San Apolinar, obispo mártir de Ravenna

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Detalle del Santo en el mosaico paleocristiano en el ábside de su Basílica in Classe, Rávena (Italia).

Detalle del Santo en el mosaico paleocristiano en el ábside de su Basílica in Classe, Rávena (Italia).

La comunidad cristiana de Ravenna es muy antigua, situándose el pontificado de su primer obispo, San Apolinar, a mediados del siglo II. La presencia de San Severo, su undécimo sucesor en el Concilio de Sardica, celebrado desde el 343 al 344, nos hace llegar a esa suposición. Esta consideración estaría también confirmada por la llamada “Estela de Antifone”, que es una antigua inscripción cristiana de finales del siglo II, encontrada en Classe, que como todos sabemos, es un suburbio portuario de Ravenna.

Las fuentes más antiguas que nos han llegado sobre este santo tienen carácter litúrgico. El Martirologio Jeronimiano lo conmemora diciendo: “X kalendas Augusti, Ravennae Apollinaris”. Este pequeño párrafo es una anotación de un antiguo calendario recopilado en el norte de Italia, que llegó a integrarse en este Martirologio Jeronimiano en el año 422. Esta sencilla anotación se nos presenta nimia, simple en comparación con las fuentes posteriores procedentes de la misma Ravenna, como por ejemplo, la que dice: “Kalendas februarii Ravennae depositio sancti Severi episcopi et confessoris”. Esta anotación, siendo simple, contiene mucha más información.

San Pedro Crisólogo, que fue arzobispo de Ravenna a mediados del siglo V, cuando hace referencia al arca que contenía las reliquias de San Apolinar llega a decir que a la inscripción: “arca beati Apollinaris, sacerdotis et confessoris” le falta el añadido de “martyris” y esto lo hace porque en los documentos anteriores existentes en la iglesia ravennata existía una cierta falta de precisión, ya que por ejemplo, en el calendario oficial, refiriéndose a San Apolinar, solo se decía: “primus sacerdos et confesor”. Sin duda alguna, este último calificativo de “confesor” es equivalente al de “mártir”, pero nos confirma que en los primeros tiempos, las anotaciones eran relativamente simples.

Basílica San Apolinar in Classe, en Ravenna, Italia.

Basílica San Apolinar in Classe, en Ravenna, Italia.

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Aún así, el propio Pedro Crisólogo no se explaya dando más información en su sermón 128, limitándose a comentar que “San Apolinar fue el primer obispo de Ravenna, que trabajó duramente por su Iglesia sufriendo por ella, largos y repetidos tormentos hasta el derramamiento de su sangre”. Continúa diciendo que “murió como consecuencia de las heridas recibidas en el martirio y que su cuerpo está sepultado en medio de sus fieles”. Eso y solo eso es lo que dice. Me he permitido poner el texto en castellano y no en latín a fin de evitar que se me recuerde que lo traduzca.

Poco tiempo después de la muerte de San Pedro Crisólogo, apareció un nuevo documento llamado “Passio sancti Apollinaris”, que nos facilita otras informaciones, tanto de detalle como de carácter general. Se dice que Apolinar era un ciudadano de Antioquia que fue enviado por San Pedro para que evangelizara Ravenna, que predicó el evangelio, realizó numerosos milagros entre ellos la curación y posterior conversión del tribuno de la ciudad, que fue exiliado en Oriente donde continuó con su labor apostólica, pero que retornado a Ravenna, allí sufrió diversos tormentos que lo dejaron malherido, teniendo que ser atendido por una viuda durante siete meses y que, a consecuencia de las heridas, le sobrevino la muerte un 23 de julio, según unos en tiempos de Vespasiano y según otros, en tiempos del emperador Valente. Aunque esta fuente gozó de gran prestigio, fue puesta en entredicho por Zattoni y Lanzoni, quienes manifestaban que su antigüedad no era anterior al siglo VII, por lo que esta “passio” estaba contaminada por las polémicas surgidas en el año 666 entre las Iglesias de Roma y la de Ravenna, que buscaba ser considerada como iglesia autocéfala.

Sepulcro del santo en la basílica San Apolinar in Classe, en Ravenna.

Sepulcro del santo en la basílica San Apolinar in Classe, en Ravenna.

Sin embargo, los otros hagiógrafos no se muestran tan beligerantes, anticipando su elaboración al siglo VI, al menos en su primitiva redacción que es conocida como la del “Liber Pontificalis de Agnello de Ravenna”, así como por otros elementos que son dignos de toda credibilidad, como por ejemplo, la plena verosimilitud del ambiente fuertemente militar existente en el barrio de Classe, lo cual se nota en la redacción del texto. Otros textos de la época que mencionan a los “obispos vagabundos” que iban de un lugar a otro predicando el evangelio y por las alusiones a que muchos orientales vivían en el barrio portuario de Classe, se puede deducir que no parece descabellado que San Apolinar tuviese ese cierto carácter viajero y que fuera en Classe donde desarrollase su apostolado. O sea, que esta información facilitada por la “passio” no es descabellada, sino que puede considerarse cierta.

El argumento petrino utilizado para justificar la evangelización de San Apolinar, o sea, que San Pedro fue quién lo envió, es inadmisible, pues mientras el apóstol vivió en el siglo I, el santo arzobispo vivió en el II. Sin embargo este argumento se “revalorizó” cuando se originó la lucha entre las dos iglesias para conseguir Ravenna la autocefalía, ya que ésta argumentaba esta directa sucesión apostólica. Cierto es que en las fuentes del siglo VI el obispo de Ravenna es denominado “vir apostolicus”, pero esa expresión era comúnmente utilizada por todos los obispos, sin tener en cuenta cual había sido el origen de su iglesia.

Relicario del santo en Düsseldorf (Alemania).

Relicario del santo en Düsseldorf (Alemania).

En tiempos de San Pedro Crisólogo, la tumba de San Apolinar estaba identificada y era venerada; sin embargo, la “passio” dice que el santo fue sepultado “fuera de los muros de Classe, en un arca puesta bajo tierra”. En la zona circundante al barrio de Classe existían cuatro cementerios cristianos: uno junto a la basílica de San Eleucadio y los otros tres, junto a las iglesias de San Probo, San Severo y San Apolinar. En este último cementerio cristiano sería donde se encontrase la tumba del santo, probablemente en un lóculo encontrado en unas excavaciones realizadas en el año 1949, que estaba adosado al muro sur de la basílica, en un punto equidistante de las dos primeras puertas laterales del mencionado muro y a algo más de un metro bajo el nivel del actual pavimento de la iglesia.

Cuando en el año 549, las reliquias fueron transportadas al interior de la iglesia, aquel primer enterramiento quedó señalado con esta inscripción: “In hoc loco stetit arca beati Apolinaris sacerdotis et confessoris a tempore transitus sui…” (Creo que no hace falta traducción alguna). No sabemos si la construcción de esta basílica – que no era precisamente “ad corpus” -, se hizo con la única intención de erigirla en una zona más alta a fin de salvarla de alguna posible inundación. Téngase en cuenta que el barrio de Classe era la zona portuaria de Ravenna.

Sepulcro del santo en la basílica San Apolinar in Classe, en Ravenna.

Sepulcro del santo en la basílica San Apolinar in Classe, en Ravenna.

La basílica de San Apolinar in Classe es un monumento de una belleza incomparable, por la armonía de sus líneas y el esplendor de sus mosaicos, fue construida por Julián Argentario, una especie de “mano larga” (enchufado) del emperador Justiniano a instancias del obispo San Ursicino. Fue consagrada el día 9 de mayo del 549, coincidiendo con el traslado solemne de las reliquias del santo que fueron puestas bajo el primitivo altar mayor. A finales del siglo IX fue reconstruido, renovado el presbiterio de la basílica construyéndose una cripta semicircular con un corredor central donde se puso el cuerpo del santo.

En Ravenna, la ubicación del sepulcro de San Apolinar fue objeto de discusiones muy apasionantes. A mediados del siglo XII se divulgaba un escrito titulado “Historia translationis sancti Apollinaris” donde se contaba que para eludir las amenazas de los asaltantes del litoral, el arzobispo Juan VII había transportado las reliquias dentro de la ciudad, a la antigua basílica palatina de Teodorico reconvertida al culto católico a finales del siglo VI con el nombre de San Martín in Ciel d’Oro. A esto contestaron los monjes camaldulenses del monasterio de Classe los cuales objetaban una tradición que venía desde los tiempos de San Romualdo, según la cual el cuerpo se encontraba aun sepultado en la basílica de Classe. Y allí, de hecho, el 23 de octubre del 1173 se procedió al reconocimiento canónico e identificación de los restos. Esto fue autenticado mediante decreto del cardenal legado romano, Ildebrando Grassi y relatado en un “Tractatus de inventione corporis beatissimi Apollinaris”. Hoy se sabe que en realidad, solo parte de las reliquias se trasladaron a la basílica de San Martín in Ciel d’Oro y que la mayor parte de las mismas permanecieron en San Apolinar in Classe.

Busto relicario en Remagen (Alemania).

Busto relicario en Remagen (Alemania).

El culto a San Apolinar tuvo una gran difusión durante toda la Edad Media; de hecho, fue considerado como un santo nacional de la dominación bizantina en Occidente. Esta difusión no faltó ni siquiera en los territorios longobardos, que competían por conseguir reliquias hasta el punto de que los milaneses llegaron a presumir de tener el cuerpo completo del santo. Cuando Federico Barbarroja saqueó Milán en el año 1158 se llevó estas presuntas reliquias a Alemania.

A la difusión de su culto contribuyeron los monasterios benedictinos y camaldulenses, que siempre quedaron relacionados con la Basílica de San Apolinar de Classe. En tiempos de la Contrarreforma, la iglesia romana de San Apolinar en Campo Marzio, anexa al Colegio Germánico, se convirtió en el lugar donde se preparaba a los sacerdotes que debían partir hacia la evangelización de la Alemania luterana y en este sentido, San Apolinar se convirtió en el santo de la reconquista germánica.

Según el “Liber Pontificalis”, el Papa San Simmaco (498-514) le dedicó en Roma un oratorio en la Rotonda de San Andrés y el Papa Honorio (635-638) una basílica cercana al Vaticano estableciendo que todos los sábados del año se organizase una procesión que fuera desde allí hasta la Basílica de San Pedro. La fiesta del 23 de julio ya aparece en el Martirologio Jeronimiano y fue en esa fecha cuando San Pedro Crisólogo pronunció su célebre discurso en Ravenna, del cual ya hemos hecho mención. Pero la festividad de San Apolinar no aparece en los sacramentarios veronés, Gelasiano y Gregoriano, aunque si en el “Leccionario de Würzburg”, pero con un texto ciertamente polémico en lo referente a las célebres discusiones sobre la autocefalía de la iglesia de Ravenna.

Sepulcro del santo en la basílica San Apolinar in Classe, en Ravenna.

Sepulcro del santo en la basílica San Apolinar in Classe, en Ravenna.

Iconográficamente, casi siempre se le representa como un obispo griego vestido con el palio y una dalmática o una casulla. La imagen más famosa del santo es la que se erige en el ábside de la Basílica in Classe, puesta allí en el siglo VI por el obispo Urso, en la cual el santo aparece como un anciano, vestido de manera muy simple y en actitud de oración. Lo rodean doce ovejas y encima tiene una gran cruz que simboliza a Cristo. En las paredes de la iglesia de San Apolinar Nuevo en Ravenna, el santo está representado con cabellos y barba blancos, acompañados con veinticuatro mártires que ofrecen sus coronas a Cristo. Tiene muchas iglesias dedicadas en su honor por todo el mundo, tanto en Oriente como en Occidente.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Delehaye, H., “La antigua hagiografía de Ravenna”, Analecta bollandista XLVII, 1929
– Farabulini, D., “La historia de la vida y el culto de San Apolinar”, Roma, 1974.
– Lanzoni, F., “Las fuentes de la leyenda de San Apolinar”, Bologna, 1915
– Mazzotti, M., “La Basilica de San Apolinar in Classe”, Ciudad del Vaticano, 1954
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, tomo II”, Città Nuova Editrice, Roma, 1990.

Enlaces consultados (29/06/2015):
– www.ravenna-cervia.chiesacattolica.it/
– https://en.wikipedia.org/wiki/Apollinaris_of_Ravenna

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