La Santísima Virgen María Reina

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Coronación de la Virgen, obra de Domenikos Theotokopoulos "El Greco" (1592). Museo Nacional del Prado, Madrid (España).

Coronación de la Virgen, obra de Domenikos Theotokopoulos “El Greco” (1592). Museo Nacional del Prado, Madrid (España).

Introducción
Jesucristo, luego de su Resurrección ha sido constituido Señor de vivos y muertos. Así es el Dominus, el Kirios, el Señor. Esta autoridad le ha venido del Padre, pues Él, le ha dado todo poder en el cielo y la tierra. Cristo es Rey, pero su reino no es de este mundo, su reino es justicia y paz y comienza desde aquí y ahora en todos los corazones que aceptan su mensaje y su autoridad. También es en nuevo Adán, el nuevo hombre que ha recreado todas las cosas. Por tanto, junto a Él, esta también la nueva Eva: María, que con su obediencia al plan de Dios, se ha convertido en Madre de todos los creyentes. Desde el trono de la Cruz, Cristo la ha constituido como la mujer por excelencia, fecunda en el alma y en el cuerpo. Por ello, el Señor Jesús la ha constituido Reina, asociándola a su celestial realeza; aludiendo al Salmo 44; “de pie, a tu derecha está la Reina”, podemos entender como dice San Bernardo, que Dios se goza de que todos los bienes nos lleguen por medio de María, a quien compara con un acueducto por el que llegan todas las gracias del Padre Celestial al Hombre.

María, la Reina y María, la Sierva del Señor
Es en la cultura bizantina donde comienza a representarse a la Madre de Cristo como Augusta. Su porte y manera de vestir es semejante a la de los emperadores romanos. Se glorifica a María y se exaltan sus prerrogativas de manera muy emotiva. Y el occidente no se queda atrás, porque ella también es invocada como la Domina, la Regina, la Tota Pulchra. Esto es correcto, pero según la doctrina de San Luis Grignon de Monfort, una devoción a María que no conduce a Cristo y que no nos hace imitarla, es estéril e inútil. Varios ejemplos propone San Alfonso María de Ligorio sobre como muchos devotos de ella la honran, la ensalzan, pero esa devoción no le gusta porque sus vidas no cambian ni se enmiendan. Refiere el mismo santo obispo y Doctor en su libro “Las Glorias de María”, como había un monje que la honraba con los labios recitando muchas veces frente a ella una significativa frase del himno Ave, Stella Maris: “Mostrate esse matrem”: “Múestrate Madre”, pero su vida personal dejaba mucho que desear. Así pues en una ocasión, la imagen de Nuestra Señora se voltea a él y le respondió: “Mostrate esse filio”: “Muéstrate que eres hijo”.

"Reina de Todos los Santos", autor desconocido, Museo Blastein, cd de México.

“Reina de Todos los Santos”, autor desconocido, Museo Blastein, cd de México.

Por ello el Concilio Vaticano II, sin menospreciar esta venerable devoción, también ha propuesto que se revise la teología mariana para explotar toda la riqueza de la figura de María. Así la propone como la Virgen pobre y obediente la mujer sencilla la que lleva a Cristo al necesitado, la muchacha que está en oración constante, la mujer fuerte y de pie ante la Cruz, la Madre que está alentado a los discípulos y muchísimos más ejemplos que invita a seguir. María es grande por su fe, esta fe la ha llevado a ser Madre de Dios y como ella, debemos actuar nosotros, pues nadie mejor que esta Doncella de Nazaret sabe como agrandar a Dios. Al igual que Ella, debemos ser dichos porque escuchamos la Palabra de Dios y la ponemos en práctica.

Devoción
La devoción de los fieles, acompañada del cariño por ella de muchas maneras ha querido manifestar su amor a la Reina del Cielo: le ha dedicado capillas, iglesias, basílicas y catedrales, engalana sus imágenes, hace proliferar luces y flores en sus altares, le hace fiesta, porque los fieles ven en Ella a la Madre, la Omnipotencia Suplicante a quien Dios no niega nunca nada. La última parte de las letanías lauretanas se refiere a María como Reina: Reina de los Ángeles y Reina de todos los Santos en cada uno de sus coros, Reina del cielo, de la tierra, de la creación. Reina sin mancha y por ello asunto al cielo en cuerpo y alma, con una sintonía social muy actual y urgente: Reina de la Paz; San Juan Pablo II también lo ha proclamado en estas letanías como Reina de las Familias, para que en su seno se conozca más y se ame mejor a su hijo.

Cabe mencionar el rito singular de la coronación de sus imágenes. Si la imagen ha sido decretada por el Obispo Diocesano, la coronación se llama litúrgica o episcopal. Si el decreto proviene del Papa, se llama canónica o Papal. Las condiciones para que este rito se cumpla son tres; antigüedad, fama y belleza artística de la imagen que se pretende coronar. Así las coronaciones de sus imágenes se han multiplicado en toda la tierra, conforme a lo que dice la Sagrada Escritura: “Se levantaron sus hijos y la proclamaron bienaventurada”. (Cfr. Prov. 31, 28). Es oportuno recordar las palabras que dice el rito al colocar una corona sobre las sienes de alguna imagen suya: “Que así como te coronamos aquí en la tierra, merezcamos ser coronados por ti en el cielo”.

"Coronación de la Virgen", de Nicolás Rodríguez, Museo Soumaya, Ciudad de México.

“Coronación de la Virgen”, de Nicolás Rodríguez, Museo Soumaya, Ciudad de México.

Algo de historia
La Madre de Dios, al concluir su vida en la tierra, fue llevada en cuerpo y alma al cielo, allí fue coronada por la Santísima Trinidad como Reina y Señora de cielos y tierra, de ángeles y hombres. Desde entonces Ella esta intercediendo constantemente y sin descanso por sus hijos. El fundamento de este título es bíblicamente confiable y seguro. Por ello la fiesta ya era pedida desde los congresos marianos de Lyon en 1900, Friburgo en 1902 y Einsielden en 1906. Con la institución de la fiesta de Cristo Rey en 1925, la inquietud y deseo de la institución de esta fiesta se fue consolidando.

En 1954, en el centenario de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción el Papa Pio XII expidió la encíclica Ad Coeli Reginam, que profundizo los fundamentos histórico – teológicos de esa festividad; así en 1955 el mismo Papa instituyó la fiesta de la Realeza de María, inscrita el 31 de mayo como para cerrar el mes de María con un broche de oro con esta celebración. Luego de la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, la festividad cambió de nombre y de fecha: Santa María Virgen, Reina, en el 22 de agosto, la octava de la Asunción, para subrayar el vínculo de la realeza con su glorificación corpórea.

Conclusión
No hay pues ninguna contraposición entre la Reina del cielo y la mujer del Evangelio próxima a hombre. Así lo entiende el prefacio inspirado en el rito de la coronación de una imagen suya actualizado en 1981: “Tú has querido coronar a la Madre de Cristo con una diadema real para que pudiera demostrar a sus hijos, con ayuda más eficaz, su amor y benevolencia. Nosotros nos alegramos hoy por su singular dignidad, exultantes por el don recibido, unidos a todos los habitantes del cielo con voz unánime te cantamos, oh Padre, el himno de alabanza”.

Coronación de la Santísima Virgen. Tabla gótica de Sano di Pietro (s.XIV).

Coronación de la Santísima Virgen. Tabla gótica de Sano di Pietro (s.XIV).

Oración
Dios todo poderoso, que has querido darnos como madre y reina a la Madre de tu hijo, concédenos amarla y venerarla como verdaderos hijos suyos y obtener, por su intercesión el Reino de los cielos por…

Humberto

Bibliografía:
– LODI, Enzo, Los Santos del Calendario Romano: orar con los Santos en la liturgia, Ediciones paulinas, Madrid 1992, pp. 311-314.

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María Santísima, Reina de todos los santos (XV)

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Fresco paleocristiano de la Virgen con el Niño y un diácono que señala hacia Ella. Catacumbas de Priscila, Roma, siglo II.

Fresco paleocristiano de la Virgen con el Niño y un diácono que señala hacia Ella. Catacumbas de Priscila, Roma, siglo II.

Hace varios meses que no publicamos un artículo sobre este tema; bueno es comenzar el año retomándolo, empezando a hablar de la iconografía mariana a lo largo de la historia. No conocemos las facciones que tenía Nuestra Señora, luego no existe una tipología única en la iconografía mariana, por lo que ésta no puede ser el resultado de una concepción realista, de la realidad. Siempre, el artista comienza teniendo en cuenta la belleza física, pero no se encierra sólo en ella: medita las bellezas psicológica y ética a fin de llegar a una belleza que sea trascendente según su conciencia, la tradición litúrgica y la piedad popular a lo largo de la historia de la Iglesia.

La verdad dogmática sobre María ya es visible en las iglesias paleocristianas y determina desde el principio el desarrollo de la iconografía. Sin ir más lejos, recordemos cómo en las catacumbas, las pinturas ya la representan como la Madre de Dios. De la primera mitad del siglo II es la primera imagen que tenemos de María, la cual se encuentra en las catacumbas romanas de Priscila y en ella aparece decorando una tumba, pintada como una Madre con su Hijo, junto a ella, un personaje profético que bien pudiera ser Isaías y en lo alto, una estrella. En la capilla griega de este mismo cementerio romano, se representa a la Virgen como la “Theotokos” en la escena de la Epifanía, e incluso existe una tercera imagen en uno de los cubículos y una cuarta en la que se representa la Anunciación.

De Rossi fue el primero que, en el año 1863, publicó en Roma una cronología de “Las imágenes encontradas de la Santísima Virgen en las catacumbas romanas”: una del siglo III en las catacumbas de Domitila en la que aparece la Virgen, sentada en una cátedra, recibiendo los regalos de los Reyes Magos, otra también del siglo III, en las catacumbas de los Santos Pedro y Marcelino, donde se representa a María como una joven flanqueada por dos Magos e, incluso, esta misma escena de la Epifanía en un arcosolio de las catacumbas de Calixto, datada también en el siglo III.

En las catacumbas de Santa Inés existe un fresco del siglo IV en la que aparece la Virgen en actitud suplicante ante su Hijo; y en la cripta de los santos Félix y Adaucto, en el cementerio de Comodila, existe otro de la misma época en la que aparece María en un trono lleno de joyas. La tradición que considera a María como Reina de cielos y tierra ya aparece por primera vez en unos mosaicos del tiempo del Papa Sixto III (432-440), en la basílica de Santa María la Mayor; y en ellos, se muestra a María con una diadema, un collar y las joyas propias de las vestiduras reales.

La Theotokos de Vladimir, icono bizantino del siglo XII. Galería Tretyakov, Moscú (Rusia).

La Theotokos de Vladimir, icono bizantino del siglo XII. Galería Tretyakov, Moscú (Rusia).

En los mosaicos de San Apolinar Nuevo de Rávena, pertenecientes al siglo VI, aparecen unas diaconisas alrededor de la Virgen, que está sobre un trono entre cuatro ángeles. En el ábside de la iglesia de Santa Sofía de Constantinopla, se muestra a la Virgen triunfante, conforme al pensamiento religioso mostrado por el emperador Justiniano en el himno que compuso el 23 de diciembre del año 537, cuando esta iglesia fue consagrada.

Si revisamos cómo es mostrada María en la cultura bizantina: Monte Sinaí, iglesia de Panaya Kanakaria en Chipre, Egipto, etc. antes de la herejía iconoclasta, siempre encontraremos a una Virgen emperatriz con las manos elevadas en actitud de oración. Así mismo aparece en iconos portátiles, en pinturas sobre maderas, en mosaicos y en frescos: Virgen Kalkopratia, Blacherniotrisa, de Vladimir, de Kiev, etc. y similares a éstas, la de Spoleto, Freising… e incluso talladas en piedra, como las veneradas en Constantinopla, Venecia, Rávena, etc.

Una tipología propia es la “Virgen Hodigitria”, que conduce a los fieles a Jesús y que es llamada también como la “Virgen del Camino”, porque se ponía en los caminos que conducían a las grandes ciudades, como por ejemplo, podía verse en Nicea en la llamada iglesia de la “Koimesis de Nuestra Señora” o en el monasterio serbio Hilandar en el Monte Athos e incluso en una que se conserva en el Museo de Palermo. Toda esta iconografía muestra un único sentimiento religioso, de fe en la maternidad divina de María, aunque con elementos propios de cada una de las culturas locales: Constantinopla, Roma, Venecia, Sicilia. Con posterioridad a la lucha iconoclasta, especialmente en Oriente, se erigen nuevos mosaicos de inspiración bizantina, como los de la puerta central de la Basílica de Santa Sofía en Constantinopla, los del monasterio de San Lucas en Focides, en Dafni junto a Atenas, en el monasterio atonita de Vatopedi o en el Duomo (catedral) de Torcello, por poner sólo algunos ejemplos. En todos ellos se muestran una sugestiva imagen de María, casi mágica, con una fortaleza hierática excepcional.

En las iglesias sicilianas se pinta a María con una especial claridad de expresión, que nos recuerda a los iconos bizantinos: Catedrales de Cefalù y Monreale, Martorana de Palermo… apareciendo la Virgen con unos ojos grandes de los que emanan una verdad que queda evidenciada articulando lo humano y lo religioso de la Madre de Dios. La concepción latina medieval emerge y toma su mística gracia en la fastuosidad oriental, llena de una serenidad, de una compostura realmente sublime. Recorriendo prácticamente toda Europa encontramos la misma fe, el mismo espíritu, en los mosaicos y demás representaciones marianas, donde junto a las indicaciones del gusto de una determinada época, emerge la franqueza libre y las invenciones propias de cada lugar. Es posible reconstruir el aspecto original de cada obra artística, incluso si las superficies de las mismas están gastadas y reelaboradas en sucesivas restauraciones. Los pliegues de las telas de las túnicas de los ángeles, las proporciones y los delicados contornos de la figura de la Virgen, explican las características de casa estilo, pero son al mismo tiempo, el signo de una idea e incluso de una fantasía al servicio de la fe.

Detalle de la Virgen entronizada amamantando al Niño y rodeada de las vírgenes prudentes (izqda.) y necias (dcha.) Mosaico bizantino en la fachada de Santa Maria in Trastevere, Roma (Italia).

Detalle de la Virgen entronizada amamantando al Niño y rodeada de las vírgenes prudentes (izqda.) y necias (dcha.) Mosaico bizantino en la fachada de Santa Maria in Trastevere, Roma (Italia).

Desde la abadía griega de Grottaferrata, hasta las mismísimas puertas de Roma – donde María está representada junto a Cristo y San Juan en un mosaico – hay una gran cantidad de frescos en los cuales no siempre quedan claras las fronteras que diferencian lo romano de lo bizantino y donde las representaciones marianas alcanzan una gracia solemne pero al mismo tiempo, austera. Sirvan de ejemplo la “Crucifixión” existente en la iglesia de Santa María Antiqua al Foro Romano (del siglo VII), los frescos de la capilla del monasterio benedictino de San Vicente al Volturno (del siglo IX) o el llanto de la Virgen sobre Cristo muerto o incluso su traslado al sepulcro, pintados en la cripta de la catedral de Aquileya (de finales del siglo XII).

Con posterioridad al año 1000 y en consonancia con la literatura neolatina, un espíritu nuevo atraviesa Europa y comienzan a erigirse las catedrales románicas, que son la expresión de la voluntad de la colectividad, del pueblo. El ritmo clásico se hace más humano adecuándose al dramatismo religioso y exaltándolo: sirvan de ejemplo la “Coronación de la Virgen” de Jacopo Torriti, conservada en la basílica romana de Santa María la Mayor o la “Historia de la Virgen” de Pietro Cavallini, existente en Santa María in Trastevere (de finales del siglo XIII). Ambas obras constituyen una gran visión sacra en las que las razones del artista se acomodan estrictamente a la liturgia, al dictado de los teólogos, a la piedad popular e incluso a su propia piedad.

Detalle de la Virgen coronada. Fresco de Jacopo Torriti (1296). Ábside de Santa María la Mayor, Roma (Italia).

Detalle de la Virgen coronada. Fresco de Jacopo Torriti (1296). Ábside de Santa María la Mayor, Roma (Italia).

El discurso figurativo se hace más amplio cuando irrumpe en el arte una nueva voluntad de articular los conceptos religiosos a un mundo mucho más cercano a las vivencias terrenales, a las experiencias directas de los hombres, de los artistas y así, nos encontramos con Cimabue, el artista florentino que imprime a sus figuras, con particular insistencia, su monumentalidad y un ritmo plástico de una gran fortaleza hierática. “La Virgen entre los ángeles y San Francisco, fresco existente en la basílica inferior de Asís o la “Virgen en el trono y los ángeles” – tabla en la galería de los Uffizi – superan el llamado neo helenismo bizantino, resolviendo en el conjunto de la estructura arquitectónica de la composición, el solemne rigor de la “Majestad”.

El próximo artículo lo comenzaremos hablando de la obra de Giotto. Recuerdo que los artículos de esta serie están basados en los trabajos del profesor Gabriel María Roschini, al que hemos mencionado en repetidas ocasiones.

Antonio Barrero

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María Santísima, Reina de todos los Santos (XIV)

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"Virgen de los Faroles" (1928), óleo de Julio Romero de Torres. Museo del pintor en Córdoba, España.

“Virgen de los Faroles” (1928), óleo de Julio Romero de Torres. Museo del pintor en Córdoba, España.

En el artículo anterior de esta serie dedicada a la Santísima Virgen, dijimos que en este artículo trataríamos lo relativo a la literatura, pintura, escultura, música, cine y filatelia mariana en la Edad Contemporánea y eso es lo que vamos a hacer aun a sabiendas de que se nos quedarán muchísimas cosas en el tintero.

Literatura mariana
En la Italia del siglo XIX son dignas de mención las obras líricas marianas de Monti, Manzini, Borghi, Torti, Pellico, Parzanese, Belli, Ventura, etc., pero aun más en el siglo XX, donde los cantores de María son miles: Marradi, Pascoli, Fogazzaro, Carducci, D’Annunzio, Manni, Rebora, Papini, Turoldo, etc. (Matteucci, B., “La Madonna nella letteratura italiana”, en “Mater Christi”, 1957, pp.613-761).

En Francia, en el siglo XIX, con el Romanticismo, la Santísima Virgen se convirtió en la inspiración de numerosos poetas, como Lamartine, Víctor Hugo, Musset, Vigni, Louis Veuillot, Paul Verlaine, Huysmans, Léon Bloy, Frederic Mistral, etc. En el siglo XX, ofrecieron un importante homenaje poético a María Santísima: Paul Claudel, Charles Péguy, etc. y los prosistas François Mauriac, Georges Bernanos, etc. (Garreau, A., “La Sainte Vierge dans les lettres françaises modernes et contemporaines”, en H. du Manoir, “María”, cit., II, pp. 47-66).

En España, a inicios del siglo XIX floreció en Sevilla una “Academia de Bellas Letras” bajo el patrocinio de la Inmaculada, en la cual, cada uno de sus socios – y en ella figuraban los nombres más famosos de la literatura española de la época – se hizo cargo de ofrecer sus “propias flores”; como ejemplo pongamos al poeta José Zorrilla (1817-1893), autor de un largo poema mariano titulado “La corona poética” y “La Virgen al pie de la Cruz” o a José Joaquín Cervino, autor de “La Virgen de los Siete Dolores”. Más numerosos son aún los autores marianos del siglo XX: Victorino Abente Lago, Miguel Herrero, José María Pemán, García Baena, etc.

En Portugal no son pocos los poetas que han cantado a María en el siglo XIX. Mencionemos a Antero de Quintal, Augusto Gil, Gomes Leal, Antonio Nobre, etc. y en el siglo XX, influenciados sobre todo por la aparición de la Virgen en Fátima, se inspiraron muchos poetas marianos, como Augusto de Santa Rita (Poemas de Fátima), Alfonso Lopes Vieira (autor del oratorio “Fátima”, al que puso música Ruy Coelho), Moreira das Neves (Septenario de los Dolores de Nuestra Señora), etc.

"Rosa Mystica" (ca. 1923), óleo de Augustus Vincent Tack, 1870-1949.

“Rosa Mystica” (ca. 1923), óleo de Augustus Vincent Tack, 1870-1949.

En Alemania y Austria, en el siglo XIX sobresalieron Clemente Brentano, autor de los “Romances sobre el Rosario”, José Eichendorff, autor de la poesía “Nostalgia de María”, Federico G. Weber, con sus “Flores marianas”, el protestante Enrique Heine, con su conmovedora balada “La peregrinación a Kevelaer”, etc. Y en el siglo XX, tanto entre los católicos como entre los protestantes, destacaron muchos poetas marianos; recordemos por ejemplo a Reinhard J. Sorge, con su poema “Madre de los cielos” o a Rainer Maria Rilke, con su “Vida de María” o sus “Plegarias de los jóvenes a María”.

En Inglaterra, Hungría, Polonia, Holanda y otros países europeos también florecieron poetas que dedicaron a María sus más bellas obras literarias.

Pintura y escultura marianas
En el siglo XIX, a la corriente “naturalista” se opusieron la corriente “purista” de Overbeck (muerto en 1869), la corriente “mística” de la escuela benedictina de Beuron (abadía fundada en el año 1870 por Frère Didier), así como la “prerafaelista” capitaneada desde Londres por Dante Gabriel Rossetti. De ese siglo existen magníficas obras marianas de Franchi, Dupré, Ciseri, Seitz, Maccari, etc.

El siglo XX, caracterizado por las corrientes “tradicionalista”, “transfigurista”, “simbolista” y “deformista”, no nos han privado de buenas obras marianas, particularmente las de Denis, Devallières, Dossena, Prini, Previtali, etc. Existen buenos catálogos dedicados al estudio de estas obras de arte, como “La Virgen en el arte”, de Cassiano da Landasco, “María en el arte moderno”, de C. Mezzana, “El desarrollo histórico de la iconografía mariana”, editado por la Enciclopedia Mariana Theotókos y otros.

Música mariana
En la Edad Contemporánea, los músicos más ilustres han ofrecido a María su homenaje más fervoroso; recordemos a Mozart, Schubert, Paisiello, Rossini, Verdi, Ponchielli, Perosi, Mascagni, Magri, Osma, etc. La Enciclopedia Mariana Theotókos, editó la obra “La Virgen en la Música”, de Anichini, G. y Cassiano de Landasco.

"Pero María guardaba todas estas cosas y las ponderaba en su corazón" (1888).  Lienzo de la pintora Alice Havers, Norfolk Museums, Inglaterra.

“Pero María guardaba todas estas cosas y las ponderaba en su corazón” (1888). Lienzo de la pintora Alice Havers, Norfolk Museums, Inglaterra.

Cine mariano
Así como en la Edad Media, a través de la representación de los “misterios” se daban a conocer historias sobre María, en nuestra época, a través el cine y de los vídeos se nos han hecho llegar los momentos más transcendentes de la vida de la Virgen, sus misterios, sus apariciones, sus milagros, sus santuarios, etc. Se han producido numerosas películas, que asimismo han sido recogidas por la ya mencionada Enciclopedia Mariana Theotókos, en una obra titulada “La Virgen en el cine”, escrita por P. Bagnoli y R. Chiti. Recordemos “María de Nazareth”, de Jean Delannoy, Francia (1955), “Mary, Mother of Jesus”, de Kevin Connor, USA (1999), “Maria, figlia del suo figlio”, de Fabricio Costa, Italia (2000), “La Natividad”, de Catherine Hardwicke (2006), “La canción de Bernardette”, de Henry King, USA (1943), “El mensaje de Fátima”, de John Brahm, USA (1952) y otras.

Filatelia mariana
El primer sello mariano fue emitido por las Islas Vírgenes en el año 1867 y es una reproducción de la “Inmaculada” de Murillo. Desde entonces, se han emitido por parte de más de cuarenta y cinco países, más de cuatro mil sellos diferentes sobre temas religiosos, primando siempre los temas marianos. Sobre este tema, se han escrito tres buenas obras, que son: “La Virgen en la filatelia”, de L. García, Madrid, 1948; “L’iconographie de la Vierge en philatélie”, de R. Radas, publicado en el 1950 y “La Virgen en la filatelia”, de la Enciclopedia Mariana Theotókos.

Aunque éste debería ser un capítulo aparte y así lo haremos, terminemos diciendo que el Concilio Vaticano II, celebrado en el siglo pasado, trató sobre el culto mariano. En el capítulo III de la Constitución conciliar “Lumen gentium”, el Concilio se ocupó de determinar la naturaleza, la legitimidad y los actos de culto que todos los cristianos debemos dar a la Santa Madre de Dios y Madre nuestra, la siempre Virgen María. Trató también el tema de María en el dogma católico y en la Constitución conciliar “Sacrosanctum Concilium”, dictaminó sobre su liturgia.

En los artículos posteriores de este tema o serie mariana, siguiendo siempre las directrices de los trabajos del profesor Gabriel Maria Roschini, al que hemos mencionado en repetidas ocasiones, nos ocuparemos de la iconografía mariana, de la iconografía misionera y del folklore mariano.

Antonio Barrero

Secuencia de la película “La Pasión” (Mel Gibson, 2004)

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María Santísima, Reina de todos los Santos (XIII)

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Santa Inés presenta a las Hijas de María a la Inmaculada Concepción. Lienzo de Amelia De Angelis (1867). Capilla de la Pía Unión Primaria de las Hijas de María, Basílica de Sant'Agnese Fuori le Mura, Roma (Italia). Fotografía: Alvaro De Alvariis.

Santa Inés presenta a las Hijas de María a la Inmaculada Concepción. Lienzo de Amelia De Angelis (1867). Capilla de la Pía Unión Primaria de las Hijas de María, Basílica de Sant’Agnese Fuori le Mura, Roma (Italia). Fotografía: Alvaro De Alvariis.

Continuando con esta serie sobre la Santísima Virgen y con el tema que iniciamos en el artículo anterior, hablando de su culto en Occidente en la Edad Contemporánea y siguiendo con los factores que nos han llevado a denominar estos tiempos como la “Edad de María”, recordemos que mencionamos la actividad mariana de los Papas, las apariciones marianas, las nuevas prácticas de culto mariano y las sociedades mariológicas. éstos que enumeramos a continuación, serían otros factores que nos llevan a esta denominación.

Nuevas asociaciones marianas
En el año 1836, gracias a Santa Catalina Labouré y a su director espiritual, surgía en París la “Pía Unión de las Hijas de María”, que fue aprobada once años más tarde por el beato Papa Pío IX y que se difundió rápidamente hasta alcanzar algunos millones de adeptos, con cerca de cinco mil asociaciones. En esta asociación parisina tuvo su origen, en el año 1862, la “Congregación de las Hijas de María”, en la parroquia romana de Santa Inés, como obra del canónigo regular lateranense, don Orestes Passeri. Esta congregación también fue aprobada por Pío IX y ya en el año 1938 contaba con cerca de cinco millones de congregantes, agrupados en doce mil asociaciones que se extendieron, no sólo por Italia, sino por otros países europeos.

En Madrid, en el año 1839 y gracias al padre Raimundo Leal, se fundaba la “Corte de María”, que también fue aprobada por el mismo Papa y que se difundió rapidísimamente por toda España. En el año 1917, gracias a San Maximiliano Kolbe, aparecían las “Milicias de la Inmaculada” que llegó a contar rápidamente con dos “ciudades marianas”, una en Polonia y la otra en Japón, con muchas asociaciones, millones de milicianos marianos y con numerosas publicaciones y otros tipos de iniciativas. Es interesante el libro de B. Hess, publicado en Roma en el 1942, bajo el título “La Milizia di Maria Immacolata nel suo XXV anniversario di fondazione (1917-1942)”.

En el año 1921, en Irlanda y gracias a Frank Duff, apareció la “Legión de María”, que ha tenido una prodigiosa difusión en más de doscientas diócesis y que ha publicado numerosas obras dedicadas a temas marianos. En América, gracias a monseñor Harold V. Colgan, en el año 1947 apareció la “Armada azul” (Blue Army), cuyos objetivos eran la conversión de Rusia y la paz en el mundo. Esta organización, en el año 1956, contaba con más de diez millones de asociados y estaba extendida por cincuenta y siete países.

Mosaico contemporáneo de la Legión de María con sus santos patronos.

Mosaico contemporáneo de la Legión de María con sus santos patronos.

Nuevas confraternidades marianas
Fueron otro factor que apareció a finales del siglo XVIII-principios del XIX, haciéndolo con sus respectivos escapularios. Algunas de estas fueron: la “Confraternidad del Inmaculado Corazón de María”, que fue erigida en la iglesia parisina de Nuestra Señora de las Victorias, en el año 1836, gracias al abate Desgenettes; la Confraternidad “María Santísima Reina de los corazones”, que influenciadas por la espiritualidad de San Luís Maria Grignon de Montfort, se fundó en Canadá en el año 1889; la Confraternidad de “Nuestra Señora del Sagrado Corazón”, fundada en 1864 por el padre Chevalier; la Confraternidad de “Nuestra Señora del Santísimo Sacramento”, fundada en 1870 según el espíritu de San Pedro Julián Eymard; la Confraternidad de “Nuestra Señora del Perpetuo Socorro”, fundada en Roma en el 1871; la Confraternidad de “María Santísima Auxilio de los cristianos”, fundada en Turín por San Juan Bosco en el año 1869; la Confraternidad de “Las tres Ave María”, fundada en Francia en el siglo XIX y elevada al rango de Archiconfraternidad por el Papa Benedicto XV en 1921; y algunas otras.

Nuevos escapularios marianos
Son dignos de mención el “Escapulario del Corazón Inmaculado de María”, obra de los claretianos que lo empezaron a difundir en Roma en el año 1877; el “Escapulario de la Señora del Buen Consejo”, instituido por el Papa León XIII en el año 1839 a petición de los padres agustinos que eran los custodios del Santuario de la Señora del Buen Consejo, en Genazzano (Italia) y el “Escapulario de los Sagrados Corazones de Jesús y de María”, aprobado por la Sagrada Congregación de Ritos en el año 1900.

Nuevos Institutos marianos
Han sido muy numerosos los institutos marianos, tanto femeninos como masculinos, surgidos con el nombre de María o puestos bajo su protección y amparo. En poco menos de un siglo, surgieron veintisiete institutos religiosos marianos masculinos de derecho pontificio, que entre todos, en el año 1962, contaban con sesenta y dos mil religiosos. Los institutos femeninos de derecho pontificio fueron aun más: setecientos, y en el año 1942 contaban con doscientos treinta mil religiosas y todo esto, sin hablar de la infinidad de institutos religiosos de ambos sexos, pero que son de derecho diocesano y que no han sido reconocidos aun por la Santa Sede. Como es natural, no nos vamos a dedicar a enumerar cuáles han sido cada uno de ellos.

Detalle del lienzo decimonónico que preside la Basílica de María Auxiliadora en Turín, Italia.

Detalle del lienzo decimonónico que preside la Basílica de María Auxiliadora en Turín, Italia.

Congresos marianos
Estos congresos han contribuido de manera notable, al desarrollo del culto a María, ya sean como congresos marianos o congresos mariológicos, celebrados tanto a niveles nacionales como internacionales. La serie de congresos marianos nacionales se inició con el Congreso Nacional de Livorno en el año 1895; fue seguido por el de Florencia (1897), Turín (1898), Lyon (1900), los congresos de Bretaña celebrados entre los años 1904 al 1924, Barcelona (1918), Bogotá (1919), Bruselas (1921), Chartres (1927), Sevilla (1930), Roma (1931), Pórtland (1934), Boulogne-sur-mer (1938), Zaragoza (1940), Bogotá (1942), La Salette-Grenoble (1946), Ottawa (1947), Rennes (1950), Lyon (1954), Cape-de-la-Madeleine (1954), Filipinas (1954), Bombay (1954), etc.

Los congresos marianos internacionales han sido: el de Lyon (1900), Friburgo (1902), Roma (1904), Einsiedeln (1906), Zaragoza (1908), Salzburgo (1910), Trier (1912), Roma (1950 y 1954), Lourdes (1954), Santo Domingo (1965). Estos últimos de Roma, Lourdes y Santo Domingo fueron congresos marianos y mariológicos. Y prefiero no seguir enumerando otros a fin de no ser más cansino, aunque tenga que omitir los dos celebrados en mi ciudad en el año 1992.

Aunque este artículo sea más corto que los anteriores, prefiero dejar para el siguiente todo lo relativo a la literatura, pintura, escultura, música, cine y filatelia marianas en la Edad Contemporánea.

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

María Santísima, Reina de todos los santos (XII)

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"Madonna del Miracolo", óleo de Domenico Bartolini (1813-1887) que conmemora la conversión de Alfonso Ratisbone ante una aparición de la Inmaculada. Basílica de San Andrea delle Fratte, Roma (Italia). Fotografía: K. Drake, 2006.

“Madonna del Miracolo”, óleo de Domenico Bartolini (1813-1887) que conmemora la conversión de Alfonso Ratisbone ante una aparición de la Inmaculada. Basílica de San Andrea delle Fratte, Roma (Italia). Fotografía: K. Drake, 2006.

En el artículo anterior, publicado el pasado 24 de enero, nos quedamos en lo que había supuesto el culto a la Santísima Virgen en Occidente durante la Edad Moderna y prometimos seguir informando sobre este mismo culto mariano, pero ya en la Edad Contemporánea, o sea, desde el siglo XIX al XXI. Pues hagamos eso, basándonos siempre en las mismas fuentes.

Después de la demolición de la Reforma y de las actitudes audaces del jansenismo, se inició en la Iglesia en el siglo XIX – particularmente con motivo de la definición dogmática de la Inmaculada Concepción en el año 1854 – una vigorosa recuperación del culto mariano, recuperación que conduciría a la “Edad de María”, como así ha sido llamado el tiempo transcurrido durante los pontificados de Pío XII y de San Juan XXIII. Efectivamente, existe en todas partes, en todos los ámbitos y bajo todas las formas, lo que podríamos llamar un florecimiento primaveral del culto a María. Pero desmenucemos un poquito este tema para explicarlo.

La actividad mariana de los Papas es el primero de varios factores que nos han conducido a esta “Edad de María”. Pío VII, en el año 1814, extendía a toda la Iglesia la festividad de los “Siete Dolores de María Santísima”, que ya era celebrada por los Siervos de María. El Beato Pío IX, en el 1854, publicaba, como ya hemos dicho, la famosa encíclica “Ineffabilis Deus”, definiendo el dogma de la Inmaculada Concepción. León XIII, promovía notablemente la devoción al Rosario escribiendo sobre este tema doce cartas, entre los años 1883 al 1901. San Pío X, en el año 1904, ordenaba celebrar solemnes fiestas con ocasión del quincuagésimo aniversario de la definición dogmática de la Inmaculada publicando el día 2 de febrero de ese año la encíclica “Ad diem illum”. También extendía a toda la Iglesia la festividad de la aparición de la Inmaculada a Santa Bernardette Soubirous en Lourdes, el día 11 de febrero.

Benedicto XV, en el año 1921 instituía la festividad de “María Medianera de todas las gracias”, con misa y oficio propios para las diócesis de Bélgica y para todas aquellas otras diócesis y familias religiosas que lo habían solicitado a Roma. Asimismo, constituía tres comisiones – una romana, una belga y otra española – para estudiar a fondo la cuestión de la posible definición dogmática de esa mediación universal de María. El Papa Pío XI, en el año 1931, promovía la solemne celebración del décimo quinto centenario del Concilio de Éfeso (431), publicando el día 25 de diciembre la encíclica “Lux veritatis”, por la que se extendía a toda la Iglesia la fiesta litúrgica de la “Divina Maternidad de María”. Asimismo, el 29 de diciembre del 1934 publicaba la encíclica “Ingravescentibus malis” sobre el Santo Rosario.

"Inmaculado Corazón de María", óleo de Charles Bosseron Chambers (1882-1964).

“Inmaculado Corazón de María”, óleo de Charles Bosseron Chambers (1882-1964).

El venerable Papa Pío XII, el 31 de octubre de 1942, consagraba solemnemente toda la Iglesia y todo el género humano al Corazón de María y, recordando esta solemne consagración, dos años más tarde, extendía a toda la Iglesia la fiesta litúrgica del “Inmaculado Corazón de María”. Este mismo Papa, el 1 de noviembre de 1950, en la clausura del Año Santo, definía como dogma de fe la Asunción de María Santísima en cuerpo y alma a los Cielos, publicando la Constitución Apostólica “Munificentissimus Deus”. Al año siguiente, publicaba la encíclica “Ingruentium malorum” sobre el rezo del rosario en el seno de la familia. En el 1954, con ocasión del primer centenario de la definición dogmática de la Inmaculada Concepción, convocaba por primera vez en la historia de toda la Iglesia un “Año Mariano”, y en la clausura del mismo, el día 31 de mayo, instituía la festividad litúrgica de “María Santísima Reina”, mediante la encíclica “Ad coeli Reginam”.

El Papa San Juan XXIII no dejó pasar ni una sola ocasión para promover el culto a María. Existe un texto buenísimo, escrito por Gabriel M. Roschini – en cuya obra me baso al realizar estos artículos – cuyo título es: “La Madonna nella vita en el magistero di Giovanni XXIII”, publicado en “Marianum”, XXV, en el año 1963. Este papa escogió la festividad de la Divina Maternidad de María para inaugurar el Concilio Vaticano II y ya antes de esa fecha, concretamente el 26 de septiembre de 1959, publicó la encíclica “Grata recordatio” sobre el rosario, escribiendo sus famosas reflexiones sobre los misterios de la Santísima Virgen: la Anunciación, la visita a su prima Isabel, el nacimiento de Cristo, la presentación de Jesús en el templo, la asunción de María al cielo, la coronación de María como Reina de los ángeles y de los santos…

El Beato Papa Pablo VI, que clausuró el Concilio Vaticano II el 21 de noviembre de 1964, proclamaba solemnemente a María Santísima, como “Madre de toda la Iglesia”, siendo importantísima también su Exhortación Apostólica “Marialis Cultus” sobre la recta ordenación y desarrollo del culto a la Santísima Virgen María. Recordemos asimismo sus encíclicas “Mense maio”, publicada el 29 de abril de 1965, en la cual invitaba a rezar a María durante el mes de mayo y la “Christi Matri”, del 15 de septiembre del año siguiente, en la que ordenaba súplicas a la Santísima Virgen durante el mes de octubre. A fin de no alargar en demasía este apartado y sabiendo que existe abundante documentación al alcance de todos, omito las referencias a los pontificados posteriores.

"Nuestra Señora, Reina de Todos los Santos". Mosaico contemporáneo  en la iglesia de San José, Springer, Nuevo México (EEUU).

“Nuestra Señora, Reina de Todos los Santos”. Mosaico contemporáneo en la iglesia de San José, Springer, Nuevo México (EEUU).

Las famosas apariciones marianas en diversos lugares del mundo han sido otro factor importante que nos han conducido a lo que hemos llamado el florecimiento de la “Edad de María”. Recordemos algunas de ellas:

La aparición de la Virgen a Santa Catalina Labouré en París entre los años 1830 y 1836; la aparición de la Virgen Dolorosa en La Salette en el año 1846; la aparición de la Inmaculada a Santa Bernardita Soubirous en Lourdes en el año 1858; la de la Virgen de Knock en Irlanda a un grupo de vecinos en el año 1879; la aparición a los tres pastorcitos en Fátima en el año 1917, la aparición a los cinco niños de Beauraing en Bélgica en el año 1932 y algunas otras más. Los santuarios erigidos en los lugares de las apariciones, especialmente los de Lourdes y Fátima; son metas de imponentes y continuas peregrinaciones provenientes de todas las partes del mundo, y esta devoción se ve muchas veces recompensada con la realización de milagrosas curaciones.

Otro factor importante son las nuevas prácticas de culto mariano, como por ejemplo la práctica piadosa del “mes de mayo o mes de las flores”, que aunque iniciada en el siglo XVIII, se universalizó durante el siglo XIX, difundiéndose en infinidad de parroquias de varias naciones europeas y americanas. En el siglo XIX, gracias a San Vicente Pallotti y al Beato Luís Maria Monti, se difundió la piadosa práctica del llamado “tributo cotidiano” a María Inmaculada, que es una especie de rezo acompañado de salmos e himnos.

La práctica del “primer sábado de cada mes como reparación mariana”, tuvo su origen en Rovigo (Italia) en el año 1889, siendo obra de la Sierva de Dios María Dolores Inglese y de las Siervas de María Reparadoras. Afín a ésta, está la “Pía Práctica Expiatoria Mariana”, que intenta consagrar un día del mes de mayo a la reparación de las blasfemias contra María. Esta iniciativa surgió en Venecia en el año 1932 por obra de Luigi Picchini, y fue confiada a la Orden Franciscana, estando muy difundida en casi todas las diócesis italianas y en algunas naciones europeas.

Terminemos hablando de las Sociedades Mariológicas y dejemos para el siguiente artículo la enumeración de otros factores que han conducido a la llamada “Edad de María”.

"Virgen Coronada", lienzo de Jean-Auguste Dominique Ingres (1859). Colección privada.

“Virgen Coronada”, lienzo de Jean-Auguste Dominique Ingres (1859). Colección privada.

Estas Sociedades Mariológicas han surgido en varias naciones a lo largo del siglo XX. En Bélgica, en el año 1931 y gracias al canónigo G. Bittremieux, surgió la “Sociedad Mariológica Flamenca”; en Francia, cuatro años más tarde, se fundó la “Sociedad francesa de estudios marianos”. En España, en el 1941 nacía la “Sociedad Mariológica Española”; en Portugal, tres años más tarde, la “Academia Mariana Portuguesa”. En Canadá, en el 1948, iniciaba su andadura la “Sociedad Canadiense de estudios marianos”; en los Estados Unidos, la “Sociedad Mariológica de América”. En México, en el año 1954, la “Sociedad Mariológica Mexicana”, en Polonia, la homónima polaca y así, muchas otras.

Todas ellas publicaron y publican numerosos estudios sobre los dogmas marianos, trabajando de forma indirecta en el incremento del culto a María, el cual, para ser verdadero, debe emanar de los dogmas y no de supercherías, que muchas veces florecen al amparo de determinados intereses político-religioso-económicos, en vez de un verdadero culto a María. Ejemplo de estos últimos, tenemos a miles, algunos muy famosos incluso en España, donde se explotan a incautos con el beneplácito de algún jerarca que es mejor no nombrar.

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es