Santa Rita de Cascia, religiosa agustina

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Detalle de la Santa en la pintura gótica que decora su sarcófago. Considerada la representación artística más antigua conservada de la Santa. Santuario de la Santa, Cascia (Italia).

Pregunta: Gracias por vuestro blog en el cual entro muy a menudo. Tengo una floristería y mi patrona es Santa Rita porque se la relaciona con las rosas. Conozco algo sobre esta historia, pero no conozco bien su vida. ¿Me podríais decir algo sobre ella? Un saludo desde España.

Respuesta: Con muchísimo gusto atendemos tu petición y vamos a hablar sobre ella. En este relato encontrarás lo que nos preguntas y te agradecemos el que confíes y te relaciones con este blog, que, como siempre decimos, también es el tuyo.

El nombre de Rita tiene su origen en el nombre de Margarita. Nuestra santa se llamaba Margarita Lotti y nació en Roccaporena, aldea del pueblo de Cascia en la región italiana de Umbría en el año 1381, en tiempos del Papa Urbano VI. Era hija única de unos padres ancianos, piadosa, amante de la naturaleza y de la lectura de libros sagrados, que siendo joven quiso entrar en un monasterio pero que se lo impidieron, obligándola a casarse con dieciséis años de edad con un tal Pablo Fernando de Cascia.

Este personaje, una vez convertido en su esposo, le dio muy mala vida, la golpeaba y maltrataba y la sometía a todo tipo de prohibiciones, pero ella respondía siempre con amor y así, muy lentamente, fue ganándose a su esposo; de dicho matrimonio tuvo dos hijos: Pablo María y Juan Santiago. Como el marido, por su carácter, tenía muchos enemigos, un día de vuelta a casa, fue asesinado en Vigne de Collegiacone.
Ella, de alguna forma quedó aliviada por lo que su esposo le había hecho sufrir, pero le quedaba el consuelo de que éste, en sus últimos años, había cambiado a mejor.

Detalle de la Santa en un fresco de la iglesia de San Francisco, Cascia (Italia).

Rita perdonó personalmente a los asesinos de su esposo pero un año y medio después, como consecuencia de una epidemia de peste, murieron sus dos hijos, que en parte, habían salido al padre, aunque Rita tuvo el consuelo de que sus hijos muriesen en paz con Dios. Ante tanto sufrimiento, ella se refugió en la oración y en la penitencia intentando por tres veces entrar en el convento de Santa Maria Magdalena de Cascia, pero las tres veces fue rechazada porque “ella no era virgen”, era viuda y el convento sólo aceptaba a muchachas vírgenes.
Ella no se desalienta e invoca a San Agustín, San Nicolás de Tolentino y San Juan Bautista y “ayudada por estos tres santos aparece una madrugada dentro del monasterio” (!!), consiguiendo que la admitieran con treinta y seis años de edad en el año 1407. En el convento se dedicó a la observancia escrupulosa de la Regla, a la obediencia, penitencia y oración y así permaneció durante los cuarenta años que vivió enclaustrada.

Como no sabía latín, le costaba trabajo leer los libros del Oficio Divino, pero ella memorizaba los salmos, antífonas, himnos y oraciones a fin de poder participar activamente en la alabanza divina.
Con sesenta y un años de edad y veintiocho de vida religiosa, en el año 1428, una madrugada recibió el estigma de una espina de madera que se le clavó en el hueso de la frente; es estigmatizada con un signo de la Pasión. Aunque le extrajeron la espina, cada madrugada se le abría el agujero y eso le produjo tales dolores y tal hedor a carne podrida que tuvo que recluirse en su celda, prácticamente sin poder salir de ella. Así, estigmatizada con una espina de la corona de Cristo, estuvo quince años.

En el año 1450 desaparece el estigma en la frente y ella marcha en peregrinación a Roma, pero poco después, el estigma de la espina vuelve a aparecer. Con setenta y dos años de edad quedó paralítica y extremadamente flaca por lo que tuvo que permanecer en la cama, siendo atendida por las novicias del convento y aunque la herida de la espina terminó cerrándose, le produjo una infección en la sangre que le duró hasta el día de su muerte.

Vista del sarcófago de la Santa, obra de Francesco Barbari. Santuario de la Santa en Cascia, Italia,

Ella solía contar que una de las maldades de su marido consistía en impedirle que diera de comer a los pobres y que un día que salía de casa con un pan escondido, el marido le quitó el vestido y en el lugar del pan apareció una rosa. La verdad es que esta historia se cuenta en las vidas de más de un santo.
Pero cuando tenía setenta y cinco años de edad se produjo el famoso “milagro de las rosas”. Una prima suya la visitó y le preguntó si quería algo; Rita le contestó que quería una rosa del jardín del convento; como era invierno y las rosas no florecen en esa época, la prima se extrañó, pero bajó al jardín y encontró una rosa, que le llevó a Santa Rita. Ella le manifestó a su prima que esa rosa era el símbolo del amor mutuo que se tenían Cristo y ella; y que era la prueba de que si una cosa se pide con fe, nada es imposible de conseguir. De ahí viene el que se la considere como patrona de las cosas imposibles.

Santa Rita también se la conoce por una leyenda que la relaciona con las abejas. Se dice que durante la ceremonia de su bautismo unas abejas blancas salían y entraban en su boca sin picarle y eso fue tomado como un signo sobrenatural. Es curioso que en uno de los muros del convento de Cascia existen colmenas de las llamadas abejas de Santa Rita; junto a este muro, en el año 1938, la Beata Maria Teresa Fasce, abadesa del convento, fundó una obra para atender a los niños pobres a la que llamó “La colmena de Santa Rita”.

Vista general del sepulcro de la Santa en su Santuario de Cascia, Italia.

Como las abejas se relacionan con sus primeros días de vida y las rosas con los últimos, el monasterio edita periódicamente un boletín llamado “Dalle api alle rosse” (De las abejas a la rosas), en el que se divulga la vida de la Santa, las actividades del monasterio y de los movimientos apostólicos a él ligados, las obras de caridad realizadas en la ciudad, etc.

Santa Rita murió en el convento de Cascia, con setenta y seis años de edad, el día 22 de mayo del año 1457. El día de su muerte, o sea, el 22 de mayo, en todos los conventos agustinos e iglesias dedicadas a ella, se celebra la ceremonia de la bendición de las rosas, ceremonia especialmente famosa en su Basílica de Cascia, en Italia.

Su cadáver nunca fue sepultado (caso insólito) y emitía una fragancia que atraía a todos los vecinos de Cascia y de la Umbría en general y ella, de inmediato, recibió culto popular (recordad el artículo sobre los santos miroblitas publicado el pasado 10 de mayo). Su cuerpo permanece incorrupto, como puede observarse en una de las fotos del artículo, en la Basílica dedicada a ella en el monasterio de las agustinas de Cascia (Perugia)
Fue beatificada por el Papa Urbano VIII en el año 1628; se había producido un curioso milagro: el cadáver abrió los ojos y quedó bastante tiempo en levitación. Fue canonizada por el Papa León XIII el día 24 de mayo del año 1900. En dicho acto, el Papa la llamó “perla preciosa de la Umbría”. Su fiesta se celebra el día 22 de mayo, o sea, hoy.

Se le considera como la patrona de las causas imposibles, ya que contra todo pronóstico consiguió entrar en el convento y por haber conseguido rosas en pleno invierno. Es la patrona de los productores y vendedores de rosas; en España es la patrona de los funcionarios de la Administración Pública, también es patrona de los fabricantes de pañuelos y artículos de seda; en Italia es patrona de los fabricantes de embutidos y sobre todo, raro es el alumno que no se encomienda a ella cuando se presenta a un examen.

Detalle del cuerpo incorrupto de la Santa, vestida con el hábito moderno de las agustinas. Santuario de la Santa en Cascia, Italia. Fuente: National Geographic.

Iconográficamente se la representa con las rosas, con la espina clavada en la frente y con una cruz en las manos. Aunque no quiero entrar en muchos detalles porque se me quedarán muchas cosas en el tintero, diré que es especialmente venerada en Italia, España, Portugal, los países hispanoamericanos y en Filipinas; y en España existe un famoso dicho: “Santa Rita, Rita… lo que se da no se quita” que es una degeneración del dicho “Santa Rita, siempre da y nunca quita”.

Antonio Barrero

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