Contestando a algunas breves preguntas (XXXI)

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Escultura del Beato Gerardo Tenque, fundador de la Orden Sanjuanista, obra de Vicente Tena (Valencia).

Escultura del Beato Gerardo Tenque, fundador de la Orden Sanjuanista, obra de Vicente Tena (Valencia).

Pregunta: Hola amigos. Desde hace tiempo tengo varias preguntas que hacer sobre San Gerardo Tenque. A partir de recibir esta estampa que os envío me surgieron estas dudas: ¿Por qué a este santo se le conoce con varios apellidos como Tum, Tune y Sasso? Esto da pie a muchas confusiones. La Orden Sanjuanista que fundó, ¿es hoy en día la Orden de Malta? ¿Queda en esta orden militar algo de los orígenes con la que él la fundó o con el paso del tiempo, esta derivó en lo que hoy es? Gracias de antemano por vuestra respuesta, queridos amigos. España

Respuesta: En primer lugar tengo que decirte que oficialmente no está canonizado, por lo que en realidad estamos hablando de una persona que recibe el título de beato sin haber sido beatificado y ni siquiera confirmado su culto. Por eso no encontrarás datos sobre él en ningún libro de hagiografía. Solo te puedo dar estos datos sacados más que nada de obras que tratan sobre la Orden de Malta.

Aunque se le conoce como Gerardo Tenque, en realidad se llamaba Gerardo Tum y nació en el año 1040. Aunque se han insinuado algunos lugares de nacimiento como Amalfi en Italia, Martigues en la Provenza francesa e incluso en el Castillo de Avesnes en el condado de Henao, la realidad es que no puede confirmarse con seguridad ningunos de esos sitios, o sea, no se sabe si era francés o si era italiano. Se dice que fue comerciante, soldado y posteriormente monje benedictino y que a finales del siglo XI fue en peregrinación a Jerusalén, encontrando allí un hospicio donde se quedaban los peregrinos y que estaba situado junto a la iglesia de San Juan. El se hizo cargo de dicho edificio, lo convirtió en hospital en una fecha anterior al año 1100 y fue allí donde, para atenderlos, organizó a la Orden de San Juan de Jerusalén (Orden de los Hospitalarios) a la que le dio la Regla de San Agustín y cuyos religiosos hacían los tres votos monásticos. Esta Orden recibió el “placet” del Papa Pascual II mediante la Bula “Gerardo institutori ac praeposito Hierosolimitani Xenodochii”, emitida el 15 de febrero del año 1113 concediéndole el derecho a elegir a sus superiores. Esta Bula fue confirmada por el Papa Calixto II poco antes de la muerte de Gerardo, acaecida el 3 de septiembre del año 1120.

La constitución del Reino de Jerusalén obligó a la Orden a asumir la defensa militar de los enfermos de los territorios ocupados por los cruzados, para lo cual construyeron algunos castillos-hospitales en Palestina. En un primer momento, la mayoría de los miembros de esta Orden eran nobles europeos, pero poco a poco fue recibiendo a otros miembros que no pertenecían a la nobleza. Cuando Saladino tomó Jerusalén en el año 1187, la Orden tuvo que instalarse en Chipre y posteriormente en Rodas. Cuando esta isla griega cayó en manos musulmanas en el año 1523, los miembros de la Orden tuvieron que rendirse o abandonar la isla, quedando desde ese momento sin territorio donde asentarse. Fue siete años más tarde, cuando Carlos V cedió a la Orden la isla de Malta, y desde ese momento comenzó a conocerse como la Orden de Malta. Esta Orden jugó un papel importante en la célebre batalla de Lepanto.

Cráneo del beato venerado en Manosque (Francia).

Cráneo del beato venerado en Manosque (Francia).

La misión original de la Orden era, como he dicho, la asistencia hospitalaria a los peregrinos enfermos, pero con el devenir de los tiempos llegó a convertirse también en una orden militar que combatía contra los musulmanes. El Beato Gerardo decía que “la Orden perduraría mientras hubiese sufrimiento humano que aliviar” y por eso aun hoy en día atienden algunos centros hospitalarios. Algunos miembros de la Orden son frailes que han profesado los tres votos monásticos, pero otros solo hacen la promesa de obediencia, siendo la mayoría de los caballeros y damas simples seglares. El Gran Maestre – que tiene el título de cardenal – se elige entre los profesos. La espiritualidad de la Orden se simboliza en la cruz de ocho puntas que representan las ocho bienaventuranzas. La Orden de Malta recuerda al beato el día 13 de octubre. De esta Orden de San Juan de Jerusalén derivan las Religiosas Sanjuanistas, denominadas oficialmente “Comendadoras de San Juan de Jerusalén (Orden de Malta)”.

Pregunta: ¿Es cierto que en la localidad salmantina de Ledesma se conservan las reliquias de tres de los pastores que adoraron a Jesús en Belén la noche de su nacimiento? Muchísimas gracias desde Galicia, España.

Relicario de los santos pastores de Belén venerado en Ledesma (Salamanca).

Relicario de los santos pastores de Belén venerado en Ledesma (Salamanca).

Respuesta: ¡Ay, qué pregunta me haces! En la iglesia de San Pedro y San Fernando de esa localidad existe un cofre con unos huesos que, según la tradición, son de tres pastores que adoraron al Niño Jesús en Belén. Estos restos procedían de una iglesia anterior dedicada a San Pedro, diciendo la tradición que pertenecen a los pastores Jacobo, Isacio y Josefo, cuyos restos llegaron a Ledesma por medio de un caballero medieval, natural del pueblo, que los trajo desde Tierra Santa en el siglo XI. Desde entonces se han conservado en una arqueta de madera.

El Beato Papa Inocencio XI (1676-1689) concedió indulgencia plenaria a la “cofradía bajo la advocación de los Santos Jacobo, Isacio y Josefo, canónicamente erigida y fundada en la iglesia parroquial de San Pedro de la villa de Ledesma, en la diócesis de Salamanca”. Esta arqueta estuvo oculta en unos muros durante varios siglos, siendo descubierta en el año 1965. Esto es lo que dice la historia y la leyenda, pero que sean unas reliquias auténticas ya “es harina de otro costal”.

Pregunta: ¿Vais a seguir comunicándonos algunas otras coincidencias entre la Sábana Santa (Síndone) de Turín y el Sudario de Oviedo? Gracias

Respuesta: En el artículo que publicamos el día 7 de abril ya hablamos sobre este tema, pero te prometimos que continuaríamos con él y eso es lo que voy a hacer. El profesor Alfonso Sánchez Hermosilla, director del Equipo de Investigación del Centro Español de Sindonología, en el Congreso anual del Centro Internacional de Sindonología ha dicho textualmente lo siguiente: “Desde el punto de vista de la antropología forense y de la medicina forense, toda la información puesta al descubierto por la investigación científica es compatible con la hipótesis de que la Síndone y el Sudario cubrieron el cadáver de la misma persona. En el Sudario de Oviedo, la similitud en la morfología de las manchas y el tamaño de las mismas con la Síndone de Turín confirman esta hipótesis”.

Vista del Santo Sudario de Oviedo.

Vista del Santo Sudario de Oviedo.

Desde el punto de vista textil, ambas reliquias tienen igual composición, idéntico grosor de fibra, están hilados a mano y con torcedura en “Z”, aunque han sido tejidos de diferente manera: sarga en espiga en el caso de la Síndone y trama octogonal o tafetán, en el caso del Sudario. En el Sudario no hay ninguna imagen misteriosa como en la Síndone; solo hay huellas de sangre del grupo AB y de otros fluidos corporales procedentes de un cadáver humano. El estudio morfológico de las manchas presentes en los dos lienzos manifiesta un evidente parecido entre ellas, lo que quiere decir según el profesor Sánchez Hermosilla, que el cadáver fue tratado con mucho cuidado. Y sigue diciendo: “Debe tenerse en cuenta que este parecido morfológico entre las manchas de sangre no tendría por qué darse obligatoriamente: cabezas distintas pueden dar manchas muy parecidas y la misma cabeza puede dar manchas muy distintas. Sin embargo, ambas formaciones se corresponden perfectamente, tanto en posición relativa como en tamaño superficial, a lo que habría que añadir la concordancia de las distancias entre las lesiones maculantes que originaron las manchas si comparamos ambas reliquias. Desde el punto de vista de la medicina forense, podemos decir que el Sudario pudo cubrir el rostro del cadáver antes de que fuera envuelto en la Sábana.

Entre las evidencias más importantes están las manchas de sangre atribuidas a las espinas de la corona que “aparecen en ambas reliquias con una gran similitud en la distancia que las separa entre sí. La superficie ocupada por la nariz en ambos lienzos es muy similar: en el Sudario de Oviedo ocupa un área de dos mil doscientos ochenta milímetros cuadrados y en la Síndone es de dos mil. Asimismo, hacia la mitad de la región derecha de la nariz aparece una zona inflamada con una superficie de cien milímetros cuadrados en el Sudario y noventa en la Síndone”.

Manchas de sangre y otros fluidos en el Sudario de Oviedo.

Manchas de sangre y otros fluidos en el Sudario de Oviedo.

Además, una de las manchas del Sudario de Oviedo “parece compatible con algunas de las heridas ocasionadas por Flagrum Taxilatum en la zona derecha del cuello y resulta ser compatible con algunas de las improntas de la Síndone de Turín atribuidas a esta misma causa. En la región occipital aparecen manchas de sangre vital, es decir, que se vertió cuando el condenado estaba aún con vida, que son muy similares en ambos lienzos y parecen relacionarse con lesiones punzantes en el cuero cabelludo; además resultan ser concordantes con las que produciría un casquete de espinas”.

Pero este profesor sigue aportando más datos para confirmar su tesis: “A la altura de la séptima vértebra cervical, o “vertebra prominens”, en el Sudario de Oviedo aparece una mancha que adopta la forma de una mariposa y que se pudo originar como consecuencia de coser cuidadosamente el lienzo al cabello del cadáver embadurnado con sangre aún fresca. Esta forma de coser el lienzo a la cabellera ocasionó que esta adoptase la forma que puede apreciarse en la imagen de la Síndone y que algunos autores creyeron identificar con una especie de coleta, o incluso trenza, constituyendo otra prueba más de la influencia que el uso previo del Sudario pudo tener sobre la Síndone. A ambos lados de esta mancha, aparecen otras ocasionadas por fluidos cadavéricos y que resultan similares tanto en una como en la otra reliquia”.

Cripta de la catedral de Oviedo donde se conserva el Santo Sudario y otras reliquias.

Cripta de la catedral de Oviedo donde se conserva el Santo Sudario y otras reliquias.

Sánchez Hermosilla también afirmó que en el Sudario de Oviedo hay una mancha que se encuentra precisamente en la esquina inferior izquierda del reverso de la tela, “que podría haberse producido como consecuencia del orificio de salida de la lesión ocasionada por la lanzada; dicha mancha tiene su equivalencia en la Síndone de Turín, y podría haber pasado desapercibida hasta la fecha por su similitud morfológica con las manchas atribuidas a la flagelación. Además de esta mancha, aparecen signos indirectos de la lanzada, tales como los abundantes coágulos de fibrina que aparecen en las denominadas mancha difusa y mancha en acordeón”.

Las reconstrucciones tridimensionales del rostro del hombre de la Síndone de Turín corresponden con las manchas que se encuentran en el Sudario de Oviedo. “Tras conocer las proporciones craneométricas que aparecen en ambas reliquias, y una vez realizada su comparación, se comprueba que son concordantes, lo que ha permitido al escultor D. Juan Manuel Miñarro López realizar una reconstrucción del rostro del Hombre de la Síndone. Dicha reconstrucción es absolutamente compatible con el rostro del Hombre del Sudario, no sólo en sus proporciones antropométricas, sino también en las lesiones traumáticas que ambos presentan”.

El Hombre de la Sábana Santa (Síndone de Turín).

El Hombre de la Sábana Santa (Síndone de Turín).

Para concluir, incrustado en un coágulo de sangre que proviene del Sudario de Oviedo, “se ha descubierto un grano de polen que ha sido identificado morfológicamente por la bióloga Doña Marzia Boi, como perteneciente al género botánico “Helicrisum” y es compatible con otros pólenes análogos encontrados por otros investigadores sobre la Síndone de Turín. Este hallazgo, además de suponer una nueva concordancia entre ambas reliquias, podría corroborar la hipótesis de Doña Marzia Boi de que parte de los pólenes podrían haber llegado a los lienzos procedentes de los ungüentos con que fue amortajado el cadáver”.

Perdona si al contestar a tu nueva pregunta me he referido constantemente a esta conferencia. Me ha parecido lo más oportuno y he utilizado para ello la información que ha proporcionado el propio Vaticano sobre este Congreso.

Antonio Barrero

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La Sábana Santa (VI): en el sepulcro

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"Jesús trasladado al sepulcro" (1864-1870), óleo de Antonio Ciseri. Santuario de la Madonna del Sasso, Orselina (Italia).

“Jesús trasladado al sepulcro” (1864-1870), óleo de Antonio Ciseri. Santuario de la Madonna del Sasso, Orselina (Italia).

“Al atardecer, como era el día de la Preparación, es decir, la víspera del sábado, vino José de Arimatea, miembro respetable del Consejo, que esperaba también el Reino de Dios y tuvo la valentía de entrar donde Pilatos y pedirle el cuerpo de Jesús. Se extrañó Pilatos de que ya estuviese muerto y llamando al centurión, concedió el cuerpo a José. Éste compro una sábana, lo descolgó de la Cruz, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro que estaba excavado en roca; luego hizo rodar una piedra sobre la entrada del sepulcro.” (Marcos 15, 42-46)

Muerto Cristo, parece que la Síndone termina su aportación al conocimiento de Jesús. Todo lo contrario. La Síndone es un elemento funerario y como tal nos aporta muchos datos sobre el modo de enterramiento de los judíos y por lo tanto del propio Jesús. Jesús fue enterrado al estilo judío tal y como podemos leer en el Evangelio de San Juan (19,40).

El descendimiento de Jesús de la Cruz se llevó a cabo sobre las 16’30 horas de la tarde del viernes. Volvemos a decir que todo debía ser muy rápido, pues la Pascua estaba cerca. José de Arimatea, fue a pedir el cuerpo de Cristo, en un acto de valentía como se señala en el Evangelio de San Marcos. José de Arimatea, se estaba exponiendo a perder la reputación de la que gozaba Él era un ilustre miembro del Sanedrín. Pilatos, manda a un centurión a cerciorarse de que el condenado esta muerto y luego tiene que volver a comunicárselo. Admirado Pilatos de que Jesús ya esté muerto, entrega el cuerpo a José de Arimatea, que debe volver al lugar del suplicio para comenzar el descendimiento. Esto es una nueva burla de los romanos hacia los judíos, ya que éstos hubieran preferido que el cuerpo de Jesús fuese arrojado a una fosa común y así enterrar para siempre su memoria.

Jesús envuelto en la sábana. Lienzo de Giovanni Battista della Rovere.

Jesús envuelto en la sábana. Lienzo de Giovanni Battista della Rovere.

Había costumbre entre los judíos que, cuando el rostro de un ajusticiado era desagradable a la vista, éste fuera cubierto. Así fue también con Jesús, que, como hemos visto, tenía el rostro ensangrentado debido a todos los golpes que por motivos de caídas o agresión había sufrido. Este paño con el que se cubrió el rostro de Cristo es el Santo Sudario de Oviedo. En este punto, hemos de señalar que el capítulo 20 del Evangelio de San Juan, en el momento en el que Pedro y Juan entran en el sepulcro el Domingo de Resurrección, hace alusión a este pañuelo, diferenciándolo de la sábana de lino que cubría el cuerpo de Jesús.

El capítulo 20 del Evangelio de Juan es el único documento que habla de los lienzos que encontraron en el sepulcro [1]. Pero ahora nos vamos a centrar en el que el versículo 7 define como sudario que cubrió la cabeza. La misma Sábana Santa en muchas ocasiones ha sido erróneamente llamada Sudario. Y de igual forma ha sido llamado Sudario tanto el paño que pende de la Cruz como el paño de la vergüenza que pudo cubrir a Jesús en la Cruz. Pero la verdad es otra. El Sudario es un paño en el cual no existe imagen, sólo manchas de sangre humana del grupo AB y tiene una dimensión de 85’5 x 52’6 centímetros aproximadamente. Tuvo una función doble, primero, fue colocada sobre la cabeza ensangrentada de una persona colgada de forma vertical y sujetada al cabello con elementos punzantes. La tela fue doblada sobre sí misma; eso indica el motivo por el que las manchas que se reproducen son simétricas entre sí. Por otro lado, fue utilizada a modo de capucha, seguramente en el momento del traslado al sepulcro. Era muy normal utilizar este tipo de paños para cubrir los rostros de los cadáveres de los condenados, cuando éstos estaban muy deformes o castigados como era el caso.

Este Sudario se encuentra en la Catedral de Oviedo y tuvo en otro tiempo misa propia, pero fue suprimida, celebrándose ésta el 4 de mayo, festividad de la Sábana Santa desde 1506. En las Iglesias de Oriente, la festividad de la Síndone es el 16 de agosto [2], aniversario del traslado de la Sábana Santa de Edesa a Constantinopla. La Síndone actualmente sí tiene misa propia.

Vista del Santo Sudario de Oviedo.

Vista del Santo Sudario de Oviedo.

Según estudios realizados, este Sudario concuerda en todo con la Síndone. El Sudario de Oviedo se ostenta todos los años el Viernes Santo; el 14 de septiembre, fiesta litúrgica de la Exaltación de la Cruz y el día de San Mateo, patrón de Oviedo. Tras todos los estudios realizados, es indispensable hablar de esta reliquia cada vez que se hable de la Sábana Santa. Los más profundos estudios realizados sobre esta reliquia han sido realizados por el EDICE (Equipo de investigación del Centro Español de Sindonología).

J.A. Vieira


[1] Juan 20,1-18.
[2] Desde el año 944, por orden del emperador de Bizancio Constantino VII.

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La Sábana Santa (V): cargado con la cruz

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Representación de Jesús cargando con el patibulum, partes de la cruz en forma de tau y el titulus.

Representación de Jesús cargando con el patibulum, partes de la cruz en forma de tau y el titulus.

Todo tenía que ser muy rápido, ya que la celebración de la Pascua hacía que los acontecimientos tenían que desarrollarse con cierta celeridad. La noche de ese primer Viernes Santo de la Historia había sido ajetreada y a poco de amanecer, más o menos sobre las 9’30 de la mañana, los lictores [1] colocaron sobre Jesús el madero de su suplicio. Este episodio es recogido en los cuatro Evangelios.

Como ya apuntamos, la sentencia dictada por Poncio Pilatos fue rápida y concisa: “Ibis in crucem” (“irás a la cruz”). Ya el reo perdía cualquier tipo de derecho y era objeto de todo tipo de vejaciones. Fue a partir del siglo IV cuando se empezaron a representar a Cristo portando la totalidad de la Cruz, pero la verdad es que sólo llevó el patibulum, el madero horizontal, ya que el stipe o madero vertical estaba situado en el lugar donde se llevaba a cabo la ejecución.

El recorrido que tenía por delante Jesús era relativamente corto. Entre el pretorio de la Torre Antonia hasta el Gólgota había entre 600 y 700 metros. Un recorrido cuyo trazado apunta siempre hacia arriba, hasta salir de los muros de Jerusalén por la puerta Efraím, cerca de la cual estaba el monte Calvario. Un camino muy duro para una persona que había sufrido todos los castigos que le habían infringido a Jesús.

Vista de los patibula atados a los tobillos de los reos y entre sí, como sería la marcha hacia el Gólgota.

Vista de los patibula atados a los tobillos de los reos y entre sí, como sería la marcha hacia el Gólgota.

Era impensable que pudiera llevar la cruz completa, ya que ésta podía pesar sobre los 150 Kgs. aproximadamente; además, imposibilitaría la labor de los escoltas, que iban azotando al reo en su camino hacia el suplicio. La ley romana también consideraba cumplida la sentencia si el reo moría en el itinerario al suplicio, como ya se apuntó con anterioridad. Pero en el caso de Jesús, había interés de que muriera en la cruz, como veremos.

El patibulum era colocado sobre los hombros del condenado y de uno de los extremos una cuerda lo ataba con el tobillo, con lo que hacía más difícil el andar. Así, en el tobillo izquierdo se observa líneas sanguinolentas, debido a la señal de la soga que debió llevar atada. También se observa, tal y como indica el Dr. Heller, los pies despellejados, con lo que se deduce que fue descalzo.

En la Síndone, vemos que la espalda en la parte baja de los hombros, existe una zona erosionada, eso era debido al roce del patibulum, el cual, podía pesar sobre los 50 kilogramos. Hemos de tener en cuenta que el Hombre de la Síndone mide 1,81 metros y con tal envergadura, al abrir los brazos nos encontramos con 1’65 metros aproximadamente, con lo que el patibulum debía tener unos 15 centímetros de grosor, aproximadamente.

Pero seguimos. El Hombre de la Sábana Santa tiene erosionadas las rodillas, como más adelante se detalla, y la cara tumefacta. Esto era debido a las caídas. Siempre se ha considerado que Jesús cayó tres veces a pesar de que en ningunos de los Evangelios se dice el número de veces que pudo caer. Aquí, en este punto, podemos señalar que, incluso, el Vía Crucis de 1991 de San Juan Pablo II no hace mención de las caídas de Cristo, mientras que en la anterior versión, podemos ver que es considerado en tres estaciones (las tercera, séptima y novena).

Vista en 3D de las laceraciones en espalda y hombros del Hombre de la Síndone, causadas por el patibulum.

Vista de las laceraciones en espalda y hombros del Hombre de la Síndone, causadas por el patibulum.

Lo cierto es que debió caer muchas veces y, al ir con los brazos abiertos, por llevarlos atado al patibulum, sólo quedaba amortiguar las caídas bien con las rodillas o con el rostro. Así, en la Síndone se representa a un hombre con la nariz desviada; sólo es cuestión de trazar una línea recta que ratifica esta afirmación. Los pómulos están hundidos, bien por las caídas, bien por los golpes y bofetadas que le dieron.

También es interesante la opinión del Dr. Judica, ya que, al estudiar las lesiones de las rodillas, observa que éstas están contusionadas y que se ha encontrado tierra mezclada con la sangre, al igual que en la nariz. Por lo tanto Jesús, camino del Calvario, sólo llevó el patibulum sobre sus hombros, atado a las muñecas y con uno de sus extremos unido por una soga con el tobillo, y el otro extremo unido al reo que le precedía en la comitiva. De lo expuesto se desprende las zonas erosionadas que encontramos en el tobillo izquierdo y en las muñecas del Hombre de la Síndone. La cabeza también golpearía en más de una ocasión con el suelo, con lo que las espinas de la corona se le clavarían con más virulencia.

José Antonio Vieira


[1] Encargados de ejecutar las sentencias de los magistrados.

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La Sábana Santa (IV): la crucifixión

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Vista de la posición adoptada por el Hombre de la Síndone en la crucifixión.

Vista de la posición adoptada por el Hombre de la Síndone en la crucifixión.

Crucificado al mediodía
Eran sobre las doce del mediodía cuando crucificaron a Jesús, tal y como podemos leer en el Evangelio de San Marcos [1]. Previamente lo habían desnudado y al parecer, siguiendo los paradigmas de la Síndone, la Corona de Espinas se la dejaron. En la Síndone, podemos observar en la zona de la nuca, muestras de múltiples puntos por donde se producía otras tantas hemorragias, debido a los movimientos de la cabeza de Jesús sobre el madero y la presión que este producía sobre la cabeza, incrustando con más virulencia las púas de la corona.

Nada indican los Evangelios y se intuye observando la Síndone, que Jesús no tuviera colocado en el momento del suplicio el llamado “paño de la vergüenza o de pureza”, algunas veces llamado sudario por la voz popular de forma errónea.

Ya hemos apuntado que el madero vertical, el stipe, estaba colocado de forma fija en el lugar del suplicio, por lo que Jesús fue clavado en el patibulum por las muñecas, no por las palmas de las manos. Había varios tipos de cruces, pero el que nos interesa la “Crux patibulata”, que es la que está formada por un travesaño horizontal que se incrustaba en otro vertical fijo formando un ángulo recto. Otros tipos de cruces eran la “humilis” que era baja hasta el punto de que las fieras podían atacar al cadáver y otra que era la “sublimis”, que era muy alta.

Vista del Espacio de Destot, zona por la que se introdujeron los clavos en el Hombre de la Síndone.

Vista del Espacio de Destot, zona por la que se introdujeron los clavos en el Hombre de la Síndone.

Evidentemente, los sayones que clavaron a Jesús en el madero, eran profesionales y sabían perfectamente el lugar por donde debían introducir los clavos. Así, en la muñeca, existe un lugar entre varios huesesillos por el que se puede introducir un clavo y soportar el peso de un hombre. El peso que se le calcula a Jesús es de unos ochenta kilos aproximadamente. Es el llamado espacio de Destot, tal y como apuntó el Dr. Barbet. Al entrar el clavo por este lugar, se produce una flexión del dedo pulgar hacia adentro a causa de pinzar el nervio mediano, por lo que queda explicado el por qué no se ve el dedo pulgar de las manos. No obstante el Dr. Palacio Carvajal, especialista en traumatología y cirugía, defiende que el clavo entró por el carpo, en la muñeca, en la zona cubital de la mano y apunta que tal y como apunta la Sociedad Española de Cirugía de la Mano, “Me informan que en ningún tratado actual, en español, francés, inglés, alemán o italiano, consta su existencia (Espacio de Destot). Solamente aparece repetidas veces en los libros de Sindonología” [2]. En cualquier caso, lo que sí nos ofrece la Síndone es que el Hombre de la Sábana Santa no fue crucificado por las palmas de las manos.

Los clavos utilizados en la crucifixión eran los denominados “clavitrales”, propios de la construcción y que tenían unas dimensiones de entre trece y dieciocho centímetros de largo por uno de ancho. Todo esto es corroborado por la arqueología, la cual en el año 1.971 en la colina de Giv’at ha Mivtar en Jerusalén, encontraron los restos de un hombre que fue crucificado en los albores de nuestra era. El hombre, llamado Yehehanán (Juan), que pertenecía el osario encontrado, tenía las piernas rotas a la altura de la tibia y en las muñecas tenía unas erosiones producidas por un objeto duro, y también, había un clavo de doce centímetros de longitud, el cual, todavía permanecía aún traspasando los talones.

Detalle de las heridas de los pies en la Síndone.

Detalle de las heridas de los pies en la Síndone.

En la imagen que se nos ofrece en la Síndone, vemos un punto de sangre en la muñeca derecha, que en el negativo real es la izquierda.

Los pies eran fijados normalmente con un solo clavo. La imagen de la Síndone así lo demuestra. El clavo de los pies es clavado sobre el metatarso, es decir, inmediatamente sobre los dedos de los pies. En la Síndone podemos ver que primero se colocó sobre el stipe el pie derecho y sobre éste el pie izquierdo (derecho de la Sábana). Para un buen ajuste de los pies, hubo que flexionar las piernas.

El rigor mortis en el cadáver hizo que la pierna izquierda quedara algo más corta que la otra. Este es el origen de las cruces bizantinas, las cuales poseen en la parte inferior del stipe un travesaño para los pies, inclinado, más largo para la pierna derecha para desechar la hipótesis de que Jesús fuera cojo.

J.A. Vieira


[1] Mc 15,25.
[2] CARVALAJ PALACIOS, José de, La Sábana Santa. Estudio de un cirujano. Ed. Espejo de Tinta. 2.007. Págs 129-130.

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La Sábana Santa (III): la lanzada

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Detalle del negativo de la Síndone y del óleo “Resurrección” de Francisco Trigueros.

Con la ejecución de Jesús, a pesar de ser una ejecución romana, las cuales siempre iban revestidas casi como un espectáculo, no se quería herir la susceptibilidad de los Judios, los cuales estaban prestos para celebrar la Pascua. Había que precipitar la muerte de los condenados que pendían de la Cruz. De este episodio, sólo el Evangelio de Juan se hace eco[1], al igual de un hecho diferenciador y único que autentifica más la Sábana Santa.

Según todos los estudios realizados, el Hombre de la Sábana Santa no presenta facturadas las piernas a pesar de ser un cuerpo crucificado, sino que aparece como dice San Juan en el capítulo 19 de su Evangelio, con el costado atravesado por una lanza [2] que según podemos saber a través de los Evangelios Apócrifos, fue efectuada por un soldado llamado Longinos. Al hombre de la Sábana Santa, al igual que describe el evangelista Juan, no le rompieron las piernas, como ya aparecía preconizado en el Salmo 34 [3]:

“Él guarda todos sus huesos
Ni uno de ellos será quebrantado”
.

En este punto, es interesante adentrarnos en la vida e historia de Longinos. Es interesante la visión que tuvo sobre este personaje bíblico la religiosa agustina Beata Ana Catalina Emmerich en su más que conocida obra “La Amarga pasión de Cristo”.

La lanza entró por el quinto espacio intercostal derecho.

Curiosamente, el momento de la lanzada sólo es recogido por el Evangelista Juan. A los otros dos que estaban crucificados con él, les quebraron las piernas. Esta práctica de quebrar las piernas de los crucificados para acelerar su muerte es llamada crurifragium. Es significante que mientas que el evangelista es muy escueto a la hora de describir este episodio, la citada religiosa agustina relata este momento con detalles que van desde el dramatismo a la ternura. Señalamos en este punto, que había cruces que tenían colocado en el stipe un sedile. Éste sólo se arbitraba cuando se quería prolongar el martirio del reo.

Según podemos ver en la Síndone y tras estudios realizados, la lanzada fue realizada en el costado derecho y tiene unas dimensiones de 4’5 centímetros de larga por un ancho de 1’5 centímetros. Fue realizada por una lanza romana pilum, la cual penetró en el cuerpo del ajusticiado unos ocho centímetros, alcanzando la aurícula derecha del corazón. Otro detalle que podemos observar es que la sangre que mana del costado no es tan oscura como la de la nuca. El motivo es que la sangre estaba mezclada con suero. El Dr. Júdica Cordilia, de la Universidad de Milán, afirma que examinada todas las machas de sangre de la Síndone, todas fueron realizadas mientras el Hombre de la Síndone estaba con vida, salvo la del costado, que fue producida tras su muerte.

La sangre de todas las heridas es arterial, menos la del costado, que es venosa, como corresponde a la que hay en la aurícula derecha del corazón. También el Dr. Marino Molina afirma que en las agonías dolorosas el agua del pericardio es abundante. El evangelista dice “… y al instante salió sangre y agua”.

Un obispo bizantino inciensa la Sindone en la catedral de Turín, Italia.

Muerto el condenado, era custodiado por soldados romanos para evitar que fuera descolgado el cuerpo. Los cuerpos muertos quedaban sin sepultura durante mucho tiempo, siendo en muchos casos pasto de las rapiñas, pero cuando eran descolgados eran depositados en una fosa común, aunque la Ley romana también contemplaba entregar el cuerpo a quien lo pidiese de forma piadosa. Así, Quintiliano dice “El juez no prohíbe la sepultura de aquellos que han sido traspasados”.

J.A. Vieira


[1] Jn 19,31-32
[2] Jn 19, 33-34
[3] Sal 34,21.

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