Santa Rosa de Viterbo

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Lienzo de la Santa, obra del pintor barroco español Francisco de Zurbarán.

En la “Vita” más antigua escrita sobre ella, existen dos notas cronológicas a tener en cuenta para determinar cuándo se iniciaron las visiones de la santa; lo que llevó consigo su ingreso en la Orden Tercera de San Francisco de Asís y su exilio en Soriano: la noche de un jueves, vigilia de San Juan Bautista (o sea, en el año 1244 o en el 1250) y el día anterior a la vigilia de San Nicolás del año en el que murió el emperador Federico II Hohenstaufen (1250).

Existe una segunda “Vita”, más amplia, presentada en el año 1457 pero que presenta errores cronológicos, como por ejemplo al decir que la santa murió en tiempos de Alejandro IV (1254-1261) y por exagerar excesivamente sus milagros. Un ejemplo que vale por casi todos: que santa Rosa resucitó a una tía suya cuando solo tenía tres años (!!!). También narra algunos episodios de su infancia que no se los cree nadie, como por ejemplo, el célebre milagro de convertir los panes en rosas que ya hemos visto en multitud de santos medievales.

Pero entresacando el “trigo de la paja” hay cosas que si se pueden dar por ciertas: que nació en Viterbo (1233-1234), en el seno de una familia modesta, llamándose sus padres Juan y Catalina, que fue bautizada en la iglesia de San Sixto y que su infancia transcurrió en una casita de campo que tenían sus padres alquilada en Santa Maria del Poggio; que era muy sencilla, que le gustaba jugar descalza y que lo que tenía, por poco que fuera, lo compartía con los demás.
Con unos ocho años de edad intentó que la admitieran en el convento de San Damián, pero como era muy niña y aún más pobre, fue rechazada. Ella decidió vivir como una religiosa en su casa paterna excediéndose en las penitencias corporales llegando a veces a perder el conocimiento.

A causa de su débil salud y de las privaciones que se imponía, cayó enferma cuando tenía unos diecisiete años de edad y en la noche del 22 al 23 de junio tuvo una visión, en la que vio algunas almas de personas difuntas desconocidas y a la Virgen, que le recomendó que llamara a una señora llamada Zita, para que le diera sin demora la túnica de las terciarias franciscanas, que buscase a otras mujeres y muchachas y que fueran en procesión el día de la fiesta de la Natividad del Bautista (24 de junio), a las iglesias de San Francisco, San Juan en Ciocola y a la de Santa Maria del Poggio.

Visión de Santa Rosa de Viterbo (ca. 1670). Lienzo de Bartolomé Esteban Murillo. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid (España).

Este fue un signo externo de consagración a Dios, porque permanecía fuera de un convento, dirigida espiritualmente o no por un fraile franciscano y porque su casa se convirtió en su claustro. En la “Vita” primera se añade que en esta procesión ella llevaba entre las manos una “maestà”, que algunos interpretan como un díptico, o un cuadro o un libro. No es fácil establecer si fue aquel mismo día ó quizás más tarde, cuando se le apareció Jesús Crucificado, hecho que la sumergió en una dolorosa meditación de la Pasión de Cristo y la estimuló aun más para llevar una vida de mayor penitencia. Desde ese momento, siempre que se la veía caminando por la ciudad iba alabando públicamente a Dios y llevaba una cruz entre sus manos.

Por esta forma suya de proceder se le dio el nombre de predicadora apostólica. Hizo lo posible por influenciar en sus conciudadanos, mediante fervientes predicaciones públicas sobre la Pasión de Cristo, consiguiendo que muchos se arrepintieran de sus pecados y se reconciliaran con Dios y con la Iglesia. Así, día tras día, sus vecinos escuchaban las predicaciones de aquella jovencita que, ni era religiosa ni había tenido una preparación especial, pero que conseguía lo mismo que otros eminentes predicadores de su tiempo.

Pero como en Viterbo existían numerosos herejes, sobre todo patarinos y cátaros, también hubo quienes la hicieron objeto de sus ataques, mofándose de ella y calumniándola. Por eso, una noche se vio obligada a huir con sus padres refugiándose en la localidad de Soriano del Cimino. Allí continuó predicando y convirtiendo al pueblo y un día, en una de sus predicaciones, anunció la inminente muerte del emperador Federico II Hohenstaufen, que había sido excomulgado por el Concilio de Lyon y por el Papa Inocencio IV, muerte que ocurriría en Fiorentino di Puglia el día 13 de diciembre del año 1250, aunque al final de sus días el emperador se había reconciliado con la Iglesia vistiendo el hábito de la Orden Cisterciense.

Este hecho les facilitó retornar a Viterbo aunque hicieron paradas breves en Vitorchiano, Orvieto, Acquapendente, Montefalcone y Corneto. Se dice que en Vitorchiano tuvo la oportunidad de convertir a un hereje obstinado sometiéndose al “juicio divino” mediante la prueba del fuego y que también allí le devolvió la vista a una mujer ciega llamada Delicada. Hoy, algunos de esos milagros son “mirados con lupa” porque ya conocemos la afición existente en la Edad Media a ver milagros por doquier, pero eso no obsta para que algunos sí que los realizara, especialmente el milagro de su propia vida como al final del artículo veremos.

La Santa se somete a la ordalía del fuego. Boceto de Vicente Castelló y Amat.

Dieciocho meses después de su exilio, retornó a su ciudad donde nuevamente sintió un vivo deseo de encerrarse en el convento de Santa Maria de las Rosas, pero nuevamente, las monjas damianitas (clarisas), rechazaron su solicitud a lo que ella les respondió diciéndoles que “aunque la rechazaban cuando estaba viva, tendrían que acogerla forzosamente cuando muriera”. Aconsejada por su confesor, decidió llevar nuevamente vida claustral en su casa, aunque en esta ocasión, algunas amigas suyas se unieron a ella tomando la Regla de la Tercera Orden Franciscana y yéndose a vivir muy cerca del convento que la había rechazado, aunque las monjas insistieron ante el Papa Inocencio IV para que este desautorizara su nueva obra.

La muerte de Santa Rosa de Viterbo debió ser anterior al 25 de noviembre del 1252, que es la fecha de la bula “Sic in sanctis suis mirabilis”, con la que el mismo Papa Inocencio IV ordenaba al prior de los dominicos y al arcipreste de la iglesia de San Sixto en Viterbo, que recogieran todas las pruebas posibles sobre la vida y los milagros obrados por la santa. Si se acepta que Santa Rosa murió con dieciocho años, entonces tenemos que deducir que nació en Viterbo entre 1233 y 1234 (como ya hemos dicho) y no un año más tarde como se dice en algunas de sus biografías. Se acepta que murió de tuberculosis el día 6 de marzo del año 1252.

Fue sepultada sin ataúd bajo el pavimento de la iglesia de Santa Maria del Poggio y allí estuvo cerca de dieciocho meses, momento en el que se hizo el primer reconocimiento canónico de cuerpo, que se encontró incorrupto. Como he dicho, Inocencio IV inició el proceso de canonización mediante la bula reseñada más arriba y como consecuencia de aquella orden papal, Pedro Capostoto, que era el sacerdote de Santa Maria del Poggio, intentó erigir un monasterio en honor de Rosa, pero las monjas damianitas intentaron impedirlo recurriendo en el 1253 al Papa Inocencio IV y a Alejandro IV dos años más tarde. Pero el 4 de septiembre del año 1258, el cuerpo fue trasladado solemnemente (como ella había profetizado) a la iglesia de las damianitas estando presente el propio Papa Alejandro IV, a quién la santa se le había aparecido solicitándole este traslado. Eso debió ser un revés para aquellas tercas monjas y lo fue porque la fama de santidad de Rosa, no solo creció en Viterbo y su región, sino en otras regiones italianas, aunque por razones que se desconocen el proceso quedó paralizado. Ante esto, consistorio de Viterbo, solicitó casi dos siglos más tarde al Papa Eugenio IV (1431-1447), que el proceso se acelerara. Nicolás V (1447-1455) ordenó al consistorio de Viterbo que en la procesión de la festividad de la Candelaria se portaran tres cirios blancos en honor de Rosa, pero el proceso seguía lento.

Vista de la urna con el cuerpo incorrupto de la Santa. Iglesia de las Damianitas de Viterbo, Italia.

El rey Alfonso de Aragón envió una carta el Papa español Calixto III (1455-1458) para que reconociera como milagrosa una curación que había conseguido por intercesión de Rosa, a cuyo convento de Viterbo envió una rosa de plata. El Papa, en el año 1456 nombró una comisión de tres cardenales. Los obispos de Ostia y de Cività Castellana, que habían sido elegidos como partes de dicha comisión, iniciaron los trabajos de regularización del proceso en el palacio episcopal de Viterbo el día 26 de agosto del 1457, estudiándose doscientos sesenta y cuatro testimonios entorno a la santidad y a algunos milagros realizados por Rosa. El 2 de abril del año siguiente, el tribunal siguió trabajando pero en el monasterio de las damianitas, que desde el año 1309 estaba dedicado a Rosa aunque esta no había sido aun canonizada. Este monasterio había quedado reducido a cenizas en un incendio ocurrido en el año 1357, del que solo se salvó el cuerpo de Rosa, quemándose incluso el ataúd que lo contenía, hecho que fue considerado un milagro. Pues en ese monasterio, nuevamente reconstruido, los miembros del tribunal reconocieron nuevamente el cuerpo Rosa, que fue encontrado íntegro y flexible.

El proceso se cerró el día 4 de julio. Es cierto que Calixto III, que murió el 6 de agosto de 1458 no pudo inscribir a Rosa solemnemente en el catálogo de los santos aunque así lo tenía decidido, ni que otros pontífices posteriores emitieron decretos de “canonización equipolente”, pero al tener la intención de canonizarla el Papa Calixto III, todo el mundo da por realizada dicha canonización. De hecho, aunque en la edición del Martirologio Romano realizada por el cardenal Baronio en el año 1583, aparece Rosa mencionada solo como beata el día 4 de septiembre, sin embargo, en el 1568 se le confeccionó una misa propia como santa y en el siglo XVIII, la familia franciscana dispuso de un Oficio propio de segunda clase. En el 1860 se concedió imprimir en Roma, el “Officium Sanctae Rosae Virginis Viterbiensis pro utroque clero Civitatis et Dioecesis Viterbii”.

Iglesias tiene dedicadas en numerosas ciudades italianas y del resto del mundo e iconográficamente ha sido representada en demasía. Para no alargar este artículo, no quiero extenderme en esto.

Detalle del rostro y manos incorruptos de la Santa. Iglesia de las Damianitas de Viterbo, Italia.

Pero si hay un tema que quiero finalmente tocar y es el siguiente: he dicho que en Vitorchiano, para convertir a un hereje, se sometió al “juicio divino” mediante la prueba del fuego; pues bien, en la revista The Lancet, unos antropólogos del Museo Nacional de Chiesi que han estudiado minuciosamente el cuerpo incorrupto de Santa Rosa de Viterbo, revelaron el misterio de que en su cuerpo existen signos de que la santa pudo permanecer varias horas en las llamas de una pira, sin sufrir daño alguno y que tiene una incisión en el pecho, realizada para extraerle el corazón, que se conserva como reliquia aparte. Y hay un hecho aun más sorprendente y es que estos investigadores han descubierto que el cuerpo de Santa Rosa, que está íntegro, carece de esternón y esto si que es un verdadero milagro, pues una persona no puede sobrevivir sin una parte tan fundamental de su esqueleto. En toda la bibliografía médica es el primer caso que se da en una persona adulta: nació sin esternón y sin él, sobrevivió dieciocho años.

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es