El Señor de la Cuevita, Iztapalapa, México D.F.

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El Señor de la Cuevita.

El Señor de la Cuevita.

Según las leyendas que se narran hacia 1687 unos campesinos (otras versiones dicen que eran misioneros) provenientes de la villa de Etla, Oaxaca llevaron a restaurar una imagen del Santo Entierro que se veneraba en su localidad. Después de un largo recorrido llegaron al pie del cerro de la Estrella y cayendo la noche se quedaron dormidos, al día siguiente se percataron de que la imagen había desaparecido y después de buscarla por un prolongado tiempo la encontraron en una cueva de donde ya no pudieron moverla. Lo que los vecinos del lugar consideraron un milagro y construyeron una ermita en honor al Santo Cristo que comenzó a ser llamado “El Señor de la Cuevita” y se convirtió en el patrón de la localidad. Hacia 1736 se fundó la Cofradía del Santo Sepulcro en la cueva llamada de Jerusalén pues es donde fue encontrada la imagen del Señor de la Cuevita. Hacia 1783 S.S. Clemente X concedió indulgencia plenaria y remisión de todos sus pecados a los fieles que el día de la invención de la Santa Cruz (3 de mayo) visiten la Iglesia del Señor de la Cuevita de Iztapalapa.

Hacia 1833 una terrible epidemia de cólera morbus ataco la ciudad provocando terribles estragos en Iztapalapa, al grado que los cementerios no podían recibir más cuerpos. Esta espantosa experiencia hizo que los pobladores se dirigieran al Santuario a implorar al Señor de la Cuevita que terminara la epidemia, llevando flores y haciéndole la promesa de que cada año haría memoria de su Pasión y celebrarían una misa en su honor.

Después de la misa a la que asistió todo el pueblo se notificó que el número de víctimas había descendido, en ese día murieron sólo cinco personas, al día siguiente tres y al tercer día no murió nadie. Lo que llevó a que cada año el pueblo de Iztapalapa en agradecimiento al palpable milagro hiciera la representación de la Pasión del Señor, primero se hizo con imágenes y hacía 1906 se empezó a hacer con personas, todo esto la ha convertido en la representación de la pasión más antigua de México. Este Vía Crucis que se ha ido incrementando cada año con más escenas desde hace algún tiempo se representa algunos milagros de Jesús como la multiplicación de los panes y peces, el sermón de la Montaña, el Domingo de Ramos, la última cena, la oración en el huerto, la prisión de Jesús, pasión, muerte y la Resurrección. Cuentan con más de 100 actores, los personajes principales como Jesús y la Virgen se eligen cada año entre los jóvenes del pueblo de Iztapalapa y barrios aledaños, quienes son elegidos están comprometidos a una preparación física y espiritual para los papeles de Jesús y María, con oración y ayuno. En el camino de la Cruz quien representa a Cristo es seguido por grupos de jóvenes llamados “los apóstoles” vestidos de túnica morada y blanco, que caminan descalzos todo el camino hasta el Gólgota, coronados de espinas y cargando una cruz hecha a su medida, la cual al momento de la crucifixión elevan a modo de homenaje por la muerte de Cristo, estos jóvenes hacen esto cada año a modo de ofrenda para agradecer los milagros y favores concedidos por el Señor de la Cuevita.

 Imagen del Señor de la Cuevita venerada en su santuario en Iztapalapa, Ciudad de México. Fotografia cortesía de Enrique Tamayo.

Imagen del Señor de la Cuevita venerada en su santuario en Iztapalapa, Ciudad de México. Fotografia cortesía de Enrique Tamayo.

La mayoría de los pasajes bíblicos se representan en el jardín Cuitlahuac y en el cerro de la Estrella, lugar “elegido” por el Señor de la Cuevita para su primer milagro pues se dice que aquí fue donde se apareció. Pero este sitio también fue un importante adoratorio prehispánico donde se realizaba el ritual del Fuego Nuevo cada cincuenta años para anunciar el inicio de un nuevo siglo, de acuerdo al calendario mexica. Para esta celebración se hacía un sacrificio para ofrecerle sangre al sol. La sangre de los humanos era considerada el chalchiuatl, “líquido precioso”. El día anterior al fuego nuevo las personas se escondían en sus casas y los hombres permanecían armados para defenderse de los monstruos que surgían en caso de no encenderse el fuego.

A la puesta del sol, los sacerdotes subían a la cumbre del cerro de la Estrella, cuando las estrellas llegaban al cenit, los sacerdotes con un cuchillo de pedernal herían el pecho del sacrificado y sobre la herida intentaban encender el fuego. Si la flama surgía sería señal de que iniciaba un nuevo siglo de cincuenta y dos años. Curiosamente todo esto recuerda un poco a la Vigilia Pascual en la cual se bendice una hoguera y se enciende el cirio con el fuego bendito, posiblemente debido a estos paralelismos los misioneros vieron a bien implementar el culto al Santo Entierro en este lugar. Del mismo modo hay que decir que durante el periodo colonial y hasta ya muy entrado en siglo XX, la gente tenía creencias parecidas sobre la Semana Santa y en especial sobre el Sábado de Gloria, pues se creía que en esta semana “el diablo esta suelto”, y que nadie debe hacer nada durante el triduo pascual, y se deben dormir temprano, puesto que aquel que se desvele hasta la madrugada en sábado santo corre el riesgo de que el demonio en persona le visite para llevarse su alma. Creencias movidas por diversas leyendas para hacer que la gente se mantenga en oración y visitando los templos en estos días.

La pasión de Iztapalapa está basada en “Los cuatro concilios para la celebración de las tres caídas de Semana Santa” editada por Antonio Vanegas Arroyo, y en “El Mártir del Gólgota” de Enrique Pérez Esrich, publicada en 1878.

Parte del elenco que conforman la representación del Vía Crucis de Iztapalapa en honor al Señor de la Cuevita.

Parte del elenco que conforman la representación del Vía Crucis de Iztapalapa en honor al Señor de la Cuevita.

El Señor de la Cuevita es celebrado en varias fiestas siendo la primera el miércoles de ceniza, después se le celebra el sábado santo, el 3 de mayo que se supone es la fiesta de su hallazgo en el cerro de la Estrella y la fiesta por su patrocinio en la epidemia de cólera que se celebra el 18 y 19 de septiembre de cada año.

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André Efrén Ordóñez

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Opinión de un forense sobre la muerte de Cristo

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"Cristo muerto tendido sobre su sudario", lienzo de Philippe de Champaigne (1654). Museo Nacional del Louvre, París (Francia).

“Cristo muerto tendido sobre su sudario”, lienzo de Philippe de Champaigne (1654). Museo Nacional del Louvre, París (Francia).

Mucho se ha escrito sobre la Pasión y Muerte de nuestro Salvador y mucho quedará por escribir. Hoy, Sábado Santo, queremos traer aquí la opinión de uno de los forenses más famosos de los últimos tiempos, el profesor griego Filippos Koutsaftis, Jefe del Servicio Médico Forense de Atenas, el cual ha realizado un informe forense sobre el martirio y la muerte de Jesús, sometiéndose además a todas las preguntas que los periodistas le hicieron cuando presentó este profundo estudio científico, que realizó utilizando todas las fuentes disponibles, investigando cada una de las torturas a las que fue sometido Cristo y cuáles eran sus condiciones mentales y físicas en cada uno de esos momentos. Yo he resumido sus respuestas. Finalmente, este profesor refutó todas las nuevas teorías que pretender defender que Jesús no murió en la cruz y cuya última finalidad no es, ni más ni menos, que negar el hecho de la Resurrección.

Él mismo pidió perdón si alguno pudiera considerar no suficientemente respetuosa algunas de sus consideraciones, afirmando de sí mismo que ha sido muy atrevido al realizar este estudio psicosomático. Él, aunque acepta la divinidad de Cristo, lo trata como un hombre que de manera voluntaria acepta esos sufrimientos, aunque en el fondo, éstos le puedan repugnar. Y relata los hechos.

Después de la Última Cena, Cristo se va acompañado de sus discípulos a Getsemaní para orar, discípulos que no eran conscientes de lo que iba a suceder, aunque Él se lo había manifestado mientras cenaban. En su oración, todo el cuerpo de Jesús se estremece y se cubre de sudor y sangre, un hecho que la medicina moderna lo muestra como un raro síntoma que puede acontecerle a una persona que se encuentra sometida a una fortísima presión tanto psíquica como corporal, a un estrés terrible. Las glándulas sudoríparas se encuentran diseminadas por todo el cuerpo, aunque se manifiestan más y mejor en las palmas de las manos, plantas de los pies, cuello, mejillas y frente y cuando una persona se encuentra sometida a una gran tensión y miedo, se rompen automáticamente un sinnúmero de vasos capilares, liberándose sangre que mezclada con el sudor, brota por toda su piel. (Ya escribimos hace tres días sobre este tema y dijimos qué consecuencias tuvo en las horas que le quedaron de vida. Fue una verdadera agonía aunque no muriese en ese momento).

La Sábana Santa o Síndone, venerada en Turín (Italia) constituye la prueba más notoria de la Pasión de Cristo.

La Sábana Santa o Síndone, venerada en Turín (Italia) constituye la prueba más notoria de la Pasión de Cristo.

Después de ser detenido, se vio sometido a seis interrogatorios que fueron extenuantes para Él, no sólo por el cansancio físico que le supuso, sino también por la mala fe de quienes le interrogaban: Anás, Caifás, Sanedrín, Pilatos, Herodes y vuelta a Pilatos. Y entre unos y otros, brutalmente torturado, encadenado y arrastrado a fin de doblegarlo. Teniendo en cuenta cómo era Jerusalén en su época, puede decirse que en estos traslados anduvo encadenado unos seis kilómetros y en todo este tiempo, hambriento y sediento y sin poder dormir. Lo azotan, cubren todo su cráneo con gruesas espinas, lo hacen cargar con un pesado madero, le arrancan violentamente la túnica pegada a sus carnes, lo humillan y lo tratan de tal manera que todos sus cinco sentidos tuvieron que padecer terriblemente.

Ya escribimos hace dos días sobre el terrible tormento de la flagelación, pero no está de más recordar que los latigazos destrozaron sus carnes, descarnaron su piel que caía a jirones sufriendo especialmente todo su torso, el tórax inferior, el vientre, brazos y piernas. También tratamos la coronación de espinas, que le causaría un dolor insoportable, una corona que cubría todo su cuero cabelludo con una planta muy flexible, pero llena de púas que se clavaron en su piel y traspasaron sus nervios. Y así, terriblemente castigado y desfigurado, con los insectos pululando sobre sus heridas, carga con un madero de dura corteza y con nudos, áspero. Ese pesado tronco penetraría en muchas de sus heridas, causándole un dolor insoportable mientras a latigazos, se arrastraba más que caminaba rumbo al lugar del suplicio. Su respiración sería muy fatigosa, no entraba suficiente oxígeno en sus pulmones, se desangraba y ni siquiera podría dar un solo paso sin temor a caerse. Seguramente, durante el trayecto, cayó al suelo en numerosas ocasiones. Si no fuera porque estaba escrito que habría de morir en la cruz, lo habría hecho mucho antes.

Pero, contra toda lógica, llega al lugar del definitivo suplicio, donde le espera el tramo vertical de la cruz. Lo tiran violentamente al suelo, traspasan sus muñecas brutalmente con gruesos clavos y lo izan para clavarle también violentamente los pies. El dolor tuvo que ser terrible al traspasarse y desgarrarse nervios y tendones. Si nosotros gritamos de dolor al rozarnos simplemente un nervio, imaginémonos cómo sería de terrible dicho dolor al ser traspasados sus miembros por burdos clavos de hierro. Le traspasaron también los dos pies, no sabemos si con un clavo o con dos, pero fuera como fuese, tuvo que ser un sufrimiento lento y cruel. Al izarlo y ponerlo en posición vertical, todo el peso del cuerpo cae sobre los clavados pies y esa posición en ese estado, esa inmovilidad obligatoria, le produciría una hipotensión ortostática e impediría que la sangre venosa pudiese retornar al corazón.

"María Magdalena llora a Cristo muerto", lienzo de Arnold Bocklin.

“María Magdalena llora a Cristo muerto”, lienzo de Arnold Bocklin.

Con el peso del cuerpo, su pecho se expendería de manera permanente y la respiración supondría un terrible sufrimiento; Él solo no podría exhalar, sino sólo inhalar y no recibiría suficiente aire para mantener oxigenados sus pulmones. Sin dudas, esto acortó su muerte. Todo esto, complicado por la infección de las heridas, las hemorragias, deshidratación, hambre y agotamiento, inevitablemente le llevaron a una muerte que podríamos decir que tuvo muchas variables, aunque la causa final pudo ser ocasionada por la asfixia con insuficiencia circulatoria. ¿Cómo pudo aguantar tanto tiempo? ¿Cómo no murió antes de la crucifixión? Humanamente hablando, estaba muerto antes de ser elevado en la cruz, pero el hecho de aguantar hasta el final es un claro ejemplo de que no se trataba sólo de un hombre: la divinidad estaba dentro de Él, era Él.

Y con todo esto, últimamente hay quienes sostienen que Cristo no murió en la cruz, que todo fue una pantomima, que fue desclavado estando vivo, se curó y vivió muchos años muriendo anciano en la India. ¿Con qué intención se escribe esto? Única y exclusivamente, para negar la Resurrección y por ende, su Divinidad. Pero estas teorías conspiratorias son insostenibles, porque además de todo lo expuesto anteriormente, hubo un hecho que podríamos denominar fue su “certificado de defunción”: recibe un lanzazo que le atraviesa el corazón y, de éste, salió “sangre y agua”. Es lo que hoy llamaríamos “el golpe o el tiro de gracia”. De esta manera, nunca pudo permanecer vivo, digan lo que digan esos detractores.

Antonio Barrero

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La Gran Cuaresma según la tradición bizantina

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Icono correspondiente al Domingo de la Ortodoxia: la veneración de los sagrados iconos.

Icono correspondiente al Domingo de la Ortodoxia: la veneración de los sagrados iconos.

Según el Gran Typikon de la Laura de San Sabas, el calendario litúrgico de la Iglesia Ortodoxa se divide en tres grandes partes y son llamadas según el libro principal usado en el culto. La mayor parte del año corresponde al tiempo llamado Octoechos, un libro que contiene los himnos diarios según los ocho tonos musicales (okto-echos). Este libro contiene textos para cada día de la semana en Vísperas, Maitines, Completas, Oficios de Medianoche, Oficios Matutinos y Horas. Durante especiales períodosdel año, como es la Gran Cuaresma o el tiempo de Pascua, los otros dos libros, el Triodion y el Pentecostarion, son usados para el servicio litúrgico. En este artículo explicaré las reglas para la Gran Cuaresma y su conexión con el uso del Triodion.

El tiempo del Triodion y las tres primeras semanas de preparación
El tiempo del Triodion significa que se cambia el habitual libro de culto por uno especial. Su nombre, Triodion, procede de las tres odas o himnos cantados durante este tiempo, que reemplazan el canon habitual de nueve odas (himnos). El tiempo del Triodion, que dura diez semanas, no coincide exactamente con el inicio de la Gran Cuaresma, porque empieza tres semanas antes, continúa con las seis semanas de la Gran Cuaresma propiamente dicha y termina con la Semana Santa. El fin del tiempo del Triodion es la Liturgia de Medianoche de la Resurrección de Nuestro Señor, cuando comienza el tiempo del Pentecostarion (los cincuenta días de Pascua a Pentecostés).

En el Domingo de San Gregorio Palamas se conmemora la obra teológica de este Padre de la Iglesia.

En el Domingo de San Gregorio Palamas se conmemora la obra teológica de este Padre de la Iglesia.

En otras palabras, la Gran Cuaresma tiene tres semanas de “tiempo de preparación”. En la primera, se excluye el habitual ayuno de los miércoles y viernes. En la segunda semana, los cristianos ortodoxos ayunan miércoles, viernes y al final de la semana (domingo) se privan de comer carne hasta la Pascua. La tercera semana se llama “blanca” o “del queso”, porque se permite tomar leche, queso, huevos e incluso pescado, pero no carne. Es una especie de medio-ayuno, en preparación a la Gran Cuaresma que comienza el siguiente lunes, cuando sólo se permite la dieta vegana. Los domingos de este tiempo de preparación se dedican a la penitencia: Domingo del Fariseo y el Publicano (durante la misa se lee el texto de Lc 18, 10-14), del Hijo Pródigo (Lc 15, 11-32), del Juicio Final (Mt 25, 31-46) y de la expulsión de Adán del Paraíso (Mt 6, 14-21). Este domingo se llama también “del perdón”. El sacerdote y los cristianos se piden perdón unos a otros y se inclinan ante los demás, porque todos deben estar en paz con su vecino durante el tiempo de ayuno. A pesar de que hasta ahora he hecho hincapié en la dieta, lo cierto es que el ayuno no significa sólo una dieta especial, sino renunciar a todo lo que nos estorba en una vida conectada a Dios.

La Gran Cuaresma
La Gran Cuaresma, según la tradición ortodoxa, dura cuarenta días, es decir seis semanas, de la cual se excluyen dos días, como es la Anunciación (25 de marzo según el calendario de las Iglesias en Constantinopla, Antioquía, Grecia, Bulgaria, Rumanía, Albania, parte de Polonia y la República Checa) o el 7 de abril (Iglesias de Jerusalén, Monte Athos, Patriarcado Ruso, Serbia, Georgia, parte de Polonia y República Checa) y el Domingo de Ramos, el sexto domingo de la Gran Cuaresma, cuando a los cristianos se les permite comer pescado y beber vino como signo de alegría y de anticipación de la Resurrección. Durante este tiempo, todas las ropas litúrgicas y atuendos cambian a color negro; sólo los sacerdotes pueden, los domingos, ir de blanco, como signo de la Resurrección que está por venir.

Santa Cruz ornada en la catedral rumana de Nuremberg (Alemania) en el Domingo de la Cruz (23/03/2014).

Santa Cruz ornada en la catedral rumana de Nuremberg (Alemania) en el Domingo de la Cruz (23/03/2014).

La primera semana de la Cuaresma es muy dura, especialmente en los monasterios. Las monjas y monjes ayunan completamente desde la noche del domingo hasta la del miércoles después de la Liturgia de los Dones Presantificados, que es una liturgia especial celebrada sólo en la Gran Cuaresma y sólo de noche, siendo su autor San Gregorio Magno, Papa de Roma. Debido a esto, los dos primeros días de la Cuaresma (lunes y martes) son días alitúrgicos, siendo así que no se celebra misa, por lo que los monjes no se ven obligados a interrumpir su ayuno y oración. Sólo las Siete Laudae, con un ritual especial, son celebradas, y el texto de los himnos tienen un tono de profundo arrepentimiento. La oración habitual “Dios es Nuestro Señor y se nos ha mostrado” se sustituye cantando un triple Aleluya. En lugar de las Pequeñas Completas, las Grandes Completas son mucho más largas y contienen el Gran Canon de San Andrés, obispo de Creta (s.XI), una obra maestra de la poesía bizantina, en el mismo tono de arrepentimiento. Los siete servicios se terminan con una oración de San Efrén el Sirio, junto a dos inclinaciones hasta tocar la frente en el suelo (gran metanoia) y un cierto número de pequeñas inclinaciones, tocando simplemente el suelo con la mano (pequeña metanoia) que son símbolos de arrepentimiento y de que reconocemos que nosotros, los seres humanos, sólo somos polvo y al polvo retornaremos.

Sólo en sábado se celebra la habitual Liturgia de San Juan Crisóstomo y el Réquiem por los muertos, como signo de que Cristo bajó al Inframundo en sábado. La Liturgia de San Basilio es la misa cebrada los domingos. Las otras seis semanas se repite el mismo ritual, con la excepción del Gran Canon y del cambio de la misa habitual: de lunes a viernes, simplemente la Liturgia de los Dones Presantificados del papa Gregorio, celebrada al anochecer; los sábados, la Liturgia de San Juan Crisóstomo; los domingos, la Liturgia de San Basilio el Grande.

El Domingo de Santa María Egipcíaca se conmemora la vida de esta penitente. Fresco ortodoxo en la catedral rumana de Nuremberg (Alemania).

El Domingo de Santa María Egipcíaca se conmemora la vida de esta penitente. Fresco ortodoxo en la catedral rumana de Nuremberg (Alemania).

Los domingos de Cuaresma tienen también un simbolismo especial conectado al arrepentimiento. El primer domingo, es decir el primero al terminar la primera semana de Cuaresma, se llama el Domingo de la Ortodoxia, y está especialmente dedicado al Séptimo Concilio Ecuménico, cuando los iconos regresaron a las iglesias. Durante el servicio, se repite el Anatema sobre las herejías condenadas en los Concilios Ecuménicos (esta tradición ha desaparecido en la costumbre rumana, pero se mantiene en la Iglesia Rusa) y se organizan procesiones con iconos por las calles. El Evangelio leído durante la misa es Mt 20, 1-16, una parábola sobre la recompensa del trabajo en la viña del Señor.

El segundo domingo está dedicado a Gregorio Palamas, el Padre de la Iglesia que habló de la Naturaleza Divina que se muestra a través de Energías en la creación. El Evangelio es Mc 2, 1-12, la curación del paralítico en Cafarnaún. El tercer domingo está dedicado a la Santa Cruz. Además de una procesión con una cruz ritual adornada con flores, la ceremonia entera consiste en himnos de alabanza al Sacrificio de Cristo y su sufrimiento. El Evangelio tiene la misma connotación (Mc 8, 34-38), ya que habla de la autorrenuncia, la aceptación de la cruz personal y el seguir a Cristo. El Domingo de la Cruz marca la mitad de la Cuaresma, y el Synaxarion del día recuerda que es la Cruz la que ayuda a los cristianos a seguir adelante hasta la Resurrección.

Domingo de Ramos: ceremonia de consagración de las ramas de olivo en Giurgiu, Rumanía.

Domingo de Ramos: ceremonia de consagración de las ramas de olivo en Giurgiu, Rumanía.

El cuarto domingo está dedicado a San Juan Clímaco, autor de un libro ascético llamado “La Escalera” que describe el camino que deben seguir los monjes para alcanzar la bienaventuranza divina. El Evangelio que se lee se refiere a las nueve Bienaventuranzas (Mt 4, 25-5, 1-12). El sexto domingo, de María Egipcíaca, sigue el mismo tono de arrepentimiento. La gran historia de María es un ejemplo de que todos los cristianos pueden regresar a Cristo, sin importar qué hicieron antes, si se arrepienten. El Evangelio leído es Lc 7, 36-50, sobre la mujer que lavó los pies del Señor. Finalmente, el Domingo de Ramos finaliza el período de cuarenta días y se celebra con hojas de palma, bien de sauce (en Rumanía) o de abedul (en Russia), donde no hay muchas palmeras.

La Semana Santa tiene un ritual litúrgico especial. El tiempo gira al revés, ya “no tiene paciencia”. El servicio matutino del lunes se celebra el domingo por la noche y así sucesivamente en toda la semana. También el servicio vespertino (las Vísperas) se celebran por la mañana y se combinan el miércoles y el sábado con la Liturgia de San Basilio. Muchos cristianos ayunan hasta el anochecer, van a confesarse y limpian sus casas en espera de la Resurrección. Cada tarde van a la iglesia a celebrar, como ya se ha dicho, los servicios matutinos, dedicados a los eventos de la Pasión relatados en los Evangelios. Los servicios más importantes se inician el jueves con la Liturgia de la Última Cena combinada con la ceremonia del lavatorio de pies de 12 personas. El Viernes Santo es un día alitúrgico y los cristianos ayunan hasta el anochecer, cuando participan en las Completas del Sábado Santo, que es prácticamente una ceremonia de entierro donde se canta un Canon de las Lamentaciones de la Theotokos, una obra maestra de la poesía y el momento más grande de la Gran Cuaresma. El Epitaphion, un icono de tela que representa el entierro de Cristo, se lleva por toda la iglesia y es finalmente depositado en el altar, que simboliza el sepulcro de Cristo.

Domingo de Ramos: el sacerdote rumano reparte ramas de sauce entre los cristianos de la iglesia.

Domingo de Ramos: el sacerdote rumano reparte ramas de sauce entre los cristianos de la iglesia.

La Liturgia celebrada el sábado por la mañana está dedicada a la Apertura de los Infiernos. Antes de leer el Evangelio, las ropas de los ministros y los atuendos en la iglesia se cambian y las oscuras son sustituidas por las blancas: antes de la Resurrección, según la tradición, Cristo predicó el Evangelio en los Infiernos y salvó a Adán, a Eva y a todos los Justos de la Antigua Ley. Hay que hacer notar que el icono del Descenso de Cristo a los Infiernos es el icono canónico de la Resurrección en la Iglesia Ortodoxa, y no el que lo representa como un vencedor, saliendo de la Tumba. Esto puede explicarse por el hecho de que la Resurrección, en sí misma, no es lo más importante para un ortodoxo, sino más bien sus efectos, es decir, nuestra salvación de la condena eterna.

Mientras esperan la Resurrección, todos los cristianos se reúnen en la iglesia una hora antes de la medianoche, en la Vigilia Pascual. Normalmente, a medianoche, todas las velas y luces de la iglesia se apagan. Sólo la vela que cuelga junto a la Cruz de Cristo en el altar está permitida; el sacerdote tomará la Santa Luz de allí y la transmitirá a los demás, cantando la alegría de la Resurrección.

Espero haber descrito la Gran Cuaresma de un modo que los lectores de Pregunta Santoral hayan podido entender. Hay mucho que decir, por lo que es difícil distinguir lo que vale la pena debatir y lo que no. Es crucial decir que la dieta vegana es muy importante, porque permite a los cristianos concentrarse más en sus oraciones. Pero en cualquier caso, la dieta no es lo más importante en la Gran Cuaresma. El arrepentimiento, el perdón y las buenas obras son necesarias para ser mejor cristiano. Mejorada con éstos, la Comunión con el Cuerpo y la Sangre de Cristo es, de hecho, el núcleo de este tiempo de arrepentimiento y de renuncia. Ayunar durante la Cuaresma siempre aporta mayor alegría a todos, pero en cualquier caso todos están llamados a la Última Cena: los que siguen todas las normas, los que ayunan sólo una semana e incluso los que no respetan en absoluto el ayuno. Como Juan Crisóstomo escribió en su Sermón de Pascua, todos los seres humanos están llamados a gozar la Resurrección.

En la noche de Pascua, los cristianos ortodoxos se encuentran con sus difuntos en el cementerio.

En la noche de Pascua, los cristianos ortodoxos se encuentran con sus difuntos en el cementerio.

Os deseo a todos una Gran Cuaresma llena de alegría espiritual, combinada con arrepentimiento y buenas obras, a la espera del gran día de la Resurrección, ¡que este año es precisamente el mismo día para todos los cristianos!

Mitrut Popoiu

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Sábado Santo: Silencio y Soledad

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Detalle del Cristo muerto venerado en la iglesia de San Pedro de Davoli (Italia).

¿Qué ha pasado? Hoy sobre la tierra existe un gran silencio: gran silencio y soledad. Gran silencio porque el Rey duerme: la tierra está atónita y en silencio porque Dios hecho carne se ha quedado dormido y ha despertado a los que dormían desde hace siglos. Dios ha muerto según la carne y ha venido a sacudir el reino de los infiernos.
Por supuesto que va a buscar al primer padre, que está como una oveja perdida. Quiere visitar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte. Dios y su Hijo van a poner en libertad a Adán y Eva que están sufriendo en la cárcel.

El Señor vino para traer el arma victoriosa de la Cruz. Apenas Adán, el primer padre, lo vió, golpeándose el pecho con asombro, gritó a todos diciendo: “Mi Señor esté con todos nosotros”. Cristo, respondiendo, le dijo a Adán: “Y con tu espíritu”. Lo cogió por la mano, lo sacudió y le dijo:”Despierta del sueño y levántate de entre los muertos; Cristo te iluminará”.
“Yo soy tu Dios aunque por ti me he hecho tu hijo; porque para ti y para tu descendencia hablo y con mi poder, os saco a los que estais en la cárcel: Salid. A todos los que estais entre tiniembras: Sed iluminados y a los que habeis muerto: Resucitad. Te lo ordeno: despierta de tu sueño; no te he creado para que estés prisionero del infierno. Resucita de entre los muertos. Yo soy la vida para los muertos. Levántate, pués yo te creé de la nada. Levántate que estás hecho a mi imagen; levántate, salgamos de aquí. Tu en mi y yo en ti, seamos en adelante una única e indivisible naturaleza.

Detalle del querubín portando la lanza, atributo de la Pasión. Iglesia de San Pedro de Davoli, Italia.

Por ti, yo, tu Dios, me he hecho tu hijo. Por ti, yo, tu Señor, me he revestido de la naturaleza de siervo. Por ti, yo que estoy sobre los cielos, he venido a la tierra y estoy bajo ella. Por ti, me he hecho hombre compartiendo tu debilidad humana, pero me he liberado de entre los muertos. Por ti, que estabas en el jardín del Edén, fuí traicionado en otro jardín y fui entregado a los Judíos y en un jardín he sido crucificado. Mira en mi rostro la saliva que me han echado para que tu seas capaz de volver a ese primer aliento de vida. Mira las bofetadas en mis mejillas para que tu nazcas nuevamente a la belleza que perdiste.
Mira mi dorso flagelado para liberar tus espaldas del peso de tus pecados. Mira mis manos clavadas por ti a un madero, tu que en un tiempo elevaste tus manos a un árbol para coger lo que no debías. Yo morí en la cruz y una lanza atravesó mi costado y fue por ti, que estabas dormido en el paraiso y de tu costado fue formada Eva. Mi costado ha curado el dolor del tuyo; mi sueño te librará del sueño del infierno. Mi lanza vencerá a la lanza que se revolvió contra ti.
Levántate, vámonos de aquí; el enemigo te sacó de la tierra del paraiso. Yo, sin embargo, no te volveré a meter en aquel jardín, pero te colocaré en un trono en los cielos. Se te prohibió tocar el árbol simbólico de la vida, pero yo, que soy la vida, a ti te lo comunico. He puesto a los querubines para que te sirvan como tus criados. Ahora hago que los querubines te traten como a Dios, pero tu no eres Dios.
El trono celestial está preparado y los que te lleven tienen tu sala preparada, tu mesa puesta, tu morada eterna está decorada; abre ya tu pecho. En otras palabras, está preparado para todos vosotros el reino de los cielos por todos los siglos eternos”.

Detalle del querubín portando el clavo, atributo de la Pasión. Iglesia de San Pedro de Davoli, Italia.

Esta es una antigua “Homilía sobre el Sábado Santo”, que muestra la sensación de que es un día oculto, el tercer día del Triduo Pascual. El Sábado Santo es un día de silencio. Las iglesias están cerradas, despojadas, con evidentes signos de pena y de dolor, pero esperando ansiosamente el anuncio de la Resurrección, que va a explotar en la Solemne Vigilia Pascual, que se celebrará en esa tarde-noche ante la proximidad del Domingo de Pascua.

El Sábado Santo es el día del gran silencio, junto a la Cruz de Cristo; un día, en el cual el Señor está ausente y la Reserva Eucarística está guardada, fuera de los lugares de culto. Los fieles están invitados a guardar el ayuno y la abstinencia de carne en tanto en cuanto, el “esposo” no está en medio de nosotros. Recordemos a tal propósito, el capítulo quinto del Evangelio de San Lucas: “Ellos dijeron: los discípulos de Juan ayunan con frecuencia y ofrecen oraciones; también lo hacen los discípulos de los fariseos, pero los tuyos, comen y beben. Jesús les respondió: ¿Es posible hacer ayunar a los invitados a la boda mientras el novio esté con ellos? Vendrán días en los cuales el esposo no estará; entonces, ellos ayunarán”.

Como hemos dicho anteriormente, la Eucaristía no se conserva en el Tabernáculo, que está abierto y sin el conopeo; se guarda en otro lugar adecuado, como la sacristía, aunque en algunos lugares se mantiene en el llamado altar de la reposición (en el rito romano se permite la ausencia de este lugar, sustituido por otro, mientras que en el rito ambrosiano, permanece siempre en este lugar). Las luces y todas las velas, se apagan. Los altares están desnudos, sin flores y sin paramentos: maltel y cubre-mantel. Unicamente está presente la Cruz que ha sido puesta a la adoración el Viernes Santo.

Detalle del querubín portando la cruz, atributo de la Pasión. Iglesia de San Pedro de Davoli, Italia.

En cuanto a lo que respecta a la Liturgia de las Horas, en el rito romano, este es el único sábado en el que se recitan las Vísperas y Completas del día, (aunque se omiten si se participa en la Vigilia Pascual) y no son recitadas las Completas posteriores a las Primeras Vísperas del domingo siguiente.

Por último: ¿Cuanto tiempo estuvo Jesús en el sepulcro? Fueron tres días, aunque no completos: desde la tarde del Viernes hasta el alba del día posterior a la fiesta del Sabbat, hoy, el Domingo de Pascua, que, para los judios, era el primer día de la semana. Todo duró cerca de cuarenta horas.

Hay una devoción vinculada a estas cuarenta horas: se visitan los “sepulcros”, o sea, los lugares donde reposa la Eucaristía en las iglesias y en los cuales está hasta que sea tomada en la Vigilia Pascual.

Damiano Grenci

In Pace, in idipsum dormiam et requiescam.

Elevamini portae aeternales et introibit Rex gloriae.

Caro mea requiescet in spe.
En paz, voy a dormir y a descansar.

¡Alzaos puertas eternas que va a entrar el Rey de la gloria!

Mi carne descansará en la esperanza.

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