San Clemente de Ohrid, obispo del siglo IX

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Icono ortodoxo griego de San Clemente.

Icono ortodoxo griego de San Clemente.

San Clemente de Ohrid es uno de los santos más famosos del siglo IX, discípulo de los santos hermanos apóstoles de los eslavos Cirilo y Metodio, quienes con sus santos discípulos Gorazd, Clemente, Sabas, Nahúm y Angelario, formaron ese septeto que puso las bases de la Iglesia y de la cultura eslava: los llamados Siete Apóstoles de Bulgaria.

Lo que conocemos de San Clemente nos ha llegado a través de dos “Vitas” escritas en griego, que son atribuidas a dos arzobispos de Ohrid: Teofilasto de Bulgaria y Demetrio Chomateno. Como estos arzobispos vivieron dos siglos más tarde, sus obras están basadas en narraciones preexistentes escritas por discípulos directos del santo. Ambas “Vitas” son consideradas auténticas y fidedignas, por lo que sus datos son absolutamente ciertos, aunque algunos no están suficientemente determinados.

Clemente nació en el año 840 aunque no puede establecerse con absoluta precisión si su origen era macedonio o griego. Desde muy joven se convirtió en discípulo de San Metodio – lo que quiere decir que vivía muy cerca de él -, pero tampoco se puede precisar si fue cuando el santo apóstol era gobernador de los eslavos de Macedonia o cuando ya era monje. Con los dos hermanos participó en la misión llevada a cabo entre los años 863 al 885 en Pannonia y Moravia, actuando como maestro e instructor de los eslavos en su lengua materna, a la cual, San Cirilo le había puesto las bases literarias con la invención del alfabeto cirílico en el año 855.

Sabemos que cuando murió San Metodio el día 6 de abril del 885, San Clemente era ya sacerdote pues se había ordenado en Roma en el año 869. Solo muerto Metodio, es cuando Clemente pasa al primer plano entre sus discípulos. Fue el apoyo de San Gorazd – sucesor de San Metodio -, en la lucha que este tuvo con el clero germánico por culpa del obispo Wiching. El conflicto tuvo su principal origen en el uso de la lengua eslava en la liturgia, uso que ya había sido aprobado previamente por los Papas Adriano II y Juan VIII. Como ya sabemos, el conflicto se resolvió en contra de la posición eslava y de esta manera, más de doscientos discípulos de San Metodio sufrieron las consecuencias: perseguidos, torturados e incluso vendidos como esclavos a los mercaderes de Venecia. El resto, en el otoño del año 885, fue expulsado por la fuerza desde los confines de Moravia.

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Escultura del santo en la ciudad de Ohrid.

Escultura del santo en la ciudad de Ohrid.

Divididos en grupos pequeños se dispersaron por diversos países eslavos. Clemente, junto con Nahúm y Angelario se marcharon a Bulgaria. En Belgrado atravesaron el río Danubio en una balsa y se presentaron al jefe militar local llamado Boritarcan. Se identificaron y este los envió inmediatamente ante el zar Boris I (San Boris Miguel) quién los acogió afectuosamente, los colmó de honores y charló con ellos largamente a fin de que le explicaran todas sus peripecias. De la información que nos ha llegado acerca de estos largos encuentros se ha elaborado un detallado plano de la eslavización de la Iglesia búlgara – que en aquellos tiempos estaba bajo la jurisdicción de la Iglesia griega -, y del propio estado búlgaro, que entonces se mantenía en un inestable equilibrio entre los eslavos del Danubio y los búlgaros turaneces (los primitivos búlgaros que formaban parte de una comunidad lingüística turanio-altaica).

En ese ínterin, Angelario murió y las tareas que se repartieron Clemente y Nahúm nos demuestran de manera suficientemente clara las directrices de aquella planificación. Nahúm se detuvo en la Bulgaria nororiental, primero en la capital Pliska y posteriormente en Preslav donde montó una escuela monástica que debía proporcionar a la naciente Iglesia búlgara, los escritos de los Santos Padres debidamente traducidos del griego al eslavo y copiados por numerosos monjes amanuenses. Clemente se marchó hacia el suroeste del entonces estado búlgaro, a la provincia de Kutmicievica, correspondiente a la actual Macedonia occidental y a la Albania meridional. Centró su actividad en la ciudad de Djavol, hoy desaparecida y que estaba situada en territorio albanés. Allí se dedicó especialmente a la enseñanza y en siete años (desde el 886 al 893) formó a más de tres mil quinientos estudiantes, muchos de los cuales solo tenían una instrucción elemental tanto en el eslavo como en la doctrina cristiana. Cierto es que también hubo un buen número de estudiantes notables a los que introdujo en enseñanzas superiores, especialmente en el conocimiento profundo de las Sagradas Escrituras y en los escritos de los Santos Padres.

Clemente se había planteado el objetivo de formar a los cuadros que conformarían el nuevo clero de la Iglesia eslava. Todos estos discípulos, una vez formados, fueron enviados en grupos por las diversas regiones del país, sin perder el contacto con su maestro, quién de vez en cuando los visitaba.

Monasterio de los Santos Clemente y Pantaleón en la ciudad de Ohrid.

Monasterio de los Santos Clemente y Pantaleón en la ciudad de Ohrid.

Aunque ya los búlgaros se habían convertido al cristianismo en el año 865, permanecían entre ellos muchas supersticiones paganas, por lo que se trataba de afianzarlos en la fe, de enseñarles más profundamente las verdades del evangelio, de enraizar el cristianismo entre todos aquellos pueblos. Clemente sabía perfectamente compaginar la actividad pedagógica con la actividad pastoral, realizando largos y frecuentes viajes por todas las regiones, especialmente en Ohrid y en Glavenica donde, con la ayuda del zar Boris I fundó dos monasterios. San Teofilasto nos dice de él que “jamás estaba ocioso: o estaba instruyendo a los niños o de diversas maneras, estaba enseñando a los adultos, explicándoles el sentido de la nueva escritura, enseñándoles a escribir a mano y a leer, realizando todo esto durante el día pues las noches las dedicaba a la oración o a leer y escribir libros; era capaz de hacer varias cosas al mismo tiempo. Siempre estuvo muy atento tanto al bien espiritual como al bien material de sus fieles”.

Cuando el zar Simeón accedió al trono de Bulgaria, siguió con la planificación que había realizado en tiempos de Boris I. Hasta ese momento, las actividades de Clemente y de Nahúm habían sido la base y los medios para dar vida a la liturgia bizantino eslava en tierras búlgaras; ahora se trataba de extender el uso litúrgico de la lengua eslava en las provincias periféricas. En el año 893 fue elegido primer obispo de lengua búlgaro-eslava con el título de arzobispo de Drembica y Velika, mientras que la dirección de la escuela de Djavol fue confiada a San Nahúm. Actualmente no es fácil identificar con certeza cual era el territorio conformado por aquella diócesis de Drembica, sobre todo, cuales eran las dos localidades que le daban el título. Esta diócesis no debía estar en el territorio donde él había desarrollado su actividad escolástica, por lo que se encontraba desprovista de medios, aunque por otro lado, no debía estar muy lejos de Ohrid, ya que esta era la ciudad a la que él viajaba a menudo y finalmente, en la que murió.

Relicario del cráneo del santo en el monasterio de San Juan Bautista, en Veria (Grecia).

Relicario del cráneo del santo en el monasterio de San Juan Bautista, en Veria (Grecia).

Sin embargo, su actividad como obispo la siguió compaginando con la de maestro, dedicándose de manera muy especial a la enseñanza de la nueva escritura eslava y a profundizar en los fundamentos de la fe mediante la lectura de libros escritos también en eslavo. Dedicó especial atención a la formación del clero, tradujo al eslavo numerosos textos litúrgicos y hagiográficos a fin de dar a conocer en la nueva escritura la vida de santos antiguos. Consiguió que su clero estuviese mucho mejor preparado que el resto del clero de las otras diócesis.

En Ohrid erigió dos grandes iglesias, cuyas paredes hizo pintar con numerosísimos iconos, iglesias que incluso eran más bellas y espaciosas que la propia catedral de la ciudad. Tuvo especial predilección por el monasterio de San Pantaleón, que siempre continuó embelleciendo y en el que pasó sus últimos días. Antes dije que San Teofilasto escribe que se interesaba tanto por el bien espiritual como por el material de sus fieles y lo hizo hasta el punto de al ver que en Macedonia existían amplias extensiones boscosas que ocupaban terrenos propios para los cultivos agrícolas, hizo importar desde Grecia decenas de miles de plantones de árboles frutales que injertó y plantó en aquellas tierras.

Debido a su celo apostólico, a su laboriosidad, caridad y vida de oración, sus contemporáneos veían en él a una especie de Metodio resucitado, hasta el punto de que aun en vida, era propuesto como modelo a imitar. Después de haber vivido más de veinte años como obispo y siendo ya muy anciano, creyó que había llegado la hora de retirarse y dejarle el puesto a alguien más joven y con más vitalidad. Así que en el año 915 se presentó ante el zar para solicitarle permiso para abandonar su diócesis y esconderse en un monasterio. La dimisión no le fue aceptada y tuvo que volverse a su diócesis aunque gobernándola desde el monasterio de San Pantaleón en Ohrid. Recién llegado al monasterio cayó gravemente enfermo, pero aun así quiso prestar un último servicio a la liturgia eslava traduciendo del “Pentacostario” bizantino griego numerosos himnos del tiempo pascual. Murió el 27 de julio del 916, siendo sepultado en la iglesia del monasterio de San Pantaleón.

Antigua tumba de San Clemente de Ohrid.

Antigua tumba de San Clemente de Ohrid.

Sus dos biógrafos nos dicen que desarrolló una intensa vida literaria. Existe un gran número de eslavistas que defienden que fue él quién creó el denominado alfabeto cirílico, que es una forma de escritura utilizada aun hoy en día en la liturgia bizantino-eslava, tanto por los búlgaros, como por los serbios y los rusos. Escribió numerosas obras litúrgicas y hagiográficas. Hay quienes le atribuyen la llamada “Leyenda Pannonica de San Cirilo”, aunque hay quienes defienden que esta obra fue escrita por San Metodio. Con su trabajo literario está estrechamente relacionada la cuestión de la ortodoxia de San Clemente de Ohrid. Son obras suyas las “Alabanza a Cirilo el Filósofo”, “Oraciones a los maestros eslavos Cirilo y Metodio”, “Alabanzas al profeta Zacarías y a su hijo Juan Bautista, “Biografía del arzobispo Metodio de Moravia”, “Elogios a los arcángeles Miguel y Gabriel, “Moralejas de la Parábola del Hijo Pródigo”, etc. Los escritores católicos más antiguos no tienen ninguna duda sobre la ortodoxia de San Clemente y su unión con la Sede de Pedro, aunque hay algunos que han realizado insidiosas insinuaciones en este sentido.

Por sus virtudes y por los milagros que le eran atribuidos fue venerado incluso en vida, culto que se difundió extensamente después de su muerte. Con exactitud no se sabe cuando fue canonizado, aunque desde luego fue antes del siglo XI, posiblemente en tiempos del zar Samuel (980-1014) quién transfirió la capital de Bulgaria a Ohrid. El primer oficio litúrgico sobre San Clemente fue escrito en el año 1018, antes de la caída del primer imperio búlgaro. En el siglo XV, cuando los turcos convirtieron en mezquita el monasterio de San Pantaleón, sus reliquias fueron llevadas a la iglesia dedicada a la Madre de Dios en Ohrid, iglesia que actualmente es conocida como San Clemente el Nuevo. Reliquias menores se conservan en la Mitropolia de Bitola, en la iglesia de la Natividad de María en Skopje, en el monasterio Porece, en la iglesia de los Siete Santos de Sofía (Bulgaria), en Roma y en algún monasterio ortodoxo.

Tumba actual del santo.

Tumba actual del santo.

En el siglo XVI un monje fanático perteneciente al monasterio de San Juan Bautista en Veria (en la actual Macedonia griega), robó la cabeza del santo a fin de enriquecer su propio monasterio. El último reconocimiento canónico de sus reliquias lo realizó el metropolita Gregorio de Ohrid a finales del siglo XIX. La Iglesia Ortodoxa celebra su fiesta el 27 de julio (9 de agosto según el calendario juliano). La Iglesia Católica lo conmemora en el día de hoy (los Siete Apóstoles de Bulgaria), aunque también el 27 de julio y el 25 de noviembre. Aunque es muy venerado en todos los países ortodoxos, lo es especialmente en Bulgaria y Macedonia y por todos los católicos de rito bizantino (los llamados uniatas). Se le representa vestido con los ornamentos pontificales del rito bizantino, con barba abundante y puntiaguda y con un libro sobre el pecho. Mañana escribiremos sobre su compañero San Nahúm de Ohrid.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Cuculain, S., “San Clemente, obispo esloveno”, Sofía, 1915
– Grivec, F., “Cirilo y Metodio, apóstol de los eslavos”, Wiesbaden, 1960
– Milev, A., “Santos Clemente y Teofilasto de Ohrid”, Sofía, 1955
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, tomo IV”, Città Nuova Editrice, Roma, 1987.

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