y entonces se aviva en él la idea que tuvo ya en el seminario de Budweis, de vivir en Comunidad y en comunidad vive durante tres meses reparando su salud corporal.

Los padres que lo rodean son alemanes; admiran su espíritu misionero y su tenacidad en la lucha. Aprenden a valorar su organización tan novedosa y los frutos de sus trabajos apostólicos. El padre Prost que es su confidente le dice cuan peligrosa es la soledad y esa convivencia con los Padres Redentoristas le convence de que esa es su vocación. Restablecido enteramente de su enfermedad, manifiesta al P. Prosa su firme voluntad de ingresar en la Congregación Redentorista y la aceptación es inmediata. El padre Prost escribe al Obispo. Mons. Hughes, de Nueva York, pidiéndole que permita al padre Neumann ingresar de religioso en “nuestra Congregación”. En un principio el prelado se opone, aduciendo que perdería para sí un sacerdote tan valioso y entregado, pero cede y el 18 de octubre de ese año 1840, deja la Misión de Búfalo y llega a Pittsburg.

Todos los elegidos, afirma San Pablo, han de parecerse a Cristo y si Cristo abrazó la Cruz, ellos han de saber también abrazarla. Neumann, llamado a un alto grado de santidad encuentra su vida sembrada de cruces; y una de las más pesadas le viene de parte de quienes él debe evangelizar. La mayor parte de esos evangelizados comprende los sacrificios de este celoso corazón sacerdotal que lo ha dejado todo para llegar al fin del mundo a buscar almas que salvar. Pero hay también muchos que le pagan con insolencias y malicias. Este santo responde con bondad y dulzura.

Retrato contemporáneo del Santo.

En una ocasión le dicen: “Nosotros pagamos Monseñor –así lo llamaban al sacerdote- y usted esta obligado, por tanto, a hacer lo que nosotros queramos”. Antes esta disposición de espíritu el padre Neumann se mantiene, en calma y no contesta nada y tal actitud no agrado a aquellos administradores laicos –en realidad intrusos- que habían preferido que el padre se hubiera querellado, y se decían unos a otros: “esa imperturbable grandeza de animo nos hiere mas y nos rebaja…”

En casi todas la parroquias suele haber individuos que aprovechando la confianza que les dispensa el párroco piensan hacerse mas simpáticos con él recogiendo todos los chismorreos que recorren la parroquia, y cuando no los hay los inventan. En el país es muy frecuente la calumnia pero el proceder del padre Neumann ante estas lenguas que destilaban veneno, era sacar su rosario a su vista y añadir inmediatamente: “Recitemos el Rosario y después continuaremos la conversación”. Y ahí mismo se ponía de rodillas y lo dirigía en voz alta.

En una oportunidad rogaba desde el púlpito al público tener presente que siempre estaba dispuesto a hacer y recibir visitas siempre que fueran necesarias y les rogaba que suprimieran las que fueran de pura cortesía por que robaban el tiempo tan necesario al sacerdote tan reclamado por sus deberes de estado.

Para salvaguardar la libertad del ministerio sacerdotal y su necesaria neutralidad en medio de su grey, y aún poniendo en peligro una de sus módicas entradas, avisa a la feligresía que quienes deseen ayudarlo con alimentos o pecuniariamente los depositen en la parte exterior de la casa parroquial sin necesidad de presentarse personalmente, añadiendo que no necesita saber quién ha hecho el bien pues a todos agradece y encomienda a Dios diariamente. Tanta dignidad y desinterés provocó habladurías entre la gente que no comprendía su noble proceder.

Visitando la población de Williamsville paga su alojamiento en casa de un burgués de la villa. Un rival de éste se come de envidia y resuelve vengarse del Misionero manchando su reputación. Había en la casa donde se hospedó una sirvienta joven, y ésta fue la disculpa para la calumnia; primero echa a correr el infundio en voz baja y no tarda en llegar la calumnia a oídos de todos y hasta la población de Búffalo. Esto desorienta a los hombres más prudentes de la población que reunidos en senado resuelven que deberán irse de la parroquia la sirvienta o el Misionero. Esta resolución se le comunica al padre Neumann. Cuando el se presenta a la reunión, pide que le enteren del problema que se agita, y se lo explican; el rompe a reír con una sonrisa tan franca e inocente que el calumniador queda confundido ante todos que le muestran su desprecio por su mal proceder. Y entonces es el mismo Neumann quien lo disculpa y hace lo posible por salvar su honor. Más tarde siendo obispo no pasa jamás por Williamsville sin interesarse por él y su familia.

Lienzo contemporáneo del Santo.

Un día se le presenta un parroquiano ofreciéndole una custodia para la iglesia del distrito a condición de que el templo sea dedicado a su santo patrono. El Padre le hace saber que ya esta dedicada con consentimiento y unanimidad de la mayoría de los feligreses. Entonces este impertinente pide que su custodia sea usada en la Festividad del Corpus. “Acepto,– dice el P. Neumann- pero con la condición de que sea donada generosamente a la Iglesia”. El otro no consintió, y cada uno se quedo con su parecer. Pasando más tarde, el sacerdote frente a su casa le arrojó barro y les echó a sus perros. El padre Neumann se “venga” de él manifestándole un aprecio especial, y una vez hecho obispo siempre que pasa por allá pregunta por él y por su familia, expresando que son muy buenos amigos suyos… (Continuará)

Tacho de Sta. María

Bibliografía:
– Taller de Profundización: Espiritualidad Misionera Redentorista, Cap. 20, Julio de 2000. San Luis Potosí, S.L.P. México
San Juan Neumann, Ricardo Baztán, Artigraf. Buenos Aires, 1977.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Juan Nepomuceno Neumann (I)

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Fotografía del Santo en su atuendo de obispo.

Parte I. Orígenes y vocación
Hay en el sudoeste de Bohemia, perteneciente entonces al Imperio Austriaco, un fértil valle rodeado de montañas siempre verdes, y en él se asienta la pequeña pero hermosa ciudad de Prachatitz que cuenta con doce siglos de existencia. Lo bello del paisaje y lo benigno del clima atraen hacia ella a miles de turistas.

Felipe Neumann natural de Baviera, se establece en ella en el año de 1802, instalando una pequeña fábrica de medias. Poco después se desposa con Inés Lebis, hija del lugar y profundamente cristiana. Bendijo el Señor este matrimonio con cuatro hijas y dos varones. Catalina, la mayor, se casa con Matías Berger, y viene a tener un hijo que abraza el estado religioso profesando en la Congregación del Santísimo Redentor; mas tarde habrá de ser el primer biógrafo de su tío, Juan Nepomuceno Neumann. Verónica a su vez se casa, también pero muere sin descendencia. Juana se hace religiosa de la Misericordia de San Carlos Borromeo, llegando a ocupar el puesto de Superiora General del Instituto. Luisa después de cerrar los ojos a su padre, entra en la misma congregación de su hermana, siguiendo sus pasos. Juan por edad, es el tercero de los hermanos, abraza el sacerdocio misionero en los Estados Unidos de Norteamérica, y después profesa en la Congregación del Santísimo Redentor que le ha ganado el corazón. Más tarde lo nombran Obispo de Filadelfia. Wenceslao es el último y estudia para maestro. Acompaña a Juan en sus correrías misioneras por Estados Unidos y logra, por fin, ser admitido en la Congregación Redentorista en calidad de hermano coadjutor.

Juan Nepomuceno Neumann nace el 28 de marzo de 1811 en Viernes Santo. Ese mismo día se le bautiza. Desde niño siente inclinación por los libros y le atrae la naturaleza en la que logra leer la sabiduría y la bondad de la Divina Providencia de Dios. Su ingreso en la escuela municipal de la población tiene lugar a sus siete años y a lo largo de los seis que estudia en ella saca notas excelentes. Reconocía el haber heredado de su padre el amor a la lectura, y en su casa de enorgullecía de poseer una excelente biblioteca familiar.

A los nueve años se le administra el Sacramento de la Confirmación y un año mas tarde, en gracia a su conocimiento de la Doctrina Cristiana y a su vida seria y responsable, es admitido a la Primera Comunión. A los once años comienza el estudio del latín y la botánica. Esta ultima le atrae de sobremanera y mas tarde le será útil para curar a enfermos en lugares desprovistos de médicos y de farmacéuticos.

Cumpliendo los doce años lo admiten en el Gimnasium que dirigen los Padres Escolapios en el que se dedica seis años al estudio de Humanidades. Corre el año de 1823 y en el mes de octubre ingresa en el Colegio de Budweis. Se ve obligado a vivir externo y de pupilo en una casa particular. Esta y otras circunstancias adversas le impiden dedicarse a atender un negocio, interviene su padre que lo saca de aquella casa y le consigue un lugar mas a propósito para terminar tranquilamente sus estudios, que sucede en 1829.

Vista de la ciudad de Prachatitz (Repúblicha Checa) desde el valle, patria natal del Santo.

Sigue estudiando dos años de Filosofía en el Instituto de los Monjes Cistercienses de Hohenfurt en Budweis. Estudia con gusto sin descuidar la biología, astronomía y botánica que tanto le apasionan. Curiosamente por estos días aprende a pulsar la guitarra y organiza un club de estudio entre sus compañeros interesados en las Ciencias Naturales. Se gradúa en el año 1831, cumplidos sus veinte años; y le llega momento de elegir carrera. El consejo de su madre lo inclina a llamar a las puertas del Seminario de Budweis, donde inicia los estudios para su carrera sacerdotal.

Juan tiene veinte años, vuelve al hogar con gran bagaje de ciencia adquirida y sobre todo de virtudes entre las que descuella su intacta inocencia. Cuatro años más de Teología lo conducen a las puertas del sacerdocio, objeto de sus aspiraciones. Al llegar a este punto de su carrera tiene fuertes tentaciones de dejarlo todo, y es que las autoridades diocesanas de Budweis han decidido que de los ochenta y tantos jóvenes que han terminado los estudios de Filosofía, solo veinte sean admitidos a iniciar los de Teología. Estos se escogerían entre quienes tengan mejor concepto de de inteligencia y vida cristiana y la condición de que sean presentados ante el Sr. Obispo por una sólida recomendación de un alto personaje. Esta última condición extraña y absurda la rechaza Neumann por considerarla cortesana y mundana.

Enterado su padre de este gran inconveniente, se siente dispuesto a enviarlo a estudiar Medicina en la Universidad de Praga. Su madre está dispuesta a impedir que su hijo renuncie a su acariciado ideal que es el llamado de Dios, y le aconseja con estas palabras: “Dirige una súplica al Sr. Obispo y pon este tu ideal en la manos de Dios, y lo demás se hará solo…” Obedece Juan y recibe de inmediato la respuesta deseada. Desde entonces no sueña sino en prepararse al sacerdocio y renuncia sin dolor a las ciencias profanas para las que se sentía con muchas condiciones.

Detalle del rostro del Santo en un lienzo inspirado en su fotografía original.

Brillante estudiante en el Seminario, le gusta especialmente las Sagradas Escrituras en las que es aventajado. Aprende italiano, francés y acomete el aprendizaje de español y domina perfectamente el checo. (Más tarde siendo misionero le servirá el dominio de estas lenguas en su apostolado misionero).

Al iniciar su segundo año de Teología, Dios le hace sentir fuertemente su vocación misionera. El abad Korner, profesor de hebreo y Sagrada Escritura es un gran admirador de San Pablo y con su entusiasmo por el gran Apóstol contagia a sus alumnos a los que alienta a ser apóstoles misioneros. Con mayor razón, llegan a manos de los seminaristas revistas americanas que resaltan la necesidad de apóstoles para aquellas tierras, y así prende en varios seminaristas el fuego de las misiones. Juan está ya seguro de que Dios lo llama más allá del océano, y América se muestra a sus ojos como lugar inculto, y lleno de peligros, en el que abundarán las privaciones y hasta la posibilidad del martirio.

Neumann redobla ante la vida que le espera, la oración, el dominio de sí mismo, la aplicación al estudio y la lectura sobre la Misiones en América. Recibe revistas de los Padres Redentoristas de Estados Unidos en las que dan cuenta de sus trabajos apostólicos y lamentan la escasez de operarios para tan inmenso campo de almas como el que les ofrece. Por esta época empieza a leer las Obras de S. Alfonso María de Ligorio. Para edificación y aprovechamiento espiritual de sus compatriotas traduce del italiano la obrita “Camino de la Salvación”, del Santo. También lee directamente en el idioma original las obras de Santa Teresa de Jesús y las Cartas Apostólicas de San Francisco Javier.

En el año de 1831 se traslada al Seminario Mayor de Praga para sus estudios teológicos. Y concluidos a entera satisfacción, consigue permiso para matricularse en la Universidad de su patria. Posee un gran talento y una inteligencia penetrante, unida a una formación reciamente cristiana. Por ello descubre de inmediato que sus profesores tienen tendencias hacia el Josefinismo y el Galicanismo. Eso le mueve a componer valientemente una tesis defendiendo la Infalibilidad Pontificia. (El Galicanismo fue una doctrina errónea de la Iglesia Francesa publicada en una Declaración de 1682, que ponía limitaciones serias a la Autoridad Papal. El Josefinismo propiciaba la intervención del Estado para la supervisión de la Iglesia, cosa que ya practicaba el emperador José II en Austria, por lo que recibió su nombre.)

Neumann no ha descuidado entre tanto el estudio de las lenguas. Por esta época ya estaba familiarizado con el latín, el griego, el francés, el alemán, además del checo y ahora se estaba dedicándose a perfeccionar su inglés, italiano y español.

Estampa devocional del Santo, revestido de su atuendo episcopal.

Hay muchos testimonios de sus amigos sobre sus años de estancía en el Seminario de Praga. “Desde que conoce su vocación misionera -declara uno,- procura practicar una verdadera humildad y una gran dulzura, a la vez que vive el espíritu de la Cruz, su fe lo lleva a una autentica vivencia cristiana pero sin ninguna afectación. Frecuenta mucho la Iglesia, y hasta pasa largas horas en oración ante el Santísimo Sacramento de rodillas. Observa escrupulosamente el reglamento del Seminario, su conducta es la misma ante los superiores o en su ausencia, se distingue por su gran obediencia…” Otro testigo declara: “A partir del instante en que se confirma en su vocación de misionero abraza una manera de vivir muy dura. El alimento en el Seminario es bastante malo a veces, todos murmuran y se quejan, menos Neumann, que aún llega a compartir su ración durante temporadas con un estudiante pobre. Fidelísimo a la meditación diaria. A veces dedica la noche entera a la oración, sobre todo en vísperas de comulgar”.

Otro amigo refiere que en el año de 1835 llego a Praga un lugarteniente imperial para averiguar si entre los alumnos de aquel seminario había alguno que conociera idiomas para poder ocupar el puesto de secretario en una embajada extraordinaria e importante. Todos los seminaristas pusieron los ojos en Neumann como el único capaz de ocupar aquel puesto; pero él no solo no da ningún paso para obtener aquel puesto tan honroso y lucrativo, sino que todavía se siente contrariado, y el lugarteniente tiene que irse de Praga para buscar en otra parte. “Yo, -dice el testigo- asombrado por aquella reserva inexplicable para mí, que conocía sus conocimientos en idiomas, le pregunté que a que fin había aprendido tantos, y él sonriéndose me contesto –¿Tu, qué sospechas sobre esto?- Yo le dije : Sin duda quieres ser Misionero en el Nuevo Mundo… Se extrañó de mi respuesta y me pidió que le guardara el secreto hasta tanto conseguía el permiso de sus padres, y que le ayudara con mis oraciones a conseguir que se lo permitieran.”

Por combatir las ideas galicanas y josefistas, queda aislado del Seminario. Los profesores lo ignoran; el Rector se muestra frío, reservado y casi desdeñoso. Neumann no puede abrirse a un hombre que rechaza los enfoques de los escritos de San Alfonso y San Pedro Canisio. Con esto se apena y hasta llega a creerse culpable de irreverencia al Superior legítimo que le representa a Dios. Tampoco quiere manifestar a nadie su angustia por temor de ofender al superior. Pero los enfoques falsos del Rector terminan por alejarlo más de él cada día.

Teca con una reliquia ex-ossibus del Santo.

Neumann ruega al Señor por este guía ciego, y le pide que le de un Director que lo ayude a salir de este dédalo de dudas y angustias. En su diario nos cuenta que el Señor lo fortalecía en su interior y le daba la fuerza para vivir su cruz con generosidad. Cosa esencial para adelantar en el amor a Dios es la pureza de conciencia y el horror a cualquier falta deliberada. Diariamente tomaba él mismo cuenta de sus acciones, palabras, pensamientos y hasta de sus tendencias e inclinaciones. A sus ojos, las menores deficiencias en materia leve eran merecedoras de duras penitencias. El pecado más difícil de evitar completamente es el de la lengua. El pide a Dios el arte de hablar sin ofender a nadie, y la sabiduría para refrenar su lengua. Aborrece la mentira y la falsedad. El arrepentimiento perfecto, fruto del amor a Dios, sabemos que borra los pecados. El lo sentía y buscaba en la Confesión la reparación con mucha frecuencia. A ello añadía de cuenta propia austeridades y la aceptación alegre de las pruebas interiores que le seguirán atormentando hasta su muerte.

A imitación de San Pablo, San Alfonso, San Pablo de la Cruz… siente un gran amor a la persona de Cristo, y es por eso que visita con suma frecuencia a Jesús Eucaristía(Continuará)

Tacho de Sta. María

Bibliografía:
– Taller de Profundización: Espiritualidad Misionera Redentorista. Cap. 20, Julio de 2000, San Luis Potosí, S.L.P. México
San Juan Neumann. Ricardo Baztán, Artigraf. Buenos Aires, 1977.

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Beato Pedro Donders, el ángel de Batavia

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Estampa brasileña del Beato basada en el tapiz de su beatificación.

Nació en Tilburg, Holanda, el 27 de octubre de de 1809, de Arnoldo Donders y Petronila Van den Brekel. La familia era muy pobre y por esa razón trabajó desde muy chico, interrumpiendo sus estudios. Desde niño Pedro quiso ser sacerdote, finalmente con la ayuda del párroco de su iglesia, pudo empezar sus estudios en el Seminario Menor, a la edad de 22 años. Fue ordenado sacerdote el 5 de junio de 1841.

Mientras estudiaba Teología obtuvo el permiso de sus superiores del seminario para ir a la misión de Surinam, colonia de Holanda. Arribó en Paramaribo, el 16 de septiembre de 1842 y de inmediato se ocupó de los trabajos pastorales que ejercitaría hasta su muerte, siendo nombrado Misionero Apostólico.
Sus primeras labores consistieron en visitar regularmente las plantaciones a lo largo de los ríos de la colonia, predicando y administrando los sacramentos, principalmente a los esclavos. Sus cartas expresan su indignación por el trato cruel hacia los africanos forzados al trabajo de las plantaciones.

En 1856 fue enviado al leprosorio de Batavia; aquí desarrolló, con algunas interrupciones, todo su apostolado por el resto de su vida. En su caridad no solamente proveía los beneficios de la religión a los pacientes, sino que personalmente los aseaba y cuidaba, hasta que consiguió de las autoridades los servicios adecuados de algunas enfermeras.
En muchas ocasiones persuadió a las mismas autoridades, gracias a su vigorosa insistencia, una mejor forma de vida y condiciones de los leprosos.

En 1866 llegaron los Redentoristas al Surinam, para hacerse cargo de la Misión y Donders pidió ser admitido en la Congregación. Hizo su noviciado bajo el Vicario Apostólico, Obispo Juan Bautista Swinkels, y profesó el 24 de junio de 1867; a continuación regresó a Batavia.
Mientras se encontraba en Batavia, se dio tiempo para realizar un sueño que tenía desde hacia mucho tiempo atrás: evangelizar a los indígenas de Surinam, sin duda ahora más animado y contagiado por el amor a salvar almas que consumía a san Alfonso María de Liguori. Empezó por aprender las lenguas nativas y a instruir a los indígenas en la fe Cristiana y si eso no fuera poco, también aprendió a tocar algunos instrumentos musicales para recreo de los mismos naturales, pero no tuvo éxito en esta empresa.

Icono moderno del Beato imitando el estilo ortodoxo.

La fuerza que recibía este hombre se debe a su gran imitación a Cristo, modelo de los misioneros, pero sobre todo su gran unión sacerdotal a través del Misterio Eucarístico. Su amor filial a la Madre de Jesús, que lo distinguió en toda su vida, se palpó en el leprosorio de Batavia al llamarla con el título de Salus Infirmorum; Pedro Donders fue uno de los primeros redentoristas que entronizaron el venerable icono de la Virgen del Perpetuo Socorro, en una misión. (La imagen había sido entregada a la Congregación del Santísimo Redentor en 1865, en la persona del Superior General el P. Nicolás Mauron por parte del Papa Pío IX pidiendo: “Denla a conocer por todo el mundo”.)

Pedro Donders murió el 14 de enero de 1887. La fama de su santidad se extendió por Surinam y su nativa Holanda. Fue beatificado por el papa San Juan Pablo II el 23 de Mayo de 1982.

Tacho de Santa María

Bibliografía:
– Taller de Profundización: Espiritualidad Misionera Redentorista. Cap. 19 Julio de 2000. San Luis Potosí, S.L.P. México.
La vida espiritual del Beato Pedro Donders. Espiritualidad Redentorista, Vol. 9. Jean Marie Sègalen. Roma, Italia 1994.

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