Princesa Skema-monja Elena (Safta) Brâncoveanu

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Retrato de Elena (Safta) Brâncoveanu.

Retrato de Elena (Safta) Brâncoveanu.

La skema-monja Elena (Safta) Brâncoveanu fue una mujer famosa, princesa filantrópica y monja que vivió en Moldavia y Valaquía. Nació en Iași, capital del principado de Moldavia, siendo hija de Teodoro Bals – un noble del país, posteriormente caimacam (agregado al príncipe) de Moldavia (1856-1857) -, y de su esposa Zoe Rosetti-Bals. Al bautizarla se le impuso el nombre de Isabel, aunque por lo general, se la conoce por el apodo de Safta.

Siendo joven, Safta estudio en las escuelas más importantes del país, cuando este se encontraba bajo la influencia de familias griegas de El Fanar, un barrio de Constantinopla, las cuales gobernaron Moldavia y Valaquia por espacio de un siglo; por lo tanto, el lenguaje en el colegio era el griego, que Safta aprendió perfectamente. Su madre era una mujer muy piadosa, que le enseñó también a ser piadosa y respetuosa con las leyes de la Iglesia.

En el año 1793, teniendo unos dieciocho años de edad, Safta se casó con Gregorio Brâncoveanu Basarab (1767-1832), gran gobernador de Valaquia y descendiente de la familia Basarab que había gobernado Valaquia y que era biznieto de San Constantino Brâncoveanu, el último descendiente varón, que además era príncipe del Sacro Imperio Romano Germánico, como lo demuestran los sellos de la serie de su familia. Por desgracia la pareja no tuvo hijos, por lo que adoptaron a una hija de la hermana de Safta, llamada Zoe, que criaron y educaron hasta que se casó con Jorge Bibescu, futuro príncipe de Valaquia (1843-1848).

La principal virtud de la familia era la caridad, ya que siendo ambos muy ricos, siguieron el ejemplo de sus antepasados y ayudaron a los pobres con buena parte de su fortuna. Safta y su esposo donaron también dinero, ropa, libros, iconos y vasos sagrados a diferentes iglesias de Bucarest, a los monasterios de Oltenia que habían sido fundados por su antepasado San Constantino Brâncoveanu y a la iglesia de San Nicolás de Schei en Brasov, único vestigio oficial de templo ortodoxo rumano en aquel momento en Transilvania. También restauraron en Bucarest la iglesia “Bălașa”, construida por el príncipe del mismo nombre, hijo del gran Voivoda.

Busto de mármol de Safta Bracoveanu conservado en el hall del hospital.

Busto de mármol de Safta Bracoveanu conservado en el hall del hospital.

El hospital “Brâncovenesc
Después de muchísimos problemas y de una terrible enfermedad, Gregorio murió el 27 de abril de 1832, dejando viuda a Safta, que retornó a Iasi, a casa de su familia. Sin embargo, no estuvo allí mucho tiempo, pues el mismo año, Safta y su madre ingresaron como monjas en el monasterio de Văratec. Allí Safta se convirtió en Elena y su madre en Isabel. Es muy probable que su madre muriese ese mismo año. Safta apartó su dolor e incluso, siendo ya monja, volvió a Bucarest durante un tiempo ya que tenía intención de realizar testamento. Gregorio la había dejado como única heredera de su gran fortuna instruyéndola para que “construyese un hospital a fin de que en su memoria, fueran atendidos todos los necesitados”. La construcción comenzó en el año 1835 sobre la base de un acuerdo de caridad establecido en el año 1751 por el mismo príncipe “Bălașa”, terminándose en octubre del 1837 y estando en uso desde 1838 hasta el año 1984. Era el conocido Spitalul Brâncovenesc (el hospital de Brâncoveanu).

En el contrato de construcción que se firmó el 28 de agosto de 1835 puede verse el proyecto arquitectónico (tiene sótano, planta baja y dos pisos), los materiales necesarios (por ejemplo: un millón ochocientos noventa mil ladrillos, cal, arena, estacas), que demuestran que desde sus comienzos tenían sus principios muy claros. Todo esto fue literalmente respetado. Al final, Safta, escribió un testamento propio dejando muchas casas y seis fincas en Valaquia, por lo que el precio de su contrato de arrendamiento debería cubrir los costos del hospital. También dejó claro que ningún político – ni interno ni externo -, sometiera nunca el hospital bajo su control, no estando nadie facultado ni para vender ni para comprar los estamentos del hospital.

En un segundo documento llamado “La declaración del reglamento interno de mi hospital Brâncovenesc” y firmando con el nombre de Safta, escribió el 28 de octubre de 1838 cuales eran las competencias del “iconom” (una especie de director ejecutivo) y del resto del personal: médico, cirujano, cirujano segundo, secretaria, enfermeras, enfermera de lavandería, lavanderas, portero, etc. Estableció también claramente cuales serían sus salarios. El portero tenía que aceptar a cualquier enfermo en el hospital “sin diferencia alguna de nacionalidad, condición social, religión, e igualmente fuera hombre o mujer”. Los miembros de la “Epitropia” (Consejo del hospital) darían un informe anual de los gastos a los miembros de la sociedad civil, compuesto por los metropolitanos, obispos, nobles y dirigentes del gremio de artesanía.

Vista del Spitalul Brâncovenesc.

Vista del Spitalul Brâncovenesc.

Monja Elena
Cuando volvió al monasterio de Văratec, continuó haciendo otras donaciones a iglesias, lo que provocó cierta preocupación. Junto con dos fincas, hizo que los numerosos objetos de plata de su familia fueran fundidos para que se transformasen en engastes de los libros litúrgicos, evangeliarios, iconos, cruces, vasos sagrados y bases de altares. Con sus donaciones también se realizaron ropas para sacerdotes y obispos, como por ejemplo, los ornamentos con los que fue sepultado el obispo San Calinico en el año 1868 y que ella donó en el 1851.

En el año 1859 el escritor Demetrio Bolintineanu escribió en su obra “Viajes a Moldavia” sobre el monasterio de Văratec, definiendo a la monja Elena, o Safta, como “esa mujer extraordinaria para nuestros tiempos, porque dejó una posición brillante, gran riqueza, manteniéndose solo con una pequeña parte de sus ingresos, retirándose a este monasterio”. Este escritor sigue diciendo que Safta era muy patriótica y que tras el final de la guerra de Crimea en el año 1856, esperaba que Moldavia y Valaquia se unieran rápidamente. En aquel tiempo ella le habría dicho a las monjas: “Falta poco para que acabe mi vida y deseo ver el principado unido. Si pierdo esta esperanza, no tengo ninguna razón para vivir”.

Cuando ya fue anciana se convirtió en una skema-monja, como su madre lo había sido unos años antes. Pasó a la paz eterna el día 8 de agosto de 1857 siendo sepultada junto a la tumba de su madre, la skema-monja Isabel. El 24 de enero del 1859, Moldavia y Valaquia se unían después de haber sido elegido unánimemente el príncipe Alexandru Ioan Cuza.

Escultura de Elena (Safta) Brâncoveanu.

Escultura de Elena (Safta) Brâncoveanu.

Veneración
En su testamento, Safta Brâncoveanu escribió también una especie de “maldición”: “Quién se aleje o quién acepte añadir a sus posesiones algunas de estas (fincas) sea despedido de la presencia de Cristo (…) ya que este hospital y sus propiedades están destinados al bien de la comunidad”. A pesar de esto, el hospital Brâncovenesc empezó a tener problemas después de la reforma agraria de 1921, cuando se nacionalizaron todas sus propiedades. El rey Carlos II ayudó a la institución, por lo que se resistió durante la Segunda Guerra Mundial, aunque temporalmente se transformó en un hospital militar. En el 1946 fue expropiado por el gobierno comunista.

Finalmente, después del terremoto del 1977, el dictador Ceaușescu planeó la construcción de lo que llamó “una ciudad moderna”. Aunque el hospital no estaba en la ruta prevista del “bulevar de la victoria del socialismo”, fue demolido aunque estaba recién renovado con posterioridad al terremoto. Existe una leyenda urbana que dice que Ceausescu buscaba los tesoros de la familia Brâncoveanu que estaban ocultos en el hospital. Pero también hay otra leyenda que dice que el dictador fue golpeado por la maldición de Safta, que estaba escrita en el frontispicio del hospital y que hoy se guarda en el Museo de Historia de Bucarest: “El que se atreva a destruir este asentamiento morirá de terrible muerte en un día de Navidad. Ceausescu fue fusilado después de una revuelta popular el día de Navidad del año 1989.

Los restos de Safta Brâncoveanu fueron exhumados del cementerio en una fecha que es desconocida y están almacenados en el osario del monasterio, aunque no está claro el lugar exacto de su emplazamiento. A pesar de esto, hay un cierto renacimiento de culto popular. Frecuentemente se le recuerda relacionada con el demolido hospital, pero también se la recuerda en las Sagradas Liturgias celebradas en las iglesias a las que ayudó. Existe una estatua, en la que está representada como princesa, que ha sido recientemente erigida en el patio del monasterio Văratec, cerca del altar de la iglesia principal. En algunos sitios de Internet mencionan su santa vida y una posible canonización en el futuro.

Mitrut Popoiu

Bibliografía:
– Bălan, I. Patericul românesc, Sihăstria, 2005, 396-397
– Bolintineanu, D. Călătorii, Bucuresti, 1987
– Bulat, T.G., Daniile domniței Safta Brâncoveanu mănăstirii Văratec, in: “Universul“, 1937, nr. 286 and 293
– Manea, P., Testamentul Saftei Brâncoveanu sau primul „Regulament de ordine interioară al unui spital din România”, consultado en 22.06.2015
– ***,In memoriam Safta Brâncoveanu, consultado en 22.06.2015

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