Santa Rosa de Lima, virgen

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Lienzo barroco de la Santa por Claudio Coello (1684). Museo Nacional del Prado, Madrid (España).

Se llamaba Isabel Flores de Oliva y era hija de Gaspar Flores y Maria de Oliva, ciudadanos españoles residentes en Perú. Había nacido en Lima el 20 de abril de 1586, y fue bautizada el siguiente 25 de mayo en la parroquia de San Sebastián de Lima, recibiendo en el bautismo el nombre de su abuela materna, o sea, Isabel. Es verdad que una sierva india llamada Mariana, estando un día la niña en la cuna, la llamó Rosa debido a su extraordinaria belleza, pero aunque este nombre quedó en la intimidad familiar, la verdad es que poco después le acompañaría durante toda la vida. Fue educada junto con su hermano Fernando en un ambiente piadoso y recibió una cultura que era poco común entre las mujeres de su época.

Cuando solo tenía once años de edad, su familia, por razones laborales se tuvo que trasladar a Quites, un pueblecito relativamente cercano a Lima y allí, en el año 1597, el arzobispo de Lima, Santo Toribio de Mogrovejo le administró el sacramento de la Confirmación llamándola por el nombre de Rosa. Nunca se pudo confirmar cómo el arzobispo conocía ese nombre tan celosamente guardado a nivel familiar y que no era el suyo de pila. Allí y entonces, ya se consagró a Dios con el voto de castidad y comenzó a mortificarse con rigor, ayunando, usando de cilicios y quedándose muchas noches en vela. Debido a estas mortificaciones y al clima contrajo un grave reuma que le ocasionaba fuertes dolores que ella disimulaba como podía.

Antes de cumplir los veinte años, regresaron a Lima y como económicamente andaban mal, ella tenía que trabajar en el huerto y coser las ropas de algunas familias limeñas, ayudando así al sostenimiento familiar. Aunque era feliz, no le gustaba que la llamaran Rosa y esa vida de laica consagrada le era suficiente, pero todo cambió cuando su padre de manera insistente quiso casarla. Ella reafirmó su voto de virginidad, voto que siendo más joven ya había prometido. Entró en la Orden de Santo Domingo como terciaria dominica ya que en aquel momento no existía en Lima un convento de la Segunda Orden. Vistió el hábito de terciaria en el convento de Santo Domingo el día 10 de agosto del año 1606 y, por consejo de un sacerdote, aceptó que la llamaran Rosa de Santa María.

Lienzo de la Santa por Bartolomé Esteban Murillo (1668). Museo de la Fundación Lázaro Galdiano, Madrid (España).

Vivió recluida en una ermita que ella misma había construido con la ayuda de su hermano Fernando en un rincón del huerto de su casa. Allí, prácticamente todas las semanas, desde el jueves hasta el sábado entraba en éxtasis consiguiendo así el más alto grado de unión mística. Estas contemplaciones místicas estaban íntimamente unidas a un ascetismo extraordinario, durante el cual, al mismo tiempo gozaba y sufría los tormentos de la Pasión de Cristo.

Sólo salía de su ermita para visitar la iglesia de la Virgen del Rosario y atender a los negros y necesitados de su ciudad. Curiosamente, al igual que le ocurriera a San Martín de Porres, muchos enfermos acudían a ella para que los curase en su propia ermita que servia de enfermería; por eso, entre ambos santos – Rosa y Martín – se estableció una especie de complicidad en la ayuda a los enfermos.

En el 1615, los corsarios holandeses decidieron atacar la ciudad de Lima; cuando estaban cerca del puerto del Callao, los ánimos se sobresaltaron en la ciudad y Rosa, poniéndose al frente de un numeroso grupo de mujeres, decidieron reunirse en la iglesia que ella visitaba, para rezar ante el Santísimo Sacramento decidiendo incluso con su propio cuerpo proteger las Sagradas Especies que estaban custodiadas en la iglesia. Muchos limeños huyeron fuera, pero los corsarios holandeses, al morir su capitán antes del desembarco, decidieron marcharse sin atacar la ciudad. Todos sus conciudadanos atribuyeron este hecho a un milagro realizado por Rosa.

Los últimos tres años de su vida transcurrieron junto a unos esposos muy piadosos que vivían en Lima: don Gonzalo de la Maza y doña Maria de Uzategui, que la admiraban profundamente y la amaban como si fuera su propia hija; de hecho, en su casa murió.
En el año 1671, que es el año de su muerte, ocurrió el llamado “desposorio místico de Santa Rosa”. Era el Domingo de Ramos y ella se encontraba en el convento de Santo Domingo queriendo participar en la procesión de las palmas, pero no le dieron ninguna y ella pensó que sería por alguna ofensa suya contra Dios. Llorando, se fue a la capilla de la Virgen del Rosario y cuando estaba postrada ante la Virgen, sintió que el Niño que estaba en los brazos de la imagen le hablaba diciéndole: “Rosa de mi Corazón, yo te quiero por esposa”; ella, perpleja, respondió: “Señor, aquí tienes a tu inútil esclava; tuya soy y tuya seré siempre”.

Retrato post-mortem (1617) que realizó Angelino Medoro a la Santa en su lecho de muerte.

Como he dicho antes, en casa de don Gonzalo y doña Maria, murió el 24 de agosto con sólo treinta y un años de edad. Un año antes, ella misma había profetizado su propia muerte. Durante su entierro, el pueblo de Lima se despidió masivamente de ella, llegando a asistir las autoridades civiles y eclesiásticas encabezadas por el propio virrey. Fueron muchos los limeños que acercándose al cadáver, le quitaban trozos de sus vestidos para guardarlos como reliquias, por lo que la guardia del virrey tuvo que intervenir. Aun así, tres veces tuvieron que reponerle el hábito llegando una persona incluso a arrancarle un dedo de un pie. Fue sepultada en el claustro del convento de los dominicos, pero el 19 de marzo de 1619 fue trasladada a la iglesia, poniéndola frente al altar mayor y finalmente, en la capilla de Santa Catalina de Siena.

Actualmente, la reliquia de su cráneo se venera en una urna de plata en el convento de Santo Domingo o Basílica de Nuestra Señora del Rosario, flanqueada por los restos de San Martín de Porres y San Juan Macias.

Estando en su lecho de muerte, don Gonzalo de la Maza hizo que el italiano Angelino Medoro pintase el rostro de Rosa; por eso sabemos cómo era físicamente. Su casa se conserva como santuario, así como su ermita en el huerto. Muy cercano a la ermita existe un pozo donde acuden sus devotos a solicitarle ayuda, bien bebiendo su agua o depositando algún deseo.

Se conservan algunas cartas y pequeños escritos suyos, acompañados de unos dibujos muy rudimentarios, que fueron encontrados en el año 1923 por el dominico Luís Getino en el Santuario de la Santa. Los publicó: se trata de unos pequeños escritos pero que demuestran el gran fervor místico de esta santa limeña. Su santuario, remodelado en el año 1992, es meta de peregrinaciones y un símbolo nacional para todos los peruanos.

Desde el momento de su muerte se comenzó a recopilar cuantos testimonios existían sobre su vida y virtudes y en el año 1634 se solicitó su beatificación. Fue beatificada por el Papa Clemente IX, en la Casa Generalicia de los Dominicos en Roma, el día 12 de febrero de 1668 y canonizada por Clemente X, el día 12 de abril de 1672, quién la proclamó patrona principal de América, de las islas Filipinas y de las Indias Occidentales. Aunque fue canonizada con el nombre de Rosa de Santa María, la conocemos como Santa Rosa de Lima.

Vista del cráneo de la Santa expuesto en la Basílica de Nuestra Señora del Rosario en Lima, Perú.

Sobre su canonización se cuenta una anécdota que no se si será verídica. Se dice que el Papa Clemente X, al escuchar los argumentos que le daban para canonizarla solo tres años después de haber sido beatificada, dijo: “¡Santa! ¿Y se llama Rosa? Pues si esto es cierto, que lluevan flores sobre mi mesa” y al instante una lluvia de rosas cayó sobre la mesa del Papa (!!!).

Santa Rosa de Lima es en Hispanoamérica lo que Santa Catalina de Siena es en Italia o Santa Teresa de Jesús, en España. A ella se le han erigido infinidad de iglesias y bajo su patrocinio se han puesto numerosos conventos tanto en el Nuevo como en el Viejo Mundo. Incluso existen poblaciones que llevan su nombre y sería largísimo de enumerar las ciudades y países que la tienen por patrona. Son también numerosísimos los libros escritos sobre ella. Su festividad se celebra el día 26 de agosto aunque en muchos lugares es también festejada el día 30 del mismo mes.

Santa Rosa de Lima fue una mujer muy bella como puede comprobarse mirando el retrato pintado por Angelino Medoro. Este retrato se conserva en el santuario de la santa en Lima y son muchos los artistas que fijándose más o menos en él, la han pintado o esculpido. Se la representa con una corona de rosas sobre su cabeza, con los pies sobre las murallas de la ciudad y el epígrafe “spes civitatis” en alusión al terremoto que golpeó a Lima en el 1746 y durante el cual ella protegió a la ciudad, con un ancla en la mano por haber protegido a Lima del ataque de los corsarios holandeses, con los otros santos canonizados junto a ella (Francisco de Borja, Luís Bertrán, Cayetano de Thiene y Felipe Benicio), con una corona de espina en las manos en alusión a sus raptos místicos cuando meditaba sobre la Pasión de Cristo, con el Niño Jesús en sus brazos en memoria de sus “desposorios místicos”, etc.

Vista del altar de la Basílica de Nuestra Señora del Rosario, Lima (Perú) con las imágenes y reliquias de Santa Rosa (centro), San Martín de Porres (izqda.) y San Juan Macías (dcha.)

La han pintado Zurbarán, Claudio Coello, Francisco González, Sérvulo Gutiérrez, Daniel Hernández, Ciro Ferri, Carlos Dolci, etc. y es famosa también la escultura que sobre ella hizo Melchor Cafà, por encargo del Papa que la beatificó.
Junto con Santa Catalina de Siena y Santa Inés de Montepulciano, es la única santa de la familia dominicana que ha sido pintada con el Niño Jesús en los brazos.

Antonio Barrero

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