San Abdel Masih al-Manahari, monje ortodoxo copto

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía del Santo.

Fotografía del Santo.

Abdel Masih (Abd al-Masih significa “esclavo del Mesías”), nació en el año 1892, cerca de la localidad egipcia de Abu Shehata Mattai, perteneciente a la provincia de Minya, a unos ciento cincuenta kilómetros de El Cairo. Era el único varón de una familia compuesta por unos padres cristianos – Hanin y Esther – y por varias hermanas, cosa que produjo una cierta consternación en su padre, que se dedicaba a la agricultura y a la ganadería de camellos y ovejas. En el bautismo se le impuso el nombre de Simón. Si Hanin se mostraba contrariado era porque quería que su hijo, al ser varón, le ayudase en las labores agrícolas y ganaderas, mientras que Simón, ya desde muy pequeño mostraba sus preferencias por visitar el monasterio de San Samuel el Confesor del monte Kalamoon, no lejos de su casa.

Simón ayudaba a su padre, pero cada vez que iba al monasterio, su padre se enfadaba, iba a buscarlo y “¿casualmente?”, varias cabezas de ganado morían. Conforme iba creciendo, mostraba su inclinación hacia la vida monacal, pero no lograba conseguir el permiso paterno. El padre amaba a su hijo y sabía que su entrada en el monasterio no suponía ningún peligro acerca de la titularidad de sus bienes, pero pensaba que necesitaba de él y más aun sería cuando ya estuviera avanzado en edad.

En su desesperación, un día el padre lo encerró en una habitación con una joven ofreciéndosela a su hijo, pero éste se negó. Al intentar seducirlo, él la amenazó diciéndole que si no lo dejaba le entraría un fuerte dolor de estómago y así ocurrió. Cuando la mujer gritaba de dolor pidiéndole perdón, él la perdonó y el dolor desapareció de inmediato. Enojado el padre, el hijo le preguntó si le daba libertad para entrar en el monasterio si Dios le concedía a su madre otro hijo varón que ocupara su lugar. El padre le dijo que sí y, poco después, nació un segundo niño en la familia al que llamaron Hanna. Fue entonces cuando Abd al-Masid marchó al monasterio de San Macario, que se encuentra en Wadi el-Natrum, entre El Cairo y Alejandría. Allí estudió con los monjes y, desde el primer momento, se distinguió como un hombre con un gran discernimiento espiritual, se alimentaba una sola vez al día con las sobras que dejaban los otros monjes y siempre, de legumbres y verduras. Dormía de pie, y para no caerse, se ataba por la axila a una cuerda sujeta al techo de la celda. En el monasterio fue tonsurado, se cambió el nombre y fue ordenado de sacerdote.

Icono ortodoxo copto del Santo.

Icono ortodoxo copto del Santo.

Conocedor del prestigio que estaba adquiriendo entre los monjes, se hizo pasar por loco y trató de huir al desierto para convertirse en un ermitaño, pero como su fama se extendía, creyó que la única forma de pasar desapercibido era volviendo al mundo. Así, se marchó al pueblo de Manahara (Almnahra), vestido interiormente como un monje, pero exteriormente disfrazado de una persona normal. A fin de pasar desapercibido, incluso a sabiendas de que eso supondría renunciar a sus votos, alguna que otra vez manifestó el deseo de casarse, pero claro, cuando la ocasión se le presentaba, lo rechazaba.

En el pueblo comenzó a ser tratado como un hombre normal, pero los niños veían algo extraño en él y se ponían a bailar alrededor suya llamándole “el monje loco”. Poco duró ese pasar desapercibido pues al preocuparse en exceso por los problemas de los demás, en alguna que otra ocasión se le “escaparon algunos pequeños milagros”. Además, algunos vecinos fueron testigos de que por la noche, cuando se dedicaba a la oración, lo rodeaba una especie de luces extrañas e incluso lo vieron comunicándose con la Virgen María. Él, para intentar desvanecer esas ideas en sus vecinos que empezaron a considerarlo como un santo, hizo algún milagro en provecho propio, como por ejemplo un día, arrodillado junto al lecho de un río y portando una cesta, pidió a los peces que saltaran directamente a ella. Quería demostrar que hacía una especie de magia tanto en beneficio de los demás como en el suyo, pero que eso no suponía que era santo. Aunque vivía en el pueblo, hacía frecuentes escapadas al monasterio a fin de no perder el contacto con la vida monástica.

Tenía el don de profecía. Un día, estando junto a un monje al que trataba de consolar pues tenía escrúpulos espirituales, le dijo que no le prestase atención a esos escrúpulos porque iba a ser nombrado obispo y a otro monje desconocido le dijo que llegaría a ser Papa. Nadie lo creyó, pero años más tarde, ese monje desconocido fue el Papa San Cirilo VI, patriarca de Alejandría, quien nombró obispo al monje que había tenido los escrúpulos. El mismo San Cirilo VI fue un día a Manahara a visitarlo y besarle la mano en reconocimiento de su santidad.

Altar con las reliquias del Santo.

Altar con las reliquias del Santo.

Durante el tiempo que estuvo viviendo en Manahara, ocupó una pequeña habitación, en la que se encerraba solo para dormir o para rezar. Esa habitación, es hoy meta de peregrinaciones y se conserva en su estado original como recordatorio de su pobreza y de su humildad, en contraste con una suntuosa iglesia y tiendas de recuerdos que hoy en día la rodean. Un día se le apareció en una visión a un tejedor local llamado Mukhtar, enfermo de cáncer, quien desahuciado se encomendó “al monje loco”. Abd al-Masih le entregó su manto, hizo que se envolviera en él y quedó inmediatamente curado. Al darle el manto y, bajo la promesa de que nunca comercializaría con él, se lo dejó definitivamente para que le diera el mismo uso con otras personas enfermas. Mukhtar lo ha hecho en innumerables ocasiones, produciéndose otras curaciones milagrosas, y a su muerte, se lo dió al obispo local.

En otra ocasión, una joven sufría de una enfermedad incurable y estaba prácticamente en agonía sin que los médicos pudieran hacer nada. Los padres de la joven se encomendaron al “monje loco” y el padre Abd al-Masih se acercó adonde estaba la muchacha, se arrodilló y puso su manto sobre su cabeza. La niña se levantó y los dos salieron juntos de la habitación, para regocijo de sus padres y familiares. Estos y otros hechos, fueron conocidos por todo el pueblo que los consideró como milagros. Llegó incluso a profetizar la expulsión del rey Farouk de Egipto, quién tuvo que refugiarse en Italia.

En la mañana del Domingo de Ramos del año 1963, el padre Abd al-Masih comenzó a decir: “Voy a ser feliz y me veré coronado en el día de la Gran Fiesta”. Constantemente repetía esta frase y nadie lo comprendía, creyendo que estaba actuando como un loco, cosa habitual en él. Murió en la mañana del día de Pascua, el 14 de abril del año 1963.

El cuerpo del Santo dentro de un relicario en su monasterio.

El cuerpo del Santo dentro de un relicario en su monasterio.

Los restos de San Abd al-Masih al-Manahari, fueron sepultados en el monasterio, se conservan incorruptos y una vez cada año, en el aniversario de su muerte, son mostrados públicamente.

Antonio Barrero

Enlaces consultados (30/07/2014):
– http://www.elmanahry.com/books
– http://newmiracles.org/

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es