Los santos y el oso (I)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Corbiniano atravesando los Alpes camino de Roma. Jan Polack, tabla del año 1489.

San Corbiniano atravesando los Alpes camino de Roma. Jan Polack, tabla del año 1489.

Premisa
Añadió David: “El Señor, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, me librará de las manos de este filisteo”. Saúl dijo a David: “Bueno, ve y el Señor esté con vosotros” (1 Samuel, 17, 37).

“Entonces, aquí está una segunda bestia, semejante a un oso, la cual estaba levantada por un lado y tenía tres costillas en la boca, entre los dientes, y dijo: levántate y devora mucha carne”. (Deuteronomio, 7, 5).

“Como cuando uno huye de un león y de un oso; como cuando uno entra a la casa, poniendo su mano en la pared y lo muerde una culebra” (Amós, 5, 19).

“La bestia que vi era similar a una pantera, con las patas similares a las de un oso y la boca como la de un león. El dragón le dio su fuerza, su trono y su inmenso poder” (Apocalipsis, 13, 2).

He aquí cuatro versículos del Antiguo y del Nuevo Testamentos en los que está presente el oso, animal fuerte y feroz. Ciertamente, el oso es así en realidad, no es como en la fantasía infantil el osito de peluche o el dulce Winnie. E incluso el bello protagonista de la película “Koda fratello orso”. Aún así, el oso es un animal presente en la iconografía y en la onomástica de la santidad católica y ortodoxa.

Pintura decimonónica de San Corbiniano con el oso.

Pintura decimonónica de San Corbiniano con el oso.

La santidad y el oso

San Corbiniano de Freising
Una tradición antigua cuenta cómo el primer obispo de Frisinga (la actual Freising), Corbiniano – nacido alrededor del 680 en Chátres (hoy Arpajon) y muerto el 8 de septiembre del 730 -, se puso en viaje para ir a Roma montado en un caballo y, mientras atravesaba un bosque, fue asaltado por un oso, que espantó al caballo. Él no sólo logró domar al oso, sino que consiguió que cargase con su equipaje y lo acompañase hasta Roma. Es por eso por lo que en el emblema de Freising – y en el escudo del emblema pontificio de Benedicto XVI -, aparece un oso marrón que lleva un fardo sobre sus espaldas. La interpretación fácil de esta simbología quiere ver, en el oso domesticado por la gracia de Dios, al mismo obispo de Freising, y suele ver en el fardo, la carga del peso del episcopado.

VIAJE APOSTOLICO DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI
A MÜNCHEN, ALTÖTTING Y REGENSBURG
(9-14 SEPTIEMBRE 2006)

Marienplatz, München
Sábado, 9 septiembre del 2006

Señora Canciller y Señor Ministro Presidente,
Queridos señores cardenales,
Queridos hermanos en el episcopado y en el sacerdocio,
Ilustres señores, queridos hermanos y hermanas.

Para mí es motivo de particular emoción encontrarme de nuevo en esta bellísima plaza a los pies de la Mariensäule, lugar que, como se ha dicho, en otras dos ocasiones ya ha sido testigo de cambios decisivos en mi vida. Aquí, como se ha mencionado, hace treinta años los fieles me acogieron con gran cordialidad y yo puse en manos de la Virgen el camino que debía recorrer, pues el paso de la cátedra universitaria al servicio de arzobispo de Munich y Freising era un salto enorme, y sólo con esa protección y con el amor perceptible de los habitantes de Munich y de Baviera podía atreverme a asumir ese ministerio sucediendo al cardenal Döpfner. Después, en 1982, de nuevo me despedí aquí, estuvo presente en esa ocasión el arzobispo de la Congregación para la doctrina de la fe, Hamer, que después sería cardenal, y dijo: “Los habitantes de Munich son como los napolitanos, quieren tocar al arzobispo y lo aman”. Le sorprendió ver aquí, en Munich, tanta cordialidad; pudo conocer el corazón bávaro en este lugar, en el que yo, una vez más, me encomendé a la Virgen.

Grabado alemán de San Corbiniano.

Grabado alemán de San Corbiniano.

Le agradezco, ilustre y querido señor ministro presidente, las cordiales palabras de bienvenida que me ha dirigido en nombre del Gobierno y del pueblo bávaro. También doy gracias de todo corazón al señor cardenal Friedrich Wetter, mi querido sucesor como pastor de la archidiócesis de Munich y Freising, por las afectuosas palabras con las que me ha saludado. Saludo a la señora cancillera, doctora Angela Merkel, y a todas las personalidades políticas, civiles y militares que han querido participar en este encuentro de bienvenida y oración. Deseo dirigir un saludo particular a los sacerdotes, en especial a aquellos con los que, como sacerdote y como obispo, pude colaborar en mi diócesis de origen, Munich y Freising. Y quiero saludaros con gran cordialidad y gratitud a todos vosotros, queridos compatriotas reunidos en esta plaza. Os agradezco vuestra cordial acogida bávara y, como ya hice en el aeropuerto, doy las gracias a todos los que han colaborado en la preparación de la visita y que ahora se esmeran para que todo se desarrolle tan bien.

Permitidme evocar en esta ocasión un pensamiento que, en mis breves memorias, desarrollé en el contexto de mi nombramiento como arzobispo de Munich y Freising. Tenía que llegar a ser sucesor de san Corbiniano y así fue. Desde mi infancia me ha fascinado su leyenda, según la cual un oso habría despedazado al caballo del santo durante su viaje por los Alpes. Corbiniano lo reprendió duramente y, como castigo, lo cargó con todo su equipaje para que lo llevase hasta Roma. Así, el oso, cargado con el fardo del santo, tuvo que caminar hasta Roma y sólo allí Corbiniano lo dejó en libertad.

Cuando, en 1977, me encontré ante la difícil opción de aceptar o rechazar el nombramiento de arzobispo de Munich y Freising, que me sacaría de mi acostumbrada actividad universitaria llevándome hacia nuevas tareas y nuevas responsabilidades, reflexioné mucho. Entonces me acordé de este oso y de la interpretación de los versículos 22 y 23 del salmo 73 que desarrolló san Agustín, en una situación muy parecida a la mía, en el contexto de su ordenación sacerdotal y episcopal, y que después expresaría en sus sermones sobre los Salmos. En este salmo, el salmista se pregunta por qué con frecuencia les va bien a los impíos de este mundo y por qué, en cambio, les va tan mal a muchas personas buenas. Entonces, el salmista dice: era un tonto cuando pensaba así; estaba ante ti como un asno, pero después entré en el santuario y comprendí que precisamente en mis dificultades estaba muy cerca de ti y que tú estabas siempre conmigo. San Agustín, con amor, retomó con frecuencia este Salmo y, viendo en la expresión “estaba ante ti como un asno” (iumentum en latín) una referencia al animal de tiro que entonces se utilizaba en el norte de África para arar la tierra, se reconoció a sí mismo en este “iumentum“, como animal de tiro de Dios, se vio como alguien que está bajo el peso de su cargo, la “sarcina episcopalis“. Había escogido la vida del hombre dedicado al estudio y, como dice después, Dios lo había llamado a ser un “animal de tiro”, un buen buey que tira del arado en el campo de Dios, que realiza el trabajo duro que se le encomienda. Pero luego reconoce: del mismo modo que el animal de tiro está muy cerca del campesino, al trabajar bajo su guía, así también yo estoy muy cerca de Dios, pues de este modo le sirvo directamente para la edificación de su reino, para la construcción de la Iglesia.

San Romedio y el oso. Santuario de San Romedio en Coredo (Italia).

San Romedio y el oso. Santuario de San Romedio en Coredo (Italia).

Con el telón de fondo de este pensamiento del obispo de Hipona, el oso de san Corbiniano me sigue estimulando siempre a realizar mi servicio con alegría y confianza — hace treinta años y también ahora en mi nuevo encargo—, pronunciando día tras día mi “sí” a Dios: Me he convertido para ti como en un animal de tiro, pero así “yo estoy siempre contigo” (Sal 73, 23). El oso de san Corbiniano, en Roma, quedó en libertad. En mi caso, el “Amo” ha dispuesto de otro modo. Por tanto, me encuentro de nuevo al pie de la Mariensäule para implorar la intercesión y la bendición de la Madre de Dios, no sólo para la ciudad de Munich y para la amada Baviera, sino para la Iglesia universal y para todos los hombres de buena voluntad.

San Romedio de Thaur
Estamos en los siglos III-IV. Romedio, rico y poderoso señor tirolés, fue capaz de abandonar sus tierras, sus minas de sal y su bello castillo de Thaur, cercano a Innsbruck, para retirarse como ermitaño a las montañas del Trentino. Romedio había demostrado en repetidas ocasiones su capacidad para hacer milagros, sanando a los enfermos, haciendo brotar agua de la roca y convenciendo a unos cuervos para que le ayudaran a construir una iglesia dedicada a la Trinidad en Val di Non.

Romedio, ya entrado en años, vivía en una cueva con dos discípulos: Abrahán y David. Un día le pidió a David que ensillara un caballo, pero David se vino de vueltas aterrorizado. Había descubierto que un oso estaba enloqueciendo al caballo. Romedio no se descompuso y ordenó a David que saliera y le pusiera las riendas al oso. El discípulo se fió y se acercó temeroso al oso viendo con sorpresa como el animal bajaba la cabeza y la espalda, permitiendo que le pusiera la silla y el freno. El santo descendió del valle y al entrar en Trento cabalgando sobre un oso, fue acogido por la población y por una bandada de pájaros.

Romedio representa al líder de un movimiento eremítico, que en el Trentino tuvo una gran difusión y que duró hasta tiempos muy recientes. La leyenda que floreció en torno al santo en el siglo XIII, dice que sus dos compañeros, Abrahán y David, hicieron vida en común con él. San Pío X, en el año 1907 confirmó su culto “ab immemorabili”.

Grabado de San Columbano y el oso.

Grabado de San Columbano y el oso.

San Columbano de Irlanda
Columbano es uno de los representantes del mundo monástico que dieron origen a aquella “peregrinatio pro Domino” que constituyó uno de los factores de evangelización y de renovación cultural de Europa. En el año 590, pasó de Irlanda a Francia, Suiza e Italia septentrional, creando y organizando comunidades eclesiásticas y fundando monasterios, algunos de los cuales, por ejemplo los de Luxeuil y Bobbio, son célebres por sus homónimos libros litúrgicos. La Regla monástica que codifica su espiritualidad, está marcada por un gran rigor y tiene como objetivo asociar a los monjes con el sacrificio de Cristo. Su praxis monástica ha influido en la nueva disciplina penitencial de Occidente. Murió en Bobbio (Piacenza), el 23 de noviembre del año 615.

Se cuenta que un oso estaba devorando los restos de un ciervo que había sido matado por unos lobos. El santo le ordenó al oso que no destrozase la piel del ciervo porque podría servir a los monjes para hacerse unos calzados. El oso le obedeció. Un segundo episodio dice que el santo convenció a un oso para compartir las bayas de un arbusto de las que el santo ermitaño pudo comer. Bastó el signo de la cruz y se hizo una división imaginaria.

San Galo de Irlanda
Irlandés y discípulo de San Columbano, Galo (Gallech) se marchó con este al continente. Vivieron juntos en Luxueil y en Bregenz en el lago Constanza. Allí se quedó haciendo vida de eremita mientras San Columbano se marchaba a Italia, donde fundó la abadía de Bobbio. Con algunos compañeros, San Galo se fue al oeste de Bregenz en la región de Suabia, donde murió entre los años 630-645. Sobre su tumba surgió una iglesia, que fue el primer núcleo de la Abadía de san Galo, en torno a la cual se desarrolló la homónima ciudad helvética.

Un día, mientras San Galo estaba orando, vino un oso para alimentarse de los restos de comida. El animal estaba cojeando porque tenía clavada una espina en una de sus patas. San Galo le quitó la espina del pie y el animal, en agradecimiento, lo ayudó a construir su ermita.

Imagen de Santa Columba, mártir, en su iglesia de Rianxo, La Coruña (España).

Imagen de Santa Columba, mártir, en su iglesia de Rianxo, La Coruña (España).

Santa Columba de Sens
Columba es representada como perteneciente a una rica, aunque pagana, familia hispana – la tradición riminese dice que era de Rímini – y vivió en el siglo III. Para sustraerse al culto a los dioses, abandonó su familia y se marchó a las Galias, primero a Vienne donde recibió el bautismo y posteriormente, a Sens. Se dice que su verdadero nombre era Eporita, pero que fue llamada Columba por su inocencia.

En Sens fue martirizada por orden del emperador Aureliano en la segunda mitad del siglo III. Se cuenta que puesta entre unas fieras feroces a fin de que fuese atacada, la santa amansó a una osa para que la defendiese. Los verdugos decidieron echar al fuego a la Santa y a la osa, pero la muchacha, haciendo la señal de la cruz, apagó el fuego e hizo que el animal huyese; entonces, los perseguidores, llenos de ira, la decapitaron.

Damiano Grenci

Bibliografía y sitios:
* AA. VV. – Biblioteca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi) – Voll. 1-12 e I-II-III appendice – Ed. Città Nuova
* C.E.I. – Martirologio Romano – Librería Editrice Vaticana – 2007 – pp. 1142
* Grenci Damiano Marco – Archivo privado iconográfico y hagiográfico: 1977 – 2014
* Musolino, Niero e Tramontin – Santi e Beati veneziani – Ed. Studium Cattolico Veneziano, 1963
* Pisani Paolo – Santi, Beati e Venerabili nella provincia di Grosseto – Edizioni Cantagalli
* Sartori Enio – Alla soglia dell’alba. Il Summano e la leggenda di Sant’Orso tra mito e storia – Ed. Signumpadova, 2000
* Sito comune.vejano.vt.it
* Sito imagessaintes.canalblog.com
* Sito scuole.provincia.terni.it
* Sito terredellupo.it
* Sito treccani.it
* Sito wikipedia.org

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es