La Vigilia Pascual

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Vista de la edícula en el interior de la Basílica, rodeada por fieles con velas con ocasión de la Noche de Pascua. Basílica del Santo Sepulcro, Jerusalén (Israel).

Vista de la edícula en el interior de la Basílica, rodeada por fieles con velas con ocasión de la Noche de Pascua. Basílica del Santo Sepulcro, Jerusalén (Israel).

La madre de todas las santas vigilias
Así es como san Agustín [1] llamaba a la Santa Vigilia Pascual que se celebra en la noche del Sábado Santo al Domingo de Resurrección. En efecto, ya desde esos primeros siglos, se entendió que en esa noche algo era distinto. No se trataba de una vigilia cualquiera (vigilia es la anticipación o preparación al día anterior de la celebración de una solemnidad o fiesta), sino que es recordatorio del acontecimiento fundamental del que manan, nacen o se refieren todas las fiestas litúrgicas del año cristiano. Tal es así, que cualquier celebración, cualquier acto litúrgico, y yendo más allá, cualquier aspecto de la vida cristiana, se centra en el misterio pascual de Cristo y ponen en él su cimiento. “Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe” (1 Cor. 15, 14).

Con el tiempo, las vigilias de otras fiestas han ido perdiendo empuje, y las otrora habituales en todo el año litúrgico van siendo reducidas a unas pocas que merecen recordarse (Nochebuena, Pentecostés, Inmaculada…). Incluso durante el siglo XX se difuminó ésta que nos ocupa, siendo la asistencia de los fieles habitualmente escasa. Pero desde la reforma de Pío XII de 1955 [2] y el empuje de algunos movimientos laicales de nuevo cuño, que la celebran con gran piedad, ha resurgido con gran fuerza. Es de agradecer que haya sido puesta en el gran lugar que le corresponde como la principal y más importante solemnidad anual para el cristiano.

Esta vigilia es, por tanto, algo especial para el seguidor de Cristo vivo y resucitado, pues su sentido salvífico, cristológico, escatológico, sacramental y simbólico está a rebosar. No puede en estas pocas líneas explicarse toda la riqueza de la Vigilia Pascual, pero intentaremos acercarnos a ella mediante unas pocas pinceladas que resuman lo más importante.

Vista de la edícula en el interior de la Basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén (Israel), iluminada para la noche de Pascua.

Vista de la edícula en el interior de la Basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén (Israel), iluminada para la noche de Pascua.

La Vigilia Pascual: centralidad del Triduo Pascual
Con la Vigilia Pascual (y podíamos decir que con su prolongación-epílogo de la Santa Misa del domingo de Pascua o Resurrección) termina el gran triduo que conmemora la pasión, muerte y resurrección de Cristo. Si el Jueves Santo recordábamos la cena del Señor (eucaristía-entrega-cordero inmolado) y el Viernes Santo su pasión y muerte, en la vigilia del domingo celebramos ya su triunfante resurrección. No puede entenderse un día sin los demás, los tres van unidos inseparablemente. “La liturgia, y aún la misma vida cristiana por el bautismo, que nos injerta en el misterio pascual, tienen su sentido en la pasión, muerte y resurrección de Cristo” [3]. Aunque ahora celebramos los tres hechos por separado en tres días, en los primeros siglos de la Iglesia, no fue así. Se necesitó un lento desarrollo litúrgico.

El acontecimiento pascual, los tres hechos mencionados, todos en uno, fue lo que impactó a los discípulos y llenó de contenido su predicación hasta los confines del mundo. La Pascua es algo que debe ser el centro del cristiano, que debe dar vida nueva y comunicarse a los demás hombres, pues por ellos, por su salvación, Cristo padeció, murió y resucitó, y se entrega sacramentalmente en cada Eucaristía. Por eso este misterio redentor no acaba en la conmemoración pascual, sino que toda la liturgia, toda la vida de la Iglesia es pascual. Siempre debe ser entrega, oblación, redención, alegría del sepulcro vacío, anuncio y promesa.

Por lo anterior, por vivirse todo unido en cada momento litúrgico, en los primeros decenios del cristianismo no se celebraba la Vigilia Pascual como conmemoración anual de la Pascua-Muerte-Resurrección, sino que todos los domingos eran fiesta pascual (y aún siguen siéndolo de alguna manera). No será hasta bien entrado el siglo II cuando se establece un día privilegiado para vivir esta celebración con mayor solemnidad. Por los escritos patrísticos se aprecia que era muy festejada, con gran éxtasis y fervor por parte de los asistentes. Eran todos los bautizados y catecúmenos los que se reunían, pues no se entendía que un cristiano no acudiera a esta celebración principal. Era tanto el fervor en esta noche santa, que el sentir popular creía que la parusía, o segunda venida de Cristo ocurriría durante una Vigilia Pascual. Así lo reflejan algunos sermones que se conservan.

Celebración de la Resurrección en la noche.

Celebración de la Resurrección en la noche.

Poco a poco, sin perder la centralidad pascual, se fueron introduciendo los elementos litúrgicos que luego describiremos, sobre todo especialmente el bautismo, ya que al ser la celebración más importante de año, era (y es) un momento ideal para administrar dicho sacramento redentor (muere el hombre viejo, nace el hombre nuevo). Se van estructurando y afianzando sus partes con el paso de los años y se van perdiendo otras que pasan a otros días (la pasión y muerte) como “fases” de una misma solemnidad, hasta configurar lo que hoy tenemos y entendemos como Triduo Pascual.

La Vigilia Pascual consta de tres partes fundamentales (aunque podemos a su vez subdividirlas en más): a) bendición de la luz, b) lecturas con cantos y oraciones, c) celebración de los sacramentos de iniciación y d) coronadas todas ellas con la Eucaristía. Veamos lo más importante de cada una.

Liturgia de la Vigilia Pascual
a) Bendición de la luz
La bendición de la luz era un rito que existía en el mundo judío tanto en su liturgia como en la acción cotidiana de encender las luces de una casa durante el atardecer. A dicha acción le acompañaba una oración-bendición. Es muy probable que el mismo Jesús, en la Última Cena, hubiera pronunciado esta bendición judía. La Iglesia dio nuevo significado a este rito gracias a la rica teología que se desprende de las mismas palabras que sobre la luz pronunció Jesús durante su vida. Hay vestigios de que en las primitivas comunidades cristianas, ya en el siglo IV, se usaba esta bendición de la luz en la Vigilia Pascual.

Fotografía del papa Francisco durante el rito del Lucernario del año 2013.

Fotografía del papa Francisco durante el rito del Lucernario del año 2013.

Al comienzo de la Vigilia la oscuridad invade todo el templo donde se va a celebrar la liturgia. El templo se transforma así en una especie de sepulcro. Dicha oscuridad nos recuerda que, real y verdaderamente, no de manera simulada, ha muerto el autor de la Luz (Gen. 1,3), el Salvador-Luz que nos visitó de lo alto (Lc. 1,78), el Cristo luminoso transfigurado en el Tabor (Mt. 17,1ss), la Palabra-Luz verdadera (Jn. 1,8), la Luz que ilumina al mundo (Jn. 8,12). Es un momento de dolor contenido y sereno, de espera, de silencio. En la puerta del templo es bendecido el cirio pascual. Será usado durante todo el tiempo pascual y durante la celebración de bautismos, y representa al mismo Cristo resucitado, por eso durante dicho tiempo pascual es incensado en las celebraciones litúrgicas.

Portado por un diácono, el cirio, ya bendecido, entra en el templo y sirve como guía a todo el pueblo, nuevo Israel, que peregrina tras su Salvador en la procesión de entrada, y va tomando del cirio pascual la luz que arderá en las pequeñas velas que cada uno porta. Tras tres aclamaciones del pueblo, el diácono, desde el ambón, proclama, normalmente cantando, el “Exultet” o Pregón Pascual. Dicho pregón, de gran antigüedad (probablemente compuesto por San Ambrosio) y enorme calidad literaria, nos describe poéticamente el significado espiritual de la luz en la noche iluminada por la Resurrección de Jesucristo, aludiendo a las grandes etapas de la historia de la salvación, desde la creación hasta el presente. No deja indiferente al creyente la gran fuerza de las palabras de este pregón, el anuncio de la Resurrección y el gran lirismo y simbología de la luz y el cirio. Es un momento único de esta noche, irrepetible durante el año.

b) Liturgia de la Palabra
Si densa era la bendición de la luz, no menos densa es la parte que le sigue. Primitivamente era una gran catequesis para los que iban a bautizarse esta noche, pero ahora es un oficio que combina lecturas de la Sagrada Escritura, cantos (salmos o cánticos) y oraciones, no siendo hasta el misal de 1970 cuando se estableció su estructura actual. Lo que más llama la atención es el número de lecturas que se proclama esta noche: siete del Antiguo Testamento y dos del Nuevo (Gen. 1,1-2,2; Gen. 22, 1-2. 9a. 10-13. 15-18; Ex. 14, 15-15, 1;  Is. 54, 5-14; Is. 55, 1-11; Bar. 3, 9-15. 32-4, 4; Ez. 36, 16-28; Rom. 6, 3-11; Evangelio, que varía según ciclo litúrgico), aunque por razones pastorales sólidas pueden reducirse a tres (nunca por mero capricho o por acortar la celebración sin fundamento). Entre las lecturas se intercalan oraciones y salmos de gran significación en la historia salvífica.

El papa Benedicto XVI durante la Liturgia de la Palabra en la Vigilia Pascual del año 2011.

El papa Benedicto XVI durante la Liturgia de la Palabra en la Vigilia Pascual del año 2011.

Muy emotivo es el momento en el que se terminan las lecturas del Antiguo Testamento y comienzan las del Nuevo. Se canta entonces, de una manera solemne el “Gloria” (que no se proclamó en toda la Cuaresma, exceptuando el Jueves Santo) y se hacen repicar las campanas del templo. También tiene especial significado el canto del Aleluya, el principal entre todos los del año, que precede al Evangelio.

c) Liturgia bautismal
Siempre que sea posible, es lógico que en esta parte se administren los sacramentos de iniciación cristiana (bautismo, eucaristía y confirmación si el que preside es obispo), pues desde antiguo en esta Vigilia Pascual era el momento en que los catecúmenos se incorporaban a la vida en Cristo resucitado. Con la implantación del bautismo de niños pequeños cayó muy en desuso esta costumbre, pero actualmente se insiste que al menos los catecúmenos adultos y los niños nacidos en fechas cercanas reciban las aguas bautismales en esta Vigilia, pues es esta liturgia un marco adecuado para mejor comprender su significado. Independientemente que sean adultos o niños se sigue el ritual del bautismo como siempre: óleos, letanías, vestido blanco, etc… Personalmente hace un par de años fui padrino de un niño que fue bautizado en esta noche y fue algo muy emotivo.

En el caso de adultos conversos no es raro el hecho de que puedan recibir, tras un periodo largo de catecumenado, los tres sacramentos en la misma celebración pascual presidida por el obispo diocesano del lugar. Habitualmente suele darse esta circunstancia en la Vigilia Pascual presidida por el Papa y en diócesis de importancia.

Bautizo de un joven adulto durante la segunda Vigilia Pascual del papa Francisco.

Bautizo de un joven adulto durante la segunda Vigilia Pascual del papa Francisco.

Independientemente de si hay o no bautismos en la celebración de la Vigilia, suele bendecirse el agua que va a usarse en los bautismos durante el tiempo de Pascua con la novedad de que se introduce el cirio en dicha agua y se usa un texto diferente al habitual, se procesiona solemnemente con ella hasta el baptisterio, se recita la letanía de los santos y se renuevan las promesas bautismales, encendiendo entonces de nuevo las velas que cada fiel porta.

d) Eucaristía
La Vigilia sigue con la liturgia eucarística, culmen de la celebración. No posee ningún rito que se salga de lo habitual de un domingo normal. Evidentemente los textos del ordinario a usar que el misal propone son de una mayor solemnidad. Curiosamente se usarán en los días siguientes, en toda la octava pascual, debido a que éstos se consideran como una única unidad litúrgica. Hasta tal punto es esto, que en el prefacio se dice, en toda la octava: “… En este día … “

La plegaria eucarística que suele usarse esta noche es el llamado Canon romano, más solemne. Concluye la celebración con la bendición final y el canto por duplicado del Aleluya, que se repetirá durante todo el tiempo pascual.

David Jiménez


Texto en latínTexto en español
Exultet iam angelica turba caelorum:
exultent divina mysteria:
et pro tanti Regis victoria tuba insonet salutaris.

Gaudeat et tellus tantis irradiata fulgoribus:
et, aeterni Regis splendore illustrata,
totius orbis se sentiat amisisse caliginem.

Laetetur et mater Ecclesia,
tanti luminis adornata fulgoribus:
et magnis populorum vocibus haec aula resultet.

Quapropter astantes vos, fratres carissimi,
ad tam miram huius sancti luminis claritatem,
una mecum, quaeso,
Dei omnipotentis misericordiam invocate.
Ut, qui me non meis meritis
intra Levitarum numerum dignatus est aggregare,
luminis sui claritatem infundens,
cerei huius laudem implere perficiat.
Per Dominun nostrum Jesum Christum Filium suum,
qui cum eo vivit et regnat in unitate Spiritus Sancti Deus
Per omnia saecula saeculorum. AMEN.

Vers. Dominus vobiscum.
Resp. Et cum spiritu tuo.
Vers. Sursum corda.
Resp. Habemus ad Dominum.
Vers. Gratias agamus Domino Deo nostro.
Resp. Dignum et iustum est.

Vere dignum et iustum est,
invisibilem Deum Patrem omnipotentem
Filiumque eius unigenitum,
Dominum nostrum Iesum Christum,
toto cordis ac mentis affectu et vocis ministerio personare.

Qui pro nobis aeterno Patri Adae debitum solvit,
et veteris piaculi cautionem pio cruore detersit.

Haec sunt enim festa paschalia,
in quibus verus ille Agnus occiditur,
cuius sanguine postes fidelium consecrantur.

Haec nox est,
in qua primum patres nostros, filios Israel
eductos de Aegypto,
Mare Rubrum sicco vestigio transire fecisti.

Haec igitur nox est,
quae peccatorum tenebras columnae illuminatione purgavit.

Haec nox est,
quae hodie per universum mundum in Christo credentes,
a vitiis saeculi et caligine peccatorum segregatos,
reddit gratiae, sociat sanctitati.

Haec nox est,
in qua, destructis vinculis mortis,
Christus ab inferis victor ascendit.

Nihil enim nobis nasci profuit,
nisi redimi profuisset.
O mira circa nos tuae pietatis dignatio!
O inaestimabilis dilectio caritatis:
ut servum redimeres, Filium tradidisti!

O certe necessarium Adae peccatum,
quod Christi morte deletum est!
O felix culpa,
quae talem ac tantum meruit habere Redemptorem!

O vere beata nox,
quae sola meruit scire tempus et horam,
in qua Christus ab inferis resurrexit!

Haec nox est, de qua scriptum est:
Et nox sicut dies illuminabitur:
et nox illuminatio mea in deliciis meis.

Huius igitur sanctificatio noctis fugat scelera, culpas lavat:
et reddit innocentiam lapsis
et maestis laetitiam.
Fugat odia, concordiam parat
et curvat imperia.

In huius igitur noctis gratia, suscipe, sancte Pater,
laudis huius sacrificium vespertinum,
quod tibi in hac cerei oblatione sollemni,
per ministrorum manus
de operibus apum, sacrosancta reddit Ecclesia.

Sed iam columnae huius praeconia novimus,
quam in honorem Dei rutilans ignis accendit.
Qui, licet sit divisus in partes,
mutuati tamen luminis detrimenta non novit.

Alitur enim liquantibus ceris,
quas in substantiam pretiosae huius lampadis
apis mater eduxit.

O vere beata nox,
in qua terrenis caelestia, humanis divina iunguntur!

Oramus ergo te, Domine,
ut cereus iste in honorem tui nominis consecratus,
ad noctis huius caliginem destruendam,
indeficiens perseveret.
Et in odorem suavitatis acceptus,
supernis luminaribus misceatur.

Flammas eius lucifer matutinus inveniat:
Ille, inquam, lucifer, qui nescit occasum:
Christus Filius tuus,
qui, regressus ab inferis, humano generi serenus illuxit,
et tecum vivit et regnat in saecula saeculorum.

Amen.
Exulten por fin los coros de los ángeles,
Exulten las jerarquías del cielo,
y por la victoria de rey tan poderoso
que las trompetas anuncien la salvación.

Goce también la tierra, inundada de tanta claridad,
y que, radiante con el fulgor del Rey eterno,
se sienta libre de la tiniebla,
que cubría el orbe entero.

Alégrese también nuestra madre la Iglesia,
revestida de luz tan brillante;
resuene este templo
con las aclamaciones del pueblo.

Por eso, queridos hermanos,
que asistís a la admirable claridad de esta luz santa,
invocad conmigo la misericordia de Dios omnipotente,
para que aquel que, sin mérito mío,
me agregó al número de los Diáconos,
completen mi alabanza a este cirio,
infundiendo el resplandor de su luz.

El Señor esté con vosotros.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.

Realmente es justo y necesario
aclamar con nuestras voces
y con todo el afecto del corazón
a Dios invisible, el Padre todopoderoso,
y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo.
Porque Él ha pagado por nosotros al eterno Padre
la deuda de Adán
y, derramando su Sangre, canceló el recibo,
del antiguo pecado.

Porque éstas son las fiestas de Pascua
en las que se inmola el verdadero Cordero,
cuya Sangre consagra las puertas de los fieles.

Esta es la noche en que sacaste de Egipto,
a los israelitas, nuestros padres,
y los hiciste pasar a pie el mar Rojo.

Esta es la noche en que la columna de fuego
esclareció las tinieblas del pecado.

Esta es la noche
en la que por toda la tierra,
los que confiesan su fe en Cristo, son arrancados
de los vicios del mundo
y de la oscuridad del pecado,
son restituidos a la gracia
y son agregados a los santos.

Esta es la noche en que,
rotas las cadenas de la muerte,
Cristo asciende victorioso del abismo.
¿De qué nos serviría haber nacido
si no hubiéramos sido rescatados?

¡Qué asombroso beneficio de tu amor por nosotros!
¡Qué incomparable ternura y caridad!
Para rescatar al esclavo, entregaste al Hijo!

Necesario fue el pecado de Adán,
que ha sido borrado por la muerte de Cristo.
¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor!

¡Qué noche tan dichosa!
Sólo ella conoció el momento
en que Cristo resucitó del abismo.

Esta es la noche de que estaba escrito:
«Será la noche clara como el día,
la noche iluminada por mi gozo.»
Y así, esta noche santa
ahuyenta los pecados,
lava las culpas,
devuelve la inocencia a los caídos,
la alegría a los tristes,
expulsa el odio,
trae la concordia,
doblega a los potentes.

En esta noche de gracia,
acepta, Padre Santo,
el sacrificio vespertino de esta llama,
que la santa Iglesia te ofrece
en la solemne ofrenda de este cirio,
obra de las abejas.

Sabemos ya lo que anuncia esta columna de fuego,
ardiendo en llama viva para gloria de Dios.
Y aunque distribuye su luz,
no mengua al repartirla,
porque se alimenta de cera fundida,
que elaboró la abeja fecunda
para hacer esta lámpara preciosa.

¡Qué noche tan dichosa
en que se une el cielo con la tierra,
lo humano con lo divino!

Te rogamos, Señor, que este cirio,
consagrado a tu nombre,
para destruir la oscuridad de esta noche,
arda sin apagarse
y, aceptado como perfume,
se asocie a las lumbreras del cielo.
Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo,
ese lucero que no conoce ocaso
Jesucristo, tu Hijo,
que, volviendo del abismo,
brilla sereno para el linaje humano,
y vive y reina por los siglos de los siglos.

Amén.


[1] S. AGUSTÍN. Serm. 219.
[2] PÍO XII, Maxima redemptionis nostrae mysterium.
[3] Constitución Sacrosanctum Concilium, 2, 5 y 6.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Evidencias sobre la Resurrección de Cristo

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Cristo resucitado. Óleo sobre lienzo de Raúl Berzosa (2012). Fuente: www.raulberzosa.com/

Cristo resucitado. Óleo sobre lienzo de Raúl Berzosa (2012). Fuente: www.raulberzosa.com/

Hoy, 20 de abril del año 2014, todos los cristianos, los que seguimos el calendario gregoriano y los que siguen el calendario juliano, celebramos la Pascua. Hoy todos estamos de fiesta porque Cristo, nuestra Pascua, ha resucitado. Verdaderamente ha resucitado. Lo creemos por nuestra absoluta fe en Él y en su palabra, pero también debemos creerlo porque hay evidencias de que los hechos históricos ocurrieron así y sobre este tema queremos escribir hoy.

Sabemos que nuestro Señor murió ejecutado en una cruz bajo el poder de Poncio Pilato, quien cedió a las presiones del Sanedrín judío. Esto nos lo dicen los Evangelios, pero también lo confirman escritores paganos como Flavio Josefo, Cornelio Tácito, Luciano de Samosata e incluso el mismo Sanedrín judío. Sabemos a ciencia cierta que murió y cómo fue su muerte, pero en cuanto a su resurrección, ya es otro cantar, aunque también existen varias líneas de evidencia que la confirman. Es cierto que los hombres somos propensos a creer sólo lo que puede explicarse por las leyes naturales, por causas naturales y ante el tema de la resurrección – por ser en sí un hecho milagroso – nuestra inteligencia nos lleva hacia el escepticismo, independientemente de que puedan existir evidencias que la confirmen. Pero es que existen esas evidencias y vamos a ver cuáles son.

En primer lugar hay que decir que existieron testigos presenciales y que su testimonio es verdadero. Los primeros apologistas cristianos citaron a cientos de testigos, algunos de los cuales incluso documentaron sus supuestas experiencias. Muchos de estos testigos, de manera voluntaria y decidida soportaron torturas y hasta la muerte antes que negar este testimonio. Son los mártires de los primeros siglos, sobre muchos de los cuales ya hemos escrito en este blog y el hecho de que aceptaran los sufrimientos y la muerte dan fe a su sinceridad y falta de engaño. “Hablando ellos al puebloPedro y Juanvinieron sobre ellos los sacerdotes con el jefe de la guardia del templo y los saduceos, resentidos porque enseñaban al pueblo y anunciaban la resurrección de Jesús de entre los muertos. Y les echaron mano y encerraron en la cárcel hasta el día siguiente, pues ya era tarde. Pero muchos de los que habían oído la palabra, creyeron, siendo el número de los varones como unos cinco mil. Al día siguiente, se reunieron en Jerusalén los gobernantes, los ancianos y los escribas y el sumo sacerdote Anás y Caifás y Juan y Alejandro y todos los que pertenecían a la familia de los sumos sacerdotes. Y poniéndoles en medio de ellos les preguntaron: ¿Con qué potestad y en nombre de quién habéis hecho esto? Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: Gobernantes del pueblo y ancianos de Israel: puesto que hoy se nos interroga acerca del beneficio que hemos hecho a un hombre enfermo y cómo este ha sido sanado, sea notorio a todos vosotros y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesús de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos; gracias a Él, este hombre está sano en vuestra presencia. Este Jesús es la piedra que vosotros, los edificadores, habíais reprobado y se ha convertido en una piedra angular. Y en ningún otro hay salvación, ya que no hay otro hombre bajo el cielo por el cual podamos ser salvados. Entonces, viendo la desenvoltura de Pedro y de Juan, que eran hombres del pueblo e iletrados, quedaron maravillados y les reconocían que habían estado con Jesús. Y viendo además al hombre que había sido sanado y que estaba de pie delante de ellos, no podían decir nada en contra. Entonces les ordenaron que salieran fuera y charlaban entre ellos diciendo: ¿Qué haremos con ellos? Porque es cierto y lo que han hecho así lo manifiesta, que esto es conocido por todos los que habitan en Jerusalén y no lo podemos negar. Sin embargo, para que no se divulgue esto entre el pueblo, amenacémosles para que no sigan hablando de Jesús delante de hombre alguno (Hechos, 4, 1-17).

"Alegoría de la Resurrección de Cristo", lienzo de Patrick Devonas.

“Alegoría de la Resurrección de Cristo”, lienzo de Patrick Devonas.

De esto, da también fe la Carta X de Plinio el Joven a Trajano, que no reproduzco por su extensión, pero que puede consultarse aquí. Los cristianos podían poner fin a sus sufrimientos simplemente renunciando a su fe, pero sin embargo, la inmensa mayoría soportaban los tormentos, proclamando la resurrección de Cristo. Y es verdad que hay que decir que, en teoría, el martirio no convierte en verdad la resurrección de Cristo y que sólo demuestra la sinceridad de los mártires, pero es que ellos sabían que lo que profesaban era cierto, ya que muchos de ellos, en los primeros años de la Iglesia, habían conocido personalmente a Jesús. Si la resurrección era mentira, ¿por qué tantas personas daban su vida por afirmarla? ¿Es que era bueno sufrir tanto por aferrarse a una mentira? Sabían que no era mentira, que era cierto, porque pertenecían a la primera generación de la Iglesia, porque afirmaban lo que habían visto. Y entre todos ellos, los testigos más valiosos fueron los propios apóstoles, que aunque demostraron un miedo vergonzoso durante la Pasión del Maestro, se transformaron por completo después de la Resurrección y de Pentecostés. Y por eso, con enorme valor, se lanzaron por todos los confines del mundo conocido, predicando lo que habían visto aun a sabiendas de que serían perseguidos y asesinados.

Pero ¿y Pablo? Posiblemente, él no había conocido personalmente a Jesús y además era un furibundo perseguidor de los cristianos. Pero él mismo describe cómo se encontró con Jesús resucitado cuando iba camino de Damasco y cambió su vida de manera drástica. De feroz perseguidor se convirtió en uno de los defensores más atrevidos de aquella nueva doctrina y esto le trajo sufrimientos, palizas, la cárcel e incluso la muerte. Él, que atacaba a Jesús, lo vio resucitado y dio su vida por Él.

Primera versión del Cristo Resucitado de Miguel Ángel Buonarroti. Monasterio de San Vicente en Bassano Romano, Italia.

Primera versión del Cristo Resucitado de Miguel Ángel Buonarroti. Monasterio de San Vicente en Bassano Romano, Italia.

Pero es que hay muchísima más información de aquella época; por poner sólo un ejemplo, Flavio Josefo, que fue un historiador judío fariseo, en su obra “Antigüedades y guerras de los judíos”, describe el martirio de Santiago, el hermano del Señor, por defender la resurrección de Cristo.

Además, si Jesús no había resucitado, los sacerdotes y el Sanedrín podían haberlo demostrado. Jesús fue ejecutado en público y todo Jerusalén sabía donde había sido sepultado. Bastaba exhumar el cadáver para desmontar esta mentira, pero… ¡es que la tumba estaba vacía! Y recurrieron a lo más fácil: sus discípulos habían robado el cadáver. Pero la tozuda realidad era que la tumba estaba vacía.

Si sus discípulos habían robado el cadáver y sabían que la resurrección era una farsa, ¿por qué estaban dispuestos a sufrir todo tipo de tormentos y la muerte por defender una mentira? Ellos eran sinceros, sabían lo que había pasado y daban su vida por demostrarlo. Ninguno desfalleció; si el cuerpo había sido robado, alguno hubiera flaqueado y confesado el robo, no ya sólo para evitar sus sufrimientos sino para evitar los sufrimientos de sus familiares más allegados. No hubo ni uno solo que se desmoronase por defender a capa y espada una mentira, y eso que las primeras persecuciones fueron brutales, sobre todo la de Nerón, que en el año 64 ordenó incendiar la ciudad de Roma y, para exculparse, culpó a los cristianos del incendio. Lo cuenta el historiador Cornelio Tácito en sus “Anales de la Roma imperial”, escritos inmediatamente después del incendio (Anales, XV, 44). Nerón iluminó sus jardines con los cristianos crucificados en cruces y ardiendo vivos, y ninguno se retractó. No existe constancia alguna de que ningún cristiano de aquella primera generación renunciase a su fe en la resurrección de Cristo para poner fin a sus sufrimientos. Y sin embargo, sí que existen numerosos relatos de supuestas apariciones del Resucitado a quienes estaban dispuestos a dar su vida por Él. Resumiendo: los discípulos no robaron el cuerpo, dieron sus vidas por defender este hecho y la tumba estaba vacía.

Algunos han defendido la tesis de que Jesús fingió su muerte y que posteriormente, escapó de la tumba. Esta tesis es indefendible. Conforme hemos relatado en los tres artículos anteriores publicados en el blog, Jesús sufrió lo indecible, murió en la cruz y recibió el golpe de gracia atravesándosele el corazón con una lanza. ¿Cómo es posible que un ser humano sobreviviese a estos tormentos, fingiera su muerte, estuviese sepultado durante tres días sin ningún tipo de atención, él solo retirase la pesada losa que tapaba el sepulcro y luego escapase, sin ni siquiera dejar un rastro de sangre? ¿Y después se dedicó a convencer a sus amigos de que había resucitado y que estaba completamente sanado, salvo las señales de las heridas de manos, pies y costado? Esta tesis, simplemente, es ridícula.

"Cristo resucitado en el jardín de José de Arimatea", lienzo del pintor británico William Holman Hunt.

“Cristo resucitado en el jardín de José de Arimatea”, lienzo del pintor británico William Holman Hunt.

Pero aún hay más: los primeros y principales testigos de la resurrección fueron unas mujeres, y ya sabemos lo que significaban las mujeres en las culturas antiguas. Sus afirmaciones carecerían de todo crédito. Si habían robado el cuerpo, ¿eligieron a unas mujeres para demostrar lo contrario? Todos los apóstoles eran varones, ellos robarían el cuerpo, y ¿eligieron a unas mujeres para propagar esa mentira de la resurrección? Las mujeres ocupaban el status social más bajo, y ¿son ellas las encargadas de propagar ese bulo? ¿Y la creen todos hasta el punto de que los propios hombres que robaron el cuerpo, dieran su vida por defender lo contrario? Los rabinos decían que “los libros de la ley merecían ser quemados antes que entregarlos a las mujeres” y ya sabemos lo que significaba la Ley de Moisés para ellos. El testimonio de una mujer no servía para nada, ni siquiera podía ir como testigo a un juicio, y ¡eran ellas las primeras que testimoniaron que la tumba estaba vacía! Y si sabiendo quienes escribieron los Evangelios que el testimonio de una mujer no valía nada, aun así, lo dicen expresamente, es que lo que dicen, es exactamente la verdad. Esto es historia, esto no es leyenda.

Para terminar: sinceridad por parte de quienes dieron su vida por defender esta verdad, convicción absoluta de los apóstoles, conversión de un perseguidor al ver a Cristo resucitado, la tumba estaba vacía y no se pudo demostrar de manera natural el por qué lo estaba, fue en Jerusalén – la ciudad que lo vio morir – donde se inició la defensa de este hecho, la importancia que en el contexto histórico se da al testimonio de unas mujeres… son hechos más que suficientes como para atestiguar la historicidad de la resurrección.

Sir Lionel Alfred Luckhoo, un famoso diplomático y abogado protestante que defendió y ganó 245 pleitos de casos de asesinatos y que como tal está en el “Libro Guinnes de los Records”, dijo: “Después de cuarenta y dos años ejerciendo como abogado defensor en todas las partes del mundo, y después de haber pasado por mis manos todo tipo de pruebas y ganado todos los juicios con jurado popular, tengo que decir de manera inequívoca, que la evidencia de la resurrección de Cristo es tan abrumadora que obliga a aceptar la prueba de que no deja ningún lugar a dudas”.

Antonio Barrero

Bibliografía:
-GARY, R y otros, “The Case for the Resurrection of Jesus”, Kregel Publications, 2004.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Cristo ha resucitado, verdaderamente ha resucitado

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"La Resurrección", óleo del pintor danés Carl Heinrich Bloch (1873). Museo de Historia Nacional de Frederiksborg Castle, Hillerød, Dinamarca. Cortesía de la Hope Gallery.

¿Cuándo se celebra el día de Pascua?
El día de Pascua es para los cristianos el día más importante del año litúrgico y todos los que seguimos el Calendario Gregoriano lo celebramos el día de hoy. Hoy para nosotros es un día de alegría porque Cristo, nuestra Pascua, ha resucitado.
Pero, aunque el año pasado todos los cristianos lo celebramos el mismo día (el 24 de abril), este año no sucede lo mismo y esto tiene su por qué.
Este por qué es el que vamos a intentar explicar aunque el artículo pueda parecer un poco difícil de leer, de entender, pero aun así, trataremos de hacerlo lo más ameno e inteligible posible.

Sin embargo, me permitiréis que al principio recordemos algunas cosas de astronomía, ya que la Pascua está ligada a ella.
Llamamos “año” al tiempo que tarda la Tierra en dar una vuelta alrededor del Sol (traslación) siendo esta órbita una elíptica por lo que unas veces la Tierra está más cerca del astro rey que otras.
La Tierra gira sobre sí misma a lo largo de un eje imaginario que llamamos “eje terrestre” y esa rotación completa con respecto al sol es lo que llamamos “día”.
Pero este eje de rotación de la Tierra está inclinado unos 23,5º aproximadamente con respecto al plano de la elíptica y esta inclinación del eje de rotación es la que produce lo que llamamos las “cuatro estaciones del año”: dos equinoccios (alrededor del 21 de marzo y el 23 de septiembre) y dos solsticios (alrededor del 21 de junio y del 20 de diciembre).
Además sabemos que la Luna gira alrededor de la Tierra, que el mes lunar es de aproximadamente 28 días y que la Luna tiene cuatro fases: Luna nueva (novilunio), Cuarto creciente, Luna llena (plenilunio) y Cuarto menguante. Recordemos estos conceptos.

Cuando de pequeño se nos preguntaba ¿cuándo es el día de Pascua?, decíamos: “el domingo siguiente al primer plenilunio del equinoccio de primavera en el Hemisferio Norte”. Eso, siendo cierto, no es tan simple de concretar y lo que vamos a intentar es aclarar un poco más este interesante tema y para ello tenemos que remontarnos a la Pascua judía.
Sabemos por los Evangelios que la muerte y resurrección de Nuestro Señor coincidió en el tiempo con la Pascua judía, ya que los evangelistas Mateo, Marcos y Lucas dicen que la Última Cena fue una cena de Pascua y Juan dice que Jesús murió el día de la Preparación de la Pascua.

Las tres Marías en el sepulcro. Óleo de William Adolphe Bouguereau (1876). KMSKA - cortesía de Reproductiefonds—Lukas.

Dicen las Sagradas Escrituras: “En el primer mes, el día catorce, al ponerse el sol, celebraréis la Pascua del Señor” (Levítico, 23, 5); “El día catorce del primer mes será la Pascua del Señor” (Números, 28, 16), o sea, la Pascua debía celebrarse el decimocuarto día del primer mes del año y como el calendario judío era un calendario lunar que empezaba con la luna nueva, el decimocuarto día correspondía al día del plenilunio.
Además, sabemos que el primer mes del año era el mes de Nisán, que era el mes que empezaba con la primera luna nueva de primavera; en definitiva, los judíos celebraban la Pascua el día del primer plenilunio del equinoccio de primavera, por lo que, consecuentemente, la fecha no era fija; no solo podía cambiar de fecha dentro del mes, sino incluso que también podía caer en cualquier día de la semana.

En los dos primeros siglos de nuestra era, en algunas iglesias, la Pascua cristiana se hacía coincidir con la Pascua judía, luego podía caer en cualquier día de la semana; sin embargo, en otras iglesias esperaban al domingo siguiente, o sea, no había unanimidad entre los cristianos en cuanto a la celebración de la Pascua en un mismo día. Tuvo que poner orden el Concilio de Nicea, pues en el siglo IV había hasta cuatro métodos diferentes para calcular cual sería el día de Pascua. Y el Concilio lo puso, decretando que el día de Pascua sería siempre “el domingo siguiente al primer plenilunio del equinoccio de primavera”. Tengamos en cuenta que en aquellos tiempos el cristianismo solo estaba extendido en el Hemisferio Norte por lo que el Concilio se estaba refiriendo a la primavera de dicho hemisferio, que corresponde al otoño del Hemisferio Sur.

Pero habiendo decretado esto el Concilio de Nicea, sin embargo no dijo absolutamente nada sobre qué método había que utilizar para calcular cuando entra el equinoccio y consecuentemente cuando es la primera luna llena o plenilunio y de ahí viene el que no todos los cristianos la celebremos el mismo día, máxime cuando además utilizamos calendarios distintos: el Juliano, el Gregoriano y el Armenio.

El Calendario Juliano, que era el utilizado en Roma, divide el año en doce meses, añadiendo un día más al mes de febrero cada cuatro años. Pero como se demostró que el año juliano no se correspondía exactamente con el año astronómico, en el siglo XVI se hizo la Reforma Gregoriana, o sea, se creó el Calendario Gregoriano por parte del Papa Gregorio XII. Este Papa, en el año 1582 para actualizar el año astronómico con el año utilizado por la Iglesia, suprimió diez días del calendario decretando además que a partir del año 1700 había que excluir el día bisiesto al comienzo de cada siglo haciendo excepción cada cuatrocientos años. Consecuentemente, entre el Calendario Juliano y el Calendario Gregoriano hay ahora trece días de diferencia, que serán catorce a partir del año 2100.

Los discípulos Pedro y Juan corren hacia el sepulcro. Óleo de Eugène Burnand (1898). Erich Lessing/Art Resource, NY. Musée d’Orsay, París (Francia).

Acabamos de decir que el Papa Gregorio XII creó el Calendario Gregoriano, pero ¿fue necesario hacerlo? Hemos dicho que sí, porque el año “humano” no se correspondía con el año “astronómico” y cuando llegaba el día 21 de marzo, astronómicamente, el equinoccio ya había entrado y eso es así, porque la tierra no tarda 365 días en dar una vuelta alrededor del sol, sino que realmente tarda 365 días, 5 horas, 48 minutos y 46 segundos. ¿Y cómo se podría resolver esto si el año tenía que dividirse en iguales períodos de tiempo? Pues creando los años bisiestos cada cuatro años.

Pero resulta que los dos calendarios, el Juliano y el Gregoriano tienen años bisiestos cada cuatro años, luego, ¿dónde está la diferencia?
Aplicando a rajatabla el Calendario Juliano, el año es 11 minutos y 14 segundos más largo que el año astronómico, por lo cual, cada 128 años hay un día de diferencia entre el año trópico y el día del calendario. Realmente, el equinoccio entra un día antes del previsto según el calendario. Este desfase trató de corregirlo el Calendario Gregoriano introduciendo una regla complementaria y así, los años múltiplos de cien pero que no sean múltiplos de cuatrocientos, no son bisiestos. De esta forma, el año del Calendario Gregoriano es más parecido al año astronómico que el año del Calendario Juliano, aunque aun así y todo, sigue habiendo una diferencia de veintiséis segundos que solo puede ajustarse cada tres mil seiscientos años.

Consecuencia práctica: que si según el Calendario Juliano, que es el más antiguo, el equinoccio es el día 21 de marzo, esta fecha concreta corresponde según el Calendario Gregoriano con el día 3 de abril. Pero es que nosotros también consideramos que el equinoccio es el 21 de marzo, luego por eso, raras veces coinciden en un mismo día la celebración de la Pascua entre los que se rigen por uno u otro calendario y así, la separación de las dos fechas de Pascua puede llegar a tener hasta una diferencia de cinco semanas.
Pero la cosa es aun más complicada porque influye también el cuándo empieza la luna llena. Según el Calendario Juliano la entrada de la luna llena se calcula mediante el llamado “Ciclo Metódico”, según el cual, cada diecinueve años las fases lunares suceden en la misma fecha, cosa que, desde el punto de vista astronómico tampoco es exacto ya que hay desfases. Por todo esto y resumiendo para no liarnos más puede haber hasta cinco semanas de diferencia entre las dos Pascuas, como dijimos anteriormente.

Aparición de Cristo a María Magdalena ("Noli me tangere"). Óleo de Alexander Ivanov (1860). Scala/Art Resource, NY.

Pero además, aunque para los teólogos no está totalmente claro que se quiso decir, el Concilio de Nicea añadió una disposición que dice que la Pascua no se debe celebrar con los judíos (el Concilio utiliza la palabra griega “με”) y esto la Iglesia Ortodoxa lo interpreta como que quiere decir que no se puede celebrar el mismo día. Luego, si un año coinciden, la Pascua ortodoxa se retrasa una semana.

El año pasado coincidieron en el mismo día la celebración de las dos Pascuas (la católica y la ortodoxa); este año, no sucede lo mismo pues, mientras los católicos y otros cristianos que seguimos el Calendario Gregoriano, la celebramos el día de hoy, nuestros hermanos ortodoxos, que se rigen por el Calendario Juliano, la celebran el día 15 de abril. Y ¿por qué? Porque únicamente las dos fechas coinciden cuando el primer plenilunio del equinoccio de primavera es tan tardío que corresponde a la primera Luna llena después del 21 de marzo del Calendario Juliano (que aun siendo el mismo día físico, correspondería a nuestro 3 de abril) y, esto, no es lo normal. Ya no sucederá hasta el año 2014, el 2017 y el siguiente será el lejano 2034.

Pero la celebremos hoy o el 15 de abril, lo importante es que celebramos la fiesta de las fiestas, la noche más grande del año, pues antes de salir el sol, el primer día de la semana, Cristo ha resucitado. ¡Aleluya!

FELICES PASCUAS A TODOS LOS AMIGOS LECTORES DE NUESTRO BLOG

Antonio Barrero

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La Resurrección de Nuestro Señor

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Fresco ortodoxo rumano de la Anástasis (resurrección).

En la tradición oriental, la Santa Cruz es el “Axis mundi”, el hacha del mundo, que une el Mundo con el Cielo, clavada en una Santa Montaña, que para nosotros es el Santo Gólgota. En los primeros tiempos del cristianismo, los creyentes construyeron una gran iglesia en Jerusalén, en el lugar en el que se cree fue crucificado Nuestro Señor y en el que está el Santo Sepulcro, desde donde El resucitó. Para los cristianos es el Santo Monte de Sión, aunque geográficamente no sea así exactamente.

Si el centro del espacio digamos que se encuentra en la Iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén y en sus diferentes partes (la capilla de Adán, la capilla de la Cruz, el edículo del Santo Sepulcro y el Catholicon griego con su “omphalos”), para nosotros, la fiesta de la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo es el centro del tiempo cristiano. A su alrededor gravita el tiempo de la Gran Cuaresma (el tiempo del Triodion), con sus servicios especiales del domingo, liturgias, vigilias y maitines y gravita también el tiempo de “Pentecostarion”, tiempo sagrado de cincuenta días de fiesta, de alegría y del canto permanente del himno de la alegría, el “Χριστός Ανέστη”: ¡Cristo ha Resucitado!

Podemos decir que en todas partes debiéramos vivir de la misma forma, sin tener que existir altares especiales ya que Dios no habita en “casas” hechas por el hombre. De la misma manera, también se puede decir que hay que celebrar al Señor todos los días del año porque Él es eterno, pero nosotros, como seres humanos, como seres creados en el tiempo y en el espacio, necesitamos siempre puntos de referencia que nos sitúan entre el aquí y el allá, entre el entonces y entre el ahora.

Resurrección como re-creación en los Servicios Santos
Sobre la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo se han escrito cientos de homilías, de tratados teológicos y litúrgicos y se han organizado y organizan multitud de ceremonias. No olvidemos las palabras del apóstol Pablo a los Corintios en las que dice que la Resurrección de Cristo es nuestra creencia principal: “Ahora bien, si se predica que Cristo ha resucitado de entre los muertos, ¿cómo dicen algunos de entre vosotros que no hay resurrección de los muertos? Si no hay resurrección de los muertos, tampoco Cristo resucitó y si Cristo no resucitó, vana es nuestra predicación vana es nuestra fe… ¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos como primicia de los que durmieron; porque habiendo venido por un hombre la muerte, también por un hombre viene la resurrección de los muertos”. (1 Co. 15, 12-14 y 20-21). Yo diría que la base del cristianismo es la fe en que realmente Cristo ha resucitado, es una fe que nos define, única en la historia de las religiones. Si para otros credos son especiales algunas creencias, la fe en la Resurrección de Cristo es el verdadero cimiento, la piedra angular de nuestra existencia.

Ritual ortodoxo de la apertura de las luces.

La festividad de la Resurrección no es solo el centro del tiempo, sino que es también su principio: es algo nuevo. La ceremonia de la medianoche, cuando todas las velas están apagadas y el sacerdote porta la nueva luz que representa un nuevo comienzo, es como si Dios dijese de nuevo “hágase la luz” tal y como lo dice el Libro del Génesis. Estamos en un nuevo renacer, un nuevo resurgir que lava nuestros pecados. A partir de ahora, vamos a llevar una vida nueva en Cristo.

En la tradición oriental existe la costumbre de que el sacerdote da la luz a todos los cristianos, saliendo todos posteriormente de la iglesia y a partir de aquí, el ceremonial pascual sigue fuera de la iglesia. Le lee un pasaje evangélico corto recordando la Resurrección y las campanas empiezan a repicar en medio de la noche. Posteriormente el sacerdote recita la oración de los fieles respondiendo el pueblo “Kyrie Eleyson” y después de cantar el sagrado himno “Cristo ha Resucitado”, todos giran alrededor de la iglesia cantando sin parar las alegrías de la Resurrección.

Se sitúan de nuevo en la parte frontal de la iglesia, que tiene las puertas cerradas y golpeándola con una cruz de plata, dice: “Alzad oh puertas vuestras cabezas, alzaos puertas eternales, para que entre el Rey de la gloria”, pero alguien desde dentro pregunta: “¿Quién es este Rey de la gloria?”, a lo que el sacerdote y fieles responden: “Es el Señor, fuerte y poderoso, el Señor poderoso en la batalla…” (Salmo 24, 7-10). Eso se repite tres veces, abriéndose finalmente las puertas y entonces, el sacerdote y los fieles entran en la iglesia cantando “Cristo ha Resucitado” continuando la Sagrada Liturgia durante toda la noche hasta el amanecer.

Inicio de la Liturgia en el exterior de la iglesia.

El simbolismo de esta pequeña entrada significa la bajada de Nuestro Señor a los infiernos (salida de la iglesia), el despertar de los justos que estaban en él (las acciones alrededor de la iglesia) y la llamada a las puertas del Cielo (en este caso a las de la iglesia), que este, finalmente, se abrió para todos los cristianos. Es por esto que todo el ceremonial de la Resurrección no se basa principalmente en el hecho histórico del despertar de los muertos, sino en sus efectos: nuestro despertar.

De la misma manera, en la Iglesia Oriental, el icono canónico de la Resurrección, no significa el despertar de Jesús de su tumba, sino la ruptura de las puertas del infierno. Nuestro Señor se representa vestido de blanco rompiendo las puertas del infierno. Él coge las manos de Adán y Eva, de los santos antepasados, antiguos, de los profetas, de todas las personas santas del Antiguo Testamento. Debajo de ellos se puede observar un agujero negro lleno de cadenas rotas; las cerraduras y las llaves ya no tienen sentido. Un hombre atado, vestido de negro, representa al diablo, que ya no tiene poder alguno.

Antes de finalizar los maitines, todos los fieles van y besan la Santa Cruz y el Santo Evangelio siendo saludados por el sacerdote con el grito “Cristo ha Resucitado”, respondiéndole todos “Verdaderamente ha Resucitado”. Este tipo de saludo es mantenido hasta el día de la Ascensión, siendo mucho más habitual que el cotidiano “Buenos días” u “Hola, ¿cómo estás?”.

Todo el pueblo, en la iglesia, se saluda así y el sacerdote lee una obra maestra de la literatura cristiana que es la Homilía de Pascua de San Juan Crisóstomo. Se muestra este pequeño texto a todos los hombres que creen en la Resurrección e incluso para los que no se prepararon adecuadamente, ya que la Fiesta es para todos. Esta pieza literaria es tan hermosa, que he preferido no cortarla por lo que la pongo al completo.

Icono ortodoxo rumano de la Anástasis (resurrección).

“Si alguien es devoto y amante de Dios, que disfrute de esta magnífica y brillante fiesta.
El que es un siervo agradecido, que se regocije y entre en el gozo del Señor.
El que está cansado del ayuno, ahora recibirá su recompensa.
El que ha trabajado desde la primera hora del día, hoy recibe su justo premio.
El que ha llegado a la tercera hora, que participe agradecido en la fiesta.
Si alguien ha llegado a la hora sexta, no tenga dudas, porque no tendrá pérdida alguna.
Si alguien se retrasó hasta la hora novena, se le permite acercarse sin dudarlo.
Si alguien ha llegado incluso a última hora, que tampoco tenga miedo a causa de su demora, porque el Maestro es amable y recibe a los últimos igual que a los primeros; El tiene misericordia de los últimos y se preocupa por los primeros; es misericordioso tanto con unos como con los otros. A aquel da y a este le regala; acepta las obras y admite la intención. Honra el trabajo y elogia las intenciones.
Por lo tanto, introducíos todos en el gozo de Nuestro Señor; tanto el primero como el último recibirán su recompensa.
¡Ricos y pobres, los unos con los otros, danzad con alegría!
¡Los que se abstuvieron y los negligentes, celebrad este día!
¡Los que han ayunado y los que han hecho caso omiso del ayuno, regocijaos hoy!
¡La mesa está cargada de manjares, es mesa real, es para todos vosotros!
¡El ternero está cebado, que nadie salga con hambre!
Vamos, pues todos a participar de la fiesta de la fe. Vamos a recibir todas las riquezas que nos da su bondad.
Que nadie se lamente de su pobreza, porque el Reino Celestial nos ha sido revelado.
Que nadie llore por sus pecados, porque el perdón ha salido refulgente del Sepulcro.
Que nadie tenga ningún miedo a la muerte, porque por la muerte del Salvador hemos sido liberados.
¡El destruyó la muerte cuando esta lo contuvo y lo hizo probar la amargura al tomar su Cuerpo!
¡Descendió a los infiernos y se lo llevó cautivo!

Celebración de la Resurrección en la noche.

Lo previó Isaías cuando exclamó diciendo: “el infierno se llenó de amargura cuando se encontró contigo en sus extrañas”
¡Está amargado porque fue destruido!
¡Está amargado porque fue burlado!
¡Está amargado porque ha sido encadenado!
¡Está amargado porque fue despojado!
¡Está amargado porque fue atado con cadenas!
¡Recibió un cuerpo y cara a cara se encontró con Dios!>
¡Tomó la tierra y se encontró con el cielo!
¡Tomó lo que veía y fue vencido invisiblemente!
¡Oh muerte! ¿Dónde está tu poder? ¡Oh infierno! ¿Dónde está tu victoria?
¡Cristo ha resucitado y tú has sido derrocado!
¡Cristo ha resucitado y los demonios han caído!
¡Cristo ha resucitado y los ángeles se regocijan!>
¡Cristo ha resucitado y reina la vida!
¡Cristo ha resucitado y ningún muerto permanece en su tumba!
Porque Cristo, al resucitar de entre los muertos se ha convertido en el Primogénito de los que estaban dormidos.
A Él sea la gloria y el poder, por los siglos de los siglos. Amén”

Fresco ortodoxo griego de la Anástasis (resurrección).

Por lo tanto, el Evangelio que se lee en la Divina Liturgia esta noche tan especial, no dice nada acerca de la Resurrección. Es el prólogo del Evangelio de San Juan: “En el principio existía el Verbo y el Verbo estaba en Dios y el Verbo era Dios. El estaba con Dios desde el principio. A través de Él todas las cosas fueron hechas y sin Él nada se hizo de lo que se ha hecho. En Él estaba la vida y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la vencieron…(Juan 1, 1-4 y hasta el versículo 16). El sentido místico es el mismo: escuchamos el Evangelio del Nuevo Mundo, que es lo mismo que dice el Génesis, pero explicado desde una manera cristiana. Ahora entendemos que Cristo es el mismo que nos creó; nada se ha hecho sin Él. Hablando sobre la historia de la Resurrección, ahora ya parece no ser tan importante porque todo el mundo lo sabe. La importancia especial de esta fiesta es hablar de Cristo como Dios, como el Creador, como el que nos despierta de entre los muertos.

La parecida poca importancia dada al hecho histórico de la Resurrección no significa que sea ensombrecida por algunos símbolos secundarios. La Resurrección se celebra de forma adecuada; se prepara toda la semana anterior en las liturgias y con ceremonias especiales y lo mismo se hace con posterioridad. En los otros dos días de la Fiesta y la semana posterior (que se llama la “Semana Iluminada”), se celebra el hecho histórico de la Resurrección de entre los muertos.

Costumbres populares en los Balcanes durante la fiesta de Pascua.
Con todas las ceremonias litúrgicas se conectan algunas costumbres tradicionales, tales como la cocción de los huevos de color rojo, la torta de Pascua, la llamada Pasca-Cake y el cordero al horno. Todos ellos tienen una especial simbología.

Los dulces pascuales de la tradición ortodoxa: huevos rojos, cozonacul y pasteles de Pascua.

El huevo rojo se relaciona con algunas leyendas sobre el mismo. Según una de estas leyendas, como María estaba en Jerusalén en el momento de la crucifixión, intentó apaciguar a los soldados con una canasta llena de huevos, canasta que puso a los pies de la Cruz. La Sangre que caía de los pies de su Hijo, manchó los huevos y los enrojeció.

Otra tradición dice que María Magdalena había predicado el evangelio ante el emperador Tiberio y para demostrarle el milagro de la Resurrección le enseñó un huevo que ante sus ojos se volvió de color rojo. Existen otras leyendas más o menos creíbles, pero esto no es lo importante. El tema del huevo rojo es una doble idea la vida, es el símbolo existente entre la vida embrionaria y el color rojo. En los Balcanes existe la costumbre de que dos personas golpeen los huevos diciendo: “¡Cristo ha Resucitado!” y el otro le responde: “¡Verdaderamente, ha Resucitado!” y cuando el huevo se rompe, simboliza la tumba abierta.

El Cozonacul o torta de Pascua es una torta especial, hecha de pan de masa fermentada, mezclada con huevos, azúcar, pasas y nueces. Se amasa y se pone en una bandeja al horno y la forma en la que se trenza este pastel, simboliza el sudario de Jesús, simbolizando la bandeja su tumba.

Detalle de los cozonac y pasteles de Pascua.

El pasca-cake es otro pastel específico de Pascua. Este pastel es parecido a una pizza y se pone a hornear en una bandeja grande. En el borde se pone un pan trenzado formando un círculo incompleto; en el centro hay una cruz hecha de pan y sobre el pastel se pone una mezcla hecha de huevos, queso y pasas. Todo se cuece en el horno, simbolizando este dulce el Paraíso. El círculo incompleto simboliza que las puertas del Edén y del Cielo ya están abiertas. La cruz central es el árbol de la vida y el queso y el huevo simbolizan la alegría del cielo.

La simbología del cordero al horno no necesita explicación alguna; por supuesto, es el símbolo del sacrificio de Cristo.

Canto de la Resurrección de Nuestro Señor
La Fiesta de Pascua, en realidad se celebra durante cuarenta días o sea, hasta el día de la Ascensión. Los Servicios Litúrgicos son más cortos, pero más brillantes, todos los fieles llevan velas encendidas y durante todo este tiempo se canta el Himno (Tropario) de Pascua: “Cristo ha resucitado de entre los muertos, pisoteando la muerte con la muerte y dándoles la vida a todos aquellos que estaban en la tumba”.

Mitrut Popoiu

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