Basílica menor de San Clemente al Laterano

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Grabado antiguo de la basílica romana.

Grabado antiguo de la basílica romana.

Basílica menor de San Clemente al Laterano
Via Labicana, 95
Roma

Se trata de otra celebérrima iglesia que, en su mismo aspecto físico, puede decirse que encarna la continuidad histórica milenaria de la ciudad de Roma, visible en los tres distintos niveles superpuestos que la conforman. En el nivel más bajo se conservan restos de edificios públicos y privados, separados por un callejón, ahora cegado, datado entre los ss.I-II d.C; en el edificio privado del siglo III se edificó un mitreo, rápidamente transformado en lugar de culto a la venerable memoria de San Clemente, tercer pontífice después de San Pedro, mártir en tiempos de Trajano.

A finales del s.IV, sobre estos entornos se erigió una gran basílica paleocristiana de tres naves, divididas por columnas, precedidas de un nártex, que durante toda la Alta Edad Media fue una de las más importantes de Roma, enriquecida con frescos y mobiliario diverso. Esa basílica fue gravemente dañada durante el saqueo de los normados de Roberto el Guiscardo, en 1084, y, trans una breve tentativa de recuperación, de la cual dan testimonio algunos frescos, fue abandonada y sepultada para construir sobre ella la actual basílica, completada en 1123. La basílica fue recubierta por una intervención settecentesca de Carlo Stefano Fontana (1718-1719) que, por otra parte, conservó totalmente el aspecto medieval de ésta.

Vista actual de la fachada del templo.

Vista actual de la fachada del templo.

De la iglesia inferior y del mitreo persa se había perdido el conocimiento, hasta las excavaciones realizadas a partir de 1857 por los dominicos irlandeses que, en aquel momento, tutelaban la iglesia: ellos sacaron a la luz los dos niveles subterráneos. Actualmente la entrada a la iglesia se ubica en su lateral izquierdo, pero conviene iniciar la visita por la entrada principal, en la plaza de San Clemente, encuadrada en un bello protiro del siglo XII y en una cornisa marmórea del mismo período. Se entra en un patio con un pórtico cuadrado con columnas jónicas y arquitrabes que preceden la fachada settencentesca con el pequeño campanario: todo ello constituye un singular oasis de paz en un barrio caótico y lleno de tráfico.

Como ya se ha dicho, la basílica, aunque alterada, conserva su aspecto medieval, con tres naves rematadas cada una con un ábside. Las intervenciones settecentescas se reducen sustancialmente a los artesonados de los pasillos de las naves, y al ciclo pictórico de la nave central, bajo la dirección de Giuseppe Chiari (1713-1719): es suyo, en la cúpula, el fresco con la Gloria de San Clemente. Las columnas antiguas, de diversa procedencia, tienen capiteles jónicos en estuco (reconstruidos). El pavimento es un bello ejemplar cosmatesco; en medio de la nave está la schola cantorum, del siglo XII, que sin embargo reutiliza diversos fragmentos procedentes de la iglesia inferior, como también reutilizada es la cátedra episcopal. Del siglo XII son los dos púlpitos, el candelabro, el copón; mientras que el recinto que divide el presbiterio incorpora elementos anteriores. En el ábside se conserva el maravilloso mosaico que representa a Cristo crucificado entre la Virgen y San Juan Evangelista (las palomas sobre la cruz simbolizan los apóstoles).

Entrada lateral del templo.

Entrada lateral del templo.

La cruz se apoya sobre un grupo de rollos de acanto, cuyas volutas llenan el interior cóncavo del ábside, incluyendo numerosas figuras y motivos, mientras que en la zona inferior un ciervo bebe de cuatro ríos paradisíacos que brotan de la cruz, de los cuales hablan los Salmos. Junto a los mosaicos de la zona absidial, constituten una obra de rara calidad artística, tanto religiosa como simbólica, cuyo prototipo se ve en grandes mosaicos y pinturas de la Antigüedad con escenas de paisajes “nilóticos”, reproducidos por los primeros mosaicos paleocristianos, como los de Santa Constanza y los del baptisterio Lateranense.

En el presbiterio, a la derecha, está el monumento del cardenal Roverella, de Giovanni Dalmata (1476), a la izquierda, el monumento del cardenal Venier, de Isaia da Pisa (1479). En la nave lateral izquierda, junto a la entrada, la capilla de Santa Catalina, pintada con frescos de Masolino da Panicale entre los años 1428-1431 por el cardenal Branda Castiglioni con Historias de Santa Catalina, un preciosísimo testimonio de la pintura del Quattrocento en Roma, que genera debate en torno a la hipotética presencia del discípulo de Masolino, Masaccio.

Sobre las paredes de la nave izquierda hay similares frescos de Masolino. A través de la sacristía se accede a la basílica inferior, cuya estructura cuesta ser comprendida, debido al techo tan bajo (pues la edificación de la nueva basílica cortó el techo de la inferior), por los intercolumnios taponados para hacer de sostén y por la nave central reducida a la mitad de su anchura por una pared de soporte adicional. En cualquier caso, resulta fuertemente sugestiva, sobre todo por la presencia de una rica serie de frescos que datan de los siglos IX-XII y que dan testimonio así de las diversas fases de la pintura medieval.

La disputa con los filósofos. Capilla de Santa Catalina en San Clemente al Laterano, Roma.

La disputa con los filósofos. Capilla de Santa Catalina en San Clemente al Laterano, Roma.

Hay que destacar precisamente los frescos del nártex, con el Milagro de San Clemente, y los que están en la pared izquierda de la nave central, con la Leyenda de San Alejo y la Leyenda de Sisinio, este último bellísimo por las inscripciones, que son el primer testimonio del italiano vulgar. Destacar también en la nave derecha, en un nicho, una Virgen entronizada con el Niño; y en la nave izquierda, restos de la fuente bautismal. Desde la nave izquierda se puede descender a las construcciones romanas; en primer lugar, tres espacios que forman el mitreo, dos que hacen la función de vestíbulo y probablemente de schola mitraica, con restos de estuco y frescos. El tercer espacio es el mitreo propiamente dicho, con techo rebajado y raspado con piedra pómez para simular una caverna, lugar central de la religión mitraica.

En las paredes laterales hay bancos, en el techo se aprecia una serie de motivos astrológicos propios de la doctrina, y en el centro hay una área marmórea con Mitra inmolando al toro. A través de lo que una vez fue un callejón se llega a otros espacios romanos, en uno de los cuales es visible una corriente de agua, que en su tiempo fue uno de los numerosísimos cursos de agua subterránea de la ciudad, posteriormente canalizada.

Respecto a las reliquias que reposan en esta iglesia, hay que destacar las de su titular, San Clemente papa. Sus restos fueron hallados en 862 en Crimea por San Cirilo, obispo y confesor, que con su hermano Metodio, también obispo, las llevó a Roma, depositándolas cinco años después en esta iglesia, que ya estaba edificada a su nombre. Hasta el siglo pasado se exponía el brazo en la sacristía.

Cuando Cirilo, apóstol de los eslavos, murió en 869, su cuerpo fue trasladado a San Clemente. En 1789 su sarcófago, que contenía “cenizas y algunos huesos”, fue llevado a la Chiesa Nuova, y después nuevamente a San Clemente. Los Santos Cirilo y Metodio son patronos de Europa, junto a San Benito, Santa Catalina de Siena, Santa Brígida de Suecia y Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein).

Vista de la zona del presbiterio. Bajo el altar se conservan las reliquias de los Santos Clemente e Ignacio.

Vista de la zona del presbiterio. Bajo el altar se conservan las reliquias de los Santos Clemente e Ignacio.

También reposan en el altar de esta iglesia las reliquias de San Ignacio mártir, obispo de Antioquía, que fue martirizado en el circo de Roma en 107. Sus huesos fueron recogidos por los fieles, que los llevaron a Antioquía, donde en el siglo V el emperador Teodosio II le dedicó una iglesia. Al ser ocupada la ciudad por los sarracenos en 637, las reliquias fueron devueltas a Roma, a San Clemente, desde donde parte de ellas fueron trasladadas a Santa Maria del Popolo, aunque la cabeza ha quedado en el Santísimo Nombre de Jesús.

Felice Stasio

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San Clemente I, papa y mártir

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Fresco de San Clemente, papa y mártir.

Fresco de San Clemente, papa y mártir.

El Papado como institución se ha desarrollado y transformado a lo largo de la historia. Ha conocido momentos de esplendor así como episodios realmente vergonzosos. Sin embargo, su fuerza y autoridad no proviene de sí mismo sino de quien le ha dado la potestad: Jesucristo, el Hijo de Dios, quien trasmitió a Pedro, el jefe de los apóstoles el poder de las llaves que abren y cierran las puertas de la gracia de Dios para con los hombres.

La misión de apacentar a las ovejas y de confirmar en la fe a sus hermanos, son los ejes del ministerio petrino que se ha trasmitido de generación en generación a un hombre que se convierte en el sucesor de San Pedro como Obispo de Roma. Como Pedro fue el líder de los apóstoles, su sucesor es el primero entre los Obispos, cuya misión es, como lo refería San Ignacio de Antioquía, la de presidir a las Iglesias, en la caridad: la Iglesia de Roma, preside “en la capital del territorio de los romanos” y está “puesta a la cabeza de la Caridad”. (Carta a los Romanos).

Esto viene como introducción a este tema para entender la figura del tercer sucesor del pescador de Galilea y cuarto Papa, Clemente de Roma o igualmente conocido como Clemente Romano o San Clemente I, Papa y Mártir. Este hombre es uno de los más ilustres y venerados en la antigüedad cristiana. Recordado por Eusebio, venerado por Ireneo de Lyon, mencionado por Orígenes, evocado por Clemente de Alejandría, y también, referido por San Basilio Magno, San Cirilo de Jerusalén, San Epifanio, Tertuliano, San Jerónimo y San Agustín por sólo mencionar a los más ilustres.

Biografía
Pese a tan singular veneración, es de reconocer que son pocas las noticias verídicas sobre su vida. Se ha conjeturado que pudo ser un liberto o hijo de un liberto pues eso explicaría en su epístola su profunda adhesión de las autoridades del imperio. Más estrecha y segura es la relación que tuvo con los Apóstoles Pedro y Pablo, columnas de la Iglesia y fundadores de un nuevo imperio en el orden de la caridad. Orígenes parece ser el primero en iniciar la tradición que hace compañero y colaborador de San Pablo en Filipos. Se ha llegado a pensar, por ello, que la mención que hace Pablo en la carta a los fieles de esa Iglesia, es una referencia directa a él: “Juntamente con Clemente y mis demás colaboradores, cuyos nombres están en el libro de la vida” (Fil 4, 3).

San Clemente adora a la Santísima Trinidad. Lienzo de Giovanni Battista Tiepolo.

San Clemente adora a la Santísima Trinidad. Lienzo de Giovanni Battista Tiepolo.

Modernos críticos como Duchesne y Ligthfoot lo consideran poco probable, basándose en que San Ireneo hace referencia de San Lino en la carta de Pablo a Timoteo, pero nada dice al respecto de lo anterior siendo que nada de ello refiere a pesar de haber estado en Roma y si hubiera tenido esa noticia, tal vez la hubiera comentado. Se cree, en opinión de Eusebio y San Jerónimo, que San Clemente tiene una relación estrecha con la epístola a los Hebreos. Si el autor de este libro siempre ha sido debatido, es aun más difícil discernir si nuestro Santo fue el autor o interprete de la misma.

Saliendo del terreno de las conjeturas, podremos decir con toda seguridad que fue testigo directo de la persecución de Nerón en el año 64, desencadenada a raíz del incendio de Roma y que cebó en los cristianos todo el odio y rencor del pueblo para distraer la atención del verdadero autor de esa tragedia, falleciendo los principales pastores de esa comunidad uno al comienzo de la persecución y el otro al final de la misma. Hay que situar la muerte de Pedro en el año 64 y la de Pablo en el 67. Un eco de estos días se podrá leer en los capítulos V y VI de la carta de San Clemente.

El testimonio de la tradición es unánime cuando se refiere a que Clemente está a la cabeza de la Iglesia de Roma en el año 95, durante la persecución de Domiciano. Y hay que sujetarnos al testimonio de San Ireneo, quien como ya se mencionó, lo refiere como tercer sucesor de Pedro, según esta lista: Pedro y Pablo, Lino, Anencleto (Anacleto) o Cleto y Clemente. El anuario pontificio del año 2000 refiere su pontificado del año 88 al 97-100. Es oportuno referir una tradición que dice que Clemente sucedió a Pedro como Apóstol y Lino y Cleto como Obispos, o que San Lino es ordenado Obispo por San Pablo y San Clemente por San Pedro. Juegos de fantasías cuando no hay otra cosa que hacer. San Epifanio agrega otra versión: Clemente, Obispo ya de Roma, cede su puesto a Lino por bien de la paz, recuperando su lugar, tras la muerte de Lino y Cleto.

Así habría practicado un consejo que da a los sediciosos en su epístola: “¿Quien hay entre vosotros generoso? ¿Quién de entrañas de compasión? ¿Quién lleno de caridad? pues ese tal diga: “Si por mí es esta escisión y contienda y banderías, yo me retiro y me iré a donde queráis. Dispuesto estoy a hacer lo que me mande la comunidad. Sólo quiero que el rebaño de Jesucristo permanezca en paz con sus ancianos constituidos” (LIV, 1-2). Mas es probable que fuera este mismo texto el que originó la anterior leyenda de la retirada de Clemente de un puesto ocupado de manera legítima. Pero volviendo a un punto concreto, es el de tratar de esclarecer su martirio, cuya referencia no es anterior al s.IV.

Martirio del Santo papa, arrojado al mar con un ancla al cuello.

Martirio del Santo papa, arrojado al mar con un ancla al cuello.

El primer referente de su martirio lo da la “Depositio Martyrum” en el año 336, fijando su “dies Natalis” el 9 de noviembre. De Rossi, un gran arqueólogo cristiano, descubrió y reconstruyó una inscripción del tiempo del Papa San Siricio (384-399) en el que se atestigua su martirio. En el año 400 se añade el testimonio de Rufino y en el 417 del Papa San Zósimo. Por mártir le venera el concilio de Vaison en el año 442. Y las actas griegas del siglo IV, (aunque novelescas) refieren sobre su destierro al Quersoneso Taurico por orden de Trajano y los prodigios ahí sucedidos; esto supone que entre los siglos IV y V es unánime la aceptación de su martirio. La tradición está firmemente asentada, pero son muchos los años los que hay entre el año 100, como señalado el de su muerte, en el que se supone que con quién sabe cuántos años a la espalda, este Papa emprende el camino al destierro y el martirio.

Todos los historiadores se basan en negar el martirio de Clemente por razón de que Ireneo, Eusebio y Jerónimo no lo refieren. El testimonio del obispo de Lyon no sólo calla el hecho, sino que al poner de relieve el martirio de San Telésforo, deja suponer que ninguno de sus predecesores de Lino a Sixto padeció martirio a causa de la Fe.

Martirio
Hay que tomar como referencia obligada para dar noticia de su condena, destierro y muerte la “Passio Clementis” y el “Liber Pontificalis”, así como sus actas tardías, todas estas fuentes plagadas de eventos imaginarios. En resumen ésta es la historia: el emperador Trajano lo desterró al Quersoneso, actual península de Crimea, a causa, según se refiere, de una sedición popular, condenado a trabajos forzados (picar piedras en las canteras de mármol) junto a unos dos mil cristianos desterrados como él. Allí pudo convertir y bautizar a muchos paganos y obrar milagros a favor de los obreros cristianos esclavizados: como la fuente de agua potable más cercana se hallaba a 10 km. de distancia, el Santo logró con su oración que pareciera un manantial de agua cristalina.

Cristianos ortodoxos rezando en el supuesto lugar del martirio del Santo.

Cristianos ortodoxos rezando en el supuesto lugar del martirio del Santo.

En ese lugar, con materiales del bosque y piedras de templos paganos abandonados, los cristianos construyeron iglesias. Al llegar al emperador estas noticias de una comunidad creciente en ese lugar de castigo, dispuso dar la amnistía a los cristianos, pero exigía a Clemente la orden de sacrificar a los dioses, a lo que el Pontífice se negó. El juez ordenó que se le arrojara en medio del Mar Negro, atado al cuello por una soga a un ancla, para que su cuerpo no fuera recuperado y así no se pudieran venerar sus reliquias. La leyenda continúa refiriendo que un ángel construyó un mausoleo en el fondo de las aguas, y cuya tumba cada año, se emergía al abrirse el mar y que podía ser venerada con facilidad por los fieles. Desatada la fantasía, se añade que una madre olvidó allí a su hijo, pero lo encontró al año siguiente sano y salvo.

En todo caso, la ausencia en Roma de un sepulcro viene a confirmar el martirio, porque la Basílica construida en la urbe fue edificada al parecer sobre lo que fue su casa. El ancla de su iconografía, más bien representa la firmeza de la fe y la seguridad de la unidad, de la que San Clemente fue campeón insigne con su enérgica defensa de la una y de la otra, expresando así la primacía de la Sede Romana y expresando la voz de su magisterio supremo.

Culto
Los Santos Cirilo y Metodio se encargaron de trasladar lo que el primero de ellos consideró como sus reliquias, pues mientras evangelizaban en Crimea a los jázaros hizo excavar un lugar lleno de huesos, encontrando un esqueleto unido a un ancla y lo identificó como los restos del Santo Papa. La traslación se hizo en el año 860, llegando a la ciudad eterna con una solemne bienvenida y siendo colocadas sus reliquias debajo del altar de la Basílica a él dedicada, entre el Monte Celio y el Monte Esquilino.

Cuando el Beato Papa Pablo VI consagró la Basílica de Santa Sofía para la veneración de los ucranianos, portó consigo reliquias del Santo, que se veneran dentro del iconostasio. Reliquias de él hay disgregadas en diversos lugares. Su nombre esta incluido en el Canon Romano de la santa Misa y su celebración litúrgica en el Calendario General tiene la categoría de memoria opcional.

Relicario del Santo en Sebastopol, Ucrania.

Relicario del Santo en Sebastopol, Ucrania.

Padre Apostólico
Como Padres Apostólicos se conoce a una serie de escritores de la primera época del cristianismo, los cuales trataron o se da por hecho que convivieron por un tiempo con los Apóstoles. La denominación se remonta al Patrólogo J.B. Cotelier, quien incluye en esta lista a San Bernabé Apóstol, compañero de San Pablo, inmediatamente luego, el Obispo de Roma: Clemente, que según el testimonio de Eusebio, convivió con San Pedro y San Pablo, San Hermas, San Ignacio de Antioquía y San Ireneo. Hacia 1765 A. Gallandi, agrega a San Papías de Hierápolis.

Si bien actualmente no se puede afirmar que estos hombres conocieron y trataron en vida a los Apóstoles, vale la pena conservar este apelativo, pues en general, sus escritos trasmiten un eco vivo de la predicación y la doctrina de los discípulos del Señor, y más exactamente como refiere la Didajé, otro escrito de autor desconocido, pero también incluido en las obras de estos hombres: de la doctrina del Señor a los mismos Apóstoles.

La Epístola a los Corintios
Hacia el año 96 se remonta el documento Papal más antiguo del que se tenga registro. Luego del Nuevo Testamento y en particular de las Cartas de San Pedro, esta pieza es la primera de muchas obras de la literatura cristiana, la cual hace constar, la situación y época del autor. Esta carta, llamada como la primera Epifanía del Primado Romano, en un tiempo fue considerado libro inspirado e incluido en las lecturas de las celebraciones dominicales.

Redactada en griego, está dirigida a la comunidad cristiana de Corinto, evangelizada por Pablo años atrás y de quien recibió dos epístolas. No dice quién la escribe, sólo menciona el nombre de sus portadores: Claudio Efebo, Velerio y Fortunato. Un análisis interno induce a sostener con certeza, que en ese tiempo San Clemente estaba a la cabeza de la Iglesia de Roma y es atribuible con toda seguridad que esta comunidad bajo su guía, haya dirigido una carta a la otra cuando tenía precisamente el liderazgo de este Santo. Así lo considera Eusebio, que la califica universalmente admitida, larga y admirable; igual Orígenes y otros escritores eclesiásticos. La razón de esta carta es por una escisión, porque unos fieles no querían someterse a la autoridad de los legítimos pastores. Ya quedaba el antecedente de como San Pablo tuvo antes que convocarlos para cerrar filas y fortalecer la disciplina.

Sepulcro del Santo en el altar de la confessio de su Basílica en Roma (Italia).

Sepulcro del Santo en el altar de la confessio de su Basílica en Roma (Italia).

La carta refleja a un autor que conoce las Sagradas Escrituras, experto en el espíritu de oración; en ella se encuentran prudentes recomendaciones, sabios consejos y fina espiritualidad. Se recomienda orar por el imperio y el emperador, indicando los nobles sentimientos del primitivo cristianismo en lo tocante a la autoridad de los gobernantes; importancia tiene su referencia sobres las vicisitudes y persecuciones por las que pasó esa Iglesia y sus principales víctimas: San Pedro, San Pablo y los Santos Protomártires de la Iglesia Romana. En el caso del Apóstol de los Gentiles es interesante conocer las referencias sobre las vicisitudes que padeció en sus persecuciones.

Teológicamente abundan temas sobre la Palabra de Dios y la doctrina sagrada, la jerarquía, la disciplina, la sagrada liturgia. San Clemente afirma en algunos puntos la doctrina sobre la Trinidad, la generación eterna del Hijo y la divinidad del Espíritu Santo. Esta carta es un valioso documento por todas las directrices antes mencionadas y es muy recomendable su lectura para darse una idea de cómo era la época paleocristiana.

Este Santo Pontífice tuvo un fecundo y enorme ministerio así como su magisterio; tan grande es su fama que se le atribuyeron otras obras que nada tienen que ver con él: la segunda carta de San Clemente, las dos cartas a las vírgenes y las Pseudo Clementinas, más bien tipo novela, que traen a colación la leyenda sobre su destierro y martirio, así como otros documentos sencillos. A pesar de ello, San Clemente I mantiene en su figura destellos apostólicos y luz propia, como protagonista de los primeros siglos patrísticos de la Iglesia.

Imagen del Santo venerado la catedral de Guadalajara (México), obra de Mariano Perusquía.

Imagen del Santo venerado en la catedral de Guadalajara (México), obra de Mariano Perusquía.

Patrono secundario de Guadalajara
Conviene recordar que el principal patrono de la ciudad de Guadalajara, Jalisco, es San Miguel Arcángel. Patronos Secundarios de esta ciudad son precisamente San Clemente I Papa y Mártir, San Martín de Tours, conocido popularmente como San Martín Caballero, San Sebastián mártir y Nuestra Señora de la Soledad.

El culto a San Clemente en Guadalajara es inmemorial. Tanto que no se puede rastrear sus orígenes. El libro Nº 3 de acuerdos del Cabildo Eclesiástico de Guadalajara refiere que el 18 de agosto de 1592 se hizo la elección y sorteo de un Santo Patrono contra rayos, animales ponzoñosos y temblores, recayendo el patronato sobre el Santo Papa, acordándose solemnizar cada año el 23 de noviembre, fecha de su fiesta.

En la catedral tapatía tiene dedicado un altar, el segundo de la nave norte de fuera hacia dentro. La imagen que lo representa es del gran escultor Mariano Perusquía. Hay una reliquia ósea de este Santo en el tesoro catedralicio, la que fue donada a la ciudad en el año de 1624. Se refiere que es un hueso de la pierna, aunque por el tamaño del mismo, bien pudiera ser o un fragmento u otro hueso más pequeño. Lleva una leyenda adherida que dice “tu güeso San Clemente”. La mencionada reliquia fue donada al convento de Santo Domingo, (donde hoy se levanta el templo de San José de Gracia) donde se le erigió una capilla en su iglesia para su pública veneración. En el año de 1836 pasó a la Catedral, en un intento para restaurar su culto ya disminuido. Varias fuentes la consideraban perdida, como resultado de las guerras por las que ha pasado el país, pero la realidad es que está guardada en la sacristía del la Catedral.

También una de las campanas de la Catedral lleva su nombre y aunque su devoción ha mermado considerablemente, el cabildo catedralicio le celebra los oficios litúrgicos propios de su fiesta. Salvo que el 23 de Noviembre caiga en domingo, es costumbre que el Jubileo Circular del Santísimo Sacramento se realice unido a su fiesta.

Humberto

Bibliografía:
– MARTÍNEZ PUCHE, José A. Nuevo Año Cristiano, Noviembre, EDIBESA, Madrid, pp.404-413.
– PALACIO Fr. Luis del R. OFM. La Catedral de Guadalajara, Artes Gráficas, Guadalajara, Jalisco, 1948, pp. 84-85.
– RUIZ BUENO Daniel. Padres Apostólicos, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid MCMLXXXV, pp. 101-175.

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