San Germán Klysha, archimandrita de Svyatogorsk

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Fotografía y firma del santo.

Fotografía y firma del santo.

Fue el sucesor del archimandrita San Arsenio Mitrofanov. Provenía de una rica familia de comerciantes de la provincia de Chernigov y su nombre de pila era Gregorio Klysha. Nació en el año 1815 y desde niño su salud se resentía pues continuamente estaba enfermo con fiebre. Aunque la madre trató de buscar solución a este mal, no encontraba remedio alguno, por lo que estaba ya resignada a que Gregorio muriese siendo niño. Un día, yendo a orar al cercano monasterio Vvedenskoye Nezhinsky, se encontró con una monja llamada María, quién le dijo que el niño no moriría si buscaban como remedio la oración. A eso se dedicó la familia y desde entonces, el niño comenzó a recuperarse creciendo cada vez más fuerte.

Una vez recuperado, estudió griego en el Liceo y posteriormente, a instancias de uno de sus tíos, ingresó en la Academia de Comercio de Moscú, donde se graduó con la intención de ayudar a su padre, que se dedicaba al comercio de pieles. Pero cuando tenía unos veinte años de edad, comprobó que su vocación no eran los negocios, sino la vida monacal. Con veinticinco años, después de haber recibido la bendición de su madre y de San Melecio de Kharkov, se marchó a los desiertos de Glinsk, donde conoció a San Atanasio Lubenskij, a quién siguió hasta donde este habitaba. Allí se quedó a pasar la noche y, no pudiendo conciliar el sueño debido al hambre que tenía, vio que se le acercó San Atanasio con un trozo de pan diciéndole: “Come la gloria de Dios, se fuerte y valiente. Dios no te abandonará y con su ayuda y misericordia serás un buen monje”. Dicho esto, se retiró, dejando a Gregorio alimentado y feliz. Allí, el 24 de julio del 1840, el abad Filareto le profetizó que en el futuro sería un monje asceta.

En el año 1844 Gregorio se marchó del desierto de Glinsk y junto con el archimandrita San Arsenio Mitrofanov se marchó a la Montaña Svyatogorsky a fin de reconstruir un antiguo monasterio. Le dio total libertad para realizar esta tarea y un año más tarde, lo tonsuró como monje, cambiando su nombre por el de Germán. Ordenado de diácono, se dedicó a la predicación y al trabajo; era un trabajador incansable.

De él se cuenta la anécdota de que, un día, se acercó a su celda un monje llamado Antonino, que con anterioridad también había sido comerciante. Estando los dos hablando, Germán intuyó que la celda de Antonino estaba ardiendo y, aunque no había velas encendidas, se estaban quemando los libros depositados sobre su mesa. Germán le dijo: “Corre rápido a tu celda, porque hay fuego y los libros se queman”. Antonino corrió hacia su celda – que no se veía desde la celda de Germán -, y efectivamente la encontró ardiendo y la apagó.

Icono ortodoxo ucraniano del santo.

Icono ortodoxo ucraniano del santo.

En vida tuvo el privilegio de verse honrado por la Madre de Dios en dos ocasiones. La primera aparición fue un día cuando cantaban el Akathisto en una ceremonia presidida por el abad Arsenio en la iglesia de la Intercesión. Germán, que era diácono y estaba predicando en el coro, salió a cantar el “¡О, Всепетая Маги!” en el púlpito, enfrente de las Puertas Reales del iconostasio. De repente, estas se abrieron y sobre el altar apareció la Virgen en un trono de luz. El rostro de Germán se puso brillante como el sol y los rayos de luz de la Virgen lo inundaron. Todos los monjes quedaron atónitos, durando esta visión hasta que se terminó el canto del Akathisto, desapareciendo también de repente.

En el año 1847 fue ordenado de sacerdote y nombrado sacristán del monasterio. Con su esfuerzo y con el del abad Arsenio, consiguieron que varios monjes de Glinsk se incorporasen al nuevo monasterio Svyatogorsky, el cual se expandió y prosperó rápidamente. Pero en el año 1859 San Arsenio murió y, de acuerdo con la petición unánime de todos los monjes, el padre Germán fue elegido como nuevo archimandrita. El, a regañadientes, aceptó, pero se desalentaba porque no se sentía capaz de soportar esta nueva responsabilidad. Un día, pensando en esto, se quedó dormido y en sueños vio nuevamente a la Santísima Virgen rodeada de San Nicolás y del Patriarca San Germán. La Madre de Dios, mostrándole un pequeño bastón que llevaba en sus manos, le dijo: “¿Por qué te desanimas? Tu solo no vas a administrar nada porque yo te guiaré con esta caña”. Cuando se despertó, sintió una inmensa paz y su alma estaba tranquila y feliz porque sabía que, desde ese momento, contaba con la ayuda de la Madre de Dios. De hecho, durante su mandato, el monasterio Svyatogorsk siguió creciendo y prosperando. No solo siguió el modo de trabajo del abad San Arsenio, sino que también se dejó aconsejar por San Isaac Antimonov, archimandrita del monasterio de Optina, con quién llegó a escribirse en más de una ocasión.

Al conseguir gran experiencia como archimandrita, sus consejos fueron solicitados por los abades de otros monasterios, llegando a ser nombrado abad decano de todos los monasterios de la diócesis de Kharkov. En muchos de ellos, la ayuda requerida no solo fue espiritual, sino también material, y valga como ejemplo la construcción del monasterio Ryasnyansky, con la ayuda del terrateniente Constantino Dmitrievich en el lugar en el que el padre Germán le había indicado, y en el que se puso como abad a San Sofronio Smirnov, monje proveniente de su propio monasterio. Al frente del monasterio Akhtyrsky de la Santísima Trinidad, puso como archimandrita al hieromonje Leoncio, que también provenía de su propio monasterio.

La Virgen se aparece al Santo. Fresco en el monasterio Svyatogorsky.

La Virgen se aparece al Santo. Fresco en el monasterio Svyatogorsky.

Los arzobispos de Kharkov, al ver su trabajo y su celo, se volcaron en su ayuda, y el propio arzobispo San Macario – que más tarde llegaría a ser Metropolita de Moscú y de Kolomna -, lo propuso para que fuera galardonado con la Orden de Santa Ana, galardón que recibió en el año 1869. Andres Kovalevsky, famoso escritor ruso, llegó a decir de él: “Era un hombre piadoso que llevaba su vida en secreto, que se preocupaba por el bien espiritual y material de sus monjes, que quería que viviesen en celdas sin lujos, pero no miserables. En la suya tenía unos iconos, una lámpara de cobre delante de ellos y una imagen del Salvador hecha de yeso (regalo de Tatiana Borisovna Potemkin), unos libros, una cama dura con cojín de cuero en la cabecera, una pobre mesa y una silla y los hábitos colgados en la pared. Durante los treinta años que vivió en ella, poco cambió salvo en la disminución de las cosas que no consideraba imprescindibles. Su lema era que donde no hay paz, no hay Dios, y por eso siempre se esmeró en conseguir la paz entre los monjes”.

Llevaba una vida muy ascética. Nunca manejó dinero, ni siquiera para comprar los sellos de sus cartas. Cuando tenía que viajar y necesitaba dinero para el viaje, se lo pedía al ecónomo del monasterio, intentando gastar lo menos posible y anotando detalladamente los gastos en una libreta, que entregaba con el dinero sobrante al ecónomo cuando volvía al monasterio. Siempre vestía el mismo hábito que, conforme se deterioraba, remendaba y volvía a remendar; de hecho su ayudante, el diácono Iakinf, tuvo que repararlo hasta que inevitablemente tenía que ser sustituido por otro, que también era usado. Siempre llevó el mismo cinturón de cuero, que de tanto repararlo, se convirtió en un hilo estrecho, y nunca utilizó ropa de abrigo durante el invierno.

Nunca comió fuera del refectorio monacal, no permitiendo que le preparasen ninguna comida especial por el hecho de ser el abad del monasterio. Nunca tomó nada entre comidas, salvo un vaso de té por las noches. Durante la Santa Cuaresma solo se alimentaba de pan y agua, y cuando se tomaba alguna licencia, era beber un poco de jugo de coles, a fin de no debilitarse.

Vista del complejo monástico Svyatogorsky.

Vista del complejo monástico Svyatogorsky.

En la iglesia del monasterio siempre actuaba con la mayor reverencia, caminando lentamente y no permitiendo negligencia alguna en el servicio litúrgico. Decía que: “El templo de Dios es el segundo cielo, porque aquí está Dios mismo”. A menudo lloraba ante el altar al celebrar la Divina Liturgia, y cuando tomaba entre sus manos las Sagradas Especies su rostro se iluminaba. Durante las largas horas de meditación y de servicio al altar, nunca se sintió cansado, nunca necesitó un descanso. Su espíritu tenía más fortaleza que su propio cuerpo, aun en los últimos años de su vida, en los que sufrió una hernia inguinal muy dolorosa, que le hizo sufrir muchísimo y en los que se les hincharon los pies y se les cubrieron de llagas, que le obligaban a llevarlos vendados. Aun así, nunca perdió la alegría y nunca dejó de pasar largas noches en oración en la iglesia del monasterio. Con su vida y su trabajo era un ejemplo para todos sus monjes.

Como abad, dedicaba todo su tiempo a su trabajo, visitaba diariamente a todos sus monjes en sus celdas, visitaba los talleres del monasterio, inspeccionaba el estado de los edificios monásticos, y cuando el monasterio adquirió en propiedad unos molinos y unos terrenos cercanos, los visitaba constantemente a fin de observar la rentabilidad de los mismos, cuyos beneficios no solo redundaban en el bien del monasterio sino en la ayuda de todos cuantos acudían al mismo. Siempre llevaba encima el Libro de los Salmos, incluso cuando iba de viaje, tratando de elegir el lugar más adecuado en un rincón del vagón del tren para entregarse totalmente a su lectura.

Era un sacerdote ejemplar y un sincero patriota, como lo demuestra un incidente que le ocurrió el día 1 de marzo de 1881, cuando fue asesinado el emperador Alejandro II. Ese día, el padre Germán tenía un servicio litúrgico en la iglesia de la Protección y en el transcurso del mismo tuvo una visión: una partícula del Pan Consagrado se vio teñida de sangre. Asustado y confundido, se dio cuenta de que aquello era un mal presagio, y ofreció la Liturgia por el emperador. Momentos más tarde, recibió por teléfono la noticia del asesinato del mismo.

Arca de las reliquias.

Arca de las reliquias.

A finales del siglo XIX, la Montaña Sagrada de Svyatogorsky se convirtió en un centro de peregrinación no solo en el sur de Rusia, sino del valle del Don y de la región del Cáucaso. En este tiempo, el monasterio recibió muchos regalos imperiales, fue enriquecido por las aportaciones de muchos donantes y benefactores y se hizo muy famoso en toda Rusia. En ese tiempo, el 13 de abril del año 1890, el padre Germán falleció mientras participaba en la Comunión dentro de la Divina Liturgia. Tenía setenta y cinco años de edad, de los cuales cincuenta había vivido como monje y treinta como archimandrita.

Andres Kovalevsky – del que hemos hablado anteriormente -, escribió su vida: “Su vida fue espiritual y ascética, gestionó el monasterio de manera racional, fue diligente en la economía, trataba amablemente a los visitantes, era capaz de comportarse dignamente en cualquier circunstancia, incansable en el servicio a la Iglesia y tan piadoso que atraía hacia sí el respeto de todos. Podemos compararlo a nuestros abades Filareto Glinskij, Moisés de Optina, Damasceno Valaam y otros buenos trabajadores de la viña de Cristo en el siglo XIX. Fue realmente una lámpara ardiente cuya gracia iluminaba a todos cuantos tuvieron la suerte de conocerlo. Un monje en el pleno sentido de la palabra, de vida pura privada de toda codicia. En su larga vida de archimandrita fue un modelo para los abades de otros monasterios. Vigilante en la oración que guardaba como un tesoro; la oración era el guardián de su casa y su camino de vida y en su vejez, agotadas todas sus fuerzas físicas, no se dio ni un momento de descanso, rezando continuamente, cantando las alabanzas de Dios hasta el momento de su muerte”.

Fue sepultado en la cripta bajo el pórtico de la iglesia Skitsky Akhtyrskaya de la Madre de Dios. En la época de la revolución bolchevique, el templo fue convertido de comedor de un centro turístico, pero cuando cayó el régimen comunista, sus reliquias fueron encontradas y vueltas a inhumar cerca de la tumba de San Juan el Ermitaño y del archimandrita Basiano. Después de la apertura del monasterio en el año 1992, durante la excavación de las tumbas, se encontraron algunos de sus huesos, su mitra y su cruz pectoral.

El día 8 de mayo del año 2008, el Santo Sínodo de la Iglesia Ortodoxa Ucraniana decidió canonizar al archimandrita Germán Klysha, celebrándose el día 12 de julio la ceremonia en el monasterio Svyatogorsky. Sus reliquias se conservan en un arca pequeña junto a las urnas de los otros santos del monasterio en la catedral de la Asunción. Su festividad se celebra el día 26 de abril.

Antonio Barrero

Bibliografía:
Paterikon Glinsky.

Enlaces consultados (02/05/2015):
– http://donetsk.church.ua/2015/04/26/pamyat-prepodobnogo-germana-svyatogorskogo/
– http://ok.ru/svlavra/topics/-1672963927
– http://svlavra.church.ua/prp-german-arximandrit-svyatogorskij-1890/

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