Santos Aquindino, Pegasio, Aftonio, Elpidoforo, Anempodisto y compañeros mártires

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Icono ortodoxo griego de San Aquindino. Siglo XVII.

Icono ortodoxo griego de San Aquindino. Siglo XVII.

Hoy quiero escribir un pequeño artículo sobre un grupo de mártires históricos pero que están rodeados de bastantes leyendas, como consecuencia de la fabulosa “passio” escrita sobre ellos. Este es un grupo de mártires persas, de los cuales no se hace ninguna mención con anterioridad al siglo VII. Existe esa “passio” griega del tiempo de Heraclio (610-641), de escaso valor histórico, que ha llegado hasta nuestros días en dos redacciones distintas. Una es una reelaboración de Simeón Metafraste y la otra es una versión latina, inédita, que se encuentra en el códice 1622 de la Universidad de Padua.

Según esta “passio”, Aquindino, Pegasio y Anempodisto eran unos cristianos persas que vivían su fe discretamente, digamos que en secreto, pero que fueron denunciados y, consecuentemente, capturados por orden del rey persa Sapor II, quien personalmente los interrogó sobre su fe. Como ellos proclamaron su creencia en la Santísima Trinidad, fueron torturados golpeándoles con látigos, turnándose los propios verdugos conforme se iban cansando, mientras que los santos no profirieron ningún grito de dolor ni ninguna queja. Como en otros muchos casos, los mártires fueron milagrosamente sanados de sus heridas, sus cadenas se rompieron y fundieron como si fueran de cera, mientras que al mismo tiempo, una violentísima tempestad se desencadenó sobre la ciudad donde estaba ocurriendo estos acontecimientos. El rey Sapor II no pudo soportar la tensión y perdió el conocimiento e incluso el habla, o sea, se quedó mudo aunque al poco tiempo la recuperó gracias a la intercesión de los propios mártires.

Una vez recuperado y creyendo que había sido víctima de un hechizo realizado por los santos, el rey los hizo colgar sobre un fuego para que se asfixiasen con el humo y como ese tormento tampoco surtió efecto alguno, los hizo sumergir en un caldero de plomo derretido – del que por supuesto salieron ilesos -, lo que despertó el asombro de los verdugos, uno de los cuales, llamado Aftonio, se convirtió y aun sin estar bautizado fue inmediatamente decapitado.

Mural del martirio de los Santos. Año 1547. Monasterio Dionysiou, Monte Athos, Grecia.

Mural del martirio de los Santos. Año 1547. Monasterio Dionysiou, Monte Athos, Grecia.

Como el rey no salía de su asombro, les preguntó cómo podían salir ilesos de estos tormentos, respondiendo ellos que gracias a la acción de Cristo, por lo que Sapor II, presa del miedo y cegado por la rabia comenzó a blasfemar, a tirarse de los pelos, a golpearse la cara e incluso se rompió sus vestidos, aunque cuando los mártires le amenazaron con perder nuevamente el habla, el rey se tranquilizó. Tranquilizado, ordenó encerrar a los mártires en una cárcel.

Pasados unos días y convencido de que todo había sido obra de hechicería, ordenó meter a los tres santos en un saco cerrado y lo sumergieron en el mar, pero inexplicablemente, el saco se abrió y ellos reaparecieron completamente ilesos. Mientras tanto, en el Senado, algunos senadores entre los que se encontraba Elpidoforo, asumieron la defensa de los mártires ante el rey, pagando ellos mismos con sus vidas el valor que mostraron enfrentándose a Sapor II.

Finalmente, Aquindino, Pegasio y Anempodisto fueron condenados a morir decapitados, pero una muchedumbre se reunió en torno a ellos acompañándolos hasta el lugar del suplicio. Como el gentío comenzó a glorificar el nombre de Dios, Sapor II ordenó matarlos a todos y a los tres mártires, quemarlos vivos junto con veintiocho soldados que se habían convertido al cristianismo y con la propia madre del rey Sapor II, quien también confesó su fe en Cristo, pues había presenciado parte de los tormentos a los que se vieron sometidos los mártires. Todo ocurrió alrededor del año 350. Los escasos cristianos que quedaron vivos, recogieron de noche los cuerpos de los mártires, dándoles honrosa sepultura.

Mural de San Aquindino, obra de Teófanes el cretense. Meteoros (Nicholas Anapafsa). 1527.

Mural de San Aquindino, obra de Teófanes el cretense. Meteoros (Nicholas Anapafsa). 1527.

Hasta aquí y resumiendo mucho, es lo que dice la “passio”, que como puede comprobarse, siendo muy indulgentes, diremos que está algo exagerada, aunque en realidad lo que tiene es escaso o nulo valor histórico. Puede haber un núcleo de verdad, enmascarado por toda una burda leyenda.

Más tarde – no se sabe cuándo -, las reliquias de los mártires fueron trasladadas a Constantinopla, donde se veneraban en una iglesia construida en su honor. Durante la Cuarta Cruzada, en el año 1204, reliquias de estos santos fueron llevadas a Venecia, a Francia y a la Abadía de Rosières, en el Jura. A las reliquias que estaban en Francia, se les perdió la pista durante la Revolución Francesa, aunque en el año 1892 fueron encontradas en Grozon. Las que se encuentran en Venecia están en la catedral de San Marcos, en cuya Pala de Oro están representados.

Tanto en Oriente como en Occidente, estos santos mártires, que son históricos aunque estén rodeados de leyendas, son venerados el día 2 de noviembre

Antonio Barrero

Apolytikion de los Santos

Bibliografía:
– El Sinaxario Constantinopolitano
– JAPUNDZIC, M., “Bibliotheca sanctorum, tomo I”, Città N. Editrice, Roma, 1990.

Enlace consultado (27/10/2014):
– http://xristianos.gr

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