San Eutropio de Saintes, obispo mártir

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Escultura de 1719. Parroquia de Moncé-en-Saosnois (Francia).

Escultura de 1719. Parroquia de Moncé-en-Saosnois (Francia).

Hace unos días, nuestra compañera Ana María nos escribía sobre Santa Estela de Saintes, virgen mártir muy vinculada a San Eutropio, obispo de la misma ciudad y me comprometí a escribir sobre él. La cosa no ha sido nada fácil, pero bien, hoy lo hago y empiezo diciendo que su nombre es de origen griego, cuyo significado es: “que tiene buen carácter” y que aunque las fuentes literarias que nos hablan de él dicen que fue el primer obispo de Saintes, contemporáneo de San Dionisio de París y enviado a las Galias por el papa San Clemente I a fin de evangelizarlas, sin embargo, aunque eso dicen las fuentes, en realidad, su episcopado tenemos que datarlo a finales del siglo III. Luego, malamente empezamos, porque se sabe tan poco de él que incluso la fecha de su episcopado es incierta. En un principio el relato de su vida y de su martirio se fue transmitiendo mediante tradición oral y de manera progresiva, la imaginación de algunos autores fueron construyendo una cierta leyenda, realmente poco creíble y rayana en lo ridículo.

Pero aun así, estamos ante un santo histórico, mencionado de manera indirecta por Venancio Fortunato en el capítulo XIII de su “Carmina miscellanea” y de forma directa, por San Gregorio de Tours quién cita su nombre en una lista de obispos enviados a las Galias para evangelizarla en tiempos del emperador Decio, o sea, a mediados del siglo III.

San Gregorio en el capítulo LVI de su obra “De gloria Martyrum” dice textualmente: “Eutropio, que fue martirizado en la ciudad de Saintes, fue enviado a las Galias por el Beato Clemente, quién lo consagró por la gracia de la ordenación episcopal. Después de haber cumplido su misión predicando a los incrédulos, se levantaron contra él y golpeándole la cabeza, consiguió la victoria. Como consecuencia de la persecución no fue sepultado dignamente y los cristianos no pudieron darle el honor que se merecía. Se llegó a olvidar su martirio, pero posteriormente, este fue revelado, ya que mucho tiempo después se construyó una basílica en su honor y en cuanto fue construida, el obispo Paladio, junto a todo el clero, hizo personalmente el traslado de las reliquias. Fue en ese momento, cuando dos abades levantaron la tapa del sepulcro descubriendo una cicatriz en su cabeza donde había sido golpeada por el hacha. Pero para que esto no cayera nuevamente en el olvido, la noche siguiente, mientras el clero dormía, Eutropio se apareció a dos clérigos diciéndoles: a través de la cicatriz que habéis visto en mi cabeza, fue consumado mi martirio. Por esto, todos reconocieron que Eutropio era un mártir, ya que en esos momentos no constaban las actas de su pasión”.

El Santo bendice a Santa Estela. Vidriera en la iglesia de Mathes en Charente-Maritime (Francia).

El Santo bendice a Santa Estela. Vidriera en la iglesia de Mathes en Charente-Maritime (Francia).

O sea, vemos que su culto recibió un impulso decisivo en el siglo VI cuando – según nos cuenta San Gregorio de Tours -, el obispo Paladio (573-600) transfirió sus reliquias a una basílica que había construido en su honor. Estas reliquias procedían de una basílica suburbana que había sido restaurada en el año 567 por el obispo Leoncio de Burdeos. Las trazas del golpe de hacha que mostraba el cráneo hizo que el obispo se reafirmara en lo que la tradición oral decía: que había muerto martirizado, pues no constaba documento escrito alguno.

Desde entonces, el culto se extendió por Saintogne (antigua provincia gala situada en la costa centro-occidental atlántica), por Guyena (antigua provincia gala que ocupaba el actual suroeste de Francia) e incluso más lejos, hasta el punto de que la tumba del santo se convirtió en una de las etapas que realizaban los peregrinos del Camino de Santiago. La mayor parte de los huesos del santo permanecieron en Saintes, aunque algunos de ellos fueron llevados a Vendôme y el cráneo – que durante un tiempo permaneció en Burdeos -, se libró de la destrucción de los protestantes en el siglo XVI, encontrándose actualmente en la ciudad donde fue martirizado.

Esto es lo que realmente se sabe, pero durante la Edad Media, se escribieron algunas leyendas, por lo que podemos decir que la “passio” de San Eutropio no es más que una recopilación de otros textos, entre los que se encuentran la “passio” de San Dionisio e incluso la de los santos apóstoles Simón y Judas Tadeo. ¡Casi ná! Cada autor fue añadiendo lo que creyó oportuno sin base histórica alguna. Una de ellas incorporó lo referente a Santa Estela, virgen consagrada discípula del santo obispo, que finalmente también se convirtió en mártir, pero cuya existencia no consta en ningún texto antiguo.

El Códice Calixtino llega a atribuirle un origen persa, haciéndolo hijo del rey Jerjes; que viajó a Palestina donde se encontró con San Marcial de Limoges. Se añade que conoció a Cristo, que estuvo presente en la multiplicación de los panes y los peces y en la entrada de Jesús en Jerusalén y que cuando se enteró de que Cristo había sido apresado, quiso regresar a su patria con la intención de conseguir que el ejército de su padre lo liberase. Como Cristo fue crucificado y resucitó de entre los muertos, Eutropio se unió a los apóstoles y el mismísimo San Pedro lo envió a evangelizar las Galias a donde llegó en barco junto con Marta y María Magdalena. ¡Mayor despropósito no cabe!

Martirio del Santo. Lienzo de Ariusz Hermanowicz. Iglesia de San Léger, Cognac, Francia.

Martirio del Santo. Lienzo de Ariusz Hermanowicz. Iglesia de San Léger, Cognac, Francia.

Pero es que aun hay más, porque otros autores añaden que estuvo en París con San Dionisio y en Limoges con San Marcial, que cuando llegó a Saintes se instaló en la parte más pobre de la ciudad y que fue en ese momento cuando convirtió a la joven Estela. Entonces se narra su martirio que, aunque termina con un hachazo en la cabeza, se ve precedido por el apedreamiento llevado a cabo por más de dos mil personas. Mejor que no siga por este camino, aunque en justicia, tengo que añadir que en el siglo XIX, Louis Audiat – que fue escritor e historiador francés, profesor de retórica, archivero y bibliotecario de Saintes, redactor de la revista “La Nature” y que murió en Saintes en 1903 – puso un poquito de orden en todos estos despropósitos. ¡Qué fácil es inventarse una historieta!

Ya he dicho anteriormente que la mayor parte de las reliquias del santo permanecieron en Saintes. En efecto, en el año 1842, en la cripta de su Basílica se encontró un sepulcro con su nombre grabado, que contenía los restos de al menos dos personas – se supone que Eutropio y Estela -, pero sin la cabeza del varón que, como también he dicho antes, había estado en Burdeos, escondida durante la Reforma Protestante y la Revolución Francesa, pero que finalmente retornó a Saintes donde fue puesta en un busto relicario de plata. Son numerosísimas las iglesias dedicadas a San Eutropio por toda Francia, en las antiguas provincias de Poitou, Aunis, Saintogne, por la región de Bretagne, por Maine-et-Loire, Garonne, las Landes, etc. La enumeración y descripción de estos templos, en verdad, darían para otro artículo, ya que es un santo muy venerado.

Las transformaciones del nombre del santo en el lenguaje popular lo han convertido en alguna ocasión como el curandero de los lisiados, otras como el que cura a los hidrópicos, mientras que el rastro del hachazo en su cráneo hace que sea invocado contra los dolores de cabeza. Enrico Estienne en su “Apologie pour Hérodote”, decía en el siglo XVI que “cuando se ha hecho a San Eutropio como una especie de médico de los hidrópicos es porque se ha confundido Eutrope con hydrope”. De hecho, el sello o “sigillo” de la Confraternidad de San Eutropio en la iglesia de San Gervasio en París lo representa como un obispo que bendice a un enfermo hidrópico. Digamos también que los campesinos de Berry lo invocaban también para que las gallinas fueran ponedoras, aunque no tengo ni idea acerca de donde viene “este patronazgo”. Su fiesta se celebra el día 30 de abril.

Sarcófago del santo en su basílica en Saintes (Francia).

Sarcófago del santo en su basílica en Saintes (Francia).

Resumiendo brevemente: santo obispo mártir histórico, del que se sabe muy poco, que probablemente vivió y murió en el siglo III, que su culto cayó en el olvido aunque comenzó a extenderse a partir del siglo VI y del que posteriormente se escribieron todo tipo de disparates a fin de dotarlo de una historia con un cierto valor catequético, pero absolutamente falsa.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Audiat, L., “Saint Eutrope, premier évêque de Saintes, dans l’histoire, la légende et l’archéologie”, París, 1877.
– B. de Gaiffier, “Les sources de la Passion de Saint Eutrope de Saintes dans le Liber sancti Iacobi”, en Analecta Bolandista, LXIX, 1951
– San Gregorio de Tours, “De gloria martyrum”.
– Venancio Fortunato, “Carmina”.
– VV.AA. Bibliotheca sanctórum, tomo V”, Città Nuova Editrice, Roma, 1991.

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