Contestando a algunas breves preguntas (XXXIV)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Tríptico de los mártires ingleses del Ushaw College de Durham.

Tríptico de los mártires ingleses del Ushaw College de Durham.

Pregunta: Saludos y muchas gracias por leer esto. Mi pregunta y duda es la siguiente: ¿Cuáles son los nombres de estos mártires que aparecen en este tríptico? Solo he logrado identificar a dos de ellos y que están en el centro y que son Santo Tomás Moro mártir de Inglaterra y Gales al igual que San Juan Fisher, obispo mártir ¿Me podrían ayudar a saber cómo se llaman el resto de los mártires?

Respuesta: Con mucho gusto lo hacemos aunque hemos tenido que asesorarnos previamente por el Ushaw College de Durham, que es donde se encuentra. De izquierda a derecha de la foto que nos has proporcionado, aparecen:

En el panel de la izquierda: Los Mártires de los Condados del Norte;
1.- Beato Tomás Percy, conde de Northumberland, decapitado en York en el año 1569 (a la izquierda)
2.- Beato Ricardo Hurst, granjero, ahorcado en Lancaster en el año 1628 (fondo central, vestido de verde)
3.- Beato Tomás Plumtree, sacerdote, ahorcado en el mercado de Durham en el año 1570 (a la derecha)
4.- Santa Margarita Clitherow, ejecutada en York en el año 1586 (en primer plano centro)

En el panel central:
5.- San Juan Fisher, obispo de Rochester, decapitado en Tower Hill el 22 de junio 1535 (izquierda, vestido de rojo)
6.- Santo Tomás Moro, decapitado en Tower Hill el 6 de julio de 1535 (derecha, vestido de gris oscuro)
Detrás de los dos santos está la Torre de Londres.

Los escudos de debajo de los dos santos son:
a) Diócesis de Rochester (izquierda)
b) Juan Fisher (centro)
c) Tomás Moro (derecha)

En el panel de la derecha: Mártires del Colegio de Douay;
7.- San Juan Boste, sacerdote del seminario, ejecutado en Durham en el 1594 (izquierda, sosteniendo un crucifijo)
8.- Beato Tomás Sherwood, estudiante de la iglesia, ahorcado en Tyburn en el 1577 (centro, sostiene el papel enrollado)
9.- Beato Juan Ingram, sacerdote del seminario, condenado con Boste, ejecutado en Gateshead en el año 1594 (derecha)
10.- San Cutberto Maine, protomártir de todos los sacerdotes del seminario, ejecutado en Launceston, Cornualles en el año 1577 (en primer plano, arrodillado y con un libro dorado).
Detrás de los cuatro santos aparece el Colegio de Douay.

Fachada de la Basílica de María Auxiliadora en Turín.

Fachada de la Basílica de María Auxiliadora en Turín.

Pregunta: He leído el artículo que publicaron ustedes el día 15 de diciembre del 2014 sobre los santos Octavio, Solutor y Adventor. ¿Me podrían decir qué relación tienen estos santos mártires de Turín con los salesianos? Muchas gracias por vuestra amabilidad.

Respuesta: Aunque solo de pasada este tema ya se tocó en nuestro artículo publicado el 24 de mayo del año 2013; por eso, yo te lo amplío más. La tradición dice que la actual basílica de María Auxiliadora está construida sobre el lugar donde dos de estos mártires sufrieron el martirio. Los salesianos, que tienen en la cripta de esta basílica las reliquias de algunos mártires de las catacumbas de Roma, consideran que el suelo sobre el cual está edificada la basílica es una tierra santificada por la sangre de estos mártires.

La tradición salesiana dice que fue la Virgen la que indicó a San Juan Bosco donde quería que edificara su templo, como así nos lo cuenta el propio Don Bosco en uno de sus sueños: “Recurrí de nuevo a la amable Señora y Ella me mostró otra iglesia bastante grande y con una casa al lado. Me llevó un poco más allá hasta un terreno cultivado y me dijo: “En este lugar, donde los gloriosos mártires de Turín, Adventor y Octavio sufrieron el martirio. Sobre esta tierra bañada y santificada con su sangre quiero que Dios sea honrado de modo muy especial”. Y así diciendo, adelantó un pie hasta ponerlo en el punto exacto donde tuvo lugar el martirio y me lo indicó con precisión”.

Si lees de nuevo el artículo que escribimos sobre estos santos comprobarás que Adventor y Octavio fueron martirizados en Turín, pero Solutor fue sacrificado a orillas del río Doria Riparia, que es un afluente del Pó, o sea, que lo que dijimos en el artículo es coincidente con lo dicho por Don Bosco: en territorio ocupado por la ciudad de Turín, solo fueron martirizados dos de ellos. Aunque las reliquias de estos tres santos no se conservan en la basílica de María Auxiliadora, sin embargo, en su fachada exterior hay estatuas de ellos.

Vista del conjunto escultórico de los Santos, obra de Nanni di Bianco (1408-1415). Iglesia de Orsanmichele, Florencia (Italia).

Vista del conjunto escultórico de los Santos, obra de Nanni di Bianco (1408-1415). Iglesia de Orsanmichele, Florencia (Italia).

Pregunta: El San Severino que el Martirologio Romano menciona el 8 de noviembre y del que dice que era un soldado romano martirizado en tiempos de Diocleciano, ¿es uno de los cuatro mártires de la Vía Labicana?

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Respuesta:
Bueno, esta es una pregunta que no es fácil de contestar y que daría para un artículo mucho más completo y también mucho más complejo. Aun así, comprendiendo que el artículo sería engorroso, prefiero darte una respuesta más corta que espero te aclare algo o quizás, te suscite nuevas dudas.

Entre los siglos VI-VII el culto de estos cuatro mártires de la Vía Labicana se confundió e incluso se mezcló con el de los mártires de Panonia, que estaban en la basílica romana del Monte Celio, muy cerca de la Vía Labicana, y cuyos restos habían sido trasladados a la ciudad a fin de protegerlos de las incursiones de los bárbaros, que como bien sabes, se iniciaron a finales del siglo V. Esta asimilación o confusión del culto podría explicar el por qué Severino se convierte en Severiano, nombre de uno de los mártires de Panonia (los Cuatro Coronados), que a su vez fue tomado del grupo de los cuatro mártires de Albano (Segundo, Severiano, Carpóforo y Victorino).

Este lío del Martirologio entre los mártires de Panonia, los mártires de la Vía Labicana y los cuatro mártires de Albano, ha hecho que muchos hagiógrafos hayan ido de cabeza realizando numerosos estudios históricos, por lo que la última palabra aun no está dicha, aunque algunos han pretendido reconstruir los nombres de los mártires de Panonia, que como bien sabes son conmemorados el 8 de noviembre. En este ir y venir se ha perdido la conmemoración de los cuatro mártires romanos de la Vía Labicana, que incluso han sido suprimidos en la última edición del Martirologio Romano. Hay quienes defienden que es “probable” que los restos de un San Severino que el Papa Gregorio XVI regaló a la iglesia de los Santos Francisco y Mateo en Nápoles y que finalmente fueron donados a mediados del siglo pasado al “Opus Dei”, sea el de uno de estos mártires de la Vía Labicana, cuya conmemoración también se celebraba el día 8 de noviembre.

Martirio de los Santos. Lienzo barroco de Jacopo Ligozzi, s.XVII.

Martirio de los Santos. Lienzo barroco de Jacopo Ligozzi, s.XVII.

Este San Severino ¿era un soldado mártir en tiempos de Diocleciano? ¿Fue martirizado el 8 de noviembre? Eso nadie lo puede afirmar por completo. Como he dicho antes este Severino sería producto de la asociación al culto que en Roma se tributada a los Cuatro Coronados, uno de ellos llamado Severiano. Hay quienes incluso ha llegado a llamarlo Severo. En Roma su culto fue en detrimento, mientras que en Nápoles fue en aumento.

¿Se puede asegurar al cien por cien que este Severino procedía de la basílica al Celio o era uno de los cuatro de la Vía Labicana? Pues no, porque en tiempos de Gregorio XVI, el culto a estos últimos mártires había caído en el olvido y se le llamaba Severino a uno de los mártires de Panonia y no al mártir de la Vía Labicana. Todo un lío, ¿verdad?

Si algún día pudiera demostrarse que este San Severino que envió el Papa Gregorio XVI a Nápoles fue sacado de las catacumbas romanas (o sea, que es un cuerpo santo) y no las sacó de la basílica al Celio, podríamos pensar que la identificación de este Severino con el festejado el 8 de noviembre es puramente casual, y que lo mismo que se llama Severino, se podría haber llamado Félix, Teodoro, Victorio o cualquiera de los otros nombres inventados a tantos cuerpos santos innominados inicialmente. Ya en este blog hemos escrito en abundancia acerca de la extracción de cuerpos santos de las catacumbas entre los siglos XVI al XIX.

Aun así, ¿por qué la Congregación del Culto Divino, al incluirlo en el Martirologio Romano, lo hizo romano y martirizado en tiempos de Diocleciano, lo ha querido vincular a este Severino con el 8 de diciembre, dando a entender que es uno de los cuatro mártires de la Vía Labicana? Pues vete tú a saber el por qué: posiblemente, por el capricho de un alto jerarca en ese Dicasterio. Este tema podríamos complicarlo aun mucho más si nos atenemos a los nombres que otros hagiógrafos dan a los Cuatro Coronados llamándolos Claudio, Nicostrato, Simproniano y Castorio, según una inscripción atribuida al Papa San Melquíades, pero, ¿para qué vamos a liar más la guita?

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Contestando a algunas breves preguntas (XXXIII)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Sacerdote ortodoxo con el “epigonation” y el “nabedrensk”.

Sacerdote ortodoxo con el “epigonation” y el “nabedrensk”.

Pregunta: Os envío esta foto en la que un sacerdote ortodoxo lleva colgada de la cintura dos bolsas. Os rogaría me indicaseis si son ornamentos litúrgicos. Gracias desde Holanda.

Respuesta: Pues sí lo son y te estás refiriendo al “epigonation” y al “nabedrensk”. El “epigonation”, llamado también “palitsa” es un losange en forma de rombo de unos treinta centímetros de lado, hecho de tela fuerte y resistente, que normalmente va adornado con bordados y con una cruz o una imagen. Lo llevan los obispos y algunos sacerdotes colocado a la altura de la rodilla derecha atado por una cinta que pasa por el hombro izquierdo o que está atada a la cintura. Hasta el siglo XII sólo lo llevaban los obispos, pero con posterioridad se les concedió a los “protosincellos” y a otros dignatarios eclesiásticos. El “epigonation” deriva del pañuelo o servilleta que se usaba en Roma como parte integrante de algunas vestimentas ceremoniales, como por ejemplo, cuando un cónsul inauguraba los juegos en el circo.

En la liturgia bizantina rusa existe otra especie de “epigonation”, que es alargado y rectangular, llamado “nabedrensk” (bolsa). Esta es la primera insignia que en la Iglesia Ortodoxa Rusa se concede a algunos sacerdotes en premio a sus méritos. Si el sacerdote que es así honrado tiene además el derecho de llevar el “epigonation” (como es el caso de esta foto), entonces suspende el “nabedrensk” sobre el otro costado.

Pregunta: Buenos días, quisiera saber algo sobre San Juvencio Mártir, y su iconografía. Muchísimas gracias y enhorabuena por el blog.

Respuesta: San Juvencio aparece en el Martirologio Jeronimiano el día 1 de junio con esta anotación: “Romae Joventi” y en esa misma fecha fue incluido en el Martirologio Romano. Los hagiógrafos críticos dicen que el nombre no es más que una mala transcripción del nombre de San Jovita, mártir de Brescia, que en el Martirologio Jeronimiano se conmemora el 16 de febrero, llamándolo “Juventiae”. Por otro lado quiero decirte también que a San Evencio, obispo de Pavía, también se le llama Juvencio, pero este nombre es incorrecto.

Resumiendo, que San Juvencio como tal santo histórico, no existe, luego sobre su iconografía no se puede decir nada. ¿Puede existir algún cuerpo santo con ese nombre? Es posible, pero yo no lo conozco.

Entrada a la Tumba del Huerto en Jerusalén.

Entrada a la Tumba del Huerto en Jerusalén.

Pregunta: ¿Es cierto que algunas confesiones protestantes veneran en Jerusalén otra supuesta tumba de Cristo distinta a la que se encuentra en la Basílica de la Anástasis? Gracias desde Canadá.

Respuesta: Es cierto y vamos a intentar explicarlo. El evangelio de San Juan nos dice: “En el lugar donde fue crucificado había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual todavía no habían sepultado a nadie” (Juan, 19, 41) y de hecho, actualmente en Jerusalén hay un huerto con una tumba y dentro de ella dos cámaras funerarias: es la llamada “Tumba del Huerto”. Pero San Juan escribió su evangelio en el siglo I y ahora estamos en el siglo XXI, luego en este tiempo “ha llovido mucho” como para que las cosas sigan igual. Esa tumba se puede visitar, existe dentro de ella una cruz bizantina pintada en la pared acompañada de las letras griegas Alfa y Omega (Principio y Fin) y cerca del sepulcro hay un pequeño promontorio en el que con un poco de imaginación puede adivinarse una especie de calavera. Estos signos son más que suficientes para que algunas confesiones protestantes – especialmente, evangélicos y mormones -, den por hecho que ese es el lugar señalado por San Juan, lo que hace que varios cientos de miles de personas la visiten cada año. La tumba fue adquirida en el año 1894 por una asociación británica que pagó por ella unas dos mil libras esterlinas de la época.

Interior de la Tumba del Huerto, en Jerusalén.

Interior de la Tumba del Huerto, en Jerusalén.

Esta tumba está aproximadamente a medio kilómetro de la Basílica del Santo Sepulcro. Fue encontrada por un campesino en el año 1867 dentro de sus tierras y como por entonces los otomanos empezaron a permitir la llegada de peregrinos extranjeros a Tierra Santa, algunos protestantes que al llegar a Jerusalén se encontraron con la Basílica de la Anástasis totalmente abandonada y disputada entre católicos y ortodoxos y como ellos buscaban cierta paz interior, vieron el cielo abierto cuando se descubrió esa tumba, que estaba a las afueras de la ciudad y que coincidía con lo que había escrito Juan en su evangelio. Un argumento más fue que la Basílica del Santo Sepulcro estaba dentro de la ciudad cuando todos sabemos que la crucifixión se realizó en el Gólgota, que estaba extramuros. Pero otra vez hay que recordar cómo estaban las cosas en el siglo I y como estaban en el siglo XIX.

Cierto es que cuando Jesús murió alrededor del año 30 de nuestra Era, el Gólgota estaba extra muros de Jerusalén, pero también es cierto que entre los años 41 al 44, Herodes Agripas construyó las murallas de esa parte de la ciudad dejando el Calvario dentro de la misma. Cuando Santa Elena encontró el sepulcro de Cristo en el año 326 se encontró con que existía una tradición no interrumpida de obispos que mantenían la tradición de que aquel era el lugar donde Cristo había muerto y había sido sepultado, aun a pesar de la construcción del templo de Venus que hizo el emperador Adriano cuando quiso rehacer la ciudad de Jerusalén al estilo de cualquier otra ciudad romana. No nos olvidemos que previamente, el emperador Tito había destruido la ciudad en el año 70.

Beatos mártires misioneros oblatos de María Inmaculada.

Beatos mártires misioneros oblatos de María Inmaculada.

Pregunta: ¿Me podríais decir qué mártires españoles beatificados están sepultados dentro del cementerio madrileño de Aravaca? Muchas gracias desde Venezuela.

Respuesta: Pues en distintas fosas comunes de ese cementerio están sepultados varios beatos mártires españoles. Como preguntas cuales son, solo te daré sus nombres sin entrar en explicaciones acerca de sus vidas y de sus martirios. Son éstos:

Beatos Germán Martín Martín, sacerdote salesiano y Dionisio Ullivarri Barjuán, coadjutor salesiano, ambos fusilados el 30 de agosto de 1936 y beatificados el 28 de octubre del año 2007.

Beatas Melchora Adoración Cortés Bueno, María Severina Díaz-Pardo Gauna, María Dolores Barroso Villaseñor, Estefanía Saldaña Mayoral y María Asunción Mayoral Peña, Hijas de la Caridad, fusiladas el 12 de agosto de 1936 y beatificadas el 13 de octubre del 2013.

Beatos Pablo Martínez Esteban, Braulio Álvarez Palacín, Luís Moreno Aliende y Aniceto Pablos Carvajal, maristas. Los dos primeros fueron fusilados el 24 de julio de 1936, el tercero lo fue el 26 de agosto y el cuarto, el 3 de noviembre del mismo año. Los cuatro fueron beatificados el 13 de octubre del año 2013.

Beatas Aurelia Arámburri Fuente, Aurora López González, Daría Andiarena Sagaseta y Agustina Peña Rodríguez, Siervas de María, fusiladas el 12 de diciembre de 1936 y beatificadas el 13 de octubre del año 2013.

Fosas del cementerio de Aravaca donde están sepultados los beatos mártires.

Fosas del cementerio de Aravaca donde están sepultados los beatos mártires.

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Beatos Juan Antonio Pérez, Manuel Gutiérrez Martín, Cecilio Vega Domínguez, Francisco Polvorinos Gómez, Juan Pedro del Cotillo, Justo González Lorente y Pascual Aláez Medina, Misioneros Oblatos de María Inmaculada y Cándido Castán San José, seglar, fusilados el 24 de julio del 1936 y beatificados el 17 de diciembre del año 2012.

Como verás, son bastantes por lo que este cementerio es lugar de peregrinación de muchos devotos que van a visitar las fosas comunes donde están sepultados para encomendarse a ellos.

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Los santos y el sufrimiento (III)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Óleo-retrato de la Santa en su lecho de sufrimiento. La leyenda dice en alemán: "Beata Ana Schäffer, ruega por nosotros".

Óleo-retrato de la Santa en su lecho de sufrimiento. La leyenda dice en alemán: “Beata Ana Schäffer, ruega por nosotros”.

Santa Ana Schaeffer
Mindelstetten (Baviera, Alemania), 18 de febrero de 1882 – 5 de octubre de 1925

Fue la tercera de los ocho hijos que tuvieron el carpintero bávaro Miguel Schaeffer y su esposa Teresa Forster. La familia no tenía muchos recursos y todos vivían de las pocas ganancias que conseguía su padre. Ana recibió la instrucción elemental en las escuelas de Mindelstetten y allí empezó a cultivar un sueño: ser religiosa y convertirse en misionera a tierras lejanas. Pero se necesitaba una dote para ser aceptada en una congregación religiosa y por eso, se marchó a trabajar a Regensburg, prestando sus servicios a una familia de buena posición social: Este fue el primer paso hacia la realización de su sueño.

Pero en aquel momento, ella no sabía que ese paso también sería el último. Su padre murió al año siguiente y ella tuvo que volver a Mindelstetten para ayudar a la familia que quedó huérfana, con cinco hermanos y hermanas más pequeños que ella. Se dedicó a trabajar tanto en su casa como en las de otros. Así transcurrieron algunos años: los pequeños de la casa crecieron y pronto no necesitarían de ella y ella podría repensarse alla lejana misión… Pero el 14 de febrero del año 1901, cuando tenía diecinueve años de edad, la desgracia hizo que quedara inválida para siempre. Sucedió en el lavadero de la casa forestal de Stammham, cerca de Ingolstadt, donde ella trabajaba: una chimenea estaba a punto de resbalar y caer y ella se subió a arreglarla, pero cayó en una tina llena de agua caliente con lejía sufriendo gravísimas quemaduras en las piernas, hasta las rodillas. La curaron en el hospital de Kosching y posteriormente, en el centro médico universitario de Erlangen, pero poco pudo hacerse contra las llagas que la acción corrosiva del detergente le habían provocado. Ana tuvo que volver a su casa de Mindelstetten después de meses de hospitalización, encontrándose inválida para siempre, convirtiendose ella y su familia en más pobres aun de lo que lo eran antes.

Vista del sepulcro de la Santa.

Vista del sepulcro de la Santa.

La familia se quedó en la ruina y ella prisionera de sus dolores, insoportables y con la certeza de que no tenían cura, que no acabarían nunca. Todo esto y con solo veintiún años de edad: una situación insoportable, no podía quedarse así, se rebelaba contra este sufrimiento sin esperaza y así se lo hizo conocer a los suyos, a sus amigos y al padre Karl Rieder, que era su párroco. La conquista de la serenidad no le llegó por súbitas iluminaciones, sino que fue una larga fatiga la que hizo que Ana se convenciera: lo suyo no era una condena, sino que era una tarea que el Señor le había confiado y a la que tenía que consagrarse; ser misionera así, desde el lecho del dolor, llena de llagas. Y lo aceptó, no como una rendición, sino como un acto de voluntad: Ana ofreció todos sus sufrimientos al Señor. Y tuvo mucho que ofrecer: las desgracias de la lavandería, las llagas, la parálisis total de sus piernas, rigidez de la médula espinal y para colmo, un cáncer intestinal. Asi, herida, hablaba de “sus sueños” en los cuales se les aparecieron Jesús y San Francisco.

Se dedicó a aconsejar y alentar a la gente que iban a solicitarle ayuda y apoyo. Se hizo necesaria, indispensable, segura y saludable; en la cama siempre estaba “de guardia” para atender a los demás incluso escribiendo cartas. No dejó de estar al servicio de los demás hasta que murió. En el mes de septiembre del 1925, una caída de la cama la dejó sin voz, solo susurraba: “Jesús, yo vivo en ti”. Después de su muerte dejó una fuerte presencia en toda la región bávara. Sepultada en el cementerio, su cuerpo fue transportado a la iglesia parroquial de Mindelstetten. San Juan Pablo II la beatificó el 17 de marzo de 1999, siendo canonizada por el Papa Benedicto XVI, el 21 de octubre del 2012.

Óleo de la Beata por Gabriel Cornelius Von Max.

Óleo de la Beata por Gabriel Cornelius Von Max.

Beata Ana Catalina Emmerick
Flamske (Alemania), 8 de septiembre de 1774 – Dülmen, 9 de febrero de 1824

Finalmente, esta religiosa venerable, mística, vidente y estigmatizada del siglo XVIII, después de un largo proceso de beatificación que duró más de ciento treinta y cinco años, fue inscrita en el catálogo de los beatos por San Juan Pablo II, el 3 de octubre del año 2004.

Ana Catalina Emmerick nació el 8 de septiembre de 1774 en Flamske bei Coestfeld (Westfalia, Alemania), siendo sus padres Bernardo Emmerick y Ana Hillers, que eran unos católicos de condición muy humildes, De pequeña, hizo de pastora y ya en este período de su vida advirtió su vocación religiosa, aunque se encontró con la oposición de su padre. Durante su juventud, Dios la colmó de grandes dones, como fenómenos de éxtasis y de visiones, aunque esto no la ayudó ya que fue rechazada por varias comunidades. En el 1802, cuando tenía veintiocho años de edad, gracias al interés de su amiga Clara Soentgen – una joven de la burguesía -, pudo entrar en el monasterio de las Canónigas Regulares de San Agustín en Agnetenberg, cerca de Dülmen. La vida en el monasterio fue muy dura para ella porque no tenía la misma condición social que el resto de las monjas y esto le hizo sufrir insistentes presiones. A esto se le unió el que sufría de varias enfermedades, como consecuencia de un incidente padecido en el año 1805, que la obligó a permanecer casi continuamente en su habitación desde el 1806 al 1812.

Cuando era una campesina, podía mantener ocultos los fenómenos místicos que se manifestaban en ella, pero en el monasterio, en un ambiente más restringido, esto le era imposible y, por lo tanto, algunas monjas, por celo o por ignorancia la hicieron objeto de insinuaciones maliciosas y de todo género de sospechas. En el año 1811 el convento fue suprimido por las legiones francesas de Napoleón Bonaparte y las hermanas tuvieron que dispersarse. Ana Catalina se puso al servicio de un sacerdote (don Juan Martín Lambert), procedente de la diócesis francesa de Amiens y que había emigrado a Dülmen. En casa de este sacerdote, a finales del 1812, los fenómenos místicos se multiplicaron y en los últimos días de diciembre recibió los estigmas de la Pasión. Durante dos meses pudo mantenerlos ocultos, pero el 28 de febrero no pudo levantarse más del lecho, que llegó a ser su instrumento de expiación por los pecados de los hombres, uniendo sus sufrimientos a los de la Pasión de Jesús.

Sepulcro de la Beata en la iglesia de la Santa Cruz de Dülmen, Alemania.

Sepulcro de la Beata en la iglesia de la Santa Cruz de Dülmen, Alemania.

Fue sometida a una investigación sobre los estigmas, los sufrimientos de la Pasión y los fenómenos místicos que se le manifestaban y la investigación demostró su absoluta inocencia y el carácter sobrenatural de los mismos. Se sabe que tuvo una visión sobre la vida de Jesús y de María, pero sobre todo de la Pasión de Cristo: por ejemplo, explicó detalladamente como era la casa donde vivía la Virgen en Éfeso y cómo era el castillo de Maqueronte, en el que fue decapitado San Juan Bautista. Es difícil saber cuales fueron efectivamente sus visiones, porque un contemporáneo suyo, el poeta y escritor Clemente Brentano (1778-1842), las publicó añadiéndole y adornándolas por su cuenta, creando así una gran confusión, que puso algunas dificultades en el proceso de beatificación.

Ana Catalina Emmerick murió en Dülmen el día 9 de febrero de 1824, llegando a ser una de las siervas de Dios más conocida de Europa. Por pertenecer a la Orden de las Agustinas, los monjes de esta Orden promovieron su Causa, que como ya he dicho sufrió varios reveses por parte de algunos obispos, del propio Papa León XIII y por motivos políticos ocurridos en Alemania… hasta que definitivamente, el 4 de mayo de 1981 se emitió el decreto de introducción de la Causa.

Fotografía de la Beata en su lecho.

Fotografía de la Beata en su lecho.

Beata Alejandrina Maria da Costa
Balasar (Portugal), 3 de marzo de 1904 – Balasar, 13 de octubre de 1955

Alejandrina Maria da Costa nació en Balasar (provincia de Oporto y archidiócesis de Braga), el 30 de marzo de 1904, siendo bautizada el 2 de abril siguiente, Sábado Santo. Su madre la educó cristianamente junto con su hermana Deolinda. Alejandrina permaneció con su familia hasta los siete años de edad, siendo entonces enviada a Povora do Varzim a la casa de la familia de un carpintero para así poder frecuentar la escuela elemental, pues en Balasar no la había. Allí hizo su primera comunión en el año 1911 y al año siguiente fue confirmada por el obispo de Oporto. Pasados dieciocho meses retornó a su pueblo para vivir con su madre y su hermana en aquella localidad lo que sería su Calvario hasta el día de su muerte. Como era de constitución robusta, comenzó a trabajar en el campo. Su infancia había sido muy animada, estaba dotada de un temperamento alegre y comunicativo, siendo muy querida por sus compañeras. Pero con doce años de edad enfermó: una grave infección (quizás una fiebre intestinal o tifoidea) la puso a un paso de la muerte. Superó el peligro, pero su físico quedó señalado para siempre. Con catorce años de edad le ocurrió un hecho que fue decisivo en su vida. Era el Sábado Santo del 1918.

Aquel día, ella, su hermana Deolinda y una muchacha aprendiza tenían intención de ponerse a coser cuando se encontraron con tres hombres que intentaban entrar en su habitación. Aunque debido a su fortaleza pudo cerrar la puerta, los tres hombres la forzaron y entraron. Alejandrina, para salvar su amenazada pureza, no tuvo suerte al saltar por la ventana de la habitación desde una altura de cuatro metros. Las consecuencias fueron terribles, aunque no inmediatas. Después de varias visitas al médico, le diagnosticaron un hecho irreversible. Con muchísima voluntad y tremendas dificultades pudo ir a la iglesia hasta que tuvo diecinueve años de edad; esto edificó de manera maravillosa a la gente de su pueblo. La parálisis fue progresando y los dolores se fueron haciendo cada vez más terribles, las articulaciones perdieron todo movimiento y quedó completamente paralizada. Era el 14 de abril de 1925 cuando Alejandrina ya no pudo levantarse de la cama, en la que permaneció por espacio de treinta años hasta su muerte.

La Beata fotografiada durante un éxtasis.

La Beata fotografiada durante un éxtasis.

Hasta el 1928 no dejó de pedirle al Señor por intercesión de la Virgen, la gracia de la curación haciendo la promesa de que si se curaba se convertiría en misionera. Pero finalmente tuvo que comprender que el sufrimiento era su vocación, lo que aceptó de manera gustosa. Decía: “Ahora, nuestra Señora me ha concedido una gracia aun mayor. Primero la resignación, después la conformidad completa a la voluntad de Dios y finalmente, el deseo de sufrir”. Pertenecen a este período los primeros fenómenos místicos, cuando Alejandrina inició una vida de gran unión de Jesús en el Tabernáculo a través de la Santísima Virgen. Un día en el que se encontraba sola, le vino de improviso este pensamiento: “Jesús, tu estás prisionero en el Tabernáculo y yo en mi cama por tu voluntad. Hagámosnos compañía”. Desde ese momento comenzó su misión: se convirtió como en la lámpara del Tabernáculo. En todas las Misas se ofrecía al Padre Eterno como víctima por los pecadores, junto a Jesús y conforme con sus intenciones. En ella crecía más y más el amor por el sufrimiento al mismo tiempo que su vocación de víctima se veía con más claridad. Hizo voto de hacer siempre aquello que creyese era lo más perfecto.

Desde el viernes 3 de octubre de 1938 al 24 de marzo de 1942, o sea, ciento ochenta y dos veces, vivió todos los viernes los sufrimientos de la Pasión. Alejandrina, superando su estado habitual de parálisis, se levantaba de la cama y con movimientos y gestos acompañados de terribles dolores, reproducía los diversos momentos del Vía Crucis durante tres horas y media. “Amar, sufrir, reparar” fue el programa que el Señor le indicó.

Desde el 1934 – invitada por el jesuita Mariano Pinho que fue su director espiritual hasta el año 1941 – , Alejandrina escribía todo aquello que Jesús le decía. En el 1936, por orden de Jesús, a través del padre Pinho, solicitó al Papa la consagración del mundo al Corazón Inmaculado de María. Esta súplica fue varias veces renovada hasta finales de 1941, cuando la Santa Sede la interrogó por tres veces a través del arzobispo de Braga. El 31 de octubre de 1942, el Papa pío XII consagró el mundo al Corazón Inmaculado de María mediante un mensaje transmitido a Fátima en lengua portuguesa. Este acto fue renovado en Roma, en la Basílica de San Pedro, el 8 de diciembre del mismo año.

Fotografía de la Beata en la cama, con una imagen de María Auxiliadora.

Fotografía de la Beata en la cama, con una imagen de María Auxiliadora.

El 27 de marzo de 1942, Alejandrina dejó de alimentarse, viviendo solamente de la Eucaristía. En el año 1943, durante cuarenta días con sus cuarenta noches, fue controlado estrictamente por médicos cualificados su absoluto ayuno y anuria en el hospital de la Foce del Duro, cerca de Oporto. En 1944, su nuevo director espiritual, el salesiano don Humberto Pasquale, alentó a Alejandrina para que continuase dictando su diario, después de comprobar las altas cotas de espiritualidad a las que había llegado. Ella lo hizo obedientemente hasta su muerte. Ese mismo año, Alejandrina se inscribió en la Unión de los Cooperadores Salesianos. Quiso colocar su diploma de Cooperadora “en un lugar en el que estuviese siempre bajo sus ojos”, para colaborar con su dolor y con sus oraciones a la salvación de las almas, sobre todos las de los jóvenes. Oró y sufrió por la santificación de los Cooperadores Salesianos de todo el mundo. A pesar de sus sufrimientos, siempre se interesaba y empeñaba a favor de los pobres, del bien espiritual de sus parroquianos y de otras muchas personas que recurrían a ella. En su parroquia, promovió la celebración de triduos, las Cuarenta Horas y la Cuaresma.

De manera muy especial, en los últimos años de su vida, acudían a ella muchísimas personas venidas desde muy lejos, atraidas por su fama de santidad; muchos de ellos, atribuían su conversión a los consejos recibidos de Alejandrina. En el año 1950 festejó el XXV aniversario de su inmovilidad. El 7 de enero de 1955 se fue preanunciado que aquel sería el año de su muerte y así, el 12 de octubre quiso recibir la Unción de los Enfermos. El 13 de octubre, aniversario de la última aparición de la Virgen de Fátima, sintieron que exclamaba: “Estoy muy feliz porque me voy al cielo” y, efectivamente, murió a las siete y media de la tarde.

Sepulcro de la Beata.

Sepulcro de la Beata.

En su tumba pueden leerse estas palabras suyas: “Pecadores, si las cenizas de mi cuerpo pueden serte útiles para salvarte, pasa sobre ellas hasta que desaparezcan, pero no peques más. No ofendas a nuestro Jesús”. Esta es la síntesis de su misma vida; exclusivamente, la salvación de las almas. En Oporto, en la tarde del día 15 de octubre, los floristas quedaron desprovistos de rosas blandas; todas habían sido vendidas. Fue un homenaje floral a Alejandrina, que había sido la rosa blanca de Jesús. Fue beatificada por San Juan Pablo II el 25 de abril del año 2004.

Estos han vivido en el sufrimiento la intimidad con el Señor, descubriendo no tanto un refugio consolador, “sino al Único que conoce el dolor y la solidaridad hasta el fondo de nuestra experiencia” (T. Bello). Ellos, ahora, son aquel “todos nosotros” como dice San Pablo, “con el rostro descubierto, reflejando como en un espejo la gloria del Señor”, han manifestado la gloria que en ellos habitaba y “de gloria en gloria” (porque la gloria de Cristo es el fruto de su Cruz…”mete aquí la mano”, dijo el Resucitado a Tomás), dieron la cara a la acción del Espíritu Santo.

Damiano Grenci

Bibliografía y sitios:
* AA. VV. – Biblioteca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi) – Voll. 1-12 e I-II-III appendice – Ed. Città Nuova
* C.E.I. – Martirologio Romano – Libreria Editrice Vaticana – 2007 – pp. 1142
* Grenci Damiano Marco – Archivo privado iconográfico y hagiografico: 1977 – 2008
* Dora Samà – “La vita nascosta in Cristo. La Monachella di San Bruno”, Sud Grafica Marina di Davoli (2006)
* AA. VV. de santibeati.it

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Los Santos y el gato (I)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Detalle de un gato en "La Anunciación" de Lorenzo Lotto.

Detalle de un gato en “La Anunciación” de Lorenzo Lotto.

Introducción
En la mitología griega y romana el gato no está presente. En cambio, solemos asimilarlo a Egipto. Heródoto narra que los egipcios le tenían gran devoción en la ciudad de Bubastis. Aquí veneraban a la diosa Bastet, representada con cuerpo de mujer y cabeza de gato. El culto al gato en la civilización egipcia se conoce desde 1550 a.C.

La simbología del gato es ambivalente: es expresión tanto del bien como del mal. Un gato puede verse en la escena de la Anunciación, obra de Vico Consorti, en la Puerta Santa de la Basílica Vaticana. Es el único caso en San Pedro del Vaticano. En la Cábala hebrea, el gato es asociado a la serpiente, símbolo del mal, siendo automáticamente convertido en emblema de la mentira y la traición, hasta tal punto de que los cristianos empezaron a representar un gato a los pies de Judas. También en el budismo el gato es asociado a la serpiente y se le reprocha que no llorara la muerte de Buda.

En la tradición patrística poco o nada se dice del gato, por lo demás, la Sagrada Escritura parece ignorarlo. Sólo hay un versículo del libro de Baruc, en el cual, profetizando la deportación a Babilonia del pueblo elegido, lo amonesta para que no caiga en los cultos paganos:

"La Virgen del Gato", óleo de Federico Barocci.

“La Virgen del Gato”, óleo de Federico Barocci.

“Tened cuidado, por lo tanto, no os volváis completamente similares a los extranjeros; que el temor a sus dioses no se apodere de vosotros. A la vista de una multitud que se postra delante y detrás de ellos y los adora, decíos a vosotros mismos: “Debemos adorarte, Señor.” Pues mi ángel está con vosotros, y es él quien se cuida de vuestras vidas. Ésos tienen una lengua pulida por un artesano, cubierta de oro y plata, pero son simulacros falsos y no pueden hablar. Y como una doncella que ama los adornos, toman oro y hacer coronas para las cabezas de sus dioses. A veces también los sacerdotes, quitándoles el oro y la plata a sus propios dioses, los gastan en sí mismos, y también lo dan a las prostitutas en los burdeles. Luego adornan con ropa, como a los hombres, los dioses de plata, oro y madera; pero no son capaces de escapar de la oxidación y la carcoma. Están envueltos en un manto de púrpura, pero hay que limpiarles la cara del polvo del templo que se posa abundante en ellos. Como el gobernador de una región, el dios tiene un cetro, pero no extermina a quien le ofende. Él tiene un puñal y un hacha en su mano derecha, pero no se librará de la guerra y de los ladrones. Por ello, es evidente que no son dioses; ¡no les temáis, pues! Así como un vaso de barro se vuelve inútil una vez roto, así también lo son sus dioses, colocados en los templos. Sus ojos están llenos de polvo, levantado por los pies de los que entran. Así como alguien que ha ofendido a un rey mantiene atrancado el lugar donde está para no ser llevado a la muerte, así los sacerdotes aseguran los templos con puertas, con cerraduras y barras, para que no sean saqueados por los ladrones. Encienden lámparas, incluso más de las que necesitan, pero los dioses no pueden ver ninguna. Son como un tramo del templo cuyo interior, se dice, se quemó, y también, sin darse cuenta, junto con sus túnicas se quemaron los insectos que se arrastran fuera de la tierra. Sus caras están ennegrecidas por el humo del templo. En su cuerpo y la cabeza anidan los murciélagos, las golondrinas, las aves, así como los gatos. De esto se deduce que ellos no son dioses; ¡no les temáis, pues!” (Bar 6, 4-22).

El gato, según los autores medievales, es tratado con sospecha y bien poca benevolencia. ¿Será culpa de esos ojos que brillan en la oscuridad y que parecen tan inquietantes? ¿O quizá por su índole sensual, que aún hoy nos hace decir “parece una gata en celo”? ¿O quizá porque, a diferencia del perro, es muy poco adiestrable, hasta tal punto de ponerlo como modelo de aquellos que no quieren someterse a las leyes divinas? He aquí por qué se asimila el gato -especialmente el de color negro- al demonio, y por extensión, a la brujería y a la blasfemia.

"Última Cena", fresco de Domenico Ghirlandaio. Convento de San Marcos, Florencia, Italia.

“Última Cena”, fresco de Domenico Ghirlandaio. Convento de San Marcos, Florencia, Italia.

El gato aparece en el arte sacro. Como ya hemos dicho antes, tenemos a Judas con el gato. Un ejemplo es Ghirlandaio y su Última Cena en el pequeño refectorio del convento dominico de San Marcos de Florencia (1481). Otros ejemplos son Lorenzo Lotto, Leonardo Da Vinci, Pieter Huys, Guido Reni, Federico Barocci y muchos otros. También el gato ha aparecido representado en lucha con el perro, en una clara alusión a la lucha entre el bien y el mal.

Sin embargo, el gato siempre ha sido útil contra los ratones, animales que valía la pena alejar porque eran portadores de la terrible peste y de otras infecciones. Esto hizo que el gato fuera un animal “de casa”, tanto que empezó a estar presente en los monasterios, entre los monjes y las monjas. El más famoso es el llamado gato cartujo. Una leyenda dice que los Cruzados que volvían de la expedición a Tierra Santa eran hospedados en las cartujas. Para compensar a los monjes por la hospitalidad ofrecida, ellos les regalaban un ejemplar de este exótico gato de pelaje azul grisáceo. Tenían fama de ser grandes cazadores de ratones, por ello los monjes empezaron a criarlos, para proteger sus graneros y despensas, así como para evitar la destrucción de sus preciosos manuscritos. Pero sólo es una leyenda, pues el gato cartujo es una de las razas felinas más antiguas, que fue importada a Francia desde Oriente por los caballeros templarios en torno al año 1100.

El gato, en las comunidades monásticas, se convirtió en casi un espejo de las virtudes propias de la vida monástica: adaptación, pobreza, soledad, discreción y capacidad de pasar repentinamente del sueño a la vigilia. Un ejemplo es el gato pintado por Antonello da Messina, en la National Gallery de Londres: “San Jerónimo en su estudio”. Aquí el gato evoca una silenciosa complicidad, una muda inspiración para los pensadores y escritores. Por último, también en la hagiografía está el gato. Una presencia esporádica, que va desde instrumento de tortura, hasta compañía caritativa.

Icono de Santa Gertrudis de Nivelles, patrona de los gatos. Obra de Marice Sariola.

Icono de Santa Gertrudis de Nivelles, patrona de los gatos. Obra de Marice Sariola.

Los Santos y el gato
Debemos iniciar, para hablar de la santidad y el gato, de la Santa de Nivelles, Gertrudis. El Martirologio Romano la recuerda el 17 de marzo: En Nivelles de Brabante, en la actual Bélgica, Santa Gertrudis, abadesa, que nacida de noble familia, tomó el santo velo de las vírgenes del obispo San Amando y gobernó con sabiduría el monasterio hecho construir por su madre, fue asidua en la lectura de las Escrituras y se consumió en la austera práctica de vigilias y ayunos.

Santa Gertrudis de Nivelles nació en Nivelles, en la región de Brabante (Bélgica) en 626 y murió el 17 de marzo de 659. Hija de Pipino de Landen, señor de Brabante y antepasado de Carlomagno, a la muerte de su padre (639) se hizo monja, junto a su madre Itta y su hermana Begga. Y la abadesa fue Itta hasta su muerte (652). Le sucedió Gertrudis, que aceptó el título, pero dejó a un fraile el poder efecto y se reservó para sí misma la tarea de instruir a monjes y monjas. Llamó de Irlanda a monjes doctos en la Sagrada Escritura y envió gente a Roma para enriquecer la comunidad con libros litúrgicos. Fue pronto rodeada de una aureola de santidad. Pero su verdadero prodigio fue la paz que consiguió entre las familias señoriales locales, divididas siempre por eternos enfrentamientos que para el pueblo sólo suponían saqueos, secuestros de rehenes y años de miseria. Cuando murió con sólo 33 años, en 659, la veneración fue inmediata.

Su cuerpo fue depositado en una capilla que posteriormente fue ampliada, arrasada y reconstruida hasta convertirse en basílica, de nuevo engrandecida, arrasada y reconstruida a través del tiempo. Sus restos serán entonces colocados en un precioso relicario del siglo XIII, destinado a ser víctima de la guerra, destruido en un bombardeo en 1940, junto con muchas viviendas de Nivelles.

Gertrudis ha sido venerada desde hace mucho como protectora contra las invasiones de ratones. La narración, carente de base histórica, es todavía señal de la admiración que siempre la ha acompañado. Esta invocación contra la infestación de roedores hace de Gertrudis de Nivelles la patrona de los gatos.

Sueño experimentado por San Juan Bosco a los nueve años de edad, en relación a Jesús, María y la salvación de las almas.

Sueño experimentado por San Juan Bosco a los nueve años de edad, en relación a Jesús, María y la salvación de las almas.

De la patrona de los gatos pasamos al sueño del santo patrón de los jóvenes: Juan Bosco. La Iglesia Católica lo recuerda el 31 de enero. Este año 2015 va a ser el bicentenario de su nacimiento en Castelnuovo d’Asti el 16 de agosto de 1815, fiesta del santo peregrino de Montpellier, que tiene en común con Don Bosco el perro, el famoso Grigio. Don Bosco murió en Turín el 31 de enero de 1888.

San Juan Bosco es el gran apóstol de los jóvenes, fue su padre y guía en la salvación mediante el método de la persuasión, de la religiosidad auténtica, del amor listo siempre para prevenir tanto como para reprimir. Sobre el modelo de San Francisco de Sales, su método educativo y apostólico se inspira en un humanismo cristiano que saca motivaciones y energías de las fuentes de la sabiduría evangélica.

Fundó los Salesianos, la Pía Unión de cooperadores salesianos y, junto a Santa María Mazzarello, las Hijas de María Auxiliadora. Entre los bellos frutos de su pedagogía, destacamos a Santo Domingo Savio, quinceañero, que bien había entendido su lección: “Nosotros, aquí en la escuela de Don Bosco, hacemos consistir la santidad en estar muy alegres y en el cumplimiento perfecto de nuestros deberes”. San Juan Bosco fue proclamado Santo en la clausura del Año de la Redención, el día de Pascua de 1934. El 31 de enero de 1988 Juan Pablo II lo declaró Padre y Maestro de la juventud, “estableciendo que con tal título sea honrado e invocado, especialmente por cuantos se reconozcan hijos espirituales suyos”.

El Martirologio Romano así lo recuerda: “Memoria de San Juan Bosco, sacerdote. Después de una dura juventud, ordenado sacerdote, dedicó todas sus fuerzas a la educación de los adolescentes, fundando la Sociedad Salesiana y, con la colaboración de Santa María Dominica Mazzarello, el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, para la formación de la juventud en el trabajo y en la vida cristiana. En este día, en Turín, después de haber cumplido con muchas obras, pasó devotamente al banquete eterno”.

Don Bosco es muy famoso por sus sueños proféticos y premonitorios, y como en las Sagradas Escrituras, el Señor habla al Santo con los sueños. El más famoso es el que tuvo a los nueve años: le pareció estar junto a su casa, en un patio muy grande, donde se veían muchos muchachos. Algunos reían, otros jugaban, no pocos decían palabrotas. Al oír las palabrotas, se lanzó a por ellos, intentando disuadirlos con puños y palabras. Pero en ese momento apareció un nombre majestuoso, noblemente vestido: su rostros era tan luminoso que no llegaba a verlo. Lo llamó por su nombre y le ordenó hacerse cargo de todos esos muchachos. Juan le preguntó quién le mandaba semejante imposible: “Yo soy Hijo de Aquélla a quien tu madre te enseñó a saludar tres veces al día”. En aquel momento apareció una mujer majestuosa junto a él, y en aquel instante, en lugar de la multitud de muchachos, había un montón de cabritos, perros, gatos, osos y otros animales. La Virgen le dijo: “He aquí tu campo, he aquí donde debes trabajar. Crece humilde, fuerte y robusto, y he aquí que lo que ahora verás que sucede con estos animales, tú deberás hacerlo por mis hijos”. Entonces, en lugar de los animales feroces, aparecieron muchos corderos mansos, que corrían, balaban y saltaban. Después de este sueño el joven Juan Bosco sintió la vocación.

Beato Ángel de Acri. Lienzo de M. Zammatei (1815).

Beato Ángel de Acri. Lienzo de M. Zammatei (1815).

El sueño de los gatos amansados que se convierten en corderos nos lleva al “predicador de los gatos”, Ángel de Acri. El Beato Ángel de Acri, religioso franiscano de la reforma capuchina, es recordado en el Martirologio el 30 de octubre: “En Acri de Calabria, el beato Ángel, sacerdote de la Orden de los Frailes Menores Capuchinos, que, recorriendo incansablemente el reino de Nápoles, predicó la palabra de Dios con un lenguaje dirigido a los simples”.

Nació en Acri el 19 de octubre de 1669, y murió en su ciudad el 30 de octubre de 1739. Lucantonio Falcone tuvo un camino vocacional singularmente trabajado. Entró y salió del noviciado capuchino dos veces. La tercera intentona fue la decisiva. Fue ordenado sacerdote en 1700 en la catedral de Cassano en Ionio. Ejercitó su apostolado como padre provincial y, sobre todo, como predicador en todo el Mediodía durante 40 años. Era conocido como el Ángel de la paz, pero la predicación sistemática fue el ministerio principal de servicio que dio a la Iglesia en la Orden Capuchina durante cuarenta años. Fue el misionero más buscado y escuchado en la Italia meridional, tanto, que se decía que cuando predicaba “en casa no se quedaban ni los gatos”. Los testimonios jurados recuerdan cómo citaba de memoria la Sagrada Escritura y cómo hacía uso siempre de la evangelización del pueblo.

En vida y tras su muerte, acaecida en 1739, realizó numerosos milagros. Su cuerpo es venerado en la basílica de Acri, que le está dedicada. Ha sido beatificado por el papa León XII en 1825. Su cuerpo, recompuesto en una urna, es objeto de veneración cotidiana en la basílica a él dedicada en la ciudad de Acri.

Si Roque de Montpellier tenía un perro caritativo, Guido de Selvena tenía un gato caritativo. Guido de Selvena, religioso franciscano de la provincia de Grosseto, nació en Selvena en 1200 y murió en el convento del Colombaio en Seggiano en 1287 o 1278. Su memoria litúrgica de Beato se circunscribe a Maremma y a la Orden, el 4 o 5 de diciembre.

Ilustración del Beato Guido de Selvena con el gato trayéndole un pájaro cazado.

Ilustración del Beato Guido de Selvena con el gato trayéndole un pájaro cazado.

El convento del Colombaio fue fundado por San Francisco en 1220 cuando regresaba de Viterbo, donde había visitado al papa Onofre III. Muchos autores, hagiógrafos y cronistas franciscanos antiguos han escrito sobre el Beato Guido, pero quien se ha ocupado de él en su mayor parte es Wadding. Todavía novicio “mereció hablar dulcísimamente con Cristo”. Transcurrió su aprendizaje en Siena, y fue llevado junto con otros jóvenes al Colombaio por el Beato Pedro Pettinaio.

El Beato Guido era un hombre de tan gran fe y amor por el Señor Jesús, que cuando estaba ya cargado de años y enfermedades, el mismo Señor quiso mandarle un gato con un afecto y una disposición singular: cada día, cazaba en el bosque un pájaro y se lo traía para que el padre Francisco de Montalcino lo cocinase y se lo sirviese al Beato. En aquella época era ya su único alimento. El mismo día en que el Beato murió, el gato también expiró a sus pies. La fecha de la muerte no es segura, de ahí que se crea que pudiera ocurrir el 21 de abril de 1287 o de 1288.

Damiano Grenci

Bibliografía y sitios:
* AA. VV. – Biblioteca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi) – Voll. 1-12 e I-II appendice – Ed. Città Nuova
* Barbagallo Sandro – Gli animali nell’arte religiosa. La basilica di San Pietro in Vaticano – LEV, 2010
* C.E.I. – Martirologio Romano – Libreria Editrice Vaticana – 2007 – pp. 1142
* Frigerio Luca – Bestiario medievale. Animali simbolici nell’arte cristiana – Ancora, 2014
* Grenci Damiano Marco – Archivio privato iconografico e agiografico: 1977 – 2015
* Jones D.M. – Animali e pensiero cristiano – EDB, 2013
* Maspero Francesco – Bestiario antico – Piemme, 1997
* Pisani Paolo – Santi, Beati e Venerabili nella provincia di Grosseto – Cantagalli. 1993
* Rossetti Felice – Un’amicizia coi baffi. Sorie di Santi e dei loro animali – Porziuncola, 2011
* Sitio web ladanzadellacreativittravelandexplore.blogspot.it
* Sitio web orthodoxie-celtique.net
* Sitio web papalepapale.com
* Sitio web wikipedia.org

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Beato Miguel Rúa, presbítero SDB

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Estampa tradicional del Beato.

Estampa tradicional del Beato.

Introducción
El carisma del fundador de una congregación religiosa debe ser acogido y amado entre sus miembros, pues son los receptores y transmisores del mismo para las futuras generaciones dentro de esa comunidad. Por ello cuando muere el fundador, es vital que quien continúa a la cabeza de la obra, esté lleno de este espíritu para proseguir y fortalecer el proyecto iniciado y echado a andar. La Congregación Salesiana también experimentó este proceso con la muerte de San Juan Bosco, luego de lo cual, fue elegido el Beato Miguel Rúa como Rector Mayor de los Salesianos, quien como veremos, fue mano a mano con el Santo Fundador, ambos distintos pero unidos e inseparables. Don Bosco inició la obra, Don Rúa la guió, el primero tiene la simpatía, el segundo el don de la organización.

Infancia
El Beato Miguel Rúa nació en Turín el 9 de junio de 1837, hijo de Juan Bautista Rúa y de Juana María Ferrero, fruto de un segundo matrimonio que le dio el cuarto lugar entre los hijos procreados, uniéndose a la prole que ya había engendrado Juan Bautista de su primer matrimonio, del que sobrevivieron tres vástagos de los cinco que tuvo con su primera esposa. Recibió el bautismo dos días después de haber venido a este mundo en la parroquia de los Santos Simón y Judas Tadeo. Desde pequeño tuvo un aspecto frágil pero con gran fortaleza interior; a la edad de ocho años murió su padre y bajo el cuidado de su madre, hizo los estudios primarios y de catecismo en una escuela local; luego estudió con los hermanos de las Escuelas Cristianas, donde conoció a Don Bosco, que iba a confesar semanalmente a los alumnos. Estos se le acercaban en remolino para juguetear con él y pedirle algún regalo: estampas o medallas. Miguelito tenía como nueve años entonces y se le acercó para pedirle algo también, pero Don Bosco no le dio nada, extendió entonces su mano izquierda mientras con la derecha hacia como que la cortaba, dándole a entender que tomara la mitad. El niño no comprendió ese signo hasta cinco años después en que tuvo la oportunidad de preguntar la razón del gesto, Don Bosco le contesto: “Mira, Rúa, quería decirte que un día iría a medias contigo. Los comprenderás más tarde”.

Don Bosco invitó a Miguelito a conocer a la obra que estaba fundando y éste aceptó. En 1852 concluyó el bachillerato con buen rendimiento y pronto se convirtió en el asistente de Don Bosco, revisando sus escritos y transcribiéndolos, organizando su correspondencia y destacando por su dedicación. Decían de Miguel que era santo como Don Bosco, con la diferencia de que este tenía cuarenta años y el otro dieciséis. El 24 de septiembre de ese año ingresó como interno al Oratorio y escuchó de San Juan Bosco esta admonición: “Comienzas una vida nueva, pero antes de llegar a la meta, hay que atravesar el desierto y el Mar Rojo, si me ayudas lo pasaremos uno y otro y llegaremos a la Tierra Prometida”.

El Beato junto a San Juan Bosco en su visita a Barcelona, España.

El Beato junto a San Juan Bosco en su visita a Barcelona, España.

Salesiano
Don Rúa estudiaba asiduamente con resultados excelentes, en tanto daba clases al alumnado, a quienes explicaba con buen dominio el sistema métrico decimal. En 1855 emitió privadamente sus votos de pobreza, castidad y obediencia; por entonces estudiaba filosofía. Entonces Don Rúa invito a su Madre a ir Oratorio para ayudar en las tareas domésticas, porque Mamá Margarita está enferma. Cuando ésta murió, el propio Don Bosco la reemplazo con su trabajo: era un signo de aprecio hacia Miguel y su madre, a quien el Santo consideraba como su primogénito.

En varias de sus idas a Roma acompañó al Santo fundador en sus entrevistas con el Beato Pio IX. Se dice que en la primera visita, besó dos veces la mano del Papa, una de su parte y otra por sus compañeros. En este tiempo Rúa era ya estudiante de Teología. El 9 de diciembre de 1859 Don Bosco anunció a sus colaboradores el proyecto de iniciar la Congregación Salesiana, fueron invitados a participar diecisiete colaboradores, que eligieron a Don Bosco Rector Mayor y Don Rúa, fue designado como director espiritual. Entonces comenzó a tomar fuerza un elogio que hizo el fundador sobre su Secretario. “Si Dios me dijera hágame una lista de las mejores cualidades que quiere para sus religiosos, yo no sé qué cualidades me atrevería a decir, que ya no las tenga Miguel Rúa”.

En diciembre de ese mismo año, recibió las órdenes menores junto con el subdiaconado; en marzo de 1860 el diaconado y, el 29 de julio siguiente fue ordenado sacerdote. En el Oratorio los chavales le hicieron un homenaje que le conmovió y les dijo: “Les puede asegurar que ya los amaba, pero en adelante los amaré mucho más, y si el Señor me ayuda, todas mis energías serán empleadas es su provecho espiritual y temporal”.

Un estilo propio
En octubre de ese año la dirección escolar y espiritual del alumnado quedó a su cargo, en donde puso su propio estilo: entusiasmo, firmeza, alegría y disciplina, por lo cual comenzó el aumento notorio del alumnado. En 1863 es Director del Colegio de Mirabello, una vez que obtuvo el título de profesor concedido por el Ministerio de Educación. Dos años estuvo al frente de esta obra tratando de que fuera un lugar alegre, con disciplina, con ambiente familiar y piadoso, como Don Bosco quería. Como él, siempre estaba rodeado de niños atraídos por su amabilidad. Don Cerruti, enviado a colaborar a su lado decía: “Mi dolor se endulza con el pensamiento de que había de encontrar allí, una copia exacta de mi maestro”.

Fotografía del Beato en su hábito sacerdotal.

Fotografía del Beato en su hábito sacerdotal.

En 1865 en llamado en Turín para colaborar como Prefecto de la Casa, pues el titular estaba enfermo y el Rector Mayor se veía desbordado por tanta actividad. Entonces fue cuando comenzó a ser el brazo derecho de Don Bosco, se encargó de los asuntos administrativos y de la correspondencia; en tanto era el titular del cargo, tuvo que dirigir también los talleres con 350 aprendices. Don Bosco estaba entonces muy ocupado en la construcción del Santuario de María Auxiliadora, cuyos gastos le mantenían absorbido el tiempo. Como su trabajo dio buenos resultados, a esas tareas Don Bosco le encomendó también la responsabilidad de la edificación de dicho santuario, también le delegó el seguimiento de “Las Lecturas Católicas” y la propia correspondencia del Santo Fundador. Entonces, bajo el peso de tanto trabajo, cayó literalmente en brazos de un amigo, a la entrada del Oratorio.

Su enfermedad era muy grave: una peritonitis avanzada que en ese tiempo ni siquiera se pensaba en curar mediante operaciones quirúrgicas. Por ello se le administraron los últimos sacramentos. Don Bosco no estaba ese día y al llegar por la tarde, le salieron al encuentro muchos jóvenes alarmados que le pusieron al tanto de la situación. Extrañamente el Santo se puso a bromear y dijo: “Voy a cenar”, luego de lo cual subió a la habitación del enfermo, quien al verlo le dijo: “Deme la Extremaunción y su bendición que me siento morir”. Le respondió serenamente Don Bosco: “Tú tranquilo, que no te marcharas sin mi permiso. No sabes la de cosas que tienes que hacer todavía”. Tres semanas después estaba curado y en su puesto de trabajo.

Fue conociendo todas las responsabilidades, fogueándose en todos los cargos que Don Bosco le encomendaba. Fue Inspector Provincial de los Colegios entre 1870 y 1872; echo mano a cuantas iniciativas comenzaban: Cooperadores Salesianos o la organización de la Congregación de las Hijas de María Auxiliadora; comenzaba a cumplirse el todo “a medias” que Don Bosco había pactado con él, pues él no tomaba resoluciones sin el visto bueno de Don Rúa.

En 1886 acompañó a San Juan Bosco a Barcelona, por esta razón compró “La Imitación de Cristo” en España y una gramática, con lo que sacó a Don Bosco de apuros. Se dice que allí le echo mano para un milagro: una mujer con su hijo enfermo se acercó para pedir la bendición de María Auxiliadora, la que una vez dada obtiene la curación para el muchacho. El mérito se le apunto a Don Bosco, que decía bromeando: “Si Don Rúa quisiera, podría hacer milagros”.

El Beato fotografiado en oración ante una imagen de la Virgen.

El Beato fotografiado en oración ante una imagen de la Virgen.

Sucesor de Don Bosco
En 1885 San Juan Bosco platicaba con Don Juan Cagliero y le preguntó que a su muerte quién le podría remplazar y éste le respondió: “Don Rúa, no hay otro”. Don Bosco confirmo entonces que era su brazo derecho. El 8 de diciembre de 1885 viviendo que su salud decaía rápidamente, el Santo lo nombra su Vicario General, dándole autoridad y plenos poderes para gobernar. La noche entre el 30 y 31 de enero de 1888, el Santo de la Juventud está agonizando, en torno suyo están sus más cercanos colaboradores y Don Rúa le habla al oído: “Denos una vez más su bendición, yo le tomaré las manos y pronunciaré la formula”. Levanta la mano del moribundo e invoca la protección de la Auxiliadora sobre todos los Salesianos presentes y esparcidos por todo el mundo. Después Don Bosco vive su propia Pascua.

Tres semanas después, el Papa León XIII recibe a Don Rúa y le dice: “Usted es el sucesor de Don Bosco; él es un santo y no dejará de ayudarlo desde el cielo”. Para entonces, el Consejo Superior de los Salesianos solicitó al Pontífice que confirmara como nuevo Rector Mayor a Don Rúa, exponiendo entre las causas, haber sido colaborador íntimo del fallecido, tener eximia virtud y reconocida habilidad en el gobierno. El Papa dio su aprobación. Dos meses luego de la muerte de Don Bosco, acompaña en su salida a una expedición misionera que parte para Sudamérica. Se le preguntó que si iba a ir a ese continente pero el contestó que como Don Bosco no había ido allá, lo más seguro es que tampoco el iría. Hasta en eso tendría semejanza.

Fotografía del Beato en su despacho.

Fotografía del Beato en su despacho.

Su programa de trabajo se podría sintetizar en estas palabras: “Continuaré la obra de Don Bosco, especialmente en favor de los jóvenes pobres y abandonados y de las misiones”. Su manera de hablar será la de un vicario, pues no dirá: “Yo les digo, yo les aconsejo” sino “Don Bosco nos enseñaba, Don Bosco quería, Don Bosco decía”. Durante su gestión, los Oratorios se enriquecieron con gimnasios y círculos sociales, las escuelas profesionales tuvieron programas teóricos-prácticos, abriéndose a los retos de la época. Junto a los Colegios dispuso internados; gracias a su interés, los enfermos leprosos, por entonces rechazados y exclusivos de la sociedad, vieron a su lado decenas de salesianos y de FMA. Las obras salesianas pasaron de 64 a 341, la misiones se triplicaron y Don Rúa visito entre 1890 y 1900 países de Europa, Asia y África. A él se debe la presencia de Salesianos en México. En 1897, en el Capítulo General comunicó su deseo de retirarse y dejar el cargo. De los 213 presentes recibió la misma cantidad de votos para que continuara en el cargo sin apelación posible.

Espiritualidad
Hombre de gran fe, tuvo un muy grande amor por los salesianos a quienes decía. “Todos los días, todos los instantes de mi jornada, yo los consagro a ustedes; yo rezo por ustedes, pienso en ustedes, trabajando por ustedes como una madre lo hace por su hijo. Solo les pido una cosa: hágase todos santos, grandes santos”. Vivió pobremente, pidió mucho pero nunca para sí mismo; se conformaba con lo último: el último lugar, la última sotana, el último pan. Sobresale por su bondad y ciertas capacidades para conocer de antemano ciertos sucesos. Transmitía confianza a quienes lo trataban, como Superior siempre actuaba con prudencia, caridad y paternidad. Gran amante de la Santísima Virgen María, durante su gobierno tuvo el consuelo de ver coronada a María Auxiliadora en su Basílica de Turín, en cuya ceremonia fue incapaz de controlar sus emociones.

Cadáver del Beato en sus funerales.

Cadáver del Beato en sus funerales.

En 1909 hubo un terremoto en Calabria donde murieron cincuenta salesianos; su salud ya deteriorada no le impidió hacerse presente para dar apoyo y consuelo a los damnificados, pero su salud se viene entonces abajo. Su voluntad férrea le hace continuar la práctica de sus penitencias, cuando se tiene la delicadeza de ofrecerle mejores alimentos por su enfermedad, lo minimiza diciendo que solo está enfermo de sus piernas. En 1910, aunque está consciente de su próximo fin, no quiere estar encamado, prefiere estar recostado en un diván para atender a las visitas. Muchos se llenan de esperanza de poder celebrar sus bodas de oro sacerdotales en julio, pero en abril todo está consumado. El Jueves Santo recibe el Viatico y recomienda: “Gran amor a Jesús Sacramentado, viva devoción a María Auxiliadora, gran respeto a los pastores de la Iglesia”. Recomendaciones hechas por Don Bosco hacía tiempo y que “yo también les dejo”.

Luego de varias crisis que arman revuelo en la casa, vuelve en sí y pide perdón humildemente por haber perturbado la paz. A su lado estaba Don Albera para acompañarlo y darle fortaleza; el 5 de abril llega un telegrama de San Pio X con una bendición que le produce mucha alegría. A los que estaban a su lado les pedía que le rezaran jaculatorias y le dieran constantemente a la absolución. Por fin la mañana del 6 de abril su alma dejó el cuerpo para ir con Don Bosco y María Auxiliadora. Sus últimas palabras fueron: “Salvar mi alma, salvar mi alma, eso es todo, eso es todo”. Fue sepultado en Valsalice junto a Don Bosco y luego inhumano en la Basílica de Turín en mayo de 1939, donde veinte años antes habían sido trasladados los restos de Don Bosco.

Culto
Murió Don Rúa como un santo y siguiendo el camino de San Juan Bosco, también subió al honor de los altares. El 29 de octubre de 1972, el Beato Pablo VI lo beatificó en una ceremonia en la Basílica de San Pedro, recordando que hasta en la Santidad Don Bosco y Don Rúa, habían ido a medias. Su celebración litúrgica tiene asignada la fecha del 29 de octubre, aniversario de su beatificación, pues el aniversario de su muerte casi siembre ocurre en la Semana Santa o de Pascua.

Sepulcro del Beato.

Sepulcro del Beato.

Oración
Dios Padre omnipotente, el Beato Miguel Rúa, sacerdote, heredero espiritual de San Juan Bosco, ayudó con su ministerio a los jóvenes a descubrir tu imagen grabada en su alma: concédenos también a nosotros, llamados a educar a la juventud, dar a conocer el verdadero rostro de Cristo tu Hijo, que…

Humberto

Bibliografía:
– BOSCO, Teresio, Familia Salesiana, Familia de Santos, Editorial CCS, Madrid 1998 pp. 45-52.
– VVAA, Año Cristiano, IV, abril, Editorial BAC, Madrid 2003 pp. 123-133.

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