San Carlomagno, emperador

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Relicario del cráneo de Carlomagno. Catedral de Aachen (Alemania).

Relicario del cráneo de Carlomagno. Catedral de Aachen (Alemania).

Pregunta: ¿Es cierto que el emperador Carlomagno está canonizado? Muchísimas gracias desde Francia.

Respuesta: Buena pregunta y vamos a tratar de responderla. La canonización de Carlomagno en el año 1165 llevada a cabo por el antipapa Pascual III, no fue sino uno de los últimos momentos del Imperio de Occidente. Hoy nadie le llama santo y a lo más, se venera como beato; sea de una forma o sea de otra, vamos a escribir brevemente sobre su vida y su obra, que fue lo que originó que recibiera y reciba un cierto culto en algunas regiones de Occidente.

Carlomagno había nacido en el año 742, siendo el hijo primogénito de Pipino el Breve, al que sucedió el 24 de septiembre del 768 como soberano de parte del reino de los francos, convirtiéndose finalmente en único rey en el año 771. Llamado en solicitud de ayuda por parte del Papa Adriano I, tomó el norte de Italia en abril del año 774 luchando contra Desiderio, que era el rey de los longobardos. En cambio de una promesa de cesión al Papa de parte de los territorios del norte de Italia, Adriano I le concedió el título de rey de los longobardos cuando, derrotado, Desiderio fue recluido en el monasterio de Corbie.

En el año 777 inició una serie de batallas contra los sajones a fin de someterlos y evangelizarlos. Después de una ceremonia colectiva de Bautismo llevada a cabo en Paderborn, fue sofocada la rebelión de los vencidos en unas campañas llevadas a cabo entre los años 782 al 785, en las cuales se cometieron verdaderas atrocidades como el asesinato de miles de prisioneros en Werden. Pero no todo le iba a salir bien, pues en el año 778, cuando intentaba atravesar los Pirineos para conquistar Hispania, sufrió una gran derrota; aun así, en posteriores desplazamientos a Italia, estableció ciertos acuerdos con el Imperio de Oriente mediante el compromiso de su hija Rodrudes con el joven Constantino IV, entrometiéndose poco a poco hasta en la mismísima vida política y social de la ciudad de Roma.

Firma de Carlomagno.

Firma de Carlomagno.

Fue consagrado como rey de Italia y viéndose empujado a preocuparse de la gestión del inmenso patrimonio temporal de la Iglesia, ayudado por San Bonifacio, no descuidó su rol de reformador continuando la obra realizada por su padre. En el año 779, estando muy ocupado por las revueltas de los sajones, promulgó un capítulo sobre los bienes de la Iglesia y los derechos de los obispos, acentuando su labor reformadora con el impulso de una parte de los clérigos y de algunos jerarcas eclesiásticos, especialmente, de Alcuino y de Teodulfo de Orleans.

La célebre “Admonitio generalis” del año 789, demuestra plenamente la concepción que tenía Carlomagno en materia de política religiosa, reclamando para si el ejemplo bíblico del rey Josías, para el cual la necesidad más urgente era conducir al pueblo de Dios por “el camino del Señor”. De esa manera, conseguía reinar dando un supremo valor a sus leyes. Así, consiguió impulsar o hacer renacer la necesidad por los estudios, la revisión del texto de las Escrituras por parte de su amigo Alcuino y la constitución del célebre “Homiliario” de Pablo el Diácono.

En el Sínodo de Francoforte celebrado en el año 794 se erigió frente a Bizancio como el legítimo heredero de los emperadores de Occidente, que habían sido los promotores de los concilios y los guardianes de la fe. No es casual que los textos relativos a las disputas de las imágenes, los “Libri Carolini” fuesen redactados por Alcuino, llevando el nombre de Carlomagno. Por lo tanto, la coronación imperial llevada a cabo en el día de Navidad del año 800 no fue sino la coronación de una política que el Papa San León III no tuvo más remedio que reconocerle, solicitando su protección y reconociéndole asimismo un cierto rol de juez.

Trono de Carlomagno en  la catedral de Aachen (Alemania).

Trono de Carlomagno en la catedral de Aachen (Alemania).

Pero Carlomagno – como lo demuestran los orígenes de la disputa sobre el “Filioque” -, extendió su influencia hasta Palestina y a petición suya fueron restauradas las iglesias de Jerusalén mediante cuestaciones o donaciones prescritas en el año 810, lo que más tarde le valdría para darle el título de “primer cruzado”. De la fuerte personalidad de Carlomagno y del patrocinio que ejerció sobre la Iglesia, dan buena cuenta los documentos recogidos en los “Annales”, que nos recuerdan los concilios (ó sínodos) presididos por él, así como las iglesias y monasterios que fundó.

Su vida privada fue realmente deplorable, no pudiéndose dejar pasar por alto dos repudios y numerosos concubinatos ni las masacres, justificadas únicamente por la venganza o la tolerancia hacia las costumbres de la corte. Tampoco faltan indicios acerca de sus groserías e incluso corruptelas. O sea, que modelo de vida: nada de nada.

Su biógrafo Eginardo nos dice que tenía especial preferencia o predilección por la estricta observancia de los ritos litúrgicos, que él acostumbraba a practicar con gran suntuosidad y solemnidad en la catedral de Aquisgrán, hasta tal punto que cuando murió el 28 de enero del año 814, dejó tras sí “el recuerdo de muchos méritos que la posteridad se encargará de glorificar”. Hoy, de manera suave, diríamos que por lo menos, el tal Eginardo fue un poquito adulador.

El llamado “Sarcófago de Perséfone” donde estuvo enterrado Carlomagno. Catedral de Aachen (Alemania).

El llamado “Sarcófago de Perséfone” donde estuvo enterrado Carlomagno. Catedral de Aachen (Alemania).

La valoración de su prestigio asumió el carácter de una operación política durante las luchas de las Investiduras y el conflicto entre el Sacerdocio y el Imperio y en este sentido, podemos poner muchísimos ejemplos. La primera preocupación que tuvo el emperador Otón I cuando se hizo consagrar en Aquisgrán en el año 962, fue la de restaurar la tradición carolingia a fin de servirse de ella. En el año 1000, Otón III descubrió el cuerpo de Carlomagno en unas circunstancias un tanto sospechosas. En el siglo XI, mientras el Papa San Gregorio VII veía en la coronación de Carlomagno la recompensa por los servicios prestados a la cristiandad, los enriquianos (una secta fundada por Enrique de Lausana) exaltaban el patrocinio ejercido por el emperador sobre la Iglesia y, aunque con un punto y aparte para no hacer pesada la lectura, seguimos.

Cuando el Imperio se convirtió en lo que podríamos llamar como un objeto de competición entre los príncipes germánicos, Federico I, invocando el ejemplo de la canonización de Enrique II en el 1146, o la de Eduardo el Confesor en el 1161 o incluso la de Canuto de Dinamarca en el año 1165, pretendió y obtuvo el 29 de diciembre del 1165, la canonización de Carlomagno por parte del antipapa Pascual III, pretendiendo de esta manera desacreditar al Papa Alejandro III, que le negaba la condición de emperador e incluso a los capetingios (una dinastía que gobernaba Francia), que también lo pretendían. Y si más tarde, Felipe Augusto, el que venció a Federico II en Bouvines en el año 1214, reclamaba para sí las victorias de Carlomagno sobre los sajones, el propio Federico II se hizo coronar en Aquisgrán el 25 de julio de 1215, disponiendo dos días más tarde que las reliquias de Carlomagno fueran trasladadas solemnemente. O sea, todos se lo disputaban.

Moneda acuñada en tiempos de Carlomagno.

Moneda acuñada en tiempos de Carlomagno.

Sin embargo, el Papa Inocencio III que era firme partidario de la teoría de “las dos espadas”, recordaba que era el Papa quién daba valor al Imperio y pintaba a Carlomagno como un simple instrumento pasivo en el traslado del Imperio desde Oriente a Occidente. O sea, que la gran figura de Carlomagno fue utilizada a su antojo tanto por unos como por otros por lo menos hasta la elección del emperador Carlos V.

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Pero aparte de su utilización política, el culto a Carlomagno se fue asentando tanto en la tradición literaria como en la iconográfica, ya que el tono hagiográfico ya se lo había dado el adulador Eginardo desde el mismo momento de su muerte. Rábano Mauro, abad de Fulda lo inscribió en su martirologio y tanto este como otros autores se encargaron de sobrevalorar lo que podríamos llamar como “aspectos misioneros de su vida”. En Jerusalén se conservaba su recuerdo e incluso se creía que el emperador había ido allí en peregrinación (cosa totalmente falsa). El Papa Urbano II, en el año 1095, aun sin canonizarlo, ya exaltaba su memoria ante los primeros cruzados llamándole “el primer cruzado”. En el año 1100, su aventura transpirenaica quiso transfigurarse en Cruzada mediante la interpretación de la “Chanson de Roland” y todo el mundo creía en las intervenciones sobrenaturales que se exaltaban en las “Canciones de gestas”: que si el arcángel San Gabriel le acompañaba, que si Dios le hablaba en sueños, que si paró el sol como hizo Josué y muchas otras tonterías por el estilo.

Desde el siglo XII al XV se multiplicaron los testimonios de un culto real a Carlomagno, por un lado conectado con la fidelidad de las fundaciones carolingias a su fundador y por el otro, con la actitud de algunos obispos hacia los Staufen, que eran los principales promotores del culto. En el 1175 se le erigió el primer altar en Estrasburgo y tanto en Aquisgrán como en Osnabruck, se erigieron otros antes del 1200. En el 1215, después de la coronación de Federico II y de las ceremonias que la acompañaron, se establecieron dos festividades: el 28 de enero (día de su muerte) y el 29 de diciembre (traslado de las reliquias). Roma contraatacó, respondió a esto instituyendo la fiesta antiimperial de Santo Tomás Becket (campeón de la Iglesia frente al poder político), aunque en el 1226 el cardenal Giovanni di Porto consagró oficialmente en Aquisgrán un altar “in honorem sanctórum apostolorum et beati Karoli regis”. El culto se fue extendiendo en las regiones Trier, Fulda, Norimberg y Lorsch. En el 1354, Carlos IV fundó cerca de Mainz un oratorio en su honor y podríamos seguir poniendo otros muchos ejemplos, pero aunque a esta cuestión se le echó el freno en el siglo XV, el culto no fue abolido ni incluso durante la época de la Reforma Protestante, llegando a sobrevivir cada vez más lánguidamente, hasta finales del siglo XVIII.

Urna de Carlomagno. Catedral de Aachen (Alemania) .

Urna de Carlomagno. Catedral de Aachen (Alemania) .

Podríamos seguir hablando sobre el culto a Carlomagno en otros países europeos, pero yo creo que no es cuestión de alargar este artículo. Hoy, su culto está reducido a Aquisgrán (la actual ciudad alemana de Aachen), donde el día 28 de enero se celebra con rito propio de primera clase y con su correspondiente octava. También en Metten y en Münster, el culto era “tolerado” por indulto de la Sagrada Congregación de Ritos. Como todos sabemos, este Dicasterio Romano fue reorganizado por el beato Papa Pablo VI, quién repartió sus competencias entre la Congregación para el Culto Divino y la Congregación para las Causas de los Santos.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Balbulo, N., “Gesta Karoli magni imperatoris”, Stoccarda, 1959
– Folz, R., “Estudios sobre el culto litúrgico de Carlomagno en las iglesias del Imperio”, Paris, 1951
– Paris, G., “Histoire poétique de Charlemagne”, Paris, 1905
– Viscardi, A., “Sobre la leyenda litúrgica de San Carlomagno”, Roma, 1933
– Walch, C., “Historia canonizationis Caroli magni”, Jena, 1750
– VV.AA., “Bibliotheca sanctorum, Tomo III”, Città Nuova Editrice, Roma, 1990.

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