Santos mártires de Otranto

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Icono de los mártires de Otranto, que representa la invasión de la ciudad y el martirio.

Icono de los mártires de Otranto, que representa la invasión de la ciudad y el martirio.

En la primera canonización realizada por el Papa Francisco el pasado día 12 de mayo, junto con dos religiosas latinoamericanas sobre las que ya hemos publicado sendos artículos en este blog (Santa Laura Montoya Upegui y Santa María Guadalupe García Zavala), lo fueron ochocientos mártires de la ciudad italiana de Otranto, que dieron su vida por defender su fe en el año 1480.

Antonio Primaldo es el único nombre que nos ha llegado de este grupo de ochocientos pescadores, artesanos, pastores y agricultores de la ciudad italiana de Otranto, situada en la llamada “bota de Italia”, en la región de Apulia, que dieron su vida por la fe, durante una incursión de los otomanos el 29 de julio del año 1480. Este martirio se encuadra históricamente en el contexto bélico que dominó durante mucho tiempo las relaciones entre Europa y el Imperio Otomano. Tras la caída de Constantinopla en el 1453, el sultán Mohamed II trató en vano conquistar la isla de Rodas en el año 1479, dirigiéndose entonces al extremo sur de las costas italianas en el mar Adriático, costa que estaba cercana a la actual Albania, que ya estaba bajo sus dominios.

El 28 de julio de 1480, los turcos se acercaron a Otranto con unas ciento cincuenta naves (noventa galeras, cuarenta galeones y otras embarcaciones) y más de quince mil hombres, comandados por Gedik Ahmed Pasha. La ciudad de Otranto tenía unos seis mil habitantes, de los cuales muchos huyeron, y apenas comenzado el asalto, que duró quince días, se les conminó a rendirse y a convertirse al Islam. Los otrantinos lo rechazaron, por lo que las naves bombardearon la ciudad, que cayó en manos de los invasores el día 12 de agosto. Entonces, abriéndose paso a golpe de cimitarra, matando a todos los varones mayores de quince años y, esclavizando a las mujeres y los niños que encontraron a su paso, los otomanos llegaron hasta la catedral, donde se había refugiado una buena parte de los vecinos, derribaron la puerta y asesinaron al obispo Esteban Pendinelli, que estaba dando la comunión. Junto a él, asesinaron al todo el clero y a los fieles que llenaban el templo y éste fue convertido en caballeriza. Especialmente crueles fueron con el obispo, al que cortaron en pedazos, empalando su cabeza en una estaca que fue paseada por las calles de la ciudad. El comandante de la guarnición cristiana fue aserrado vivo.

Detalle del martirio de los Santos en un icono.

Detalle del martirio de los Santos en un icono.

Al día siguiente, Gedik Ahmed ordenó que todos los supervivientes fueran conducidos al campamento turco; eran unos ochocientos hombres y les obligaron a apostatar. El anciano Antonio Pezulla, llamado el Primaldo, que era un tundidor de paños (una especie de sastre) y zapatero, respondió en nombre de todos que ellos “consideraban a Jesucristo como el Hijo Unigénito de Dios y que preferían mil veces morir antes que renegar de él y hacerse musulmanes”. Ahmed ordenó entonces la ejecución de todos ellos. Fueron conducidos con sogas al cuello y con las manos atadas a la espalda a la colina de Minerva, a las afueras de la ciudad. Durante el trayecto, se confortaban los unos a los otros.

Antonio Primaldo fue el primero en ser decapitado y prodigiosamente, continuó de pie, inmóvil hasta el final de la matanza, a pesar de que sus verdugos intentaron tirarlo por tierra. El milagro impactó en uno de los turcos llamados Berlabei, quien, tirando su cimitarra, se confesó cristiano y que fue empalado. Entre los mártires estaba un monje basiliano llamado Macario Nachira. Era el 13 de agosto del año 1480. Los cuerpos de los mártires quedaron sin sepultar durante un año, siendo encontrados por las tropas enviadas para liberar Otranto, comandadas por Alfonso de Aragón, hijo del rey de Nápoles. El 14 de junio de 1481, los restos de los mártires fueron llevados a una iglesia cercana y el 13 de octubre, trasladados a la catedral, donde aun continúan en una capilla que a tal efecto se construyó en el año 1500.

En el año 1485, una parte de las reliquias fueron trasladadas a Nápoles, poniéndolas en la iglesia de Santa Catalina en Formiello. Posteriormente fueron puestas en el altar de las reliquias donde fueron reconocidas canónicamente en el año 2003, confirmándose su autenticidad. También en el 1888, el arzobispo de Otranto donó parte de las reliquias al Santuario de Santa María de Valverde en Bovino, donde actualmente se encuentran en una urna de alabastro construida por Pasquale Garofalo de Bovino. Reliquias de los mártires las hay también en Salento, Venecia y sobre todo, en otras poblaciones de la región de Puglia.

Capilla de los Santos en la catedral de Otranto, Italia. Las reliquias están en las vitrinas de las paredes.

Capilla de los Santos en la catedral de Otranto, Italia. Las reliquias están en las vitrinas de las paredes.

Antonio Primaldo y sus compañeros fueron inmediatamente reconocidos como mártires por parte del pueblo y cada año celebraban su conmemoración. El proceso canónico se inició en el año 1539. En ese año, el síndaco (alcalde) de la ciudad, Juan Francisco de Cesanis, presentaba ante el obispo Pedro Antonio de Capua y al obispo de Scutari, Antonio de Beccariis, una solicitud para que iniciaran el primer proceso otrantino sobre la historia y el culto tributado a los mártires y sobre algunos signos prodigiosos relacionados con ellos. Después del Breve “Caelestis Ierusalem cives” del Papa Urbano VIII, fechado el 5 de julio de 1636, que innovaba el procedimiento de la Congregación Romana competente en la materia, en septiembre de 1755, la archidiócesis instruyó el proceso de confirmación del culto de los mártires de Otranto, reenviándolo a la Sagrada Congregación de Ritos.

Después de algunos años de intenso trabajo procesal, se concluyó con el “Decretum super cultu ab immemorabili tempore praestito Beatis Antonio et sociorum martyribus Hydruntinis” emanado el 7 de diciembre de la Congregación de Ritos y confirmado el 14 de diciembre del año 1771, por el Papa Clemente XIV, lo que equivalía a su beatificación. El 5 de octubre de 1980, el papa San Juan Pablo II realizó una visita pastoral a Otranto con la intención de venerar a los beatos mártires en el quinto centenario de su martirio en la colina de Minerva.

Vista de una de las vitrinas que contienen las reliquias de los Santos. Catedral de Otranto, Italia.

Vista de una de las vitrinas que contienen las reliquias de los Santos. Catedral de Otranto, Italia.

En el año 1988, el arzobispo Vicente Franco de Otranto, recogiendo el empeño que había demostrado su predecesor, el Siervo de Dios Nicolás Riezzo, nombró una comisión histórica para reiniciar la Causa de canonización, haciendo una recopilación sistemática de toda la documentación existente y entre los años 1991-1993 se realizó la investigación diocesana, que fue reconocida como válida por parte de la Congregación para las Causas de los Santos con fecha 27 de mayo de 1994. El 17 de octubre del mismo año, el relator histórico, Padre Yvón Beaudoin, presentó un potente volumen impreso de la “Positio super martyrio”, con abundante material muy bien elaborado y con un gran contenido histórico, que permitía expresar su juicio “sobre el martirio de Antonio Primaldo y compañeros, masacrados en el año 1480 por odio a la fe en la ciudad de Otranto”. El congreso de consultores históricos nombrado por la Congregación para las Causas de los Santos, dictaminó favorablemente el 28 de abril de 1998 y el 16 de junio del 2006, hicieron lo mismo los miembros de la Comisión de teólogos, que concluyeron diciendo que “estos héroes hijos de la Iglesia que está en Otranto, pueden ser canonizados si así es el deseo del Santo Padre”.

El 17 de abril del 2007, los cardenales y obispos reunidos en sesión ordinaria, escucharon la relación del Ponente de la Causa, monseñor Salvatore Boccaccio, obispo de Frosinone-Veroli-Ferentino, en el que reconocía que “los beatos Antonio Primaldo y compañeros seglares mártires fueron martirizados por su fidelidad a Cristo” y así, el 6 de julio del año 2007, el Papa Benedicto XVI aprobó un decreto por el que se reafirmaba que los beatos Antonio Primaldo y compañeros habían sido martirizados por su fidelidad a Cristo. El 20 de diciembre del año pasado, el Papa aprobó finalmente el decreto que reconocía el milagro previo a la canonización. El milagro consistía en la curación de un cáncer a Sor Francesca Levote, monja profesa de las Hermanas Pobres de Santa Clara; y el pasado 12 de mayo, se produjo definitivamente la canonización.

Para la realización del trabajo me he basado principalmente en la web del arzobispado de Otranto.

Detalle de las reliquias de uno de los Santos. Catedral de Otranto, Italia.

Detalle de las reliquias de uno de los Santos. Catedral de Otranto, Italia.

Oración
Señor Jesús, luz que nunca se pone, testigo fiel y verdadero, despierta en nuestros corazones la pasión por los gozosos anuncios que trajiste al mundo con exuberante amor. Señor Jesús, tú sigues siendo el mismo y tus años no tienen fin. Tú que has llevado de la mano a la humanidad durante los dos primeros milenios de la historia cristiana; Tú que diste a Antonio Primaldo y compañeros la gracia del martirio, sé nuestro compañero de viaje en los inicios de este tercer milenio, para que el amor resurja y el mundo conozca que sólo Tú eres nuestra paz. Amén.

Antonio Barrero

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