San Alejo de Ugine, sacerdote ortodoxo

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Foto con la cruz pectoral.

Foto con la cruz pectoral.

San Alejo de Ugina (Alexis en lengua francesa, Алексий Южинский en ruso) fue un sacerdote ruso que trabajó activamente en Rusia, Estonia y Francia y se sirvió con devoción especialmente a las comunidades de exiliados rusos. San Alexis nació el 1 de julio del 1867 en el seno de la familia sacerdotal rusa Medvedkov. Su padre, Iván, era un simple sacerdote que prestaba sus servicios en Fomitcheva, región de Vyazma, no muy lejos de San Petersburgo. El padre murió poco después del nacimiento de Alexis, dejando a la familia en una situación difícil, sólo con su madre, Neonila Mikhailovna. El joven Alexis estudió en la escuela de la iglesia y más tarde en el seminario teológico de San Petersburgo. Se graduó en 1889 sin ningún tipo de rendimiento notable, pero en cualquier caso, era una persona muy piadosa y, creyendo que no era digno, tuvo dudas antes de ordenarse de sacerdote. Así que desempeñó durante cinco años el oficio de cantor en la iglesia de Santa Catalina de la isla Vasilyevsky y se casó con una mujer llamada María, con la que tuvo dos hijas. En estos cinco años se puso bajo la dirección espiritual de San Juan de Kronstadt (1929/08), un famoso sacerdote que, ya en vida, tenía reputación de santo. San Juan lo animó para que se ordenara de sacerdote.

Sacerdote en Vruda
Cuando tenía veintiocho años, después de una solicitud al Consejo Diocesano, fue ordenado diácono por el metropolita Paladío de San Petersburgo, en la víspera de Navidad de 1895, y dos días más tarde, de sacerdote, siendo nombrado en enero del 1896, párroco de la Iglesia de la Dormición de la Madre de Dios en el pueblo de Vruda, situado a unos noventa kilómetros de San Petersburgo; allí desempeñó su trabajo sacerdotal durante veintitrés años.

Foto durante un servicio fúnebre

Foto durante un servicio fúnebre

Vruda era una comunidad rural compuesta con trece pequeñas aldeas. Debido a la pobreza de su parroquia, la retribución que recibía por sus obligaciones religiosas no era suficiente para sostener económicamente a su familia, por lo que también trabajaba en el campo junto a sus fieles parroquianos. Eso no significaba que quedase estancado en la cultura teológica adquirida en el Seminario, ya que pasaba muchas noches leyendo los escritos de los Santos Padres de la Iglesia con el fin de preparar sus sermones dominicales. Por otra parte, a menudo visitaba el orfanato de su parroquia y ayudó en la apertura de dos nuevas escuelas en aquella región rural. Su trabajo arduo y dedicado le granjeó el respeto no solo en su parroquia, sino también entre los sacerdotes de la región. Por sus méritos, el Santo Sínodo de la Iglesia Ortodoxa Rusa, le ofreció en el año 1911 la cruz pectoral y en el 1914, la Orden de Santa Ana, dándole además el rango de arcipreste en el año 1916.

Sacerdote en Estonia
La revolución rusa de 1917 supuso un momento muy duro en la vida de San Alexis y de su familia. Durante la persecución a la Iglesia por parte de los comunistas, fue arrestado por la CEKA (los servicios secretos), hecho prisionero y torturado. Los torturadores le rompieron los brazos y las piernas y lo golpearon en la cara, por lo que su nervio facial quedó parcialmente destruido durante toda su vida. Su hermana mayor se ofreció como rehén a cambio de su liberación y así, poco después a él y a su familia se les permitió ir al exilio en Estonia.

Foto siendo anciano.

Foto siendo anciano.

Instalado en Kohtla-Jarve, una zona industrial muy poblada por refugiados rusos, con el fin de mantener a su familia, trabajó como minero durante un tiempo, en unas condiciones insalubres a causa de la humedad y de la contaminación. Debido a su mal estado de salud después de la detención y a su empeoramiento por las condiciones inadecuadas de trabajo, en el 1923, fue nombrado párroco de Levvé bajo la jurisdicción de la Iglesia Rusa, donde compaginó su trabajo como párroco con la de enseñante en una escuela para niños refugiados. En el 1926, su esposa enfermó y después de tres años de grandes sufrimientos, murió en enero de 1930. Mientras tanto se inició un conflicto entre el clero local, organizado como iglesia autónoma y los sacerdotes bajo la antigua jurisdicción de la iglesia rusa. A causa de estas dificultades, solicitó al Metropolita Eulogio, ordinario de la diócesis de la Iglesia ortodoxa rusa en Europa Occidental, trasladarse a Francia y después de pasar por unos momentos de dificultades financieras, padre Alexis finalmente se trasladó a territorio francés en diciembre de 1930, siendo enviado a la región alpina de Saboya, a la nueva parroquia creada de San Nicolás en Ugine.

Sacerdote en Ugine
Tenía sesenta y tres años de edad cuando comenzó su nueva misión en Francia. Como Kotha-Jarve en Estonia, Ugine era un importante centro industrial, donde trabajaban varios cientos de inmigrantes rusos. Debido a las diferentes opiniones políticas y afiliaciones eclesiales, sus connacionales estaban muy divididos. El carácter amable y paciente del padre Alexis le hizo estar siempre a disposición de sus feligreses tratando de llevar la paz. Ya anciano, no por su edad, sino porque su vida había sido muy dura, prefirió pasar la mayor parte de su tiempo en una iglesia de madera construida en la montaña, donde rezaba constantemente, pero aun así participaba en las reuniones locales con sus feligreses y era muy abierto a todos, sobre todo cuando se trataba de la vida espiritual. Era un gran admirador de Aleksei Khomiakov (1804- 1860) teólogo y filósofo ruso, teórico de la eclesiología ortodoxa moderna. Pero cuando las discusiones se convertían en política o versaban sobre otras cosas mundanas, solía ausentarse y dedicarse a la oración.

Iglesia de san Nicolás en Ugine (Francia).

Iglesia de san Nicolás en Ugine (Francia).

Solía caminar con su sotana sacerdotal, que era bastante vieja y descuidada. A pesar de que su salario eclesial era muy pequeño, en secreto daba una parte de su dinero a los más pobres. Después de que su hija menor, Olga se casase en el año 1931 y su hijastro se mudase a su casa, los dos comenzaron a llevar una vida aún más dura, ya que comenzaron a burlarse de él y a tratarlo de manera irrespetuosa. Pero él se refugiaba en la oración y se negaba a responder a las provocaciones. Entre todos sus conocidos, nadie supo de él que profiriera ninguna queja. En los últimos años de su trabajo como sacerdote, una pequeña parte de sus feligreses comenzaron a criticarlo por su suave carácter, convirtiéndose en objeto de sarcasmo. Finalmente algunos de ellos escribieron una carta al Metropolita, diciéndole que había robado una cantidad de dinero de la parroquia, a lo que él se negó a defenderse. Estando en esta posición tan difícil, la mayoría de sus feligreses, se indignaron por el contenido de la carta y se movilizaron a favor de su sacerdote para que el Metropolita decidiera que era inocente.

Agotado por todos estos trabajos, el padre Alexis cayó enfermo y poco después, al agravarse su condición física, en el mes de julio de 1934, se vio obligado a ser hospitalizado en Annecy, donde los médicos le diagnosticaron un cáncer de estómago, que mantuvo oculto a casi todo el mundo, incluso a su hija cuando lo visitaba. Fue visitado por otros sacerdotes rusos y por sus feligreses, los cuales comenzaron a darse cuenta de que les leía sus pensamientos e incluso les profetizaba. En el hospital, uno de sus más fieles feligreses hablaba mucho con él y el padre le confesó que, aunque le gustaban todos los Akathistos y cánones, le encantaba especialmente el de San Pantaleón. También le confesó lo mucho que amaba a los niños: “En mi parroquia los verdaderos feligreses son los niños, los hijos de mis feligreses… y si esos niños viven y crecen, van a formar el interior de la Iglesia. Y también nosotros, que pertenecemos a la Iglesia, siempre y cuando vivamos de acuerdo a nuestra conciencia y cumplamos los mandamientos… ¿entiendes lo que quiero decir? En la Iglesia visible existe una Iglesia invisible, una Iglesia secreta. En ella se encuentran los humildes que viven por la gracia y que caminan en la voluntad de Dios. Se pueden encontrar en cada parroquia y en cada jurisdicción. La emigración vive a través de ellos y por la gracia de Dios”.

Sepulcro del Santo en Bussy, Francia.

Sepulcro del Santo en Bussy, Francia.

Finalmente incluso sus adversarios se acercaron a él, aunque fue él quién les pidió perdón. El día antes de su muerte, recibió la Santa Comunión y la unción de los enfermos. Murió en la mañana del 22 de agosto del año 1934 y a su sepelio en Ugine, participaron varios miles de personas: sacerdotes, feligreses, amigos, e incluso quienes lo habían criticado.

Veneración
En el año 1953, las autoridades de Ugine decidieron trasladar el cementerio y transformar el lugar en un barrio de viviendas, por lo que todas las tumbas tenían que reubicarse en un plazo de cinco años. Filip Shportak, el nuevo párroco de los ortodoxos rusos que vivían en Ugine, decidió trasladar el cuerpo del padre Alexis, por lo que se abrió la tumba el 22 de agosto de 1956, exactamente veintidós años después de su muerte. Cuando se pusieron a excavar, a una profundidad de 1,20 metros los sepultureros no pudieron utilizar sus herramientas, como si los detuviera una fuerza desconocida. Así continuaron cavando con sus manos y bajo el ataúd descompuesto encontraron incorruptos los restos del Padre Alexis. Su cuerpo era muy flexible y hasta los médicos afirmaron que un hombre que había muerto de cáncer generalizado no podía librarse de la descomposición. Normalmente los sepultureros utilizaban ataúdes pequeños para meter los huesos de los difuntos, por lo que para el padre Alexis se necesitaba un ataúd normal, que ellos no tenían. Debido a esta situación, su cuerpo permaneció al descubierto durante tres días, no sufriendo ningún daño hasta que llegó el nuevo ataúd y pudieron sepultarlo de nuevo.

Al año siguiente el diario ruso “La pensée russe” publicó un artículo titulado “El santo padre de Ugine”. Al leerlo, el padre Pavel Puchalsky, sacerdote del monasterio ortodoxo de Bussy-en-Othe comenzó a recopilar testimonios sobre el padre Alexis y solicitó al Metropolita Vladimir que removiese los restos al cementerio ruso de Sainte-Geneviève-des-Bois, cerca de París. Eso ocurrió el 30 de septiembre de 1957 y cuando el ataúd fue abierto de nuevo, el cuerpo se encontró en las mismas condiciones de incorrupción, siendo trasladado a la cripta de la iglesia del cementerio ruso de Sainte-Geneviève-des-Bois.

Vista de los restos del Santo en Bussy, Francia.

Vista de los restos del Santo en Bussy, Francia.

La canonización de San Alejo de Ugina fue decretada por el Santo Sínodo del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, al cual estaba subordinada la parroquia rusa, el día 16 de enero del año 2004. La solemne ceremonia de la canonización se celebró en la Catedral Rusa de San Alejandro Nevsky de París, el día 2 de mayo de ese mismo año, oficiando el arzobispo Gabriel de Comana, obispo para las comunidades rusas que están bajo la jurisdicción de Constantinopla. El 13 de octubre de ese mismo año, sus sagradas reliquias fueron trasladadas desde Sainte-Geneviève-des-Bois a Bussy-en-Othe y depositadas en la iglesia de la Transfiguración, construida recientemente para servir como iglesia principal de las monjas ortodoxas del monasterio dedicado a la Protección de la Madre de Dios. San Alejo es conmemorado el 22 de agosto (día de su muerte), el 13 de octubre (día del traslado de sus reliquias) y el 20 de julio (Synaxis de los nuevos Santos Rusos de Francia).

Troparion
Pastor amado de Cristo Dios, que fuiste una regla de fe y un ejemplo de misericordia. Te quemaste por el cuidado de tu rebaño en tierra extranjera, por lo que has sido glorificado por Dios. Por eso, tu cuerpo descansa incorruptible y tu espíritu está delante del trono divino. Ruega a Cristo Dios para que nos fortalezca en la ortodoxia y en la piedad, con el fin de salvar nuestras almas.

Mitrut Popoiu

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Bibliografía:
Vie de Saint Alexis d’Ugine.
– Job Getcha, “Alexis Medvedkov, un prêtre serviteur du Seigneur”, en: Contacts, vol. 56, no. 208, 2004.

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