San Aniceto, papa y mártir

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Escultura del Santo. Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia). Fuente: www.stpetersbasilica.org.

Escultura del Santo. Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia). Fuente: www.stpetersbasilica.org.

San Aniceto es el décimo sucesor de San Pedro y por tanto, el décimo primer Papa. Nació en Emesa, Siria, y fue obispo de Roma entre los años 155 y 166 aproximadamente, sucediendo en este ministerio a San Pío I. Su nombre de origen griego significa “el invencible”.

Tal vez el episodio más importante durante su pontificado y que nos refiere San Ireneo de Lyon, fue la visita que hizo a Roma San Policarpo, obispo de Esmirna, durante la cual ambos trataron de unificar criterios para la celebración de la Pascua. En los comienzos del cristianismo la celebración de esta fecha tuvo varias expresiones, pues por un lado estaba la costumbre de Asia de celebrarla el día 14 del mes de Nisán independientemente del día de la semana en que cayera y por otra la de Roma, de celebrarla el domingo posterior a esa fecha. Según la tradición, la primera manera de celebrarse era como lo hacía San Juan apóstol. Ambos santos trataron de llegar a un acuerdo para homologar la fecha de la celebración, pero no se logró. San Policarpo, discípulo directo del evangelista, aducía que su tradición era respetable y no podía transigir en un cambio. Mas no por ello se disgustó ni se desalentó San Aniceto, sino que con gran visión y en pos de la unidad que conlleva diversidad, lo trató con veneración mientras estuvo en Roma y le permitió celebrar la Eucaristía con la comunidad local y San Policarpo, al retirarse de Roma, siguió celebrando la Pascua en la misma fecha, sabiendo que Juan y los demás apóstoles la celebraban así.

Durante el pontificado de este santo hubo escritores como  Frontón de Cirta, Luciano de Samosata y Celso que atacaban duramente al cristianismo, pero también hubo quien usó la pluma para defender la doctrina cristiana como San Justino, Orígenes, Minuncio Félix y Atenágoras entre otros. También en ese periodo hubo manifestaciones de las herejías montanista, marcionista y agnosticismo, a las que debió haberse enfrentado, aunque no quedan pruebas de ello. Tal vez como un rastro de ello sea factible el que se le atribuya el haber prohibido a los clérigos el uso del cabello largo, como lo hacían los agnósticos. El historiador Hegesipo, conforme a las referencias salvadas por Eusebio de Cesarea, visitó Roma en este tiempo y pudo comprobar como a pesar de las nacientes controversias doctrinales, la sede de Roma guardaba con celo la pureza de la fe.

Martirio del Santo. Fresco de Antonio Circignani, Capilla del Palacio Altemps, Roma (Italia).

Martirio del Santo. Fresco de Antonio Circignani, Capilla del Palacio Altemps, Roma (Italia).

No se sabe nada concreto sobre la muerte y martirio de San Aniceto, incluso, el Liber Pontificalis, a diferencia de otras noticias, registra “obiit martyr” (murió mártir), en vez de la manera tradicional  “martyrio coronatus” (coronado con el martirio) y no obstando nada, desde muy antiguo la tradición es unánime en darle la palma del martirio. Es probable que fuera sepultado en las catacumbas de San Calixto.

Un poco más de datos nos ofrece el destino de sus reliquias. En el año de 1590 su cabeza fue donada al arzobispado de Münich, poniéndose a pública veneración en la iglesia de la Compañía de dicha ciudad. En 1604 el Papa Clemente VIII cedió el resto de las reliquias al Duque Juan de Altemps, con quien estaba emparentado, con motivo de haberse trasladado a la urbe las reliquias de santos que aún se conservaban en las catacumbas. Este personaje las trasladó a su palacio familiar y las hizo dejar en la capilla del mismo, para la que hizo labrar un hermoso sepulcro a la vez altar donde fueron depositadas. Por esta razón, la capilla fue decorada con ricos mármoles y pinturas alusivas al martirio de este Papa.

Con el tiempo la familia Altemps vino a menos y su palacio pasó a manos de la Santa Sede y, en el siglo XIX, el Beato Manuel Domingo y Sol obtuvo del Papa León XIII que el edificio le fuera cedido, y en él se fundó el Colegio Español, para la formación del clero en la Ciudad Eterna. Dicho Beato hizo la promesa de mantener siempre encendida ante su altar-sepulcro una lámpara. En el año 1982, el Palacio Altemps fue adquirido por el Estado Italiano, quien lo destinó para el Museo Nacional Romano, quedándose la capilla y las reliquias dentro del referido museo.

Sepulcro del Santo en la capilla del Palacio Altemps, Roma (Italia).

Sepulcro del Santo en la capilla del Palacio Altemps, Roma (Italia).

Su fiesta muchos años estuvo inscrita el 17 de abril, pero con la edición del nuevo Martirologio Romano, su celebración ha sido cambiada al día 20 del mismo mes.

Humberto

Bibliografía:
– VVAA, Año Cristiano, IV, abril, Editorial BAC, Madrid, 2003, pp. 417-420.

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