San Alejo el Taumaturgo de Bortsurmany, sacerdote ortodoxo

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Icono ortodoxo ruso del Santo.

Icono ortodoxo ruso del Santo.

Aleksei nació en el seno de una familia sacerdotal, o sea, que su padre era sacerdote, el día 13 de mayo del 1762. De joven fue enviado al seminario, aunque antes de ordenarse de sacerdote contrajo matrimonio: fue un sacerdote casado. En 1784 fue ordenado de diácono por el obispo de Nizhny Novgorod asignándole el ministerio en la iglesia de Bortsurmany y trece años más tarde, fue ordenado de sacerdote, teniendo el mismo destino. En aquella diócesis trabajó hasta su vejez y muerte.

En los primeros años de su sacerdocio no llevó una vida totalmente ejemplarizante, pues en alguna ocasión se entregó a la bebida. Una noche fueron a llamarlo para que atendiera a un moribundo de un pueblo vecino; él se enojó diciendo que no lo molestasen, pero recapacitando, fue a visitarlo y cuando llegó se lo encontró muerto y, junto a él, tuvo la visión de un ángel con una copa en la mano. Esta visión le impresionó tanto que, cayendo de rodillas, estuvo toda la noche rezando y orando, convirtiéndose en una persona diferente; volvió a su casa siendo un hombre distinto. Desde ese día, solo se dedicó a servir a Dios y a sus feligreses.

Con todos los medios de los que disponía atendía a los pobres e indigentes, a los cuales entregaba el dinero que recibía de los ricos para adecentar y decorar su iglesia. Llegó a dar hasta su propia ropa y calzado. Ayudaba a los campesinos en las labores del campo y en la apicultura y cuando acontecía algún desastre, como incendios o pérdida de ganado, él siempre estaba disponible. Nadie sabía como se las ingeniaba para estirar el dinero a fin de atender a todos. A todo el mundo trataba con dulzura, a excepción de los brujos y adivinos, salvo que se arrepintieran y abandonasen sus actos de brujería. Nunca estaba ocioso y su familia, tampoco; tanto él, como su esposa María Borisovna, su hijo Leo y sus hijas, Esperanza y Tatiana, eran muy trabajadores.

Tuvo muchas visiones y revelaciones, algunas de las cuales fueron observadas por la abadesa del monasterio Arzamas. Una noche vio en sueños a Cristo vestido como un rey y, junto a él, tres doncellas vestidas de blanco, que dedujo eran las virtudes de la fe, la esperanza y el amor, mientras oía una voz celestial que le decía: “Este es mi Hijo Unigénito”. Muchas de estas visiones el las anotaba en un cuadernillo.

Retrato del Santo.

Retrato del Santo.

Durante la invasión francesa en el año 1812, Aleksei oraba para que sus feligreses no fuesen atacados y cuando celebraba la Divina Liturgia, oraba especialmente para que Rusia venciera a sus enemigos, llegando a tener una visión angélica que le aseguró la protección de los rusos. Algunos de sus feligreses llegaron a verlo en más de una ocasión, completamente absorto escuchando las palabras: “Apacienta mis ovejas, apacienta mis corderos, apacienta mi rebaño y guarda mi Iglesia”. La noche del 14 de febrero del 1814 tuvo una visión en la que él se encontraba arrodillado delante del altar de Dios, viéndose envuelto en una luz inefable.

Unos nueve años antes de su muerte, el padre Aleksei estuvo ayudado por Pablo Vigilyansky, que estaba casado con la nieta mayor de su hija Esperanza; el le transfirió todas sus principales responsabilidades parroquiales y el cuidado de su familia, mudándose a una pequeña celda, construida bajo el mismo techo de su casa, dedicándose exclusivamente a la oración. Quería vivir en soledad y solo atendía a quienes verdaderamente necesitaban de sus servicios. Vestía muy sencillamente, con una simple túnica y con un fuerte cilicio que llevó puesto hasta su muerte. Dormía en el suelo, en una habitación que más se parecía a un horno y en la que solo había una mesa, una silla y un atril con un icono; solo se calzaba cuando entraba en la iglesia y como estaba casi siempre de rodillas se le hincharon las piernas. Comía una sola vez al día y jamás consumía carne. Los miércoles y los viernes, al igual que durante toda la Gran Cuaresma, hacía ayuno absoluto, llegando a pedir que no le llevasen alimentos. Se dice que ¡durante los últimos treinta años de su vida, de lo poco que comía, no fue al baño! Al igual que San Serafín de Sarov, se quedó encorvado aunque sus ojos brillaban transmitiendo su alegría interior y leyendo los pensamientos más íntimos de quienes lo visitaban. En realidad tenía el don de clarividencia y el de sanación.

Vivía en completa oración como un monje, pero sin habitar en un monasterio. No importaba a que hora fueran a visitarlo, porque siempre lo encontraban rezando. Aunque eran grandes su fe y su amor a Dios, sufría tentaciones como nos lo cuenta la abadesa María de Arzamas, a las cuales él resistía leyendo el salterio. Un día, atormentado por las tentaciones, se postró ante un icono del Salvador y en respuesta a su oración, el padre Aleksei vio como la imagen de Jesús lloraba y le prometía la corona de la gloria: “Se paciente, espera pacientemente para obtener mi ayuda. Con ella derrotarás al enemigo y piensas que sin tentaciones, no habría coronas para ser coronados”.

Icono ortodoxo ruso del Santo.

Icono ortodoxo ruso del Santo.

Aunque salía para oficiar en la iglesia, prácticamente solo tenía contacto con su hijo Leo – que también se ordenó de sacerdote y estaba destinado en un pueblo cercano -, con su nieta y con quienes acudían a él buscando consuelo en el cuerpo y en el alma. La fama de su santidad y su don de sanación (curandero) se corrió por toda la región. Estos son tres ejemplos de algunos de los milagros obrados por el padre Aleksei:

En los años cuarenta del siglo XIX, un matrimonio de Kurmysh tuvo una hija que nació sin pies y cuando la niña tenía unos seis años de edad, al oír hablar sobre la santidad del padre Aleksei, cargando con su hija en brazos, los padres fueron andando hasta Bortsurmany, para verlo y para que orase por su hija. Llegaron de noche y se dirigieron a su celda y aunque el padre no la había visto en su vida, la llamó por su nombre, puso su mano sobre su cabeza, entró en profunda oración y ungió los pies de la niña con el aceite de la lámpara que ardía ante el icono de su celda. Los despidió diciendo que seguiría orando por la niña y los padres se marcharon con ella. Cuando llevaban caminadas unas doce millas, la niña pidió que la pusieran en el suelo y aunque sus padres sabían que no podía caminar, llorando lo hicieron. Para su sorpresa vieron que la niña movía las piernas arrastrándose hacia adelante. La volvieron a coger y ante la insistencia de la niña, nuevamente la pusieron en el suelo llegando la niña andando por sus propios pies hasta Kurmysh. Este milagro está documentado.

También en Kurmysh vivía un pescador llamado Lucas Shulaev que se hirió una mano con un gancho. La mano se le hinchó y aunque le aconsejaron que fuera al médico, él se negó. Como la herida iba de mal en peor, finalmente acudió al médico, quién le dijo que había llegado demasiado tarde y que había que amputarle la mano. El pescador se marchó a Bortsurmany, solicitándole ayuda al padre Aleksei, quién le ungió, le dijo que se durmiera y, al levantarse a la mañana siguiente, vio como su mano estaba completamente sana. Este milagro también está documentado.

Primer sepulcro del Santo.

Primer sepulcro del Santo.

Un joven de unos doce años, perteneciente a su parroquia, murió y sus padres se negaban a sepultarlo, de tal manera que el cadáver entró en descomposición. Entonces se vieron obligados a introducirlo en un ataúd y llevarlo a la iglesia para hacerle el funeral. Todos lloraban e incluso el padre Aleksei se veía impotente para poder cantar (todos sabemos que en el rito bizantino, todas las ceremonias son cantadas). El padre se puso delante del altar y con las manos en alto, dijo: “Dios mío, ves que soy viejo y no soy capaz de darle el último adiós a este joven. Escucha el llanto de sus padres y de tu pueblo y escucha la petición que te hace este viejo sacerdote. No te lleves al niño y glorifica tu nombre, ya que tu mismo has dicho “pedid y se os dará”. Tu eres la Misericordia y permíteme que pueda darle un beso a este joven”. Se hizo el silencio en el templo y el padre Aleksei cayó de rodillas. Se oyó un grito en el templo y mirando hacia atrás, Aleksei vio que el niño estaba sentado sobre el ataúd mirando extrañado a su alrededor. El padre dio gracias a Dios y apoyándose en el hombro del diácono que le ayudaba en el servicio fúnebre, cogió al niño y se lo entregó a sus padres. Todos los presentes quedaron enmudecidos e incapaces de salir del templo. De la misma emoción, el padre no pudo moverse y tuvo que yacer sobre su cama una semana. Este milagro también está perfectamente documentado. Podría poner otros ejemplos, también documentados, pero prefiero no alargar el artículo.

Urna con las reliquias del Santo.

Urna con las reliquias del Santo.

El 1 de enero de 1848, al padre Aleksei comenzaron a fallarle las fuerzas, no podía salir de su celda para acudir a la iglesia y tenía que ser ayudado por su familia. El Jueves Santo estuvo tan débil que no pudo levantarse de la cama. Moría el 21 de abril dejando desconsolados a toda su familia y feligreses, que llenaron la iglesia para darle el último adiós a su padre. Su funeral fue multitudinario y fue sepultado en el cementerio de la localidad. En Nizhny Novgorod se le levantó un monumento. A su tumba siguieron acudiendo los enfermos buscando ser curados y todos los domingos, sobre ella, se celebraba un oficio litúrgico. El padre Pablo Vigilyansky murió y pidió ser enterrado junto a él.

Después de su muerte, se sucedieron los milagros; solo expondré otros tres como ejemplos: Una campesina de Ozhgibovka, llamada Ana Apollonovna llevaba padeciendo durante muchos años una grave enfermedad que la tenía completamente inmovilizada. Una vez, en un delirio o en un sueño, vio a dos ancianos que tocaban sus pies; sintió un poco de alivio y prometió visitar la tumba del padre Aleksei. Con ayuda de algunos vecinos, “gateando a cuatro patas” se acercó a la tumba y ofreció un “moleben” (un servicio de súplica). Inmediatamente recuperó la completa movilidad.

Otra campesina, Natalia Matiushina, tenía una hija enferma, de diez años de edad llamada Anastasia. Sufría de problemas en el estómago y los pulmones; apenas podía respirar. Ni las medicinas ni las drogas conseguían calmarle los dolores, ni curarla. Llevó a su niña a la tumba del padre Aleksei y allí le dio a beber un poco de agua que brotaba del suelo. Repitió lo mismo durante tres días y al tercero, la niña estaba completamente curada.

En el año 1893, después de enterrar a su esposo en Kurmysh, llegó a Bortsurmany una campesina llamada Natalia Petrovna Murzaneva, acompañada de su hija Vera, que tenía cinco años de edad. La niña padecía anemia, estaba extremadamente débil y sufría unos extraños ataques. Previamente, la madre había acudido a cuantos médicos pudo, pero no conseguía la curación de su hija. Uno de los médicos le aconsejó que visitara la tumba del padre Aleksei y así lo hizo la madre, poniendo a la niña sobre la tumba. Inmediatamente, la niña dejó de sufrir los ataques, respiraba perfectamente, se alimentó y desapareció la anemia. Lo dejo aquí, pero quiero decir que hay bibliografía sobre cientos de curaciones.

Urna con las reliquias del Santo.

Urna con las reliquias del Santo.

El padre Aleksei fue canonizado el 9 de septiembre del año 2000. Sus reliquias se veneran en la iglesia de la Dormición de Bortsurmany y según el calendario juliano, su fiesta se celebra el día 4 de mayo.

Antonio Barrero

Enlaces consultados (01/08/2014):
http://bortsury.narod.ru/Zhitie_ottsa_Alekseya_Bortsurmanskogo.htm
http://bortsurmany.ru/aleksej-bortsurmanskij/zhitie
http://theprayerbook.info/1801-prepodobnyy-aleksey-bortsurmanskiy.html
http://www.zitie.ru/455/

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