Beata Alexandrina María da Costa, virgen

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Imagen de la beatificación.

Imagen de la beatificación.

Introducción
La espiritualidad salesiana tiene una profundidad muy honda y aunque su función principal es la educación de la juventud, no pierde de vista la integración de toda la comunidad para que los muchachos tengan el respaldo de los adultos. Por ello, San Juan Bosco tuvo la idea de crear a los Salesianos Cooperadores, laicos en su mayoría (incluye a sacerdotes seculares como es el caso de San José María de Yermo y Parres) para tener el apoyo de los bautizados adultos que comparten su ideal de hacer de los jóvenes “buenos cristianos y honestos ciudadanos”. Y esa formación espiritual tiene tres fundamentos: el amor a Jesucristo Sacramentado, a María Auxiliadora y el Papa. Estas devociones bien aprendidas y aún, mejor experimentadas, hacen que la espiritualidad salesiana sea semillero de santidad.

Por ello, en esta gran familia no solo caben clérigos y religiosos, misioneros y mártires: el laico tiene también un papel protagónico y aunque muchas veces entendamos que el laico tiene una figura activa y con aspecto apostólico, hoy presentamos el caso de una persona discapacitada que mediante su oración y ofrecimiento al proyecto de Dios, se ha convertido en un ejemplo asombroso de como Cristo escoge a lo débil del mundo para confundir a los fuertes. Tal es el caso de la Beata Alexandrina María da Costa.

Infancia
Nació el Jueves Santo 30 de marzo de 1904 en Balazar, provincia de Oporto y recibió el bautismo el 2 de abril siguiente Sábado de Gloria, como se le conocía entonces al Sábado Santo. Desde los seis años se enlistó en el catecismo e hizo su primera Comunión cuando tenía los siete. A esta edad le fascinaba ir a la iglesia para admirar las imágenes de Nuestra Señora del Rosario y de San José.

Tuvo una hermana que se llamaba Diolinda, de carácter sereno y apaciguado, en contraposición del de ella, que era vivaracho. “Es como una cabrita”, decía su madre. Arremetía a pedradas contra las piadosas damas que volvían de la iglesia cubiertas de sus velos negros. Esas señoras rezanderas le resultaban particularmente antipáticas: cierta vez, durante un sermón, tuvo la ocurrencia de atar de dos en dos las cintas de sus mantones; al final, luego del pequeño gran escándalo que se hizo, debió huir del templo para no explotar en carcajadas.

Fotografía de la Beata en la cama, con una imagen de María Auxiliadora.

Fotografía de la Beata en la cama, con una imagen de María Auxiliadora.

Pero punto y aparte, era una mujercita entregada a las labores domésticas: cargar la leña, lavar la ropa en el arroyo, tenía un particular empeño por la limpieza de la misma: “No consigo pensar que el Niño Jesús tuviera su ropa sucia. Siempre he pensado en llegar a ser Santa, pienso yo que el Señor no quiere suciedad en el alma ni en el cuerpo.” Con doce años comienza a trabajar como sirvienta en la casa de un campesino que vive muy lejos de su entorno. Este hombre es un bruto y exige a la niña que trabaje más allá de sus fuerzas. Tiene ante ella el comportamiento de un verdadero animal. A pesar de su juventud y la alegría que tenía por su naturaleza personal, siente verdadera amargura por esa situación. Finalmente no pudiendo soportar esto, antes de los cinco meses renuncia a su trabajo. Pero para no ser una carga para su familia, aprovechando que tiene energía física exuberante, trabaja en el campo. Puede cargar un saco de cereales con la fuerza de un adulto. Pronto cumple catorce años y se perfila como una hermosa muchacha. Las miradas se vuelven sobre ella para mirarla, algunas veces con turbias intenciones, como lo hizo su ex patrón, que se encapricha con ella. Aun hombre casado que le dedicó un piropo soez, le propina una solemne bofetón y un joven rico que la esperaba luego del trabajo con la intención de meterle mano, tiene que escuchar a voz en grito un reclamo en su contra.

Un salto de cuatro metros
El Sábado de Gloria de 1918, estaba Alexandrina en su casa, acompañada de su hermana y una amiga haciendo trabajos de costura. Entonces vieron como tres hombres se dirigían al cuarto donde ellas estaban con la intención de atacarlas y con rapidez pudieron encerrarse por dentro. Estos brutos lograron destrozar las puertas y Diolinda y la otra joven fueron retenidas por esos desgraciados. Alexandrina miró la ventana abierta y se arrojó por ella para salvarse. Fueron cuatro metros de altura los que había entre el ventanal y el suelo. Cuando pudo incorporarse tomó un palo y fue a defender a las otras dos muchachas: “¡Perros, fuera de aquí!”, les gritó amenazante. Ellos se retiraron y las jóvenes continuaron su trabajo. Poco después fue presa de fuertes dolores y estuvo obligada a guardar cama por largos períodos.

Fotografía de la Beata en su lecho.

Fotografía de la Beata en su lecho.

Luego de peregrinar por hospitales, un médico de Oporto, Juan de Almeida, le dijo claramente a su mamá: “Quedará paralítica para siempre”. Con diecinueve años, Alexandrina se postró en su cama para no levantarse más. Aquel cuerpo lleno de vida, al que la madre había comparado con una cabrita, está reducido a un guiñapo inmóvil e inútil para siempre. Es entonces a cuando Alexandrina discierne su vocación, transformándose en víctima mística junto a Jesucristo crucificado por la salvación de los pecadores de todo el mundo.

Al principio hizo todo lo posible por lograr su curación. Hasta le prometió a Dios que si se aliviaba se haría misionera y vestiría de luto toda su vida, ella a quien tanto le gustaba los vestidos atractivos. Su madre, su hermana y primas oraban por ella haciendo muchas novenas, pero sus fuerzas poco a poco se fueron disminuyendo. Entonces ella sintió la necesidad de orar y unirse a Jesús. Sin saber cómo, se ofreció a Dios como víctima por los pecadores. Así, poco a poco sus deseos de sanar se fueron diluyendo y viendo el peligro de tantas almas que tienen el riesgo de perderse, tuvo el deseo de sólo pensar en Dios.

Hubo entonces una peregrinación a Fátima, ella quería participar, pero no pudo. Entonces tiene una experiencia mística, está de pronto en su parroquia ante el Sagrario y comprendió que Jesús también estaba prisionero en el Tabernáculo, entonces le dice: “Jesús, tú estás prisionero en el Sagrario y yo en mi lecho por tu voluntad, nos haremos compañía”. Desde esa fecha peregrina espiritualmente ante todos los sagrarios y ella se siente como la lámpara viva que anuncia su presencia.

Un lecho, un altar
Pese a las limitaciones que puede significar el estar reducido a la inmovilidad en una cama, Alexandrina nunca perdió la calma, ni la alegría ni su confianza en Dios. Su vida de oración se fue profundizando al grado de profundizar en una vida mística. Desde 1931 Jesucristo se le manifiesta y la invita a inmolarse junto con él, sugiriéndole un camino a seguir: amar, sufrir, reparar. En 1936 escucha esta invitación del Señor: “Ayúdame a salvar a la humanidad”. Como su enfermedad se va agravando, su párroco decide llevarle la Comunión diariamente. Desde el 13 de octubre de 1938 hasta el 20 de marzo de 1942 sufre cada viernes los dolores de la Pasión. Se le revisa clínicamente mediante varios médicos y el mismo Papa manda a un canónigo, Manuel Vilar, a que revise con prudencia su situación. Ella vivió místicamente la Pasión íntima de Jesús, desde el mediodía hasta las tres de la tarde recuperaba el movimiento del cuerpo, casi levitando en su cama y a través de ella eran palpables, los sufrimientos del Redentor: Getsemaní, el camino al Calvario, la Crucifixión. Hay películas grabadas y fotografías que se usaron como testimonio para su beatificación. El 20 de marzo de 1939 Jesucristo le predice el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, que se iniciará el 1 de septiembre del mismo año “como castigo de los graves pecados”. Entonces ella se ofrece como víctima por la paz.

La Beata fotografiada durante un éxtasis.

La Beata fotografiada durante un éxtasis.

Mística de la Eucaristía
En 1832, el Jueves de Corpus Chisti, apareció sobre la tierra una cruz de color diverso en el camino que va de la iglesia parroquial al barrio de Alexandrina, llamado del Calvario; a pesar de los intentos hechos por el párroco para borrarla, incluso usando agua, la cruz se formaba nuevamente. En un éxtasis del 5 de diciembre de 1947, Jesús le revela el significado de esa cruz: “Envié la cruz a esta parroquia como anuncio de tu crucifixión. La cruz estaba lista, pero faltabas tú, eres la victima elegida en los planes divinos. No es sólo mi Alexandrina la que está crucificada sino Cristo en ella y con ella es como he obtenido dos frutos: el amor a la Cruz y una gran reparación”. Cabe señalar que este signo está visible hasta hoy y bien documentado.

Jesús Eucaristía se convirtió en el centro de sus atenciones, por ello se inscribió en la asociación de las Hijas de María y en el grupo de Marías de los Sagrarios Calvarios, asociación fundada por el Beato Manuel González. Sucesivamente Cristo le dice: “Ve a mis tabernáculos, vive allí, de ahí viene la fuerza para todos ámame mucho, piensa en mí; gracias a ti se salvarán muchos pecadores”. “Ven a mis tabernáculos, ven a mi escuela aprende de tu Jesús el amor al silencio, la humildad, la obediencia y el abandono”. Luego de la Comunión, Jesús le indica un nuevo tabernáculo: “¿Quieres encontrarme, hija mía? Búscame en tu corazón y en tu alma, ahí habito tu corazón como en mi tabernáculo. ¡Si supieras cuánto me consuelas y cuánto socorres a los pecadores con sólo decirme que eres mi víctima”.

Alexandrina tuvo que afrontar por ello incomprensiones, abandonos, calumnias y persecuciones, lo que afrontó y vivió eucarísticamente, perdonando siempre y ofreciendo esta prueba al Señor, que le dice también “Ánimo hija mía, te hago semejante a mí, también yo fui perseguido. Ama la soledad, ve a los sagrarios, hablemos con amor y ternura de esposos, no me dejes ni siquiera un momento solo en la Eucaristía”.

Jesús también le pide la salvación de las almas, invitándola a estar crucificada con él. También le pide, como a Santa Margarita María de Alacoque, la comunión reparadora de los nueve viernes primeros y la consagración del mundo al Corazón Inmaculado de María, su Madre. En vísperas de la Guerra Civil Española, todavía Cristo le señala el corazón de su Madre como remedio para la humanidad en peligro. Por órdenes de Jesús, pidió al Papa que se realizara dicha consagración, por lo que la Santa Sede interrogó tres veces al arzobispo de Braga sobre Alexandrina. Por fin, el Papa Pío XII consagró el mundo al Corazón Inmaculado de María el 31 de octubre de 1947. Desde entonces, la vivencia visible y sensible de la Pasión de Cristo en el cuerpo de la enferma terminó de presentarse.

La Beata en su lecho de muerte.

La Beata en su lecho de muerte.

Por espacio de trece años, inició un ayuno total que se prolongará hasta su muerte, viviendo únicamente con el alimento de la Eucaristía: “No te alimentarás ya nunca sobre la tierra, tu alimento es mi Carne, tu sangre es mi divina Sangre, tu vida es mi vida: la recibes de mí cuando uno mi Corazón al tuyo, cuando te consuelo. No quiero que uses medicinas, excepto aquellas a las que no se atribuye alimentación. Grande es el milagro de tu vida, hija mía, hago que sólo vivas de mí, para mostrar al mundo el valor de mi Eucaristía y lo que significa mi vida en las almas“.

Cooperadora salesiana
En 1945, el P. Humberto Pasquale conoce y trata a Alexandrina, a quien le da el diploma de Cooperadora Salesiana (hoy tendría que decirse “salesiana cooperadora”) para que en unión con los salesianos, trabajara por la salvación de las almas y rogase y ofrezca sus sufrimientos por todos los cooperadores del mundo. Este diploma ella lo hizo colocar en un lugar visible de su aposento para no perderlo de vista, “me siento muy unida a los salesianos y a los cooperadores de todo el mundo. ¡Cuántas veces reafirmo mi testimonio de pertenencia y ofrezco mis sufrimientos, unida a todos ellos, por la salvación de la juventud! Amo a la congregación y no la olvidaré jamás, ni en la tierra ni en el cielo”. También hizo colocar una foto de la capilla del noviciado de Mogofores, así se convirtió en la hermana víctima de los novicios salesianos que se preparan a seguir la misión de San Juan Bosco. A ellos les escribirá: “Los llevo a todos en mi corazón. Tengan confianza, Jesús estará siempre con ustedes. Cuenten conmigo en la tierra y después en el cielo, donde los espero. Por favor, rueguen por mí, soy su Alexandrina”.

En 1946, la construcción de la paz mundial se va forjando con dificultad. Jesús le promete que a su sepulcro irán muchedumbres de pecadores para convertirse, así como ya hasta su lecho se acercan multitudes. Quinientos sesenta y tres en la fiesta de San José en el año de 1953. Dos mil el 9 de mayo siguiente, seis mil el 6 de junio.

Sepulcro de la Beata.

Sepulcro de la Beata.

Última enfermedad y muerte
El 9 de abril de 1954 se cumplen doce años de su ayuno eucarístico y entonces, su vista comienza a debilitarse; debe resignarse a vivir a casi siempre en la oscuridad, incapaz de soportar un rayo de luz. Llama a su habitación “mi negra prisión” y, dirigiéndose a los pecadores, les invita a cambiar de vida afirmando: “Me he exprimido por vosotros”. Pide constantemente a Jesús morir en un día jueves y en una fiesta mariana. El 6 de mayo de 1955, la Virgen se le aparece y le dice: “Dentro de poco vendré a llevarte”. Ese lapso de tiempo se cumple el 13 de octubre, aniversario de la última aparición de Nuestra Señora de Fátima. Ese día le acompaña un grupo de personas a su lado y les susurra: “No pequen. El mundo no vale nada. Esto es todo. Reciban a menudo la Comunión. Recen el Rosario diariamente. Adiós, hasta vernos en el cielo”. Se apaga por la noche murmurando: “Me voy al cielo”.

Esa tarde se agotaron todas las rosas de Oporto, pues fueron vendidas para llevarlas a la capilla ardiente donde estaba su cuerpo. Antes de morir había pedido que se le sepultara frente al Sagrario: “En vida siempre deseé estar unida a Jesús en el Santísimo Sacramento del altar y mirar al tabernáculo cuantas veces me fuera posible, después de mi muerte quiero seguir contemplándole, teniendo la mirada fija en Nuestro Señor Sacramentado”. A su hermana Diolinda dictó su epitafio: “Pecador: si las cenizas de mi cuerpo pueden ser útiles para salvarte, acércate. Si es necesario, pisotéalas hasta que desaparezcan pero no peques nunca más. No ofendas más a nuestro Señor. Conviértete, no pierdas a Jesús por toda la eternidad. ¡Él es tan bueno!».

Culto
Su proceso de canonización fue abierto por la diócesis de Braga en 1973. En 1978 sus restos fueron exhumados y trasladados a la parroquia de Balasar, donde actualmente reposan. Fue beatificada el 25 de abril de 2004 por San Juan Pablo II. Su celebración litúrgica se asignó al 13 de octubre, aniversario de su muerte.

Oración
Dios, Padre bueno, que has dado a tu Iglesia a Alexandrina María, unida íntimamente a la Pasión de tu Hijo, para que, en todos los rincones del mundo, se encienda el amor a la Eucaristía y la devoción al Inmaculado Corazón de María; haz que seamos también nosotros morada de tu Espíritu y testimonios apasionados de tu amor misericordioso. Por nuestro Señor Jesucristo…

Humberto

Bibliografía
– BOSCO, Teresio, Familia Salesiana, Familia de Santos. Editorial CCS, Madrid 1998 pp. 141-146.
– MEMORIA, La Eucaristía, Luz y Vida del Nuevo Milenio, XLVIII Congreso Eucarístico Internacional, Guadalajara, México, 2004. Arquidiócesis de Guadalajara, A.R. Ediciones de Impre-Jal, pp. 427-431.
– VVAA, Nuevo Año Cristiano X Octubre, Editorial BAC, Madrid, 2006, pp. 346-355.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Beato Augusto Czartorysky, presbítero SDB

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Fotografía del Beato.

Fotografía del Beato.

Introducción
El pueblo polaco ha dado muchos nombres e historias al santoral, desde San Estanislao, obispo de Cracovia y mártir, hasta los Beatos Mártires de la Segunda Guerra Mundial. La vida del Beato Augusto Czartorisky se ofrece como un ejemplo juvenil de renuncia al mundo y de la lucha por lograr alcanzar la vocación a que Dios nos ha llamado. Cuando San Juan Bosco convivía con sus muchachos, para llamar su atención y ganar su confianza, les llamaba de muchas maneras, entre ellas, señor marqués y otros títulos nobiliarios. Hacia la última etapa de su vida hizo algunos viajes fuera de Italia, entre ellos Francia en 1883. En París fue invitado por el noble polaco Ladislao Czartorysky, jefe de una de las familias nobles de Polonia en el exilio. En su hogar, Don Bosco celebró la misa y le ayudó en el altar el hijo del mencionado noble. Se trata de Augusto, que cuenta con 25 años. En la primera oportunidad que tuvo le dijo: “Señor Príncipe, hace tiempo que deseaba conocerlo”. Este muchacho, heredero de una de las familias más nobles y antiguas de Polonia, podría llegar a ser jefe de esa nación.

Infancia
Augusto es hijo del príncipe Ladislao Czartoryky y de la princesa María Amparo Muñoz de Vista Alegre, hija de la reina Cristina de Borbón y media hermana de la reina Isabel II. Nació en París el 2 de agosto de 1858 y recibió en el bautismo los nombres de Augusto Francisco María Ana José Cayetano. Pronto quedará huérfano de madre, que morirá en 1864 y quien además de heredarle la nobleza, le predispondrá a la misma enfermedad que le quitará la vida: la tisis. Ya desde este tiempo mostrará los signos latentes de esta enfermedad, por lo que su padre buscará el remedio mandándolo a vivir a distintas partes para buscar que el clima le restableciera la salud. Así conoció Pau, Montpellier, Roma, Polonia, África; mientras estudia francés y polaco. Cuando tiene 13 años hace la Primera Comunión en la iglesia parroquial de Sienawa, cripta familiar donde reposan los restos de sus abuelos y de su madre. La fiesta que se hizo para festejar este evento lo fastidió más que alegrarlo. A un sirviente de confianza le comentó: “¿No podrían dejarme solo en paz este día y en compañía de Nuestro Señor?”.

Fotografía del Beato en su juventud.

Fotografía del Beato en su juventud.

Un Beato animado por un Santo
En 1874 es un joven espigado y alto. Para educarlo, su padre lo puso bajo la tutela de un preceptor lituano polaco lleno de una calidad moral y muy notable por su vida santa. Se llamaba Rafael Kalinowsky. Tres años estuvo a su cargo. Luego el maestro abandonó el mundo e ingresó al Carmelo, donde se hizo Santo. Hoy lo conocemos como San Rafael de San José Kalinoswky. Con él leyó la vida de San Luis Gonzaga y de San Estanislao de Kostka, que prefirieron la vida religiosa a la política y la vida noble y; cuando su maestro murió para el mundo, Augusto pensó seriamente en hacer lo mismo.

Un destino con una mala salud
Su salud es precaria entonces y por invitación de su primo, el rey Alfonso XII, pasa a España buscando un alivio. Luego va a Davos, Nápoles, Capri, Asís, donde piensa más en el pobrecillo Francisco que en las prescripciones médicas. Luego va a Sicilia y después Normandía, hasta llegar al Sáhara. Allí conoció al obispo Lavigerie. En 1879 alcanza la mayoría de edad y recibe de su padre el depósito del patrimonio familiar. Un gesto simbólico, ya que él seguirá al frente de la familia. Además, tiene el alivio que del segundo matrimonio de su progenitor, con Margarita de Orleáns, han nacido otros dos hermanos con mejor salud que la suya.

Salesiano
En 1883 tiene su encuentro con Don Bosco, que desea enviar su Congregación a Polonia. En esta entrevista Augusto le comparte su deseo de ser carmelita como Rafael Kalinoswky, pero el Santo le aconseja que no se apresure y que medite muy bien acompañado de mucha oración. A partir de esta fecha se hace una profunda amistad por correspondencia entre ambos. Don Bosco le aconseja: “Si de verdad aspira al sacerdocio, debe renunciar a todos los mayorazgos, si su voluntad es fuerte, lo hará, pero si no está seguro, sebe secundar los planes de su padre y aceptar el mayorazgo”. Augusto es ya mayor de edad y sabe que tiene que tomar una decisión. Enfrentará todas las consecuencias y luego de un cierto tiempo, decide entregarse a Dios. En respuesta a una carta donde se le plantea a Don Bosco las necesidades de la juventud polaca, se le invita a mandar a sus hijos a ese país. El Santo responde: “Ya iremos, ya iremos cuando tengamos personal”, y luego arroja el anzuelo también a Augusto: “Señor Príncipe, hágase usted salesiano y luego abriremos una casa en Polonia”. Esto lo dice en broma, pues al parecer, Don Bosco se inclinaba porque el joven ingresara con los jesuitas. Sin embargo, Augusto decide ser salesiano. En julio de 1886, el príncipe Ladislao y su hijo se presentan en Valdocco. Ha tenido que vencer la oposición paterna, ha acudido al mismo Papa León XIII para conseguir que su padre diera el permiso y que Don Bosco dejara de titubear.

El Beato, de sacerdote.

El Beato, de sacerdote.

El 30 de julio de 1887, Don Bosco lo recibe en el aspirantado, y su noviciado lo comienza el 20 de agosto siguiente. Al entrar en el edificio lee un cartel que dice: “Dios, alma, eternidad”. Esa noche escribirá su impresión: “Eternidad. Qué poderosa es esta palabra. Se le debería escribir en todo lugar, en la fachada de todas las casa, al pie de los monumentos, en la portada de los libros”. El 31 de enero de 1888 muere San Juan Bosco, antes de que se termine su noviciado, y el Santo es sepultado en Valsálice, precisamente donde está él preparándose. Allí pasa largas horas orando ante su sepulcro. En la casa, conoció al Venerable Andrés Beltrami. Ambos desarrollaron una profunda amistad espiritual cuando Andrés cuidó a Augusto durante su enfermedad. A causa de la misma es enviado a la costa de Liguria, y aquí se enfrenta a los estudios de teología. El decurso de su enfermedad hace que la familia emprenda con mayor insistencia las tentativas de alejarlo de la vocación religiosa, pero Augusto se muestra feliz con la elección que ha hecho en su vida. El 2 de octubre de ese año profesa finalmente como salesiano. La noticia se conoce en Polonia a través del Boletín Salesiano. Al saberse este suceso, algunos jóvenes polacos van a Turín, queriendo seguir su ejemplo. Por fin es ordenado sacerdote el 2 de abril de 1892. Cuando fue ordenado, su familia estuvo ausente; habían hecho muchos esfuerzos para que él dejara la congregación. En su primera misa es ayudado por su hermano Vitoldo y les da la Comunión a su padre y su esposa Margarita. Esto supuso la renuncia de su padre a las aspiraciones dinásticas y a la reconciliación con su vástago.

Sin embargo, la enfermedad, que había cedido, se recrudece; y en la primavera de 1893 el novel sacerdote sabe que tiene que prepararse dejar este mundo con la alegría y facilidad que dejó el poder, el lujo y el trono. Muere en la noche del 9 de abril en Alassio. En Turín, el Beato Miguel Rúa celebra sus funerales, en los que participa su tía la princesa Marcelina Czartorysky. Al concluir la ceremonia, descubrió que habían presentes 120 jóvenes polacos, deseosos de imitar a su sobrino y llevar a Polonia el carisma salesiano. La espiga de Augusto, al morir, dio un fruto del 120 por ciento.

Sepulcro del Beato.

Sepulcro del Beato.

Culto
Sus restos fueron repatriados a Polonia y sepultados en la cripta parroquial de Sieniawa, junto a las tumbas de la familia, donde un día Augusto había hecho su primera comunión. Posteriormente sus restos fueron trasladados a la iglesia salesiana de Przemysl, donde se encuentran actualmente. Fue beatificado por San Juan Pablo II el 25 de abril de 2004 en Roma. Su celebración litúrgica se celebra el 2 de agosto, fecha de su nacimiento, puesto que la fecha de su muerte coincide con la Cuaresma.

Oración
Dios omnipotente y misericordioso, que llamaste al beato Augusto, sacerdote, a seguir las huellas de tu Hijo, que siendo rico se hizo pobre, concédenos, estimulados por su ejemplo y dóciles a la acción del Espíritu Santo, que sirvamos humildemente en los jóvenes más necesitados. Por Nuestro Señor Jesucristo…

Humberto

Bibliografía:
– BOSCO, Teresio, Familia Salesiana, Familia de Santos, Editorial CCS, 1998, Madrid, pp. 85-90.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Beata María Romero Meneses, FMA

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Fotografía de la Beata.

Fotografía de la Beata.

Introducción
El carisma salesiano está orientado a la educación de la juventud. San Juan Bosco comenzó su obra para los adolescentes y jóvenes, pero pronto, cuando se dio cuenta de la trascendencia de su obra, consideró oportuno poner al servicio de las adolescentes y muchachas este sistema formativo. Así, con la colaboración de Santa María Dominica Mazzarello, fundó el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, que en colegios y oratorios hizo mucho bien entre la juventud femenina. La obra comenzó a crecer y a desarrollarse en muchas partes de Italia, así, pronto, en Sicilia, fue célebre la Beata Magdalena Morano. La familia salesiana se fue expandiendo por el mundo, primero por Europa y luego hasta el continente americano. Será en Centroamérica donde florecerá y dará una rica fragancia y fruta la Beata María Romero Meneses.

Infancia
Nació nuestra Beata en Granada, Nicaragua, el 13 de enero de 1902, siendo la antepenúltima de trece hijos que integraron la familia formada por Félix Romero y Ana Meneses. Creció en un ambiento de cariño y mimos por parte de todos sus familiares, al grado que fue hasta que cumplió diecinueve años que conoció en los suburbios de la ciudad a los niños pobres y sus limitaciones, como la desnutrición. Su padre era viceministro de Hacienda y luego ministro de la misma cartera del presidente José Santos Zelaya, un hombre sin escrúpulos que fue derrocado en 1912 cuando Nicaragua fue invadida por los Estados Unidos. Comenzó una cacería de los amigos y conocidos del político caído, pero al Doctor Romero nadie lo buscó ni tuvo quien lo acusara, porque en el gobierno que se había manchado con violencias e injusticias, este hombre procuró el bien de su gente. La Beata recodará una lección de su padre: “Hagamos el bien siempre, si esperamos a hacerlo cuando todo va bien, no haremos nunca nada. Debemos ser como las hormigas, que cuando ruge la tempestad, continúan trabajando con diligencia por su familia”.

Vocación
Con doce años cumplidos, ingresa en el colegio administrado por las Hijas de María Auxiliadora, quienes con delicadeza la pondrán en contacto con la realidad social de su comunidad. En este tiempo manifestará dos rasgos de su personalidad: estar contenta en el lugar donde la pongan y manifestar un contacto muy profundo con Dios. Sucedió que por entonces se enfermó de una fiebre reumática que la mantuvo casi todo el año escolar postrada en la cama, al grado de que el médico temió por su vida. Pero ante su perplejidad, aseguró al doctor con una serenidad segura: “Sé que la Virgen me curará”, como en efecto sucedió, y regresó a clases totalmente curada.

La Beata con uno de sus alumnos.

La Beata con uno de sus alumnos.

Su vocación fue madurando gradualmente. Cuando tuvo dieciocho años fue al Salvador para hacer el postulantado con sus queridas Hijas de María Auxiliadora, a los diecinueve años recibe el hábito y luego, durante un bienio, hace el noviciado. A los veintiún años profesa en la vida religiosa la hija del rico que se hizo pobre, la muchacha soñada por muchos jóvenes hace voto de castidad y la señorita a quienes los criados obedecían con alegría hace voto de obediencia. Así, María Romero se entregará a Dios, quien la llevará por caminos de justicia, de solidaridad, de caridad y de mucha santidad. Siendo novicia trabajó en un Oratorio Festivo como maestra de canto. Fue entonces que se enfrentó con un impacto que le desgarró el corazón: conoció a unas muchachas pobres que sufrían el hambre y la desnutrición. Entendió entonces, que en ellas, como en la Eucaristía, se encuentra Cristo Jesús.

Tenía veintiocho años cuando regresó a Nicaragua para contemplar, impotente, la ruina económica de su familia, pues por culpa de un negocio hecho por su padre con un falso amigo, la pobreza entró de golpe en su hogar. Su padre enferma de gravedad y su madre tiene que hacer frente a la vida incierta e incómoda, pero afortunadamente los hijos ya son grandes y pueden hacer colaborar para que la crisis no se sienta más fuerte.

Costa Rica
Un año después, en 1931, la obediencia la hace ir a Costa Rica para incorporarse a un colegio. Allí tuvo contacto con muchachas con una vida económica desahogada y con muchachas pobres que asisten a un Oratorio. Entonces forma un equipo de catequistas con el primer grupo para ser enviadas a los suburbios para tener contacto con las segundas en un intento de que al evangelizar se enteren de la realidad social de esas familias. En el cuadro al que se enfrentan estas muchachas, descubren un mundo que sufre, que tiene necesidad de Dios pero que también padece hambre y que antes de llenarlo de religión, hay que remediarle sus necesidades básicas, pero con la consigna de que, si además de las despensas y ropa que les ofrezcan, no les llevan también a Jesús, las dejarán más pobres que antes.

Fotografía de la Beata.

Fotografía de la Beata.

El trabajo que realizan estas muchachas pronto empieza a dar resultados, y ellas con alegría vuelven al lado de la Madre Romero para comentarle sus sorpresas y alegrías. Entonces es necesario reclutar más personal que se comprometa a llevar el Evangelio a estas almas. La Beata se dedica los fines de semana para preparar a su pequeño ejército con la capacitación necesaria y para concretar nuevos proyectos. Uno de ellos es resultado de una urgencia: las personas que viven en estos lugares no saben quién es Jesucristo ni la Santísima Virgen María. Urge dar catecismo a los niños. Por ello, la Madre María Romero y con la bendición del obispo, funda ocho Oratorios que pronto serán catorce y que llegarán a la cantidad de veintiséis. En estos lugares se enseña la fe, se practica la caridad y se impulsa la esperanza.

La Beata María Romero tenía una caja de cartón donde juntaba dinero que pedía para remediar con el las necesidades más apremiantes, nunca está vacía a pesar de todas las necesidades que se presentan. Son también muchos los que le ayudan en esta tarea. Entonces su directora, asustada por chismes que le llegaron, le ordena que es mejor que no pida ayuda. La Beata no se inmuta y obedece, sin embargo, la ayuda llegará siempre muy oportuna sin necesidad de pedirla.

El agua del grifo
En estas obras se atendían cerca de 5000 personas, pero a los enfermos no se les daba apoyo. El corazón de la Beata María Romero estaba lleno de compasión por estos hermanos y no sabe qué hacer para ayudarlos. Entonces ora a la Madre de Dios con mucha confianza y le dice: “Tú eres la Reina del mundo, tú hiciste brotar en Lourdes un manantial que cura a los enfermos, ¿por qué ha de ser solamente en este lugar donde se manifieste tu preferencia? Nosotros estamos muy lejos y no podemos ir hasta allá. Todas las aguas del mundo son tuyas, también la de este grifo, haz que los enfermos se sanen también aquí con ella”.

Estampa de la beatificación.

Estampa de la beatificación.

Con esta agua se curaron un catequista misionero que estaba postrado en cama, la Madre María Romero le hace beber y al día siguiente ya está realizando sus labores en el Oratorio; una abuelita de una niña del Oratorio tenía ochenta y dos años y sufría de pústulas cancerosas en la garganta, toma el agua a cucharaditas y su enfermedad desaparece. Un niño fue atropellado, con el accidente el cráneo lo tiene hundido, la madre de la criatura corre con la Beata, que le da una botellita. La mujer mojó la frente de su hijo, al tercer día ya hablaba y a los ocho está completamente restablecido. Los hechos se multiplican, y mucha gente acude por el “agua de la Virgen”. La madre Inspectora, muy impresionada, recomienda a Sor María que se deje de distribuir el agua y la religiosa obedece. Entonces, una antigua alumna tiene a su madre muy enferma y no puede tener acceso al grifo del agua. Ella reflexiona y dice: “Si la Virgen ha bendecido el agua, es la de toda la casa, no necesariamente de este grifo, ¿qué diferencia hay entre uno y otro?” y obtiene el líquido de otro grifo. La enferma bebe y se cura, y Sor María dice: “¡Qué hermosura, ahora todos podrán beber del agua de la Virgen y yo podré dedicarme a mis catequistas misioneras!”.

Un Oratorio que es casa para todos
En una ocasión, Sor María se asomó por una ventana y miró a lo lejos, luego le comentó a una alumna: “Un día, en este terreno, habrá un gran edificio y se llamará casa de los pobres, tendrá un dispensario médico, aquí los pobres tendrán alimento y trabajo, será el refugio de muchas muchachas huérfanas, solas o sin casa, y Jesús y María tendrán una capilla”. La alumna le preguntó: “¿Y de donde saldrá el dinero para realizar todo eso?”, y la Madre María le respondió: “La Virgen se encargará de todo”. La construcción inició en 1958 y la Beata enfrentó muchos contratiempos y dificultades para concluirla. Cuando la vio concluida, se acordó del episodio de la vida de Don Bosco en que la Virgen le dijo: “A su tiempo lo comprenderás”. Desde entonces todas las tardes María Romero se dedicaba a atender el dolor humano que acudía a ese lugar, buscando un consejo, una ayuda material, el consuelo a sus problemas, a desahogar su dolor. Sin largos discursos, Sor María pasaba su mirada sobre la persona y era como pasar bajo la mirada clemente de Dios. Gente incrédula, alcohólica, adictos la droga, familias desintegradas, hombres y mujeres al borde de la desesperación hallaron con ella la paz y la seguridad que buscaban.

Sepulcro de la Santa

Sepulcro de la Santa

Éstas son las obras que la Beata promovió durante cuarenta y cinco años de su permanencia en Costa Rica:
– Consultorios médicos, que brindan servicios gratuitos de medicina general y medicamentos básicos a quienes no tienen protección del seguro social. Se atienden consultas con dentistas, oftalmólogos, pediatras y médicos generales.
– Internado para jóvenes en la Casa María Auxiliadora que favorece a muchachas que antes vivían en la calle.
– Capacitación en actividades como la cocina, la costura y otros oficios a muchachas y señoras.
– ASAYNE: Asociación de Ayuda a Necesitados, en Ciudadelas en Salitrillos de Aserrí, que se compone de 70 viviendas para albergar a familias que antes vivían en condiciones infrahumanas. Se extendió a San Miguel de Desamparados y San Gabriel, en el cantón de Aserrí.
– «Ropero», servicio que ofrece prendas de vestir a precios simbólicos y, en oportunidades, en forma gratuita.
– Repartición diaria de canastas de alimentos básicos a personas de escasos recursos económicos.

Muerte
La Beata María Romero Meneses murió el 7 de julio de 1977. Se sentía cansada y planeó ir a su tierra unos días con unas hermanas. Ese día murió víctima de un infarto al corazón. El sábado 9 de julio de 1977, los restos mortales de Sor María Romero fueron trasladados a Costa Rica y enterrados en el Cementerio General. El 9 de noviembre de 1991 se procedió a su exhumación y fueron depositados finalmente en la Casa de la Virgen, al lado de la capilla, conocido ahora como Mausoleo de Sor María Romero. Luego que falleció, se comenzaron a platicar muchas cosas extraordinarias y maravillosas que sucedieron, pero que ella prohibió que sucedieran. Como por ejemplo esto que narra María de Jesús Cubero: “Una vez estaba Sor María regando las rosas en el jardín y les platicaba a las flores a la vez: “Ustedes son muy hermosas, pero las manos de quien las hizo son más hermosas todavía y más milagrosas”, entonces, vimos a las rosas inclinarse sobre el rostro de Sor María y la acariciaban, aunque no había nada de viento”.

Culto
Fue beatificada el 14 de abril de 2002 por San Juan Pablo II, siendo la segunda mujer centroamericana en subir al honor de los altares. Su figura ha sido propuesta para hermanar a las repúblicas de Nicaragua y Costa Rica. La Beata siempre se consideró nicaragüense y nunca renunció a su ciudadanía. La república de Costa Rica, luego de su muerte, la reconoció como ciudadana honoraria.

Detalle del mausoleo de la Beata.

Detalle del mausoleo de la Beata.

Oración
Oh Dios, fuente de todo consuelo, que siempre vienes a nosotroscon los múltiples dones de tu amor, por la intercesión de la Beata María Romero, virgen, concédenos experimentar la dulzura de los consuelos del Espíritu Santo para difundir la alegría cristiana de los dones de tu bondad. Por…

Humberto

Bibliografía:
– BOSCO, Teresio, Familia Salesiana, Familia de santos, Editorial CCS, Madrid, 1998, pp.183-189.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Venerable Dorotea de Chopitea, cooperadora salesiana

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Lienzo contemporáneo de la Venerable.

Lienzo contemporáneo de la Venerable.

En el seno de una familia acomodada y numerosa -muy numerosa, ya que llegaron a ser dieciocho hermanos, nacidos del mismo matrimonio formado por don Pedro Nolasco de Chopitea y doña Isabel Villota-nació el día 5 de agosto de 1816 Dorotea, quien el mismo día recibió el bautismo y la confirmación. Esta familia, años antes, había emigrado desde España hasta Chile; allí se integró muy bien en la sociedad. Cuando la niña contaba con la edad de tres años, comenzó en Chile una serie de protestas y reivindicaciones que pedían la independencia de España, lográndose finalmente en 1818. Al año siguiente, temiendo que sus hijos mayores entraran en los tumultos políticos que por aquel entonces se estaban iniciando a causa de la independencia, don Pedro volvió nuevamente a su país natal, en concreto a la ciudad de Barcelona.

Una vez en Barcelona, Dorotea creció muy feliz entre tantos hermanos y hermanas, pero entre todos destacó siempre su hermana Josefina, que por su diferencia de edad era como una madre para ella, la llamaba cariñosamente “mamita joven”. Josefina más adelante sería “Sor Josefina”. En su etapa de adolescente, la Venerable Dorotea sobresalía por su vivacidad y energía. A pesar de ser una joven con posibles económicos, nunca se la vio derrochar dinero o seguir las modas tan caras que otras amigas suyas seguían. Decían de ella que “tenía un corazón de oro”. Durante casi toda su vida estuvo bajo la dirección espiritual del sacerdote don Pedro Nardó, quien muchas veces contó que, desde muy joven, le hacía leer la parábola del rico Epulón y del pobre Lázaro.

Matrimonio
Como era habitual entre los jóvenes de la época, los matrimonios se celebraban muy pronto. Casi no tuvieron tiempo de conocerse en el noviazgo. A la edad de dieciséis años, la Venerable Dorotea contrajo matrimonio con un empresario catalán de veintidós años, que se llamaba José María Serra. Ambos juraron quererse para toda la vida en el día de su boda, y de tal manera sucedió durante los 50 años que estuvieron casados. Al enfermar, don José María dijo: “Nuestro amor crecía diariamente”.

Maqueta en arcilla de una futura escultura dedicada a la Venerable.

Maqueta en arcilla de una futura escultura dedicada a la Venerable.

De este matrimonio vinieron al mundo 6 hijas: Dorotea, Ana María, Isabel, María Luisa, Carmen y Jesuina; quienes recibieron una esmerada educación en valores y fe por parte de sus padres. Y es que el matrimonio estuvo muy bien compenetrado: se ayudaban en la dirección del negocio familiar, hacían viajes, educaban por igual a sus hijas etc. Don José María llegó a ser cónsul de Chile en España y en una ocasión, gracias a este cargo, el matrimonio pudo viajar a Roma y hacer una visita al Papa León XIII, quien los recibió con mucha deferencia y hasta les regaló su blanco solideo. En el año 1882, muere don José María, y la Venerable Dorotea, quedando viuda, intensifica sus labores sociales y fundaciones en Barcelona.

Fundaciones
A pesar de que toda su vida estuvo marcada por la ayuda al prójimo, en especial a los pobres, que eran su prioridad, solía decir: “Los pobres serán mi primera preocupación, aunque me cuesten grandes sacrificios”. “La limosnera de Dios”, que de esta manera era conocida entre sus paisanos, emprendió muchas obras benéficas, viendo la necesidad que tenía la ciudad de hospitales, jardines de infancia, escuelas taller, asilos, comedores para ancianos etc. Y es que Barcelona, en los últimos años del s.XIX, aumentó mucho su población por la gran cantidad de mano de obra que se necesitaba. En vista de que estas periferias crecían y crecían, y sus habitantes no tenían ninguna comodidad, la Venerable Dorotea se desvivió por mejorar la vida de estas personas desfavorecidas: como hemos dicho, fundo y promovió muchas obras caritativo-sociales, unas 30 en total. Algunas personas calcularon que ella sola hizo más que algunos Estados. Todas estas funciones las abaló con su propio capital, ya que, a la muerte de su marido, dejó por un lado el patrimonio de sus hijas salvaguardado y el suyo propio lo empleó en exclusiva en estas causas, tan necesarias y de justicia, como ella solía decir.

Cooperadora de obra salesiana
La Venerable Dorotea de Chopitea tuvo noticas de la Obra que San Juan Bosco estaba llevando en Italia. Atraída por la idea de que en Barcelona se estableciera esta congregación, el día 20 de septiembre de 1882 decidió escribir una carta a Don Bosco para contarle sus ideas e invitarle a venir a Barcelona, para fundar allí una escuela. Ella pensaba que su joven y dinámica obra encontraría mucho trabajo en la ciudad condal, sobre todo entre los jóvenes de las periferias.

Fotografía de la visita de San Juan Bosco a Barcelona (España). La Venerable aparece remarcada en rojo.

Fotografía de la visita de San Juan Bosco a Barcelona (España). La Venerable aparece remarcada en rojo.

Dos años después de dirigirse a Don Bosco, el trabajo comenzó en Sarriá, de la mano del provincial salesiano en España, el Beato Felipe Rinaldi. Éste tenía mucho afecto por la Venerable Dorotea, decía: «Fuimos a Barcelona llamados por ella, porque quería proveer especialmente a los jóvenes obreros y a los huérfanos abandonados. Adquirió un terreno con una casa, de cuya ampliación se preocupó. Yo llegué a Barcelona cuando la construcción ya había terminado… Con mis propios ojos contemplé muchos casos de socorro a niños, viudas y viejos, desocupados y enfermos. Muchas veces la escuché decir que realizaba los más humildes servicios respecto a los enfermos».

En la primavera de 1886 finalmente San Juan Bosco visitó Barcelona y se encontró con su querida benefactora. La Venerable, sus hijas, yernos y nietos, prepararon un recibimiento al Santo sin precedentes. Allí pudo contemplar todo el buen trabajo que se estaba haciendo a favor de la Congregación y de los más necesitados. Durante esta visita, Dorotea promovió la construcción de una capilla-oratorio dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, en la cumbre del famoso monte del Tibidabo. Don Bosco siempre tuvo una viva estima y afecto por la Venerable Dorotea, llegó a decir de ella: “Es nuestra mamá de Barcelona”; es más, cuando estaba enfermo, dijo: “Le prepararé un buen sitio en el cielo”.

Fotografía de la Venerable, ya anciana.

Fotografía de la Venerable, ya anciana.

Últimos años de vida y proceso de beatificación
A la muerte de Don Bosco, ya muy anciana, inició tres nuevas obras más a favor de los salesianos. Entre ellas estaba un oratorio y la escuela de Santa Dorotea (encomendada a las Hijas de María Auxiliadora), que al estar ubicadas en el corazón de la ciudad, supuso un gasto de dinero muy fuerte. La Venerable Dorotea entregó para esta causa 60.000 pesetas, que era el último dinero que tenía reservado para sus últimos años. Cuando lo entregó, dijo: “Dios me quiere pobre”.

En los días de Semana Santa de año 1891, mientras asistía a los oficios en la iglesia de María Reparadora, le sobrevino una pulmonía. Los médicos verían que no superaría la crisis. Acudió don Felipe Rinaldi y estuvo haciéndole compañía. En esos días, escribió: «En los pocos días que continuó viviendo, no pensaba en la enfermedad. Pensaba en los pobres y en su alma. Quiso decir alguna cosa en particular a cada una de sus hijas, y bendijo a todas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, como un antiguo patriarca. Mientras estábamos alrededor de su lecho, encomendándola al Señor, en un cierto momento levantó los ojos. El confesor le presentó el crucifijo para besarlo. Los que estábamos presentes nos arrodillamos. Doña Dorotea se recogió, entornó los ojos y expiró suavemente». Era el 3 de abril de 1891 y tenía setenta y cinco años cuando partió para el Reino de Dios.

Fue enterrada en el panteón familiar del cementerio del barrio de Poble Nou. En 1928, un año después de iniciarse el proceso de beatificación, sus restos fueron traslados al Santuario de María Auxiliadora de Sarrià. Aquí actualmente se conservan en una bonita urna. El proceso diocesano se inició el 4 de abril de 1927. El Papa Juan Pablo II, el 9 de junio de 1983, la declaró «Venerable». En la actualidad la causa se encuentra en Roma, estudiándose algunos posibles milagros.

Sepulcro de la Venerable. Fuente: www.sdb.org

Sepulcro de la Venerable. Fuente: www.sdb.org

El historiador de la Congregación Salesiana Ramón Alberdi dice estas palabras de ella, que yo no quería dejar pasar: «Las tensiones sociales de una ciudad en transformación estimularon a esta cristiana de la alta burguesía a dedicar su tiempo y sus recursos a impulsar instituciones dedicadas a la mejora de las condiciones de vida de los nuevos marginados».

David Garrido

Bibliografía:
– BOSCO, Teresio, Familia Salesiana, Familia de Santos, Ed. CSS, España.
– BURDEUS, Amadeo, Una dama barcelonesa del 800. Librería Salesiana. Barcelona.

Enlaces consultados (12/05/2014):
http://www.es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=8963
http://es.wikipedia.org/wiki/Dorotea_de_Chopitea

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santa María Dominica Mazzarello, cofundadora

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Detalle del rostro de la Santa en una estampa.

Detalle del rostro de la Santa en una estampa.

Introducción
En la historia de las Órdenes y Congregaciones religiosas, nos encontramos con el detalle de que junto a una fundación masculina, surge el complemento femenino. La vida consagrada con sus múltiples carismas, ofrece de esta manera un estilo de vida tanto para hombres como para mujeres. Al nombre de San Francisco de Asís, se une el de Santa Clara de Asís, tal como el de Santa Escolástica hace binomio con San Benito. Hay muchos casos semejantes, en esta ocasión, se detalla cómo junto a San Juan Bosco, se ensambla Santa María Dominica Mazzarello. Esta Santa también es un integrante más de la riquísima constelación de Santos que nos ofrece el Piamonte en la segunda mitad del s.XIX.

Infancia y adolescencia
Nuestra Santa fue la primogénita de siete hijos que integraron la familia formada por José Mazzarello y Magdalena Calcagno. Nació el 9 de mayo de 1837 en Mornesse, Italia. Este mismo día fue hecha hija de Dios al recibir el bautismo en la parroquia del lugar, recibiendo el nombre de María Dominica. Creció al ritmo de una vida campesina, recibiendo de sus padres una formación cristiana muy fuerte, forjándose su carácter con el estilo activo y equilibrado de su padre, así como de un sentido común, tomando de su madre una fe sólida, una agudeza muy viva para descubrir en la naturaleza lo que no es tan perceptible a simple vista, y una actitud de responsabilidad pronta y llena de entrega. Con tales padres, la vida de virtud se fue nutriendo como las plantas que obtienen de la tierra lo necesario para germinar, crecer y desarrollarse. Desde pequeña fue educada en la fe por sus padres y tenía una mente muy atenta en sus clases de catecismo. Al igual que la mayoría de los campesinos de la región y de la época, no tuvo el acceso a una alfabetización desde pequeña, pues aprenderá a leer y escribir siendo ya adulta. Sin embargo, esto no significó una barrera para ser educada, cortés, servicial y muy trabajadora, tanto en casa como en las labores de campo en que colaboró para el sostenimiento familiar.

María Dominica es una niña normal, porque los santos se forjan a lo largo de una vida. En su infancia y adolescencia encontraremos detalles contrastantes, que revelan al ser humano que se va puliendo en el camino de la santidad. Su familia tenía una viña y ella trabajaba en el cultivo de la misma. Tenía una experiencia que hacía que los muchachos de lugar se asombraran por ver cómo tenía una rapidez y pericia en las labores inherentes, pero nos encontramos también a la adolescente desesperada, que en una ocasión, en vez de atar los sarmientos tiernos con cuidado para que no se arrastraran en el suelo, con un arranque de impaciencia, tomó la hoz para segar de un tajo muchos de ellos.

Estampa de la Santa junto a María Auxiliadora, patrona de su Instituto.

Estampa de la Santa junto a María Auxiliadora, patrona de su Instituto.

Era muy devota, participaba en misa costantemente, visitaba al Santísimo Sacramento a diario, sobre todo cuando, por un robo en su casa, los padres decidieron abandonar la vida en el campo y mudarse a la zona urbanizada. Sin embargo, María sufrirá los embates de muchas almas al enfrentar los escrúpulos. Por estos años tenía una antipatía por la confesión, hasta que conoció a Don Domingo Pestarino SDB, quien sería un experto confesor y guía espiritual para ella. Cuando tenía diez años hizo la primera comunión, desde entonces su vida tendrá un sello particularmente eucarístico. La jornada comienza con la misa y la comunión, luego el trabajo en el campo, combinada con la labor doméstica perfectamente desempeñada. Trabajo y oración son para ella una misma cosa. Hacia 1858 ingresó en el grupo de las Hijas de María que se instituyó en su parroquia. María tuvo un ascendiente sobre las paisanas de su edad, de manera que las atrajo a esta agrupación, fomentando entre ellas la frecuencia para ir a misa y comulgar, así como para acercarse a confesar.

Juventud
En 1860 se abatió sobre la región una tremenda epidemia de tifus, la gente se encierra en sus casas mientras el contagio hace estragos. Y ahí está María Dominica, dispuesta a atender a los enfermos. La familia de un tío se vio afectada y, a petición de don Pestarino, fue a atenderlos. Los trató con tal delicadeza y dedicación que todavía muchos años después sus familiares recordaban con mucho agradecimiento. Sin embargo, en esta ocasión la muchacha se verá contagiada, y por ello tendrá que guardar reposo por un tiempo considerable para poder recuperar su brío. Esta convalecencia le servirá para plantearse seriamente una vocación que se iba madurando en su espíritu. Por ello, hacía unas caminatas para fortalecerse y reflexionar sobre sus deseos. En cierta ocasión, cuando iba para Borgo Alto, vio a la vera del camino un edificio muy grande, con muchas niñas atendidas por unas religiosas. Había orden, alegría y muy buen trato de parte de las religiosas hacia las alumnas. Ella se talló varias veces los ojos para cerciorarse de estar segura de que lo que veía era real y no un espejismo, escuchó entonces una voz que le dijo: “A ti te las confío”. La escena duró unos segundos fugaces, pero quedó en su alma como un anhelo eterno. Con el paso de los días, crecen sus deseos de dedicarse a la juventud y narra esta visión y estas aspiraciones a su querido confesor, quien tajantemente le ordenó que disipara esos pensamientos y no pretendiera cosas ajenas a sus posibilidades.

Lienzo de la Santa en su altar-sepulcro. Basílica de María Auxiliadora, Turín (Italia).

Lienzo de la Santa en su altar-sepulcro. Basílica de María Auxiliadora, Turín (Italia).

María Dominica tiene una amiga llamada Petronila con quien comparte ideales y confidencias. Ambas deciden estudiar corte y confección para instalar un taller de costura, donde enseñar a la vez a las jóvenes y hacer a la vez un apostolado entre ellas. Pronto el taller de María Dominica y Petronila crece con alumnas y con fama. A la vez que enseña a las chicas el arte de la confección de ropa, forja en sus almas a la vez personalidades, actitudes, cualidades y virtudes. En cierta ocasión hacen llegar un par de huérfanas al taller, es el comienzo de un alumnado interno que hacia 1863 cuenta con siete integrantes. De esta manera el taller se convierte además en un hogar. La joven educadora siembra en esas almas el amor y el deseo de Dios con cariño, con tacto, con seguridad. Cuando era necesario reprender o corregir, lo hacía con firmeza, a veces con severidad, pero todas las que eran amonestadas guardaban en su corazón la seguridad de que eso era por su propio bien y por eso no guardaban rencor. También se asocian a este trabajo y apostolado poco a poco otras muchachas.

En tanto su ascendiente crece constantemente, al grado de que organiza los domingos actividades para sus muchachas, logrando de esta forma, un tipo de Oratorio femenil, donde las entretiene con paseos y actividades para mantener sus mentes activas y descansadas a la vez. Conforme al modo de pensar de la época, combatió duramente el baile entre sus alumnas. En alguna ocasión organizó un baile en su taller, alterno a otro que se organizaba con motivo del carnaval. Pensaron que sus chicas la iban a abandonar para ir al evento, pero no fue así. Algunos chavales se atrevieron a ingresar a ese baile para trastornarlo, pero se enfrentaron al desdén de las jovencitas, que no aceptaron ni bailar el vals con ellos. Aún así, Santa María Mazzarello nunca estuvo de acuerdo con ningún tipo de baile, incluso aunque lo bailaran dos mujeres juntas. Estaba convencida de el baile entreabre una puerta que no se sabe lo que esconde o a donde lleva, por eso, es mejor dejarla bien cerrada.

Tal ascendencia provocó las maledicencias en el pueblo, al grado de que murmuraban que cualquier día el señor cura haría lo que María Dominica ordenara. Además, el grupo de las Hijas de María se había fragmentado, porque unas querían vivir en comunidad y otras en la casa paterna. El primer grupo continuó con el nombre de Hijas de la Inmaculada, mientras que el segundo se llamó las Nuevas Ursulinas. Muchos culpaban a la Santa de cierto protagonismo, que era la raíz de muchos problemas. El párroco decidió entonces que era mejor que María volviera a vivir en su casa paterna y que Petronila se encargara del taller y las chicas. Ella tuvo mucha tristeza, pero obedeció dócilmente.

La Santa recibe el reglamento de manos de Don Bosco.

La Santa recibe el reglamento de manos de Don Bosco.

Don Bosco y las Hijas de María Auxiliadora
Por esas fechas, Don Bosco visitó Mornesse. Ha hecho amistad con Don Pestarino, que se hizo salesiano, pero a petición del Santo fundador, permaneció en el lugar sin vivir en comunidad. Don Pestarino, con el apoyo del pueblo, se compromete a construir un colegio para los niños del lugar, con la ayuda en especie o monetaria de quienes tienen el entusiasmo de tener ese colegio en el lugar. En 1867 ya estaba levantada la capilla y el Santo de la Juventud celebra allí la primera misa y tiene la oportunidad de dirigir una conferencia a las Hijas de María. Hace ya tiempo que tiene la inquietud de fundar una Congregación que se dedicara a hacer con las muchachas lo mismo que él hacía con los muchachos. Echa entonces el ojo a María Dominica y Petronila. Les escribe un cuadernillo con ciertas reglas, muy sencillas y con un ritmo de vida. Es el año 1869. En 1870, con el pretexto de ir a tomar aires a Mornesse, quiere revisar cómo ha funcionado su experimento.

En mayo de 1871, Don Bosco se reúne con su Consejo y les propone: “Son muchos los que prácticamente me proponen que haga con las jovencitas lo que hacemos con los muchachos. Temo ir contra los designios de la Divina Providencia si no tomo este asunto con seriedad, por eso quiero pedirles su parecer”. Luego de una reunión con todo su consejo y de platicarlo personalmente con cada uno de ellos, San Juan Bosco tomó la decisión de fundar un instituto religioso femenino para atender a las jóvenes. El núcleo fundamental de esta fundación será integrado por el grupo de María Dominica Mazzarello y sus compañeras Hijas de María Inmaculada. María Dominica estaría a la cabeza y su asesor sería Don Pestarino. La Congregación tomaría el nombre de Hijas de María Auxiliadora. Don Pestarino obedeció a su superior, pese a que había algunas dificultades: las muchachas no habían expresado el deseo de profesar como religiosas, pese a que todas eran excelentes cristianas. Además, Don Bosco pretendía que la naciente fundación se instalara en el Colegio que se estaba construyendo, circunstancia que seguramente provocaría disgustos con los moradores del pueblo, que deseaban un colegio para niños, no un convento para monjas y colegio para niñas.

El cinco de agosto de 1882, Don Pestarino reúne a las jóvenes para que vistan el hábito religioso y elijan a su primera superiora. Veintiún de veintisiete votos recaen sobre María Dominica. Al conocer el resultado, ella no acepta la elección por humildad, y se decide que Don Bosco tenga la última palabra. María Dominica respira con alivio, pensando que Don Bosco conoce sus limitaciones; sin embargo, el Santo, que conoce mejor todavía sus cualidades, confirmará la elección realizada, para gran confusión de la Santa. Por varios años no aceptará llamarse sino Madre Vicaria.

Don Bosco confirma a la Santa en su nombramiento como Superiora.

Don Bosco confirma a la Santa en su nombramiento como Superiora.

Como la casa donde vivían las religiosas amenazaba ruina, tuvieron que cambiarse al colegio. No causó extrañeza tal evento, pero cuando los habitantes de Mornesse se dieron cuenta del fondo del asunto, levantaron la voz, gritando traición. Las Hijas de María Auxiliadora nacieron en un clima de incomprensión, de hostilidad, de pobreza y de limitaciones. Días hubo en que no había alimento, pero sobraba alegría y mucha hambre. Esta pobreza preocupó a Don Juan Cagliero, que se queja con Don Bosco que las jóvenes religiosas y las postulantes padecen pobreza y falta de alimentos. Don Bosco le responde: “Que tomen café con leche”. Un lujo que hizo protestar a las muchachas, que vivían felices en medio de sus privaciones. Sor María Dominica les dice a sus religiosas: “Don Bosco así lo quiere y así lo haremos, es la voluntad de Dios.” Pocos días después, llega a la Casa religiosa una enorme y hermosa vaca lechera, que causa admiración y risas. El costo de la vaca es el precio de lo que una postulanta al entrar a la Congregación.

Espiritualidad
La espiritualidad de nuestra Santa es fundamentalmente mariana, rica en el apostolado e con una dimensión ascética mística. Su centro es Cristo, con una confianza en María, una enorme fidelidad a la Iglesia y una fuerte dedicación a la educación de las jóvenes, con una particular impronta, según el espíritu de Don Bosco. No es la suya una vida de monja de casa, sino de la que sale de sí misma para hacer el bien a las muchachas. En expresiones como éstas encontramos la armonía que Santa María Dominica Mazzarello pudo hacer para combinar la vida contemplativa con la vida apostólica: “Cada puntada es un acto de amor a Dios”. “Hacer con libertad lo que exige la caridad”. “Estén siempre alegres en el Señor”. “Jesús es nuestra fuerza”. “¡Qué dicha la nuestra, sencillas campesinas de Mornesse, ser esposas de Jesucristo, hijas de Don Bosco y de María Auxiliadora”. “Estoy dispuesta a hacer todo por bien de ustedes”.

Sabe dar a la convivencia un tono de alegría, espontánea y humilde, discreta: casi no hay fotos de ella y sus religiosas nunca supieron cuáles eran los alimentos que más le gustaban. Su vida era la práctica viviente del reglamento. Llena de amor por Jesús Eucaristía, María Auxiliadora y el Santo Ángel Custodio, estas devociones las inculcó tanto en sus religiosas como entre sus alumnas.

Fotografía de la Santa -línea superior, centro- entre sus religiosas.

Fotografía de la Santa -línea superior, centro- entre sus religiosas.

Forjadora de vocaciones y personalidades, en una ocasión, una religiosa mostró su antipatía por cierta hermana y nuestra Santa le propuso como penitencia que fuera a la habitación de esa hermana y le pidiera perdón de rodillas y le besara los pies. La hermana se rebeló y la Santa le dijo: “Yo estoy contigo”. Por fin se decidió a cumplir la orden y, en cuanto abrió la puerta de la habitación, una mano la detuvo. Era la Santa que le dijo: “En cuanto abriste la puerta te venciste a ti misma y con eso basta”. Con las alumnas era todo cariño y también toda disciplina, binomio que en muchas ocasiones causaba que más de una alumna decidiera seguir la vida religiosa. Era adversaria de que sus religiosas hicieran penitencia física, aunque no logró que muchas dejaran de hacerlo, ya que ella misma hacía varios tipos de penitencia, como dormir con un tronco en lugar de almohada. Su ejemplo animaba.

Un holocausto aceptado
El 9 de febrero de 1876, tres hermanas hacen la primera fundación en Liguria; el 29 de marzo de ese mismo año, siete hermanas parten para Turín. En 1878, la familia religiosa ha crecido fecundamente, por ello, Don Bosco decide que deben trasladarse a vivir a Nizza Monferrato. Es un tirón doloroso, pero obedece y, antes de abandonar su patria, visita el cementerio para despedirse de sus padres y de Don Pestarino. En 1881 se prepara la primera expedición para América, y ella está enferma de una pleuritis aguda. Platica con sor Josefina Pacotto y le dice: “Tengo necesidad de que vayas a América”; la religiosa, que quiere mucho a la Madre, no acepta separase de ella, y la Santa le dice: “Mira, Josefina, voy a ser sincera contigo. Aunque te quedes, yo no duraré mucho sin que tengamos que separarnos, yo no terminaré este año, lo sé”. “¿Cómo lo sabe usted?”, le responde la hermana. “He ofrecido mi vida a Dios nuestro Señor por muchas cosas de nuestra Congregación”. El altar ha sido preparado y sólo falta la víctima. Sor Josefina queda con la inquietud clavada en el corazón, y poco después, al encontrarse con Don Bosco, le pregunta: “Buen Padre, ¿no podría usted con su oración, cambiar el ofrecimiento de nuestra Madre?». El Santo la mira pensativo y le dice: “La víctima ha hecho el ofrecimiento, y es agradable a Dios”. Pero ella insiste: «¿Y no puedo ofrecerme yo a cambio?». Don Bosco la mira con una triste sonrisa y le dice con firmeza: “¡No! Ya es demasiado tarde”.

Altar-sepulcro de la Santa. Basílica de María Auxiliadora, Turín (Italia).

Altar-sepulcro de la Santa. Basílica de María Auxiliadora, Turín (Italia).

El 3 de febrero de ese año va de Génova a Marsella para despedir a cuatro de sus hijas, que marchan para Sudamérica. Entre lágrimas y abrazos, la expedición parte para el Nuevo Mundo. Pasa por Niza, donde se detiene muy enferma. Allí tiene la oportunidad de entrevistarse con Don Bosco. Le pregunta: “Padre, ¿me aliviaré?”. Don Bosco le responde con un cuento: “La Muerte visitó un monasterio. Le abrió la portera y le dijo: “Vente conmigo”, pero ella se negó diciendo: “No puedo, soy necesaria para el trabajo que desempeño”. Hizo lo mismo con las otras monjas, las novicias, las postulantes, las maestras, la cocinera y las alumnas, pero de todas recibió la misma respuesta. Por fin se halló con la superiora, que también quiso salirse por la tangente. Pero la Muerte la atajó diciendo: “Imposible, la superiora tiene que aventajar a todas, incluso en el viaje a la eternidad”. La superiora bajó la cabeza y siguió entonces a la Muerte”. La Santa escucha el apólogo del Santo y no objeta nada, sonríe. Ha comprendido y con eso basta.

Con la llegada de la primavera, su salud decae y guarda cama, dando un ejemplo con su paciencia. Dice a sus hijas: “Quiéranse bien. Han dejado el mundo, no se fabriquen otro aquí adentro. Piensen por qué entraron en la Congregación”. Estaba mal realmente, pero no quería que estuvieran tristes por ella. Todavía antes de morir se esforzó por cantar. A su lado estaba la Beata Magdalena Morano, a quien había recibido en el Instituto y había dado el hábito. Le decía: “Cantemos, sor Magdalena, cantemos”. La tarde del 14 de mayo dijo todavía: “¡Hasta volver a vernos en el cielo!”. Poco después entraba en el descanso de Cristo.

Detalle del sepulcro de la Santa. Basílica de María Auxiliadora, Turín (Italia).

Detalle del sepulcro de la Santa. Basílica de María Auxiliadora, Turín (Italia).

Culto
Fue beatificada por Pío XI el 20 de noviembre de 1938 y canonizada por Pío XII el 24 de junio de 1951. Sus reliquias se veneran en la Basílica de María Auxiliadora en Turín. Su celebración litúrgica tiene el grado de Fiesta para los salesianos, mientras que para las salesianas o Hijas de María Auxiliadora es Solemnidad. Dicha celebración se lleva a cabo el 13 de mayo, porque la fecha de su muerte coincide con la fiesta de San Matías, apóstol.

Humberto

Bibliografía:
– BOSCO, Teresio, Familia Salesiana, Familia de Santos, Editorial CCS Editrici Elle Dii Ci Leumann, Madrid, 1998, pp. 27-36
– GIUDICI, María Pía FMA; ERDEY, Francisco E; Santa María Dominica Mazzarello, Editorial Don Bosco, 1980, México D. F.
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