Beata Magdalena Morano, religiosa salesiana

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía de la Beata en su hábito de Hija de María Auxiliadora.

Fotografía de la Beata en su hábito de Hija de María Auxiliadora.

Introducción
La familia salesiana, obra de San Juan Bosco, está integrada por Congregación de San Francisco de Sales, el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, los Cooperadores Salesianos, el Instituto de Voluntarias de Don Bosco, los Ex alumnos Salesianos, Asociación de María Auxiliadora y Oratorianos. La misión de esta obra es ofrecer a los jóvenes, especialmente a los más pobres, el mensaje del Evangelio, para que lo escuchen, lo conozcan, lo vivan y lo transmitan. En un principio Don Bosco se dedicó principalmente a los muchachos, sin embargo, con el tiempo se dio cuenta de que su trabajo también se podía hacer entre las muchachas, entonces, con la colaboración de Santa María Dominica Mazzarello, fundó el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, en la que profesó la Beata Magdalena Morano y que llegó a ser la segunda mujer de este Instituto y de la familia salesiana en ser elevada al honor de los altares.

Infancia y vocación
Nació en Cheri (Piamonte, Italia) el 15 de noviembre de 1847, hija de Francisco Morano y Catalina Pangela. Fue la sexta hija de siete que tuvieron estos esposos, de los que sobrevivieron solamente dos, ella y su hermano Francisco, dos años menos que ella. Recibió en el bautismo el mismo nombre que su madre. En un principio la familia vivía con desahogo, gracias al telar que tenían, pero luego vinieron reveses económicos y el padre tuvo que ingresar al ejército, donde sirvió por ocho años. La familia sufrió entonces la desintegración familiar, aunque el papá los visitaba cada invierno. Por esta razón tuvieron que emigrar a Buttigliera, para vivir con los abuelos maternos. El 7 de mayo de 1855, Francisco Morano muere a consecuencia de una violenta pulmonía. La pequeña Catalina estaba impresionada por los sufrimientos de su madre y le decía: “¡Mamá, ya no llores más! Ten confianza, pronto creceré y te ayudaré. Papá está ya en el cielo e intercede por nosotros”.

Al terminar los estudios básicos, su profesora le propuso, considerando sus cualidades, que estudiara para maestra, cosa que ella también quería; sin embargo, este deseo tuvo que esperar, pues su madre la necesitaba para que trabajara en el telar doméstico. Cuando el nuevo párroco del lugar abrió un jardín de niños, Catalina fue elegida como educadora, cuya labor dejó grata impresión entre los alumnos y sus madres. Entonces, su antigua maestra insistió que estudiara y logró que a los diecisiete años se titulara como docente en los grados inferiores.

Fotografía de la Beata durante su tiempo de maestra en Montaldo.

Fotografía de la Beata durante su tiempo de maestra en Montaldo.

De 1866 a 1878 fue maestra de la escuela de Montaldo, a doce km. de Buttigiera, en ese lugar sufrió rechazo, pues se consideraba que no estaba bien preparada para sus funciones, pero ella no se desanimó y pronto se ganó el corazón de sus pequeños y tras ellos, los de sus papás. Entonces se le consideraba preparada, prudente y piadosa. Dueña de un carácter amable y lleno de serenidad, que le abrió la confianza de todos, y sus muchachos, ya de grandes, le respetaban más que al párroco y al alcalde. Además hacía el apostolado de dar catecismo, asistir a los enfermos y ayudar a las Hijas de María que ella había fundado en el lugar.

Desde que obtuvo su título de docente, ella tenía el deseo de profesar como religiosa, pero su obligación por velar por su madre y hermano le hizo desistir momentáneamente. Luego, con muchos sacrificios, compró una casa con un pequeño huerto y jardín, se la regaló a su mamá para que tuviera una seguridad y le pidió luego permiso para ingresar a un convento. Hizo la solicitud en varios, pero en todos fue rechazada, hasta que tuvo la oportunidad de platicar con San Juan Bosco, a quien le confió sus íntimos deseos. El Santo le dijo entonces: “¿Usted de monja de clausura? Se le caerá el breviario de las manos. Hágase más bien con las Hijas de María Auxiliadora”, y la presentó con Don Juan Cagliero, director espiritual de ese Instituto. El 15 de agosto de 1878 fue a Mornese para entrar con las salesianas. Allí se encontró con una antigua alumna que a la hora de la comida le sirvió patatas con carne. Esta niña le dijo: “Maestra, no crea que siempre es así”, y la Beata le contestó sonriendo: “No importa, no vine por esto, sino para hacerme santa”. Allí conoció a Santa María Dominica Mazarello, quien le impondría el hábito y ante quien profesaría como religiosa el 2 de septiembre de 1880. Entonces cambió su nombre por el de Magdalena. Pide al Señor la gracia de «permanecer en vida hasta que no haya completado la medida de la santidad». Desempeñándose como maestra, dio sus primeros pasos como monja y fue nombrada directora del educando.

Obra
El 5 de septiembre de 1881 fue destinada a Sicilia, donde permanecería veinte años, interrumpidos solamente cuando fue transferida a Valdocco para encargarse del noviciado. Aquí fundó catorce obras educativas en distintos lugares, y según las estadísticas, el índice de analfabetismo descendió del 89 al 71% durante su permanencia en este lugar, en que echó raíces su corazón. Un año antes de su muerte, la Madre General la quería llevar al norte de Italia, pero ella, al enterarse, exclamó: “¡Madre, ya no soy más que una pobre anciana, déjeme morir en Sicilia!”

Fotografía de la Beata (centro) con sus alumnas de Alì Marina, Sicilia (Italia).

Fotografía de la Beata (centro) con sus alumnas de Alì Marina, Sicilia (Italia).

Grande fue su labor en esta isla, donde ejerció como Inspectora o Provincial, siempre pensando y atendiendo a los más pobres y desamparados, para quienes abrió talleres, escuelas, oratorios festivos, y a quienes daba su catequesis. Célebres se hicieron sus dotes como catequista. A las niñas pobres les hacía poner en sus mochilas, sin que se dieran cuenta, despensa para paliar la pobreza de sus hogares. Tenía mucha preocupación de que el mayor número de niñas fueran becadas: todavía poco antes de morir, le escribió a la directora del colegio de Biancavilla: “¿Cómo es que ni siquiera a diecinueve muchachas pueden mantener gratuitamente? ¡Deben mantenerlas a costa de dejar su propia cama! De eso depende la bendición de Dios sobre ustedes. ¡Mucha atención, las cosas buenas cuestan sacrificios!”

A pesar de tener un puesto con autoridad, como inspectora, directora y maestra de novicias, no se alejaba de tareas humildes: cocina, portería, limpieza… al ayudar a una hermana a cargar el agua, ésta le reprendió: “¡Pero, Madre! ¿Qué hace?”. La Beata le respondió con una sonrisa: “¿Es que sólo ustedes quieren ir al cielo?”. Continuamente visitaba y atendía los colegios y casas de Sicilia. Tenía una gran devoción a San José y a María Auxiliadora. Las personas que convivían con ella la recuerdan por su gran amabilidad y por la tranquilidad que les quedaba en sus vidas luego de convivir con ella.

La última obra que fundó fue la escuela de Palagonia, a 37 km. de Catania. En ese lugar se atendieron pronto catequesis dos veces a la semana, Oratorio festivo los domingos, escuelas y talleres para chicas entre doce y dieciocho años. Antes de un mes ya se atendían 250 niños en el catecismo.

Estampa contemporánea de la Beata.

Estampa contemporánea de la Beata.

Desde 1890 padecía unos tumores que se consideraban benignos. El 22 de marzo de 1908 fue a pagar unos impuestos y a los servidores públicos que la atendieron les hizo gracia cuando les dijo: “¡En nuestras casas no hay riqueza circulante, sino miseria estable!”, por lo que obtuvo un descuento. Al volver a casa los dolores que le daban eran atroces. El médico que la atendió se dio cuenta de que lo que tenía era una peritonitis que amenazaba con perforar la cavidad abdominal. Inmediatamente le dieron los últimos sacramentos y Madre Magdalena esperó llena de confianza y con mucha tranquilidad el encuentro definitivo con Dios, pues el doctor le había enterado que sus horas estaban contadas. Murió en Catania el 26 de marzo de 1908. A su muerte ese año, había en Sicilia 18 casas, 142 hermanas, 20 novicias y 9 postulantes.

San Juan Pablo II la beatificó en Catania el 5 de noviembre de 1994. La familia salesiana la conmemora litúrgicamente el 15 de noviembre, aniversario de su nacimiento, pues la fecha de su muerte cae siempre en Cuaresma.

Pensamientos
“La santidad no se adquiere en pocos días, basta quererla, basta pedirla continuamente a Dios, basta empezar en seguida”.
“Se sube la alta montaña de la perfección con la constante mortificación. También las otras casas están hechas de pequeñas piedras superpuestas las unas a las otras”.
“¿Ves cómo es grande, inmenso, el mar? Más grande, inmensa, es la bondad de Dios”.
“Vivid con los pies en la tierra y la mente y los ojos dirigidos al cielo”.
“A Dios tendremos que dar cuenta también del bien que, pudiendo, no hemos hecho”.
“Acuérdate que hace mucho quien hace poco o incluso nada, pero hace lo que Dios quiere”.
“La alegría es el medio indispensable para la formación del carácter. La verdadera alegría es fuente de bien”.
“Ensancha tu corazón a la esperanza”.
“¡A la obra! Antes de los programas viene el servicio”.
“Con las jóvenes acuérdate de ser ante todo madre, luego educadora y profesora”.
“Amemos la oración del Rosario: en estos momentos nosotros hablamos con la Virgen María”.

Urna con la figura yacente que guarda los restos de la Beata.

Urna con la figura yacente que guarda los restos de la Beata.

Oración
Padre, que hiciste germinar en el corazón de la Beata Magdalena Morano, virgen, tu Palabra de Verdad, que la impulsó a trabajar con sabiduría y constancia en la educación de los jóvenes: concédenos que su intercesión nos ayude y su ejemplo nos mueva a ser dóciles a la acción del Espíritu Santo, para cumplir con alegría tu designio de amor. Por Nuestro Señor Jesucristo.

Humberto

Bibliografía:
– LÓPEZ CAMARENA, Juan Antonio, Santos para el Tercer Milenio, Contenidos de Formación Integral, México 2002, pp.285-289.

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Beato Artémides Zatti, coadjutor salesiano

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Fotografía del Beato.

Fotografía del Beato.

Introducción
La Congregación Salesiana, fundada por San Juan Bosco, es una institución religiosa mixta, es decir, está formada por sacerdotes y laicos consagrados (hermanos). Cuando la obra de Don Bosco se iniciaba, Italia estaba inmersa en su unificación política y el ambiente de gobierno era hostil a todo lo religioso. Por eso, el fundador determinó nominar su obra con términos educativos para no levantar sospechas y evitar confrontaciones: Instituto, Inspectoría y (Padre) Inspector, (en vez de Provincia y Padre Provincial), Rector Mayor. etc. También a los hermanos religiosos les dio un nombre laico: Coadjutor Salesiano. Con este término quiso evitar el término de fraile y su apócope de fray, dándoles el apelativo civil de “Señor” NN. Así, quiso poner también de realce el papel del laico consagrado en su misión como educador de la juventud. Por este motivo, tampoco quiso que usaran un hábito formal.

La misión del coadjutor salesiano es dar testimonio de su estado laical a la juventud, a la vez que vive su papel de consagrado mediante los votos dentro de esta Congregación. Por lo general, las funciones que desarrollan se encuentran en el sistema educativo, en los talleres técnicos, en la administración de algunas áreas determinadas y actualmente, gracias a la avanzada tecnología, en medios de comunicación, editoriales, etc. Aunque no se ordenan de sacerdotes, (hay casos en que los superiores lo determinan y lo promueven al estado clerical y al sacerdocio), gozan de los mismos derechos de los sacerdotes como miembros del instituto y, junto con ellos, son los responsables de mantener vivo el carisma salesiano y de transmitirlo a las nuevas generaciones. El Beato Artémides Zatti fue un coadjutor salesiano.

Infancia
Nació el 12 de octubre de 1880 en Boretto, en Reggio Emilia, Italia; siendo el tercero de ocho hijos del matrimonio de Luis y Albina. Su familia tenía muchos valores humanos y cristianos, pero estaba sumido en la pobreza, por lo cual nuestro Beato tuvo que abandonar los estudios primarios para dedicarse a trabajar a los nueve años. Ni con el trabajo de los hijos se podía salir adelante, por lo que el papá de Artémides decidió emigrar a América, hacia Argentina. Así, en 1897 ya estaban establecidos en Bahía Blanca.

Fotografía del Beato más joven.

Fotografía del Beato más joven.

Vocación religiosa
A los 17 años, gracias al contacto que tuvo con los salesianos de su parroquia, tuvo el deseo de ser él mismo salesiano. Así lo manifestó a su párroco, don Carlos Cavalli, quien le ayudó a entrar como postulante. Su primera labor fue la de cuidar a un joven sacerdote salesiano enfermo de tuberculosis, por lo terminó él mismo también contagiándose. Estuvo muy grave, a punto de morir, pero en medio de su enfermedad invocó a María Auxiliadora, le confió su problema a la Virgen Santísima y le prometió que, si le alcanzaba de Dios la curación, dedicaría su vida para atender a los enfermos. Admirablemente, quedó curado.

En 1908 emitió sus votos como salesiano y fue destinado a Viedma, donde atendería la farmacia del hospital que dirigía el sacerdote médico Evasio Garrone y a cuya muerte quedó bajo su responsabilidad. En este lugar, que fue la obra de su vida, tuvo su modo de ejercer la caridad, especialmente con los enfermos más pobres y más desamparados. Aquí, Artémides cumplió a la perfección la promesa hecha a María Auxiliadora y éste fue el lugar donde alcanzó la meta de la santidad. Hombre práctico, en 1913 estudió y se diplomó en Farmacología, para atender mejor a sus enfermos.

En abril de 1934 fue canonizado San Juan Bosco. Artémides obtuvo de los superiores el permiso de ir a Roma para esa celebración. Allí fue testigo, junto con la familia salesiana presente, de la solemne ceremonia que le llenó de gozo. Tuvo la oportunidad de visitar Turín, cuna de la Congregación y conocer personalmente los lugares que guardaban el recuerdo de su Santo fundador. También conoció la obra de San José Benito Cottolengo en esta ciudad que lo dejó gratamente impresionado. Alcanzó a desplazarse a su tierra natal, luego de cuarenta años de haberla dejado. Allí convivió con familiares y amigos en un encuentro inolvidable.

Sacerdote de cuerpos
Vuelto a Viedma, se dedicó más de lleno a atender a sus enfermos. Fue como un sacerdote de cuerpos y médico de almas para ellos. Estaba junto a ellos en el día, su charla amena les hacía olvidar las penas. Daba mucha confianza, pues muchas personas con enfermedades vergonzosas querían ser curadas sólo por él, que tenía una discreción muy fina, un tacto especial y una delicadeza angelical. También los enfermos de cáncer solicitaban mucho su apoyo. Le decían: “Don Zatti, ¿no tiene miedo de los microbios?” y él respondía con una sonrisa: “No, porque yo tengo unos microbios más fuertes”.

El Beato fotografiado junto a uno de sus pacientes, un niño hidrocefálico.

El Beato fotografiado junto a uno de sus pacientes, un niño hidrocefálico.

Dedicado a su misión al grado del heroísmo, no tenía menos sensibilidad que el resto de los mortales: el miedo a las infecciones y la repugnancia a las heridas que supuraban, que a otros hacían retroceder, él las pasaba por alto; y tal vez logró esto al recordar que personalmente sufrió en carne propia la tuberculosis. Con sencillez, con toda normalidad y naturalidad, atendía y curaba sin hacer muecas y con una sonrisa enfrentaba los más nauseabundo y repugnante. Es que la vivencia del Evangelio le inspiraba su vida y su acción. Decían del señor Zatti que “se había casado con el dolor y desposado con la miseria”. El Beato Artémides fue un artífice de vida. Por ello, consciente de que en un hospital no todos los enfermos se alivian y que en muchas ocasiones el lugar es antesala de la muerte, a los enfermos que veía que vendría pronto su desenlace, los animaba en su tristeza y les decía. “Eso pasará, lo único que vale es el amor de Dios”, y los ayudaba a prepararse al paso de esta vida a la otra.

En cierta ocasión atendía un niño campesino con mucho cariño, era un enfermo recién ingresado. Y sabía bien que no tenía esperanza. Se dio cuenta de que no había hecho la Primera Comunión y lo preparó personalmente. Cuando estuvo preparado lo llevó a la catedral para recibir a Jesús por primera vez en el Sacramento del altar como su fuera su padre. Ni el niño ni Don Zatti sabían que era el último día de su vida. Al regresar al hospital, la salud del niño empeoró, aunque el niño rebozaba de alegría por ese primer encuentro con Cristo. Al poco rato le manda llamar y le dice: “Don Zatti, me muero…” y el Beato le respondió: “Bueno, si quieres morir, comienza por hacer la señal de la Cruz. Ahora, junta tus manos y ya puedes irte al cielo, así, sonriendo…”. El niño obedecía paso a paso y gesto a gesto las indicaciones y quedó serenamente. Al día siguiente, un médico le informó: “Ha muerto el enfermito, pero qué cosa más curiosa, ha quedado con una sonrisa en los labios”. Corrió el Beato a verlo y esa sonrisa que él había dibujado en los labios, continuaba impresa en su rostro.

Su servicio se extendió fuera de la ciudad, sin importar que fuera de noche o de día. Llegaba hasta los tugurios y muchas veces no cobraba la revisión. No es raro que muchas veces los enfermos prefirieran la presencia del enfermero santo a la de los médicos. Amaba a sus enfermos, al grado de ver en ellos el rostro de Cristo. No era raro que a veces le dijera a una enfermera: “Hermana, ¿tiene ropa para un Jesús como de 12 años?”. Infatigable, se cuenta que nunca tuvo tiempo de descanso más que cinco días que estuvo en la cárcel por culpa de un detenido que se escapó del hospital, fuga de la que trataron hacerlo responsable. Su persona irradiaba a Dios. Un médico incrédulo decía: “Desde que he tratado al señor Zatti, creo en Dios”.

Mural contemporáneo y sepulcro del Beato.

Mural contemporáneo y sepulcro del Beato.

Personalidad
La práctica puntual de sus obligaciones es el matiz que abre esta faceta de su vida. Edificante en su vida religiosa, se notaba en él el esfuerzo continuo por la superación espiritual. Servicio sacrificado a todas horas, sin malas caras y con la dedicación intensa a los enfermos más repugnantes. Siempre sereno, nunca alterado, con una alegría y optimismo que contagiaba. Luchaba por acabar con la pobreza y escasez del hospital. Confiaba mucho en la Divina Providencia, pero decía: “No le pido a Dios que me consiga las cosas, sino que me diga dónde hay para yo ir por ellas”.

Enfermedad y muerte
En 1950 se cayó en una escalera y entre este año y el siguiente tuvo que guardar reposo a grandes intervalos. Es entonces cuando él mismo, al examinar los síntomas detecta que tiene cáncer, pero don Zatti no perdió la serenidad. Así, el 15 de marzo de 1951, vivió su pascual personal. Toda Viedma estuvo pendiente de su enfermedad y se hizo presente en su funeral. Todos querían darle el último adiós a quien había pasado su vida en la tierra haciendo el bien. Sus pobres y sus enfermos lo acompañaron, todos querían estar a su lado para llevarlo a su última morada.

Culto
Fue beatificado por San Juan Pablo II el 14 de abril de 2002. Su celebración litúrgica se determinó entonces que se celebrara el 15 de marzo, aniversario de su muerte. En el año 2000 se canonizó a los Santos mártires Luis Versiglia y Calixto Caravario, salesianos. A ellos se les celebraba el 13 de noviembre, aniversario de la primera expedición misionera salesiana. Pero en el reordenamiento del calendario propio de la familia salesiana, efectuada unos años después, se les asignó como fecha de celebración el 25 de febrero, aniversario de su muerte. Al quedar vacante la fecha del 13 de noviembre, se ha traslado a este día la celebración del Beato Artémides Zatti, cuya ocurrencia dentro de la Cuaresma impide celebrarlo con mayor solemnidad.

Humberto

Bibliografía:
– MARTÍNEZ PUCHE José A., Nuevo Año Cristiano, Marzo, Editorial Edibesa, Madrid, 2002, pp. 188-193

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Santos Luis Versiglia y Calixto Caravario, mártires salesianos

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Estampa conmemorativa de la canonización de Luis Versiglia, obispo; y Calixto Caravario, presbítero.

Estampa conmemorativa de la canonización de Luis Versiglia, obispo; y Calixto Caravario, presbítero.

Introducción
La Iglesia, desde sus orígenes, ha tratado de ser obediente al mandato de Cristo: “Vayan y prediquen el Evangelio a todos los hombres, y bautícenlos en el nombre del Padre, de Hijo y del Espíritu Santo”. En todas las partes donde hay una comunidad humana, ha tratado de sembrar la semilla de la Buena Nueva, con tesón y desaliento unas veces, teniendo éxito en ocasiones y reveses en otras.

China, el Gigante de Asia, es un país que por sus costumbres y tradiciones, así como por su vasta cultura, desde hace muchos siglos tiene un proceso evangelizador muy tierno, que no termina de madurar; sin embargo, ha producido muchísimos frutos de vida eterna: hombres y mujeres que fieles a sus orígenes ancestrales, supieron conjugar el Evangelio de Jesucristo con su entorno social y que dieron testimonio de Cristo, muchas veces, hasta con sus vidas. El Evangelio fue predicado en estas tierras ya desde el s.V, y en el s.VII hay rastros de la erección de una iglesia. Con el comienzo de la Edad Moderna, desde el s. XVI ha existido el afán por parte de la Iglesia Católica por compartir la luz de Cristo con esta nación. Baste recordar cómo San Francisco Javier murió en una isla frente a las costas de China, con el deseo ardiente de ir a misionar en ese país. Desde estos tiempos, muchos misioneros, además de prepararse en la fe y su doctrina, se prepararon el campo científico, sobre todo en las matemáticas y la astronomía, para poder compaginar la fe cristiana con la cultura china, algo que en su momento fue viable y que era una realidad que no se oponía con los valores del pueblo chino. Así hubo un enriquecimiento de luz con una nueva dimensión. Muchos fueron los que en esta coyuntura pidieron el bautismo y llegaron a ser fervientes cristianos.

Desafortunadamente, entre los ss. XVII-XX, de manera abierta o solapada, violenta o velada, hubo varias persecuciones sistemáticas en las que murieron muchísimos fieles y de misioneros que se habían hecho chinos con los chinos para dar a conocer a Cristo. Desde el s.XIX hubo legislaciones que regulaban prohibiciones para que los nacionales no accedieran a las órdenes sagradas y para que los sacerdotes no propagaran la doctrina cristiana. En 1842 China firmó su primer tratado internacional, en el que se comprometió con la comunidad internacional a tolerar la religión cristina y a no perseguirla. Se conoció entonces una época de vigor y crecimiento, expansión y fertilidad, en el que la Iglesia Católica vivió abiertamente, ejerciendo su acción misionera, desarrollándose en el ámbito de la educación superior y la investigación científica. Así se fortalecieron paulatinamente las relaciones entre la Iglesia Católica y China. Pero esto, tal vez fue una pausa para fortalecerse, hasta las próximas adversidades que sobrevendrían con la insurrección de la Asociación de Justicia y de Economía, conocida como la Rebelión de los Bóxers a principios del s.XX, la que causó derramamiento de sangre de muchísimos cristianos.

Estampa de Versiglia y Caravario con el cáliz rebosante de sangre que soñó San Juan Bosco.

Estampa de Versiglia y Caravario con el cáliz rebosante de sangre que soñó San Juan Bosco.

Treinta años después de estos eventos, tocará a nuestros Santos Luis Versiglia y Calixto Caravario unir su trabajo, sus esfuerzos y sus vidas a esta larga procesión de testigos de Cristo. Se reconoce oficialmente a San Francisco Fernández de Capillas (OP) como el primer mártir de China; serán estos dos santos los que cierren como broche de oro la lista de los Santos Mártires de este país, canonizados por la Iglesia Católica en el año 2000.

En este contexto, cabe recordar el anhelo misionero de San Juan Bosco, que en diversos sueños vio cómo su trabajo apostólico no sólo trascendería Valdocco, sino Italia, llegando hasta la Patagonia y otros lugares del mundo. En otro de sus sueños, vio un cáliz lleno sangre que hervía y se derramaba; con este sueño comprendió que en su Congregación también habría testigos que darían sus vidas a causa de Cristo. Corresponde a nuestros Santos ahora biografiados ser los Protomártires Salesianos, por eso, en su iconografía, se les representa con un cáliz del que se derrama la sangre.

San Luis Versiglia
Nació en Oliva Gessi, Pavía, el 3 de junio de 1873, hijo de Juan Constantino Versiglia y María Giorgi. Entre 1884 y 1888 hizo sus estudios medios en el Oratorio Salesiano de Turín; era un joven educado, sociable, ingenioso y muy sensible. Allí conoció a San Juan Bosco, quien fue su director espiritual y a quien daría, en nombre de toda la comunidad, un mensaje de felicitación con motivo de su último cumpleaños. En una ocasión, San Juan Bosco le dijo que quería platicar con él y que lo buscara luego, pero la muerte del Santo le impidió hacer la entrevista. Cabe señalar que Luis Versiglia no quería ser sacerdote, a pesar de que muchos le veían la vocación para ello, él insistía en que deseaba ser veterinario.

Pocas semanas después de la muerte del fundador salesiano, el 11 de de marzo de 1888, tuvo la oportunidad de participar en la Basílica de María Auxiliadora en una misa de envío de siete misioneros; la ceremonia le abrió pensamientos y deseos, y desde entonces se convenció de que su vocación era la de ser sacerdote y también misionero. En este lugar tendría como compañero a San Luis Orione. Continuó sus estudios en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, donde se graduó en Filosofía. Recibió la Ordenación Sacerdotal el 21 de diciembre de 1895. Con las ilusiones de un neosacerdote, fue enviado a por el Beato Miguel Rúa a Geano, donde también fue nombrado maestro de novicios a pesar de su juventud. Don Rúa lo mandaría a las misiones, cuando estuviera bien preparado, antes, iba ser por su cualidades un formador. No estaba conforme con ello, pero hizo un buen trabajo durante su permanencia en ese lugar, que duró nueve años. Durante este tiempo, estudió varios idiomas, lo que le serviría de herramienta después como misionero.

Fotografía de Luis Versiglia en su atuendo de obispo.

Fotografía de Luis Versiglia en su atuendo de obispo.

En 1906 partió como director de la primera expedición misionera salesiana a China. En Macao se hizo cargo de un orfanatorio y tuvo mucha diligencia para proyectar y hacer funcionar escuelas profesionales que fueron la admiración de los ciudadanos. En 1910, como resultado de la revolución portuguesa con tintes anticlericales, las colonia de este país se vieron afectadas por estas razones y por esto tuvo que emigrar a Hong Kong. Entonces, el obispo de Macao les ofreció a los salesianos la misión de Heung Shan. Luis Versiglia emprende una vida como debe ser la de un misionero, plenamente dedicada al hermano, con las dificultades y limitaciones, pero con el gusto infinito de transmitir la luz de la fe.

En 1914 regresa a Macao, donde permanece hasta 1918, cuando su Congregación recibe la encomienda de la misión en Kwang Tung, que luego será erigida en Vicariato Apostólico de Shiuchow, del que será su primer obispo. Nombrado obispo titular de Caristo, fue consagrado como sucesor de los Apóstoles el 9 de enero de 1921, por ministerio del Obispo de Cantón, Monseñor De Guébriant. Instantes comprometedores estos, pues los atentados en contra de la Iglesia Católica, en vez de amainar, arreciaban. Pero las dificultades no lo detuvieron. Tanto el Vicariato como la Misión Salesiana tuvieron un impulso muy fuerte debido al fervor de este obispo. Con la colaboración de sus hermanos salesianos, hubo fecundas iniciativas; bajo su impulso se multiplicaron las casas de misión, institutos, asilos, orfanatorios; aún en las zonas más abandonadas florecieron estos afanes misioneros. Cabe referir como las obras más importantes fundadas por nuestro Santo, el Orfanato de Hosim, dos escuelas para maestros, y el Seminario de Nativos.

San Luis Versiglia brilló por ser un buen pastor: lleno de caridad extraordinaria, espíritu de abnegación y un particular impulso evangélico. Cuatro veces fue secuestrado por piratas y él, con calma, tranquilidad y serena audacia, pudo vencerlos y escapar. Bueno e indulgente con todos, austero y exigente consigo mismo, tenía la costumbre de mortificarse con cilicios de hierro. Un itinerario espiritual como el suyo fue bendecido con muchos frutos apostólicos. María Auxiliadora era su luz, de Ella decía: “Sin María Auxiliadora, los salesianos no somos nada”.

Fotografía de San Calixto Caravario, presbítero.

Fotografía de San Calixto Caravario, presbítero.

San Calixto Caravario
Nació en Courgné Canavese, Turín, el 18 de junio de 1903. Hijo de dos pobres pero muy trabajadores padres: Pedro Caravario y su esposa Rosa, quienes le dieron una buena educación y lo enseñaron a amar a Dios. De niño era muy dado a hacer oración y era muy dócil con su madre para ayudarle en las labores domésticas. Pocos años después, por motivos de trabajo, su familia se trasladó a Turín. Allí hizo la escuela elemental y luego continuó sus estudios en el Colegio Salesiano de San Juan Bautista. Constante en el Oratorio, en ese lugar, a los quince años, descubrió su vocación sacerdotal. Allí decía: «He tenido la suerte de tener una familia: estos niños, sin embargo, tienen un futuro que sólo se puede confiar en el Señor. Hay que ayudarlos a encontrar su camino con la ayuda de la Divina Providencia.»

Hizo los estudios medios en el Oratorio Salesiano de Turín y el noviciado en Fogliozzo Canavese. En este tiempo, escribió en sus anotaciones este pensamiento: “Señor, la cruz que Tú me des, no me importa que sea ligera o pesada, sólo te pido que me ayudes a llevarla de buena gana”. Los estudios superiores los realiza en la capital del Piamonte, donde se gradúa en Enseñanzas Clásicas. Comenzó sus prácticas como asistente en el Oratorio de Valdocco, donde había sido alumno. Habiendo confiado a sus superiores su ardiente vocación misionera, en octubre de 1924 partió para China; antes, en Shangai y Timor, tuvo lugares donde preparase como misionero y sacerdote. Son impresionantes las cartas a su madre, donde habla de sus anhelos de ser un buen misionero y un santo sacerdote. También refiere sus dificultades para aprender a hablar el idioma chino. Recibió la ordenación sacerdotal el 18 de mayo de 1929 por ministerio de San Luis Versiglia, con quien compartiría además, la palma del martirio.

Fue enviado al territorio de misión de Linchow, el más alejado del Vicariato de Shiuchow, allí pudo demostrar las dotes de su celo y virtud sacerdotal y apostólica poco comunes en un joven sacerdote. Se le recuerda como muy buen predicador y muy amante del Santísimo Sacramento.

Paño salpicado con sangre de San Luis Versiglia. Basílica de Santa María Auxiliadora, Turín (Italia).

Paño salpicado con sangre de San Luis Versiglia. Basílica de Santa María Auxiliadora, Turín (Italia).

Martirio
Desde 1926, en la zona se manifiestan expresiones contra los extranjeros y los misioneros, se cuelgan letreros en las escuelas invitando a los alumnos a abandonar los locales y profiriendo insultos contra los salesianos. En 1927 las iglesias son incendiadas, el ambiente se hará más difícil y enrarecido desde entonces.

Apenas medio año de la llegada de Calixto Caravario a Linchow, recibió con alegría la noticia de la Visita Pastoral de su obispo a su comunidad. Entonces optó por acudir a para recibirlo y luego acompañarlo hasta Linchow. El 25 de febrero de 1930 se unieron a ellos tres mujeres de la misión, para volver con ellos en una barca por el Río a Linchow. Al pasar por la localidad de Li Thau Tseui, fueron atacados por piratas bolcheviques que los golpearon bárbaramente, luego los apresaron y ataron. Posteriormente los llevaron a un bosque de bambú cercano, donde fueron acometidos física y verbalmente; querían destruir la iglesia y raptar para violar a la mujeres que venían con ellos.

Entonces los sacerdotes decidieron proteger a las mujeres, y por esto se les atacó con mayor saña, aunque provocaron en sus verdugos la admiración por su valentía. Acostumbrados a ver el terror en los ojos de sus víctimas, miraron en sus pupilas el gozo de la ofrenda suprema a Dios: la de la propia vida. Antes pudieron darse las absoluciones mutuamente arrodillados y luego fueron fusilados.

Primitivo sepulcro de San Luis Verisglia y San Calixto Caravario.

Primitivo sepulcro de San Luis Verisglia y San Calixto Caravario.

Culto
Fueron beatificados el 15 de mayo de 1983 por el Papa San Juan Pablo II y canonizados por él mismo con el grupo de 120 mártires de China encabezado por San Agustín Zhao Rong. La memoria de estos santos fue incluida en el calendario universal con la categoría de memoria opcional. La familia salesiana celebró su recuerdo el 13 de noviembre como memoria opcional. Luego de su canonización, se les celebra con la categoría de fiesta en el aniversario de su nacimiento al cielo.

Los restos de San Luis Versiglia se hallan sepultados en la procatedral de Shiuchow, mientras que los de San Calixto Caravario se encuentran en la iglesia de San José, en Hosai.

Humberto

Bibliografía:
– DE ECHEVERRÍA Lamberto; LLORCA Bernardino; REPETTO BETES Bernardino; Año Cristiano, II Febrero, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 2003, pp. 544-549.

Enlace consultado (16/02/2014):
http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_academies/cult-martyrum/martiri/001.html

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Beato Alberto Marvelli

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Ilustración del Beato basada en una fotografía suya.

Ilustración del Beato basada en una fotografía suya.

La vida de Alberto Marvelli la conocemos gracias al testimonio de quienes vivieron con él y, sobre todo, de un diario que escribió entre los años 1933 y 1946. Alberto nació en Ferrara, 21 de marzo de 1918, en una familia numerosa y acomodada de profundas creencias y vida cristiana. Sus padres fueron Alfredo Marvelli – de oficio banquero, era director de banco y por el tipo de oficio que tenía, cambiaban de residencia frecuentemente – y María Mayr. Establecieron su residencia después de muchos sitios en Rímini. La familia Marvelli contaba con 9 miembros y Alberto tenía por hermanos a Adolfo, Carlo, Rafaello, Giorgio y Gede. Giorgino moriría tan sólo con tres años, al ser atropellado por un coche.

A Alberto lo podemos describir como un hombre fuerte y dinámico, que reflexiona sobre cómo ser santo en la realidad de la vida cotidiana. En 1941 escribió: «Quiero que mi vida sea un continuo acto de amor (…) El amor que es la fe, el amor es el amor, el apostolado, el sentido del deber, el deseo de santificar”. Estas palabras no son extrañas, puesto que el ejemplo de sus padres alentaba a toda la familia a vivir en la caridad; su padre era dirigente de la Acción Católica y Presidente de la Conferencia de San Vicente de Paúl en su parroquia, su madre María, catequista, y trabajaba con las señoras de la caridad. Lo que alimenta esta energía es la Eucaristía. «Todo mi ser – escribe en sus notas -, está impregnado por el amor de Dios, como él viene a mí con su cuerpo y su alma y diviniza todo mi cuerpo, mis pensamientos, mis acciones, mis palabras”. Su madre, además, era una mujer de profunda caridad, siempre atendió a los pobres que tocaban la puerta del hogar Marvelli, ocurriendo a veces que, en la mesa, para sus hijos, tras volver de la escuela, había sólo un primer plato. «Ha pasado Jesús», decía su madre. «Tenía hambre y le he dado aquello que tenía». Sus hijos comprendían que habían pasado muchos pobres. Alfredo y María gastaban en obras de caridad gran parte de sus ingresos. Alberto y sus hermanos fueron educados en este clima sereno y cristiano, enriquecido por el amor del intercambio, por la oración, por la caridad.

Con casi 15 años de edad muere su padre Alfredo, víctima de una meningitis, y es ahora cuando María debe guiar a una numerosa familia. Aun así, a pesar de los problemas económicos que vivieron, no dejó de ayudar a aquellos que tocaban la puerta.

El Beato practicando deporte junto con sus amigos.

El Beato practicando deporte junto con sus amigos.

En este tiempo es cuando va teniendo mayor contacto en la parroquia salesiana de María Auxiliadora, conoce el Oratorio y se inscribe en la Juventud Católica Italiana del círculo “Don Bosco”. Ahí en el Oratorio ejerció deporte, juegos, excursiones al teatro, el ambiente era rico, alegre y sereno. Así pues, la espiritualidad que de por sí ya poseía Alberto, se va impregnando la espiritualidad salesiana. Tenía un físico fuerte, robusto, sano, pero consideraba el deporte como un medio para afinar ciertas cualidades de carácter, para combatir la pereza, para fortalecer la personalidad.

Era inteligente, dotado de una buena memoria, pacífico aun siendo vivaz, fuerte de carácter, generoso, animado por un profundo sentido de la responsabilidad y justicia; gracias a sus cualidades humanas tenía una fuerte autoridad sobre los compañeros; era estimado por todos por sus virtudes.

Al morir su padre comenzó a escribir un diario, por el cual conocemos su persona y su espiritualidad; en él plasmó propósitos y aspiraciones, su relación íntima con Dios. Es a partir de aquí cuando luchará con todas sus fuerzas contra el pecado, se consagra a la Virgen María, en su diario queda plasmado su programa de vida espiritual que iba desde la oración, visitas al Santísimo, confesión frecuente, meditación… En el diario se puede leer «No se puede vivir una vida a medias, no se pueden conciliar Jesús y el diablo, la gracia y el pecado. Y yo quiero ser todo de Jesús, todo suyo. Si hasta ahora he venido siendo un poco incierto, ahora debo abandonar cualquier tipo de incertidumbre. El camino está tomado: sufrir todo, pero no pecar más. Jesús, mejor morir que pecar. Ayúdame a mantener esta promesa».

Tras el ingreso de su hermano Adolfo a la academia militar en Turín en 1935, Alberto será el cabeza de familia y ejemplo para sus hermanos menores; y así tomará en su vida otras responsabilidades para con su familia. «La vida es acción, es movimiento, y también mi vida debe ser acción, movimiento continuo sin descanso: movimiento y acción que tiendan al único fin del hombre: salvarse y salvar».

Fotografía del Beato entre los sacerdotes como delegado de Acción Católica.

Fotografía del Beato entre los sacerdotes como delegado de Acción Católica.

Se adhirió a la Acción Católica en 1930, entrando a formar parte del grupo de «jóvenes católicos». Vivía esta acción con intensidad y la difundía con entusiasmo. La Acción Católica era toda una comunidad y de ahí su importancia; allí se vivía una experiencia de Dios con un apostolado particular y es aquí donde realiza la maduración de su camino espiritual, su voluntad de ser santo. «Mi programa, – escribe en el diario -, se compendia en una palabra: santo. A esta palabra, que dice ya todo, quiero añadir la del apostolado pues, por ser joven de la Acción Católica, es mi obligación imperiosa hacer apostolado siempre y por todos lados». Decía también: «Nosotros, los jóvenes de Acción Católica tenemos una doble responsabilidad ante Dios y ante el mundo, porque pertenecemos a la Iglesia por un doble vínculo: por el bautismo y por la Acción Católica, que es la misma Iglesia». La Acción Católica fue el ámbito principal en el que Alberto educó su juventud para la generosidad, para el trabajo, para la santidad.

En la Universidad de Bolonia ingresó en la Facultad de Ingeniería Mecánica y este período universitario marcó un momento crucial y una apertura nueva en su formación espiritual, cultural y política. Esta intimidad con Dios, lograda precisamente a través de la Eucaristía, significaba que él estaba abierto al otro, sintiendo las profundas injusticias, pecados y miserias de su tiempo. Brilla el fervor de la caridad, que se manifiesta con una delicada atención a los problemas de la gente. Durante la Segunda Guerra Mundial, Marvelli está siempre en primer plano para ayudar a los militares, a los necesitados, a las personas sin hogar.

El Beato fotografiado de soldado (dcha.) en octubre de 1941 en Trieste, italia.

El Beato fotografiado de soldado (dcha.) en octubre de 1941 en Trieste, italia.

Al licenciarse ya Italia estaba en guerra desde el 10 de junio de 1940, una guerra que Alberto condena abiertamente definiéndola como «un momento catastrófico de la vida social». Escribe en su diario: «Todos los hombres hablan de paz, pero pocos son los que, como el Papa, trabajan por ella, para mantenerla, para hacer que vuelva. ¡Cuántas vidas se sacrifican, cuántos jóvenes derraman su sangre, cuántos dolores se renuevan! Jesús, protege Italia, presérvala de la destrucción total: ¡que desaparezca para siempre la guerra del mundo!».

El ambiente que se genera en el cuartel es de blasfemias, vulgaridades, inmoralidades, se añade la rabia por el largo servicio militar y la incertidumbre acerca del futuro. Así que reúne de entre los reclutas y graduados a los miembros de la Acción Católica y a todos cuantos estuvieran dispuestos a dar testimonio de la fe con valentía, organizando encuentros formativos y participando en la misa. Se acercaba a todos con una sincera amistad hecha de generosidad y altruismo. Estar cerca, servir, dar testimonio: éste era su estilo.

En la guerra moriría su hermano Lello, en el frente ruso. Entre los hermanos, Lello era el más querido por Alberto, por su buen carácter y la sintonía que tenía con sus ideas. Tras esta experiencia reflexionó sobre el dolor humano, sobre la fe, sobre la voluntad de Dios. Le tocó a Alberto comunicar la noticia a su hermano Carlo, prisionero en Egipto: «… pensando que cada sufrimiento, cada dolor tiene su lugar en la economía divina, levantemos nuestro pensamiento a Dios, y desde lo profundo del corazón. Gracias, Señor, por la vida que me has dado, por los sufrimientos que me has enviado, por los sacrificios que me has pedido. Haz que no pasen en vano en mi vida, sino que me dejen una saludable y profunda firmeza y consoliden el propósito de cumplir toda acción para tu gloria».

Tras los bombardeos de noviembre de 1943 a septiembre de 1944 sobre Rímini, que quedó prácticamente destruida, Alberto y su familia ayudan a los heridos y necesitados desplazados por los bombardeos desde Vergiano, mostrando así siempre una compasión e interés por los que sufrían. Compraban víveres, daban de comer a los hambrientos, atendían enfermos. Como los alemanes seguían avanzando en el verano de 1944, y al no sentirse seguros, miles de familias buscan refugio en la República cercana de San Marino, confiando en su rigurosa neutralidad que, más tarde, no será respetada. También Alberto lleva a su familia a San Marino. Tras haberla acomodado, hace de nuevo más veces el trayecto Rímini-San Marino para poner a salvo a otras familias. La pequeña República, que normalmente contaba con 14.000 habitantes, tenía ahora 120.000.

Fotografía del Beato (el quinto a la derecha de la fila superior, con una flecha sobre la cabeza) a los 18 años, con los compañeros del Liceo.

Fotografía del Beato (el quinto a la derecha de la fila superior, con una flecha sobre la cabeza) a los 18 años, con los compañeros del Liceo.

El 27 de septiembre, los aliados ocuparon Rímini, venciendo las últimas resistencias alemanas. Los evacuados salen de sus escondites y toman el camino de vuelta a sus casas destruidas. Así quem junto con la comunidadm comienza la reconstrucción de Rímini. Así lo describe en su diario: «Servir es mejor que ser servido. Jesús sirve». La difícil situación de las familias y la situación de la ciudad hacen que se comprometa de lleno a la reconstrucción de esa sociedad; y como dedicó mucho tiempo en ello, sería criticado por algunos, pues ya dedicaba menos tiempo a las actividades eclesiales, a lo que respondía: «También esto es apostolado», reafirmando así su vocación de laico comprometido en el mundo. Alberto estaba convencido de que se podía llegar a la santidad precisamente en las tareas del mundo, en el trabajo, en la profesión, en la familia, en el estudio, en cualquier situación, siempre que se trabaje para que la convivencia social se inspire en el evangelio y al servicio del hombre.

Ya con una madurez humana y cristiana forjada desde la niñez con ayuda de sus padres, la experiencia de Dios en la vida cotidiana y con ayuda de su director espiritual, comenzó a participar en las cuestiones políticas, inscribiéndose al Partido Democracia Cristiana; así nuestro beato recordaba las palabras de Pío XI: «El campo político es el campo de una caridad más vasta, la caridad política». Se preocupó por reconstruir el futuro del pueblo italiano, sin ver lo que comúnmente se encuentra en los ámbitos políticos, como intereses personales y partidistas.

Fotografía del Beato con sus compañeros y abajo, haciendo deporte en bicicleta.

Fotografía del Beato con sus compañeros y abajo, haciendo deporte en bicicleta.

Poco después abrió comedores para pobres, gente sin techo, enfermos, marginados; vio las necesidades de sus hermanos y se preocupó de sus necesidades primarias, así como de las espirituales. Rezaba con ellos: «No somos nosotros los que os damos. Los que verdaderamente nos dais sois vosotros, que con vuestros sufrimientos y los problemas de la vida, nos enseñáis cómo se sufre y nos permitís manifestaros nuestro amor».

Respecto a su vocación como laico, meditando toda la intervención de Dios en su vida, llegaba a pensar qué más quería el Señor de él. En el año 1946 reflexionó sobre su vocación, y sabía que la vocación de laico era la llamada que Cristo le había hecho, apartándose de ideas de ser religioso o sacerdote. Enamorado de Marilena Aldé de Lecco, sentía que era la mujer con la que compartiría su vida. Así escribe en una carta dirigida a ella: «… desde el lunes, siento que mi corazón late por ti, tras haberte visto siempre preciosa y con los ojos un tanto melancólicos, pero tan buenos. ¿Podría ser esta la llamada que está despertando el amor?». Semejante carta dirigida a Marilena no tuvo respuesta alguna, de ahí que no insiste más en tener comunicación con ella.

La vida de Alberto terminó como la de su hermano, el infante Giorgino. Era 5 de octubre de 1946, cuando estando en bicicleta, dirigiéndose hacia un mítin político por la tarde, un camión militar lo atropella. Llevado al hospital, no recupera la conciencia; y dos horas después muere; junto a él, en el hospital, estaban su madre y dos hermanos.

En los funerales de Alberto se encontró una muchedumbre que lloraba y rezaba por él, pobres, políticos, amigos se reunieron en torno a él y a la familia Marvelli. Finalmente fue sepultado en el cementerio de Rímini, y en su lápida se lee: Alberto Marvelli, obrero de Cristo. Su fama de santidad no se hizo esperar: muchos acudían a él pidiendo gracias, su intercesión. Su fama lo llevó a abrirse el proceso para su beatificación que se inició el 13 de julio de 1975. Ya el 2 de mayo de 1986 es proclamado Venerable y sus restos mortales son trasladados a la iglesia de San Agustín, en Rímini.

El milagro para la beatificación ocurrió el 1991, al quedar sanado el profesor Malfatti, que sufría una dolorosa «ciática con hernia discal L4 L5 de tipo medio y para mediano izquierdo, retrolístesis de L4 L5». El profesor Malfatti no podía ya ejercer su profesión por los dolores que le causaba. Ante la sugerencia de su cuñada, fue a la tumba de Alberto Marvelli, a Rímini, para pedirle la gracia. Al cabo de una semana, los dolores desaparecieron y el médico pudo reemprender su trabajo normal. Fue beatificado por el Papa San Juan Pablo II en Loreto el 5 de septiembre de 2004 con ocasión de la Conferencia Italiana de la Acción Católica, tras la curación total y duradera del profesor Malfatti.

Sepulcro del Beato en la iglesia de San Agustín de Rímini, Italia.

Sepulcro del Beato en la iglesia de San Agustín de Rímini, Italia.

Alberto Marvelli fue un hombre activo de la vida eclesial, social y vida política de su ciudad; vocación a la que los laicos estamos llamados, participar de la vida eclesial, introduciéndonos en las cuestiones políticas para buscar el bien de la sociedad. Alberto fue el hombre con una relación íntima con Cristo, pero recordando que la iglesia doméstica en la que nació y creció fue ejemplo de virtud y santidad: sus padres y hermanos crecieron en un ambiente totalmente cristiano, Alberto sirvió a Cristo en los pobres con caridad.

El Beato Alberto Marvelli se fijó en la vida del Beato Pier Giorgio Frassati como modelo de juventud cristiana. Ambas vidas, asociadas y entrelazadas: jóvenes, preocupados por la situación social en la que vivían, emprendedores de cambios, pero sobre todo, modelos de juventud cristiana.

Emmanuel

Enlace consultado (31/01/2014):
http://chiesa.rimini.it/albertomarvelli/?page_id=42

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santos de nombre Eduardo (II)

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Estampa del Beato Eduardo Klinik.

Estampa del Beato Eduardo Klinik.

Beato Eduardo Klinik (12 junio)
Eduardo Klinik era el segundo de tres hijos. Su padre era mecánico. Terminó el colegio en la casa salesiana de Oswiecim y en Poznan superó el examen de madurez. Durante la ocupación se dedicó a trabajar en una empresa de construcción. Su hermana, sor María, profesa de las Hermanas Ursulinas de Jesús Agonizante, afirma: “Cuando Eduardo fue al Oratorio, su vida religiosa se volvió muy profunda. Empezó a participar en la misa como monaguillo. En esta vida oratoriana involucró también a su hermano menor. Era muy sereno, tímido; se hizo más vivaz a su entrada al Oratorio. Era un estudiante metódico, responsable”.

En el grupo de los cinco se distinguía porque era muy dedicado a su campo de trabajo y daba la impresión de ser el más serio y profundo. Bajo la guía de los maestros salesianos, su vida espiritual giraba en torno al culto eucarístico, una vivísima devoción mariana y el entusiasmo por los ideales de San Juan Bosco. Fue arrestado por los nazis en septiembre de 1940 con otros cuatro jóvenes oratorianos; siendo todos decapitados en Dresde el 24 de agosto de 1942. El papa San Juan Pablo II los beatificó con otros 103 polacos mártires el 13 de junio de 1999.

Beato Eduardo Oldcorne (7 de abril o 21 de febrero, York, Inglaterra, 1561-1606)
El Beato Eduardo Oldcorne es parte del grupo de mártires, eclesiásticos y laicos, que fueron víctimas de las persecuciones anticatólicas en Inglaterra, bajo el reinado de Isabel y de su sucesor Jaime I (1566-1625).

Nació en York en 1560-61, fue educado en la religión católica en una familia cuyo padre era un converso del anglicanismo. El 12 de agosto fue admitido en el Colegio Inglés de Reims y enviado al año siguiente al Colegio Inglés de Roma a proseguir sus estudios. Fue ordenado sacerdote el 23 de agosto de 1587 en la Basílica de San Juan de Letrán, solicitó y obtuvo del general de los jesuitas Claudio Acquaviva el ingresar en la Compañía de Jesús, prometiendo marchar y trabajar en las misiones inglesas.

Estampa del Beato Eduardo Oldcorne, jesuita mártir inglés.

Estampa del Beato Eduardo Oldcorne, jesuita mártir inglés.

Junto a un hermano en 1588 regresó a Inglaterra y poco después de haber recabado brevemente en Londres, se estableció en 1589 en el condado de Worcester, en el castillo de Hindlip, huésped del noble Thomas Abington. Vivió allí durante 17 años con el falso apellido de Hall, trabajando duramente por el bien de las almas, convirtiendo a numerosos protestantes a la fe católica, entre los cuales estuvo la hermana de su anfitrión, Dorotea Abington, que era una feroz anglicana, habiendo vivido durante mucho tiempo en la corte de la cismática reina Isabel y que alimentaba el odio contra los sacerdotes romanos. Mereció por ello el título de “apóstol del condado”.

En 1606 fue traicionado por un renegado que, por otra parte, había recibido sólo el bien de él, y siendo arrestado, fue conducido prisionero a Worcester y de allí a Londres, a las famosas prisiones de la Torre, donde fue torturado. Sufrió un juicio con la acusación infundada de haber participado en “la conspiración de la pólvora” organizada por los católicos ingleses contra el rey Jaime I, que pretendía hacer estallar el Parlamento en la sesión inaugural del 5 de noviembre de 1605, pero al ser descubierta falló y sus organizadores fueron ajusticiados. También Eduardo Oldcorne, en el clima persecutorio que hacía estragos contra los católicos, fue condenado a muerte, siendo ejecutado en Worcester el 7 de abril de 1606. Fue beatificado por Pío XI el 15 de diciembre de 1929.

Beato Luis Eduardo Cestac (Bayona, 6 de enero 1802 – 27 marzo 1868)
Fue considerado por sus conocidos como un “nuevo Cura de Ars” y el fundador de Obras extraordinarias. Nació en Bayona, ciudad de los Bajos Pirineos, en Francia, el 6 de enero de 1801, de Domingo y Juana Amitessarobe. Hacia los tres años sufrió una neuralgia incurable y un completo mutismo, por lo que la madre lo consagró a la Virgen de San Bernardo. Habiéndose curado, tuvo devoción a la Virgen durante toda su vida. En 1813 su familia se mudó a Puntous, en los Altos Pirineos, en tiempos de la invasión de Francia por parte de España e Inglaterra.

A los 17 años entró en el pequeño seminario de Aire, donde se encontró con Michele Garicoïts, que había conocido en Bayona, siendo también él un gran fundador. Trasladado a San Sulpicio en 1820, recibió al año siguiente, en Navidad de 1821, las órdenes menores. Al año siguiente, a causa de una enfermedad, regresó a Bayona y empezó a frecuentar el pequeño seminario de Larressorre, donde ejerció de ecónomo y profesor de matemáticas y música. Aquí se encontró con su confesor, de ideas jansenitas, que a la larga le negó la absolución, provocándole molestias y sufrimiento espiritual. El jansenismo, ya condenado por el papa Inocencio X, se basaba en el principio de que, debido a la profunda corrupción del hombre después del pecado original, era absolutamente necesario estar en gracia para salvarse, la cual sólo podía ser concedida por algunos por inescrutable designio de Dios.

Grabado del Beato Eduardo Oldcorne, jesuita inglés mártir.

Grabado del Beato Eduardo Oldcorne, jesuita inglés mártir.

Se hizo sacerdote el 17 de diciembre de 1825, siendo también profesor de filosofía, pero fue sospechoso de ser seguido del famoso sacerdote, filósofo, político y escritor Felicité-Robert de Lamennais, coautor del tradicionalismo, que era partidario de la idea de un catolicismo democrático para acercar la Iglesia a la sociedad moderna, filósofo que fue condenado por la Iglesia en 1832. Luis Cestac hubo de defenderse y afirmar su fidelidad a Roma. En 1831 el obispo local, monseñor d’Arbou, dejó a los profesores del seminario y se convirtió en vicario de la catedral hasta 1838.

En aquellos años y los siguiente comenzó la fundación de obras de notable importancia: la Asociación de Hijas de María para las criadas; la Obra de la Perseverancia para las señoritas de la buena sociedad, y el Círculo de estudio para los jóvenes; la Obra de las Huérfanas de María en 1836 que era totalmente gratuita y fue confiada el año siguiente a su hermana Elisa. En 1838 fundó la Obra de los Penitentes de María, que organizó un procedimiento a Chateauneuf en la ciudad de Auglet para poder darle la posibilidad de trabajar, institución que en 1839 tomó el nombre de “Nôtre-Dame du Refuge”, ciertamente la Obra más importante. En 1842 fundó la Congregación de las Religiosas Siervas de María con su hermana Elisa como superiora, que tomó el nombre de sor María Magdalena, cometido que ejerció durante siete años hasta su muerte, el 7 de marzo de 1849. Finalmente, el 15 de agosto de 1846 fundó la Congregación de las “Solitarias de San Bernardo” o “Silenciosas de María”, llamadas también hermanas Bernardinas, dedicadas al silencio perpetuo. También fue nombrado canónigo de la catedral de Bayona, cargo del cual, tras cinco años, en 1885, dimitió por no desatender sus Obras. Su actividad se extendió también a la organización de escuelas parroquiales: con métodos pedagógicos, compuso un Silabario y un Método para mejorar la ortografía, envió en 1854-56 a algunas hermanas a Madrid para dirigir un hospedal y una pensión para señoritas. Ya en 1860 había 900 Siervas de María, 160 Penitentes, en torno a 40 Solitarias y en torno a 60 Huérfanas.

El emperador de Francia Napoleón III, el 4 de octubre de 1865, le concedió la Légion d’honneur, el máximo galardón francés. Propagó la Medalla Milagrosa de la Virgen, celebró con solemnidad el dogma de la Inmaculada Concepción, siguió con azoramiento los eventos que acontecieron al papa Pío IX. Escribió las Notas íntimas con detalles de sus fundaciones y notas biográficas. Su santidad fue cumplimiento de sus deberes y el amor al prójimo con inmensa generosidad. Murió el 27 de marzo de 1868. La causa de su beatificación fue introducida el 7 de abril de 1908 y los procesos apostólicos referentes al mismo fueron llevados a Roma el 15 de marzo de 1916.

Fotografía del Beato Eduardo Juan María Poppe.

Fotografía del Beato Eduardo Juan María Poppe.

Beato Eduardo Juan María Poppe
Nació en Bélgica en 1890 y murió el 10 de junio en 1924. Es famosa su iniciativa de la “Cruzada eucarística”. En 1916, durante la Primera Guerra Mundial, Eduardo Poppe era vicepárroco de Gand, en una parroquia llena de comunistas. No esperó a las exhortaciones del Concilio para dar comienzo al diálogo con ellos, que no se basaba en argumentos políticos, sino en temas exquisitamente espirituales, así como eucarísticos. La pobreza material era la condición más evidente de los descuidados parroquianos de Gand, y era un azote que el vicepárroco trató de reparar mediante la caridad. Él se daba cuenta, sin embargo, de que la mayor miseria era de carácter espiritual, y que el hambre más devoradora se podía satisfacer simplemente con la Eucaristía.

Inició a los niños de familias ateas o indiferentes, que preparó para la Primera Comunión. Débil de salud, no escatimaba esfuerzos en la obra pastoral. “Amar a Cristo sin sufrir, escribía en su diario, es amarlo en broma”. Exhausto de fuerzas, fue trasladado a Moersette, donde se dedicó a la “Cruzada eucarística” lanzada por los Norbertinos de Averbote, y de la cual publicó opúsculos y artículos. En 1922 fue nombrado director espiritual del Centro de instrucción de los brancardiers, es decir, de los enfermeros de Bélgica, para los cuales escribió tratados y manuales.

A uno que una vez le pidió una fotografía como recuerdo, le dijo que no tenía. Luego, señalando un crucifijo, le dijo: “Quise parecerme a Él, luego ése es mi retrato”. Se exigía demasiado a sí mismo y pronto fue consumido por su ansia apostólica y su trabajo espiritual. No tenía más que 34 años cuando cayó en el lecho, y a las hermanas que le asistían, quienes quizás le reprochaban visiblemente su excesivo trabajo, les dijo, como leyéndoles el pensamiento: “Pensáis que es culpa mía, y que me he matado con demasiado trabajo. Tal vez, pero no me arrepiento, ni me apesadumbran mis excesos en el trabajo. Si me curo, todavía trabajaré más. Él me ha enseñado a morir por amar a los demás”. Y seguía señalando al Crucifijo, al qual quería parecerse en la muerte como se había parecido en la vida. Eduardo Poppe fue beatificado por Juan Pablo II el 3 de octubre de 1999.

Estampa del Beato Eduardo José Rosaz.

Estampa del Beato Eduardo José Rosaz.

Beato Eduardo José Rosaz (1830-1903)
El Beato Eduardo José Rosaz nació en Susa el 15 de febrero de 1830. En 1840 su familia se trasladó de Susa a Turín. A la edad de 21 años, cuando aún era seminarista, deseó entrar en la Congregación de los Oblatos de María Virgen. Su obispo, monseñor Odone, conocía bien a los oblatos y los llamó muchas veces a predicar en la diócesis segusina y también cerca del seminario. Los Oblatos de la Consolata gozaban de mucha fama por las misiones en Birmania y en la India, que eran polo de atracción para muchos jóvenes. Rosaz fue trasladado al seminario de Nizza Marittima por motivos de salud. Aquí entró en contacto con los Oblatos. Se inscribió en la Archiconfraternidad reparadora de blasfemias de los Oblatos de Nizza.

Rosaz mostró haber asimilado del obispo de Susa el espíritu ignaciano del padre Diessbach y del padre Lanteri. La base de su espiritualidad siempre fue el estudio cotidiano de las Sagradas Escrituras mediante el método ignaciano.

Beato Eduardo Kazmierski (12 de junio)
Eduardo Kazmierski, nacido en Poznan, provenía de una familia pobre. Su padre era zapatero. Apenas terminada la escuela elemental, se vio forzado a trabajar en un negocio y después en una empresa de mecánica. Entró pronto en el Oratorio salesiano y en este ambiente pudo desarrollar insólitas dotes musicales. De él se dice que la viva religiosidad que le venía de familia lo llevó bien pronto, bajo la guía de los salesianos, a la madurez cristiana. Pasaba el tiempo libre después del trabajo en el ambiente del Oratorio y crecía en la devoción eucarística y mariana.

A los 15 años participó en la peregrinación a Czestokowa, recorriendo a pie una distancia de unos 500 km. Fue presidente del círculo San Juan Bosco y se entusiasmó por los ideales salesianos. Vivaz, constante en sus decisiones, coherente, amaba cantar en la iglesia, en el coro, o como solista. A los quince años escribió algunas composiciones musicales. Se caracterizaba por su sobriedad, su prudencia y su benevolencia. Ayudaba como voluntario a los más ancianos y fue totalmente libre de cualquier sentimiento de odio hacia sus perseguidores.

Estampa del Beato Eduardo Kazmierski.

Estampa del Beato Eduardo Kazmierski.

Fue arrestado por los nazis en septiembre de 1940 con otros cuatro jóvenes oratorianos, todos fueron decapitados en Dresde el 24 de agosto de 1942. El papa Juan Pablo II lo beatificó con otros 103 mártires polacos el 13 de junio de 1999.

San Eduardo en las parroquias de Italia
– S. Eduardo en Busto Arsizio (VA), Via Sondrio, 11, 21052 Busto Arsizio (VA)
– S. Eduardo Rey en Nichelino (TO), Via Buonarroti, 16, 10042 Nichelino (TO)
– S. Eduardo en Sestriere (TO), Via Fraiteve, 1, 10058 Sestriere (TO)

Damiano Grenci

Bibliografía y sitios:
* AA. VV. – Biblioteca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi) – Voll. 1-12 e I-II-III appendice – Ed. Città Nuova
* C.E.I. – Martirologio Romano – Libreria Editrice Vaticana – 2007 – pp. 1142
* Grenci Damiano Marco – Archivio privato iconografico e agiografico: 1977 – 2014
* sito web di newsaints.faithweb.com
* sito web di wikipedia.org

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