Santos mártires de Chalchiuhites

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Mártires de Chalchihuites

Mártires de Chalchihuites

Introducción
El 21 de mayo del año 2000 fueron canonizados por San Juan Pablo II, veinticinco mártires que murieron en México durante la Revolución Cristera. De entre ellos, solamente tres son laicos, miembros activos de la Acción Católica (ACJM). El ejemplo de perseverancia y valentía que presentaron San Luis Batiz y los Santos Manuel Morales, David Roldán y Salvador Lara sirva hoy para animar a los pastores y fieles a permanecer unidos y colaborando para que el Reino de Cristo se haga presente entre nosotros aquí y ahora.

San Luis Bátiz Sainz
Nació el 3 de septiembre de 1879 en San Miguel de Mezquital, Zacatecas, Arquidiócesis de Durango. Fueron sus padres Wenceslao Bátiz Arellano y María de Jesús Sainz Ortega Canales, quienes lo llevaron a bautizar el 10 de septiembre del mismo año imponiéndole el nombre de José Luis Amado. Cuando tenía 12 años ingresó al Seminario de Durango, corriendo los gastos de sus estudios por cuenta de su hermano Jesús, también sacerdote; sobresalió en este lugar por su piedad y fue ordenado presbítero el 1 de enero de 1884. Entre los cargos que se le confiaron fue el de Párroco de San Juan de Guadalupe, Párroco de San Diego de Alcalá en Canatlán, Durango, donde permaneció 25 años y por ultimo, Párroco de Chalchihuites, Zacatecas, desde el 1 de agosto de 1925. Por su profunda espiritualidad fue nombrado Director Espiritual del Seminario de Durango y también fue capellán del Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe.

Fotografía de San Luis Bátiz, mártir mexicano.

Fotografía de San Luis Bátiz, mártir mexicano.

Tuvo un celo pastoral muy intenso, unido a una capacidad organizadora muy visible; fue dedicado al catecismo con los niños, que también impartía por la noche con los adultos. Fundó un taller de obreros católicos, una escuela para niños y dio gran impulso a la Acción Católica. Era constante en la administración de los sacramentos, atendía con tesón a las asociaciones piadosas, estableció un hospital para los pobres y le preocupaba el decoro de los templos a su cargo, a los que les daba reparación y mantenimiento cuando era necesario. Su devoción eucarística era muy intensa, desde la reverencia con que celebraba la misa, el culto que promovía al Santísimo Sacramento y era muy notorio como permanecía siempre de rodillas y con gran recogimiento ante el Señor Sacramentado. Su forma de vivir era pobre pero digna, era muy mortificado y llegó a usar cilicios. Su trato era amable, atento, alegre y cariñoso; se hizo amar por sus feligreses y siempre estaba de buen humor. Tenía una predilección especial por los niños. Fruto de esta vida era su deseo de mayor santidad, ya siendo párroco de San Diego, oraba al Señor Sacramentado: “Señor, quiero ser mártir, aunque indigno ministro tuyo, quiero derramar mi sangre, gota a gota por causa de tu nombre”.

En una reunión de la ACJM en Chalchihuites, dijo a los presentes: “Yo tengo muchos deseos de ser mártir, de morir por Cristo, ¿quién de ustedes quiere acompañarme?” Le respondieron “Yo” Manuel Morales, Salvador Lara y David Roldan. Ciertamente serían sus compañeros.

El cuidado de su rebaño lo hizo con hechos y palabras, pues también corregía las faltas de sus feligreses. Cuando el 30 de julio de 1926 fue el último día de culto público en México, habló a sus fieles diciendo que el autor de estas desdichas no era el Gobierno ni Calles, sino los pecados de todos. A la vez, indicaba que los católicos no tenían porque levantarse en armas, y a que esa no era una actitud evangélica.

San Manuel Morales, mártir mexicano.

San Manuel Morales, mártir mexicano.

San Manuel Morales
Nació en Mesillas, Parroquia de Sombrerete y Arquidiócesis de Durango el 8 de febrero de 1898, hijo de Matiana Morales. Recibió el bautismo el 19 de febrero del mismo año. Vivió desde niño con sus abuelos y muy pronto radicó en Chalchihuites. Ingresó al Seminario de Durango, al que tuvo que abandonar para ayudar a sus abuelos y su madre pues eran muy pobres. Trabajó entonces como dependiente de una tienda, donde ganó mucha estimación por su buen trato y amabilidad, luego trabajó en una panadería familiar. Contrajo matrimonio con Consuelo Loera, siendo un marido ejemplar y un buen padre de familia, procreó tres hijos.

Manuel Morales era un buen cristiano, nutrido en la oración y fortalecido en la frecuencia de la Sagrada Eucaristía. Trabajador honesto y asiduo, supo dar armonía en su hogar y con quienes se relacionaban con él. Su vida era sencilla y su participación en la Liga Nacional de la Defensa Religiosa ponen en evidencia cuán lejos de él estuvieron todas las acusaciones de que fue objeto. También fue Secretario del Círculo de Obreros Católicos “León XIII”, miembro activo de la ACJM y presidente de la mencionada Liga en Chalchihuites. La Liga no estuvo en funciones en ese lugar hasta el 29 de julio de 1926, en que se hizo una reunión en la plaza de toros y donde participaron unas 600 personas. El Santo como presidente, tomó la palabra y exhortó sin miedo a defender el proyecto invocando la manifestación pacífica y sin tinte político. Aclaró que se pediría a la autoridad competente la derogación de las leyes que oprimían la libertad religiosa y terminó diciendo estas palabras: “A los cuatro vientos y con el corazón henchido de júbilo gritemos ¡Viva Cristo Rey y la Morenita del Tepeyac!”.

San David Roldán Lara
Nació en Chalchihuites, Zacatecas, el 2 de marzo de 1907, hijo de Pedro Roldán y Reinalda Lara. Fue bautizado en la parroquia del lugar el 29 del mismo mes y año. Cuando tenía un año murió su padre, Doña Reinalda educó entonces a su hijo con gran amor a Cristo y su Iglesia, más adelante lo matriculó en un colegio particular para que tuviera una buena educación. A su tiempo ingresó en el Seminario de Durango, pero tuvo que abandonarlo para hacer frente a las necesidades económicas de su familia. Fue un hijo modelo que siempre quiso mucho a su madre, era respetuoso, obediente y atento. Sus amigos aseguran que era la alegría de su casa y que era un joven muy limpio y muy jovial, ordenado y responsable también. Su vida era íntegra y era un buen colaborador de su párroco Luis Bátiz.

De pie, Pedro Roldán y San Salvador Lara, sentados Carlos Lara y San David Roldán.

De pie, Pedro Roldán y San Salvador Lara, sentados Carlos Lara y San David Roldán.

Con 17 años comenzó a trabajar en la mina “El Conjuro” y por su carácter, preparación y disciplina se gano la confianza de su patrón, Gustavo Windel, un alemán, que lo hizo su hombre de confianza. Su trabajo principal era la contabilidad y sus compañeros de trabajo lo apreciaban por su forma de comportarse con ellos. Allí conoció a la hija del señor Windel, a quien hizo su novia y a quien pidió en matrimonio. David era un cristiano comprometido y desde pequeño perteneció a la Acción Católica. En 1925 fue electo presidente de la ACJM, a quien tuvo mucho cariño y por quien dedico mucho esfuerzo. Al comienzo del conflicto religioso, fue nombrado Vicepresidente de la Liga Nacional de la Defensa Religiosa y junto con Manuel Morales y su primo Salvador Lara Puente, organizó la defensa pacifica de la Iglesia, tratando de reunir firmas para derogar las leyes antirreligiosas.

San Salvador Lara Puente
Nació en El Súchil, Durango, el 13 de agosto de 1905 hijo de Francisco Lara y María Soledad Puente; fue bautizado en el templo parroquial de ese lugar el 10 de septiembre de ese año, recibiendo con el Sacramento en el nombre de José Salvador. Fue un buen hijo con sus padres y cuando su papá murió aumento su cariño por su madre. Quiso mucho a su hermano Carlos, de quien siempre estuvo atento para que nada le faltara. También fue alumno del Seminario de Durango, del que tuvo que salir para ayudar en los gastos de su hogar.

Salvador era un muchacho limpio y simpático, lleno de vida y vigor físico, sociable y fácil para hacer amigos. Practicaba la charrería, trabajó como su primo David en la mina “El Conjuro”, dando en este lugar buen testimonio de su vida cristiana; fue presidente de la ACJM y secretario de la Liga Nacional de la Defensa de la Libertad Religiosa. Cuando San Luis Batiz hizo la invitación a los que lo acompañaban en una reunión para saber si había alguien que lo acompañaría al martirio, con sencillez y sin alarde, se ofreció con generosidad. Días antes de su sacrificio declamó en una velada la poesía “Marciano” que describe la inocencia de un cristiano, acusado de incendiar Roma. Salvador recitó un verso que resultaría profético: “Si mi delito es ser cristiano, haces bien en matarme porque es cierto”.

San Salvador Lara.

San Salvador Lara.

Martirio
Luego de la reunión en la plaza de toros, el Presidente Municipal Donaciano Pérez y el telegrafista José Refugio García acusaron falsamente de sedición al Señor Cura Bátiz y sus colaboradores cercanos. El 14 de agosto llegaron “once soldados para sofocar la rebelión de todo un pueblo” como se había propagado la falsa noticia. El Padre Bátiz estaba sentado en una banca de la Plaza de Armas, vestido de civil y acompañado por Ramón Jaime y el sacristán José de Jesús Rentería. Al darse cuenta que lo buscaban, se dirigió a la Casa de los Obreros, donde se refugiaba. Allí fue apresado mientras el Alcalde Pérez y el telegrafista García aplaudían el hecho diciendo: “Muy bien, así deben tratarse como perros, estos fanáticos”, luego lo internaron en el Ayuntamiento.

A la mañana siguiente, los presidentes de las Asociaciones Parroquiales, se reunieron en la Botica Guadalupana para gestionar la libertad del Señor Cura Batiz. Allí se les juntaron Manuel Morales, Salvador Lara y otros miembros de la Acción Católica. Entonces llegaron los soldados con rifles gritando: “Manuel Morales”, él dio un paso con entereza cristiana y dijo: “Aquí estoy”. Lo empujaron y trataron indignamente con golpes y fue conducido al Palacio Municipal. Igual hicieron con Salvador Lara. Como era domingo David estaba en su casa arreglándose para ir a misa, hasta allí fueron los militares a aprehenderlo, y al salir de su domicilio, ya arrestado, salió sonriente y saludando con cortesía y alegría.

San David Roldán

San David Roldán

Los vecinos trataron de juntar dinero para pagar una fianza y lograr su libertad. Incluso el señor Windel ofreció la cantidad que quisieran para salvar la vida de los prisioneros, pero esta maniobra fue rechazada con el pretexto de que iban a ser llevados a Zacatecas a hacer unas declaraciones y luego volverían a Chalchihuites. El teniente Blas Maldonado, a cargo del grupo de soldados, se dio cuenta que el pueblo permanecía en actitud de espera y que sufría en las personas de los presos. Allí no había tal levantamiento.

Luego hicieron subir a los prisioneros a dos carros; el señor cura Bátiz y Manuel Morales en uno y Salvador Lara y David Roldán en otro. La gente estaba excitada y a la vez sin poder hacer nada. Alguien gritó: “Señor cura, no nos olvide”, y él respondió con serenidad: “¿Cómo voy a olvidarlos si son mis hijos? Voy a darles la bendición y por favor, no me sigan, no pasará nada”. La mamá de Salvador se confió de lo que habían dicho los militares porque sabía que su hijo era inocente, se acercó a él y lo bendijo, infundiéndole ánimo y recordándole lo santo de la causa que defendía. La esposa de Manuel también hizo gestiones para salvar la vida de su esposo, habló varias veces con el teniente, pero no le daban calma sus palabras. Llevó a su hijo en brazos para conmoverlo, pero él la despreció. En tanto el niño se le escapó y fue a dar con su padre, que lo abrazó efusivamente. Manuel sufría por su esposa y sus hijos. En medio de gran dolor, la pareja pudo despedirse.

Fotografía del cadáver de San Luis Bátiz en su velatorio.

Fotografía del cadáver de San Luis Bátiz en su velatorio.

Los automóviles se dirigieron a un lugar llamado Puerto de Santa Teresa, el que llevaba a San Luis Batiz y San Manuel Morales tuvo que aguardar a que llegara el otro que traía a San David y San Salvador porque tuvo una avería en el camino. Luego los bajaron del auto y al Señor Cura y Manuel Morales los hicieron caminar como medio kilometro. Les dijeron “Si reconocen las ordenes de Calles, nada les pasará” y ambos respondieron: “Primero morir”. El destino estaba fijado, San Luis Batiz añadió: “Lo único que les ruego es que atendiendo a los pequeños hijos de la familia de Manuel, le perdonen la vida, yo ofrezco mi vida por la de él. Seré víctima, estoy dispuesto a hacerlo”. Pero San Manuel añadió: “Deje que me fusilen, Señor Cura, yo muero pero Dios no muere, Él velara por mi esposa y mis hijos”. Entonces comprendiendo que era inútil seguir pidiendo, San Luis se despidió de su compañero diciéndole “Hasta el cielo” y San Manuel gritó entonces: “¡Viva Cristo Rey y la Virgen de Guadalupe!”. Luego las balas cegaron la vida de estos testigos de Cristo.

San David y San Salvador habían recibido antes la absolución del párroco, al que vieron morir junto a su amigo y compañero; luego los hicieron caminar unos 160 pasos. Mientras caminaban, iban serenos y orando. Los colocaron en posición para fusilarlos y ambos gritaron la emoción de sus juveniles corazones que se sacrificaban por Dios: “¡Viva Cristo Rey y la Virgen de Guadalupe!” mientras que los proyectiles les hacían entrar en una vida nueva. Luego les dieron el tiro de gracia y sus rostros quedaron destrozados, pero en ambos rostros quedaron indelebles la paz que tenían en sus almas y la sonrisa de quien satisfecho, concluye su labor. Uno de los verdugos dijo de Salvador: “¡Qué lastima haber matado a ese hombre, era tan grande y tan fuerte!”. Era el 15 de agosto de 1926. Al conocer que los cuatro hombres habían sido ajusticiados, los habitantes de Chalchihuites fueron a recoger los cadáveres para velarlos, cada mártir fue velado en su casa en una noche llena de tormenta y granizo que parecía llorar su martirio, como se supiera que los militares iban a volver para profanar los cuerpos apresuraron el sepelio y fueron sepultados en el Panteón Municipal.

Altar con los sepulcros de los mártires.

Altar con los sepulcros de los mártires.

Culto
Fueron beatificados el 22 de noviembre de 1992 por San Juan Pablo II y por el mismo canonizados el 21 de mayo de 2000, junto con el grupo de mártires que encabeza San Cristóbal Magallanes. Actualmente sus reliquias se veneran en el altar dedicado a Nuestra Señora de Guadalupe en la Parroquia de Chalchihuites. Su memoria litúrgica, en compañía de los demás Santos Mártires se celebra el 21 de mayo, aniversario de su canonización.

Humberto

Bibliografía:
– CONFERENCIA DEL EPISCOPADO MEXICANO, Viva Cristo Rey, Editado por ella misma, México D.F., 1991, pp 33-38, 89-91, 103-106, 127-130.

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