San Amato Ronconi, terciario franciscano

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Lienzo del Santo en su hábito de peregrino.

Lienzo del Santo en su hábito de peregrino.

Aunque sus principales biógrafos fueron Sebastián Serico de Saludecio (humanista del siglo XVI), Francisco Modesti y José Silbini, la historia que nos ha llegado hasta nuestros días es principalmente mediante la tradición oral popular, ya que con anterioridad a la escritura de estas “Vita”, no se ha encontrado ningún documento escrito, salvo su testamento. Sin lugar a dudas, aunque nadie duda de la historicidad de este nuevo santo, los relatos de su vida están contagiados por elementos fantasiosos.

San Amato nació en el seno de una rica familia de Saludecio, población de la diócesis de Rímini, en un lugar llamado Monte Orciaro, alrededor del año 1226, siendo el segundo hijo de un matrimonio formado por Félix Roncone y de una santa mujer conocida familiarmente por el nombre de Santuccia. Se quedó huérfano siendo aun niño por lo que tuvo que irse a vivir a casa de su hermano mayor Jerónimo, trabajando como jornalero agrícola en casa de un terrateniente.

Desde joven, Amato quería vivir el espíritu evangélico conforme a la espiritualidad franciscana vivida en el pequeño convento de Formosino, convento que había sido fundado por el propio San Francisco y sus hermanos menores y que se encuentra en el monte Formosino, entre los castillos de Mondaino y de Montegridolfo. San Francisco era su modelo de vida, atrayéndole especialmente su simplicidad, su caridad y su austeridad, por lo que ingresó en la Tercera Orden del Seráfico Padre. También le atrajo sus ansias de peregrinación porque estuvo en Rímini para venerar las reliquias de San Gaudencio, en el Monte Titano para venerar las de San Marino y, según la tradición, hasta cuatro veces en Compostela para venerar las reliquias del apóstol Santiago Zebedeo. En una de estas visitas, su biógrafo dice que en Galicia resucitó a un muerto.

Vestía como un peregrino: una túnica amarrada con un cinturón de cuero a la cintura y una especie de esclavina sobre sus hombros. Unas sandalias, una bolsa al hombro para llevar sus objetos personales, un bastón para ayudarse en el camino y la célebre concha de Santiago que llevan los peregrinos compostelanos. En el camino, hacía sus correspondientes paradas para ganarse el sustento ayudando a los agricultores y ganaderos en el campo. Lo normal en todo peregrino de la época.

Escultura y relicario del Santo en Saludeccio, Italia.

Escultura y relicario del Santo en Saludeccio, Italia.

San Amato vivía con su hermana Clara en una casa en el Monte Orciaro, casa que su hermano mayor, Jerónimo, le había dado como parte de la herencia de su padre. Su cuñada, Lansberga, le propuso matrimonio con su hermana Inés y ante la negativa de Amato – que quería vivir en castidad -, difundió una calumnia según la cual, Amato renunciaba al matrimonio con Inés porque mantenía relaciones incestuosas con su hermana Clara. Pudo demostrarse su inocencia, pero dice la tradición que ante esta falsa acusación, Amato se flagelaba la espalda con las ventanas de su cuarto cerradas, pero que esto fue visto por uno de sus vecinos. Comía poco, llevaba una vida de ruda penitencia y, como acabo de decir, diariamente se flagelaba.

La casa de Amato, que estaba junto al camino que iba desde Rímini a Roma pasando por Urbino, se convirtió en un verdadero hospicio u hospital para los peregrinos que por allí pasaban y que se paraban a comer o a descansar. Él les daba la bienvenida, los acogía y cuando los suministros se agotaban, se reponían milagrosamente. Uno de los milagros que se cuenta es que, estando un día sin nada que llevarse a la boca, envió a su hermana Clara a recoger las legumbres que habían sembrado aquella misma mañana. Aunque la hermana se quedó extrañada, fue a la huerta y regresó con una enorme carga de nabos y otras hortalizas que, como he dicho, habían sido plantados aquella misma mañana. La noticia del milagro se corrió y los propios nobles del lugar acudieron a él solicitándoles su asesoramiento e intercesión. Fue precisamente por esta ola de entusiasmo despertada alrededor suya, por lo que se quitó de en medio y comenzó algunas de sus peregrinaciones.

En una de ellas – se dice que en la última que realizó a Compostela – tuvo una visión angélica que le ordenaba regresar a Italia porque su vida llegaba a su fin. Él lo hizo y se presentó en el monasterio de San Julián en Rímini, comunicando esta revelación a un monje benedictino llamado Salvio, al que le solicitó permanecer en el hospicio del Monte Orciano. El día 10 de enero del año 1292, Amato donó todos sus bienes a los monjes benedictinos y les dejó dicho en el testamento que, cuando muriese, su cuerpo fuera enterrado en la capilla del hospicio. Allí, en una humilde celda y sobre un jergón de paja, murió el 10 de mayo del 1292, con unos sesenta y seis años de edad. Su cadáver estuvo expuesto durante varios días a fin de que los fieles lo veneraran. No sólo no se descomponía sino que exhalaba una agradable fragancia y los enfermos que se acercaban a tocarlo, con su tacto quedaban sanados.

Último reconocimiento de los restos del Santo.

Último reconocimiento de los restos del Santo.

Después de realizados los ritos funerarios, fue sepultado en el Monte Orciaro, en la capilla del hospicio. La veneración de los fieles fue inmediata y prueba de ello es que el 26 de mayo del 1304 – sólo doce años después de su muerte -, el cardenal Francisco de San Eusebio, delegado del Papa Benedicto XI, confirmaba la donación hecha en el testamento al monje Salvio, denominándolo “prior del hospital del beato Amato”, y concediendo indulgencias a quienes visitasen su sepulcro.

Los datos más ciertos de su vida se encuentran en su testamento, que fue publicado en Rímini en el año 1862, por Tonini, L., bajo el título de “La Rímini del siglo XIII”. En él se dice: “Vir honestus et religiosus frater Amatus de tercio ordine beati Francisci” (no necesita traducción), propietario y fundador del hospital de Santa María del Monte Orciano cercano al castillo de Saludecio, ha realizado cesión solemne de dicho hospital y de todas sus propiedades a los monjes benedictinos de San Julián y de San Gregorio en Conca de Rimini, queriendo ser sepultado en la capilla del mismo hospital”. La carta lleva fecha del 10 de enero del 1292, siendo el único documento que nos dice en qué siglo vivió y murió.

En el año 1330, con ocasión de un incendio en la capilla del hospital, sus reliquias fueron llevadas a Saludecio y fue en esta ocasión donde tuvo lugar el famoso milagro del olmo. Aunque sea de manera breve, tendremos que narrarlo. El traslado se hizo en un carro tirado por bueyes y después de la ceremonia fúnebre, los bueyes que llevaban el cuerpo del santo se negaron a tirar del carro. El vaquero, exasperado, clavó un cuchillo en el suelo y más calmado, por mucho que tiraba para sacarlo, no podía. En el lugar nació repentinamente un olmo y ante este prodigio, todos aplaudieron espontáneamente. Desde ese momento es conocido como el “olmo de San Amato”. El olmo fue rodeado por un muro en medio de la plaza donde había enraizado, aunque posteriormente fue colocado junto a la primera casa de la acera izquierda de la calle principal que iba a la plaza.

Amato fue beatificado por el Papa Pío VI el día 17 de mayo del año 1776, concluyendo un proceso que había iniciado el propio municipio de Saludecio dos años antes. En el mes de septiembre del año 1804 el cuerpo del entonces beato fue puesto en su capilla de la parroquia del lugar dentro de una sencilla urna de hierro. El 3 de mayo del año 1930, su cuerpo incorrupto fue reconocido canónicamente y se puso en una urna realizada por unos orfebres de Faenza. En las paredes de la capilla están colgados numerosos exvotos, símbolos de los favores recibidos desde el día de su muerte, pues desde el siglo XIII hasta nuestros días, los habitantes de Saludecio cuentan innumerables milagros realizados por el santo. Es considerado como milagroso el hecho de que la urna hubiese quedado completamente intacta durante el bombardeo que sufrió Saludecio en el mes de agosto del año 1944 y que arrasó completamente la iglesia parroquial. Cuando los vecinos, un mes más tarde, tuvieron acceso a las ruinas encontraron la urna intacta, sin ni siquiera ninguno de sus cristales rotos.

Fieles alrededor de la urna del Santo.

Fieles alrededor de la urna del Santo.

El proceso de canonización fue promovido desde el año 1997 por la propia parroquia y por una Asociación creada al efecto: la “Pía Unión del Beato Amato”. La investigación diocesana se completó en el mes de mayo de 1999. El decreto reconociendo el milagro previo a la canonización fue promulgado el día 15 de abril de este año y la canonización fue realizada por el Papa Francisco en la Plaza de San Pedro, el pasado domingo. Su fiesta se celebra en Saludecio el día 10 de mayo.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– LUCHESSI, G., “Bibliotheca sanctórum, tomo XI”, Città N. Editrice, Roma, 1990.
– RENZI, D., “Vita del beato Amato Ronconi di Saludecio con aggiunta di preghiere”, Miramare, 1933.
– UGHI, G., “Cenni sulla vita, le opere e i miracoli del beato Amato Ronconi di Saludecio”, Saludecio, 1892.

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