El Sabbat

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"Shabbat Shalom", saludo ritual judío el día de Sabbat. La fotografía corresponde a un atardecer de viernes en Eliat (Israel), cuando empieza el día santo.

Qué significado tenía y tiene el Sabbat para los judíos
“Después de ser creados los cielos y la tierra y todos los que la habitan y habiendo terminado el día sexto toda la obra que había hecho, Dios descansó el séptimo día y bendijo el día séptimo y lo santificó porque Dios descansó de cuanto había hecho y creado”. (Génesis, 2, 1-3). Estas palabras del libro sagrado son el origen del descanso semanal del pueblo de Israel, descanso impuesto en el Decálogo dado por Dios a Moisés en el Monte Sinaí: “Acuérdate del día del sábado para santificarlo” (Éxodo, 20, 8 ) y que es recordado en algunos otros pasajes del Antiguo Testamento: “Los hijos de Israel guardarán reposo el sábado y lo celebrarán por siempre como pacto perpetuo”. (Éxodo, 31, 16).

Las tres religiones monoteístas han impuesto al menos un día de descanso semanal. Los judíos continúan haciéndolo el sábado, los musulmanes, el viernes y los cristianos, en conmemoración de la Resurrección de nuestro Salvador, descansamos los domingos. Ese día semanal de reposo es necesario para todo ser humano, no solo por el descanso físico que el mismo supone, sino porque también sirve de asueto para despejar la mente, para las relaciones sociales, para el merecido disfrute. Pero ese día es también un día de oración, de encuentro con la familia, de sentarse todos juntos alrededor de la mesa para compartir las vivencias semanales; es el día utilizado para muchísimas otras actividades incompatibles con los días laborables.

Pero volvamos al Sabbat. Hay que decir que el origen del descanso semanal proviene de Mesopotamia y que el precepto sabático como tal es obra de Moisés, que es a quien se le atribuye la escritura de los cinco libros del Pentateuco. El descanso sabático se cumplía principalmente en los pueblos sedentarios cuya actividad principal era la agricultura por lo que no era lógico que este precepto estuviese establecido en las tribus nómadas que estaban en continuo movimiento pastoreando sus rebaños. Con toda probabilidad los hebreos empiezan a cumplirlo con normalidad cuando se establecen definitivamente en Palestina.

Velas que el padre de familia enciende para el Sabbat.

El Sabbat empieza a la caída del sol el viernes por la tarde y comienza a nivel doméstico con el encendido de dos velas por parte de la madre de la familia que, de esta manera, da la bienvenida a ese día de paz. En este día santo, está prohibido todo tipo de trabajo y aunque en el Decálogo dado por Dios a Moisés en el Sinaí no se especifican cuáles son, existen otros textos que los mencionan: recoger el maná (Éxodo, 16, 22-23), comerciar, llevar pesos encima, encender el fuego, recoger leña, etc.

La Mishná (que es un conjunto de leyes judías que consolida la tradición oral y que fue escrita por el Rabí Yehudá Hanasí a finales del siglo II) enumera como trabajos prohibidos: sembrar, arar, recoger los frutos del campo, trillar, moler, hilar, tejer, preparar las pieles, escribir, golpear con herramientas… y así hasta treinta y nueve actividades concretas. En tiempos de Cristo se llegó a regular hasta los más mínimos detalles y así estaba prohibido viajar e incluso andar más de un kilómetro, que es el equivalente a dos mil codos.

La Mishná (que hemos mencionado antes) llegó a prohibir las cosas más peregrinas: salir con sandalias cuyas suelas estuvieran sujetas con clavos, salir con sortijas, collares o brazaletes, ya que esto suponía llevar peso encima, pero como quién hizo la ley hizo la trampa, se permitía por ejemplo, llevar un objeto sobre el dorso de la mano ya que esa no era la forma ordinaria de coger un peso.

Vista del interior de la sinagoga de Budapest (Hungría).

Sin embargo, en sábado sí están permitidos los trabajos de culto en las sinagogas, aquellos trabajos que puedan evitar graves incidentes o accidentes, dar de beber a los animales, etc. Y según se sea más o menos fundamentalista en materia religiosa, hay quienes permiten realizar obras de caridad, como por ejemplo visitar a los enfermos y a los encarcelados, aunque hay también quienes dicen que tampoco esos trabajos pueden realizarse.

Fueron los fariseos quienes llevaron la ley del reposo sabático hasta el extremismo y eso lo podemos comprobar leyendo más de un pasaje evangélico. Recordemos por ejemplo: “Pero el jefe de la sinagoga, indignado de que Jesús hubiese hecho una curación en sábado, decía a la gente: Hay seis días en que se puede trabajar; venid, pues, esos días a curaros, y no en día de sábado” (Lucas, 13, 14) o “Un sábado, Jesús atravesaba unos sembrados y sus discípulos cortaban espigas, las desgranaban en las manos y se comían el grano. Algunos fariseos les dijeron: “¿Por qué hacen lo que no está permitido hacer en día sábado?”. Jesús les respondió: “¿Vosotros no habéis leído lo que hizo David y con él sus hombres, un día que tuvieron hambre? Pues entró en la Casa de Dios, tomó los panes de la ofrenda, los comió y les dio también a sus hombres a pesar de que sólo estaba permitido a los sacerdotes comer de ese pan.” Y Jesús añadió: “El Hijo del Hombre es Señor y tiene autoridad sobre el sábado.” (Lucas, 6, 1-5)

Pero a lo largo de la historia del pueblo de Israel, el rigor con el cual se cumplía con el Sabbat no siempre fue el mismo; a veces se relajaba y así por ejemplo, Nehemías, que vivió durante la dominación persa de Judea y al que se le atribuye el libro sagrado que lleva su nombre, tomó medidas drásticas contra quienes violaban el Sabbat prensando uvas, comerciando y cargando fardos dentro del casco urbano de Jerusalén. “En aquellos días vi en Judá a algunos que pisaban en lagares en el día del descanso y que acarreaban haces y cargaban asnos con vino, uvas, higos y toda suerte de carga las cuales traían a Jerusalén en el día del descanso; y los amonesté acerca del día en el que vendían estas provisiones…” (Nehemías, 13, 15-22).

Vista del interior de la sinagoga de El Cairo (Egipto).

Y a veces, el rigor fue aun mayor. Según nos cuentan el Primer Libro de los Macabeos, un grupo de hombres, mujeres y niños que estaban refugiados en el desierto, se dejaron matar por los soldados sirios antes que violar el día del Sabbat ofreciendo resistencia armada. “Muchos corrieron tras ellos y los alcanzaron. Los cercaron y se prepararon para atacarles el día del Sabbat. Les dijeron: “Basta ya, salid, obedeced la orden del rey y salvareis vuestras vidas”. Ellos les contestaron: “No saldremos ni obedeceremos la orden del rey de profanar el día del Sabbat”. Asaltados al instante, no replicaron ni arrojando piedras ni atrincherando sus cuevas. Dijeron: “Muramos todos en nuestra rectitud. El cielo y la tierra nos son testigos de que nos matáis injustamente”. Les atacaron pues en sábado y murieron ellos, sus mujeres, hijos y ganados: unas mil personas”. (Primer Libro de los Macabeos, 2, 32-38).

En el Libro de los Números se llega a más, pues se establece la pena de muerte para quienes violen el sábado: “Estando los hijos de Israel en el desierto, hallaron a un hombre que recogía leña en el día del reposo. Y los que le hallaron recogiendo leña, lo llevaron ante Moisés y Aarón y ante toda la congregación; y lo metieron en la cárcel porque no estaba claro qué hacer con él. Y Yahvé dijo a Moisés: irremisiblemente muera aquel hombre; apedréelo toda la congregación fuera del campamento. Entonces lo sacaron fuera del campamento y lo apedrearon y murió, como Yahvé ordenó a Moisés” (Números, 15, 32-36). Para mí personalmente, esto ya es el colmo, pero que yo sepa, sólo se conoce ese caso. Sin embargo, el profeta Ezequiel consideraba que uno de los principales crímenes que llevaron a Israel a la ruina era la violación del Sabbat.

Mesa dispuesta para el Sabbat. Óleo contemporáneo.

Pero santificar el sábado no consistía ni consiste exclusivamente en no trabajar, sino que ese día es día de culto a Dios en la sinagoga y es un día de fiesta y de alegría. El sábado no se ayuna y mientras que en el resto de los días de la semana la familia se reúne dos veces para comer, en el Sabbat se hacen tres comidas familiares. En la mesa se ponen los mejores menajes que tienen en la casa (vajilla, cubertería…), se pone una copa de plata llena de vino dulce y dos panes cubiertos con un paño bordado. Los dos panes simbolizan la doble porción de maná que recogían los israelitas cuando andaban por el desierto: “El día sexto recogieron doble cantidad de comida, dos gomeres para cada uno; y todos los responsables de la congregación vinieron y se lo hicieron saber a Moisés. Y él les dijo: Esto es lo que ha dicho Yahvé: Mañana es día de reposo, el descanso consagrado a Yahvé. Lo que tengáis que cocer, cocedlo hoy y lo que tengáis que cocinar, cocinadlo y todo lo que os sobre, guardadlo para mañana” (Éxodo, 16, 22-23).

Cuando se vuelve a casa después de haber participado en los servicios religiosos en la sinagoga, se reúne toda la familia para cantar himnos y en especial, un canto de elogio a la mujer: “Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su valor sobrepasa largamente a las piedras preciosas. En ella está confiado el corazón de su esposo y no le faltarán ganancias. Ella le da el bien y no el mal durante todos los días de su vida. Ella busca lana y lino y con voluntad, los trabaja con sus manos. Ella es como la nave del mercader, que trae su pan desde lejos. Aun de noche se levanta para dar de comer a su familia y darles su ración a sus criados. Considera la heredad y la compra, planta con sus manos las viñas, ciñe de fuerza sus lomos y esfuerza sus brazos. Tiene cuidado de sus negocios y su lámpara no se apaga durante la noche. Aplica su mano al huso y sus manos a la rueca. Alarga su mano al pobre y extiende sus manos al menesteroso. No le teme a la nieve porque toda su familia está vestida de doble ropaje. Ella hace tapices y su vestido es de lino fino y púrpura. Su marido es conocido cuando se sienta en la puerta con los ancianos. Hace telas y las vende y da cintas al mercader. La fuerza y el honor son sus vestiduras y se ríe de lo que ha de venir. Abre su boca con sabiduría y en su lengua está la ley de la clemencia. Conoce los caminos de su casa y no se come el pan de balde. Sus hijos al levantarse, la llaman bendita y también la alaba su esposo. Aunque muchas mujeres han hecho el bien, tú las sobrepasas a todas. Engañosa es la gracia y vana es la hermosura. La mujer que teme a Yahvé, será alabada. Dadle del fruto de sus manos y alábenla en las puertas por sus acciones”. (Proverbios, 31, 10-31).

Celebración del Sabbat en familia. Óleo contemporáneo.

Se recita la bendición sobre el vino permaneciendo el pan cubierto y eso se hace así para no causar ofensa alguna al ser el vino santificado el primero. Mientras esto se hace, las luces están apagadas. La última comida, la del crepúsculo, se realiza después de hacer la Havdalah, que es una ceremonia doméstica que simboliza el final del Sabbat y que anuncia la llegada de una nueva semana.

Esta costumbre o precepto judío de guardar el Sabbat era conocida sobradamente por nuestro Señor, que afirmó en más de una ocasión que había que cumplirla, pero siempre dándole más importancia al espíritu que a la letra. No despreciaba el Sabbat, pero criticaba el exceso de rigor de los fariseos. Llegó a decir: “El sábado está hecho para el hombre y no el hombre para el sábado; por lo tanto, el Hijo del Hombre está por encima del sábado” (Marcos, 2, 27-28).

Antonio Barrero

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